Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie

Part 23

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Aconsejo á los que padezcan de los nervios y quieran obtener una curacion violenta pero segura, que vayan á España á hacer un viajecito en diligencia. En España casi siempre que cae un ministerio le destierran, á lo ménos diplomáticamente. No sé por qué llega el rigor hasta ese punto, cuando con unas doce horas de diligencia todo quedaría compensado, aunque, á decir verdad, los pecados de casi todos los ministerios españoles no son de los muy veniales.

Despues de cuatro horas de diligencia toqué en Almanza con el ferrocarril de Alicante, empresa que, á pesar de los muy buenos elementos con que cuenta, se distingue por su mal servicio. Algun dia se corregirá. Nada diré sobre la ciudad de Almanza, porque la noche me impidió observar siquiera su aspecto general. Con todo, de paso y al claro-oscuro tuve mis sospechas de que es una poblacion que no brilla por la hermosura ni la actividad. Es una ciudad de antiquísima data, muy anterior á las guerras entre Romanos y Cartagineses. Así, aquella es una de las ciudades españolas cuya historia está ligada á las cuatro dominaciones sucesivas de mas significacion que han impreso su sello á la nacion ibera. La llanura de Almanza es célebre por la famosa batalla ganada allí por los Españoles, en abril de 1707, contra las tropas anglo-portuguesas, dándole á España la imponderable ventaja de cambiar de amos, puesto que los Borbones ocuparon con Felipe V el trono que la casa de Austria habia tan atrozmente inmortalizado. Todavía se conserva en la llanura el obelisco que conmemora el suceso. En España se conservan esos monumentos muy bien, pero se dejan cegar los antiguos canales que datan del siglo pasado.

De Almanza á Madrid el ferrocarril toca en veinte y dos poblaciones, sobre terreno llano, con un total de cerca de 100,000 habitantes, exclusivamente consagrados á la agricultura, cuyos productos principales son los trigos y vinos y algun aceite de olivas. De esas veinte y dos poblaciones solo tienen alguna importancia: _Almanza_ fuerte de mas de 9,000 almas; _Albacete_, capital de provincia, con cerca de 17,000; _Villa-Robledo,_ que cuenta 8,000, y _Aranjuez_, ciudad cortesana, con mas de 5,000, que es la Versalles de la corte de España, verdaderamente primorosa. Mas adelante haré su descripcion.

Es curioso tambien, en el trayecto, el pueblo de Villacañas, correspondiente al país de Don Quijote. Cuéntanse allí hasta trecientas cuevas, practicadas en las colinas del campo (que se desprenden de la sierra de Toledo), en donde viven todas las familias pobres. Esta singular arquitectura de la miseria no es rara en España, y en ninguna parte interesa tanto como en uno de los barrios de Granada. A su tiempo descubriré ese curioso pormenor.

La travesía de la Nueva Castilla continuaba la serie de contrastes que yo iba observando. La noche me habia hecho perder de vista las campiñas al salir del valle de Alcudia, continuacion ó inflexion del de Valencia. Cuando al siguiente dia ví aparecer en el horizonte las tintas primeras de la aurora, el tren pasaba por las vastas y tristísimas llanuras de la Mancha. Así, habia cerrado los ojos ante un paisaje en extremo pintoresco, para abrirlos despues en el centro de un país singularmente notable por su desolacion y su silencio. Ni la sombra de un árbol, ni el rumor de un arroyo, ni el canto de un gallo ó de un pájaro campestre, ni el mugido de una vaca, ni el mas leve ruido se sentia al atravesar aquel desierto.... ¡Ni una choza en las praderas interminables, ni un cercado para manifestar la presencia del hombre por allí!...

Y sinembargo, la Mancha es un país asombrosamente fértil en la produccion de trigos y vinos, que cuando está cubierto de mieses y sarmientos tiene una hermosura suntuosamente triste. ¿Por qué no hay allí ni un solo árbol, ni casas, ni jardines, ni otra cosa que inmensos prados ó trigales solitarios?--Porque no hay agua,--dicen los optimistas, que creen que lo que no se hace es porque no se puede.--Porque los manchegos son perezosos,--indican á su turno los pesimistas que deprimen y calumnian al pueblo español.

