Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie
Part 27
Es en la plaza de toros donde el pueblo español ofrece mas caprichos en su tipo moral. ¡Singular fenómeno! ese pueblo no tiene nada de inhumano en el fondo, ni ama las iniquidades sangrientas; y sin embargo no siente la mas leve impresion de disgusto al ver tantos actos de tortura, tantos vientres destrozados y tantos cadáveres! La emocion de las peripecias y el interes de la escena, en cuanto revela valor, habilidad y peligros, le arrebatan la conciencia de lo que aquello tiene de bárbaro y atroz. Se olvida la muerte, porque al lado de ella se ve al hombre que arriesga la vida por galantería y amor á la _gloría_ (á su modo), se ostenta una habilidad _artística_ especial y terrible, y hasta se satisface el orgullo nacional con la superioridad de los toros españoles, corpulentos y fieros.... El pueblo español revela allí graves defectos de educacion, pero muestra tambien grandes virtudes de carácter, aunque mal dirigidas y aplicadas. Sus defectos no son mas que la exageracion de sus cualidades.
Uno de los rasgos mas curiosos de los toros es la energía del espíritu de partido que ellos despiertan. En el circo ninguno es indiferente, y los partidos se multiplican hasta la extravagancia, Cada cual tiene su _espada_, su _picador_, su _torero_ y su toro predilecto. Los propósitos, los dichos, los epigramas y las interjecciones gordas se cruzan; las miradas son fulminantes, los gestos y movimientos dan la idea de la fiebre unida á la rabia. Todos se gritan, se silban, se apostrofan y gesticulan como enemigos encarnizados. Este arroja á la plaza su sombrero en un rapto de entusiasmo, y otro hace remolinear en el viento su cachucha, mientras que los adversarios del ídolo le lanzan cortezas de naranja y vituperios intrascribibles....
Pero acaba la funcion, la inmensa multitud se dispersa, el circo queda desierto y, como por encanto, la cordialidad se restablece y los antagonismos terminan, sin que las disputas hayan tenido consecuencia alguna, sin que un bofeton ó una injuria de las que no pertenecen al vocabulario convencional del anfiteatro, haya producido realmente una sola _querella_. ¡Singular elasticidad de carácter que prueba todo el fondo de poética admiracion por lo fuerte, varonil y heróico, que hay en el entusiasmo de los Españoles por la tauromáquia!
Los viajeros, en lo general, extrañan que las corridas de toros subsistan en España, no obstante la popularidad del teatro, que podría reemplazarlas totalmente. Yo no extraño tal cosa, ni creo que esa diversion brutal sea la prueba de malos sentimientos entre los Españoles. Hay tipos que, prescindiendo de las influencias locales é históricas, son principalmente engendrados por la ley. El _torero_, el _contrabandista_, el _jugador_ ó tahur y el _guerrillero_ son en España hijos de las instituciones. El sistema económico, tan vicioso en España, ha hecho nacer al contrabandista como el contrapeso de la voracidad y codicia del fisco. Las plazas de toros son explotadas como elementos fiscales ó rentísticos. El juego está erigido en institucion normal, puesto que el Gobierno es, por medio de las loterías permanentes, un banquero de roleta. En cuanto al guerrillero, la violencia oficial lo hace surgir, como engendra las conspiraciones. Lo mismo diré hasta cierto punto del _mendigo_.
Se cree que el pueblo español no soportaría la supresion de los toros. Error! ¿No ha tolerado y aplaudido la supresion de los frailes que le eran tan queridos, como se decia? Puesto que las corridas de toros están reglamentadas por la autoridad, nada mas fácil que ir suprimiendo en ellas paulatinamente los rasgos mas repugnantes y brutales hasta hacerles perder el interes actual. «Si el gobierno en España lo reglamenta todo (hasta la prostitucion), ¿por qué no aplicar su poder á abolir en lo posible lo que hay de salvaje en las costumbres, ó hacer siquiera ménos frecuentes los espectáculos?» Tales son las reflexiones de algunos enemigos de la tauromáquia.
