Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie

Part 19

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Como el Mediterráneo carece casi de flujo y reflujo, la bahía, dominada por rocas estupendas, fortalezas y montañas, está siempre llena, poblada de centenares y aún millares de embarcaciones, que producen no solo un movimiento comercial inmenso, sino tambien un espectáculo grandioso y del mayor interes. Las colinas, que arrancan desde la orilla del mar, se van elevando unas sobre otras, escalonadas y desnudas, calcinadas por el sol y pedregosas, hasta alcanzar una altura de mil metros que permite dominar todo el espléndido panorama.

En una de las montañas vecinas se encuentra, dominando la ciudad, el antiguo fuerte de Nuestra Señora de la Guardia, al lado del cual está la capilla del mismo nombre, cuya vírgen goza de la mas alta veneracion de parte de los marinos. Frecuentemente, antes de emprender un largo viaje marítimo, los marinos suben en peregrinacion á la capilla para hacer ofrendas á la virgen milagrosa y pedirle proteccion. Otras veces un voto, hecho en los momentos solemnes del peligro, en las soledades del Océano, es lo que va á cumplir sobre la árida montaña ese sér indiferente a todo, connaturalizado con la tempestad, que se llama un marino.

¡Admirable poder el de la fe! Es bajo su impulso y por ella que el hombre es susceptible de hacer los mas prodigiosos esfuerzos y los mas sublimes sacrificios. Si la fe obra de distinta manera sobre el espíritu y el corazon, no por eso deja de ser el talisman universal. Para unos se llama gloria ó _amor_, para otros ambicion ó interes de fortuna; para muchos es un misterio indefinible, un misticismo poderoso y sencillo al mismo tiempo, que se traduce en la adoracion de una imagen divinizada por el sentimiento. Pero en todo caso, la fe, con la esperanza, con alguna ilusion para alimentar sus ensueños ó sus recuerdos en los desiertos del Océano! Dichoso el que cree y espera algo, aunque su creencia y su esperanza se hagan ver bajo las formas de la supersticion!

La altura de Nuestra Señora de la Guardia es el sitio mas encantador que puede escogerse para tener una idea completa del soberbio paisaje complejo cuyo centro es Marsella. Desde allí se contempla un panorama inmenso, en varias direcciones. Al pié, al occidente, demora la ciudad, donde hormiguea una poblacion activa y numerosa, de cuyas plazas y mas grandes calles y avenidas se destacan grupos corpulentos de magníficos _plátanos_ orientales, tilos, castaños y otros árboles de gran talla y tupido follaje, rodeando numerosas fuentes de mármol ó de piedra. Vese distintamente establecida por el puerto y la espléndida calle _Canebière_ la division de la ciudad en dos partes de tipo diferente: la antigua y la moderna. La antigua Marsella, al norte del magnífico puerto, se distingue por sus calles estrechas, irregulares, divididas en pequeñísimas porciones, sucias en extremo, con casas ennegrecidas y horribles y con una poblacion que cruzan en incesante movimiento grupos de marinos, numerosas turbas de obreros y carreteros, lavanderas con trajes extravagantes, mujeres perdidas, mil mendigos y todas las clases inferiores de la opulenta Marsella. Esta parte de la ciudad forma lo que se llama el barrio de la _Joliette_, y está limitado por los nuevos puertos y magníficos muelles y almacenes creados para los vapores, y la vasta área del antiguo Lazareto destruido y de algunas colinas arrasadas donde se ha trazado el plan de una novísima Marsella que contendrá 150,000 habitantes en bellísimas calles. Despues se toca con el cementerio y la estacion del ferrocarril, al sur, y en seguida se extienden en direccion al valle del Ródano los admirables campos poblados de fábricas diversas, quintas bellísimas, huertos, jardines y plantaciones de olivos, almendros, viñedos, moreras, trigales y hortalizas variadas.

