Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie
Part 39
Hoy la antigua capital de ese reino morisco no es en su gran masa sino un gran poblachon,--fea, triste, casi solitaria y en muy notable decadencia respecto de su pasado. Sus murallas están en ruina (de lo cual no hay motivo para lamentarse) y en medio de los escombros crecen los naranjos y granados como para mantener la poética tradicion del mundo oriental que yace allí convertido en osamenta y polvo. Sinembargo, se conserva en todo el aspecto de la ciudad el aire arábigo, tanto por la estructura de las calles y del conjunto de las casas, como por las formas de los monumentos mas notables, la naturaleza de fabricacion y cultivo, y sobre todo la fisonomía de la raza.
Córdoba es por excelencia una ciudad pretérita--un santuario de recuerdos múltiples, pero orientales principalmente. Excepto la estacion del ferrocarril, que hace pensar en lo porvenir, todo lo demas incita á dejar vagar el espíritu en la region de lo pasado. Si, subiendo á la alta torre que domina el gran patio de la mezquita-catedral, se contempla toda la ciudad y sus campos vecinos, el espectáculo es bello pero triste. Cada objeto es una evocacion. Las murallas, en mucha parte romanas, hacen recordar que Córdoba fué la patria de los dos Sénecas y Lucano,--como lo fué muchos siglos despues de Góngora (que ha servido de modelo á tantos _escribidores_, que no escritores), de Céspedes, Zambrano y otros hombres notables. Si se observa la catedral, se recuerda á su fundador Abderraman, lo mismo que al reparar en el famoso puente del Guadalquivir, obra del siglo VIII. Y si se tiende la vista sobre la multitud de iglesias y conventos que pueblan la ciudad, y sobre las sombrías arcadas de la Plaza-Mayor, se reconoce el genio español que ha presidido á los destinos del país desde los tiempos de la reconquista en el siglo XIII. Donde quiera algo del sello de cuatro civilizaciones sucesivas modificando mas ó ménos profundamente la fisonomía social. Y con todo, el tipo que predomina es el mas útil, el mas social, el mas industrial: el arábigo,--porque ninguna dominacion fué tan fecunda ni comprendió tan bien las necesidades de la vida como la morisca. Hasta en la vegetacion de Córdoba predomina ese tipo. Hay allí algunas palmeras antiquísimas que son verdaderos monumentos. Una de ellas pasa por haber sido plantada por Almanzor. Los siglos han pasado por encima de sus flotantes penachos, y estos al balancearse murmuran todavía las leyendas de la época oriental.
¡Extraña ciudad para el que observa en su primer viaje las condiciones de la arquitectura y la estrategia morisca! Córdoba es un vasto laberinto de callejuelas estrechísimas, tortuosas, enredadas, tristes, desiertas, empedradas con guijarros y orilladas por casas pintorescas unas y cuajadas de balcones y celosías, otras desmanteladas ó como truncas; y un laberinto de plazuelas mezquinas é irregulares, de iglesias y conventos, de murallones y patios de aspecto desolado, rodeado de jardines y huertos, de escombros y cortijos. Un bello paseo público, una plaza con pretensiones de elegancia, algunas casas de estilo moderno y uno ó dos periódicos,--he ahí lo que en Córdoba da alguna idea de la vida actual.
El tipo de la raza hace un vivo contraste con el de la ciudad. Donde quiera, en la segunda, la soledad, el abandono (excepto en el paseo público de extramuros); en tanto que en la raza se ven la vida, la robustez, la hermosura, el desembarazo y la viveza de imaginacion. Es el mismo tipo sevillano, aunque un poco ménos expansivo y jovial. Fisonomías ardientes y poéticas, pero con un no sé qué de cadencioso en el andar y en las formas y la expresion, de mas árabe, de mas soñador que en Sevilla, donde el movimiento comercial y social ha producido mas sensibles modificaciones. Las mujeres son generalmente bellas, pero de una hermosura algo severa, que seduce sin irritar, que atrae con encanto. La curiosidad y la pereza son bastante generales. No es posible dar un paso en la calle sin que las graciosas caras femeninas y las de las viejas noveleras asomen en las ventanas, las celosías y rejas de fierro, atisbando al forastero que pasa. En los meses de calor, despues de la comida (que se hace generalmente á las dos de la tarde), cada hijo de vecino duerme la siesta, y por cierto no corta. En eso concuerdan las costumbres canonicales de la España católica con las dulzuras de la pereza oriental.
