Viajes de un Colombiano en Europa, segunda serie
Part 10
Los derechos y deberes políticos que se refieren á la Confederacion son comunes en toda ella, sin distincion de domicilio; pero el suizo de Zuric, Berna ó Ginebra, aunque ligado al de Chaux-de-Fonds por esos vínculos, es realmente extraño á la comunidad neuchâtelesa, en tanto que no acepta el compromiso local. Allí el _vecino_ comunal es mucho mas que el _ciudadano_ confederado, porque los vecinos constituyen verdaderamente Una _familia_. Cada cual tiene el deber de la residencia ordinaria, de servir al distrito de cierto modo, contribuir constantemente para el fondo comun de socorros ó aseguros mutuos. Y cada cual tiene el derecho, en caso de enfermedad, invalidez, miseria ó falta de trabajo, de obtener la proteccion directa y eficaz de la comunidad. Así, cada uno de esos distritos es en rigor y por sí solo una república democrática, libre en su vida interior, al mismo tiempo que una asociacion de aseguros mutuos; sin que eso obste para que los ciudadanos se interesen vivamente por la prosperidad del Canton y la Confederacion.
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La ciudad de Neuchâtel, situada en la desembocadura del _Seyon_, demora en la falda de una montaña considerable y montuosa que es uno de los mas grandes contrafuertes de la cadena oriental del Jura, y se levanta en graciosos anfiteatros, despues de cubrir una angosta faja de terreno llano sobre la ribera del lago. Pocas ciudades he conocido en Europa tan pintorescas y llenas de capricho como Neuchâtel, que algunos comparan por su situacion á Nápoles. Ceñida en la ribera por lujosas arboledas, que al mirarse en las ondas sombrean las playas y terrazas, y coronada en la parte superior por las guirnaldas de sus lindos jardines y los tupidos festones de sarmientos, parece una ciudad de casas de baños y de recreo sembrada en el fondo de un jardin, rica en colorido y arrullada por los rumores del lago y las brisas generosas de las montañas que la dominan.
Y sinembargo, si se observan los rasgos particulares, recorriendo el interior, se encuentran dos tipos diferentes. En la parte llana, á lo largo de la ribera, hallais alegres puertos á donde llegan numerosos barquichuelos; en uno de aquellos humean las chimeneas de los vapores y se amontonan las barcas veleras y de remolque, repletas de mercancías. Allí veis calles espaciosas, limpias y bien niveladas, casas elegantes, bonitos hoteles, edificios monumentales, tiendas vistosas y cafés bulliciosos, en fin, la ciudad moderna y confortable. Si echais á andar hácia los arrabales, encontrareis las calzadas que sirven de carreteras y paseos, orilladas por bellísimas quintas en que el gusto artístico de la arquitectura hace juego con la magnificencia de los jardines y la gracia de los pequeños parques.
Si penetrais en la parte antigua, que arranca en la base misma de la montaña y se eleva en desiguales escalones, encontrareis calles de severo aspecto, callejuelas tortuosas y pendientes, construcciones de estilo semi-gótico, los talleres de la industria, fuentes tradicionales de extraña forma y coronadas por gigantes de piedra muy característicos, representando soldados del siglo XV armados hasta los dientes. En fin, en la cima de una colina rocallosa, el viejo castillo feudal, curioso monumento establecido en el siglo XIII por uno de los condes Bertoldos, y casi á su lado la catedral (la fortaleza del clero), edificio de estilo gótico del segundo período, fundado en el siglo X y reconstruido en el XII.
