Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie

Part 3

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En Puerto-nacional y Regidor los cuadros característicos me parecieron curiosos en sumo grado. El primero de esos lugares es el puerto por donde gira la correspondencia entre el bajo Magdalena y los Estados del Norte de la República, y es también el punto por donde los pueblos de Ocaña exportan su produccion de café, azúcar, tabaco, suelas, _taguas_ (marfil vegetal), oro, palos de tinte, anis y algunos otros artículos de consumo interior y exterior. Cuando los vapores llegan á la _Bodega_ de Puerto-nacional, á tomar la correspondencia y los cargamentos de frutos, los habitantes del pueblo, que está dentro de la selva á la márgen de un caño afluente del Magdalena, bajan en procesion, ofreciendo el cuadro mas interesante y bullicioso. Todo el mundo trae alguna fruslería que vender, á los pasajeros--conservas, frutas, cigarros, etc.,--y los chicos que vienen por curiosidad, ya que no entran en la vendimia, gritan alegremente como papagayos salvajes.

¡Qué de figuras y pormenores extravagantes en la turba semi-africana que nos invadía!--Diez ó doce mujeres, zambitas y zambazas, ó viejas requemadas, todas alegres, con alpargata suelta por calzado, un pañuelo de cuadros escandalosos atado á la cabeza en forma de gorro ó turbante, y un camison flaco y desairado, de zaraza ó muselina burda, con el gracioso arete de oro ó tumbago en la oreja, hicieron irrupcion por todas las escaleras del vapor, seguidas de veinte muchachos y mocetones, rollizos y tostados por el calor tropical. En breve se dispersaron por los salones y camarotes, movidos por la curiosidad, y fueron á sentarse en medio de las señoras y los caballeros de á bordo para entablar conversacion con una familiaridad encantadora. En todas se notaban las bellas trenzas de cabello negro y abundante, á veces crespo, el labio grueso y voluptuoso, la nariz abierta y palpitante, el ojo negro y ardiente, el color pardo oscuro, la voz agitada, estentórea, libre como el soplo del viento, la risa franca y picante, el andar provocativo, con un dejo lleno de coquetería, y el carácter sencillo, hospitalario y lleno de cordialidad.

Toda esa gente me pareció formar una raza enérgica, de excelentes instintos y capaz de ser un pueblo estimable y progresista con solo darle el impulso de la educacion, la industria y las buenas instituciones. Y la turba de vendedores dispersa sobre la barranca del puerto á la sombra de algunos árboles, no era menos simpática y curiosa. Este, sentado entre una barricada de melones y sandías, parecía una figura chinesca, y atraia con sus galantes invitaciones; aquel, como un mostrador ambulante, llevaba sobre la cabeza una enorme artesa ó canasta de mimbres, donde bailaban á cada movimiento los panecillos de azúcar ocañera, las cajetillas de suculento _ariquipe_, los atados de cigarros y los olorosos panes de maiz; y el de mas acá ó mas allá se pavoneaba con una torre de _abisperos_ de papelon, de tortas de _cazabe_ y de otras muchas golosinas que son el regalo de los viajeros de menor cuantía y los navegantes. Allá un boga voluntarioso, de cuerpo espigado y ágil, le echaba chicoleos de champan á una moza de mirada un tanto pecaminosa, recibiendo en cambio un coscorron por via de agasajo. Aquí el viejo patron de bote, con ínfulas de personaje, se daba sus aires en medio de la turba, apoyado en un remo ó _canalete_, y acariciando el ancho arete pendiente de su oreja derecha; miéntras que un marinero del vapor, como perteneciente á la aristocracia de los navegantes, le dispensaba su mirada de altiva protección a algún boga plebeyo, diciéndole al pasar: _Jé! tú por aquí, Peiro?_

Al cabo el vapor lanzó su prolongado silbido; nuestro Irlandes declaró que era llegado el momento solemne de la vida, (_To drink and drínk! or not to be,--that is the question_!) Las copas se llenaron, el puerto se perdió de vista; y al esconder el sol su disco de fuego fuímos á atracar al pié de la alta barranca de la aldea de Regidor, donde á un paisaje infinitamente bello debia combinarse el cuadro de costumbres mas típico que era posible encontrar.

