Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie
Part 43
Santander es una ciudad fortificada, sin que por eso pueda llamarse una plaza fuerte. Ella es esencialmente comercial, en términos que después de Cádiz y Sevilla es el puerto mas importante que en la actualidad tiene España en el Atlántico. No ha muchos años que vegetaba en la inaccion, apesar de sus ventajas hidrográficas, siéndole superior el de Bilbao; pero el canal de _Castilla_ por una parte, que le ha acarreado las harinas del interior, y por otra el reciente ferrocarril, las nuevas carreteras en varias direcciones, y sus comunicaciones por buques de vapor con los demas puertos del Océano y con los de Cuba, le han procurado un desarollo rápido y que no se detendrá en mucho tiempo.
La ciudad, por falta de terreno suficiente, se ha extendido á lo largo de la costa, en un triple cordon de casas; de manera que es larga y angosta, con sus bonitos arrabales desperdigados caprichosamente sobre las colinas entre huertos y graciosas alamedas. La parte antigua, sin ser repugnante ni fea, tiene un terreno desigual, y es allí donde se ven la catedral, la cárcel, el teatro y otros edificios públicos. La parte moderna, muy elegante y simétrica, es como la fachada de la ciudad, extendida á lo largo de los muelles del puerto, desde la estacion del ferrocarril hasta el extremo sud-oeste. Se compone de tres calles paralelas, muy pulcras y regulares, destacándose para dominar la bahía una larga fila de casas muy hermosas, de aspecto frances moderno, perfectamente iguales, de muros de piedra y cinco pisos, y adornadas de graciosos balcones, con algunos miradores y gabinetes volados.
Todo tiene en Santander un aspecto agradable y simpático de frescura, actividad y progreso. La dársena y los muelles son obras estimables, la abundancia de tiendas y almacenes es considerable, el movimiento comercial y marítimo reina en todas partes, y en la bahía se balancean numerosos buques de vela y vapores con banderas de todas las naciones principales. Los hoteles y cafés, los círculos de sociedad, los paseos públicos, el teatro, etc., etc., revelan bien que los habitantes de Santander comprenden el buen gusto, la necesidad del _comfort_ y todos los progresos del espíritu moderno. Debo exceptuar lo relativo á los alimentos, en que se conservan los antiguos hábitos de repetir las comidas, teniendo una frailesca á medio día, asi como la suculenta cena á las nueve de la noche.
Las costumbres tienen allí un doble sello, porque son como el término medio, ó mejor dicho, la transición de lo español á lo francés. Así, las señoras llevan conjuntamente la mantilla española y la manteleta ó el chal frances, ó bien una combinacion de ámbas piezas; y usan para salir á la calle indiferentemente la _gorra_ parisiense ó el bellísimo tocado español, tan sencillo como propio para hacer lucir una rica y negra cabellera. Los hombres mantienen frecuentemente la capa, á despecho del _paltó_ que va debajo; y las gentes de las clases obreras (las mujeres campesinas sobre todo) gustan mucho de las telas de colores vivos que contrastan. En las habitaciones, en la estructura de las casas y en casi todas las manifestaciones sociales, se ve patente la invasión de lo frances, la modificación que produce el contacto frecuente con el extranjero.
Santander no tiene monumentos que merezcan mencion especial: su Catedral, sin ser despreciable, no es realmente una obra artística. Allí lo que interesa es el movimiento comercial é industrial. Santander envia las harinas castellanas á la Habana y algunas veces á Inglaterra, y exporta tambien algunos vinos y otros artículos de poco valor. Tiene una manufactura considerable de tabacos, por cuenta del Estado, algunas fábricas de papel de colgaduras, de quincallería y de lonas y cordajes para la marina. A pesar de la falta de terreno para las construcciones fáciles, esa ciudad está destinada á prosperar mucho, gracias á su ferrocarril, sus comunicaciones marítimas y el canal de Castilla. Sus riquísimos bosques le prometen á la provincia una fecunda explotacion de maderas de construccion.
Santander me ofreció una nueva prueba del contraste que hay en toda España entre la generosa benevolencia y el espíritu hospitalario de la sociedad por una parte, y el espíritu inquisitorial, reglamentario y embrollon que, por otra, distingue á la administración española, entrabada en su accion y entrabando la de todo el mundo por las mas viciosas instituciones. Habia perdido en la diligencia, en Alar-del-Rey, una cartera de viaje conteniendo todos mis valores y papeles, y al caer en cuenta de ello me encontré en Santander sin los elementos indispensables para viajar: dinero, pasaporte y recomendaciones. Un generoso compañero de viaje me suministró cuanto pude necesitar, sin tener ninguna garantía de mi parte, y su excelente familia me favoreció finamente y me abonó para obtener nuevo pasaporte; miéntras que, gracias al telégrafo, un estimable banquero de Madrid me hizo dar los fondos necesarios para volver á París. ¡Pero qué de diligencias y dificultades para lograr el consabido pasaporte! Papel sellado, peticiones escritas, declaraciones, ratificaciones, filiacion y la intervencion de cinco ó seis empleados diferentes fueron indispensables para probar que _yo era yo_ y tener licencia para salir de España con destino á Francia.