Aparte de esos monumentos curiosos, Neuchâtel tiene varios modernos que son bien estimables por su arquitectura y su objeto. Citaré entre estos la hermosa _Casa municipal_, el _Hospital_ de la ciudad, el de _Pourtalès_ (del nombre de su fundador), de servicio universal, el _Templo-nuevo_ y el _Gimnasio_. Este contiene el colegio cantonal y un bellísimo museo particularmente curioso por sus colecciones suizas de historia natural, en que los animales figuran en la actitud de la vida y según sus costumbres. Esa pequeña ciudad (que ha producido artistas muy notables, como Calame, Moritz y Osterwald, especial en la construccion de panoramas en relieve) contiene colecciones particulares de pinturas que son muy estimables; y se hace notar ademas de lo que llevo indicado, por sus dos bibliotecas públicas, su escuela normal, su excelente caja de ahorros, las sociedades Bíblica y Filarmónica, y numerosas escuelas gratúitas y establecimientos de beneficencia y crédito.
Para tener idea completa de la hermosura de aquellas comarcas, nada mejor que la ascension á la cumbre de la montaña de _Chaumont_, que se eleva hasta 1,772 metros sobre el nivel del mar, ó sea 1,340 sobre el del lago. Una pequeña tartana tirada por una guapa yegua nos condujo por la excelente carretera que faldea el cerro caracoleando hasta la cumbre y se prolonga por el fondo de un valle hasta Chaux-de-Fonds. Hasta una altura muy considerable la carretera gira estrechándose poco á poco, por entre espesos bosques de abetos y pinos colosales, en cuyo fondo sombrío no se ve sino interminables columnatas de mástiles desnudos bajo la alta capa de verdura que los rayos del sol no pueden penetrar. De trecho en trecho se rasga la espesura del bosque, dejando columbrar por pequeños espacios el admirable panorama que se desarrolla al N. N.-E.; pero apénas se tiende la mirada para contemplarlo cuando el inmenso cortinaje de verdura vuelve á cerrarse, y en vez de los nevados y montañas, los lagos y lejanos valles y planicies entrevistos por un segundo, torna á rodearlo á uno la tupida floresta de pinos, abetos, hayas y pequeñas encinas. Hácia la cumbre el bosque disminuye y se aclara, y las pequeñas praderas de pasto natural se desarrollan como hermosas alfombras, salpicadas de lindas flores de mil matices y bosquecillos de avellanos enanos, y se aspiran con infinita delicia las brisas de las montañas, cargadas de aromas desconocidos.
La escena que se contempla desde el sitio mas encumbrado de Chaumont, llamado la _Señal_, es tan magnífica, tan vasta y soberanamente bella, que casi es imposible describirla. Al Occidente se alzan las cadenas del Jura, cubiertas de rica vegetacion y altas praderas, entrecortadas por risueños valles de esmerado cultivo, entre los cuales es perfectamente visible de un lado el de _Ruz_ ó el _Seyon_. Al S., N. y E. se contempla el prodigioso almácigo de nevados y montañas colosales que se extiende desde el Monte-Blanco hasta el _Titlis_, es decir la mas espléndida region de los Alpes, casi todo el canton de Vaud y la parte inferior del de Berna que se llama el _Oberland_ (país alto). Al N. y N.-E. se registra toda la region de planicies accidentadas y bajas montañas que ocupan los cantones de Berna, Solera, Argovia, Lucerna y Friburgo,--país del mas pintoresco y variado aspecto, que tiene el Aar como centro hidrográfico. Y en el fondo, al pié de la gran montaña, se admira la belleza serena de los lagos de Neuchâtel, Biena y Morat, cuyas riberas, pobladas de viñedos, aldeas y cortijos, tienen tintas de un verde melancólico, y en cuyas ondas, rizadas por el viento é incendiadas por el sol de la tarde, se alcanzan á ver como nubes flotantes los vapores, y como mariposas las blancas velas de las barcas que navegan allí.
Aquel panorama inmenso tiene todas las condiciones que constituyen la hermosura compleja, todos los contrastes posibles en la naturaleza europea: la grandeza y la pequeñez, la majestad imponente y el encanto, la fuerza y la suavidad, la luz esplendorosa y las sombras profundas, los colores alegres y las tintas melancólicas, la tristeza del invierno eterno de los hielos y el brillo de la vegetacion del verano, las maravillas de la mano de Dios y las pruebas del genio y la actividad del Hombre.... La Suiza entera parece desarrollar todas sus galas y todos sus horrores naturales en ese cuadro compuesto de millares de paisajes. Tal es la hermosura del espectáculo que la noche nos iba sorprendiendo en la cumbre de Chaumont, cuyo admirable mirador no se quisiera abandonar. Es tan dulce olvidarse á veces del mundo y entregar el alma y los sentidos á la sola contemplacion y el amor supremo de la naturaleza!...