A decir verdad Córdoba no es hoy interesante sino por su agricultura y sus objetos de arte. La industria, que en otro tiempo fué tan considerable, está hoy reducida á algunos tejidos de seda, hilo y lana, muy subalternos pero de estilo bastante gracioso, varias pequeñas fábricas de papel, etc., bellos trabajos de joyería y platería y una preparacion valiosa de aceitunas. La produccion de Córdoba es considerable en frutos agrícolas, especialmente el aceite, los vinos y trigos. La cantidad de aceite que centraliza Córdoba es verdaderamente enorme, y tanto que su trasporte ha sido el objeto principal del ferrocarril que conduce á Sevilla y Cádiz. De cualquier lado que se tiende la vista se ven las montañas vecinas, las llanuras, las vegas y colinas cubiertas de inmensos olivares, viñedos y trigales, pero siempre los primeros en mas vastas proporciones. Casi está por demas el hacer mencion de las numerosas crias de caballos que le han dado tanta reputacion á Córdoba. Los caballos cordobeses merecen sin duda esa fama, en cuanto á su fuerza y valor, su brio y resistencia y la belleza relativa de sus formas; pero en lo general carecen de suavidad de boca, y léjos de ser delgados y de contornos ligeros tienen una redondez que no me parece graciosa.
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Desde luego que, al hablar de los monumentos de Córdoba, su admirable mezquita ó catedral, fundada en 692, ocupa el primer lugar, y casi puede decirse que es todo lo importante allí. El gran puente de diez y seis arcos, sobre el Guadalquivir, no es interesante sino por su antigüedad y su orígen, pues carece de atrevimiento y gusto. El Alcázar está en escombros, quedando apénas los hermosos y vastos jardines bastante abandonados. Los demas objetos curiosos lo son mas bien por obras de arte español que como monumentos moriscos.
La mezquita con sus accesorios ocupa una vasta extension: es un grandioso edificio cuadrado, con diversas fachadas y de singular sencillez en su conjunto. La gran portada morisca del _Perdon_, cuajada de arabescos y situada bajo la torre de construccion española, da entrada á un espléndido patio claustrado, que pueblan centenares de antiquísimos y corpulentos naranjos. Mide ese patio 100 metros de longitud y 65 de latitud, y en sus claustros ó galerías abundan los relieves y otras curiosidades artísticas. Del patio se penetra á la Mezquita, cuya portada monumental y principal da sobre la calle. Es profunda la impresion que se siente al visitar por primera vez esa mezquita bautizada ó convertida en catedral católica, monumento único en su especie en Europa, admirable en todos sentidos y de una imponente majestad sombría. Ni la Alhambra, ni el Alcázar de Sevilla, ni la Giralda, ni otro monumento de la arquitectura sarracena, revelan en España con tanta energía esa tendencia á lo poético y maravilloso y á lo grande en la sencillez de concepcion y formas, que distinguió las obras de los Moros en la península.
El edificio en su totalidad tiene diez y seis puertas de entrada usual; la mezquita propiamente dicha mide 620 piés de longitud y 440 de latitud. Compónese de un conjunto admirable de naves con calles de columnas cortadas en ángulos rectos, de modo que hay diez y nueve naves longitudinales y veinte y nueve trasversales, produciéndose un asombroso laberinto de columnas que semejan los mástiles equidistantes de un bosque de gruesas palmeras. De ese cruzamiento ó multiplicacion de naves de igual latitud y formas absolutamente armónicas, resultaba un total de 850 columnas, en la época en que el templo era una mezquita. De esas columnas mas de 400 procedieron de Jerusalen, Egipto, Numidia, etc., y son de ricos mármoles de colores y preciosos jaspes; las demas, muy inferiores en calidad, salieron de las canteras de la provincia de Córdoba ó de Granada. ¡Imagínese el maravilloso efecto que produciría esa mezquita llena de moros é iluminada por 400 lámparas que tenia, sin que la vista fuera interrumpida en ninguna direccion, fuese recta ú oblicua!
