Viajes de un Colombiano en Europa, segunda serie

Part 25

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Por ese estilo hacia otras reflexiones el Sr. B----, siempre teniendo en cuenta los condiciones del suelo y de la sociedad de Hispano-Colombia, cuando la conversacion recayó sobre Bolívar. Si en lo anterior se habia mostrado el naturalista, en lo político se manifestó bien el frances, hijo de la sociedad creada por la revolucion de 1789.

«Ah! exclamaba el Sr. B----: es mucha lástima que UU. no hayan sabido comprender á Bolívar ni adoptar su política! El Libertador tenia sus defectos, propios de una organizacion vigorosa y privilegiada, pero comprendia muy bien que un pueblo mestizo ó compuesto de diversas razas, educado por la ignorante España, necesitaba un gobierno fuerte, en que la igualdad tuviese toda su garantía en la autoridad y la ley;--un gobierno que guiase enérgicamente á la sociedad en vez de ser guiado por ella. UU. han querido devorar la fruta peligrosa de la libertad ántes de que ella madurase y de que UU. fuesen capaces de digerirla. Bolívar ha sido el único genio, el único grande hombre que UU. han tenido.»

Tal es la opinion casi universal que los hombres serios tienen en Europa respecto de la política y los hombres de Hispano-Colombia; opinion errónea y evidentemente sofística, pero profundamente arraigada. No espereis que un frances de la nueva escuela piense de otro modo. El Sr. B----es republicano moderado y sinceramente liberal; y sinembargo, él como todos los de su generacion, pensaba que la igualdad no se podia obtener sino por merced de la autoridad, y se mostraba decididamente apegado al régimen de la centralizacion rigorosa y de la reglamentacion excesiva. Es que todavía no ha calado bien en las sociedades esta gran verdad: que la libertad no se adquiere, regular y completa, sino practicando la libertad imperfecta.

Yo le observaba al Sr. B---- que su doctrina, casi universal en Francia, conducia derecho á los mayores abusos y aún al socialismo, cuando en eso tropezamos con unas doce plantas de tabaco que el sabio agrónomo cultivaba para sus experimentos. Notando que el número de plantas era tan reducido, y que todas ellas, rigorosamente reducidas á _trece hojas_, carecian de señales que indicasen una cosecha anterior, le pedí la explicacion de esas circunstancias.

«El gobierno, me dijo, tiene muy minuciosamente reglamentado el cultivo del tabaco en este y otros departamentos. Solo unos pocos de estos tienen permiso para cultivarlo, aunque muchos otros pudieran hacerlo con gran provecho. La autoridad no concede permiso sino á personas de confianza. El cultivador está obligado á sembrar la planta y coger las hojas en _cierto_ tiempo; no tiene disponibles para el cultivo sino _cien_ dias; le es prohibido dejar á la planta mas de _trece_ hojas, y dejarla en tierra para obtener segunda ó tercera cosecha; el lugar destinado á secar las hojas (el _hangar_) debe tener cierta _forma legal_; y la autoridad tiene el derecho de visitar todo, y en caso de contravencion imponer penas y aun destruir lo que es violatorio, y retirar el permiso. Yo mismo, á pesar de las garantías que ofrezco, no he podido obtener licencia para hacer con la planta y sus medios de cultivo ciertos experimentos muy importantes, que implicarían una insignificante relajacion de los reglamentos. El departamento podría ganar mucho con el ensanche del cultivo, pero no se puede.»

«Y bien, le dije al Sr. B---- cogiéndole _in fraganti_, ¿cree U. que esa reglamentacion es un bien para la Francia?»

«Sin duda que no, bajo el punto de vista de la agricultura, me replicó. Pero ¿qué quiere U. que se haga, si nuestro gobierno tiene una excelente renta con el monopolio del tabaco[34]?» Un frances, por regla general, se detiene en presencia de un _hecho_ como ante una muralla.