La nueva Marsella, vasta, regular y magnífica, se extiende hácia el sur, hasta tocar con las encantadoras alamedas del _Prado_, orilladas por preciosas quíntas-palacios á estilo de las _villas_ italianas, donde el mármol y las flores revelan todas las gracias del arte; y luego, hácia el oriente, hasta trepar sobre las colinas escalonadas y terminar al pié de la que sirve de asiento al bellísimo jardin botánico-zoológico de aclimatacion, que es uno de los tesoros de Marsella. En esa segunda parte de la ciudad las plazas son graciosas, las calles anchas y rectas y las casas muy elevadas: las magníficas arboledas hacen un juego pintoresco con las severas torres de las iglesias y las estatuas y fuentes que decoran las mejores plazas ó plazuelas. Es allí donde está aglomerada la parte culta de la ciudad, y donde se ven los opulentos almacenes, las bellas tiendas de joyería y modas, los grandes hoteles, los suntuosos cafés, las damas elegantes, las ricas berlinas y todo el conjunto gracioso y variadísimo de una gran ciudad meridional, francesa y mercantil.

Despues de la ciudad que reposa sobre muelles vastísimos de mampostería, se completa el cuadro con la escena marítima. Vese la hermosa rada limitada al occidente por un cordon circular de montañas desnudas y rocallosas; al oriente el puerto antiguo de la ciudad, cuajado literalmente de embarcaciones de todos tamaños (trescientas por lo ménos de larga navegacion) que forman un inmenso bosque de mástiles, vergas y banderas, entre cuyas grandes moles cruzan centenares de lanchas ó faluchas con sus cortinajes ó toldos de colores vivos coronados de banderolas. Mas al norte ostentan sus cien chimeneas los vapores que pueblan el nuevo puerto de los _Docks_ (Diques), cercado de almacenes de depósito en su vastísima circunferencia. El solo puerto antiguo, con su canal accesorio que rodea dos manzanas de la ciudad, tiene en sus muelles de piedra una extension total de 2,575 metros. Los nuevos muelles no tendrán menos de 4,000 en su circunferencia.

Dos fuertes muy considerables, _San Juan_ y _San Nicolás_, cierran y defienden la entrada del puerto antiguo, que es el de los botes y buques de vela. Por último, extendiendo la vista, se ve la rada redondeándose para estrecharse á la salida y confundir sus ondas con las del Mediterráneo. Varios otros fuertes dominan ese punto, que es la verdadera llave de Marsella, siendo el mas notable el afamado castillo de _If_, que tiene su asiento sobre una enorme roca azotada por las violentas olas por todos lados. Aquel fuerte ha servido de prision de estado á muchos hombres notables en la historia, y es allí donde Florentino y Dumas han puesto en escena al singular abate _Faria_ en la admirable novela del _Conde de Monte-Cristo_.

Como se ve, la escena que se contempla desde la altura de Nuestra Señora de la Guardia es una de las mas soberbias que puede ofrecer una costa marítima. Al pié la rada y la ciudad, llenas de vida, de luz, de movimiento, caprichos y contrastes; al sur los castillos y la mar, inmensa, silenciosa, sombría, solitaria; y al nor-oeste las montañas vecinas, las campiñas pintorescas, y á lo léjos las llanuras del Ródano limitadas por los montes del Ardeche y Cevenas. Inmenso paisaje para encantar al viajero curioso que busca emociones donde quiera; pero mas inmenso aún para el poeta y el estadista que pueden hallar al mismo tiempo materia de interesantes estudios sociales, y para remontarse hasta lo infinito en una contemplacion profunda y soñadora....

Bajemos de la montaña para echar una rápida ojeada sobre el interior de Marsella. Esta antiquísima ciudad, fundada por los Focios 609 años ántes de Jesucristo, afortunada rival de Tyro, de Corinto y de Cartago, ha ido siempre en prosperidad, á pesar de los grandes desastres que la han puesto á prueba en varias épocas. Su poblacion aumenta hoy de un modo prodigioso, puesto que en 1841 contaba apánas 160,000 habitantes, y hoy tiene el enorme guarismo de 360,000. Este hecho no ha podido verificarse sino á virtud de estupendos trabajos de mina y nivelación que, extendiendo mucho el área, han permitido emprender nuevas construcciones en inmensa escala. Si hoy es Marsella la primer ciudad marítima de Francia y la tercera en poblacion, todo hace creer que ántes de veinte años quizas tendrá 600,000 almas y figurará como la quinta ó sexta ciudad de Europa.

