Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie
Part 32
--No comprendo....
--Es muy sencillo. Adoro a mi excelente mujer y ella es muy buena y me quiere mucho. Pero tenemos la desgracia de no poder dormir juntos. Apenas le doy las buenas noches y me nace un hijo mas. ¡Somos tan fecundos!... pero somos pobres, y el temor de los hijos nos condena á una especie de divorcio íntimo.
Aquel hombre sincero, al hablar con esa candidez, trazaba en cierto modo la historia del hogar del pueblo pobre.... ¿Hay drama del corazón tan sublime como el del amor que se defiende de sí mismo, luchando bajo formas diferentes? Confieso que Juan López me hizo meditar bastante.
Nada mas curioso que el renombrado Albaicin. Hacia las faldas de la colina alcanzan todavía las tortuosas calles de Granada, construidas á la luz del gol andaluz, mas ó menos caprichosas, mas o menos divergentes, según que corresponden al estilo morisco, tan gracioso y desigual, ó al español posterior a la conquista de Granada (si eso puede llamarse _estilo_) pesado, maciso y sin coordinación artistica ó completamente empírico. Pero en las cimas de la loma la estructura cambia: allí ningún techo se destaca en el horizonte, de tal manera que si se mirase por detras y de lejos esa loma, no se creería que hay en ella una población. Y sinembargo, allí viven como seiscientas familias que pudieran llamarse una población de _armadillos_ humanos, Allí está la vida, pero la vida subterránea y entre harapos.
Imagínese una serie de calles sin empedrado, caracoleando en anfiteatro al derredor de una colina por tres de sus lados. Cada una de esas calles es como un callejón profundo entre dos filas de rocas y barrancos; y sobre cada lado ó fila se ven como bocas ó respiraderos de hornos que sueltan bocanadas de humo en medio de pobres jardincitos y plantaciones reducidas de alóes enanos, de tunales tupidos cuajados de flores amarillas y frutas de carmín entre espinas, y de habas y judías. Si la superficie desigual de la loma ofrece el contraste de aquellas tristes sementeras, que parecen vegetar sobre centenares de cráteres, á juzgar por las columnas de humo que salen de la tierra, la vida social no se revela sino al observar las puertecitas que dan sobre las _calles_, de las habitaciones cavadas en los barrancos cascajosos ó las rocas calizas. En realidad el hogar del Gitano se manifiesta por la entrada y la salida: la _puerta_, á flor de tierra, en la calle, y la _chimenea_, á flor de tierra también, sobre los barrancos.
Cada una de esas cuevas es habitada por una familia y se compone generalmente de cuatro piezas: algunas solo tienen tres; otras cuentan hasta seis. Solo visité con mis compañeros unas cinco, al acaso, entrando en cada callejón á la primera quo se nos ofrecía. Una puertecita angosta, de unos 160 centímetros de altura, está ajustada á la roca y se abre sobre una salita cuadrada de poco mas de 2 metros por lado. A un lado hay una puertecita interior que comunica con la cocina, estrechísima y ahumada; en el fondo hay otra que conduce á la alcoba, y mas adentro se ve un dormitorio para los muchachos y alguna despensa ó cuarto particular. La altura de aquel _edificio_ negativo, ó edificio hueco, es de tres metros á lo mas; y en varios puntos de los _techos_ hay troneras oblicuas arregladas de modo que el aire se renueve, aunque laboriosamente, sin que penetran la lluvia y los rayos directos del sol. Los muros, enteramente desnudos, muestran á la roca viva á los sedimentos de arenisca levemente petrificada que componen el terreno, muy bien igualados y nivelados.