Yo pienso de distinto modo. Creo que solo dos poderes suprimirán en España, mejor que los reglamentos, las corridas de toros: las elecciones populares y los ferrocarriles, es decir la actividad de la industria y la locomocion, y la vigorizacion de la vida política. El dia que todo el mundo pueda ir á España fácilmente, y salir de allí, los caractéres se suavizarán, por el doble contagio de los nuevos espectáculos que el extranjero llevará al país y de lo que los Españoles verán en el extranjero. El dia también que el pueblo español pueda saborear las nobles fiestas de la democracia, de la vida libre y popular, trocará el circo de toros por la asamblea y el gabinete de lectura. Sus defectos actuales no provienen sino del aislamiento, que ha impedido sacudir los malos hábitos y las preocupaciones perniciosas. Cuando la sangre española se renueve con la sábia de una civilizacion mas culta, habrá perdido, es cierto, mucho de su originalidad típica, pero habrá ganado inmensamente en grandeza y gloria, progreso y bienestar.
A propósito del juego (pasion singularmente arraigada y esparcida en España, en todas clases de la sociedad y bajo todas las formas imaginables), haré una observacion, porque recuerdo un incidente curioso. Al volver por la noche de Aranjuez á Madrid, yo iba con mi fino compañero en un wagon pleno. Los otros seis sujetos me habian sido desconocidos ántes de aquel dia. Uno de ellos, aburrido de su inmobilidad en la movilidad del tren, propuso una partida de _monte_, con apuestas de menor cuantía. A falta de naipes nos rogó á todos que le diésemos nuestros billetes de trasporte, y con ellos arregló, pintando números en los reversos blancos, cuatro pares de ases, doses, treses y cuatros. De ese modo la partida, aunque muy modesta por el interes, se empeñó entre cuatro ó cinco de los viajeros.
¿De dónde proviene esa pasion del juego en España? A parte del estímulo incesante que le da el gobierno con el escándalo de las loterías, influyen muchas causas: la falta de libertad industrial, el aislamiento, la vida sedentaria que imponen las condiciones de un país exuberante pero sin fáciles salidas, la inmobilidad política proveniente de instituciones fundadas en el privilegio, la ociosidad forzada de una juventud impresionable y apasionada, que encuentra muchos obstáculos á la entrada de casi todas las carreras. La libertad (paradoja aparente pero verdad incontestable!) la libertad de todo lo lícito, será el solo poder que suprimirá los abusos de las costumbres ó lo ilícito. Es que cuando la ley y la autoridad pretenden dirigirlo todo, la opinion pública y el interes individual bien entendido no tienen la fuerza bastante para condenar y reprimir los malos impulsos del momento ó los extravíos de una educacion viciosa.
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CAPITULO IV.
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TOLEDO.
La Semana Santa.--Por la orilla del Tajo.--Topografía de Toledo; su origen.--La Catedral y otros monumentos religiosos.--El _Alcázar_. --Condicion social de los toledanos.
La Semana Santa habia empezado, y era el momento mas oportuno de hacer una visita á la «imperial Toledo», la antigua capital de un reino morisco, y de la monarquía española hasta principios del reinado de Felipe II. Aunque en España todas las grandes capitales celebran con bastante pompa la Semana Santa, Sevilla, Toledo y Madrid llaman en esos dias principalmente la atencion.
Sevilla descuella, como una segunda Roma, haciendo prodigios de ostentacion en que las apariencias de lo religioso se confunden con las realidades pasajeras de lo mundanal, y la fiesta católica se completa con una inmensa feria, donde se reune cuanto tiene la Andalucía de mas rico, de mas original y característico. De todos los puntos de España afluyen los extranjeros, los meros paseantes y los especuladores ó tratantes, á divertirse, _curiosear_ ó negociar en la gran ciudad andaluza.
Madrid solo brilla los juéves y viérnes santos por su lujo exorbitante en los atavíos de las gentes, las ceremonias cortesanas y dos procesiones muy sencillas por su tren, pero que llaman mucho la atencion por la suntuosidad de los cortejos que las acompañan bajo la presidencia personal de la reina y su consorte.