Ambas disculpas son sofísticas. Donde quiera que en la Mancha se quiere tener agua, no hay mas que cavar un poco y surge á torrentes. Ademas, á corta distancia están las serranías, de cuyas corrientes purísimas puede la industria obtener, por medio de canales, toda el agua necesaria. El pueblo manchego no es tampoco perezoso por índole, como se dice. Esa es una mentira que los malos gobiernos han inventado para encubrir su incapacidad.

En materia de gobierno hay que optar entre uno de dos sistemas: ó la represion reglamentaria, y entónces los gobiernos tienen el deber de hacerlo _todo_, y son responsables del malestar social; ó la libertad y la prescindencia, en cuyo caso el individuo tiene la iniciativa y los pueblos la responsabilidad de sus actos de todo género. Como en España se ha seguido el primer sistema, sus gobiernos son los responsables, los verdaderos haraganes, puesto que no han abierto canales y caminos (hasta ahora se trabaja en eso), á fin de que los pueblos manchegos tengan agua (y con ella árboles, irrigacion, casas de campo, etc.) y medios de dar salida á sus trigos, vinos y aceites, con lo cual la agricultura tomaría un poderoso incremento. Si los gobiernos constitucionales tienen su proceso en los presupuestos, los absolutos lo tienen en el aspecto de las poblaciones y los campos.

El primoroso valle de Aranjuez, regado por el _Tajo_ y el _Jarama_ (nuevo contraste en la topografía), me ofreció una prueba evidente en apoyo de las observaciones que acabo de hacer. Allí, en vez de la soledad y la tristeza del resto de Castilla, hay una pompa de vegetacion que arrebata y deleita. Aquel país es un verdadero paraíso, durante la primavera. En un espacio pequeño se halla aglomerada una inmensa riqueza en ganados, bosques, hortalizas y otros frutos agrícolas, sin contar los tesoros artísticos. ¿Por qué tanta opulencia allí en el centro de una vastísima planicie desierta? Se dirá que todo se debe á la abundancia de aguas en Aranjuez. Error: he visto muchos otros valles de España, admirablemente dotados de aguas y fertilidad, donde reina también la soledad. El valle de Aranjuez es precioso, porque es un _dominio real_; porque no le pertenece al pueblo español, pobre y abandonado, sino á sus monarcas, opulentos siempre. Y sinembargo, los reyes que han gastado inmensos tesoros en embellecer ese _Real-Sitio_, no han tratado de suprimir las fiebres, que son el real patrimonio de los vecinos de Aranjuez, á causa de las inundaciones que producen los rios. En tanto que el Jarama y el Tajo desbordan por falta de canalizacion, los palacios de Aranjuez rebosan en maravillas de pintura y escultura, que han costado millones sin cuento. Miéntras que los cortesanos se alojan allí en suntuosas habitaciones, el pueblo español sufre las fiebres _tercianas_, ó se _aloja_ en Villacañas en cuevas húmedas y desabrigadas, abiertas en las peñas.

Con excepcion de tres ó cuatro parajes bellos, como en las cercanías de Toledo, de Valladolid ó de Palencia, no hay en las dos Castillas, otros puntos notables por su hermosura artificial que los _Reales-Sitios_. Lo demas son llanuras desiertas, aunque cubiertas de trigos ó viñas en gran parte. Con el valor de los cuatro _Reales-Sitios_ podría el pueblo español pagar todas sus deudas, ó cubrir de ferrocarriles todo el territorio nacional, quedándole algo para _alfileres_. ¿Quién sabe si algún día se hará ese negocio....?

