Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie

Part 16

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Calais es una ciudad antigua, de mucha celebridad histórica, bastante bien edificada en su conjunto, pero muy fea y de calles estrechas y tortuosas. Su poblacion no pasa de unos 14,000 habitantes, y no cuenta de notable entre sus monumentos sino la iglesia comunal, construida durante la dominacion inglesa (de 1347 á 1558), y que pertenece al orden gótico; el Hotel de Ville (casa municipal) y un magnífico faro que fue establecido en 1848. La ciudad es notable por sus fabricas de gasas muy bellas de algodon, que son muy activas, su modesta biblioteca y su escuela de hidrografía. El puerto es interesante por su aduana, sus baños de mar, sus numerosos vapores-paquetes, su telégrafo submarino, sus extensas pesquerías y sus nuevos muelles artificiales.

Calais, es célebre en la historia militar de Francia por el famoso sitio de trece meses sostenido por el heróico Eustache de Saint-Pierre; que hubo de capitular con las tropas de Eduardo III de Inglaterra en 1347; y por haber sido la base de la dominacion ejercida por los Ingleses sobre una parte de Francia hasta las épocas de Juana de Arc y del duque de Guise. Calais es una especie de ciudad militar, apesár de su comercio y sus pesquerías, porque tiene muy considerables fortalezas, que datan desde la edad media, cuyo fundador fué Felipe de Francia, llamado conde de Boloña.

En el trayecto de Calais á París las ciudades mas notables son Lila, Doual, Arras y Amiens. Las tres primeras, que reservo para otra narracion, estaban invisibles cuando tocamos en ellas. Algo nos detuvimos en Amiens, ciudad histórica por mas de un motivo, y tan antigua que remonta a los tiempos anteriores á la conquista romana. Los Romanos la llamaban _Samarobriva_, y ella fué la capital de la Francia merovingiana, residencia de los primeros reyes francos en la Galia. Amiens tiene algunos monumentos interesantes, sobre todo su hermosa catedral, que fue construida en el siglo XII, y es reputada como uno de los mas bellos monumentos de la arquitectura gótica que posee Francia.

Por su tamaño y poblacion (50,000 habitantes), Amiens es una ciudad de tercer orden en Francia; pero por su carácter de capital de departamento y obispado, sus institutos de enseñanza pública y su activa fabricacion, figura entre las ciudades de segundo orden. Amiens es plaza fuerte respetable, y aparte del papel muy notable que ha hecho en la historia de Francia, es célebre (como se recordará) por el famoso tratado de paz celebrado allí en 1802 entre Francia, Inglaterra, España y la República batava ú Holanda. Tiene también la celebridad histórica de haber sido la patria de Pedro el Ermitaño, predicador de las Cruzadas.

La ciudad tiene en su recinto muchos colegios importantes, de todas clases, una hermosa biblioteca de 50,000 volúmenes y un regular jardín botánico. Posee en el interior y los arrabales muchas fábricas, haciendo una activa producción de gasas y terciopelos de seda y algodón, paños negros de _satín_, telas finas de lana y otros tejidos de mérito. Fabrica también sustancias químicas, tafiletes, cuerdas, etc., y tiene numerosas tintorerías. Cuenta unas ocho ó nueve imprentas, y es el asiento legal de un consistorio protestante que pertenece a la comunión calvinista. Los alrededores de Amiens son muy bellos por la extensión de los cultivos, las fábricas que se destacan donde quiera en las praderas, las casas de campo pintorescas y variadas, y el vasto panorama que se extiende en todas direcciones casi sin interrupción de inflexiones en el terreno.