Por lo que hace á Toledo, ella ha sido siempre el punto de reunion de todas las gentes no cortesanas que gustan de los grandes espectáculos religiosos y de la contemplacion de monumentos en todo el territorio de la Nueva Castilla. Actualmente la afluencia de forasteros es mucho mayor en Toledo, durante la Semana Santa, con motivo del ferrocarril ya establecido, que liga á Aranjuez con aquella ciudad ofreciendo muchas comodidades á los madrileños. Esa circunstancia ha hecho surgir en Toledo nuevas necesidades, entre otras la de crear fondas y multiplicar las posadas, á fin de dar alojamiento á los muchos viajeros que van á ver las maravillas ó al menos curiosidades de aquella singular ciudad.
El tren partió de Madrid, pasó rápidamente por delante de Getafe, Pinto, Valdemoro y Cien-pozuelos, poblaciones sin gracia ni particularidad alguna, con un total de 10,600 habitantes; tocó en Aranjuez, y luego, apartándose de la línea férrea que conduce al puerto de Alicante en el Mediterráneo, tomó la ramificacion parcial de Toledo, que arranca adelante de Castillejo, pasando por _Algodor_, estacion aislada que sirve de embarcadero á trece pequeños peublos circunvecinos, mas ó ménos apartados de la via.
Desde Aranjuez hasta Toledo el paisaje es encantador, porque el ferrocarril sigue el valle del Tajo, sobre la orilla izquierda, aproximándose muchas veces hasta tocar casi en las playas del perezoso rio. De un lado se ven, como bajos estribos ondulosos de los _Montes de Toledo_, graciosas colinas de seno granítico y superficie arenosa y arcillosa, absolutamente desnudas de vegetacion natural, pero cubiertas de sementeras de cereales, de pequeños olivares y viñedos, en los puntos ménos estériles; en tanto que sobre las ásperas lomas ó los campos muy desiguales y agrios pacen algunos rebaños do ovejas ó de vacas, cuyos grupos contrastan en el horizonte con los picachos rocallosos que de trecho en trecho se alzan sobre los lomos de las mas altas colinas.
Del otro lado se extiende una doble faja verde y luciente, llana y de anchura desigual, humedecida por el Tajo, que contrasta mas notablemente, por su rica vegetacion y su pintoresca alegria, con las desnudas colinas y campos arenosos de que acabo de hablar. Bosques de álamos blancos y de muchos árboles gigantescos se suceden, alternando á veces con hermosas praderas, donde saltan y retozan los magníficos potros, las lustrosas vacas y las robustas ovejas de las crias escogidas pertenecientes al _patrimonio real_, ó á varios propietarios que poseen terrenos en las márgenes ó vegas del Tajo. En algunos puntos, en todo el trayecto hasta Toledo, se ven ricas plantaciones de hortalizas; y donde quiera reina una humedad vivificante para la vegetacion, pero funesta para la poblacion por las fiebres intermitentes que en algunos meses producen los derrames del Tajo, que carece de un lecho bien determinado y hondo.
El ferrocarril se detiene en la vega del Tajo, al pié de la eminencia que sirve de asiento á Toledo, como á un kilómetro de la ciudad. Allí hay que tomar una especie de coche-diligencia, todavía rudimentario, circunstancia muy embarazosa cuando hay muchos viajeros. Cuando llegué á la estacion llovia á torrentes, y no había _ómnibus_ en que hacer el trayecto hasta el centro de Toledo. Estuve á punto de volverme de allí nomas á Madrid, y sin la generosa obsequiosidad de un caballero español que me dió un asiento en su carruaje particular, no habría podido escalar la cima de la imperial y pobrísima y atrasadísima Toledo.
