Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie

Part 30

Chapter 30 3,771 words Public domain Markdown

Sigue el camino su curso hácia Granada por el fondo de un angosto y encantador vallecito, formado por el riachuelo llamado _rio-de-Jaen_, afluente del Guadalquivir, como todas las corrientes que median entre Sierra-Morena y Sierra-Nevada. En medio de aquel laberinto de lomas y de cerros desnudos y escarpados, donde alternan las formaciones graníticas formidables con los estratos calizos, las capas esquistosas trastornadas, los bancos de arenisca y los barrancos volcánicos, que parecen de hierro occidado, el valle tiene un encanto singular, por los rumores del riachuelo, los alegres huertos que lo matizan, los grupos elegantes de álamos blancos, los pequeños viñedos que á veces se ven como descolgando sus sarmientos sobre las barrancas, los dispersos olivos y otros árboles frutales, los islotes de corta duracion que se producen en el variable cauce, y los pequeños grupos de cabras que ramonean saltando sobre las laderas ásperas que dominan el paisaje.

Después de pasar por algunas _ventas_ medio desiertas, que sirven para relevar los tiros, dimos á unos 36 kilómetros de Jaen con el pueblo llamado _Campillo-de-Arenas_, de 1,900 habitantes, situado en una pequeña planicie, de la cual y las colinas vecinas se saca algun partido para la produccion general de Andalucía, que consiste en vinos, aceite, frutas y granos principalmente. Varios cortijos y ventas se suceden luego, completándose en el tránsito desde el centro de Sierra-Morena hasta Granada, sobre la ruta, un total de mas de 40,650 habitantes, casi todos pertenecientes á la provincia de Jaen. La noche habia llegado, enteramente oscura, y eran las doce cuando hacíamos pié en la calle principal de Granada.

Las ocho provincias de raza hispano-arábiga (Almería, Cádiz, Córdoba, Granada, Huelva, Jaén, Málaga y Sevilla), que componen propiamente la vasta y montuosa región de las Andalucías, comprendida entre la Sierra-Morena, el Mediterráneo y el Atlántico,--tienen una poblacion total de 2.921.102 habitantes, los mas industriosos de España (en su masa general) después de los Catalanes. Las capitales de esas ocho provincias reúnen 446.342 vecinos (la sexta y media parte de la población andaluza),--y en esa cifra corresponden á la ciudad de Granada 68.743 individuos. Si hubiera de hacerse un estudio comparativo y minucioso de la manera en que la población se ha distribuido en España, se obtendría mas de una enseñanza interesante.

Prescindiendo de Cataluña, país tan excepcional, se ve, por ejemplo, una profunda diferencia en la fisonomía y las condiciones estadísticas de dos grandes regiones que se tocan: las Andalucías, y la Nueva Castilla con Estremadura. Geográficamente, la primera de esas divisiones es bastante inferior á la otra; topográficamente, las Andalucías, apesar de la ventaja comercial de sus costas marítimas, tienen una gran desventaja respecto de Nueva Castilla y Estremadura. En esta región el suelo es mucho mas igual, espontáneo, asombrosamente fértil y propio para variadas y muy valiosas producciones. En las Andalucías, con excepción de las llanuras de Sevilla y la _Vega_ de Granada, los valles son muy reducidos en lo general, el terreno es donde quiera desigual, rocalloso, surcado por laberintos de cerros, de grandes serranías, de colinas bruscas y profundas ramblas. Así, la parte habitable y explotable de las Andalucías es muy reducida en comparación á su extensión geográfica.

Y sinembargo, donde quiera que puede crecer alguna planta, que puede sostenerse una producción cualquiera, se la ve aparecer en Andalucía, aprovechando hasta los mas pequeños vallecitos ó las mas limitadas planicies. Y como el terreno está entrecortado prodigiosamente por las innumerables inflexiones orográficas, se ha producido un raro fenómeno: la vida aparece en todos los intersticios explotables del pais, pero condenada por la naturaleza, temporalmente, al aislamiento. En las vastas planicies de la Estremadura, la Mancha y el alto Tajo, la naturaleza ha permitido la acumulacion y comunicacion fácil de grandes masas sociales, asi como la _continuidad_ del cultivo en muy extensa escala. Y con todo, las regiones altas no pueden sostener la comparacion social y económica con las Andalucías, apesar de ciertas ventajas provenientes de los centros políticos y religiosos (Madrid y Toledo) y otras que no son despreciables.

