Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie

Part 17

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La noche cubria con sus sombras la inmensa llanura, y no pude tener siquiera una idea general del aspecto del país entre Dijon y Lyon. Solo diré que al pasar por Mâcon, preocupado con un recuerdo grato, me sentí como poseido de cierta veneracion hácia esa comarca interesante. Mâcon es la patria del glorioso Lamartine,--ese patriarca de la poesía en el siglo XIX; y no podia ménos que gozar aspirando las brisas del país inmortalizado por la juventud, la lira sublime, la gloria y hasta los infortunios del Tasso frances. Allí nació y comenzó á soñar, cantar y crecer el divino poeta, y él ha conservado su hogar con una amante veneracion, haciendo de _Milly_ el santuario de las mas puras armonías y de las mas nobles meditaciones.

El tren rodaba entre las sombras con la rapidez del viento, lanzando la locomotiva de cuando en cuando sus silbidos agudos que no despertaban eco en la llanura; y yo, mientras que los demas viajeros dormían á mi lado, fumaba con deleite, dejando vagar mi espíritu en un torbellino de recuerdos de amor y de cavilaciones sobre el porvenir del hombre, al mismo tiempo que, hundiendo la mirada en la sombra interminable que cubría la campiña, buscaba en su seno alguna luz fugitiva ó alguna otra sombra mas pronunciada y vigorosa producida por un edificio destacado aqui ó allá cerca del camino.

De repente pasaba rozándose casi un tren en sentido contrario que, como un dragon enfurecido, lanzaba su aliento de fuego y de vapor para desaparecer al mismo instante. Nada mas fantástico que uno de esos cruzamientos de trenes, sobre todo bajo la bóveda sombría de un _túnel_, donde el silbido de la locomotiva parece un grito de muerte ó de agonía suprema. Es muy trivial la opinion de que los ferrocarriles han suprimido la poesía de los viajes dándoles un carácter en extremo prosaico. En efecto, si en una estacion, cerca de alguna bella ciudad ó de un rico paisaje, se compara el espiritualismo poético de un monumento cercano, con las pilas de carbon de piedra y los prosaicos vagones, la desventaja es para ese instrumento poderoso de locomocion, que ha hecho del viaje una carrera, un tropel de huracanes y de impresiones que apenas comienzan a nacer cuando ya se disipan como una pesadilla. El ferrocarril, nivelando el terreno y acortando inmensamente las distancias y el tiempo, ha suprimido la _peregrinación_ y el viajero es una especie de Asmodeo que no alcanza á contemplar lo que se le presenta al lado del rápido vagon.

Y sinembargo, creo que los ferrocarriles, suprimiendo en gran parte la _poesía de la materia_, han creado una nueva poesía, mucho mas vigorosa y fecunda, poesía mixta que pudiera llamarse la _poesía del espíritu_. Encuentro en la locomotiva que silba y da resoplidos como el viento, y devora el espacio como el rayo, un espiritualismo singular, prosaico si se quiere en sus resultados aparentes, pero infinitamente grandioso en su _forma_ sensible y en sus lejanas ó trascendentales consecuencias. El siglo XIX, que en apariencia es el de la industria ó la especulacion, me parece en realidad el mas poético, por sus creaciones fantásticas y fecundas al mismo tiempo, como el ferrocarril, el telégrafo y tantas otras maravillas.