La trasformacion de la mezquita en catedral le ha hecho perder mucho de su belleza al monumento, porque fué mutilado y adulterado en sus mas grandiosas proporciones. Los altares católicos y capillas construidos en el centro han destruido completamente la inmensa perspectiva de todo el conjunto de naves; han suprimido muchas columnas y naves reemplazándolas con bastiones de malísimo gusto; y han deteriorado por precision los admirables artesonados de la techumbre y los preciosos é innumerables arabescos que adornaban las arcadas en herradura soportadas por las columnas. En su época morisca, el templo tenia en cedro primorosamente trabajado todos los techos de las naves; hoy no son sino de yeso, sin estucos siquiera.
En parte de compensacion, hay en las construcciones exóticas (algunas de ellas completamente imitativas del arte sarraceno) mil preciosidades de escultura en madera y yeso que llaman mucho la atencion. El templo tiene hoy cincuenta y tres capillas laterales, y ademas, en el centro, el coro y diez y nueve altares. Nada mas extraño que el contraste que hacen allí las construcciones del Renacimiento en el centro y al lado de tantas obras del estilo oriental,--no obstante la supresion de los pintorescos azulejos que tanto caracterizan los muros y pavimentos de las construcciones moriscas.
En cuanto á los pormenores, los verdaderos primores del monumento están en tres capillas: la del _Koran_ (que era como el sagrario de los Moros), la de los _Reyes_ (adyacente al coro) y la del _Cardenal_. La primera es admirable por sus mosáicos primorosos, y contiene entre mil arabescos los símbolos sencillos de la religion mahometana. La de los _Reyes_, obra de imitacion, contiene maravillas de escultura oriental en sus estucos, su techumbre de yeso y colores á estilo de la Alhambra, y sus arabescos finísimos. La del _Cardenal_ es notable por los bellos cuadros del infatigable y fecundo pintor andaluz Palomino, representando la conquista de Córdoba y el martirio del Santo-patrono, y por dos hermosas Vírgenes debidas al pincel de Torrado.
La impresion que deja ese monumento es profunda y deliciosa. Adentro una floresta de columnas de mármol cruzándose en un laberinto que da la idea de la grandeza y la eternidad en la sencillez de concepcion mas perfecta. Y afuera, en el gran patio, un bosque de naranjos, á cuya sombra murmuran las aguas de las fuentes.... Admirable religion aquella, reducida á la creencia en Dios _uno_, sin intermediarlos, el espliritualismo en la fe, la nocion del paraíso, y el sentimiento del amor, de la fraternidad y la igualdad,--religion que se revela en una arquitectura de la mas cándida simplicidad! Extraño fenómeno el de una religion que, siendo tan espiritualista, ha conducido a los pueblos orientales á un fatalismo absurdo que destruye la nocion de la libertad y la responsabilidad, y establece la esclavitud y degradacion de la mujer! Pero extraña tambien la persecucion secular que le han declarado á esa religion varias sectas que, llamándose cristianas, ni han sabido ser espiritualistas, ni han renunciado al fatalismo bajo otras apariencias, ni han hecho cosa mayor por la libertad y la dignidad de la mujer!