[34] Mas de 200 millones de francos, de los ouales solo unos 60 ó 70 representan los gastos.

Nuestras conversaciones en familia con nuestros amigos de Liebfraunberg no eran ménos adecuadas para darnos idea de las cualidades de una parte de la sociedad francesa, la mas sólida, la más influyente en realidad y la mas estimable, Hablo de esa porcion de la clase media en que no figuran ni el banquero (el hombre de Bolsa y de vida agitada y fascinadora), ni el especiero, el confitero y demas entidades vulgares de la _bourgeoísie_; porcion que se compone de sabios, literatos de conciencia, propietarios y negociantes de vida modesta y regular, en cuyo seno la familia tiene una importancia primordial, el _deber_ preside á todo, la instruccion es una necesidad, la moralidad una condicion esencial de la vida, la moda una extravagancia ridícula, y los goces de la inteligencia los mas dignos de solicitud, así como los del alma.

En esa region de la clase media francesa reinan en las relaciones sociales la cordialidad, la franqueza y la benevolencia, dirigidas por el buen gusto y ese fondo de _buen sentido_, de razonamiento sólido y claro, que son los distintivos del mundo que no se ha viciado con las intrigas de la especulacion, la vanidad y los delirios de la ostentacion ó la moda, y las indignidades de la vida cortesana. En la clase de que voy hablando, la sencillez es la condicion característica de todos los actos, exentos de los vicios de ciertas aristocracias, y de la vulgaridad, la envidia y la ligereza superficial de ciertas muchedumbres. El _calembour_ maligno, ó indecoroso, ó insustancial cuando ménos, no tiene cabida en la conversacion realmente espiritual y amable de la sociedad á que me refiero. Creo que se sufre un gravísimo error en calificar á los Franceses en general como un pueblo ligero, petulante, novelero y aún vicioso; calificacion que, fundándose solo en la observacion de las clases aristocráticas de mala ley y de las que pertenecen á lo que en Francia se llama el _medio mundo_, manifiesta una profunda ignorancia respecto de la vida social fuera de Paris, y aún en Paris, en las esferas sanas de la sociedad francesa.

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CAPITULO III.

BADEN-BADEN.

El paso de la frontera.--Aspecto general de Báden-Báden.--El mundo á la moda y las ciudades de aguas medicinales.--Monumentos y curiosidades de Báden-Báden.--Sus cercanías.

Los campos de Alsacia respiraban alegría, brillantemente dorados por el sol de la mañana, cuando dejamos la casa que nos habla dado tan grata hospitalidad. Un _char-à-bancs_ campestre, á falta de coche por el momento, nos llevaba; con una amable familia de excursionistas, al traves de los graciosos planos inclinados y las pequeñas planicies de los cantones que recorríamos, pasando por en medio de viñedos, plantaciones de lúpulo, extensos y tupidos trigales, bosquecillos y huertos de legumbres, al derredor de las aldeas ó los pequeños lugares de esa comarca enteramente agrícola. Poco despues tomamos el tren que se dirigia de Weissenbourg á Estrasburgo, y en breve volvímos á la gran ciudad alsaciana para salir de Francia y continuar nuestra excursion por la Alemania del Rin.

Un ómnibus debía conducirnos á Kehl, como al entrar á Francia. En la ribera izquierda del Rin se repitió la operacion anterior, de manera que pasamos el puente bajo la guardia de un gendarma badense, despues de consignar en el territorio frances pasaportes y equipajes. Como al entrar á Báden por la via de Suiza se nos habia tratado á todos los viajeros con liberalidad y confianza, no pude ménos que extrañar la diferencia respecto de Francia. Un compañero de ómnibus me explicó que el gobierno de Báden procedia de ese modo, haciendo tan notable distincion, no porque el espíritu inquisitorial respecto de los viajeros fuese propio de las instituciones y costumbres badenses, sino por via de compensacion ó represalia, en razón de lo que se hacia en Francia con los viajeros procedentes de Báden. Ademas, en agosto de 1859 estaba muy reciente la guerra de Italia, y esta habia suscitado profundas desconfianzas en Alemania, despertando recuerdos que irritaban el sentimiento nacional. Así, la observacion práctica me hacia ver el triste círculo vicioso de la política internacional, en que todos los hechos se enlazan de tal manera que cada Estado se cree condenado á ser suspicaz y desconfiado por la sola razón de que el vecino le da talvez el ejemplo. Una desconfianza engendra otra, y el resultado es que la política tiende á contrariar los felices resultados de esas creaciones de la civilizacion que, como la prensa, los ferrocarriles, los telégrafos, los bancos y la navegacion á vapor activa, conducen á suprimir las fronteras, en cuanto estas significan separacion y antagonismo de los pueblos.