Si en las cercanías de Amiens el paisaje es muy interesante por la proximidad del rio dela _Somme_ (que corta el departamento) y cerca del cual pasa el ferrocarril del _Norte_,--cuando el viajero va acercándose á París pasando por Clermont, entre Beauvais y Compiégne, la campiña toma proporciones mas interesantes. Al sud-este desciende el rio _Marne_, que se une al Sena cerca de París, desprendiéndose de las aguas de aquel un estrecho canal artificial; mientras que al lado del ferrocarríl corre del nord-este el rio _Oise_, ya engrosado con el _Aisne_ en Compiegne, angosto y miserable por su volumen (para el viajero colombiano acostumbrado A ver rios enormes), pero muy útil para la navegación interior secundaria y para la irrigacion. El ferrocarril pasa por encima del Oise, y esté rio sigue su curso hacia el occidente para irse á confundir con el Sena abajo de París. El espacio que media entre el Oise y el Marne es vastísimo, y como las colinas son muy raras la llanura forma una especie de horizonte de praderas, campos de cultivo, parques y pequeños bosques, poblaciones rurales, canteras y molinos dispersos en todas direcciones de aspecto muy interesante.

Hácia las cercanías del Oise y de París se ven extensas canteras de piedra de sillería, caliza en apariencia, pero en su mayor parte de una greda arenosa que se presta mucho á facilitar las inmensas construcciones actuales de París. La mayor cantidad de aquellas piedras sale de las canteras en enormes trozos ó moles que, cuadradas en bruto, van á París por medio de canales, ó en carros gigantescos tirados por tres, cuatro ó seis de esos caballos normandos que parecen tener la constitución de la roca, á juzgar por su tamaño, su musculación y su fuerza.

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Los alderredores de Paris son bellísimos, en general, haciendo en ellos un raro contraste los fuertes militares y la enorme muralla de circunvalacion que encierra á Paris, con los mil objetos pintorescos de la campiña y los grupos desiguales de las poblaciones vecinas. El tren pasa cortando la hermosa llanura de Saint-Denis, dejando al occidente la pequeña ciudad del mismo nombre (cuyas torres y chimeneas dominan el horizonte), y penetra luego en la gran metrópoli francesa, al norte, después da cruzar el distrito de la _Chapelle_, enclavado entre las fortificaciones, hácia Saint-Denis, y la _barrera_ de Paris, como lo está una multitud da pequeñas ciudades ó distritos que son como la continuación ó el inmenso suburbio circular de la capital[1].

La ciudad tiene á su derredor no solo la muralla (con su foso profundo) al nivel del campo exterior, cubierta de bosquecillos de pinos, sino también unos catorce ó diez y seis fuertes de defensa, entre los cuales figura en primer lugar la antigua y famosa fortaleza de _Vincennes_, la Bastilla exterior de París, de lúgubre memoria para Francia. Todas esas fortificaciones, á excepcion de Vincennes, fueron establecidas, como es bien sabido, por orden de Luis Felipe, obedeciendo á la doble preocupación de defender á Paris de una nueva invasión como la de 1815, y de dar trabajo á los obreros. Despues de haber gastado una enorme suma de millones, ese rey sin previsión no hizo mas que causar un grave daño á Paris y sus alderredores, y al porvenir de la libertad.

En efecto, las fortificaciones, sin ser de provecho positivo bajo el punto de vista militar para la _defensa_, de Paris, no solo han encerrado la ciudad, embarazando el ensanche de sus suburbios, sino que, en realidad, pueden servir apénas de instrumento para la opresión. Aquellos catorce fuertes son otras tantas ciudadelas que servirán de punto de apoyo a toda tiranía militar, puesto que, cuajadas de soldados, cernirán á Paris en cualquier tiempo en que su poblacion haga algún movimiento en el sentido liberal. Así, los obreros de Paris al trabajar en esas vastas fortificaciones, no hicieron otra cosa que asegurar la clausura de la ciudad, poniéndola bajo el poder de una presión militar.

