Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie

Part 18

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Pero es todavía mas interesante la galeria mineralógica, ya por la belleza de sus muestras (aunque algunas algo desordenadas) en punto á cristalizaciones y aglomeraciones metálicas y metalóideas; ya por la riqueza y abundancia de los mármoles y piedras finas. Llegan á centenares las lápidas que contiene el Museo de mármoles de todos colores y tipos, de muchos puntos de Europa, como España, Italia, Suiza y Bélgica, y muy especialmente de las ricas canteras de Francia. Son admirables algunos mármoles negros, amarillos, y veteados, producto de los Pirineos, de las montañas del Jura, de los Alpes, los Vosgas, etc.; y al ver tan hermosas y variadas muestras se extraña que, comparativamente, no se dé á los mármoles en Francia toda la aplicacion de que son susceptibles.

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La inspeccion del Palacio de las Artes, por rápida que sea, produce en el extranjero visitante una impression importante, á saber, que la sociedad de Lyon tiene evidentemente gusto _por_ las bellas artes, pero no verdadero gusto artístico ó _en_ las artes, puesto que, en lo general, sus obras públicas adolecen de mediocridad, y sus costumbres no están en armonía con esa distincion exquisita que es el sello característico del arte. Tan cierto es esto, como que los Lioneses no se distinguen sino en esa especie de juguete artístico, que llamaré arte de capricho ó de la moda, ajeno á toda inspiracion, y que se manifiesta en los preciosos dibujos de las sederías que salen de las ochocientas pequeñas fábricas de Lyon.

Allí donde el espíritu industrial se alía con el arte, se ve el refinamiento, el trabajo delicado y gracioso, porque Lyon, á pesar de sus pretensiones literarias y artísticas, no es por excelencia sino una gran ciudad manufacturera y comercial. En mi concepto, el arte verdadero, es decir el que se inspira de las grandes cosas y hace grandes revelaciones, no puede nacer y vivir hoy en las ciudades opulentas, entre el bullicio de la especulacion, las miserias y vanidades de lo que llaman el _mundo_ y las farsas de la moda caprichosa. Si la mímica ó el arte dramático, la caricatura, el vals fugitivo y el palacio pintoresco pueden aparecer en las grandes metrópolis de la industria, la política y la moda, no así el poema sublime, el cuadro severo de pintura, la obra magistral y divina de arquitectura y escultura, ó las solemnes y graves armonías de Mozart ó Bellini.

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En punto á monumentos, Lyon posee algunos bastante antiguos y de mérito, que llaman justamente la atencion del viajero. De estos citaré: la Catedral, la iglesia de San Pedro y la antiquísima abadía de Áinay (_casa de Dios_ en catalan); y entre los monumentos públicos de otro órden mencionaré el Hotel-Dieu ó Casa de beneficencia, y el Palacio de justicia.

Olvidaba hacer notar una circunstancia curiosa que observé en el Palacio de las Artas y me impresionó profundamente. La Bolsa de Lyon estaba provisionalmente establecida en la parte baja del palacio, en un vasto y oscuro salon que fué en otro tiempo una capilla. Cuando bajaba de contemplar los mil objetos de arte que encierran los diferentes museos, oí una espantosa gritería que, como una gran bacanal subterránea, ensordecia con sus ecos repetidos por la bóveda sombría. La curiosidad me hizo acercarme, y solo al hallarme en medio de la indescriptible escena pude creer que allí estaba la Bolsa de un país civilizado.

Todavía se conservan en los muros de la vieja capilla los grupos de piedra en grueso relieve, que representan los mas notables sucesos de la historia de Cristo. Al pié de María estaba un corrillo de noticieros de bolsa propalando mil mentiras sobre la cuestión de Italia, y enfrente de un Cristo de grandes dimensiones debatian los agiotistas y jugadores de bolsa sus tratos sobre el _tres por ciento_, el _cuatro y medio_, las _primas_, las acciones de _ferrocarriles_, etc.