¿En qué consiste la gran superioridad _efectiva_, de las Andalucías? ¿Es por la mayor fertilidad?--No. ¿Es por la mayor extensión de terreno explotable?--Menos. ¿Es por virtud de las comunicaciones marítimas?--Ellas solo favorecen directamente á los pueblos de las costas. ¿Es por la infusión de la sangre africana en la raza primitiva de España?--¿Es porque las instituciones de la feudalidad, del absolutismo posterior y del catolicismo romano no pudieron implantarse en las Andalucías tan hondamente como en las Castillas?--Sin pretender dar la solución, no puedo menos que reconocer la energía del contraste y el interés que esos fenómenos tienen para el estadista. Por mi parte diré que la observacion rápida de esos contrastes me ha confirmado, mas que la lectura de muchos libros, en mi creencia liberal.

Granada misma, comparada con la Granada histórica moruna, es un testimonio elocuente en favor de la doctrina de la justicia, la tolerancia y el progreso. Situada hacia el lado setentrional del valle primoroso que riega el Jenil, al pié de dos altas colinas; estribos de la serranía que divide el Darro, que corre por un lecho profundo, Granada tiene una de las posiciones mas pintorescas, mas encantadoras que el gusto oriental haya podido escoger en Andalucía para asiento de una capital.

Casi en el vértice que forma la Sierra-Nevada al sudeste de Granada, nace el lindo _Jenil_, cuyas ondas escasas y anchas vegas han inspirado á tantos poetas; recorre la llanura ó afamada _Veya_, que tiene como 40 kilómetros de circunferencia, y recoge las aguas que bajan de la sierra en el _Dilao_, el _Monachi_, el _Alfacas_, el _Darro_ y otros riachuelos que fecundan el pais. La Sierra forma al este y sur una especie de semicírculo, desprendiendo un ramal de cerros y colinas en cuya base está reclinada la rara cuanto poética Granada entre dos cordones de alturas separados por el Darro. El uno ostenta sobre sus lomas superpuestas la _Alhambra_ y el _Jeneralife_; el otro, el mas occidental, le hace frente en línea paralela y da asiento sucesivamente á las capillas y el seminario del _Monte Santo_ y al extraño barrio del _Albaicin_, poblado por familias de Gitanos. Del pié de la Alhambra y el Albaicin se extiende la ciudad sobre las dos márgenes del Darro y la derecha del Jenil, descendiendo en plano inclinado hacia la Vega.

Nada mas extraño que la fisonomía de esa ciudad, simultáneamente gótica, árabe y gitana,--artista y fabricante,--religiosa y voluptuosa,--rica y harapienta,--llena de jardines y de miserias,-bella y horrible,--animada y cadavérica,--esperanza y escombro al mismo tiempo. Allí todo es contrastes,--conjunto de los tipos mas diversos,--rasgos de la mas compleja fisonomía social que--puede hallarse. Si se ven algunas calles y alamedas espaciosas y alegres, la gran masa de la ciudad está cortada por callejuelas sucias, tortuosas, oscuras, empedradas con guijarros, estrechísimas, complicadas en laberinto, completamente moriscas. Si se oye al pasar el martilleo de los talleres ó el ruido de los telares ó pequeñas fábricas de distintos objetos, se siente también á cada paso el clamoreo de las bandas de mendigos harapientos y escuálidos.--Si se admiran las maravillas del arte divino, se siente una profunda tristeza al sondear la prostitucion que mina á algunas clases.--Si se contemplan con recogimiento las iglesias católicas, llenas de pompa y majestad, se admiran los mil detalles de los palacios de la voluptuosidad oriental.--Si se aprecia el tipo franco, hermoso y despierto del andaluz de la mejor raza, se lee toda una historia de miserias y delitos, de persecuciones y dolores profundos. En la figura bronceada, en el ojo magnífico y salvaje, en la sonrisa orgullosa pero triste del Gitano....