¡Pobres gentes! ¡Con qué gusto y buena voluntad, con qué candido orgullo de aseudosidad nos invitaban aquellas mujeres á visitarles sus grutas, desde la puerta hasta el último rincón. Una ó mas tarimas en el dormitorio, un triste mobiliario en la cocina, una muy escasa provision de habas, garbanzos ó judías en la despensa, y en la salita dos viejos taburetes de palo, una mesita coja, y algunos pequeños trastos con útiles de trabajo pendientes de los muros entre estampas de colores vivos, ya religiosas ya profanas; tal es el menaje de aquella sociedad subterránea. Pero lo que admira mas es la robustez relativa de esa gente, y el admirable aseo de sus habitaciones. Aunque casi todos los muros están ahumados, todo está limpio y en su lugar, y no se nota humedad ninguna ni aún en las piezas mas recónditas. Sinembargo, el corazón se siente oprimido en presencia de tal espectáculo. Al tender la vista sobre los pequeños huertos de esas pobres familias de proscritos, no pude menos que hacer una observación: hasta sus objetos de cultivo son tristes. La tinta medio gris de los aloes y de las plantaciones de habas coincide con la historia de esa extraña raza, así como las extensas y apretadas huertas de tunales y espinos. Esas familias casi no conocen el sabor de la carne; su alimento consiste principalmente en habas y judias, y Granada les compra los frutos rosados de millares de cactus. Aquella loma me parecía un calvario; aquellos millones de flores amarillas y de frutas carmesíes, creciendo entre las espinas y troncos sin hojas ó follaje (como son los cactus), me parcelan representar la historia de la raza gitana; y esas quinientas columnas de humo en un campo sin casas, me daban la idea de los campamentos variables de un pueblo nómada. Por último, las numerosas fraguas subterráneas de aquella raza de albéitares y estañadores, me hacían imaginar que visitaba el reino de Vulcano en caricatura.
Pero no se crea que los Gitanos aman mucho sus cuevas. Si la noche los obliga á entrar en ellas decididamente, las dejan desiertas durante el dia. Esos hijos de la India, que se creen Egipcios, aman el sol con voluptuosidad. Así, cuando no llueve, se les ve en grupos numerosos por las _calles_ ó en medio de sus melancólicos jardines ó huertos, remendando trastos, cosiendo, calentándose en la ociosidad ó bailando á cielo abierto. Sí; esa raza de la proscripcion es la raza de las danzas vehementes por excelencia. Fue imposible conseguir una danza formal que nos prometiera el capitán, pero en los bosques de la Alhambra y en las calles del Albaicin pudimos ver algunas _muestras_. ¡Qué de agitación, de delirio artificial, de extrañas contorsiones, de locura reflexiva, de lubricidad aparente en una raza esencialmente casta! ¡Qué de sonidos atropellados, rudos y de salvaje melancolía!
Al pasar por aquellos callejones en caracol, las bandas de mujeres jóvenes y de muchachos nos rodeaban gritando; las mujeres con una amabilidad provocadora se ofrecían a bailar,--porque así ganan la vida muchas de ellas;--y los muchachos pedían en coro un _chavito_, como los de Toledo. El que juzgase á esas mujeres por sus apariencias se equivocaría completamente. Picantes y provocadoras para ofrecerse á bailar, seduciendo al extranjero, se hacen esquivas y severas, casi insolentes, cuando se les hace comprender que su amabilidad ha sido mal interpretada. La gitana casada es fiel por religion y tradición de raza; la soltera es casta por reflexion, por interés personal y de raza también, y por educación. Los Gitanos nunca se mezclan con los Españoles sino para especular; su hogar es puramente gitano; y jamas se ha conocido una hija de esa raza entre las mujeres perdidas de Granada. Aunque hablan todos el español, muy incorrecto en lo general, no se sirven en sus relaciones exclusivas sino de su lengua propia, corrompida en cada pais, es cierto, por la influencia de las lenguas de Europa que los dominan necesariamente.
