# Viajes de un Colombiano en Europa, segunda serie

## Part 29

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Para que se tenga idea de la inocencia de la excelente inglesa, que en realidad era un tipo, recordaré solo, entre muchas ocurrencias que tuvo hasta separarse de nosotros en Brusélas, estas dos singularidades: A bordo del vapor nos dijo que, como viajaba sola y en los viajes se solian encontrar hombres atrevidos con las señoras, se ponia bajo mi proteccion hasta que llegásemos á Brusélas. Así, la pudibunda hija de Albion no se daba por notificada de sus 65 años y sus venerables arrugas, puesto que les tenia miedo á los _Lovelaces_. Por la noche, al instalarnos en un hotel de Coblenza, la señora preguntó cuál era el número de su cuarto. Un criado le respondió en frances: _Numéro cinq_; pero nuestra insular, confundiendo el sonido de la palabra _cinq_ con el de _cent_, se fué derecho al número 100, que en todos los hoteles es el distintivo característico de cierta localidad que no se puede nombrar. En el momento en que la señora quiso entrar á esa localidad, suponiendo encontrar allí su equipaje, salia un individuo alojado tambien en el hotel. Nuestra inocente señora dió un grito y se quedó pasmada; pero luego bajó las escaleras gritando que un _monsieur_ se habia metido al cuarto de ella, cosa que naturalmente le parecia muy irregular. Averiguado el caso, la honestísima señora descubrió que en lo sucesivo no debia penetrar al número 100, y que tal localidad no podia servir para dormir ni hacer la _toilette_.

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Desde Mayenza hasta _Bingen_ el aspecto del Rin no es muy interesante. Las riberas son planas, donde quiera pobladas de grupos de álamos y otros árboles, y matorrales de gramíneas, en la proximidad de las aguas. El rio lleva un curso perezoso y muy amplio, dividiéndose en numerosos brazos que abarcan islotes desiertos, llanos y enteramente verdes, que parecen pequeños bosques flotando á flor de agua. El vasto paisaje se compone de cinco términos ó decoraciones sucesivas. En el primero están el rio y sus orillas mismas; en el segundo, la línea de localidades y puertos, donde se ve un considerable movimiento de mercancías y trasportes, y la doble cinta que describen el ferrocarril y el camino carretero que giran de cada lado; en el tercero, interminables viñedos, monótonos y tristes por su regularidad, cubriendo extensos planos inclinados ó faldas de pequeñas colinas; en el cuarto, las lejanas montañas del Taunus, de tinta oscura, cubiertas de bosques de pinos, abetos y encinas; por último, el inmenso pabellon de un cielo de color azul pálido y vago, que parece reflejar las brumas de la vieja Alemania.

Antes de llegar á Bingen no es notable entre los objetos artificiales de las riberas, sino el castillo de _Johannisberg_, trepado sobre una alta colina y rodeado de su preciosa corte de viñedos, cuyo orígen se debe, según dicen, á la industria de dos frailes. Bien sabido es que el famoso vino que allí se produce no es regalado ó vendido por su opulento propietario, el duque de Metternich, sino para el consumo de soberanos y príncipes, ó de esos reyes de los cofres que se llaman banqueros, capaces de pagar á 27 ó 30 francos la botella del delicioso licor.

En _Bingen_, pequeña ciudad comerciante de 6,000 habitantes, situada sobre la márgen izquierda en la confluencia de un riachuelo, el Rin se estrecha violentamente por en medio de una garganta profunda de colinas rocallosas, en parte desoladas, y casi totalmente cubiertas de viñedos que trepan hácia las cimas en vastos anfiteatros de muros rústicos, cuyos escalones, sirviendo para contener la tierra vegetal y los sarmientos, que tienden á derrumbarse, forman el mas curioso conjunto de construcciones rurales que se puede ver en tamaña escala. Esas viñas, junto con el producto de los bosques opulentos de las montañas, constituyen la verdadera y mas preciada riqueza agrícola del Rin,--rio tan generoso por sus ondas como por los vinos que ofrece al soñador aleman para deleitarse con sus caprichosas fantasías.