¿Cuál es la preocupacion, la tendencia dominante en el pensamiento del poeta?--un triple ideal que, teniendo por objetos cardinales á Dios ó el infinito, el Hombre ó el sentimiento, y el Espíritu como soberano del mundo, lo resume todo en la noción de lo _bello_, lo _bueno_, y lo _justo_. ¿Y á qué resultados pueden conducir las maravillas de la ciencia y la industria? En mi concepto el ferrocarril, como instrumento de comunicacion activa, de baratura y de fecundidad universal, es un elemento de luz, de religion, de paz, de bienestar, de igualdad en la vida, de fraternidad entre los hombres y los pueblos, y de predominio del pensamiento ó la idea sobre la fuerza física. Esa máquina de hierro que, animada por el espíritu del hombre, devora las distancias, reduciendo los días á minutos y haciendo los minutos dias, me parece una inteligencia en accion. Las ruedas, las válvulas, los frenos, los resortes, la caldera y toda la maquinaria de la locomotiva son la imagen de la musculacion y de los órganos del hombre; y el fuego que produce el vapor y el movimiento maravilloso, es una hoguera encendida con una chispa del fuego divino del progreso, que arde constantemente en el cerebro y el corazon de la criatura humana. El ferrocarril ha espiritualizado y cristianizado el mundo, como el navío-vapor, el telégrafo y el diario, porque ha fundado la ubiquidad del sér, la fraternidad ó mancomunidad de los intereses, y la omnipotencia del espíritu sobre la materia.

Si Lyon, la segunda capital de Francia, es en extremo interesante bajo el punto de vista industrial, agrícola y comercial, no lo es ménos por su topografía y su valor artístico, moral y arqueológico. Allí encuentra el viajero la vida confortable de Paris y al mismo tiempo cierta espontaneidad provincial con las bellezas típicas del medio día; y el que busca objetos de observación y estudio halla un vasto campo donde recoger agradables impresiones é instructivas nociones. Acaso no hay en Francia una ciudad que revele mejor que Lyon el paso sucesivo de las razas y las dominaciones que en esa nacion han figurado, y el contraste vigoroso de los escombros ó monumentos de la vieja civilizacion con las maravillas de la época presente.

La situación de Lyon es admirablemente feliz para el comercio interior y exterior, y su variada topografía la apropia para lo útil igualmente que para lo pintoresco. Dos pequeñas montañas ó colinas y dos magníficos rios le sirven de base, determinando su estructura y su fisonomía. Las colinas son las de _Fourières_ y la _Croix-Rousse_; los ríos el _Ródano_ y el _Saona_. Al norte se alza la colina redonda de _Groix-Rousse_, que es el remate de una cadena de colinas rocallosas; al occidente domina el horizonte otro cordon de colinas cuyo centro es la de Fourvières (asiento que fué de la ciudad romana anterior á Neron); y al oriente y el sur se extiende una vasta y magnífica llanura de admirable panorama.

El Ródano desciende del nordeste, por el lado oriental y el pié del cordon rocalloso que termina en Croix-Rousse. El Saona, que nace en las llanuras de Epinal, y viene del norte, engrosado con las aguas del _Doubs_, procedente de las montañas del Jura, y que se le une en Verdun,--desciende por entre las colinas de Fourvières y Vaise; corta en dos porciones la ciudad de Lyon en la parte occidental, y va á reunirse al extremo meridional con el Ródano. Aunque la antigua Lyon no se componía sino de las construcciones establecidas en anfiteatro y desordenadamente en las faldas de Fourvières y Croix-Rousse y sobre las márgenes del Saona, la nueva Lyon se compone de elementos diversos adquiridos por aglomeraciones sucesivas.

La ciudad ha ido extendiéndose en todas direcciones hasta tocar con los distritos vecinos de las colinas, abarcar toda la angosta lengua de tierra que desde Croix-Rousse se prolonga al sur hasta la confluencia de loe rios, y confundírse al fin con los distritos importantes y muy nuevos de la _Guillotière_ y _Broleaux_, tendidos en la llanura á la márgen oriental del Ródano. A virtud de ese ensanche progresivo, Lyon tiene en su totalidad una población de 390,000 habitantes fijos, dividida en tres partes desiguales y variadas por el Ródano y el Saona.

Antes de buscar los pormenores de interés en Lyon quise darme cuenta del conjunto, subiendo á las colinas para tomar el golpe de vista; y puedo asegurar que, en su género, no he hallado jamas en Europa ni Colombia un cuadro tan magnífico y soberbio como el que allí se ostenta á los ojos del viajero. Trépase á la címa de Fourvières por entre las horribles y sucias callejuelas del viejo Lyon, llegando al anfiteatro pintoresco del jardín de Fourvières por una serie de escaleras interminables que pasan de algunos centenares y hacen de la ascension una verdadera empresa. Atravesando en calles espirales el jardín, y un puente de madera echado sobre altas rocas, se llega al observatorio astronómico y la iglesia de Nuestra Señora de Fourvières, cuyo alto campanario es el mirador mas precioso que conseguirse puede.