Vivamente impresionados por el espectáculo de esa poblacion en cuyo seno todo es excepcional,--tipo humano, vestidos, lenguaje, costumbres, habitaciones y cultivos,--trepamos hasta la altura donde se ostenta el vasto edificio del Seminario, un poco abajo de la capilla del _Monte-Santo_. San Blas es el personaje de ese sitio histórico, donde se conservan capillas subterráneas muy curiosas; y el día de ese santo se hacen peregrinaciones en masa muy concurridas. Cuentan que allí fueron hallados los cuerpos de san Cecilio y sus once compañeros mártires, quemados en tiempo de Nerón. Parece que fue buscando minas metálicas que se dio con aquel _tesoro_ por casualidad, encargándose el azar de hacer un curioso epigrama. En efecto, san Cecilio y sus compañeros eran una mina, porque sus restos calcinados han dejado, mediante la fe, muy buenas utilidades...á los capellanes del Monte-Santo.
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CAPITULO III.
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LAS FALDAS DE LA SIERRA-NEVADA.
Santafé.--Un comisionista en viaje.--Loja.--La Sierra-Nevada.--El valle de Málaga.--La ciudad y sus curiosidades,--Algunas impresiones.
Después de cinco días de residencia en aquella ciudad tan curiosa como altamente histórica, era preciso partir. Habíamos observado lo mas interesante de Granada (respecto de lo cual me veo forzado á omitir muchos pormenores) y nos alejábamos con un sentimiento de tristeza, porque ese país seduce el corazón como el espíritu. Es un tesoro de recuerdos y poesía para todo viajero; pero para mí era además un objeto de profundas emociones íntimas. Desde las alturas de la Alhambra yo había vivido cinco días con mi patria, evocando todas las epopeyas de su historia, desde la época de Colon, Balboa y Jiménez de Quesada.
Por desgracia, la diligencia que debía conducirnos Málaga, por Santafé y Loja, atravesando la Sierra-Nevada, partía casi á media noche; y las sombras eran tan espesas en aquellas noches de lluvias primaverales, que toda la campiña nos debía estar velada por las tinieblas. Así cruzamos toda la extensión de la «Vega», sin gozar de cerca de su admirable paisaje, ni poder mirar siquiera la estructura general de la histórica Santafé, villa decaída que solo cuenta hoy unos 4,000 habitantes, sentada entre huertos y cortijos á la margen izquierda del Jenil, como una vieja matrona que trabaja silenciosamente con su rueca, á la sombra de los naranjos de un patio florido.
A falta de sueño y de paisajes el interior de la diligencia nos ofreció una grotesca distracción. Iba con nosotros un judío alemán, joven, robusto, ordinario te, petulante, locuaz y de una voracidad singular, que había estado hospedado en Granada en la misma fonda que nosotros. Quejábase amargamente de las hambres que había pasado, por la mala calidad de los alimentos (y eso que nuestra fonda era la mas famosa de Granada); y no le faltaba razón, porque es contra toda humanidad el que los hosteleros españoles mantengan al viajero con sus abominables platos de garbanzos cocidos. El curioso Alemán llevaba todos los bolsillos repletos de naranjas y bizcochos, y en tres horas, hasta que el sueno le rindió, no suspendió sus ejercicios gastronómicos.
Su manía consistía en querer pasar por un inglés _turista_ original, que había conocido todo el mundo (con excepción de algunos continentes), que adoraba las muchachas bonitas, había hecho grandes conquistas de francesas, italianas, circasianas, españolas, etc., y se preparaba á emprender un viaje de _recreo_ á Australia, sin duda para continuar en la Polinesia su vida de César de las hijas de Eva. Pero es el caso que al pedirle detalles sobre las comarcas que había visitado no daba razón de nada, explicando su Ignorancia con mil subterfugios. Aunque hablaba bien el inglés, su manera de hablar en español y francés revelaba el acento del alemán meridional, como su fisonomía revelaba al israelita. Nosotros teníamos nuestros motivos para creer que pertenecía á la raza industrial de otro compañero de diligencia, _comisionista_ hordelés que charlaba hasta por los bolsillos, sin perjuicio de los codos. Entre los muchos beneficios que van haciendo los ferrocarriles y telégrafos debe contarse como de primer orden la cuasi abolición del _commis-voyageur_ ó comisionista, la plaga mas detestable con que puede dar un viajero. El parte telegráfico y el wagon-vapor, en efecto, hacen casi innecesario el envío de esas langostas á buscar en otros mercados colocación para los productos fabriles. En Italia, en España y otros paises de Europa, donde todavía los ferrocarriles están en su principio, el _Comisionista_ emisario de Francia, Inglaterra, Bélgica ó Alemania se mantiene firme ó con alguna consistencia. Así es que en Barcelona, Valencia y las ciudades andaluzas hube de encontrar esa peste en todos los hoteles ó fondas.