En honor de la probidad española debo decir que mi cartera pareció intacta, en la misma diligencia, al cabo de algunos días, y me fue benévolamente remitida á París. No se crea que este es un ejemplo aislado. Salvo en algunas regiones oficiales y en todo lo que se refiere al contrabando (delito de orígen oficial tambien) la probidad española tan proverbial no ha disminuido en nada. En cuanto á la hospitalidad, ella es una virtud universal en España. Allí no es inhospitalaria sino la legislacion en todos sus ramos.
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CAPITULO IV.
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LAS PROVINCIAS VASCONGADAS
La ria del Nervion.--Idea de las tres provincias.--Bilbao.--Los Pirineos vascongados.--Vitoria.--Tolosa y San Sebastian.--El valle del Bidasoa.
Un bonito barco de vapor que hacia rumbo para Bayona me condujo á Bilbao. El mar de Cantabria estaba agitado, como sucede casi siempre, pero no tanto que pudiese impedirme la contemplacion deliciosa, desde el puente, de la costa de Santander, áspera, rocallosa y arrugada por numerosas colinas. Vese en las cercanías del mar el gracioso pueblo de _Castro_, situado en una pequeña eminencia; y despues de tres horas de navegacion marítima, se comienza á entrar en la ria de Bilbao, formada por el _Nervion_, en forma de larga y estrecha bahía, que permite á las aguas del Océano penetrar hasta los muelles de la ciudad.
Esa ria es una de las formaciones topográficas mas lindas y agradables que un viajero puede encontrar en las comarcas marítimas de Europa. A uno y otro lado se ostentan altas montañas (las del sud-este mucho mas considerables) que van descendiendo en faldas pintorescas, grupos de verdes colinas y planos inclinados, y arrojan sobre el Nervion algunos bonitos rios como el _Buceña_, del lado izquierdo; el _Galindo_ (del mismo), por el cual baja el hierro bruto de las minas vizcaínas, para ser fundido y purificado en las fundiciones establecidas sobre la márgen de la ria; y el _Luchana_ procedente de las montañas del nor-oeste, cuyo puente echado junto á la confluencia fué campo de un sangriento combate en 1836, en la guerra civil promovida por los carlistas. La ria es tan estrecha que su desembocadura no excede de 200 metros, y en la parte superior la anchura média es de unos 40 á lo sumo. Pero es profunda, está muy bien canalizada y sus muelles de uno y otro lado son tan completos, que la hacen parecer una inmensa calle fluvial desde el mar hasta Bilbao.
Todo es allí pequeño pero gracioso, interesante y útil. Se siente uno poseido de cariño y estimacion hácia los vizcainos al entrar nomas en esa encantadora ria, Todo predispone el ánimo á la observacion atenta; todo indica que aquel país está poblado por una raza activa, emprendedora, que tiene personalidad y conciencia de su destino; todo presenta á los ojos del viajero el sello profundo de la libertad, fecunda en progreso y bienestar. Allí comienza una España enteramente distinta de la gótica: es la España céltica, de fuertes analogías con la francesa gálica; la España laboriosa, republicana, independiente, individualista,--en una palabra, la España _vascongada_,--el mas pequeño, pero el mas interesante bajo el punto de vista social, de los cuatro pueblos distintos que componen la nacion española.
Desde _Santurcel_ pueblo situado en la desembocadura, la ria está rodeada de pueblos sumamente pintorescos, cuyas formas tienen mucha semejanza con las de las aldeas suizas. Citaré entre esas localidades á _Portugalete_ (la mas importante), _Sestao, Sajona, Desierto, Olaviada, San-Vicente y Buceña_. Donde quiera se encuentran numerosas barcas ancladas, esperando la marea para subir ó bajar, y se ven las señales de un movimiento comercial considerable. En las alturas de las montañas descuellan los hermosos bosques; mas abajo las faldas y colinas ostentan un cultivo esmeradísimo y variado. Hácia las márgenes de la ria el suelo está sembrado de lindas casas de campo que imitan los _chalets_ de Suiza, de elegantes iglesitas en medio de jardines, de ricas arboledas y huertos, y de fábricas diversas y algunas fundiciones de hierro.