Al encontrarme en ese campanario, cerca del cual pasa el ferrocarril por un famoso túnel, me sentí pasmado de admiracion.

El panorama es inmenso y de una variedad encantadora. Al oriente veía la vasta llanura, cortada por algunas bajas colinas que dan asiento á una multitud de poblaciones, entre ellas _Grenoble_ (al sud-este), y que, surcada por el alto Ródano, es la base de un extenso cultivo, principalmente de moreras, trigos y viñas. Al norte registraba el valle del Saona y las ricas llanuras de la Borgoña, en dirección á Mâcon. Al occidente llanuras y colinas también hacia la ciudad fabricante de _Saint-Étienne,_ de fabuloso progreso; y al sur contemplaba con encanto el valle del majestuoso Ródano, de imperceptible descenso, extendiéndose por _Vienne, Válence_ y _Avignon_ hácia el Mediterráneo.

Por todas partes campos cultivados primorosamente, ciudades y pueblos, casas; campestres, anchurosos caminos carreteros, numerosísimas barcas en los rios, viejos castillos feudales sobre las cimas escarpadas de los cerros; y todo cubierto por un cielo magnífico, muy de extrañar en el mes de marzo aun.

Pero nada me producía tan profunda sensacion como el contraste del espectáculo lejano con el que tenia á los piés. Al oriente cerraban los Alpes el horizonte con su corona inmensa de blanquísimas nubes, levantándose desde la llanura en escalones sucesivos y en perspectiva, para terminar como titanes de nieve con sus cabezas brillantes hundidas en el éter, distinguiéndose entre ellas, muy lejana, la mole grandiosa del _Monte-Blanco_, ese rey de los Alpes que tiene por cortesanos á todos los reyes y los viajeros de Europa. Aquella cadena de montañas, unas azulosas, otras brillantes por sus nieves, tenian uña majestad arrobadora que yo, con mi corazón de Colombiano, comprendía perfectamente y contemplaba con amor.

Pero al pié veía la vasta ciudad, cuya cabeza es una inmensa roca y cuyas arterias son los dos hermosos rios, atravesados por quince ó diez y seis puentes, que son como las venas ligadoras. Aquí, casi bajo mis plantas, la ciudad romana y gótica, triste, sucia, sombría, en laberinto inexplicable, pero llena de misterio, de tradiciones y monumentos típicos. Al frente, sobre la izquierda del Ródano, hacia la llanura, la _Guillotière y Broteaux_, barrios anchurosos, cortados en ángulos rectos por calles de una regularidad matemática, con grandes muelles y vastos cuarteles, prolongándose hacia la campiña en un arco de fortalezas y casas de campo. Y por último, en medio de los dos rios, la parte aristocrática y opulenta de Lyon, irregular, fea y repugnante al pié de _Croix-Rouese,_ pero luego elegante, suntuosa, rejuvenecida y llena de animación hacia abajo, hasta su límite en la confluencia de los rios, al sur de la espléndida estacion del ferrocarril, que pudiera llamarse el Palacio de las locomotivas.

Al mirar hacia arriba, al este, creía contemplar á Colombia, con sus cordilleras prodigiosas y su salvaje grandeza, no obstante que los Alpes me parecían apenas un remedo humilde de los gigantescos Andes. Pero mirando hácia abajo, hallaba á Europa, con sus tradiciones romanas y góticas, sus prodigios de arte, su animación industrial y comercial, sus grandes progresos de locomocion, y sus lamentables contrastes de opulencia y miseria. La contemplacion de aquel panorama desconocido me hizo meditar durante largas horas, y creo que nunca olvidaré las impresiones allí recogidas.