Es en Bingen que comienza la extraordinaria region de las montañas vólcanicas, y donde el Rin adquiere ese carácter prodigiosamente romántico que lo hace provocar la curiosidad de todos los viajeros. Donde quiera se destacan, sobre colinas revueltas de lava petrificada, castillos estupendos de titánico aspecto,--_Bastillas_ seculares de la feudalidad casi muerta en el mundo, pero todavía muy resistentes en Alemania; ó ruinas monstruosas y sombrías, pero imponentes aún,--osamentas destrozadas de diez generaciones de tiranos y bandidos _nobles_, petrificadas sobre el lecho volcánico que los propietarios escogieron en armonía con su terrible mision. No se puede contemplar esos escombros y esas moles todavía intactas, que han abrigado á tantos tiranuelos, sin estremecerse de horror al pensar en las tradiciones de iniquidad que allí se anidan, y en las duras pruebas por las cuales ha tenido que pasar, en su interminable peregrinacion de la _civilizacion_, ese Cristo de todos los siglos que se llama el PUEBLO.... Cuánto no ha debido pesar sobre las muchedumbres el yugo de hierro de esas generaciones de tiranos, cuando todavía hoy las ruinas de sus guaridas casi inespugnables tienen el poder de impresionar al viajero y llenarle, si no de admiracion, de un sentimiento de temor semejante al que se experimenta en presencia de la caverna de un tigre ó ante la mirada fascinadora del boa!...

El conjunto de los mil paisajes del Rin, desde Bingen hasta Coblenza, es generalmente triste y grandioso al mismo tiempo. Unas veces se ve aparecer de repente, á la vuelta de un recodo del rio, alguna ruina colosal y de formas extrañas, ó algun castillo feudal cuyo aspecto de ciudadela inexpugnable contrasta con el pálido color de los viñedos que cubren las faldas de las lomas; otras, se destaca la mole de algun peñasco formidable, severo, imponente, dominando un abismo y como amenazando precipitarse sobre el rio y cubrir gran parle de su estrecho cauce; ó se pronuncia un raudal que, violentando el movimiento de las ondas, parece querer cerrar el paso al navegante.

Pero tambien de trecho en trecho el paisaje pierde mucho de su romántica desolacion, animado por escenas locales ó fugitivas. Ya se pasa delante de una graciosa villa ó aldea, situada sobre la orilla misma del rio, al pié de una alta colina rocallosa coronada por un castillo, ó medio enclavada en el fondo de alguna garganta profunda y bajo la sombra de algun pequeño bosque de oscura tinta; ya se ve un pequeño _pueblo_ medio empinado sobre una falda y literalmente rodeado de sarmientos, como un alegre Baco; ya en fin, se encuentra un enjambre de vapores y botes remolcados y de grandes balsas de maderas, que le dan al rio el aspecto mas pintoresco y variado.

En el trayecto del Rin de que voy hablando todo es interesante de algun modo: la estructura de las localidades es generalmente caprichosa y manifiesta mucha originalidad; cada uno de los 20 ó 25 castillos, intactos ó en escombros, que decoran las orillas, guarda las mas interesantes tradiciones de la Alemania rineana en su mayor parte, y las anécdotas y leyendas abundan en las descripciones de los anticuarios. Así, cuando se llega á Coblenza, ciudad que ha hecho tan gran papel en la política y la guerra, el viajero se siente bajo la influencia de mil diversas impresiones que le preparan el ánimo para saciar mas y mas su curiosidad.

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CAPITULO VIII.

LA PRUSIA RINEANA.

Idea general del país.--Coblenza.--El castillo de Stolzenfels.--El Rin abajo de Coblenza.--Colonia;--su catedral;--las fábricas de Juan María Farina.