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La aldea se compone de unas 25 ó 30 chozas miserables, diseminadas sin órden alguno sobre el plano arenoso de una vega circundada de altísimos bosques, y en toda el área del pobre caserío multitud de palmas de cocotero hacen flotar al viento sus rizados plumajes. A las ocho de la noche el ruido de los tamboriles cónicos y las flautas ó _gaitas_ peculiares á los bogas y sus familias semi-salvajes, hirió nuestros oidos anunciándonos una ardiente sesión de _currulao_.

El _currulao_ es la danza típica que resume al boga y su familia, que revela toda la energía brutal del negro y el zambo de las costas setentrionales de Nueva Granada. Así, todo el mundo quiso contemplar la escena y, excepto las señoras, cuyos ojos no eran adecuados para ver esa danza extravagante, saltamos todos á tierra en direccion á la _plaza_ de la aldea.

El espectáculo no podia ser mas singular. Habia un ancho espacio, perfectamente limpio, rodeado de barracas, barbacoas de secar pescado, altos cocoteros y arbustos diferentes. En el centro habia una grande hoguera alimentada con palmas secas, al rededor de la cual se agitaba la rueda de danzantes, y otra de espectadores, danzantes á su turno, mucho mas numerosa, cerraba á ocho metros de distancia el gran círculo. Allí se confundian hombres y mujeres, viejos y muchachos, y en un punto de esa segunda rueda se encontraba la tremenda _orquesta_. Difícil, muy difícil sería la descripcion de esas fisonomias toscas y uniformes, de esas figuras que parecian sombras ó fantasmas de un delirio, cuando se movian, ó troncos desnudos de un bosque devorado por las llamas, ennegrecidos y ásperos, si permanecian inmóbiles.

La luz rojiza de la hoguera, extendiéndose sobre un fondo oscuro, aumentaba el romanticismo de la escena, porque el bosque vecino aparecia como una inmensa caverna, y las sombras de los danzantes, músicos y espectadores, así como las de los mástiles y las copas de los cocoteros, se proyectaban en perspectiva de un modo singular.

Ocho parejas bailaban al compas del son ruidoso, monótono, incesante, de la _gaita_ (pequeña flauta de sonidos muy agudos y con solo siete agujeros) y del _tamboril_, instrumento cónico, semejante á un pan de azúcar, muy estrecho, que produce un ruido profundo como el eco de un cerro y se toca con las manos á fuerza de redobles continuos. La _carraca_ (caña de chonta, acanalada trasversalmente, y cuyo ruido se produce frotándola á compas con un pequeño hueso delgado); el _triángulo_ de fierro, que es conocido, y el _chucho ó alfandoque_ (caña cilíndrica y hueca, dentro de la cual se agitan multitud de pepas que, a los sacudones del _artista_, producen un ruido sordo y áspero como el del hervor de una cascada), se mezclaban rarísimamente al _concierto_. Esos instrumentos eran mas bien de lujo, porque el _currulao_ de _raza pura_ no reconoce sino la _gaita_, el _tamboril_ y la _curruspa_.

Las ocho parejas, formadas como escuadron en columna, iban dando la vuelta á la hoguera, cogidos de una mano, hombre y mujer, sin sombrero, llevando cada cual dos velas encendidas en la otra mano, y siguiendo todos el compas con los piés, los brazos y todo el cuerpo, con movimientos de una voluptuosidad, de una lubricidad cínica cuya descripcion ni quiero ni debo hacer. Y esas gentes incansables, impasibles en sus fisonomías, indiferentes á todo, bailaban y daban vueltas y vueltas con la mecánica uniformidad de la rueda de una máquina. Era un círculo eterno, un movimiento sin variacion, como la caida del torrente, como el caliente remolino de fuego ó de arena que se fija en un punto, en medio de un bosque incendiado ó en la mitad de una playa azotada por el huracan. La incansable tenacidad de los danzantes correspondia á la de los músicos; y á pesar de emociones tan ardientes al parecer, ni un grito, ni un acento lírico, ni una sola palabra pronunciada en alto interrumpia el silencio extraño de la escena.

