# Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie

## Part 14

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La célebre _máquina infernal_, ideada para aniquilar á Napoleon (ese gran político incorregible); el hacha que decapitó á _María Stuardo_; la que ejecutó á _Cárlos I_; la guillotina que degolló á _Luis XVI_, como á los Girondinos, á los Jacobinos y á Carlota Corday, y todos los instrumentos empleados para perpetrar los mas célebres asesinatos, se encuentran allí perfectamente imitados. La coleccion de cabezas dé los mas famosos bandidos ó criminales es tan variada como perfecta, por la exactitud de imitacion, que revela el gesto, la mirada, el pensamiento, los instintos y los sentimientos de cada individuo;--reproduciendo con absoluta fidelidad todas las protuberancias, los perfiles y las especialidades de cada cabeza y cada faz humana que ha figurado en los fastos del crimen. Por último, en una extremidad de la sala, oscura y medrosa como las escenas sangrientas, está el cadalso revolucionario (levantado por un pueblo febricitante y acosado por mil enemigos implacables) sobre cuyas tablas yacia el tronco de Luis XVI, cerca del noble sacerdote que le acompañó en la hora solemne; mientras que el verdugo (representante de la tiranía) se ostentaba, como una irrision de su destino contraproducente, mostrando á la multitud delirante la cabeza ensangrentada del rey condenado á expiar sus crueles debilidades y los crímenes y vicios de sus predecesores en la obra secular de la opresion....

¿Qué es lo que se aprende en esa galería de la muerte y la iniquidad? ¡Oh! se aprende mucho!... Desde luego, al evocar los recuerdos históricos, se comprende toda la inutilidad de la _fuerza_, del derramamiento de _sangre_, como medio político, social ó personal. El mismo instrumento de muerte sirve para el monarca ó el tirano que lo inventó, como para el súbdito oprimido; para el mártir generoso, como para el malvado. La cuchilla, el hacha ó el _garrote_, establecen entre los mas opuestos extremos la atroz igualdad de la violencia cobarde y sanguinaria.... El instrumento creado por el republicano _Guillotin_ (como un _bien relativo_) devoró á los republicanos mismos.... La matanza, bajo cualquiera forma, tiene su lógica terrible en la expiacion. El hacha destruye una ó muchas cabezas; jamas una idea, un principio ó un interés social. Así como el individuo se prepara un castigo en el momento de perpetrar un crimen,--los gobiernos y los pueblos labran sus futuras expiaciones con la misma hacha de que se sirven para _asesinar en nombre de la ley_....

¿De qué sirven la violencia y la venganza, si no destruyen el mal cuando pesan sobre tal ó cual _cabeza?_ De nada. El hacha británica que degolló á _María Stuardo_ y _Cárlos I_, no destruyó ni el fanatismo católico representado por la una, ni el espíritu de opresion encarnado en el otro. Ahí está la historia probando la inutilidad de esas violencias _regias ó populares_. La cuchilla que decapitó á la _legitimidad _ en la persona de Luis XVI, no decapitó la _tiranía_ en Francia, puesto que, bajo diversos nombres y formas y á la sombra de otros gobiernos, algun poder opresor, con ó sin el auxilio de la legitimidad anticuada, ha pesado sobre el pueblo frances.

El estudio frenológico á que se presta la _Cámara de los horrores_ es muy interesante como auxiliar de la fecunda ciencia de la legislacion penal. Al ver todas esas fisonomías repugnantes, no puede uno menos que sentir la conmocion nerviosa que acompaña al miedo y al espanto. ¡Qué coleccion de cráneos! Yo iba observándolos, y los clasificaba (sin conocer sus biografías, ni sus nombres siquiera) como asesinos, ladrones, lujuriosos atroces, traidores, etc.; y luego, al ver el catálogo de noticias biográficas, encontraba la confirmacion de mis suposiciones instintivas. La forma de la cara, la estructura de la frente, el ojo, la nariz, la boca, las grandes líneas, los angulas huesosos, las protuberancias, el color mismo de la piel y aún la naturaleza del pelo, contienen mil revelaciones del carácter del hombre. La nulidad ó depresión de los órganos centrales que corresponden á los _sentimientos_; la exageracion asombrosa de los que revelan los _instintos_, en la parte posterior del cráneo; y las extrañas formas y sombríos perfiles de la faz y la frente, signos de la manera como obra la inteligencia en el bandido,--todo eso impresiona hondamente al observador de aquella horrible galería.

Me preguntaba si la ciencia de la frenología no es la ciencia de la desesperacion, de la fatalidad, puesto que ella comprueba la infalible relacion de cada órgano con un poder de inteligencia, un instinto y un sentimiento. «Pero no,--me decia al reflexionar un poco: esa noble ciencia de la mecánica del cerebro, al revelar las _leyes permanentes_ que rigen al hombre, no le condena á aceptar un fatalismo cruel. Al contrario, ella enseña el juego, la íntima relacion, el equilibrio y las compensaciones de los órganos, y demuestra que la _educacion_, modificando, deprimiendo ó acrecentando su desarrollo, puede infaliblemente corregir los defectos naturales de ese misterio de la organización, que tiene tan infinitas combinaciones.»