La gran prosperidad de Marsella, proveniente de su activa produccion y de sus relaciones universales de comercio, que la hacen la puerta de Francia en el Mediterráneo, ha crecido á virtud del establecimiento de los Franceses en Argelia, sirviendo poderosamente de lazo de union entre la metrópoli y la Francia africana. Pero todavía tiene un porvenir mas grandioso, que le están preparando en Asia y en Colombia y Oceanía los canales de Suez y Nicaragua en via de ejecucion. El dia que esas grandes vias de comunicacion estén abiertas al comercio del mundo, Marsella centralizará en sus puertos y almacenes la mayor suma del enorme movimiento cosmopolita que se producirá. El Oriente será en cierto modo trasladado á las costas del Mediterráneo, y Marsella será un opulento santuario donde se confundirán por el cambio Europa y Asia, Africa y Colombia, como en una colonia de la humanidad.

Marsella es interesante bajo todos aspectos: si su comercio es vastísimo para dar salida á los productos del suelo frances y de una parte de la Suiza, y entrada á los valores que proceden del Asia, de todo el Mediterráneo y de Africa, América y Colombia,--el importe de su fabricacion es muy considerable; sus construcciones navales son muy valiosas; los frutos de su agricultura son de no poco precio; y en su seno agitado da cabida tambien á los monumentos que atestiguan el progreso espiritual de la civilizacion. Verdad es que Marsella no tiene valor ninguno artístico ni brilla mucho en el campo de la literatura ó de las ciencias. Mas no por eso carece de bellos institutos de instruccion y de gusto intelectual, entre los cuales se distinguen: el pequeño y reciente pero ya encantador jardin de aclimatacion; la Biblioteca, que cuenta 60,000 volúmenes y 1,300 manuscritos interesantes; el Museo de pinturas, de antigüedades y de historia natural; tres ó cuatro teatros siempre en actividad; academias científicas; ocho ó diez periódicos permanentes, muchas tipografías y varias escuelas de mérito, entre las cuales es muy superior la de náutica.

Marsella tiene ademas un gran Banco y Bolsa, varios hospitales bien servidos, y numerosos establecimientos de crédito.

Abunda en espléndidos cafés de mucho lujo y elegancia, aunque en lo general frecuentados por gentes de mala sociedad, y en ricos y espaciosos hoteles que nada tienen que envidiar á los mejores de las grandes capitales. El edificio de la Bolsa y el del _Hôtel de Ville_, que están casi terminados, serán hermosos monumentos. Los paseos públicos son muy bellos, sobre todo el del _Prado_ y el que domina el mar por el lado meridional; y hay en el centro de la ciudad hermosas plazas sombreadas, muy adecuadas á un país donde la tierra parece calcinada por el sol.

Como centro industrial ó fabril, Marsella merece mucho interes, aun prescindiendo de su valiosa produccion en buques, cordajes, velámenes y todo lo que se refiere á la marina. Posee en sus cercanías abundantes salinas, y tiene una gran fábrica de cigarros por cuenta del Estado. Sus principales fábricas de particulares, de enorme produccion permanente, son: de jabones, pomadas, aguas de olores, bujías y muchos otros productos químicos, en grandísima escala; de destilacion de aceites de todas clases y licores finos y aguardientes, y de preparacion de pastas y frutos alimenticos, por valores muy considerables; cinco refinerías de azúcar, que producen cada una 58,000 kilógramos diarios sin satisfacer á los pedidos; extensas fábricas de instrumentos de cirujía, óptica, etc., y de máquinas de ingenios, destilacion de aceites y licores y trabajos domésticos y de agricultura; fábricas de papel continuo y á mano, de todas clases, y grandes tenerías que producen excelentes tafiletes y toda especie de cueros curtidos.