Es tal la resistencía habitual ó el teson con que esa gente se entrega al "currulao" que algunas veces duran hasta dos horas tocando ó bailando, sin descansar un minuto.

Aquella danza es una singular paradoxa: es la inmovilidad en el movimiento. El entusiasmo falta, y en vez de toda poesía, de todo arte, de toda emocion dulce, profunda, nueva, sorprendente, no se ve en toda la escena sino el instinto maquinal de la carne, el poder del hábito dominando la materia, pero jamas el corazon ni el alma de aquellos salvajes de la civilizacion. Ninguno de ellos goza bailando, porque la danza es una ocupacion necesaria como cualquiera otra. De ahí la extraña monotonía del espectáculo.

Aunque ninguno se rinde, de tiempo en tiempo un hombre ó una mujer sale del circulo de espectadores, le quita las velas á uno de los danzantes, le reemplaza sin ceremonia, y el que deja el puesto va á colocarse en la gran rueda, impasible como un tronco, sin revelar cansancio, ni placer, ni pena, ni zelos, ni amor, ni emocion alguna. El cambio se hace como si al reedificar un muro se quitase una piedra para poner otra en su lugar. La vida para esas gentes no es ni un trabajo espiritual, ni una peregrinacion social, ni siquiera una cadena de deleites y dolores físicos: es simplemente una vegetacion, una manera de ser puramente mecánica.

Nacido bajo un sol abrasador, en un terreno húmedo, inmenso y solitario, y contando con una naturaleza exuberante que lo da todo con profusion y de balde, y que, exagerando el desarrollo físico de los órganos, debilita sus funciones y degrada su parte moral,--el boga, descendiente de Africa, é hijo del cruzamiento de razas envilecidas por la tiranía, no tiene casi de la humanidad sino la forma exterior y las necesidades y fuerzas primitivas. Si el _indio_ puro de las alti-planicies andinas es, á pesar de su ignorancia, dulce y humilde, y la _astucia_ constituye su fuerza moral; si el _llanero_ de las pampas granadinas, criado en las soledades y en medio de los peligros, pero rodeado de un horizonte infinito, es no obstante su barbarie un sér eminentemente heróico, poético en sus instintos, galante, cantor, espiritualmente fanfarron, crédulo y generoso,--el _boga_ del bajo Magdalena no es mas que un bruto que habla un malísimo lenguaje, siempre impúdico, carnal, insolente, ladron y cobarde.

La raza parda, pero cultivadora ó comerciante, que habita las vegas vecinas á Ocaña ó las ciudades de Mompos, Barraquilla, Cartagena y Santa-Marta, se ha civilizado con el trabajo social y la vida comunicativa, y será no muy tarde una poblacion vigorosa y de excelentes cualidades. Pero la familia del _boga_, que vive de pescado, en el sopor, la inercia y la corrupcion, no podrá regenerarse sino despues de muchos años de un trabajo civilizador, ejercido por la agricultura y el comercio invadiendo todas las selvas y las soledades del bajo Magdalena. La civilizacion no reinará en esas comarcas sino el dia que haya desaparecido el _currulao_, que es la horrible síntesis de la barbarie actual.

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Si la idea fundamental del romanticismo literario está en la libertad de exposicion de los contrastes, que en la naturaleza física se manifiesta en las aparentes contradicciones de los cuadros que la creacion destaca en diversos puntos para constituir en su conjunto la gran síntesis de la armonía, nada mas romántico que el contraste de escenas de vegetacion y de estructura geológica que se encuentra al descender el Magdalena desde _Regidor_ hasta _Mompos_.