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CAPITULO VIII.
EL CANTON DE FRIBURGO.
La diligencia suiza.--Los tres lagos hermanos.--Morat.--Geografía del Canton;--su historia;--sus instituciones.--Panorama de Friburgo.--Sus monumentos y curiosidades.--La hermita de la Magdalena.
Estábamos listos para continuar nuestra excursion, dirigiéndonos de Neuchâtel á Berna por la via de Morat y Friburgo, cuando el clarin del postillon nos avisó que la diligencia iba á partir. En Suiza el servicio de postas y diligencias por las carreteras está monopolizado por los gobiernos federal y cantonales, según la naturaleza de la via. Cada canton tiene sus carreteras y trenes propios de diligencias, que giran de frontera á frontera ó combinadas por tratados. Como los trayectos que hay que recorrer de unas ciudades á otras son tan cortos, las diligencias se suceden y renuevan en cada capital, y los vehículos (como lo requieren las fuertes ondulaciones de un territorio tan montañoso) son mucho ménos incómodos y voluminosos que los que se usan en España, en Italia y otros países.
Ninguno de los rasgos característicos de la diligencia española, esencialmente barbara, se encuentra en la de Suiza. Dos ó tres hermosos caballos indígenas, fuertes, robustos y pacientes, componen el tiro, y los atavíos son ligeros y graciosos. El postillon sobre todo es un tipo curioso por su actitud y uniforme oficial, en que parecen amalgamarse el militar y el arlequín. Un pantalon estrecho, de paño azul con franjas amarillas, que llega hasta las rodillas y se ajusta bajo dos grandes botas charoladas; un chaleco de paño amarillo ó rojo, sobre el cual va una chupa de cola microscópica, forrada con anchas solapas y con puños de color rojo y enormes botones de metal reluciente; un sombrerito de charol ó fieltro, de copa larga, estrecha y puntiaguda y con adornos; un larguísimo foete, y un clarin terciado al costado, componen el vestido y los arreos del príncipe de la diligencia suiza. Ese curioso uniforme, que provoca á reir, contrasta con el aire militar y seriote del _rechoncho_ personaje, quien desde lo alto de su trono ambulante se anuncia al llegar á las localidades ó salir de ellas, y en las estaciones de relevo, con los toques agudos de su clarin y los prolongados traqueteos de su foete que producen extraños ecos en las montañas y los bosques de la via.
Por lo demas, el postillon suizo, que comprende que su individuo es un funcionario público, se hace notar por su amabilidad, su inteligencia en la conduccion del vehículo y la regularidad de todos sus actos, exentos de brutalidad. El funcionario suizo es así en todas las escalas: atento, comedido, lacónico, íntegro y fiel á su consigna. Hay en su regularidad y precision algo que recuerda al soldado (porque en Suiza todo el mundo está obligado al servicio militar); como hay en su porte comedido algo que mantiene el tipo del ciudadano libre, educado por el principio de la igualdad.
La carretera, despues de salir de Neuchâtel por un arrabal poblado de bellas quintas y alegres jardines, costeando la ribera del lago en direccion al N., tuerce al N.-E., atraviesa el rio _Thiele_ (arteria de reunion entre dos grandes vasos del organismo hidrográfico del país), corta el estrecho istmo pantanoso que média entre los lagos (de Neuchâtel y Biena) y comienza á remontar, en direccion al E., una sucesion de planos inclinados y colinas montuosas, casi despuntando el extremo septentrional del lago de Morat. Excepto en la parte llana del istmo, expuesta siempre á inundaciones, el cultivo de la viña es casi exclusivo en las riberas poco elevadas de esos lagos. El horizonte es allí extenso y melancólico, sobre todo á la luz crepuscular de la tarde, que produce en los tres lagos un reflejo suave, cuya poesía incita á dejar vagar el espíritu en el mundo de los ensueños dulcemente tristes.