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CAPITULO II.

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LA CIUDAD DE LYON.

Hidrografía.--Varios objetos,--El Palacio de las Artes,--Un contraste curioso.--Varios monumentos.--Las fábricas de sederías.

Lyon mantiene sus comunicaciones que le dan extraordinaria animacion, por medio de unos quince puentes, la mayor parte muy sólidos, pero de los cuales son los mejores dos de mampostería en el Saona y uno de madera en el Ródano. Algunos son colgantes, y casi todos están sometidos á pontazgo por ser de empresas particulares. En la parte central de la ciudad las calles son en lo general rectas y espaciosas, sobre todo las nuevas, entre las cuales se distingue la espléndida calle _Imperial_, reputada como una de las mas hermosas de Europa.

A lo largo de ámbos ríos hay muelles espaciosos, donde atracan centenares de barcas y botes, y muchos vapores planos, de construcción especial para la navegacion del Ródano y del Saona. La ciudad cuenta muchas plazas y plazuelas (hasta cincuenta y dos), entre las cuales son muy notables por su belleza y elegancia: la de _Bellecour_ ó _Luis el Grande_, espaciosísima y de mucho gusto, con la estatua ecuestre de ese rey, en bronce, y bellos jardines y glorietas; la de _Napoleon_, con la estatua de este, tambien de bronce y ecuestre, y muchos árboles, que se confunden con las vastas avenidas que tocan á la estacion del ferrocarril llamada de _Perrache_; la plaza _Imperial_, que es una especie de _square_, muy bonita, y la de _Terreaux_, en la cual se encuentran el Palacio municipal y el famoso Palacio de las _Artes_ ó de San Pedro. La plaza de _Tholozan_, á la orilla derecha del Ródano, no es notable sino por la hermosa estatua de bronce del mariscal Suchet, duque de Albufera, que hizo la guerra en España en 1808 y los años siguientes.

La historia de Lyon es muy interesante, ya por su antigüedad, ya por el gran papel que ha hecho desde la conquista de los Romanos. La ciudad antigua, que ellos llamaron _Lugdunum_, estuvo toda sobre la colina y faldas de Fourvières, é incendiada que fué tocóle á Neron mandarla reedificar, extendiéndola sobre ámbos rios. Hoy tiene doscientas sesenta calles, y cuatro larguísimas calzadas ó avenidas que siguen las márgenes de los rios; contando quince fortificaciones considerables al derredor. Algunas de sus mas antiguas iglesias están en ruina, y hoy las restauran, al mismo tiempo que se concluyen ó prosiguen vastísimas construcciones que rejuvenecen la ciudad.

Al frente de los muelles ó atracaderos de manipostería se encuentran muchos edificios de granito y piedra, que son verdaderos monumentos y llaman justamente la atencion del viajero.

Entre esos son de mucho mérito, por su majestad y su importancia, así como por su solidez, el _Palacio de Justicia_, sobre la margen derecha del Saona, y sobre la derecha del Ródano los inmensos edificios, ennegrecidos por el tiempo y de grandiosas fachadas, donde se mantienen el Hospital y el Hospicio, que recogen á muchos centenares de huérfanos y enfermos, sirviendo también de bazares en el piso bajo, donde hay innumerables tiendas y almacenes de todas clases.

Tambien demoran sobre las mismas avenidas de los muelles otros edificios públicos interesantes, pero desnudos de todo valor artístico,--tales como el de la Universidad y Biblioteca (que es de gran mérito y cuenta unos cien mil volúmenes); el Hospital militar, la fábrica de tabacos y las carnicerías, sobre el Ródano; y del lado del Saona, la Aduana, el teatro de Celestinos, los arsenales, etc.

Lyon no tiene sino dos teatros que merezcan atención: el Gran Teatro, donde ejecutan óperas solamente, y hace juego con la fachada secundaria del palacio municipal; y el de los Celestinos, para comedias y dramas, construido con regulares proporciones en un local de un antiguo convento. Solo el primero puede figurar como monumento, aunque subalterno, pues está aislado y muestra pretensiones artisticas, no obstante que su arquitectura es pesada y grosera. El interior es muy espacioso, pero carece de lujo y elegancia, si se le compara con los mas bellos de otras ciudades europeas.