Tal es siempre el resultado de las fortificaciones. La libertad y la justicia son los mejores baluartes de defensa para un pueblo civilizado; mientras que las _ciudadelas_ son en todo caso los cerrojos que encierran, dominan y esclavizan á las _ciudades_. Los Ingleses, muy al contrario de sus rivales de Francia, han tenido el buen juicio de comprender que las fortalezas no deben estar al lado de las fábricas, las academias y los monumentos de la civilizacion,--porque hay un poder que defiende mejor que todos los cañones el santuario de una ciudad ilustre y los tesoros del arte, de la industria y del comercio; ese poder es el de los _intereses_ sociales apoyados en la libertad. Lóndres no tiene mas fortalezas que sus puentes, sus vapores, sus ferrocarriles, sus fábricas y monumentos de toda especie. La civilizacion es la mejor garantía de esa inmensa metrópoli de la opulencia. Pero Francia es un país militar por excelencia, y no es extraño que París, la capital del mundo del _espíritu_, esté rodeada de los instrumentos de la _fuerza_.

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TERCERA PARTE.

DE PARÍS A MADRID.

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CAPITULO I.

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LA BORGOÑA Y LYON.

Los ferrocarriles.--Melun.--Fontainebleau.--Montereau.--Sens. Joigny.--Tonnerre.--Dijon.--Impresiones nocturnas,--Panorama de Lyon.

Si se quisiera tener una idea comparativa y completa de la revolucion social que han producido en Europa los ferrocarriles, nada tan adecuado para formarse una profunda conviccion como un viaje de París á Madrid, por la via de Lyon, Marsella y Alicante,--ó un paseó por en medio de las ásperas montañas de la Suiza, á orillas de sus lagos encantadores.

¿Quién hubiera pensado ahora veinte años que la Suiza, que es una colosal montaña dividida por profundos y pequeños valles lacustres, sería surcada en breve por las locomotivas? Y mas aún: ¿quién hubiera pensado que en 1858, desdeñando los mares y los Pirineos, pudiera pasar un viajero de París á Madrid en setenta y dos horas, con mil comodidades y venciendo tan multiplicados obstáculos? Y con todo, los ferrocarriles accortarán aún la distancia. Dentro de dos años las dos grandes vias de Valladolid y Zaragoza, como dos enormes brazos oprimiendo los Pirineos de un lado y otro, ligarán á Madrid con Burdeos, por el occidente, y con Perpignan por el oriente, y entonces las capitales de Francia y España estarán solo á treinta y seis horas de distancia (puesto que ella se mide por el tiempo) y los Pirineos no figurarán sino como un monumento de granito y nieve levantado por la naturaleza para ser un día el mas grandioso, el eterno testimonio de los prodigios de la obra infinita de la civilizacion, en que Dios trabaja como supremo inspirador y artífice, y el hombre se le asocia como un obrero infatigable que recibe su salario en libertad, bienestar y progreso.

Estas reflexiones me hacia el 24 de marzo de 1859, precisamente al año de haber llegado á Paris, al partir del inmenso embarcadero del ferrocarril de Lyon, dando un adios á la metrópoli del mundo intelectual, donde quedaba la mitad de mi vida y el tesoro supremo de mi amor.

Sentíame casi fatigado ya con la vida artificial que se lleva en Paris, donde todo es el resultado de una especie de convención tácita de la sociedad,--donde la moda reina como soberana absoluta, y el corazon no encuentra su espontaneidad ni se siente á sí mismo sino cuando se encierra en el santuario de la familia, huyendo del bullicio fascinador de un mundo que se agita en interminable torbellino. Iba á visitar á España, la vieja y heróica patria de los fundadores de la mía,--la patria de mis abuelos, de mi lengua y de todo lo que nutrió mi espíritu en los alegres días dé la primera juventud.

Un tiempo magnífico, da prematura primavera, convidaba á buscar deleite en la aspiración del aire libre y en esa contemplación inquieta, fantástica en cierto modo, de las campiñas y las pequeñas poblaciones, á que nos conduce la ubiquidad de la locomotiva, haciéndonos pasar con la rapidez del huracan por entre castillos y colinas, bosques y ciudades, y cuanto constituye el poco accidentado pero admirable panorama de la Francia central ó meridional, pues en todas direcciones la opulencia de cultura produce los mismos resultados. La poesía falta, porque donde quiera el arado ha civilizado la tierra hasta el refinamiento; pero si el poeta tiene pocas impresiones que recoger en la carrera, el viajero hallará en todas partes la revelación de un progreso relativamente consolador.