Nada mas raro, mas único en su estructura que esa ciudad, tan llena de monumentos y recuerdos como vacía de industria y de vitalidad moderna. Como en España no se viaja por buscar ciudades, fábricas y campiñas de estilo moderno, sino por estudiar un país de condiciones especialísimas, Toledo encanta al viajero que la visita, apesar do las detestables incomodidades que hacen allí desagradable la vida. Perdido en un laberinto de callejuelas y vericuetos, aunque llevaba un guia, vagué durante dos horas buscando alojamiento en la ciudad. Ya desesperaba de hallar un rincon donde ajustar mi persona, despues de pedirlo en diez ó doce fondas ó posadas mas ó ménos ostensibles, cuando la casualidad me permitió dar con una posada improvisada, decente para el caso, pero que exigia conformidad. Toledo tenia en esos dias cuatro ó cinco mil huéspedes; y aunque la ciudad, que solo cuenta 17,275 habitantes, puede contener materialmente en sus casas el doble, carece de recursos y comodidades para alojar bien á doscientos huéspedes. Toledo es, por excelencia, el resúmen de la vieja España. Hagamos su descripcion.
Una inmensa roca ó pequeña montaña en forma de península se levanta de un modo abrupto y severo sobre la márgen derecha del Tajo, cuyo angosto valle queda interrumpido al pié de la ciudad, al sur. Altas colinas graníticas se alzan en un cordon semicircular del oriente al sur, rodeando por esos lados á Toledo. Al noroeste se desprende de otras colinas semejantes, que dominan el Tajo á uno y otro lado, una angosta lengua de tierra, como un istmo rocalloso y ondulado, que se liga con el asiento de Toledo. El Tajo, llegando al norte de la ciudad y al oriente de ese istmo, se precipita como un torrente en la abra profunda que separa la montaña de la ciudad del cordon rocalloso del E.S.E.; rodea la basa gigantesca de Toledo, haciendo un círculo casi completo, y vuelve sobre el norte, como á buscar su propio cauce, lamiendo al poniente los cimientos graníticos del istmo que liga la península fluvial de Toledo con los cordones de cerros del N.O.
De ese modo, Toledo está incomunicada topográficamente por todos lados ménos uno, teniendo á sus costados los profundos abismos del Tajo, que desciende con suma rapidez por entre rocas estupendas tajadas casi perpendicularmente. Ademas, en la cima de la inmensa roca donde reposa Toledo, hay siete eminencias ó montículos desiguales, cubiertos de edificios, plazas y calles. De ahí resulta que la ciudad tiene el aspecto de una estupenda fortaleza, sin que su fisonomía pueda ser abarcada con la vista, en su totalidad, por ningun lado. Toledo domina todos los contornos, pero ningun punto domina á Toledo.
Para llegar, pues, á la ciudad por cualquier lado es indispensable, ó pasar por uno de los puentes de _Alcántara_ y _San Martin_, ó penetrar por la puerta de _Visagra_, que da sobre el istmo del noroeste. De todos modos es preciso escalar ó trepar la montaña. Y en la ciudad misma, como los siete montículos hacen muy desigual el terreno, es forzoso subir ó bajar, por cualquiera calle que se tome, en una especie de círculo vicioso que hace de Toledo la mas extraña poblacion. No puede tenerse idea cabal, sin conocerla, de un laberinto semejante. El hombre mas experto, el de la mas prodigiosa memoria de localidades, se perdería en Toledo, sin el auxilio de un guia, al volver la segunda esquina de una callejuela.
Casas desiguales y de construccion tosca y antiquísima encajonan todas las calles, dándoles un aspecto lúgubre y siniestro, como si se anduviese por los ásperos é irregulares senderos de una montaña. El extranjero, al volver cada recodo, se hace la ilusion de que le espera una celada morisca en alguna de las mil encrucijadas que se complican y enlazan en la mas enredada trabazon. Donde quiera empedrados atroces, murallones irregulares, repechos, ángulos y curvas indescriptibles que desafían al mas hábil matemático por su ausencia de figuras determinadas. Las mil callejuelas se cruzan, se bifurcan, se redondean, se cuadran, se confunden, se rodean á sí mismas, se detienen repentinamente en rincones sin salida, ó se prolongan en los mas extravagantes pasajes, trazando una red indescriptible. Cuando cree uno haberse alejado 500 metros de un punto, segun lo que ha marchado, se encuentra en la direccion opuesta, á veinte pasos de distancia, completamente desorientado. Aquella ciudad, esencialmente morisca en sus detalles de ese género, parece haber sido combinada para las emboscadas, los combates de guerrillas y las defensas inesperadas y formidables.