A medida que uno se acerca á Bilbao, el paisaje tiene un aspecto, mas animado todavía. Comienzan los arrabales de la ciudad, formando una gran calle, cuya base es el Nervion, orillado por dos largas hileras de casas pintorescas que dominan los muelles. Al subir el vapor todas las gentes se asoman ó detienen, saludan, gritan alegremente y le dan al cuadro entero el aspecto mas interesante, y simpático. Francia y Suiza parecen estar igualmente representadas allí.
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El admirable pais, montañoso, de raza inteligente, laboriosa y belicosa; que en España tiene el nombre de _Provincias_ (comprendiendo la de _Navarra_ y las tres _vascongadas_) tiene una poblacion total de 710,912 habitantes que se distribuyen así:
Navarra, con 297,422 Vizcaya con 160,599 Guipúzcoa, con 156,493 Alava, con 96,398
Así, pues, el pequeño país vascongado propiamente dicho, cuenta por sí solo 413,490 almas, poblacion sumamente condensada, si se considera que el territorio mide apenas 6,038 kilómetros cuadrados (inhabitables en mucha parte), lo que da la proporcion de 68-2/5 habitantes por kilómetro cuadrado, densidad igual á la de Italia.
Puesto que voy hablando de todo el país vascongado, permítaseme resumir las observaciones generales que puede hacer respeto de su condicion, antes de hablar particularmente de Bilbao y otras localidades importantes. Las provincias vascongadas y la de Navarra habian conservado hasta 1833 un régimen especial de gobierno que les daba una verdadera autonomía administrativa. La muerte de Fernando VII, dando lugar a la caida del absolutismo provocó la larga y sangrienta guerra civil tan conocida, apareciendo Navarra y las provincias vascongadas como elementos principales del partido _carlista_. Este hecho considerado superficialmente, ha dado orígen á la errónea opinion de que aquellos puebles son ó eran partidarios del absolutismo. Verdad es que el célebre guerrillero Zumalacárregui y los demas jefes del movimiento eran absolutamente carlistas, y querian por lo mismo la conservacion del antiguo régimen. Pero no sucedía lo mismo en cuanto á las poblaciones. Para ellas la cuestion era principalmente social, aunque influia en su opinion un cierto espíritu de amor á las tradiciones, favorable al pretendiente Don Cárlos. Pero en definitiva, la tradicion de la monarquía era para los pueblos un principio histórico íntimamente ligado á la tradicion de las libertades ó _fueros_ municipales que los monarcas habian respetado.
El partido constitucional de España, aspirando á la libertad en la unida, trabajaba en cierto modo contra su propia causa al querer fundar un gobierno parlamentario pero central, puesto que su triunfo debia producir la absorcion de la independencia municipal de las provincias, y por lo mismo la anulacion de esas libertades impropiamente llamadas fueros. Los navarros, vascongados, catalanes, etc., al combatir bajo la bandera de Don Cárlos, lo hacian, pues, mas bien por sostener su autonomía que por apoyar el absolutismo. Es por eso que, desde que Espartero y Cabrera celebraron el famoso convenio de Vergara, que garantizó su autonomía á los navarros y vascongados, la guerra terminó por sustraccion de materia, y esos pueblos, especialmente los últimos, entraron con gusto en la via del gobierno constitucional y no han vuelto á inspirar temores de revueltas.
Es que, en realidad, aquellas províncias constituyen una pequeña república anexa á España, de condiciones muy especiales en todo: en instituciones y costumbres, como en industria, en el tipo de la raza, en la lengua y las formas íntimas de la vida social. Allí no hay ejército ni gendarmería militar, pasaportes ni aduanas, monopolios ni impuestos indirectos, patentes de privilegio, ni aristocracias, ni reclutamientos, ni conscripciones, ni reglamentacion de la vida por la autoridad, ni policia (en la acepcion inquisitorial), ni inciativa oficial en los trabajos sociales, ni gobiernos empresarios ó especuladores, ni nada, en una palabra, de lo que constituye la organizacion política y social de España.
Cuando ocurre una guerra nacional, las _Provincias_ suministran un contingente proporcional, pero sin que en su formacion intervenga el gobierno de la reina. De resto, no es permitido reclutar á nadie, y los pueblos vascongados y navarros gozan de plena exencion en el servicio de guerra y marina. Tampoco pesan sobre ellos los impuestos nacionales; de manera que todo comercio es franco y toda industria libre. Los pueblos tienen su sistema especial y voluntario de contribuciones (directas y moderadas) con que sostienen su culto y administracion municipal, y contribuyen para la nacion con una cuota ó subvencion en masa, que se fija en el presupuesto de la monarquía.