En estas cosas meditaba yo, al volver á Kehl, cuando un penoso y al mismo tiempo risible incidente nos llamó la atencion hácia algunos de los viajeros que se hallaban en la estacion del ferrocarril. Tres de ellos estaban consagrados exclusivamente á reprimir los arranques inofensivos de un pobre loco, á quien acompañaban con destino á un establecimiento especial de Alemania. Según lo que nos refirió uno de los compañeros, el pobre jóven habia sufrido una desgracia de familia: su padre habia muerto en el lugar natal, en un departamento del nordeste de Francia, dejando muchas deudas que pagar, y sin comprobacion algunas acreencias importantes. Ello es que un acreedor habia caido sobre la herencia negativa, y el jóven huérfano, que tenia como 25 años, sufrió una doble amargura. Como pudo se fué luego á Paris «á pedir justicia al emperador», según decía, como si el emperador tuviese algo que ver con el asunto, y en Paris acabó de perder el juicio. En breve dió en la manía de que le habian arrebatado su herencia, que era nada ménos que el trono imperial de Francia, en su calidad de hijo primogénito de Napoleon II.

Cuando observamos al pobre loco, cuya fisonomía dulce y triste revelaba un carácter benigno, estaba empeñado en comprometer á varios viajeros á que le defendieran su causa, convocando á todos los reyes de Europa (inclusive el cura de la parroquia del demente) para que en Consejo supremo resolvieran que se le devolviese el trono que le pertenecia. Los viajeros oyentes, por no contrariarle, le decían que harían todas las diligencias posibles. Lo curioso es que los tres conductores del loco inofensivo llevaban tambien á su cargo otro furioso, á quien habian encerrado en una pieza de la estacion miéntras llegaba el momento de entrar al tren. Este segundo hablaba nada menos que de serios proyectos de asesinar al Anticristo, y mostraba los puños como un endemoniado, lanzando miradas lenas de cólera sombría. Las señoras le observaban de léjos con terror, y pedian con instancia que los locos tuviesen un wagon aparte. Una de ellas temia que los movimientos del «_loco malo_» hiciesen descarrilar el tren. En cuanto al «_loco bueno_», como llamaban al pretendido _emperador_ para distinguirle del otro, dió la última prueba de benignidad, al entrar al wagon, alargando la mano derecha á los viajeros para que se la besasen respetuosamente. El tren partió, y la fresca lozanía de las llanuras badenses nos hizo olvidar en breve las tristes emociones que nos causaron los dos locos de tan distinto estilo. ¿Por qué no ser indulgentes con los locos _enfermos_, si á cada momento lo somos tanto con nosotros mismos, que por estar ó creernos _sanos_ nos calificamos de cuerdos?

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La graciosa ciudad de Báden-Báden, que cuenta unos 6,000 habitantes y es la residencia de verano de la familia gran-ducal, demora en el fondo de un risueño y pintoresco vallecito, determinado por algunos bajos estribos de la Floresta-Negra. Situada á orillas del arroyo llamado _Oosbacht_ y en plano inclinado sobre las faldas de algunos contrafuertes de las montañas, la ciudad interesa desde el primer momento, por el contraste que hace la sombría vegetacion de las alturas vecinas (compuesta de encinas y corpulentos abetos principalmente) con los viñedos, los árboles frutales, las hortalizas y las bellas alamedas del fondo del valle.