Hasta un poco mas abajo del brazo ó canal de _Loba_ la desolacion es completa y su espectáculo aflige profundamente el corazon del viajero. A juzgar por las relaciones de los viajeros del Asia, se cree uno trasportado al fondo de sus interminables desiertos, descendiendo el Eufrates y oprimido por la majestad de una soledad asombrosa. Parece que el hombre hubiera huido de aquellos desiertos del bajo Magdalena, como de una tierra maldita, donde el sol devora, el suelo es un arenal inmenso mas ó ménos poblado de árboles medio desnudos. La brisa falta enteramente; el cuervo y la garza pescadora, esos huéspedes del desierto, aparecen solos; los caimanes, reproduciéndose increiblemente, forman como palizadas sobre las quemantes playas, y el bosque no produce sino emanaciones de muerte en lugar de perfumes. Allí no existe casi la vida, que es el movimiento reproductor del bien. El huracan reina solo, y su soplo abrasado parece contener todo el fuego de un infierno desconocido que existe entre los arenales, las rocas escarpadas, las ciénagas pestilentes y los escombros de las selvas calcinadas.

Ese trayecto de desolacion es largo y abraza mas de treinta leguas, sin mas interrupciones que distraigan un momento al viajero que la vista del _Peñon,_ pueblo miserable de la antigua provincia de Mompos, situado sobre una barranca desnuda á la márgen izquierda del rio; del _Banco_, pueblecito muy pobre tambien, pero de alguna importancia comercial por sus relaciones con algunas poblaciones interiores, situado á la derecha, cerca de la confluencia del profundo y bellísimo rio _Cesar_ ó _Cesari_; y del canal de _Loba_ que, disminuyendo en mas de la mitad las aguas del Magdalena, va á engrosar las del Cauca para volver luego á su propio caudal.

El _Banco_ pertenece, como todos los pueblos de la márgen derecha, al Estado del _Magdalena_, separado del de _Bolívar_ por el gran rio. El _Cesar_, tan importante en la historia de la conquista verificada por Jiménez de Quesada, es un rio de cauce profundo, perfectamente navegable, que, corriendo en sentido casi opuesto, al Magdalena, viene á traerle los tintes, las maderas y otros artículos de exportacion recogidos en las montañas que dominan á Riohacha y Santa-Marta (del lado occidental) y en las extensas selvas y llanuras de _Chiriguaná_ y _Valle-Dupar_. El dia que ese excelente rio sea navegado por vapor, como el Magdalena, se desarrollará un gran progreso industrial en esas comarcas de asombrosa fertilidad y riqueza. No hay un tinte estimable, una madera exquisita, un metal ó un producto de los trópicos que no pueda obtenerse allí para llevarlo por el Cesar y el Magdalena al consumo del mundo comercial.

El canal de _Loba_, que arranca mas abajo en direccion N. O., disminuye inmensamente las aguas del cauce principal, y hace aparecer la grande isla de Mompos y Margarita, el huerto perfumado del bajo Magdalena. La navegacion se hace muy difícil para los vapores en el canal principal, y se reconoce allí la urgente necesidad de una obra de canalizacion que mejore la suerte del comercio. La naturaleza misma parece estar indicando el medio infalible aunque un poco lento, pero nada costoso, de encaminar las aguas convenientemente. Esa vegetación exuberante que se reproduce entre las aguas y el limo con tanto vigor y prontitud; las grandes crecientes periódicamente infalibles del rio, y la movilidad de sus arenas, favorecen la aplicacion del sistema de canalizacion del Danubio, perfectamente semejante al Magdalena, donde todo el trabajo se reduce á establecer faginas ó barricadas vegetales, que las aguas, los depósitos sucesivos de limo y la accion incesante del tiempo convierten en verdaderas murallas de canalizacion. En Colombia, donde todo es tan vigoroso y los recursos faltan para emprender obras costosas, debería estudiarse mas atentamente el trabajo de la naturaleza, para imitarlo en los estudios hidrográficos. La _hidráulica natural_ puede ser en Colombia la mejor canalizadora.

En el sitio pintoresco de la _Ribona_ empieza un panorama de verdura incomparable que, continuándose en los caseríos ó parajes de _Doña-Juana, Sandoval, Margarita y San-Fernando,_ termina en la ciudad de Mompos y sus cercanías. El encanto de aquellos paisajes, de aquella vegetacion, de aquellos cuadros naturales y de costumbres, es imponderable. Aquello es un paraíso, es un oásis de verdura suntuosa, de perfumes y brisas deliciosas, de vida dulce y tranquila, de suprema hermosura, y de un colorido tan colombiano, tan nacional, que deja en el corazon del viajero la mas honda sensacion de placer.