El orígen de Toledo carece de historia, pues es atribuida su fundacion á razas diferentes, y no se conoce la época precisa de su aparicion. Los Romanos la hallaron muy respetable ya, le daban importancia y la hicieron capital de la provincia _Carpetana_. Conquistada por los Godos en el siglo VI la hicieron capital de su corte y sus dominios. Dominado el país en el siglo VIII por los Sarracenos, fué tambien el asiento de los vireyes moros, y despues la capital del poderoso _reino de Toledo_. Por último, recobrada en el siglo XI por el rey castellano Don Alfonso VI, fué todavía la capital de los monarcas españoles, hasta que en el siglo XVI trasladó Felipe II su corte á Madrid. Desde entónces comenzó á decaer Toledo, aislada y sin industria, no obstante su condicion de metrópoli de la iglesia católica en España.
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No habiendo pasado en Toledo sino tres dias, que son suficientes para un viajero que no es artista, apénas pude recoger impresiones rápidas. Toledo es interesante por su tipo social y su mérito monumental; pero el primero me importaba mas que el segundo, tanto mas cuanto que adolezco de una completa ignorancia en materia de arquitectura, pintura y escultura. Por lo mismo no puedo emitir _juicios_, so pena de copiar lo ajeno (_arte fea_ en que estoy ménos versado aún que en _bellas artes_), y solo indicaré las _emociones_ sentidas.
Toledo carece absolutamente de industria. Es una ciudad muerta ó por lo ménos paralizada. Lo único que allí llama la atencion en lo económico es la famosa fábrica de armas, situada á la márgen derecha del Tajo, al poniente del istmo que he descrito. Me fué imposible visitarla, porque estaba cerrada en esos dias con motivo de la Semana Santa, que los pueblos españoles y sus análogos celebran con la ociosidad. Supe sinembargo, que las armas toledanas eran de las mismísimas condiciones que las de lejanos tiempos. Los siglos han pasado por encima, sin que los forjadores se hayan dado por notificados, pues hoy los procedimientos de fabricacion son los mismos que ahora cuatrocientos años, sin que los productos hayan mejorado notablemente. La vieja España machaca el acero con los mismos martillos. La civilizacion moderna no ha llegado sino hasta la estacion de ferrocarril, al pié de Toledo. De ahí para arriba.... ¡cuidado con tocar las telarañas!
En Toledo todo lo que es monumental es interesante y curioso; todo tiene un tipo especial, que no se encuentra en ninguna otra ciudad española con igual energía, aún en Valencia, Sevilla, Córdoba y Granada. Donde quiera se ven alternando las construcciones góticas y las moriscas, así como algunas del Renacimiento, resultando de esa promiscuidad los mas curiosos contrastes.--Me detendré en los mas notables monumentos nomas, que son las joyas de esa ciudad donde corrió la infancia de Quevedo y yacen los restos del favorito ahorcado Don Alvaro de Luna, del poeta Moreto y del historiador Mariana.