La mezquita-catedral nos impresionó tan vivamente á mis compañeros de viaje y á mí, que la visitamos cuatro veces. No por eso dejamos de visitar las demás curiosidades de Córdoba. Entre estas es notable la admirable y monumental escalera de mármol, con soberbias molduras, que existe en la _Escuela-Pia_, casa que fué de los Jesuitas. Viajando en Europa he observado que donde quiera que los Jesuitas han tenido colegios sus alojamientos han sido espléndidos; lo que prueba que su decision por el lujo ha sido hábilmente secundada por una industria bien productiva de inmensas riquezas. Los hijos de Loyola son los mas felices especuladores del mundo.--Tambien llaman la atencion: la capilla del hospital de _San Francisco de Asis_, la casa del duque de _Almodobar_, la del conde de _Torre-Cabrera_, y la torre octógona, morisca, de _San Nicolas._
Entre los numerosos establecimientos de caridad que hay en Córdoba, el de San Francisco de Asis es una especialidad curiosa: él no admite sino convalecientes (hasta 150) salidos de los otros hospitales. El principio de la division del trabajo está, pues, aplicado allí á la beneficencia con mucho criterio. El exquisito aseo de aquel hospital hace mucho honor á los que lo habitan. La capilla no es curiosa sino por sus labores de estilo morisco (imitacion); y segun parece es un resto de antiguas construcciones que pertenecieron al palacio de Almanzor.
La torre de San Nicolas no tiene interes, y las casas aristocráticas que he mencionado no llaman la atencion por su exterior, sino por obras de arte interiores,--unas de bella imitacion de lo morisco, otras dé pintura española y curiosidades de museo, y algunas del género tradicional, peculiares á las dos familias. Es de notarse que el duque de Almodobar (marqués de la Puebla) es descendiente del rey Boabdil, cuyo busto se ve en el escudo de armas muy ostentoso del noble andaluz. Acaso no hay un país donde la aristocracia sea tan inofensiva, en lo general, como en España. Los nobles hacen mucha ostentación de sus blasones, pero eso es todo lo que tienen de aristócratas.
Después de visitar lo mas curioso de Córdoba y asistir á las escenas públicas (teatro, paseos, mercados, etc.) que podian iniciarnos algo en las condiciones del tipo social, debíamos continuar la peregrinacion. Mis dos amables y cumplidos amigos franceses debían volverse a Cádiz para ir á visitar algunas ciudades de Portugal. Yo tenia que volver á Madrid y atravesar la Vieja Castilla y el país vascongado. Nos dimos cita para encontrarnos en Burgos ó Bilbao,--cambiamos algunos abrazos muy cordiales, y tomamos direcciones opuestas. La diligencia volvió á servirme de prisión desde Córdoba hasta Madrid, en un trayecto de 350 kilómetros, despues de haber dado la vuelta á las Andalucías. Faltábame conocer el trayecto de Córdoba á Baylen, punto donde se confunden las dos grandes carreteras andaluzas ántes de penetrar en las encrucijadas rocallosas de la Sierra-Morena.
La via sigue constantemente el valle y la direccion del Guadalquivir, por entre numerosos cortijos y vastas plantaciones en que alternan los cereales, las viñas y las hermosas moreras que dan alimento á los gusanos de seda, con los interminables olivares. Donde quiera, en un grandioso horizonte limitado por las sierras Morena y Nevada, se desarrollan bellísimos paisajes, ora en las montañas escalonadas y los cordones de colinas suaves, ora en vastas llanuras y en las ramblas y quiebras ondulosas que se producen hacia el Guadalquivir. Cerca de la venta de Alcolea se atraviesa el rio por un inmenso y magnífico puente de piedra y mármol negro, de diez y seis arcos, obra monumental de mucho mérito, debida si no me equivoco, á Cárlos III.
Aunque todo el país se ve completamente cultivado y bellísimo, y de trecho en trecho se ven ricas dehesas pobladas de rebaños, nada llama tanto la atencion en esa fertilísima comarca como los olivares, verdaderamente prodigiosos. Se andan leguas y leguas y la carretera cruza siempre por en medio de plantaciones de ese género que parecen infinitas. Muchos son los propietarios que allí poseen veinticinco, cuarenta, cincuenta mil y aún ochenta ó cien mil olivos, lo que representa valores muy fuertes, puesto que cada árbol que fructifica vale tres duros por lo menos. A eso se agrega que, antes de la época en que la planta comienza a producir, se cultiva con viñas ó cereales el terreno intermediario en las inmensas calles de olivos. Es inexplicable el abandono con que en Colombia se ha descuidado la aclimatación de ese árbol (en los terrenos de una temperatura média de 28 grados centígrados) que ofrecería excelentes resultados. El olivo es un árbol muy resistente y que produce su fruto durante muchos años. En Colombia, donde la tierra es tan barata y exuberante, hay ménos inconveniente en esperar durante algunos años que la fructificación comience, tanto mas cuanto que el terreno podría ser aprovechado entre tanto con el cultivo intermediario del tabaco, las legumbres, tal vez el algodon, etc.