La Prusia rineana es una de las mas bellas é interesantes provincias de la monarquía prusiana, sea que se la considere bajo el punto de vista topográfico, sea bajo el de las tradiciones, la importancia política, la industria y el comercio. Abarcando las dos riberas del Rin y varias cadenas de montañas, y estando en continuidad con la Westfalia (otra provincia importante de los Estados prusianos), la Prusia rineana, que tiene por capital política á Coblenza, parte límites con Francia, el gran ducado de Luxemburgo, Bélgica, Holanda, Hesse-Electoral, Nassau, Hesse-Darmstad y la Baviera rineana ó Palatinado. Así, una de las tres grandes potencias del Norte es en las orillas del Rin el centinela y defensor de la Alemania respecto del poderoso imperio frances, gracias al célebre congreso de Viena, en cuyo seno se repartieron á su sabor la Europa los soberanos vencedores coligados contra Napoleon.

La Prusia rineana es en realidad la perla de la monarquía fundada por Federico II, ya por su posicion de gran valor estratégico y político y los rios navegables que la surcan, tales como el Rin y el Mosela,--ya por la poblacion singularmente condensada que posee, la importancia de sus centros industriales y comerciales (como Colonia, Aquisgram, Dusseldorf, Elberfeld, Treves, etc.), la actividad y variedad de sus cultivos y la explotacion de sus muy numerosas y diversas minas. Mide el territorio de la _provincia rineana_ de la Prusia 26,782 kilómetros cuadrados, con una poblacion total (en 1858) de 3,046,621 habitantes (113--80 par kilómetro cuadrado) de raza alemana principalmente. Por razón de las religiones, la poblacion se compone de 715,412 protestantes y disidentes, unos 33,000 israelitas, y los demas católicos romanos.

Si en algunos puntos el territorio es árido y triste, donde quiera que las montañas volcánicas hacen sentir su influencia, por regla general el país es muy fértil, y ofrece en todas partes el mas variado aspecto, particularmente del lado occidental del Rin. Pintoresco y muy accidentado en las comarcas surcadas por los montes Vosgas y las cadenas que encierran el curso del Rin, y desarrollándose en hermosas llanuras en la faja intermediaria y del lado de Westfalia, ofrece en las tres zonas perfectamente marcadas (montañas, llanuras, valles y faldas) tres órdenes de vegetacion característica. En las alturas de las montañas se ostentan magníficos bosques de abetos, hayas, encinas, etc., cubriendo un suelo repleto de bancos carboníferos, filones de plomo, hierro, plata y otros metales, y canteras de mármoles y muchas otras piedras de importante explotacion. En las llanuras florecen en vastas plantaciones los trigos, las plantas filamentosas, el tabaco, las papas, el maíz, etc. Por último, en las márgenes del Rin, el Mosela, el Erft y muchos otros rios y riachuelos, medran las excelentes viñas que dan tanto renombre á la provincia. Así, la produccion agrícola y minera es muy considerable y variada, haciendo juego con una fabricacion muy activa y valiosa y un movimiento comercial bien considerable.

En cuanto á la fabricacion, la de la Prusia rineana es una de las mas activas y valiosas de Alemania, y no le cede á ninguna en mérito y baratura. Es notable sobre todo por los tejidos de seda, lana, algodon, lino y cáñamo, la fabricacion de armas blancas y muchos objetos de quincallería, la de máquinas de vapor y muchos aparatos mecánicos é instrumentos de todo género, y la de productos químicos de muy extenso consumo. Esa activa fabricacion está concentrada principalmente en las grandes ciudades, que son numerosas en la Prusia rineana. En efecto, sin contar muchas pequeñas pero industriosas ciudades de 6 á 9,000 habitantes, me bastará citar las mas notables, cuya considerable poblacion indica bien la importancia de todo el país. Tales son:

Colonia, con 110,000 hab. Elberfeld-Barmen (unidas) 98,000 Aquisgram (Aachen) 56,000 Dusseldorf 48,000 Coblenza 23,000 Bonn 19,000 Treves 17,000

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_Coblenza_, la _Confluentia_ de los Romanos, que los Alemanes llaman _Koblenz_, es una de las mas curiosas ciudades de toda la region del Rin, mas no á causa de su mérito interior, sino de su posicion y forma general. Situada entre el Rin y el Mosela, en el vértice determinado por la confluencia, la ciudad tiene la forma general de un gran triángulo, cuyos lados son: la márgen izquierda del Rin, la derecha del Mosela, y la línea de formidables fortificaciones que enlazan los dos rios, con un enorme foso de circunvalacion que, en realidad, hace de Coblenza una isla.