La catedral es, sin disputa, uno de las mas grandiosos templos católicos de Europa. Todo es allí gigantesco, severo y sombrío, como las mas típicas catedrales góticas. Si las formas exteriores y casi todo el conjunto del edificio pertenecen á esa arquitectura majestuosa, hay muchos detalles sinembargo, como la famosa capilla _Muzárabe_, que corresponden al estilo morisco, por haber estado la catedral sujeta á cambiamientos sucesivos. Su espléndido pavimento de baldosas de mármol blancas y azules; sus cinco naves atrevidas sostenidas por ochenta y cuatro columnas colosales; sus veintitres capillas cuajadas de oro y ricos ornamentos; sus tres enormes rosetones y setecientas cuarenta y siete ventanas ogivales ó circulares cubiertas de vidrios primorosos de colores pintados al fuego; los mil adornos de las columnas y de las setenta y dos bóvedas de las naves, de una ligereza superior; la magnificencia de las sillerías del coro, cuyos bajos relieves son admirables; el esplendor de los _tesoros_ ó joyas que pertenecen al templo; los ecos profundos de los órganos, repitiéndose en mil senos de piedra; la solemne oscuridad del recinto; los preciosos cuadros de pintura que adornan los sombríos muros; y el hormigueo de la multitud de piadosos y curiosos, circulando como átomos bajo la estupenda mole: todo eso hace de la catedral de Toledo, el juéves santo, un monumento que asombra, impone, embelesa y hace enmudecer....
Allí se comprende todo el poder de la fe, que no solo inspirara á los artistas de la Edad media, sino que les diera á sus pueblos-obreros la fuerza titánica para levantar esas montañas labradas de granito y piedra comun, cuajándolas de primores que revelan toda la tenacidad paciente de una creencia y las extravagancias de la supersticion. Allí se comprende tambien la fuerza de propaganda que ha tenido el catolicismo en otros tiempos, mediante la poderosa fascinacion ejercida sobre las muchedumbres por la majestad de los templos y la pompa soberana del culto[2].
Yo comparaba la inmensa riqueza encerrada en el «Tesoro» de la catedral, con la profunda miseria de las clases inferiores de Toledo, ciudad que vegeta en el aislamiento, sin industria, comercio, ni agricultura importante, y me decia con tristeza: «¡Qué bien haría la Vírgen de esta catedral si, imitando á Isabel la Católica, no ya para descubrir un mundo sino para resucitar á Toledo, destinara sus joyas de valor fabuloso para un ferrocarril que comunicase á esa imperial ruina con todos los pueblos del magnífico valle del Tajo!» De cada catedral de España, sin contar mas que los valores de lujo, puede salir un ferrocarril; pero no hay riesgo de que salga nada, sin que por eso falten las entradas.
Sin contar catorce conventos suprimidos de frailes, y veintitres de monjas, Toledo tiene ademas de la catedral veinte iglesias parroquiales, nueve capillas públicas y seis _muzárabes._ Asi, pues, los habitantes no alcanzan para las iglesias. Despues de la catedral, las mas notables como monumentos son: _San Juan-de-los-Reyes_, _Cristo-de-la-luz_, el _Tránsito_ y _Santa María-la-blanca_;--las dos últimas, antiguas sinagogas. Es curioso observar que en Toledo habia durante la dominacion moruna seis iglesias, llamadas _muzárabes_, donde los cristianos mantenian públicamente su culto, con expreso consentimiento de los Moros. Parece que aquellos _bárbaros_ infieles eran amigos de esa iniquidad de la filosofía moderna que se llama _tolerancia religiosa_. La Inquisicion española les pagó mas tarde á los Moros esa tolerancia en muy buena moneda....
Los reyes de España tenian la costumbre piadosa de celebrar sus triunfos militares con la ereccion de iglesias, ora se tratase de los Sarracenos, ora de los Portugueses ú otros enemigos. A la victoria de Toro, obtenida contra los de Portugal, debe su existencia la preciosa iglesia de _San Juan-de-los-Reyes_, de un gótico florido delicioso, mandada construir en 1476 por Fernando é Isabel; como se debe al triunfo de Don Alfonso VI, conquistador de Toledo á fines del siglo XI, la importancia de la curiosísima capilla denominada _Cristo-de-la-luz_, donde se ofició la primera misa despues de vencidos allí los Sarracenos. Llaman la atencion en lo exterior de la iglesia de los _Reyes_ una multitud de grilletes, cadenas y otros instrumentos de prision, pendientes de los muros para recuerdo de los mártires de España, pues todos esos fierros les fueron aplicados en Granada á los prisioneros que estuvieron en poder de los Moros.