Los tres lagos, que tienen entre sí mucha analogía de aspecto, son navegados por vapores, barcas y faluchos. El de Biena (_Bieler-See_), casi todo contenido en territorio bernés, tiene la particularidad de su graciosa isla de _San-Pedro_ que ilustró con su residencia el inmortal utopista Juan Jacobo, en 1765. La longitud del Biena no excede 14 kilómetros por 3-1/2 de latitud, con 434 metros de altura sobre el nivel del mar y 70 de profundidad. Risueño por el color de sus aguas y el aspecto de sus riberas pintorescas tapizadas de viñas, en cuyo fondo se destacan, como suburbios caprichosos de algunas localidades, numerosos grupos de bonitas casas campestres, el lago es sinembargo severo y majestuoso en la region inferior de su cuenca, por el soberbio semicírculo, abrupto como un inmenso y colosal baluarte, que forman las montañas del Jura del S.-O. al N.-O. El lago de Morat (ó _Murten-See_), separado del de Neuchâtel apénas por una montaña y algunos planos ondulosos, mide solo 7,795 metros de longitud, 3,186 de latitud, 52 de profundidad y unos 23 kilómetros de circunferencia. En él son riberanos solamente los cantones de Friburgo y Vaud. Al abarcar con la mirada el conjunto de los tres lagos, no se puede ménos que notar la íntima _fraternidad_ que los enlaza en un sistema. Tal es el carácter del mayor número de los lagos de primer y segundo órden que se encuentran en Suiza. Unos engendran á otros, multiplicando la vida y los encantos de la naturaleza. No es de extrañar que el pueblo suizo imite con sus instituciones y costumbres la variedad y la fraternidad de la naturaleza. Allí todo es diverso, y sinembargo todo armoniza y se enlaza como los grupos admirables de los Alpes y el juego primoroso de su hidrografía.
Es sobre la márgen derecha ú oriental del lago Morat que demora la villa ó pequeña ciudad del mismo nombre (de unos 1,800 habitantes), construida sobre una colina en su parte superior. La parte baja ó riberana es industrial y mercantil. La alta tiene un aspecto curioso y original, por sus calles de arcadas macizas, oscuras y pesadas, sus casas de estructura antigua, semi-feudales, y sus fuentes de historia secular, análogas á las de Neuchâtel. Morat es de orígen antiquísimo y muy ligado á tradiciones heróicas, y célebre por la famosa batalla que ganaron en sus cercanías, en junio de 1476, los confederados de Berna, Friburgo, Basilea y otras comarcas, contra el poderoso ejército de Cárlos el Temerario,--batalla que aseguró la independencia de esos pueblos respecto de los duques de Borgoña. Una columna de piedra erigida en 1822 por la república friburguesa consagra en el centro mismo de su campo la memoria de esa batalla, de tan fecundos resultados para los Suizos.
Morat es el centro de la minoría de reformados que hay en el canton de Friburgo. La noche cubrió con sus vagas sombras el paisaje (porque la luna estaba velada por espesas nubes) cuando atravesábamos aquella comarca, donde la diligencia rodaba por entre tupidos bosques de hayas y praderas y mieses. Buen trabajo nos costó el hacernos abrir un hotel en Friburgo, á las diez de la noche, cuando bajamos de la diligencia. En esa ciudad, donde los jesuitas y los frailes han impreso su profunda huella, todo tiene en las costumbres como en los edificios el tipo de lo feudal y monacal. Se trabaja poco y se duerme bastante, y en todos los pormenores de la vida se encuentra el sello de lo vetusto y la autoridad del hábito.