Esa situacion feliz procura á la capital política y militar de la Prusia rineana un doble panorama de magníficos paisajes del lado del Rin y del Mosela, al mismo tiempo que un doble movimiento de vapores, botes mercantes y balsas sobre las bellas ondas de los dos rios. Por todas partes, en los dos valles, se admiran comarcas cubiertas de viñedos y plantaciones diversas, dominadas por graciosas colinas ó montañas vestidas de lujosa y alta vegetacion, y se alcanzan á ver interesantes castillos, pequeñas localidades, numerosas casas campestres, fábricas y líneas de ferrocarriles.

Es bien sabido que Coblenza fué en 1792 el refugio de los príncipes y emigrados franceses que conspiraban contra su patria en el suelo extranjero, obcecados por el egoismo de clase ó casta y el furor de las pasiones políticas. Por desgracia, Coblenza ha tenido muchas imitadoras, en términos que su nombre se ha hecho por antonomasia la designacion precisa de todo centro de conspiraciones análogas á las de 1792. Esta circunstancia me ha hecho meditar con tristeza en las miserias deplorables de los partidos políticos, puesto que en estos tiempos he tenido ocasion de ver que no solo en Europa Lóndres ha sido la Coblenza de conspiradores franceses, y Roma de los conspiradores católicos-legitimistas contra la libertad de Italia, sino que hasta hijos del Nuevo Mundo han venido á mendigar en las capitales europeas asilo para sus maquinaciones traidoras contra la libertad de Hispano-Colombia. Así, Madrid ha sido recientemente la Coblenza de los traidores de Méjico, lo mismo que en Paris forman sus _Coblenzas_ en caricatura los malos ciudadanos de otras de nuestras jóvenes repúblicas, quienes, olvidando que en el suelo extranjero la PATRIA no es un _partido_, sino una madre comun, posponen la santidad del deber nacional al interes oprobioso de las venganzas políticas.

Coblenza es un conjunto de dos masas de construcciones muy diferentes en su aspecto. La parte antigua, tendida hácia la márgen del Mosela y el vértice de la confluencia, contiene los pocos monumentos dignos de alguna atencion, como la catedral y varias iglesias; allí no hay sino calles estrechas, caprichosas, muy irregulares y sucias, y es en esa parte donde se concentra casi toda la actividad industrial y comercial. La parte nueva, compuesta de calles anchas y regulares, con edificios de buena planta y algunos jardines y plazas limpias y risueñas, se extiende al derredor del Palacio-Real, hácia la márgen del Rin. Los pocos monumentos de Coblenza--plaza esencialmente militar--no merecen descripcion ninguna.

Lo que mas llama la atencion, fuera de las fortificaciones, es el curioso castillo de _Stolzenfels_, situado á unos cinco kilómetros arriba de la ciudad, sobre un peñasco de 100 metros de altura que domina el Rin, cortado á pico y cubierto de hermosos bosques, al pié de otras colinas montañosas. El panorama que desde allí se contempla es muy bello, pues de un lado se registra el valle del Rin en la parte superior, y del otro, hácia abajo, se abarca el interesante conjunto de Coblenza, los dos rios, el gran puente de barcas echado sobre el Rin, que comunica la ciudad con el arrabal ó pequeña villa de _Thal-Elhrembreitstein_, y el ferrocarril que penetra á Coblenza por la márgen izquierda del gran rio; y todo eso rodeado por una vasta comarca muy accidentada y pintoresca.