La ciudad cuenta ya con un hermoso mercado de estilo moderno, es decir de cimientos y zócalos de piedra y paredes y naves de hierro y cristal. Están acabando también la Bolsa, palacio espléndido, de mucho gusto y que será un verdadero monumento para las artes y la especulacion.

El Palacio municipal es un bello y elegante edificio, de una arquitectura sencilla que pertenece á la época del primer imperio, careciendo de carácter determinado, pero risueña y sin pretensiones plagiarias. En lo demas, las construcciones modernas corresponden en todo al estilo de las de Paris, con la especialidad de tender siempre á la sencillez característica del siglo actual. Si en lo material Lyon es una especie de copia de Paris, en lo moral tiene algo que se aproxima á la caricatura. Se echa de ver en las costumbres la pretension de imitar en todo las de Paris; pero como el tipo meridional opone allí sus condiciones especiales, resulta una especie de lucha moral que destruye todo colorido local, sin permitir poroso la asimilacion. De aquí proviene que muchos usos son exagerados, y que con frecuencia se tropieza en las calles con fisonomías y grupos que tienen sus buenas puntas de extravagancia.

La poblacion lionesa es muy liberal y aún republicana, revelando en su estilo general cierto carácter benévolo que estimula agradablemente al viajero. Y por una de esas excentricidades aparentes de los pueblos, que no carecen jamas de explicacion, aquella ciudad, que es un emporio de riqueza y que vive en las faenas de un gran movimiento industrial y comercial, revela una inclinacion decidida por las bellas artes, cultiva ese gusto con esmero y entusiasmo, y posee monumentos de todo género que pueden enorgullecerla por mas de un motivo. Son afamadas las orquestas de Lyon, se busca el teatro con placer, se trabajan bellísimas obras de escultura, y Lyon conserva con justa vanidad sus ricos museos y monumentos y sus escuelas de pintura, escultura, arquitectura y música, y ha sido y continúa siendo la cuna de muchos artistas de gran mérito.

El primer monumento que el viajero visita en Lyon es el Palacio de las Artes en el cual se encuentran los museos de antigüedades, de pintura, de escultura, de historia natural y de geología y mineralogía, así como el salon provisorio de la Bolsa. El vasto edificio tiene tal suma de curiosidades preciosas, desde sus claustros hasta sus altas galerías y sus terrazas, que requiere un estudio de muchos dias. Que el lector me perdone, pues apenas me es dado ofrecerle una idea muy sucinta de las impresiones recogidas en solo unas ocho horas de observacion muy rápida.

Si el exterior del Palacio carece de mérito, en el interior el interes comienza desde que se entra en el extenso patio claustrado, que domina una terraza en circunferencia, con balaustradas de piedra, como todo el edificio, y una serie de grandes grupos y altos relieves representando multitud de pasajes históricos, al aire libre y la intemperie. La mayor parte son excelentes, a pesar de muchas mutilaciones en los pormenores; pero algunos grupos son de tanto mérito por la energía de expresion y la delicadeza y audacia del cincel y el buril, que deleitan y fascinan, maravillándose uno de hallar tan finas esculturas en la piedra bruta.

Los cuatro claustros bajos contienen una abundantísima coleccion arqueológica exclusivamente lionesa, en la cual alternan los mas curiosos objetos, unos (poquísimos) de la época anterior á la conquista de las Galias por César, y la mayor parte correspondientes á las épocas romana, byzantina y gótica. Vasos etruscos, de imitacion tosca, estatuas, bustos y grupos curiosísimos, planchas enormes de piedra bruta ó trozos de mármol, con relieves preciosos, revelando toda una civilizacion,--y sepulcros, lápidas y columnas truncadas, cuajadas de inscripciones que se conservan con maravillosa regularidad, y esbozos byzantinos en piedra que tienen el aire de caricaturas de una sociedad que el polvo de los siglos arropara,--todo eso, colocado con inteligencia contra los muros del claustro, constituye no solo una escuela popular para los sentidos, sino la imágen sombría pero elocuente de las generaciones pasadas. Aquella es una verdadera coleccion de escombros de civilizacion y de enseñanzas del tiempo, desde la gran lápida en que Rómulo y Remo reciben el alimento fabuloso de la inmortal loba, hasta las últimas labores que la arquitectura gótica (espontánea, paciente y popular por excelencia) dejó profusamente deseminadas donde quiera.