--El canton de Friburgo, que es el 8° de la Confederacion, por su poblacion y extension territorial, cuenta hoy mas de 106,000 habitantes [18], y su área contiene 1,435 kilómetros cuadrados. Su territorio, cuya longitud es del S.-E. al N.-O., se halla contenido entre los de Berna y Vaud y dividido en tres porciones muy desiguales. La masa principal, de área continua, está surcada en su centro por el bello y pequeño rio _Sarina_, casi de extremo á extremo, y arranca desde los contrafuertes ó terrazas ásperas de los Alpes berneses. Las otras porciones, muy pequeñas, están enclavadas en el territorio vaudense, y una de ellas es tambien riberana del lago de Neuchâtel. Exceptuando la comarca montañosa que se extiende hácia el _Oberland_ bernés, el territorio de Friburgo (cuya hoya del Sarina va á confundirse con la del Aar) se compone de planicies ondulosas y entrecortadas, estrechos vallecitos y una complicada sucesion de bajas colinas pobladas de alegres y tupidos bosques (pinos, abetos, hayas, etc.) y de planos inclinados cubiertos de prados naturales y sementeras. Es un país admirablemente pintoresco, donde toda la grandiosidad de las regiones montañosas está reemplazada por la gracia de las ondulaciones y la belleza suave de una vegetacion intermediaria.
[18] En 1851 tenia 99,801, de los cuales eran católico-romanos 87,753 y los demas reformados ó calvinistas.
El Sarina y el _Broya_, los rios principales, son apénas navegados por pequeños botes, balsas y canoas. El comercio de tránsito es considerable; no faltan en el Canton algunos establecimientos industriales (molinos, aserríos de madera, cervecerías y tenerías) y es notable la produccion de sombreros de paja indígena ó italiana, muy elegantes y ligeros. Con todo, el Canton es principalmente agrícola. Aparte del cultivo de granos, legumbres, tabaco, frutas y plantas filamentosas, y el corte de maderas, la riqueza principal consiste en las viñas, las crias de ganados (de muy buena calidad) y la fabricacion de los excelentes y afamados quesos de _Gruyères_ y otras clases.
La poblacion friburguesa se compone de dos razas, mas ó ménos mezcladas, que se sirven de los dos idiomas respectivos, aunque degenerados. El frances es la lengua oficial; pero el que hablan las gentes en el uso familiar es tan vicioso como su aleman. En realidad ninguna de las lenguas domina totalmente, pues el dialecto aleman llamado _welsch_ predomina en las ciudades de Friburgo y Morat y sus campiñas y distritos, miéntras que el dialecto frances llamado _romanche_ es el del resto de la poblacion, particularmente en las ciudades y villas. En cuanto á las razas, aunque su orígen se presta á discusiones, como el de todas las razas europeas, la latina ó franco-suiza (75 p. 100) y la germánica (25 p. 100) están allí reunidas, pero fraternizan y se han mezclado tanto que, aunque el canton de Friburgo es el que demarca la geografía de las dos razas en Suiza, en una línea que gira desde las montañas de los Grisones hasta las del Jura en Berna, es muy difícil determinar la zona en que terminan las razas que pueblan los cantones del Tesino, Valles, Vaud, Ginebra, Neuchâtel, Friburgo y parte de los Grisones y Berna, y la que ocupa los demas cantones de la Confederacion.
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Se puede decir que toda la historia del canton de Friburgo (_Villa-libre_) está, como la del de Ginebra, concentrada en la capital. Las épocas de los Romanos y Bárbaros no han dejado en el país sino tradiciones oscuras ó tristes. Fué en el siglo XII que, bajo la autoridad superior del imperio de los Francos, á la cual estaba sometido el país como parte de la Borgoña trasjurásica, los duques de Zaehringen resolvieron crear un sistema de ciudades libres que resistiese á la ambicion y las depredaciones de los nobles salteadores llamados señores feudales. Con tal fin fué fundada Friburgo en 1179, con privilegios especiales de ciudad _libre_, pero feudataria del imperio, como su nombre lo indica, bajo una constitucion análoga á la de Colonia. La poderosa ciudad de Berna nació de la misma aspiracion, siendo de notarse la semejanza de posicion de Friburgo y Berna, ámbas ocupando inexpugnables penínsulas formadas por rios profundos y dotadas de fuertes medios de defensa estratégica.