Al tomar la diligecia en Mogente (ó Alcudia) tuve por compañero en la _berlina_ á un sugeto que me impresionó vivamente y á quien no olvidaré jamas. Era un doble tipo, como se verá, muy digno de atencion. Un hombre corpulento, de unos cincuenta y cinco años, robusto y rosado, lleno de salud y de vida, con una fisonomía admirablemente honrada, una risa franca y llena de benevolencia, una mirada cordial, y una conversacion en que se confundia la sencillez del lenguaje con el aticísmo del estilo y la solidez de las observaciones.

Desde los primeros momentos de la conversacion (que empezó casi al entrar á la diligencia) conocí que me las habia con un liberal de puño cerrado, hombre de instruccion, e muy buen sentido y en extremo tolerante. A juzgar por su aspecto modesto y su lenguaje sencillo y chistoso, le tomé por un propietario campesino, de vida retirada, aunque muy culto. Pero luego fuí cambiando de opínion. Al saber que yo era republicano de Hispano-Colombia, me tomó cariño y me hizo mil preguntas sobre la vida de perros que llevamos los demócratas en el Nuevo Mundo. Mis respuestas le encantaban, y se mostraba como triunfante cada vez que yo le indicaba algunas de las mas bellas conquistas hechas en Nueva Granada por las ideas verdaderamente democráticas. Ya puede colegirse que mi excelente compañero y yo quedamos muy amigos, sin conocernos. La comunidad de creencia política y de toda clase de convicciones nos habia ligado; y me aproveché de la ocasion para adquirir muchas luces sobre la situacion de España.

Al día siguiente, cuando aquel excelente caballero se despedia de mí en la estacion del ferrocarril, en Madrid, ofreciéndome cordialmente su amistad, vine á saber que habia viajado nada ménos que con don José María de Orense, _marques de Albaida_, grande de España de primera clase, y jefe del partido _demócrata_ español, cosa que vale mucho mas que todas las grandezas de pergaminos.

Así, aquel sujeto no solo me habia ofrecido un notable contraste social, sino tambien un bello tipo de la sociedad española. En Barcelona habia tratado en la fonda á un marques de muchas campanillas, absolutista de _tuerca y tornillo_. Era un sugeto de excelente corazon, pero de endemoniada cabeza, infatuado con su noble estirpe, intolerante en todo, porque no admitia contradiccion, y energúmeno en su tenaz absolutismo y su odio á las ideas democráticas.

El otro marques, mi compañero de viaje--el noble demócrata--era un tipo enteramente opuesto. No hacia el menor caso de la pretendida nobleza; no se nombraba sino por su simple apellido de Orense (sin partícula); se distinguia por su sencillez modesta y su tolerancia; hablaba de los _pueblos_, sin acordarse de los _reyes_ (que eran la pesadilla del otro marques), y no reconocia en los hombres otro valor que el de su mérito personal. Así, el estudio de las cuestiones sociales y el sentimiento profundo de la justicia, habian hecho un _ciudadano_ de un _grande de primera clase_. Orense me ofrecia, pues, el tipo del _noble moderno_, que comprendiendo que los tiempos han cambiado y el mundo marcha hácia el reinado de la libertad y la igualdad, se ha puesto del lado del pueblo, para defender una causa que no ofrece medros sino gloriosa pobreza, dejando el viejo camino por donde con tanta comodidad se iba hácia el poder con la opulencia.

Orense, ademas, me mostraba el noble tipo del viejo castellano (no del «castellano viejo»), tan simpático y respetable; es decir, del hombre sencillo, de sólido juicio, francote, honradote, lleno de chiste, espiritual en su conversacion, agradable en su porte, y hospitalario y servicial en grado eminente.

No se crea que he querido hacer un homenaje á una _persona_, que acaso no leerá jamas estas páginas. El rápido estudio que pude hacer del pueblo español me convenció de que Orense era un tipo de doble carácter; y los hombres típicos son precisamente los mejores rasgos de la fisonomía de una sociedad. No era extraño que yo llegase á Madrid agradablemente impresionado.

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CUARTA PARTE.

LA NUEVA CASTILLA

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CAPITULO I.

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MADRID MONUMENTAL.