Las _diputaciones_ provinciales, de origen enteramente popular, son las que legislan sobre policía, reparten el contingente militar (en caso de guerra exterior) y determinan la cuota de imposicion de cada distrito para pagar la subvencion. En lo demas los pueblos son enteramente libres en su administracion propia, el individuo goza de plena autonomía, y el órden social se mantiene sin la presencia de ningun soldado ni gendarma, por el simple equilibrio natural de los intereses legítimos. Allí se practica en toda su pureza el sencillo principio democrático: los hombres son todos perfectamente iguales en su libertad de hacer todo lo que no violenta ó contraría el derecho de los demas. Y como el tránsito, el comercio, la industria, la enseñanza, etc., son hechos inocentes, hay libertad entera para viajar, comerciar, trabajar, instruirse, etc.
Me contraeré un poco mas á las provincias vascongadas, porque no he visitado ninguna porcion de la de Navarra.
Si Bilbao es una ciudad esencialmente comercial, y la provincia de Vizcaya es muy notable por sus minas de hierro, la masa total de las tres provincias es tan agrícola como fabricante. Su agricultura (consistente en granos principalmente; sin perjuicio de una considerable explotacion de maderas) es admirable por su pulcritud y progreso, por la habilidad con que aprovecha hasta los mas pequeños rincones y pliegues del terreno, por el aspecto de bienestar que revela, la encantadora belleza que da á los campiñas, y la influencia saludable que ejerce sobre la condicion social. La propiedad territorial está de tal modo repartida entre la poblacion, que son raros los campesinos no propietarios del terreno que cultivan, ó los _ciudadanos_ que no son dueños de las casas que habitan en las localidades. De ahí resulta que el interes personal obra poderosamente en la mejora de la agricultura, como la libre competencia favorece los progresos de las fábricas y del comercio.
Todo lo que es susceptible de cultivo esta cultivado allí, y el individuo, independiente por su libertad y su bienestar, se siente con la conciencia de su dignidad; y como tiene la nocion profunda de sus derechos; tiene igualmente la de sus deberes. Así, la administracion de justicia es casi nula, en lo criminal, porque los delitos son rarísimos; y como la autoridad no se ingiere en lo que es puramente personal, sus funciones son muy sencillas, y lejos de ser contrariadas todo el mundo las apoya. Si hay en el mundo un pueblo que merezca los títulos de libre y dichoso, ninguno como el de las provincias vascongadas.
Una prueba muy perentoria de lo que hace allí el interes individual y social sin trabas, la han dado los bilbaínos hace poco tiempo. Santander emprendió su ferrocarril, que debia darle la ventaja sobre Bilbao, en cuanto al comercio, exterior; al mismo tiempo que esta plaza se veia amenazada de decadencia, por haberla reemplazado Alicante, casi totalmente, en la famosa pesca de bacalao. Los bilbaínos se dijeron: «Hagamos con nuestros propios recursos un ferrocarril que nos ponga en comunicacion con Madrid y Burdeos, ligándolo al que debe pasar por Irun y Búrgos.» La suscricion quedó abierta inmediatamente, y en una semana los vecinos de Bilbao llenaron la suma de 3,500,000 pesos presupuesta. ¡Y Bilbao cuenta apénas 16,200 habitantes! Solo uno de los suscritores faltó despues al suministro de los fondos: era un castellano.
El territorio vascongado es tan sumamente montañoso, que no tiene ni un solo valle de dimensiones algo notables, a excepcion de la llanura de Vitoria y la hoya del Bidasoa cerca de San Sebastian. Todo aquel país es un enjambre de montañas bastante elevadas y complicadísimas, de colinas y faldas que se bifurcan, cruzan ó reúnen caprichosamente, de angostos y profundos vallecitos y de planos inclinados, en cuyo seno se producen á cada paso los más lindos paisajes naturales y agrícolas. Desde algunas altas eminencias de los Pirineos vascongados se puede contemplar un panorama de hermosura incomparable. En efecto, se ven de un lado los colosales picos abruptos y las altas cimas montuosas rodeando las cumbres resplandecientes de los grandes Pirineos cubiertas de nieves perpetuas; mientras que en el fondo se extiende un mar de verdura cuyas ondas soberbias son las montañas y colinas que sobresalen entre abismos de bosques y cereales, y al occidente se dilata el Océano, el hermoso mar cantábrico, sublime como la imágen lejana del infinito.