Hasta la mitad del siglo XV Friburgo estuvo dominada primero por sus fundadores y despues por el imperio germánico, sucesor del de los Francos, y principalmente por la casa de los Habsbourg. Así figuró en las guerras contra Berna y los Confederados Suizos. Aquella casa le devolvió su libertad; pero en breve cayó Friburgo, como insolvente, en manos de los condes de Saboya, sus acreedores. La guerra emprendida por Cárlos el Temerario dió lugar á que Friburgo se aliase con los patriotas suizos y recuperase su independencia con la victoria de Morat. En 1481, agrandada con diversas adquisiciones, entró á figurar como Canton de la Confederacion, y posteriormente ensanchó su territorio á expensas de los vecinos, por medio de conquistas locales ó pactos amigables.
El régimen aristocrático dominó enteramente en Friburgo hasta 1798, época en que la intervencion francesa favoreció la revolucion democrática. La coalicion europea restableció en 1814 el estado anterior, pero las revoluciones de 1831 y 1847 (sobre todo la segunda) aseguraron el triunfo de la república democrática. Con todo, no se debe tomar á la letra esta calificacion, pues hay bastante diferencia entre el liberalismo ó la democracia relativa de Friburgo y el radicalismo de Ginebra, Vaud, Neuchâtel, etc. El partido aristocrático ha hecho vanos esfuerzos por recuperar el poder, es verdad, y el Canton, que hasta 1847 habia sido uno de los mas retrógrados de la Confederacion (como Lucerna, donde todavía dominaban los Jesuitas), es hoy una de las fuerzas del liberalismo.
El gobierno es popular representativo y los poderes funcionan con independencia, aunque el Ejecutivo y Judicial emanan del Gran Consejo legislativo. Esa fórmula que hace nacer toda autoridad y eleccion del cuerpo legislativo (único representante directo) es tan general en Suiza que se la encuentra en casi todos los cantones, aun en los que difieren en sus instituciones fundamentales de otro género. En Friburgo la duracion de los períodos legales es bien considerable. Las mas importantes libertades, la igualdad legal, la seguridad personal, están garantizadas á los ciudadanos.
Apesar de los doce años ya trascurridos desde que se inauguró el régimen liberal, el canton de Friburgo me pareció uno de los ménos adelantados de la Suiza central y occidental, particularmente en lo relativo á instruccion pública é industria. La mayor parte de la Confederacion mantiene todavía los gremios ó corporaciones industriales privilegiadas, y esto contrasta mucho con la libertad política y el genio emprendedor de los Suizos. Pero allí donde ese mal se ha ligado con el de la ignorancia ó una educacion viciosa, mantenidas por las instituciones aristocráticas y monacales, como ha sucedido en Friburgo, la fisonomía social, triste y aletargada, contrasta mucho con el risueño aspecto de la naturaleza.
La larga dominacion que los Jesuitas ejercieron en Friburgo, hasta 1847 ó 48, léjos de propagar la instruccion en el pueblo la concentró en un estrecho círculo, entretuvo á las masas en la mas deplorable ignorancia, y solo sirvió para mantener en auje las ideas de la casuística, el espíritu aristocrático, la rutina en todo, el culto de lo superficial en religion, el monopolio de la luz, y principalmente el de la _riqueza_. Friburgo es acaso (relativamente) el canton que ha tenido mas conventos (16 ó 17), y es casi el único en donde he encontrado mendigos y gentes ociosas, desaseo, incuria y muy poco espíritu de empresa. ¿Será que las instituciones monásticas llevan consigo, como consecuencias forzosas, los hábitos de mendicidad, pereza, rutina y humillacion y el estancamiento de las aspiraciones libres y elevadas?