El fuerte de Charenton quedó atras, y los últimos suburbios de Paris se perdían detras de las ligeras inflexiones del terreno, mientras que al oriente se desarrollaba la vasta campiña, despojada de encantos naturales pero rica en pormenores de civilización y cultivo. Al volver un recodo del ferrocarril se descubre un escenario en extremo pintoresco. El Sena, todavía poco importante, porque no ha recibido aun las aguas del _Marne_, que le aumentan su caudal en las cercanías de Paris, hace allí un arco, dividiendo la pequeña y graciosa ciudad de Melun, reclinada sobre la falda de una colina, cuyos bordes salpican pequeños bosques de pinos y encinas. Nada se alcanza á ver entre los edificios de Melun que llame la atención como objeto de arte; pero la población no solo es risueña como todas las que demoran á orillas de un limpio y murmurante rio, sino que tiene interés bajo el aspecto comercial. Es por allí que descienden á Paris las pesadas barcas de remo, ó tiradas por caballos, repletas de pipas de vino de Borgoña, de trigos y leñas, maderas de construcción y carbon, procedentes de las vastas florestas que en esas llanuras se conservan con el mayor esmero.

De allí en adelante, hácia el sud-este, el horizonte se abre y extiende, sin que lo interrumpan mas que colinas verdes ó amarillentas, aisladas y distantes, siempre redondas y casi todas de formacion caliza ó de arenisca, cuya elevacion varia entre 80 y 200 metros al parecer. Por todas partes se ven hermosas quintas de sencilla y pintoresca arquitectura, rodeadas de sauces y pinos persistentes, ó de álamos empinados y flexibles; donde quiera praderas simétricamente deslindadas, y entables pequeños de cultivos diversos (viñas, trigos ó legumbres) que revelan por su esmerada condicion y sus multiplicados lindes esa maravillosa division de la propiedad territorial tan benéfica para Francia, debida á la gran revolucion que desamortizó los bienes inactivos ó estancados y fundó la igualdad hereditaria.

El tren corta la comarca ondulosa de Fontainebleau, y no permite distinguir ni la ciudad cercana ni el palacio famoso, teatro de los amores y las fiestas voluptuosas de la corte de Luis XIV, como de la abdicacion ó caida primera del orgulloso Napoleon. Apénas, al pasar por entre bosques de encinas y abetos, se ve á un lado la famosa floresta que constituye la especialidad de Fontainebleau, rica en preciosas y aromáticas maderas de ebanistería y construccion, y de una suntuosa hermosura, verde y brillante en la primavera y el estío,--variada y melancólica en el otoño.

Al dejar atras la vastísima floresta se descubren las altas colinas de Montereau, campo de la heróica batalla ganada inútilmente por uno de los mariscales de Napoleon en vísperas de la abdicación de Fontainebleau. Al pié demora la ciudad de Montereau, poblacion algo considerable y de bellísima situacion en la confluencia del _Yonne_ con el Sena, ya engrosado algo por la union de las aguas del _Aube_. El juego de las colinas con la llanura, los dos rios y la ciudad le dan al paisaje un encantador aspecto de frescura y alegría. Montereau es un punto de escala importante en el comercio interior, tiene algunas manufacturas apreciables y es sobre todo un centro agrícola notable; pero la ciudad carece de interes por su estructura, pues las cuatro ó cinco torres que se destacan sobre el fondo pálido de las colinas son de una arquitectura vulgar.