Con decir que Granada es la síntesis de la historia y la sociedad hispano-arábiga, se indica lo que es en su estructura material esa ciudad. Muchos pormenores preciosos, en el orden de las dos civilizaciones; un conjunto extraño, feo pero muy interesante, contradictorio y triste; y todo encuadrado en un marco admirable de hermosuras naturales. Un teatro, numerosos _cuarteles_, algunos institutos de instrucción, beneficencia y culto, industrias medianas, juego, prostitución,--de todo y para todo; tal es el tipo que ofrece la masa general. En eso no hay en Granada cosa que llame la atención. Su interés está en los pormenores, y bajo este aspecto Granada es la mas curiosa de las capitales de España,--mas que Toledo y Sevilla mismas que son tan interesantes. Así, para adquirir una idea completa de las cosas, como artista, seria preciso residir meses enteros en Granada.

Cuando se deja el laberinto de las sucias callejuelas, ó se desciende del triste barrio del Albaicin, ó se abandonan los cafés públicos (mal servidos pero siempre llenos de gente), ó los hoteles ó fondas (donde el huésped sufre hambres por la imposibilidad de acomodarse con detestables alimentos), el forastero puede encontrar compensaciones en los paseos públicos llamados los _salones_. Si el mal gusto se manifiesta en las fuentes que adornan el principal, la pompa y el esplendor de aquella inmensa bóveda de verdura son incomparables. Un vasto salón al aire libre, de mas de 300 metros de longitud y unos 40 de anchura, se extiende al extremo de la calle principal entre ella y el Jenily el Darro. No he visto jamas una basílica de verdura comparable á esa. El sol no puede penetrarla con sus rayos, y al pasearse uno por allí, embriagado por mil perfumes, entre las filas de colosales olmos y otros árboles, cuyos troncos son las columnas de la mas suntuosa bóveda,--y codeándose con los grupos de hombres y mujeres en cuyas fisonomías se ve la expresión del árabe,--no puede menos que evocar todos los recuerdos de la historia de Granada.

Aquellas mujeres de mirada ardiente y sonrisa seductora; aquellos vestidos, pintorescos unos, otros ampulosos y atrevidos; aquellas capas flotantes, que acompañan infaliblemente en sus horas de pereza al Español; los ecos lejanos de instrumentos que convidan al placer; los vastos jardines que se extienden allí hacia el Jenil, cuajados de jazmines, granados, rosas y claveles, cuyos aromas embriagan positivamente; las brisas tibias que alegran el corazon, y varios incidentes que llaman la atención en las costumbres: todo parece dar la idea de los amores ardientes, de las pasiones vigorosas, del abandono y la voluptuosidad del oriental. Pero llega la noche, y á las nueve no mas aquella ciudad que se movía, que incitaba á las fuertes emociones, parece como dormida. A esa hora el silencio es casi completo, y el viajero que vaga en las calles solitarias se cree como errante en un vasto cementerio. ¿Qué hacen las gentes á esa hora?--¿Trabajan en sus casas ó talleres, ó venden en sus tiendas, ó rezan?... No sé si hacen casas muy malas ó muy buenas; lo que sé es que vegetan.

Entre los objetos públicos que llaman la atencion en el centro de la ciudad, merecen mencion (aparte de la catedral, de que luego hablaré) no solo algunas iglesias curiosas y algunos edificios antiguos de formas singulares, sino tambien: el teatro, el museo y el _Sacatin_. No hay para qué asegurar que Granada tiene sus inevitables circos españoles: el de los _toros_ y el de los _gallos_. El teatro, aunque sin lujo ninguno, es muy bonito, pero generalmente mal servido, como casi todos los teatros de España, en lo que toca al drama y la comedia. En Granada, como en todas las ciudades de España, observé una notable vulgaridad en la gran mayoría de los actores. El torero--ese _artista_ de la muerte--es donde quiera elegante, bello, magnífico en su clase. El _actor_, con raras excepciones, es plebeyo, bufon con brutalidad, y no sabe interpretar las nobles inspiraciones del poeta.