Aspecto general.--Plazas, paseos y jardines.--Museos y bibliotecas.--Palacios, teatros y otros monumentos.--Las caballerizas reales.

El viajero que carece absolutamente de relaciones en Madrid no debe detenerse allí mas de una semana. La capital do la nacion española, relativamente nueva y mal favorecida por la naturaleza, no puede ocupar la atencion, bajo su aspecto monumental, por mas de ocho dias; á no ser que se quiera hacer un estudio especial de bellas artes. Es que en Madrid lo mas interesante no es lo que se ve, lo que está á la disposición del público, sino lo que _no se ve_, ó no puede estudiarse sino al favor de las relaciones sociales.

Los templos de Madrid no merecen mención especial, ni por su arquitectura, pesada y vulgar, ni por sus tesoros interiores. Ese es un hecho que contrasta singularmente con las tradiciones del catolicismo español y con la pompa religiosa de las catedrales de España. La España religiosa no está en Madrid: es preciso buscarla en Toledo y Granada, en Sevilla y Valencia, en Barcelona, Burgos y León. Madrid es la imagen de la España política, mediocre, artificial y contradictoria.

He residido veinte y siete días en la metrópoli española, aprovechando todos los momentos y todas las relaciones para palpar y comprender los rasgos principales de su fisonomía social; y tengo la pretension de no haber perdido mi tiempo. Seré tan minucioso en los pormenores cuanto lo permitan el interes de los objetos y la paciencia del lector.

Desde que se llega á Madrid se comprende que allí reina con todo su poder y su abandono una autoridad que no emana del pueblo. La vasta ciudad, hermosa en su conjunto y en algunos de sus edificios, hace un extraño contraste con sus cercanías: es un oásis de piedra en medio de un desierto. En el interior de la ciudad algunos bellos y aun espléndidos jardines, las casas agrupadas y de elevada aunque vulgar construccion, la vida, el movimiento, la animacion. Pero al derredor de la ciudad colinas desnudas, sin un árbol, sin poblacion; campos calcinados, solitarios, sin irrigación, sin vida. El desierto por todas partes, la soledad, como si el Africa empezase á las puertas de Madrid....

Me olvidaba; hay algo que no está desierto, que ostenta la verdura, la pompa de la naturaleza ayudada por el hombre,--el lujo del arte: ese algo es, de un lado el _Buen Betiro_, con sus parques magníficos y sus primores; del otro el _Pardo_, inmensa propiedad riquísima y preciosa, que parece un pedazo de marco de esmeralda para cercar á Madrid, del lado del Palacio-real. Esos dos algos le pertenece á la familia real.... Allí están la hermosura y la vida. En lo demás, que pertenece al pueblo, están la desolación y la esterilidad.

Verdad es que Madrid cambiará en breve, gracias al nuevo canal de Losoya, que le llevará abundantes aguas de los montes de Guadarrama. La capital de las Españas no tendrá sed y podrá fertilizar y embellecer sus campiñas.

Aunque Madrid es relativamente nuevo (pues su habilitacion como capital data del tiempo de Felipe II), sus calles revelan el contraste de la vieja sociedad española con la moderna. Sus paseos interiores, su espléndida calle de _Alcalá_, su hermosa plaza de _Oriente_ y las nuevas construcciones que dondequiera se levantan, manifiestan inclinación hácia el buen gusto, la comodidad, el aseo y el _comfort_; mientras que su vieja plaza _Mayor_, de vastas y oscuras arcadas, cerrada por grandes pórticos, sus antiguas calles tortuosas, sucias y repugnantes, como las que avecinan esa plaza, y algunas callejuelas tristísimas mantenidas en los barrios centrales, están probando que todavía resisten á la acción del progreso las raices de la España antigua, abandonada, rezandera, tolerante de la mugre, amiga del silencio y de la oscuridad.