Si la agricultura produce principalmente granos y frutas, con algún ganado y abundancia de legumbres, la fabricacion, aunque variada, consiste principalmente en los trabajos do quincallería, que son valiosos y estimables. Hay también en las tres provincias muchos molinos harineros, telares para lanas, fábricas de papel y de otros artículos de menor importancia. Así, pues, todos los ramos de produccion están representados en aquellas provincias, los unos en dos puertos principales, los otros en las muy numerosas localidades (sólidamente construidas) y en las campiñas que las rodean.
La raza pobladora de esas comarcas es céltica pura en su gran masa, y conserva su lengua especial[5] con tanta fidelidad que una gran parte de la población no habla el español ó lo habla muy mal. El dialecto vascongado, muy semejante al _vasco_ francés, no tiene casi analogía ninguna con la lengua española. Su acentuación es áspera y prolongada, con suma abundancia de palabras compuestas, muy largas, de extensa significación, como eran las de la lengua mejicana ó azteca. Bien conocidos son los nombres vascongados de familia, tan esdrújulos y _crespos_, recargados de _rr, uu, zz_ y diptongos que enredan la lengua del que no está habituado á la pronunciacion. Los vascongados no cecean el español.
Las constituciones son vigorosas y resistentes, las fisonomías francas y despiertas, los cuerpos de talla generalmente levantada. Abundan los ojos azules, los cabellos rubios y las mejillas rosadas; y en todos los hábitos se nota la sencillez y un candor muy atractivo unido á la inteligencia práctica de las cosas. La instruccion elemental está bastante difundida, mucho mas que en la generalidad de la nacion española, cuyas masas son deplorablemente ignorantes aún en las grandes ciudades. La salud de la poblacion vascongada es superior, y la estadística indica todos los años un aumento satisfactorio.
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Despues de las indicaciones generales que acabo de hacer, me limitaré á mencionar, para no abusar de la paciencia del lector, los objetos que mas me llamaron la atencion en las localidades vascongadas que pude visitar.
Bilbao, situada á 290 kilómetros N.N.O. de Madrid, en el fondo del estrecho y lindo valle del Nervlon, está protegida contra todos los vientos y tiene un delicioso clima. Aunque de orígen antiguo (relativamente) pues fué fundada en 1300, es una linda ciudad, sobre todo en su aspecto exterior. Sí en algo participa del estilo español antiguo (como sucede en la curiosa plaza cerrada de vastas y sombrías arcadas, que abrigan tiendas elegantes y cafés) se manifiesta el carácter de las gentes en la pulcritud, la decencia y el bello pavimento de todas las calles y plazas. Los bellos puentes, los excelentes muelles, las tupidas arboledas que las dominan, las casas modernas tan elegantes, las fuentes públicas abundantes y cañerías hábilmente establecidas, el movimiento social y comercial, los numerosos buques atracados á los muelles, las columnas de humo de las fábricas, los buenos institutos de enseñanza y escuelas prácticas, los establecimientos de beneficencia: todo oso y otros signos patentes de progreso, bienestar y armonía popular, contribuye á inspirar una viva simpatía en favor de Bilbao, haciendo ver que allí la civilización reposa sobre bases sólidas y nada artificiales.
Bilbao, tan célebre por su famoso _Consulado_ que expidió las _Ordenanzas_ de comercio muy conocidas en los pueblos españoles, se ha distinguido por su liberalismo, heróicamente probado en tres sitios memorables durante la guerra civil en que casi todos los pueblos vascongados eran carlistas. Fue allí que sucumbió el terrible Zumalacárregui; el tipo acabado de los guerrilleros en España. La importancia de las exportaciones é importaciones (en relacion con Europa y América) ha determinado el establecimiento de cinco ó seis consulados extranjeros en Bilbao; y sus condiciones especiales le han creado astilleros de bastante actividad.
De paso haré una observación que puede parecer pueril, pero que prueba lo que vale la libertad. En Bilbao hay manufacturas libres de tabacos, y los superiores cigarros que alli compré fueron los únicos buenos que pude fumar en España, donde el monopolio produce la ventaja de dar malo y caro al consumo el mejor tabaco del mundo. La misma observación hice respeto de la sal. Pregunté si la pasión del juego era general ó al menos bien notable en Bilbao, y me persuadí de que no era así. Alli no hay jugadores. ¿Por qué? La explicación es sencilla: 1º porque siendo el trabajo enteramente libre, la vagancia no tiene razón de ser, y la opinión pública obra con energía contra el juego; 2º porque no habiendo _loterías_ (como recurso fiscal) no existe la escuela pública, popular y autorizada por el gobierno para educar á las masas en el amor al juego.