La parte principal de Báden-Báden se extiende sobre la márgen derecha del Oosbacht, y remonta hasta terminar al pié del _Castillo-Nuevo_, graciosa residencia de verano del gran-duque, rodeada de magníficos bosques artificiales y jardines. Si la ciudad carece de carácter verdaderamente aleman, es porque su tipo es el de todas las ciudades que sirven de punto de reunion á la sociedad elegante ó vagamunda de Europa en los meses de excursiones divertidas. Así, la calle principal es una especie de _Prado_, orillado por multitud de espléndidos hoteles, á donde afluyen sin cesar las gentes á la moda de todos los puntos de Europa.

Al lado izquierdo del arroyo se destacan vastas y hermosas arboledas, magníficas quintas y residencias suntuosas, y los edificios modernos que son los atractivos principales de Báden: la _Casa de Conversacion_ y la _Trinkhalle_ ó galería de las aguas medicinales que dan tanta celebridad á la pequeña ciudad promiscua. Despues se levantan en todas direcciones bellos cordones de montañas de romántico aspecto, sobre cuyas cimas, dominando los estrechos vallecitos intermediarios, se ostentan como soberbios miradores algunos castillos de opulentos personajes, y principalmente las imponentes ruinas del _Castillo-Viejo_.

Es recorriendo las alamedas que rodean la Casa de conversacion y la Trinkhalle que el excursionista curioso tiene alguna idea de lo que es en Europa esa parte de la sociedad que se llama «el mundo á la moda,» y del carácter particular de las ciudades de aguas medicinales. Allí todo está destinado á fascinar y aturdir al hombre inexperto y ansioso de impresiones nuevas; á hacer de la vida un torbellino de placeres efímeros y artificiales, una pesadilla de suntuosas miserias, en que la vanidad y la codicia, disfrazadas con las apariencias del vicio elegante, hacen los principales papeles. ¡Ay del que caiga en la tentacion y no sepa resistir á los impulsos de la vanidad ó del espíritu de imitacion!

En Alemania, donde hay tantos Estados literalmente microscópicos, tantos reyezuelos que para no vivir indigentes necesitan aguzar mucho el ingenio en punto á recursos fiscales; en Alemania, donde el orgullo tradicional de tantas dinastías de segundo, tercero y cuarto órden somete á los pueblos á la necesidad de dejarse explotar mas ó ménos para mantener el rango de los príncipes; en Alemania, digo, se ven instituciones y costumbres muy curiosas, que ningún otro país toleraría talvez. De los príncipes alemanes, algunos viven á expensas de los viajeros, gracias á los pasaportes, las propinas que es preciso pagar por visitar innumerables palacios, museos y otros edificios curiosas; y otros no tienen escrúpulo en especular con los vicios y la vanidad, poniendo en arrendamiento grandes garitos europeos que, por ser suntuosos y hasta cierto punto aristocráticos, no dejan de ser garitos públicos. Cuando no es un príncipe el _empresario_ indirecto, el explotador de la mina es alguna ciudad. De ahí esas casas de juego permanente abiertas ante la Europa, que contribuyen tanto á hacer _saludables las aguas medicinales_ de Báden-Báden, Wiesbáden, Homburgo y otras ciudades alemanas de la hoya del Rin. Confieso francamente que, cuando veo que hay en Europa gobiernos que especulan con loterías, casas de juego, bolsas y otras instituciones análogas, no comprendo la razón que tengan para perseguir á los bribones por medio de la policía y los tribunales[35].

[35] Es curioso observar que en Báden el juego les está prohibido á los ciudadanos del Estado, y solo está al alcance de los extranjeros. La policía es muy vigilante y severa respecto de aquellos, quienes se ven obligados, cuando tienen la tentacion de jugar, á pasar la frontera y aprovecharse de la _hospitalidad_ de los garitos espléndidos de Wiesbáden ú Homburgo.