Figúrese el lector un huerto de tres leguas de extension, tendido como un manto de verdura sobre la márgen de un rio gigantesco, y tendrá todavía una idea muy inferior á la realidad. Ese trayecto valdría en Europa millones y millones de francos ó florines. En Colombia ... no vale nada: es un tesoro de cuya posesion nadie se apercibe, porque sus riquezas se ven por todas partes, casi sin necesidad de cultivar la tierra. Aunque en una y otra márgen del rio se observa la misma fecundidad en la tierra, el mismo lujo en la vegetacion, abundancia de ganados que bajan de las llanuras vecinas, riqueza de formas en los sauces y las altas gramíneas, etc., etc., la orilla izquierda, mas cultivada y poblada, llama de preferencia la atencion del viajero. El terreno es una angosta y larguísima vega toda cultivada y cuyo suelo casi no calienta el sol, segun es de tupido el follaje del bosque interminable que lo cubre. Todo aquello es dulcemente sombrío, y el viajero que pasa como una exhalacion en alas del vapor, se imagina ver la isla de Calipso, con su primavera eterna, ó un huerto aéreo que la mano de una hada misteriosa va mostrando tras del lente mágico, cual un cosmorama inasible y movedizo.

¡Qué bosque aquel! De trecho en trecho se suele ver una pequeña plantacion de caña de azúcar, ó un verde platanar que exhala el perfume de sus racimos cuajados de miel, cayendo sobre los vástagos desnudos como cintillos de topacio bajo una bóveda de esmeralda. Pero esas plantaciones apénas interrumpen ligeramente la selva interminable de naranjos, limoneros, mangos, árboles de mamei, de zapote, de níspero, de mil frutas deliciosas, sobre cuyas capas iguales, suntuosas, de verdes diferentes, pobladas de frutas, de sombra y de perfumes, se destacan los mástiles y los penachos de los cocoteros, como las velas y el arbolaje de una barca sobre las verdes ondas de una bahía tranquila, suavemente rizadas apénas por el soplo de las brisas de la tarde. Allí, bajo esos pabellones, la luz se amortigua, la paz reina como en un jardin, los racimos flotantes de naranjas provocan, los pájaros cantan como en una mansion de amor, y la naturaleza, idealizada, parece evaporarse en perfumes y colores como si un voluptuoso deleite la mantuviese magnetizada y feliz....

A la sombra de esas cúpulas de verdura vive una poblacion sencilla, pacífica y honrada, cuya fecundidad parece ser el resultado de la influencia que ejerce la vegetacion.--Por todas partes se ven casitas pintorescas y blanqueadas, destacándose en perspectiva detras de las bóvedas y grutas aéreas de los árboles, ó ramadas de _trapiches_, despidiendo su sabroso olor de miel; y miéntras las mujeres hilan, hacen bordados ó tejidos, ó fabrican _petaquillas_, canastos y esteras de graciosos colores, los chicos juegan y saltan en grupos caprichosos á la sombra de los árboles, sobre un suelo limpio y parejo, ó trepan como ardillas á perderse entre el follaje de los mangos y naranjos.

Entre tanto, la escena es bien curiosa en el primer término del paisaje. La alta barranca que cae sobre el rio, tiene talladas de trecho en trecho multitud de escaleras que dan sobre los pequeños puertos, en forma de caracol ó perpendicularmente; y en el muro de la barranca se ven las aberturas ó bocas de muchos hornos subterráneos, ingeniosamente preparados para cocer el pan de maiz llamado _almojábana_, ó el de yuca, que tiene el nombre de _cazabe_. Y al pié brincan, agitadas por el oleaje que produce el paso del vapor, multitud de pequeñas canoas destinadas á llevar á Mompos los cargamentos de frutas y mantener la comunicacion entre las dos márgenes del rio. Los grupos de la orilla no son ménos interesantes, ya por las maniobras de los bogas y sus vestidos singulares, ya por la ruidosa algazara que levantan saludando á la tripulacion del vapor que pasa rápidamente á la vista de esos pacíficos moradores de un huerto secular.