El salon de antigüedades artísticas no es ménos curioso, aunque comparativamente es pobre y subalterno. Contiene colecciones preciosas de monedas, medallas, pequeños vasos y placas y armas de metal, marfil, madera, etc., la mayor parte de mucho gusto por sus incrustaciones y relieves, entre los cuales hay grupos de increible perfeccion, que admiran al que ha podido creer, alucinado por la fascinacion de la industria moderna, que la antigüedad, bajo el punto de vista artístico, no ha producido maravillas superiores y aún inimitables cuyo genio y secreto se han perdido para la civilizacion.

No es sobresaliente la coleccion de obras modernas de artistas lioneses, que compone el modesto museo de escultura ó estatuaria. Aunque hay allí algunas estatuas en mármol y yeso de mérito indisputable, y algunos bustos de bronce superiores, la coleccion es algo pobre. Hay, sinembargo, allí una estatua de Pandora, en mármol purísimo, tan bella y delicada, que vale por todo un museo; así como llama la atencion, al píe de una escalera, la colosal estatua de Minerva, en yeso, obra de un escultor contemporáneo, que puede figurar con honor en el mas espléndido jardin de Europa.

Despues de la sala de escultura ó estatuaria se encuentra en el vasto palacio de las Artes el interesante salon de pinturas que contiene la galería especial de los pintores lioneses. En general se observa en el estilo de esos artistas bastante vigor de colorido, y una marcada predileccion por el paisaje y la historia. Aunque la coleccion no es muy abundante ni sobresaliente, merece bien fijar la atencion. Llamaron la mia particularmente los cuadros de Claudio Bonnefond, artista de alto mérito, no solo por la maestría del pincel, sino por el profundo conocimiento que revela tener de los efectos de luz y de la perspectiva. Recuerdo haber gozado mucho con la contemplacion de un cuadro pequeño que representa el refectorio de un monasterio en perspectiva, precioso por sus golpes de luz y su energía de claro oscuro. Con todo, no considero que los artistas lioneses tengan razon para aspirar á constituir una escuela, si se ha de juzgar por el Museo.

Otra galería mucho mas vasta y magnífica contiene los cuadros del Museo comun, y en realidad hay obras allí de un mérito sobresaliente, tales como la muerte de Abel, por Orsel, y una Judit mostrando la cabeza de Holofernes, trabajo superior por su atrevimiento de formas y vigor de expresion y de pintura. Pero la mayor parte de aquellos cuadros son copias modernas, y aunque la galería es casi toda histórica, y contiene varios cuadros superiores, no es en realidad sorprendente, ni deja impresion como las obras maestras. Échase de ver que Lyon ha querido ser á todo trance un gran centro artístico, sin haber pasado de cierta mediocridad distinguida (permítaseme la expresion), porque el ruido de las máquinas y de los carros no permite allí un gran desarrollo espiritual como conviene á las bellas artes.

Mucho mas estimables son en su género las demas galerías, puramente científicas, que contienen los Museos de Historia natural, de Mineralogia y de Geología. El primero, que no es muy considerable, aunque merece mucho aprecio en una capital de segundo órden, está muy bien conservado y es un conjunto escogido de las especies mas raras y notables en las diversas familias del reino animal. Aquel es un verdadero museo de provincia, si se le compara con los de Lóndres, Paris, Berlin y otras grandes capitales, pero es completo y esmerado y hace honor á la opulenta metrópoli del Ródano, como á la Francia,