Como se ve, Marsella tiene una vasta y muy interesante produccion propia. A ella se agrega su exportacion de los vinos finos de la comarca de Tolon y de los ordinarios de Languedoc, como tambien de aceites indígenas y frutas conservadas, sin contar las grandes exportaciones procedentes del interior de Francia.

El vastísimo comercio de Marsella, alimentado por el mundo entero, abraza todos los artículos que la industria exterior puede producir; pero hay algunos que merecen mencion especial, porque constituyen por su naturaleza y su enorme valor total la base principal del tráfico alimentado por tantos millares de fragatas, bergantines, barcas y vapores que de todos los puntos del globo van á ofrecer su carga sobre los muelles de Marsella.

Esta ciudad recibe especialmente: de Rusia trigos y cáñamo; de España vinos generosos, y aceite para purificarlo; de todas las costas de Turquía, Egipto y el resto de Africa, granos oleaginosos, esencias, especería y cereales; de Colombia y las colonias francesas y asiáticas, azúcar, maderas de tinte y ebanistería, pieles de todo género, café, cacao, caucho, plantas medicinales y aromáticas, tintes finos y minerales. Marsella es, pues, apesar de las instituciones fiscales de Francia, ántes hostiles al comercio extranjero, uno de los mas grandes y seguros mercados con que puede contar en Europa el Nuevo Mundo, en cuanto á exportaciones; y es al mismo tiempo un centro importantísimo para proveerse de ciertos artículos europeos que tienen gran consumo en Colombia.

Si del examen puramente económico se pasa al estudio de la fisonomía social de Marsella, no se la encontrará ménos interesante, ó por lo ménos curiosa. Allí parece haber una Francia distinta de la del interior, ó algo que no pertenece á Francia. Las montañas estériles y tristes; la reverberacion de un mar que se agita bajo el soplo de los vientos quemadores del Africa; el esplendor del cielo, azul y trasparente; la naturaleza semi-oriental de la vegetacion; el tipo vigoroso de las fisonomías algo retostadas; el lenguaje, el acento, las ideas populares, las costumbres y los usos,--todo establece allí una distincion profunda, haciendo del Marselles una especie de Fenicio ó de Italiano, un sér que mira hácia el Oriente y el Africa; voluptuoso, altivo, independiente y que mira con antipatía lo que viene de las comarcas setentrionales. Al observar las fisionomías marsellesas, el viajero no puede ménos que advertir que en las arterias de este pueblo hay mucha sangre africana.

Si bien es cierto que todos los Marselleses entienden y hablan pasablemente el frances, solo la parte superior de la sociedad lo habla bien y con frecuencia. En general el lenguaje es allí un _patuá_ de sonidos vigorosos, áspero, y en extremo acentuado, muy expansivo y libre, y en muchas palabras duro hasta lastimar los tímpanos. Algunas de sus frases, entre las pocas que pude entender, me parecieron de una energía enteramente oriental y de una singular sencillez. El pueblo marselles es muy altivo y orgulloso; se cree superior á todo el mundo, haciendo mucho alarde de los primores de Marsella, y tiene un desprecio profundo por los Parisienses y aún por los de Lyon: no ha mucho los llamaba todavía _bárbaros_.

Y cosa rara en ese país del sol, del mar, de las montañas y del magnífico cielo!--ese pueblo no manifiesta, como era de esperar, el sentimiento artístico. Así, viste con extravagancia, combinando los colores mas chillones; no cultiva la música, ni la poesía, ni la danza, ni el canto en el grado que debiera, segun el clima, el paisaje y las costumbres marítimas; se acomoda al desaseo con increible indiferencia, y el hogar doméstico y la construccion de las casas manifiestan que carece de gusto por lo bello, elegante y gracioso.