El comisionista (sobre todo y como ninguno el francés) es capaz de desacreditar á su pais, dónde quiera, con sus propios recursos. Ignorante, fatuo, grosero, petardista con frecuencia, charlatán hasta causar jaquecas, se le ve en todas partes fastidiando á cuantos tienen la candidez de admitirle su compañía. Una excepción en esa regla es un prodigio. Entre mas de cuarenta conocí en España uno soportable. Nuestro judío alemán comenzó por sucumbir en cuanto á su nacionalidad, pues, por divertirnos, le hicimos muchos cargos á la Gran Bretaña, y hubo de declararse alemán para no aceptar la responsabilidad. Fingí que tenia opiniones muy recalcitrantes y le dije que era un horror la admisión del judío Rothschild en el Parlamento británico, porque esa raza maldita no merecía ninguna consideración. Entonces saltó como agitado por un resorte, colérico y terrible, como si toda su raza hubiese de hablar por boca de él, y se confesó israelita con una candidez que nos arrancó á todos una explosión de risas. No tuve, dificultad en convencerle de que yo no tenia ninguna preocupación religiosa ni de raza, y que estimaba á la suya como una de las mas bellas, tenaces y enérgicas del mundo, y una de las que han contribuido mas, por el poder del trabajo y el sentimiento de la fraternidad, al progreso de la civilización. Corrido y azorado el ex-_turista_ inglés, se arrellanó en su rincón y se manducó tres naranjas y seis bizcochos, por vía de compensación, con él mayor recogimiento. Al día siguiente, en Málaga, le pillamos _infraganti_ en el hotel, presentándole á un comerciante toda su colección de cartones con muestras de mercancías; y aunque se sostuvo en lo de las conquistas femeninas, confesó que sus viajes cosmopolitas habían sido hechos no por un inglés _turista_, sino por un robusto judío alemán, comisionista de la casa H. B. & Cª e Manchester.
Eran las seis de la mañana cuando llegábamos á Loja, después de haber cortado las primeras gargantas suaves ó inflexiones de la Sierra-Nevada. Excepto en Suiza, no he visto nada mas pintoresco, en clase de pequeños paisajes de encantadora frescura, que el cuadro que rodea á Loja. Es una ciudad bastante considerable, pues cuenta mas de 17,000 habitantes, y dista unos 45 kilómetros de Granada y 56 de Málaga. Sus producciones agrícolas son las generales de Andalucía; pero es notable por su fabricación de paños y papel. Es el país de las aguas por excelencia, deliciosas y abundantísimas. No solo tiene mas de doscientas fuentes públicas y particulares, sino que se llegaron á contar ahora siglos, en su término, mas de 5,000 vertientes. La población, fea, desigual, sin gracia, triste y bastante sucia, hace un raro contraste con los alderredores. Situada sobre dos colinas separadas por el Jenil, con la mayor parte de su masa en la margen izquierda, la dominan casi por todos lados los contrafuertes de la Sierra, y ofrece una vista deliciosa hacia una gran porción de la Vega de Granada.
El sol comenzaba apenas á producir sobre las crestas nevadas sus primorosas reverberaciones; una ancha faja de nieblas ceñía los cerros vecinos por la mitad, dejando en descubierto las eminencias con sus enormes peñascos de granito, y las bajas colinas, la ciudad y los vallecitos profundos y tortuosos del Jenil, frescos, verdes, floridos, cuajados de molinos y fábricas, de huertos primorosos y de hileras y grupos de álamos blancos y otros árboles enhiestos. La tierra parecía regocijarse, saludando al sol andaluz y á su admirable cielo con un concierto de armonías y una voluptuosa evaporación de aromas delicados.