En el tránsito de Córdoba á Baylen se ven todas las montañas vecinas (estribos de la Sierra-Morena) completamente cubiertas de bosques hasta una grande altura y en inmensa extension. El viajero se siente muy sorprendido al saber que aquellos bosques interminables--monótonos y tristes pero de gran valor--no son otra cosa que olivares. Las Sierras de Córdoba son un mar de verdura gris sobre otro mar de mármol y granito. En el espacio de 100 kilómetros que media entre Córdoba y Baylen no hay sino tres poblaciones ó villas: primero _Pedro-Abad_, á poca distancia del Guadalquivir, con mas de 2,200 habitantes, agricultores y pastores, que viven dulcemente en amistad con las ovejas, los bellos potros y los gusanos de seda;--después _Villa-del-Rio_ (que cuenta 3,400 almas), pueblo no solo agricultor sino fabricante, pues hace tejidos de paños burdos y mantas y sargas de uso popular, situado graciosamente en las faldas de algunas colinas y á orillas del Guadalquivir;--y por último, _Andújar_ (que tiene el título de _ciudad_), poblacion muy risueña y activa, con mas de 14,000 vecinos, y perteneciente á la provincia de Jaen.
Un antiquísimo y largo puente de mampostería, de quince arcos, muy descuidado, da acceso á la ciudad de Andújar, situada á la márgen derecha del Guadalquivir, en el centro de una hermosa y fertilísima llanura toda cultivada. Algun esmero en la conservacion de las arboledas y los huertos cercanos indica un cierto grado de progreso en los vecinos. Andújar no es solo un centro agrícola importante: es tambien una ciudad industriosa, con numerosas fábricas de loza y muchos otros artículos notables, así como telares de paños burdos, llamados _estameñas_ y _sayales_, que sirven para el vestido común.
Al salir de Andújar la via se va alejando del Guadalquivir y aproximándose mas á los bajos cordones de colinas y cerros que se desprenden de los estribos de la serranía. Poco á poco el terreno se hace mas onduloso y quebrado, hasta comenzar en Baylen la subida para cortar la Sierra-Morena. Las Andalucías terminaban para mí, y al dejar ese país de fecundos recuerdos, de actividad y pasiones ardientes, de amor, de arte, de poesía y de costumbres tan especiales y encantadoras, sentí una positiva tristeza, como si al salir de la Sierra-Morena hubiese de dejar de sentir las palpitaciones del corazon de España.
Mas adelante, al resumir mis impresiones de viaje por la península, diré lo que pienso de las Andalucías en general. Por ahora sigamos nuestra ruta, pasemos por Madrid, y si el lector tiene la bondad de seguirme, penetremos en la Vieja Castilla.
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SEXTA PARTE.
DE MADRID A PARIS
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CAPITULO I.
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EL ESCORIAL.
La cuesta del Guadarrama.--Lo que vale un _Real-sitio._--El ciego Cornelio.--San Lorenzo.--La _Casa del Príncipe_.--Algunas reflexiones.--Una escena de costumbres castellanas.
Despues de una segunda y muy corta residencia en Madrid, aprovechada en observaciones importantes, debia volverme á Paris por la via de Burdeos, recorriendo de paso lo mas importante del nor-oeste de España. La vía directa hácia Valladolid era la mas natural; pero debia aprovecharla con una ligera desviacion, á fin de visitar el _Escorial_, monumento que los Españoles han denominado la _octava maravilla_, titulo sobre cuya justicia no quiero disputar con ellos.