Habia en el centro del salon una doble barrera, y en tanto que al lado exterior se agitaba el enjambre de embusteros, jugadores y especuladores, haciendo propuestas, difundiendo noticias contradictorias y remolineando en un hormigueo interminable,--dentro del gran círculo estaban los agiotistas de primer órden, sosteniendo con admirable aplomo una telegrafía mímica que representaba el juego monetario, y en el círculo mas reducido se agitaban los agentes de cambio ó corredores, haciendo las muecas mas extrañas los unos, los otros gritando como energúmenos para anunciar cada propuesta ó pedido de fondos y cada _puja_, y otro en fin, impasible como el sacerdote del culto monetario, alzaba el brazo de tiempo en tiempo para marcar en un tablero el movimiento de alza y baja, en cifras convencionales que son como la teología del dinero.

¡Singular contraste, perfectamente característico del siglo actual! El templo consagrado ántes á la oracion, convertido en casa de juego legal y al culto del becerro de oro; la estatua sublime de Cristo arriba, y abajo la figura codiciosa del agente de cambio; la especulacion, prosáica y desenfrenada, en el fondo de un palacio cuajado de estatuas y tumbas de la antigüedad, de cuadros superiores, de mil tesoros recogidos por la mano paciente y desinteresada del sabio y del artista! Aquel espectáculo es mas elocuente que muchos volúmenes para caracterizar el movimiento del siglo XIX.

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La catedral de Lyon, situada en el fondo de la parte vieja ú occidental de la ciudad, en medio de feas y tortuosas callejuelas, es un hermoso monumento que tendría mayor importancia si estuviese rodeado de mejores calles y edificios. Es una enorme masa de piedra pura, larga y angosta, y corresponde al estilo gótico de la segunda época, en que figura la combinacion de la grande ogiva y el arco pleno. Si no me equivoco, data del siglo XII al XIII. La fachada no tiene particularidad alguna, ni la forma de sus torres, sus relieves, sus bastiones arqueados y todo lo demas que constituye el exterior, como remate de las capillas, obras todas que no corresponden al mérito del trabajo interior.

Aparte de los dos órdenes de capillas laterales, el cuerpo de la catedral tiene cuatro naves, tres de fondo y una trasversal para formar la gran cruz característica de las catedrales góticas. Toda la mole de piedra, vasta y atrevida, que compone la bóveda, reposa sobre diez y seis grandes columnas, cada una compuesta de nueve de espesor desigual, lanzadas con vigor á dar con el altísimo artesonado de mampostería, desnudo y sombrío. La nave central es de un grande atrevimiento, y hay en todo el edificio ese carácter severo de oscuridad y sencillez solemnes que distinguia sobre todo á la arquitectura gótica de Francia.

La ausencia de todo lujo, de todos los dorados y adornos extraños al arte mismo, se manifiesta allí, revelándose en la mole colosal de pura piedra y madera (sin mármoles ni baldosas suntuosas) ese sentimiento austeramente religioso que dominó en sus grandes creaciones á los pueblos artistas de la edad media.

Por lo demas, los cuadros religiosos pintados en los vidrios de colores de las altas ogivas, son de muchísimo mérito, y tanto que pueden rivalizar con los de Nuestra Señora de Paris. El coro tiene primorosas esculturas y bajos relieves muy bellos en encina y nogal; pero es difícil apreciarlos por la oscuridad del templo, siempre sombrío y solitario.

La iglesia de San Pedro, que es tambien de estilo gótico, puro y de la misma época ó quizas anterior, situada en el centro de Lyon, es todavía de un tipo mas vigoroso por su desnudez, su tristeza y sus proporciones de conjunto. La fachada, que es bella, acaba de ser restaurada (como lo serán otros templos antiguos), y una de las torres tiene gran riqueza de esculturas ó preciosos labrados. Larga y angosta, consta de tres naves tambien, cortadas hácia la testera, y su mérito consiste en el atrevimiento de la nave principal, de los arcos plenos y de las grandes ogivas. De resto, sus mosáicos en vidrio carecen de mérito, y el conjunto del edificio muestra una desolacion y una pobreza que entristecen. Aquel templo parece una inmensa tumba de piedra, desnuda, negra, sombría como un castillo feudal.