Después de Loja, el camino sigue ascendiendo y caracoleando por entre bellas colinas bien cultivadas hácia el corazón de la Sierra. El viajero colombiano que recorre los caminos que cortan las Sierras españolas, no puede menos que sonreír con desden, al recordar que hay en Colombia perezosos fatalistas que creen que los Andes han condenado á la incomunicación á los pobladores de muchas comarcas montañosas del Nuevo Mundo. Al ver lo que se ha logrado, en punto á ferrocarriles y carreteras, en las regiones de los Alpes, los Pirineos y las Sierras de España, yo me decia: «No; los Andes, lejos de ser obstáculos, son el don mas prodigioso que Dios haya otorgado al Nuevo Mundo, y el pueblo que sepa aprovecharlos será el mas feliz de la tierra. Con voluntad y dinero _todas_ las regiones de los Andes son susceptibles de admitir cuantas carreteras y ferrocarriles pueda necesitar el movimiento social.»
En medio de aquel océano de cerros desnudos, de colinas caprichosas, de altas y pequeñas planicies y de abismos inmensos, circulan sin riesgo ninguno las diligencias por una excelente carretera. Tal parece á cada momento, á la vuelta de un recodo brusco, que va la diligencia á salvar un precipicio saltando de un cerro á otro, según es de accidentado el terreno. Así se anda de sorpresa en sorpresa. No he visto nada tan _romántico,_ tan ásperamente hermoso y triste como aquellas reducidas planicies de la Sierra-Nevada, que parecen lechos de lagos disecados hace muchísimos siglos. Al entrar en el _recinto_ de una de esas planicies, vastísimos salones de pavimento de esmeralda entre muros colosales de hierro y estaño, se cree que no hay salida posible hacia adelante. La vegetación es de una tristeza poética, pues todo el suelo está cubierto de plantaciones de trigo y otros cereales, ó legumbres, sobre cuya alfombra se destacan de trecho en trecho, gigantescas, sombrías y majestuosas, esas encinas de verdura perpetua llamadas en España _alcornoques_, cuyas ramas producen el corcho. Esos árboles son numerosísimos allí, como en todas las alti-planicies de las Sierras españolas, y son objeto de un comercio relativamente considerable. La naturaleza, previendo que el hombre inventaría la botella como un segundo _vientre_ para guardar el vino, ha poblado la tierra de _alcornoques_ en las planicies superiores á las faldas donde crece la generosa vid. Si todos los _alcornoques_ que vegetan en el mundo produjeran siquiera para _corchos!_...
Al derredor de esos sencillos cuadros de verdura se levantan en completa circunferencia estupendas moles de granito del aspecto y la tinta mas singulares; todas abruptas, ásperas; con arrugas y grietas enormes,--unas cenicientas y opacas, otras del color del estaño con un brillo triste, otras negras ó pardas,--presentando los mas curiosos juegos de luz y sombra, según la inclinación del sol; y ya redondeadas en las cimas, ya en picachos extravagantes, en agujas ó conos truncados, ó en filas circulares y dentelladas que remedan estupendas coronas de hierro. Y encima de esas cabezas desnudas y esas moles de formas sorprendentes sin estratificación ninguna visible, descuellan perpendicularmente á lo lejos, como lámparas de plata y diamante pendientes del cielo, los altísimos lomos y las cúpulas entrecortadas de los nevados de la Sierra. Aquello es de una hermosura suprema, que convida al artista á la contemplación y desafía toda descripción....
Las _ventas_ se habían sucedido (y por cierto que «no quisiera acordarme» de una cierta tortilla hecha con aceite rancio, como se usa en España, que me duró entre el paladar y las fauces mas de una semana); habíamos salido del centro de la Sierra, y comenzábamos á descender por entre un inmenso almácigo de cerros y colinas prodigiosamente complicados y entrelazados. La región de las encinas había terminado, y cruzábamos la de las faldas y los planos inclinados donde se hace un extensísimo cultivo de la viña. Es tanto como decir que bajábamos del cuello de la botella (el _corcho_) á su vientre embriagado (las _uvas_) Se comprende cuan enorme será, la producción de viñas en la provincia de Málaga, casi toda dé un terreno arrugadísimo por sus montañas desnudas, con solo ver que aún en las mas pendientes lomas y las profundidades y faldas mas escabrosas la tierra está cubierta de viñedos.