En el teatro de Granada (obra que se debe al general frances Sebastiani, que gobernó el país por cuenta y riesgo de Napoleon) vi ejecutar operetas y bailes de estilo frances que me parecieron soberanamente ridículos. El francesismo exagerado no produce en España sino caricaturas. No he visto en materia de coreografía nada tan gracioso como una española bailando el _bolero_, la jote ó la _cachucha_; pero tampoco he visto nada tan ridículo (en _todas_ las ciudades españolas) como esas salerosas peninsulares haciendo las evoluciones inventadas (para desgracia del arte) por las bailarinas parisienses. El cuerpo rollizo, vigoroso y torneado de la española no se presta á las aéreas fantasías (casi de puro espectáculo) de la bailarina francesa, que necesita de inventar mil fascinaciones y figuras para disimular su flacura y fealdad y ostentar al mismo tiempo su agilidad y su gracia de gesto y movimientos.

El museo de Granada contiene, entre muchas cosas insignificantes, varias preciosidades de la época de los Moros, y algunas obras de pintura muy superiores. En lo general la Andalucía es un país muy rico en tesoros de esa clase, y despues del admirable museo de Madrid en ninguna parte de España se pueden hallar tan bellos cuadros como en Granada, Sevilla y otras ciudades andaluzas. ¡Qué de tesoros de Murillo y Ribera, de Cano, Palomino, Zurbarán, Herrera y muchos otros maestros, dispersos en todo ese país del amor voluptuoso y del arte delicado!

Una cosa notable en Granada: en la plaza llamada del _Campillo_, dominada por el teatro, se ostenta un monumento consagrado á la memoria del Talma español,--el ilustre Isidoro Máiquez, hijo de Granada, como el triple artista Alonso Cano y el poeta dramático Lope de Rueda. Pero ese monumento no ha sido elevado por la España, sino por tres artistas, herederos en parte del genio de Máiquez: los dos Romea y Doña Matilde Diez.

El _Sacatin_, que he mencionado, es un curiosísimo edificio moruno que le da su nombre á un barrio donde tiene su residencia el comercio. Compónese de un conjunto de construcciones homogéneas, ligadas entre sí, de modo que forman una sola manzana, pero divididas por callejuelitas iguales ó pasadizos, que se cortan en ángulos rectos, formando una especie de red de líneas regulares. Por todas partes el _Sacatin_ presenta filas de tiendas y almacenes, en dos órdenes ó pisos paralelamente, y es allí donde se acumula no solo todo lo que figura en los cambios ordinarios del comercio, en materia de géneros, mercería y quincallería, sino tambien una multitud de objetos de arte y productos de los talleres y fábricas nacionales. El _Sacatin_, pues, no solo da la muestra de la industria local y la medida del comercio, sino que interesa mucho por su colorido local, su tipo moruno y las costumbres que allí se revelan. En el fondo de esos pasajes, llenos de labores y arabescos, de columnitas de jaspe y curiosidades, es donde son mas pintorescos los grupos populares, y donde la granadina, de ojos negros, vivos y picantes, ejercita con mas arte sus provocaciones para con el extranjero y sus pequeñas astucias de mercader.

Dicen los cronistas que hasta la época del último rey moro Granada tenia hasta 400,000 habitantes, con mas de 16 kilómetros de circunferencia, y que estaba completamente circuida de murallas, y estas contaban hasta mas de mil torres para su defensa. Puede que haya bastante exageracion en esas cifras; pero á juzgar por las proporciones actuales de Granada, donde centenares de casas están desiertas y se encuentran ruinas por todas partes, no hay duda de que la poblacion existente es sumamente inferior á la que puede caber. Hoy no quedan de ese millar de torres (si lo hubo) mas que señales, con algunas fortalezas en escombros, algunos torreones aislados é inútiles, y vestigios muy diminutos de las murallas que circundaban la famosa capital del imperio morisco. Poco y casi nada le queda al presente, de tantas glorias y de tanta opulencia. Solo la historia es rica, por los tesoros del pasado. El fanatismo religioso, la incuria de los gobiernos y los pueblos, las malas instituciones y el tiempo han destruido mil primores y grandes cosas que el genio oriental habia atesorado en la preciosa Granada.