Pero ¿qué cosa es la sociedad que se reune en las ciudades de aguas? En esas ciudades, como en las de baños de mar, la evidente minoría se compone de los _enfermos_ que necesitan un tratamiento hidroterápico. La inmensa mayoría, como he podido verlo en todas partes (en Alemania, en Bélgica, en Inglaterra y Holanda) se divide en dos partes: los simplemente ociosos, vanidosos y fatuos, inofensivos en general, y por lo comun insignificantes; y los _caballeros_ y las _damas de industria_, familias excesivamente peligrosas é impertinentes. Una inspeccion detenida, durante tres dias, de las escenas sociales de Báden-Báden, me dió la medida del mundo de la moda en _descubierto_, es decir sin los ambajes con que se disfraza en las grandes capitales.

En Báden-Báden, como en las demas ciudades de la misma _naturaleza_, todas las seducciones del artificio y de la elegancia se unen á las de la topografía, la vegetacion, etc., para atesorar encantos que halaguen al viajero. Al penetrar bajo las bóvedas umbrías de las alamedas se cree uno en un inmenso bazar parisiense. Donde quiera se destacan entre filas regulares de corpulentos olmos, tilos y castaños, numerosas calles compuestas de casitas y tiendas repletas de todo lo que la industria puede producir mas elegante y rico en materia de joyas, sederías, cristalería, curiosidades artísticas, guantería y mil otros objetos de gusto y de uso indispensable en la sociedad lujosa, que el capricho de la moda se esfuerza por exagerar y variar hasta lo infinito. Por en medio de esas calles y arboledas hormiguea un enjambre de excursionistas que se renuevan sin cesar, entregados al culto de la novedad y en gran parte á la adoracion de sí mismos. Un vértigo de emulacion en el lujo parece dominar al mayor número; cada cual mira á los demas con la esperanza de que álguien le mire y admire. La aristocracia financiera de toda la Europa se pavonea con la pretension de rivalizar ó eclipsar al orgulloso lord inglés; el modesto y sencillo aleman casi olvida sus costumbres por no mostrarse inferior al extranjero; el parisiense, siempre de buen humor y no poco infatuado, se considera como un modelo; el caballero de industria, ambulante á caza de imbéciles de todas las naciones (porque los pillos no tienen nacionalidad) se da grandes airea de marqués ó de banquero; la cortesana de las primeras capitales, creyéndose á cubierto de revelaciones indiscretas, se habilita de princesa rusa, ó condesa italiana, ó viuda de lord ó de banquero, y sabe combinar las sonrisas de la seduccion con los desdenes altaneros de la gente aristocrática; ó bien, si el _arte_ le repugna ó no le ofrece ventajas, ostenta con impudencia su tipo peculiar, llenando la calle con la cola de su traje y el ruido de sus atavíos suntuosos. El jóven novicio con pretensiones á elegante, ó aspirante á relaciones encumbradas (particularmente español ó hispano-colombiano), se muestra poseido del vértigo de la imitacion, haciendo á veces de sí mismo una caricatura; el estudiante en vacaciones observa las cosas al primer golpe de vista, hace sus comentarios epigramáticos y se burla de todo el mundo; y el _bourgeois_ de buen sentido, que llega solo por curiosidad ó por descansar de sus fatigas del año, ve el espectáculo, tiembla al comprenderlo, y se aleja diciendo: «Singular misterio el de la vida de este mundo de la moda!»