La pequeña iglesia de Ainay, antigua abadía, llama la atencion de todos los viajeros, no por el mérito que tenga como obra de arquitectura, sino porque es una curiosidad histórica muy particular. Algunos pretenden que fué construida en el siglo III, pero lo mas cierto es que data del V, habiendo sido restaurada en el IX bajo el papa Pascual. Es una construccion baja y reducida, de estilo byzantino puro, y por lo mismo de una sencillez que hace gran contraste con las recargadas labores de los templos de la edad media.

La iglesia de Ainay es la mas antigua de Lyon y la única que allí se conserva de los tiempos merovingianos. Consta de tres naves, y es casi tan ancha como larga; tiene bellos mosáicos en vidrio y grandes baldosas que contienen su historia en antiguos caractéres ó jeroglíficos; y es notable tambien por sus cuatro enormes columnas de granito, de una sola pieza, dos de las cuales, de un azul delicioso, salieron de un trozo estupendo hallado en las cercanías de Lyon formando una columna romana.

He mencionado ántes el Hotel Dieu, que domina el muelle ó parapeto del Ródano, como un hermoso monumento, digno de admiracion por su grandeza y majestad. Citaré á próposito el palacio de Justicia, porque ámbos pertenecen al estilo suntuoso del Renacimiento, en que el arte se muestra subyugado por las reglas y la simetría académica se ostenta en lugar de la inspiracion,

El palacio, situado sobre una plaza á la márgen derecha del Saona y dándole el frente, tiene una espléndida fachada monumental reposando sobre un inmenso peristilo, que empieza en enormes graderías y remata en veinticuatro grandiosas columnas de órden dórico, de piedra pura, que sostienen la masa exterior. El cuerpo principal del palacio es un vasto y rico salon donde se celebran las sesiones públicas del tribunal de _Assises_, y tienen su despacho todos los tribunales de Lyon. Una gran rotunda con frescos y bellos relieves cubre el salon principal, sostenida por ocho gruesas columnas de granito, y los mármoles y jaspes están prodigados en el pavimento y los muros para dar á ese «templo de la justicia» una majestad imponente.

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Ademas de los monumentos y objetos públicos que he mencionado, posee Lyon muchos otros institutos de distinto órden, que merecen mas ó ménos la atencion. Tales son: la casa de Moneda, la gran fábrica de cigarros, el depósito de sales y el jardin de plantas nuevo, imitacion en pequeño del bosque de Boloña,--entre los de carácter material; entre los religiosos, una sinagoga y algunos templos calvinistas en ejercicio; y entre los que se refieren á la enseñanza, la beneficencia y la tipografía, un hospicio de sordo-mudos, varios hospitales selectos, una biblioteca escogida con 110,000 volúmenes, una academia y escuela de bellas artes, muchos colegios notables para todos los ramos del saber, escuela de artes y oficios, observatorio astronómico, un montepío, cerca de treinta imprentas, con doce ó catorce periódicos permanentes, y otra multitud de establecimientos que hacen de Lyon una ciudad casi de primer orden.

Como Lyon es el gran centro de la produccion y fabricacion de sedas, y hace tan considerable papel en el comercio frances y aún del mundo, se encuentran allí consulados de casi todas las naciones, y el movimiento de la especulacion es enorme y general por la naturaleza de sus cambios.

El viajero que ignora ciertos pormenores de la industria, llega á Lyon con el propósito de ir á maravillarse considerando las grandes fabricas de donde salen las ricas sederías, y que hacen trabajar á 80,000 obreros de uno y otro sexo. ¡Pero cuánta es la sorpresa al ver que semejantes fábricas no existen, y que tan enorme produccion salida de Lyon no es el fruto sino de operaciones de detall, de pequeñísimas empresas y de esfuerzos aislados y pacientes, en que el gusto y la inteligencia del obrero hacen mucho mas que la mecánica!