Por desgracia, ese noble país del arte y del orgullo, que á pesar de sus defectos de educacion ha hecho tan grandes cosas, tiene pocas nociones del buen gusto. La arquitectura madrileña es pesada y carece de elegancia y majestad; sus monumentos no tienen valor sino por lo que contienen en el interior; sus edificios públicos son de suma vulgaridad, en comparación de su objeto (con rarísimas excepciones); sus calles, anchas y rectas en su mayor número, no tienen buen pavimento ni suficiente aseo; y las nuevas construcciones, aunque con pretensiones de suntuosidad, no hacen honor á los arquitectos españoles. El palacio inmenso del duque de Medinaceli (por via de muestra) es una suntuosa caricatura pintorreada, sin dignidad; y el afamado _Palacio Real_, sin nobleza artística, aunque, muy vasto, es inferior en su aspecto exterior á cualquier palacio notable de los que decoran á Lóndres ó París.

Es que (debo repetirlo) las buenas cualidades del pueblo español son internas ó intimas. Si se quisiese juzgar á esa sociedad por sus exterioridades solamente, se la conoceria muy mal, hallándola muy inferior á lo que es en realidad. Puesto que voy hablando de _Madrid monumental_, detallaré los principales rasgos de su fisonomía.

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La plaza de _Oriente_, situada entre el Palacio real y el Teatro principal ó de la ópera, es la única de Madrid que merece atencion. Vasta, sombreada por magníficas arboledas, poblada de jardines alegres, encuadrada por bellos edificios y llena de luz, interesa tambien por su hermosa estatua ecuestre de Cárlos V, en bronce, situada en el centro y rodeada por un vasto círculo de estatuas de todos los reyes godos y españoles, en piedra bruta, algunos del mas macarrónico trabajo y en lo general escasos de mérito artístico. Los madrileños tienen por muy famoso su Palacio-real, y lo es en efecto, para España; pero comparado con muchos otros de Europa no merece gran reputacion, como obra de arte.

Entre los paseos de Madrid, intramuros, su renombradísimo _Prado_, su inmensa calle de _Alcalá_, cubierta de alamedas en gran parte, y su laberinto y parque de la _Fuente Castellana_, tienen sin disputa la preeminencia; sin contar los hermosos jardines _Botánico_ y del _Retiro_. Es allí donde se reune por la tarde todo lo que hay de mas bello, de mas rico y elegante en la alegre sociedad madrileña; donde puede admirarse la hermosa raza española en sus variados tipos y tenerse una idea general de la fusion que se va produciendo en las costumbres y los elementos de diversas épocas.

El Prado es una vastísima calzada sombreada por varias calles larguísimas de álamos y olmos gigantescos, y embellecida por grandes fuentes. Una parte del paseo es mas espaciosa, encuadrada entre la ciudad y los jardines del _Retiro_ y cuidadosamente macadamizada; y es en ese trecho, llamado el _Salon del Prado_, donde reinan como soberanas las elegantes bellezas castellanas. De un lado, el Prado se prolonga en cierto modo hácia las alamedas de los _Recoletos_ y la _Fuente castellana_ (al norte) y del otro (al sur) hácia la puerta de _Atocha_, los paseos de las _Delicias_ y la estacion de los ferrocarriles.

Si la _Fuente castellana_ atrae al curioso por sus laberintos de verdura, sus graciosos bosquecillos y sus elegantes quintas vecinas (verdaderos palacios campestres) que asoman sus enrejados, sus balcones cubiertos de guirnaldas y sus minaretes por entre las copas redondas de los olmos; si en los _Recoletos_ se vaga, en la embriaguez de los perfumes, bajo bóvedas de follaje que incitan á la pereza; en el Prado el movimiento de las gentes, los mil coches tirados por hermosas mulas ó yeguas andaluzas, y el extraño aspecto de los grupos de provincianos, hacen afluir la corriente de paseantes hácia el monumento del _Dos de Mayo_, los reales jardines del _Retiro_ y el vasto y bien mantenido jardin _Botánico_, uno de los mas hermosos que se conocen en Europa.