El ferrocarril sigue costeando la orilla izquierda del Yona (Yonne), rio apacible, lento y silencioso, de bajas márgenes y claras ondas como todos los rios de Francia, que corren por llanuras casi totalmente niveladas. En Joigny, pequeña y pintoresca villa, y punto de escala en la navegacion, se verifica la confluencia del riachuelo _Armanzon_, con el Yona, que corre paralelo á un canal, como elementos uno y otro de vasta irrigación y de comunicaciones algo lentas pero seguras y baratas. Entre Montereau y Joigny el viajero tiene una bien agradable sorpresa pasando por delante de la ciudad de _Sens_, que demora á la márgen izquierda del Yona, teniendo á su espalda un bello grupo de colinas. Sens, ciudad de mas de 25,000 habitantes, muy comerciante, agrícola y manufacturera, ostenta en su plaza principal un bellísimo templo en cuya fachada de un gusto delicioso se reposa con placer la mirada, puesto que puede hallar un contraste del arte grandioso con la prosáica agricultura. El monumento, á juzgar de léjos por la magnífica fachada y la torre, pertenece al género gótico de la segunda parte de la edad media, en que el arco pleno y la grande ogiva hacen juego con los grupos de columnas acanaladas y los relieves pacientemente caprichosos.

El curioso observa cómo el sentimiento de lo pintoresco, el instinto comercial y la previsión higiénica han determinado la formacion uniforme de todas las poblaciones del trayecto. Rarísima es la villa ó ciudad, grande ó pequeña, que no reposa sobre la margen de un rio, al pié ó en la falda de una ó mas colinas que la defienden de los vientos helados y violentos del este. Esta homogeneidad de situacion les hace tener mucha semejanza en su aspecto general á las poblaciones que demoran entre Paris y Lyon.

Por otra parte, la industria y la naturaleza del suelo guardan tambien una completa homogeneidad en toda esa vasta llanura cubierta de viñedos, que se llama la Borgoña, y que, teniendo por centro á Dijon, se extiende desde Joigny hasta cerca de Lyon. A veces se descubren á lo léjos grupos de altas chimeneas que revelan un pequeño centro de fabricacion; ya se costea un canal ó un rio donde se arrastran lentamente las barcas que alimentan el comercio de artículos de consumo inmediato; ya las colinas desaparecen del todo, el suelo pierde hasta el mas ligero accidente que lo haga pintoresco, y la inmensa llanura, al parecer desolada, se pierde en un horizonte sin límites donde la vista vaga buscando inútilmente algun objeto en qué reposarse.

A veces tambien ese horizonte se estrecha un poco, de un lado á otro, según el agrupamiento de las colinas, y se ven en sus suaves faldas (protegidas contra los huracanes que suelen llegar desde las montañas del Jura ó de los Vosgas) graciosas poblaciones cimentadas en anfiteatro, en cuyo fondo se destaca algun viejo castillo de la feudalidad, y que ofrecen un conjunto lleno de gracia y capricho; salpicadas de grupos de pinos y otros árboles, y coronadas de cintas de pequeñas florestas cuya sombra parda hace contraste con el azul pálido y las blancas nubes de un magnífico cielo. La Borgoña es en realidad un inmenso viñedo, pues si sus redondas colinas interrumpen de trecho en trecho la llanura, donde quiera se ven las mismas hileras de cepas que la primavera cubrirá de verdura y el verano de generoso licor.

Con frecuencia se destacan al volver un recodo pequeños caseríos miserables, compuestos de chozas negras, deprimidas y desmanteladas, que revelan muy poco bienestar y demasiada incuria. La mayor parte de esas casuchas raquíticas son de adobes ó piedras brutas mal unidas, cubiertas de paja ó de tejas destrozadas, que las lluvias y el viento han agujereado por todas partes.

El campesino de esa comarca tiene una fisonomía poco inteligente y viva, y su pobre vestido de tela azul de algodon, indica que la falta de abrigo aflige en los inviernos á la poblacion rural. El asno, de muy miserable dimension, reemplaza allí al caballo (animal _urbano_ por excelencia en Francia, que, sea dicho de paso, es tratado allí á palos, como casi todos los _ciudadanos_ de vida y obediencia pasiva). Y no solo se hace del humilde y resignado burro un agente de labor agrícola, sino que se le honra con el tiro de las tartanas y ligeras carretas rústicas, ó cabalgándole con descuidada confianza.