En efecto, el sistema de la fabricacion de sederías consiste en una especie de trabajo á _destajo_ mas bien que en esa organizacion del trabajo en grande escala que las fábricas han establecido en los centros manufactureros. La seda es cosechada en las llanuras del Ródano, el Saona, etc., por pequeños propietarios independientes, recogida despues y preparada para los tejidos por grandes especuladores y en fábricas considerables, y luego distribuida por los empresarios de tejidos, á los tejedores. En Lyon se cuentan como ochocientas pequeñas fábricas, y aunque la mayor parte de sus propietarios tienen el fondo que les procura los telares y aparatos, algunos reciben avances ó préstamos para los gastos de instalacion. Cada una de esas pequeñas fábricas tiene cinco, diez, veinte, treinta ó algunos mas obreros (aunque son raras las de muchos), y el director, que es una especie de obrero-maestro, recibe de este ó el otro empresario, á virtud de un convenio libre, las sedas preparadas, los diseños ó modelos para los dibujos, labrados y demas obras que debe contener una pieza de sedería, y todas las instrucciones necesarias.

El tejedor ejecuta su trabajo con el mayor esmero, sirviéndose del telar y los utensilios necesarios, pero haciéndolo todo á mano, pues ninguna máquina podría ejecutar los admirables caprichos de la moda, los bordados, los dibujos y matices finísimos que las sederías requieren cuando no son estampadas. De ahí proceden la exquisita superioridad y belleza y el alto precio y limitada cantidad de las sederías de Lyon, las mejores del mundo en su género.

Pero de esa organizacion libre, espontánea y especialísima del trabajo, resultan al mismo tiempo muy importantes consecuencias económicas y morales que me llamaron la atencion. Desde luego, el primer resultado es la independencia del obrero, el cual, no siendo esclavo de la fábrica, no está sujeto á recibir la ley del capitalista. La competencia sostenida entre ochocientas fábricas pequeñas y muchos empresarios que contratan con ellas, evita los vicios que resultarían de la aglomeracion de produccion en pocas fábricas de grandes proporciones; conjura los efectos generales de las quiebras y crísis; da por base al trabajo la libertad, y establece de un modo regular el valor del producto.

Vése al mismo tiempo que el obrero trabaja con mas interes y estímulo, que economiza la materia prima, aprovecha mas tiempo, trabajando en su domicilio, tiene ménos ocasiones de vicio y por tanto mas moralidad, se siente con la conciencia de su personalidad independiente, y está á cubierto, en lo general, de esas funestas colisiones que tienen lugar á menudo en las grandes fábricas donde trabajan centenares ó millares de obreros Por desgracia, no todas las producciones se prestan á esa feliz organizacion, pues en casi todas las demas las máquinas desempeñan admirablemente la labor del hombre, ó los trabajos son esencialmente colectivos.

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CAPITULO III.

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EL VALLE DEL RODANO.

Aspecto general.--La Provenza--Panorama de Marsella--Interior de la ciudad.--Industria y comercio.--Grupos sociales.--Mendicidad.

El extenso valle del Ródano, encerrado entre los Alpes ó sus ramificaciones y la cadena de áridas montañas de las Cevenas, es una region en extremo interesante y hermosa. El Ródano, ya caudaloso, pero siempre lento en su marcha, y desbordando con frecuencia sobre la llanura, sigue la direccion norte-sur de las montañas Cevenas, casi siempre por el pié de sus rocas ó colinas escarpadas y desnudas, fecundando una inmensa llanura que se extiende por la Provenza y parte del Languedoc hasta el Mediterráneo. El ferrocarril de Lyon á Marsella sigue la misma direccion del rio hasta Tarascon, y allí se aparta en direccion al este, para ir á buscar la opulenta Tyro del comercio frances en el mediodía.