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CAPITULO II.

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GRANADA MONUMENTAL Y SOCIAL.

La Alhambra.--La vega de Granada.--El Jeneralife.--La Catedral.--La Cartuja.--El Albaicin.--Los Gitanos en Granada.

Subamos á las fortalezas de la Alhambra y los jardines y retretes desiertos del Jeneralife. Pero antes, que el lector me permita, una vez por todas, una advertencia.

Como _viajero_, he buscado en España y otros paises de Europa todas las impresiones, todos los objetos que pudieran darme simultáneamente goces morales profundos y la idea general del estado de la civilización en cada pueblo. Pero como _narrador_ de viajes, me es imposible describir todo lo que me ha impresionado: 1º porque soy incompetente para los trabajos técnicos (los de ciencias físicas y bellas artes); 2º porque la tendencia principal de mis estudios se refiere á la condicion _social_ de las grandes masas mas que á sus especialidades etnológicas y artísticas.

Que no se me pidan, pues, descripciones minuciosas de monumentos y curiosidades, que pueden hallarse en los libros _ad hoc_ escritos por artistas-literatos, como Teófilo Gautier y otros. No me es dado ofrecer sino _impresiones_, ni quiero emitir sino reflexiones _propias_, sean ó no equivocadas. No he podido estudiar la _Alhambra_ ni otros monumentos como artista, sino bajo su punto de vista social, único que puede estar á mi alcance.

Subiendo la alta colina de la izquierda del _Darro_, por entre callejuelas estrechas, sucias, caprichosas y casi arruinadas, habíamos llegado al pié de la gran puerta monumental que da entrada á la ciudadela ó vastísima fortaleza de la _Alhambra_. En todo el derredor una falda muy pendiente separa la planicie de la colina de las profundidades del Darro y los altos barrios de la ciudad. Despues, como un inmenso cinturon de piedra, arrancan del seno circular de la falda los enormes torreones y los estupendos muros que aislan la planicie, presentándola sobre el horizonte de Granada como una corona de rocas y verdura que se destaca en el aire. A la derecha de la puerta principal se levantan las masas enormes de la _Alcazaba_ y la torre de la _Vela_: á la izquierda las torres _Bermejas_ casi arruinadas. Média entre los dos lados un vastísimo espacio, un abismo como de 60 metros, que en tiempo de los Moros estuvo salvado por un puente colosal, suspendido en el aire y que tenia sus estribos ó extremidades en la Alcazaba y las Bermejas! Aquello debió ser prodigioso....

Entramos, y todo un mundo de pompa y armonías, y memorias solemnes, y ruinas y animacion de la naturaleza, se ofreció á nuestros ojos. Yo no tenia idea, excepto en las grandes selvas colombianas, de un lujo de vegetacion semejante. Desde la puerta hácia el interior, en una extension de varias centenas de metros, se prolonga un bosque de árboles seculares y suntuosos, bajo cuyo follaje la sombra es absoluta. Ese bosque está dividido en muchas calles magníficamente macadamizadas, á cuyos lados corren y saltan arroyos cristalinos que forman una música deliciosa. Ni un rayo del sol penetra bajo aquellas cúpulas sagradas donde vaga el genio de toda una raza, de toda una civilización extinguida.... A la derecha, entre pabellones de yedra y tupidos arbustos y colosales olmos, se destacan las murallas y los torreones de la línea interior de fortificaciones que separaba la Alhambra propiamente dicha de los vastos jardines de la ciudadela. A la izquierda se extienden algunas quintas (entre ellas la muy famosa de un rico banquero, Sr. Calderon), rodeadas de _cármenes_ ó huertos y jardines, donde se ostenta cuanto hay de mas delicado y bello, de mas aromático y voluptuoso en la vegetacion andaluza. Aquel paraíso de perfumes, de sombras, de verdura y armonías está habitado por centenares de ruiseñores que silban dulcemente al acercarse la noche. Se quisiera vivir allí largos años, en un incesante recogimiento de amor, de contemplacion y poesía....