La gran carretera que comunica á Madrid con las provincias situadas al occidente-norte de la Sierra de Guadarrama, baja por el pié del Palacio-Real, monumento que, si de cerca no me pareció de mucho gusto, tiene de léjos una majestad incuestionable. Madrid quedaba atrás asentada sobre sus colinas desnudas, y la diligencia rodaba por la márgen derecha del _Manzanares_, riachuelo que se ha hecho célebre en 1859 por un escandaloso proceso ministerial, que solo ha servido para hacer comprender á los Españoles que el código penal no alcanza en su país hasta las regiones del poder, sea presente ó pretérito.
A la izquierda íbamos viendo (yo iba en compañía de tres jóvenes Peruanos que deseaban también visitar el Escorial)--íbamos viendo, digo, un inmenso parque perteneciente al marido de la reina, llamado el _Pardo_, que hacia vivo contraste con la desolacion de los demas terrenos que rodean á Madrid. Al mismo tiempo teniamos á la derecha (en las márgenes del Manzanares, sombreadas por larguísimas hileras de árboles corpulentos que terminan los jardines del palacio), un curioso espectáculo. Centenares de lavanderas, ó acaso mas de mil, estaban establecidas allí, levando ropa en las orillas, entre hileras y laberintos de estacas, perchas, _ranchos_ de forma primitiva y construcciones de piedra y madera á estilo de embarcaderos ó muelles, destinadas á favorecer todos los trabajos de aquellas pobres gentes. Una multitud de pequeños canales, semejantes á los de irrigacion, sirven para distribuir y mantener ó hacer salir las aguas en todos los lavaderos que no están situados sobre las orillas mismas del riachuelo.
La vista de aquella escena me interesó, haciéndome reconciliar un _poquito_ con esa casa reinante que tiene monopolizados para el placer los sitios mejores, y que se olvida casi totalmente del pueblo, en tanto que aloja en un palacio sus mulas reales y sus caballos de sangre azul. En efecto, las lavanderas de Madrid gozan de la proteccion especial de la reina, y es ella quien ha costeado los rústicos aparatos ó lavaderos donde ganan la vida esas pobres mujeres, trabajando al sol y á la intemperie. Aquello vale bien poco, pero al ménos es de aplaudirse la intencion.
A medida que la diligencia va subiendo las faldas de la serranía, el paisaje toma un aspecto mas y mas severo, melancólico y desolado. Donde quiera lomas escarpadas, sin vegetacion ninguna, enormes peñascos graniticos, de tinta oscura, campos desiertos y sumamente accidentados,--ausencia de poblacion, de cultivo y de vida. Todo aquel país tiene mucha semejanza en su aspecto general (aunque no en las especies de sus malezas ni en su estructura geológica) con las altas regiones llamadas _páramos_, tan tristemente hermosas en las cordilleras de los Andes. Apénas llamaban la atencion algunas canteras de piedra y los trabajos de nivelacion que se hacian para el ferrocarril del _Norte_, que debe ligar á Madrid con Bayona, pasando por el Escorial, Valladolid, Búrgos é Irun. Fuera de Madrid no se ve sino el desierto: un mar de rocas,--la soledad y el abandono.
Así, apénas merecen mencion los cuatro pueblos miserables que median entre el del _Escorial-de-arriba_ y Madrid (_Aravaca, Rosas, Galapagar_ y _Escorial-de-abajo_) con una poblacion total de 1,500 habitantes. _El Escorial-de-arriba,_ término de la via en diligencia, contiguo _al Real sitio de San Lorenzo_, apénas cuenta 1,510 vecinos que, vegetando en la mayor pobreza, solo pueden _rumiar_ lo que les dejan los viajeros y curiosos que van á visitar la famosa obra de Felipe II. Si las cercanías de aquel pueblo son bellísimas y el aspecto exterior de los edificios (todos de muros de granito) ofrece una engañosa apariencia de bienestar, la realidad es bien triste y el contraste irritante.