El castillo, cuya fundacion data por lo ménos del siglo XIII, y que fué destruido en 1688 por los Franceses, ha sido completamente restaurado en 1845 por la familia real de Prusia, y hoy es una de sus residencias de verano. Súbese al castillo, de la carretera que gira por la orilla del Rin, por una cuesta en zigzag sombreada por un bosque espeso y delicioso, á cuya salida se llega repentinamente delante de la masa imponente del edificio, cuyas tres torres, altos y gruesos muros y puente levadizo le dan el aspecto de una fortaleza. Sinembargo, el castillo no es sino un museo de historia y curiosidades artísticas de diversos géneros. Muchas de ellas son de mérito notable, y llaman la atencion los frescos de uno de los salones; pero hay poco gusto en la eleccion y distribucion de los objetos, y el viajero que visita el castillo no puede ménos que reirse al ver que las tontas precauciones que le hacen tomar para recorrer los salones y aposentos no corresponden á la sencillez y modestia del mobiliario y de los pavimentos, no obstante que los _ciceroni_ de Stolzenfels se dan aires de mostrar maravillas.

De Coblenza para abajo el Rin es al principio medianamente pintoresco. La márgen derecha aparece estrechada por el cordon de montañas, miéntras que del lado izquierdo se desarrolla una vasta llanura que va á terminar al pié de montes lejanos. Despues el rio vuelve á tener el interesante aspecto de la parte superior á Coblenza. El valle se estrecha tanto, desde un poco abajo de la pequeña ciudad de _Andernach_, que su cauce lo llena todo, oprimido por los dos cordones paralelos de montañas, generalmente desnudas de grandes árboles, y de una composicion basáltica que las hace muy interesantes y curiosas, á veces imponentes.

En todo el trayecto se reproduce el mismo panorama que he descrito rápidamente en el capítulo anterior, es decir una sucesion primorosa de viñedos escalonados, románticas colinas volcánicas, soberbios castillos y escombros solitarios, pequeñas ciudades de industria activa y valiosa (algunas de ellas fortificadas), numerosas aldeas, unas plantadas á orillas del rio, otras graciosamente trepadas en los pliegues de las montañas, y muchos relieves topográficos que llaman mas ó ménos la atencion.

Entre las pequeñas ciudades industriosas de una y otra márgen, cuya poblacion se eleva de 2,500 á 6,000 almas, merecen particular mencion: _Vallendar_, situada á la extremidad de un pequeño valle;--_Bendorf_, notable por sus fraguas que trabajan el hierro;--_Newried_, capital del principado del mismo nombre;--_Andernach_, rodeada de fortificaciones considerables y bastante curiosa;--_Linz_, tambien defendida por murallas de basalto. La mas importante localidad es _Bonn_, situada sobre la márgen izquierda, bien interesante como centro industrial y comercial, y por la posesion de una buena Universidad concurrida por mas de 1,000 estudiantes, que contiene museos y colecciones de mérito y una biblioteca con mas de 150,000 volúmenes. Esa ciudad ha sufrido como pocas de las del Rin las tristes vicisitudes de cien guerras; pero gracias á su actividad industrial y comercial todo manifiesta en su seno riqueza, bienestar y progreso, á juzgar por el buen aspecto y el aseo de las calles, la elegancia de muchos edificios y el movimiento de las gentes. Despues de Bonn no hay en el Rin (parte alemana) mas ciudades importantes que Colonia, Elberfeld y Dusseldorf.

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Una circunstancia casual nos impidió detenernos en Colonia durante el tiempo que hubiéramos deseado. Apénas pudimos darle un golpe de vista durante cinco ó seis horas, visitando los objetos mas interesantes. Me limitaré, pues, á muy breves reminiscencias respecto de esa ciudad.

Colonia, la vieja _Colonia de Agrippina_, patria de la madre de Neron, como del admirable Rubens, un tiempo gobernada por Trajano,--antigua capital de la «Germania inferior,»--sucesivamente opulenta y gloriosa, miserable y conquistada,--miembro poderoso de la «Liga anseática,»--ciudad feudal, ciudad-libre imperial, dominada por arzobispos y generales,--presa del imperio germánico, de la república y del imperio de Francia, y aun de los Rusos en 1814;--Colonia, la metrópoli comercial del Rin aleman, es acaso la mas histórica de todas las ciudades alemanas, la que ha pasado en su larga existencia por una serie mas complicada de acontecimientos diversos, la que ha ejercido mas poderosa influencia en las comarcas del Rin, y la que por los numerosos contrastes de su modo de ser ha ofrecido ejemplos mas elocuentes de lo que influyen las instituciones políticas y religiosas sobre las costumbres de los pueblos.