Se pasa bajo el pórtico de la fortaleza, dejando el bosque poblado de misteriosas armonías, y el viajero se encuentra en el extenso patio de los _Aljibes_. En el centro las cisternas cuya cavidad subterránea es inmensa: al sur la _Alcazaba_, la torre y plataformas de las _Prisiones_, y en avanzada la altísima torre de la _Vela_; al norte el _Palacio de verano_ á la derecha, una ancha calle á la izquierda, que conduce al poblado ó ciudadela, y en el centro el palacio de _Cárlos V_, ruina colosal y noble que occupa una pequeña parte del sitio que cubriera el _Palacio de invierno_ de los reyes moros. Donde quiera escombros gigantescos, desolacion y tristeza;--el esqueleto colosal del prodigio militar y artístico de una civilización....

Al subir por entre rotos muros las empolvadas escaleras del sombrío edificio de las _Prisiones_, resuenan los pasos del extranjero en el seno de la mole granítica y de ladrillo durísimo, produciendo ecos recónditos que parecen los lamentos de las víctimas un tiempo amontonadas bajo aquellas bóvedas tremendas. Cuando se sale á la vasta plataforma de aquel sepulcro inmenso, y se respira el aire libre bajo el cielo poético de Granada, se siente como una especie de resurreccion. Subimos á la torre de la _Vela_, impacientes por abarcar el asombroso horizonte que se contempla desde allí. Fué en esa altura estupenda donde tremoló por primera vez el estandarte de los reyes católicos, el 2 de enero de 1492, para anunciar á todos los habitantes de la Vega que el reinado de Boabdil habia terminado.

Renuncio á la pretension de revelar las hondas emociones que me dominaron durante la contemplacion de aquel espectáculo admirable. Miré en derredor, dí un grito de supremo placer, me así del borde del altísimo bastion para no caer, porque un vértigo me arrebataba, y mudo, tembloroso, sin aliento, sentí una lágrima que se me escapaba como el mas puro homenaje.... Es que estaba mirando la imágen de mi _Patria_!

En efecto, habida consideracion á las distancias y proporciones y á los pormenores característicos, nada hay que ofrezca tan rara semejanza en el conjunto como la Vega de Granada con sus serranías, vistas desde la Alhambra, y la llanura de Bogotá, circundada de cerros, contemplada desde las alturas de "Monserrate." Razon tuvo el conquistador de mi patria para llamarla _Nueva Granada_, y aún darle á su capital el nombre de _Santafé_, en recuerdo de la villa de los reyes católicos (que se alcanza á ver desde la Alhambra) donde nació el atrevido Gonzalo Jiménez de Quesada.

El panorama que se registra con la mirada desde la torre de la _Vela_ es superior á cuanta hermosura puede imaginarse. Al pié se extiende la ciudad de Granada, descendiendo en plano inclinado, hácia la llanura, llena de caprichos, de interesantísimos detalles, de arboledas magníficas á trechos, de torres y monumentos de variadas formas; acariciada por el Jenil de un lado; cortada por el Barro del otro, y rodeada de una inmensa cintura de _cármenes_ (huertos, jardines y casas de campo) donde se ostenta la mas lujosa vegetacion. A la derecha se levanta el estribo de serranía donde se admiran las bellezas del _Monte-Santo_ y el barrio de Albaicin, arrabal subterráneo donde vive bajo las rocas, en la miseria y el abatimiento, la raza misteriosa de los Gitanos; y en el fondo del abre que separa ese cerro del de la Alhambra y el Jeneralife, desciende por entre jardines, molinos y bosques de frutales el Barro caprichoso, tan presto arroyo miserable como torrente caudaloso.