Es curioso ver en los puertos y las plazas y callejuelas de la antigua Marsella, la poblacion que se agita bajo los rayos de un sol ardiente, huyendo casi siempre de la sombra. Ora llaman la atencion los variadísimos tipos de marineros, cuya fisonomía curtida, áspera y angulosa manifiesta la influencia de las brisas y las fatigas del mar; ora tropieza con el negociante cosmopolita ó comisionista, tipo flotante que revela en sus rasgos el hábito de acomodarse á todo y el instinto de la especulacion, y en su lenguaje, su porte y su marcha la indiferencia por todo lo que significa un goce social, el desprecio por las fórmulas, el abandono personal y la priesa de hacer las cosas en el menor tiempo posible. Ya se da con el _turista_ ó viajero elegante (casi siempre inglés), pulcro y acicalado, que se pasea negligentemente, observando con nimia escrupulosidad hasta los menores detalles; ya con el rico ciudadano marselles, término medio entre el parisiense y el comisionista, que pasea las aceras de las calles y plazas, con las manos en los bolsillos, fumando un suculento habano, en busca de noticias ó de especulaciones en grande. Y luego, tan presto se da con el obrero sucio y fatigado, sudando y riendo, alegre, alborotador y pendenciero, que tira de una carreta ó dirige las mulas de un carro de mercancías, como se encuentra un enjambre de _grisetas_ advenedizas, corredoras de aventuras que vienen del interior á buscar el rico botin de la corrupcion en los grandes puertos; ó se tropieza con grupos de vivanderas que hacen una infernal algazara, mujeres flacas, morenas, de ojos ardientes, de cara angulosa y líneas fuertemente pronunciadas; vestidas con enaguas ó trajes de colores vivos, pañolones rojos ó amarillos, un pañuelo atado á la cabeza, en forma de turbante ó suelto por detras, medias de algodon y alpargatas ó viejos zapatos de cuero tosco, y llevando cada una un enorme cesto de frutas ó legumbres, ó una carreta de mano, para ofrecer el artículo con gritos incesantes y chillidos agudos que penetran el cerebro.

En Marsella, como en Lyon, es ya muy notable la multitud de mendigos y el hábito de mendigar importunando, que caracteriza en Europa á todas las poblaciones meridionales. Mucho se habla de los mendigos que pueblan las calles y los caminos en Italia y España, pero los viajeros ingleses y franceses se olvidan de la mendicidad en Inglaterra y Francia. En ninguna parte he visto mendigos tan horribles y repelentes como en Inglaterra; pero es justo hacer una distincion: en Inglaterra el mendigo pide sin hablar, extendiendo la mano, y guarda silencio y se retira cuando no le dan. En el norte de Francia, y en Paris sobre todo, el mendigo es una especie de artista harapiento: pide su limosna con organito, clarinete, flauta ó acordion, y el que pasa le da si quiere, sin necesidad de plegaria. Pero en el sur de Francia, como en Italia y España, se pide la limosna peor que con _escopeta_; es una operacion en cuatro actos, á cual mas terribles: embestida brusca, horrible clamoreo, sitio rigoroso y persecucion hasta hacer sucumbir al pasajero. Aconsejo al que viaje por el sur de Europa que lleve siempre los bolsillos llenos de monedas de cobre, y al ver que le ataca la temible falange, que arroje al suelo una puñada y eche á correr, sin parar hasta la primera casa donde sea posible poner puerta de por medio.

El 29 de marzo pasaba yo por delante de los tres fuertes de la _Cuarentena_, que dominan la entrada de la rada, á bordo del vapor _Madrid_, con direccion á Barcelona, como punto de partida en mi peregrinacion por la península española. El mar estaba agitadísimo, y al surcar las encrespadas y menudas ondas del Mediterráneo, veia con indefinible encanto el admirable panorama de Marsella, iluminado por un sol magnífico y encuadrado entre un cerco de montañas de una aspereza melancólica, pero de un efecto superior sobre el fondo azul del cielo. Poco á poco las formas desaparecieron, todo se convirtió en una inmensa sombra vaga y lejana, y al fin perdí de vista la estrecha faja de la costa marsellesa. La Francia quedaba atras: iba á comenzar, al dia siguiente, la hermosa tierra española, el país de mis antepasados que visitaba por primera vez. ¡Cuántos tesoros no debia encontrar como elementos complejos de contemplacion deliciosa, de gratos recuerdos y de observacion y estudio!