En un tiempo, apestada por las miserias del régimen clerical y estancada en su desarrollo por el régimen del privilegio industrial y comercial, vivió en la degradacion de la mendicidad, ofreciendo el ejemplo inaudito de una ciudad de 40,000 habitantes de los cuales 12,000 eran _mendigos_; se despedazó con agitaciones y violencias intestinas, por cuestiones de clases sociales y privilegios de corporaciones, y se despobló á causa de su fanatismo católico, en perjuicio directo de los israelitas y protestantes proscritos á millares. Hoy, gracias á la actividad de la industria y del comercio, á la vasta navegacion del Rin, á los ferrocarriles, y á la influencia de instituciones que han enfrenado el fanatismo de otros tiempos, asegurando la libertad á los numerosos protestantes é israelitas de la ciudad,--gracias á eso, Colonia es la metrópoli de la Prusia rineana, y manifiesta haber entrado en la via de la verdadera regeneracion. Ninguna ciudad alemana tuvo mas conventos y mendigos que Colonia; ninguna de las de la region del Rin interior tiene hoy en su puerto tantos vapores y vehículos de actividad económica.

Pero es verdad tambien que ninguna ofrece un contraste tan vigoroso y chocante entre su conjunto ú aspecto exterior y su interior. Vista un poco de léjos, al descender el Rin hácia ella, ó mas bien desde alguna altura vecina, del lado derecho del rio, el panorama es muy interesante. Su configuracion, determinada por el inmenso arco de sus murallas, cuya cuerda es la línea del Rin; la mole estupenda de su catedral; las puntas sobresalientes de las torres de sus 28 iglesias; el singular aspecto de su largo malecon y sus muelles, dominados por edificios modernos de grandes proporciones y separados de las calles por una muralla irregular; su hermoso puente del ferrocarril, y el de barcas, que mide 469 metros de longitud y comunica la ciudad con su arrabal de _Deutz_, fortificado; el gran movimiento de vapores y botes de vela y remo, y de carros y mercancías, que reina en el rio y los malecones; en fin, la belleza de la fértil llanura que rodea la ciudad: todo eso le da á Colonia un aire que interesa y predispone favorablemente el ánimo del viajero.

Pero al penetrar al interior de la ciudad, detras de la primera calle, todo el encanto desaparece. No se ve donde quiera sino calles asombrosamente inmundas, tortuosas, quebrantadas, estrechas, enredadas en laberinto; casas extravagantes, sin gusto ni armonía ninguna; un populacho activo, industrioso, pero que manifiesta en sus costumbres la incuria de los pueblos que han recibido educacion frailesca. Todo desagrada y fastidia allí, y el viajero acaba por persuadirse de que Colonia no es interesante sino por su catedral maravillosa y sus fábricas de agua de olor ó _de Colonia_, bautizada siempre con el nombre inmarcesible de «Juan María Farina», el nombre mas _cosmopolita_ del mundo en toda la acepcion de la palabra.

Y aun esos dos objetos, que son las glorias de Colonia, no lo son sino á médias, puesto que, por una parte, la catedral nunca ha sido terminada, y por otra el nombre sacrosanto de Juan María Farina es casi por entero una mistificacion. Es curioso observar cómo los antídotos están siempre al lado de los venenos ó males que deben combatir. Así como el árbol de quina medra en las regiones donde abundan las fiebres, y el _guaco_ y el _cedron_ donde hormiguean las serpientes venenosas, así mismo Colonia, la ciudad clásica de la mugre y la hediondez, es la ciudad clásica de las fábricas de agua fortificante y perfumada.