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Mompos es una ciudad interesante en todos sentidos. Su amplísimo puerto contiene siempre multitud de embarcaciones indígenas, y sus albarradas, sus corpulentas ceibas, el contraste de sus construcciones dominando la playa, y sus ricas arboledas de frutales, le dan un aspecto tan pintoresco que provoca al viajero á visitar el interior. Situada la ciudad en un terreno bajo y arenoso, sin el amparo de montañas que la dominen, la brisa falta enteramente, sus arboledas se mantienen inmobles y el calor es tan sufocante (40 gr. cent.) que casi suspende la respiracion.

La poblacion está dividida en dos barrios: el de arriba, llamado _Susúa_, que es todo de casas de paja, pero mantenidas con aseo y mucha gracia; y el de abajo, compuesto de dos largas calles muy bonitas, cortadas en ángulos rectos, á cordel, y totalmente formadas por fuertes edificios de mampostería. El primero es habitado por las clases trabajadoras, todas de color, de cuyo seno sale el impermeable y sufrido boga del bajo Magdalena;--gente alegre, jovial, alborotadora, libre en sus costumbres, robusta y varonil, y que apesar de sus defectos de educacion es honrada y leal, ama la patria con entusiasmo y se bate por ella con bravura, esgrimiendo el afamado sable de acero del _Real de la Cruz_, poblacion de la antigua provincia de Ocaña. Es de esa raza vigorosa y altiva que han salido tantos valientes, de los vencedores en _Tenerife_ y _Barbacoas_, en la época de la independencia, y mas tarde tan temibles combatientes en las desgraciadas contiendas civiles del Magdalena.

El otro barrio es el asilo de las clases acomodadas, gentes que, pasados los momentos de contiendas, son estimables por su carácter generoso y franco y su hospitalidad para con el viajero. Mompos es la ciudad que resume por excelencia el contraste de la conquista ó la civilización española con la antigua situacion indígena. Si la parte de arriba es esencialmente nacional ó colombiana, la de abajo es, por su estructura, enteramente española. Una arquitectura pesada y de estupenda solidez, multitud de hermosas iglesias que son mediocres monumentos, calles anchas, rectas y sin pavimento, muros pintados de amarillo y rojo, puertas arqueadas, galerías de columnas prodigadas, inmensos salones, altas celosías de hierro en todas las ventanas, muebles colosales y pesados para el menaje interior, bellas arboledas de frutales en todos los patios, y mil pormenores en extremo curiosos, le dan á Mompos el aire de una ciudad hispano-morisca, que tiene el sello de la conquista ibérica.

Pero Mompos no es solo una ciudad graciosa y pintoresca. Es tambien un depósito ó puerto de escala importantísimo, que hace juego con las plazas mercantiles del interior, Honda y Medellin, con la exportacion agrícola de Ocaña y Valle-Dupar, con las ferias comerciales de los pueblos del bajo Cauca y Magdalena, y con las ciudades de Cartagena, Barranquilla y Santa-Marta, por las cuales las ramificaciones del gran rio hacen girar el comercio exterior de Nueva Granada en su parte mas considerable. Los vapores hacen siempre escala en Mompos; su plaza es afamada por su produccion de licores, joyería esmerada, herramientas y vasos porosos elegantes y finos. En mi concepto, despues de Barranquilla talvez, Mompos es la poblacion de mas porvenir en el bajo Magdalena.

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El 6 de febrero era el último de mi viaje á bordo del vapor _Bogotá_, el cual debia seguir su ruta hasta Barranquilla, puerto distante cinco ó seis leguas de la bahía de _Sabanilla_, y que recibe algo del movimiento comercial de Santa-Marta; miéntras que yo debia separarme en _Calamar_ y seguir en direccion á Cartagena, por camino de tierra, ó por el canal semi-artificial llamado el _Dique_.