De repente, al volver un alto, recodo, el horizonte se abrió á nuestra vista, sin que ninguna eminencia interrumpiese el inmenso panorama. ¡Asombrosa hermosura la que nos aguardaba! En el fondo el valle, las costas y la ciudad de Malaga; más adelante los desiertos resplandecientes del Mediterráneo estrechado por dos continentes; á lo lejos, visibles solo con el auxilio del anteojo, las montañas azules del África, vagas, entrecortadas y confusas, hacia la costa de Tetuan; y todo cubierto por un cielo azul claro precioso é iluminado por un sol casi tropical: el magnífico sol africano! Aquello se contempla, se admira con supremo arrebato y luego con profundo embeleso; pero no se describe.... Yo sentía que mi corazón palpitaba sobre una eminencia de los Andes, en presencia de una pampa-océano....
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Bajo el punto de vista artístico y el intelectual, Málaga es una ciudad de escasísimo interés. Allí no reinan sino la industria y el comercio, y los recuerdos históricos apenas se revelan, con relación á la época de los Arabes ó Moros, en la estructura general de la ciudad, en algunas artes tradicionales, en muchos rasgos curiosos aunque de poca importancia, y sobre todo en el mar y el cielo. En efecto, el mar y el cielo de Málaga hacen pensar á cada instante en África, cuya atmósfera, bañando con sus ráfagas ardientes las costas españolas, es como un vínculo de unión entre esos dos semi-continentes que se saludan desde lo alto de sus montañas rocallosas por encima del Mediterráneo.
El valle en que reposa Málaga, encuadrada entre el mar y los últimos estribos de la Sierra, es muy reducido. Ensanchado sobre la costa en una circunferencia como de 20 kilómetros, se prolonga hácia el occidente por entre cordones de cerros, en una muy angosta vega que surcan el _Gundalhorce_, pequeño rio que corta la llanura á poca distancia de la ciudad, y el _Guadalmedina_, que la divide, corriendo trabajosamente por un lecho de arena fina, variable y que se presta á las inundaciones por la excesiva depresión de sus orillas ó anchas playas. La llanura es un hermoso huerto, vista desde las montañas que dominan á Málaga. Allí no solo crecen mil árboles frutales, la opulenta viña y todas las producciones de la fértil Andalucía, sino que se cosecha el algodon, el tabaco y mucha cochinilla, crece y prospera la caña de azúcar, y podría creerse que se siembra sobre un pedazo de la tierra africana.
Del lado del oriente la costa se extiende en una faja angosta y de líneas curbas y caprichosas, en la direccion de Vélez-Málaga y Motril. Al norte la ciñen y dominan los complicados contrafuertes de la Sierra-Nevada, y al occidente se destacan mil eminencias que erizan todo el terreno, en dirección á Cádiz, por la línea de la Sierra de Ronda, donde se encuentran las mas sorprendentes formaciones geológicas, así como notables curiosidades sociales. Ronda tiene la fama de ser una pequeña ciudad muy curiosa, en la provincia de Málaga. Si esta cuenta una población de 451,406 habitantes (la sétima en España en ese orden), su activa capital tiene 94,289, inclusos sus egidos. Málaga es uno de los grandes centros del liberalismo en España, como Madrid, Barcelona, Sevilla, Cádiz y todas las ciudades de movimiento social activo. Donde quiera que el comercio, la industria ó la acción política dan lugar á una fuerte vitalidad social, el sentimiento popular se inclina hacia la libertad y el progreso. El conservatismo no tiene sus fortalezas en España sino en las ciudades donde reinan la inmobilidad y el silencio.