Tonnerre es una ciudad bastante considerable (aunque de quinto órden en Francia) por algunas manufacturas, por su gran comercio de vinos y por ser un centro de produccion de ese articulo. Está situada á la margen izquierda del Armanzon, riachuelo de donde parte el canal de Borgoña que liga al Saona con el Sena, permitiendo así el maravilloso paso de una barca al través de toda la Francia, desde la boca del Sena en el canal de la Mancha hasta la del Ródano en el Mediterráneo.

Tonnerre carece de todo interes en materia de monumentos, y despues de perderla de vista, el terreno toma proporciones que lo hacen parecer triste y desolado.

Al pasar por el trayecto de Montbard á Vitteaux el ferrocarril lleva su curso por en medio de ásperas colinas agrupadas como enormes peñascos, algunas perforadas por _túneles_ mas ó menos profundos, cavados en rocas graníticas, de cuarzo esquistoso ó de cristalizaciones siliceosas sumamente duras, sin ninguna estratificación visible, y aglomeradas en masas perpendiculares. No hay en todo el trayecto hasta Dijon ningunas otras colinas de esa formacion, aunque á lo léjos se divisan algunas altas rocas de granito azuloso, que brillan á la luz del sol como lápidas monumentales.

Dijon es una grande y bella, ciudad de cerca de 60,000 habitantes que merece sumo interes tanto como capital histórica, asiento que fué de los antiguos y poderosos duques de Borgoña, como por sus monumentos de arquitectura superior, sus institutos literarios, científicos y de beneficencia, y su movimiento fabril, agrícola y comercial. La ciudad reposa en una llanura abierta por tres lados, teniendo del uno el _Ouche_, pequeñísimo rio, y del otro un grupo de bellas colinas. Ademas de su vastísimo comercio de vinos, muy baratos (puesto que son los de mayor consumo popular), y algunos bien estimables, tiene varias manufacturas dignas de aprecio. Sus fábricas son muy numerosas, y con especialidad es afamada por las de sombreros de lana y felpas que representan fuertes valores.

Desde la estacion del ferrocarril se alcanzan á ver las flechas y empinadas torres de muchos monumentos importantes. Los mas bellos son (en cuanto puede juzgarse desde léjos por la estructura de las torres y fachadas): 1º la magnifica iglesia de _Notre Dame_, que data de los siglos XIII y XIV, y ostenta con exquisita pureza toda la majestad y las maravillas del arte cristiano; es una obra maestra y sus atrevidas columnatas superiores son de suma belleza, reposando sobre un pórtico suntuoso de tres grandes ogivas cuajadas de grupos y relieves góticos: 2º la iglesia de _San Miguel_, que fué construida en los siglos XV y XVI, y manifiesta en su arquitectura mixta ó de transicion (muy hermosa pero sin la severidad de la edad media) el paso que hacia el arte del romanticismo gótico a la elegancia afeminada del Renacimiento: 3º la catedral de _San Benigno_, tambien de transicion, pero mucho mas antigua, pues corresponde á la época en que la arquitectura pasaba de la sencilla majestad del arte romano á la paciente excentricidad y las angulosidades y relieves del arte gótico, cuyas obras son verdaderas leyendas religiosas escritas en piedra por los pueblos artístas.

Dijon es el vértice del ángulo formado por el ferrocarril de Paris á Lyon, pues la linea, despues de haber seguido la direccion sud-este, tuerce al sur para costear primero el Saona y luego el Ródano, á lo largo de valles pintorescos. Pasa el tren por delante de poblaciones importantes como Beaune, Chalons, Mâcon y Villefranche, centros de produccion agrícola todas. Los vinos de Beaune y de Mâcon son muy estimados, el primero por su mérito, y el segundo por la gran cuantía de produccion variada, que lo adapta á un extenso consumo entre todas las clases sociales.