En Báden-Báden las horas del dia se distribuyen necesariamente en tres órdenes de entretenimientos: por la mañana, desde muy temprano, la Trinkhalle (hermosa galería de columnas y frescos apreciables) es el punto de reunion; unos van á beber las aguas medicinales de las fuentes y pasearse para hacer ejercicio, y otros asisten como meros curiosos. Mas tarde, todo el mundo emprende agradables excursiones por los alderredores, sea en coche, por el vallecito del Oosbach y el del riachuelo importante llamado _Mürg_, visitando castillos y aldeas de la Floresta-Negra, sea á pié, en solicitud de los castillos _Nuevo_ y _Viejo_ ó de otros sitios interesantes. En fin, desde las cinco ó las seis de la tarde las gentes comienzan á afluir hácia la Casa de conversacion, inmenso y magnífico edificio que sirve al mismo tiempo de café, casa de juego, local de gabinetes de lectura y templo de Terpsícore, Talía y _otras musas_. En el centro del edificio se hallan en sesion permanente la _roleta_, la _treinta y una_, y el _treinta y cuarenta_, que le ha inspirado una de sus mas chistosas novelas al ingenioso escritor frances Edmundo About. Allí se juega con furor, se suelen hacer enormes ganancias en pocas horas, aunque por regla general los _amateurs_ salen con los bolsillos limpios, y con deudas de ribete, y la vanidad y la codicia se ofrecen en su desnudez; siendo muy notable sobre todo el entusiasmo con que las mujeres solicitan los favores de la suerte. ¡Desgraciado el que se pique de galante al lado de aquellas jugadoras cubiertas de encajes, cuando la suerte les es adversa!

En otras partes del edificio encuentra el que no quiere jugar, ni ver jugar y rodar montones de oro, salones espaciosos para conversar, gabinetes de lectura muy bien surtidos y servidos, colecciones escogidas de grabados, álbums, libros de viajes, novelas y pinturas, un hermoso salon de conciertos y un bonito teatro para representaciones francesas y alemanas. La noche se pasa allí en una sucesion de muy diversas impresiones. Despues, cada cual se aleja dominado por ideas bien diferentes: unos, con una ilusion ménos respecto de la civilizacion europea y del espíritu del hombre; otros, satisfechos con poder decir luego en Paris ú otra ciudad: «He pasado el último verano en Báden, Wiesbáden, Aquisgran y Espá (_Spa_), y he cultivado íntimas relaciones con la condesa _tal_, la marquesita _cual_, el banquero _fulano_, el ministro _mengano_, la mariscala _perenzeja_, ó la actriz ó cantatriz _menganeja_....»

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Las cercanías de Báden-Báden son interesantes bajo todos aspectos. Sus hermosas carreteras, que giran por encima de ondulosas y altas colinas ó por el fondo de preciosos vallecitos; sus magníficos bosques de suntuosa vegetacion; sus numerosos castillos campestres admirablemente situados; sus deliciosas residencias de príncipes, como la de la _Favorita_, y sus pintorescas aldeas agrícolas y laboriosas de las riberas del Mürg, tienen mil atractivos para el excursionista. Prescindiré sinembargo del mayor número de esos objetos, y solo daré una breve idea del «Castillo-Viejo» y del valle del Mürg.

El paseo del Castillo-Viejo (_Alle-Schloss_), á pié ó en coche, es uno de los mas encantadores que puede ofrecer la Alemania rineana. La montaña se levanta casi repentinamente hasta una altura algo considerable, cubierta en todas sus partes por una magnífica floresta de encinas, abetos y otros árboles corpulentos, cuyo espeso follaje, protegiendo vastas alfombras de musgo, no permite la entrada de los rayos del sol. Una hermosa carretera faldea el cerro y por toda la floresta se cruzan numerosos senderos, por los cuales se puede subir mas pronto hasta la primera cima (á 345 metros sobre Báden, ó 545 sobre el nivel del mar), donde se encuentran las majestuosas ruinas, cuidadosamente conservadas, del _Castillo_ que en siglos anteriores sirvió de residencia a los margraves ó señores de Báden. Por demas está decir que esa soberbia construccion fué destruida por los Franceses, en el siglo XVII, durante la guerra del Palatinado, lo mismo que el admirable Castillo de Heidelberg y otros muy notables.