Los parisienses tienen orgullo de poseer sus espléndidos jardines de las Tullerías, del Luxemburgo, etc. Dejándolos en su buena y merecida reputacion, prefiero el del _Retiro_ en Madrid, ménos suntuoso sin duda, pero mas agradable, mas natural, mas espontáneo, sin carecer por eso de bellas obras de arte, que adornan las alegres calles de árboles y las cercanías del enorme estanque establecido en el centro.

Yo me complacia, hijo del Nuevo Mundo y republicano, en recorrer aquellos bosques tupidos y suntuosos, aquellas alamedas perfumadas, aquellos jardines repletos de fuentes, estatuas y primores. Si me faltaban las florestas vírgenes de mi patria y los mil rumores de sus cataratas, sus torrentes, sus pájaros y sus insectos zumbadores,--al menos veía fisonomías hermanas, reproduciendo muchas de mi tierra natal; oia hablar en la opulenta lengua que me enseñó mi madre á balbucear; contemplaba con recogimiento las numerosas estatuas de los reyes españoles, bajo los olmos corpulentos, no porque fuesen de reyes, sino precisamente porque ellas me parecian escombros artísticos de épocas que la libertad y el progreso han trasformado profundamente, y me hacian evocar la historia de esa heróica raza ibérica que llevó su sangre al suelo colombiano para fundar pueblos que la revolucion debia regenerar y que la democracia habrá de engrandecer.

La primera vez que recorrí esos jardines espléndidos, iba de bracero con un marques republicano, Orense, que no pensaba sino en la democracia, y le daba mas energía al contraste mi situacion. Allí, á la sombra de las alamedas y ante las imágenes de los monarcas, dos hombres enteramente distintos fraternizaban cordialmente. El uno, hijo de la aristocracia antigua, español y hombre de edad y de mundo, soñaba con la libertad y el progreso. El otro, hijo del Nuevo Mundo, plebeyo por su nacionalidad, como todo demócrata, educado en la vida republicana, jóven, inexperto, viajando en busca de luz, y buscando en la patria de sus abuelos la prueba práctica, pero negativa, de las verdades democráticas! Cuando nos estrechábamos la mano ¿no establecíamos en cierto modo, sin pensarlo, la alianza de los pueblos españoles en la democracia, en el amor de la libertad que nos habia hecho amigos?

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Madrid es digna de su rango de capital de una vasta monarquía, en cuanto á la posesion de buenos y numerosos museos y muy estimables bibliotecas, tanto públicas como privadas. Por desgracia, los Españoles no les acuerdan á sus establecimientos de esa clase toda la atencion debida. Verdad es que los estímulos faltan, porque allí no se puede ejercer ninguna profesion sin diploma oficial; los escritores, que podrían consultar las bibliotecas y estudiar los museos, hallan fuertes trabas legales que restringen mucho la publicidad; y los artistas han tenido que resignarse á la modesta condicion de copistas de las obras maestras, por carecer de apoyo social.

Los pueblos que no tienen libertad de accion para darse una vida propia, se hacen noveleros y superficiales. Este hecho se nota en gran parte de la sociedad madrileña, dominada por un _francesismo_ fútil, que la hace buscar con ahinco los objetos del arte parisiense, mas ó ménos exagerados ó fascinadores, en vez de proteger la inspiracion de los artistas nacionales. En Madrid hay muchos y buenos artistas; pero ninguno de ellos _crea_: sus gabinetes están en los museos públicos, á donde van á hacer copias casi automáticas, en lugar de ponerse á copiar la naturaleza ó sus propias inspiraciones y producir las grandes y nobles obras de que son muy capaces unos cuantos. Madrazo mismo, tan superior artista, no hizo mas que vegetar brillantemente en el arte divino de Rafael, de Rubens y Murillo.

Muy laboriosa sería mi tarea y superior á mis conocimientos (porque en materia de bellas artes no tengo sino instintos), si me detuviese á mencionar todo lo que hay de bueno, de interesante y primoroso en los numerosos museos de todo género que enriquecen á Madrid. Perdóneseme, pues, que solo me detenga en lo mas sobresaliente, sin hacer mas que apreciaciones someras.