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CAPITULO IV.

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CATALUÑA.

Orografía de España.--El puerto da Barcelona.--Condiciones sociales de Cataluña.--Rasgos notables.--Los Catalanes.--Centros manufactureros. --Barcelona.--Tarragona y Reus.--Un tipo inglés.

Las cuatro cadenas de montañas paralelas que cortan el interior del territorio español, de oriente á poniente, formando cuatro grandes hoyas bien determinadas, no son en realidad otra cosa que una sucesion de ramificaciones, admirablemente ligadas entre si por curbas trasversales, que se desprenden de la grandiosa cordillera de los Pirineos. Un cordon de cerros desnudos pero sin escarpes bruscos, se desprende en _Reinosa_ de las montañas de Santander (los Pirineos), y tomando una direccion casi opuesta (al sud-este) separa á la _Vieja Castilla_ del país _Vascongado_ y la _Navarra_; se eleva en las cercanías de Sigüenza, despues de formar una cuenca ó semicírculo, y se abre allí en dos ramificaciones. La una, mas colosal y rocallosa, sigue su curso hácia Portugal, y se llama la sierra de _Guadarrama_, baluarte que separa las dos Castillas. La otra, suave y casi imperceptible al principio, sigue al este, forma otra curba, que separa al _Aragon_ de la _Nueva Castilla_, se reorganiza en la sierra de _Albarracin_, y volviéndose otra vez hácia el occidente, repite su dislocacion en el vértice de la provincia de _Cuenca_, y continúa reproduciéndose en cadenas de montañas.

En ese vértice, el sistema orográfico español, copiándose á sí mismo, lanza una alta cadena al occidente, paralela á la de Guadarrama, determinando al norte la alti-planicie inmensa de la Nueva Castilla (con el nombre de _Montes de Toledo_) y al sur la hoya compuesta por la _Mancha_ y la _Estremadura_. La otra serranía, formando á su turno otro arco, siempre convergente hácia el poniente, y reproduciéndose en un círculo y dos ramales, determina al este la formacion curiosa de Cuenca, con el valle marítimo de _Valencia_, y vuelve á bifurcarse en las cercanías de _Alcaraz_. De allí parte una serranía paralela á las anteriores, con el nombre de _Sierra Morena_, separando las planicies manchegas y estremeñas, de la _Andalucía_; en tanto que la serranía reproductora se dirige al sur, como si buscase al Africa, para determinar al fin, con otro cambio brusco de direccion, la famosa _Sierra Nevada_, que corta de oriente á poniente la Andalucía, creando una tremenda muralla entre su parte llana y la costa del Mediterráneo, despues de haber separado en su línea trasversal á la misma Andalucía del reino antiguo de _Murcia_.

Así, puede con razon decirse que los Pirineos, comenzando hácia la costa del golfo de Lyon, y reproduciéndose en una serie admirable de bifurcaciones, no terminan en realidad sino en la sierra de _Ronda_, entre Cádiz y Marbella, despues de haber surcado toda la península y determinado un vastísimo sistema de valles escalonados y centenares de rios y riachuelos.

En medio de los Pirineos propiamente dichos y las serranías de reproduccion, hasta la sierra de Albarracin, se extiende un inmenso valle, regado por el Ebro y 150 afluentes, que tiene por vértice á la provincia vascongada de _Alava_, al poniente, y por base la costa del Mediterráneo, en una extension de 37 miriámetros, desde la frontera de Francia hasta tocar con el antiguo reino de Valencia. La parte superior de ese magnífico valle corresponde al país vasco y la Navarra; la parte media al antiguo reino de Aragon, y la baja ó costanera (aunque tocando á las montañas) es la que se llama _Cataluña._

Tal era el país por donde yo comenzaba mi excursion en España,--la libre y activa Cataluña,--al saludar las costas de Barcelona, el 30 de marzo de 1859, desde el puente del vapor «Madrid».