Ese giro de la via férrea hace que el viajero tenga un grande interes durante todo el trayecto, porque el paisaje es de una magnificencia encantadora. A la izquierda ó el oriente corren de norte á sur los Alpes formando tres líneas superpuestas: una en que se destacan entre las nubes los empinados picos cubiertos de nieve; otra inferior, azul, vaga y casi nebulosa, de montañas gigantescas pero sin puntos culminantes, y otra, en fin, mas baja y perceptible, compuesta de complicados cerros y colinas que van descendiendo en anfiteatro hasta encontrar su asiento en las llanuras del Delfinado y la Provenza, en uno de cuyos centros demora la ciudad de Grenoble.

Al occidente, dominando el cauce arenoso del Ródano, que se esconde á veces entre pequeños bosques de sauces silvestres y álamos blancos de empinadas copas, corre la serranía del Ardeche, triste y estéril, compuesta de una serie de cerros quemados y rocallosos, de trecho en trecho cortados por algunas abras. Allí falta toda vegetacion, porque los vientos de los Alpes asolan el terreno, y apénas se ven, de distancia en distancia, ya algunas ruinas gigantescas de castillos feudales dominando las mas altas eminencias y como inclinadas sobre los abismos, ya algunas pequeñas poblaciones trepadas á la falda de los cerros como para recibir proteccion de esos castillos, y semejando desde léjos cada una un vasto nido de águilas adherido á los picos de las rocas.

En medio de esas dos formaciones orográficas de tan distinto aspecto, demora el opulento valle, cruzado por pequeños afluentes del Ródano, entre ellos el Durance, que le trae las aguas de la poética Provenza. Donde quiera reina el mas esmerado cultivo haciendo del valle una especie de huerto interminable. Ya son las innumerables plantaciones de moreras enanas, que brindan su alimento al gusano fabricante de la seda, y hacen un bello contraste por su verde oscuro y vigoroso, ordenadas en calles que se cruzan en todas direcciones, con el verde claro y vivísimo de los almendros ó el casi amarillo de los viñedos intermediarios que comienzan á abrir sus primeras hojas. Despues, á medida que uno se aleja de Lyon, va viendo disminuir el número de moreras, progresivamente reemplazadas en la bella Provenza por los olivares de ceniciento color, cuya tinta gris, melancólica en extremo, se destaca como un inmenso y moviente sudario sobre la verde alfombra de los trigos sembrados en medio de las anchas calles de olivos.

Desde Lyon hasta Marsella el ferrocarril pasa tocando en muchas ciudades y poblaciones importantes, algunas de ellas ricas en monumentos antiguos, romanos y feudales, y en recuerdos y tradiciones de mucha significacion para la historia. Pasa primero el tren por un considerable túnel por debajo de la ciudad de Vienne, situada á la orilla izquierda del Ródano, sobre un lecho de rocas de silex y granito, al parecer, y al pié de colinas donde vegetan las viñas escalonadas en anfiteatro; y luego se cruza la llanura que tiene por centro á Valence, ciudad algo considerable, y que se prolonga luego sin interrupcion, por Montelimart, Orange, Avignon, Tarascon y Rognac, hasta dar con el Mediterráneo en las cercanías de Marsella.

Donde quiera se encuentran allí tesoros de arquitectura, escultura y pintura, que le recuerdan al viajero todo lo que la civilizacion romana, y despues la de la edad media hacinaron en los campos de la Galia meridional para dejar magníficas huellas de su paso. A poca distancia de la via cerca de Tarascon, subsiste aún en Saint-Esprit un famosísimo puente monumental echado por los Romanos sobre el Ródano, que despierta la admiracion hácia las obras admirables de esa raza de titanes, y que ninguno ha logrado imitar con perfeccion de grandeza y duracion.

Al pasar por la Provenza se siente uno conmovido por un mundo de recuerdos que hacen soñar con los heróicos tiempos de los trovadores provenzales, esos inspirados y galantes fundadores de la lengua francesa y propagadores, de la poesía, la música, el canto, el sentimiento caballeresco y religioso y el espiritualismo de la idea cristiana. Delante de Avignon, en cuyo centro se ostentan aún magníficas ruinas, como las del famoso palacio del Papa, que fué su residencia durante el cisma, no puede uno ménos que recordar á Vaucluse, idear la figura poética de la ingrata pero púdica Laura, y murmurar alguno de los dulces é inmortales sonetos de Petrarca, el rey de los cantores del amor.

Se comprende bien aquella admirable pasion sentimental y heróica, al pensar en el carácter de los siglos XII y XIII, y al contemplar la encantadora comarca de la Provenza, que entónces debió ser mucho mas bella y fecunda en inspiracion. No ménos interesante es Tarascon, donde se ven ruínas de monumentos importantes, testimonios de un antiguo esplendor. Pero desde allí hasta Marsella la via pierde su interes artístico, porque el cordon de ciudades monumentales se aparta hácia el Sur cruzando el Languedoc, país semi-frances, semi-romano y español. Es allí donde se encuentran sucesivamente las interesantes ciudades de Arles, Nîmes y Montpellier, esta notabilísima como centro literario y científico, no desprovista de bellezas de arte, y las otras dos como verdaderos santuarios que guardan dentro de sus muros los prodigios del arte plástico y de arquitectura y pintura que la civilizacion atesoró en su marcha sucesiva en el mediodía de Francia.

La llanura pierde al fin su dilatado horizonte en Rognac, las colinas y los cerros se complican, anunciando la proximidad de la opulenta Marsella, y el Mediterráneo, penetrando por un pequeño golfo en medio de las redondas montañas de la costa, sorprende al viajero, ofreciéndole en las ricas salinas de Berre, Rognac y Martigues un hermoso lago circular, tranquilo y cristalino, cuyas ondas llegan hasta el pié de los olivos. La senda se estrecha, las graciosas quintas y casas de campo se multiplican á uno y otro lado, rodeadas de jardines y huertos, de olivos y viñedos, todo de una frescura encantadora; el movimiento comercial se hace sentir; las grandes fábricas é ingenios se destacan lanzando de sus altas chimeneas columnas de humo negro que van á desvanecerse en las rocas de las empinadas montañas, y al fin Marsella, la reina del Mediterráneo, se presenta á los ojos del viajero, irregular, agitada como una inmensa colonia de actividad cosmopolita.

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Si la romántica y gentil Venecia, bañada en todos sus flancos por las ondas murmurantes del mar, ha sido llamada con razon la _reina del Adriático_, Marsella, elevada por la actividad del comercio moderno á una importancia colosal, merece con mayor justicia quizás el nombre pomposo de _emperatriz del Mediterráneo_. Su admirable situacion, su fabuloso progreso, su mérito fabril, sus inmensas relaciones comerciales, el fuerte guarismo de su poblacion, su grandeza material, su tipo social característico, su pasado y su porvenir, todo concurre á hacer en extremo interesante el estudio de la opulenta Marsella, la perla de la Francia meridional, la antigua colonia de los Focios, capital de la extinguida República marsellesa, que César no pudo vencer y conquistar, y que inmortalizó su nombre en la revolucion francesa con su legion de héroes y el himno admirable que electrizara á la Europa entera en las grandes luchas de la libertad contra el absolutismo.

Marsella, la _Massilia_ de los Romanos, a quien Tácito llamaba «la Aténas de las Galias» (con muy poca razon acaso, bajo el punto de vista literario), está situada á 813 kilómetros de Paris sobre la costa oriental del agitado golfo semicircular de Lyon, cerca de la embocadura del pequeño rio Huveaunne y á algunas leguas al Este de las bocas del Ródano. Su bahía es pequeña, pero profunda y capaz de contener grandes flotas, y abrigada en todas direcciones por una red de colinas y montañas desnudas que se elevan al oriente en anfiteatro pintoresco.