Y una vez que esta doctrina adquiere la fuerza de la experimentacion, naturalmente se pregunta uno: ¿por qué han creido los gobiernos que el _rigor_, la penalidad _terrible_ es el remedio seguro para corregir el crimen? ¡Lamentable error, fruto de la barbarie de las sociedades! Si el hombre es educable y perfectible, ¿por qué descuartizarle, en vez de mejorar su condicion, purificarle, y destruir el mayor número posible de los alicientes que estimulan al crimen? Bendigo la fisiología y la frenología,--nobles y audaces ciencias que, revelando los misterios de la estructura del ser humano, están preparando al mundo para vivir en la era de la justicia, la prevision filosófica y la piedad,--renunciando á esas escenas de sangre, de terror y venganza, que constituyen la historia del hombre en su tránsito laborioso de la barbarie á la civilizacion!

* * * * *

A diez y siete millas de Lóndres, cerca del pueblo de Sydenham, se encuentra el nuevo _Palacio de cristal_, en el centro de una área de 300 acres, y dominando sobre una colina todo el pintoresco paisaje que se extiende hácia el Támesis, ya en la direccion de Lóndres, ya en la de Greenwich, así como en opuestos sentidos. Un ferrocarril especial ha sido destinado al servicio, y el tránsito desde la estacion de _London-Brídge_ hasta el palacio mismo se hace con suma comodidad en poco menos de media hora.

El panorama que se extiende á la salida de Lóndres, hácia el sud-este, es por lo ménos tan interesante como el del sud-oeste, por la via de Southampton. Por todas partes, durante los primeros minutos, aparece Lóndres como una inmensa fábrica-factoría, bajo el tren en que el viajero ve pasar los objetos con la rapidez del rayo. Las líneas de ferrocarriles se cruzan, enlazan y complican en todas direcciones; los trenes se multiplican, conduciendo viajeros á millares y en incesante movimiento; los cambios de perspectiva son infinitos, ofreciendo los mas variados cuadros.

Se siente una especie de vértigo al ver aparecer repentinamente y esconderse al instante entre nubes de niebla y humo, ó detras de algunas colinas cubiertas de quíntas, pequeñas villas en una serie que parece interminable. En breve Lóndres y sus arrabales y pueblos circunvecinos se pierden de vista en la base, miéntras que sus altas torres y elevadísimas chimeneas humeantes se muestran como suspendidas en el aire sobre un vasto cimiento de niebla. Las innumerables fábricas han quedado atrás, y al movimiento de las gentes y la monotonía melancólica y prosáica de los edificios urbanos suceden el capricho, la variedad, la alegría risueña y la frescura de todo lo que constituye la campiña en Inglaterra, hermosa aún ántes de que el verdor de la primavera haya hecho olvidar todas las tristezas del invierno. Ya se ve como una fantasmagoría la mole romántica de un castillo aristocrático; ya la alegre fachada de una quinta primorosa encuadrada entre jardines, pequeños bosques é invernáculos; ora el campo cultivado con admirable esmero, surcado por canales de irrigacion mas ó ménos considerables ó de pequeña navegacion; ora el prado en que saltan y relinchan los bellos potros ingleses, ó balan en tropel las blanquísimas y corpulentas ovejas; tan presto un _tunnel_ elegante en sus formas y cuyas tinieblas hacen extraño contraste con la escena anterior; y luego, al salir de la caverna artificíal, un vasto parque poblado de pinos y otros árboles de vegetacion permanente, cuyos negros follajes sacudidos por la brisa los hacen parecer de léjos fantasmas que bailan entrelazados sobre vastos salones tapizados de nieve y bajo una inmensa cúpula de niebla.

Al ver en perspectiva el Palacio de cristal, se le tomaría por un palacio chinesco ó un templo de hadas en medio de escombros antediluvianos y mil primores de la Flora moderna, como un punto de alianza entre el mundo primitivo y el contemporáneo. Lagos artificiales; planos inclinados cubiertos de verde musgo y finísima grama; colinas pobladas de bosquecillos caprichosos; miradores y pabellones de cristal de mil colores, alzándose entre limpios jardines; altos plumajes dé agua arrojados por cien bocas de bronce, de los estanques circulares, en juego encantador; y allá en los lagos, ó al pié de las colinas, enormes _iguanadones_ y otros animales antediluvianos, audazmente imitados en metal ó piedra;--he ahí el vasto y caprichoso conjunto que sirve como de cuadro de relieves al enorme y luminoso palacio que se destaca en la cima de la gran colina, como una mansion encantada, aérea, trasparente y multicolora, construida durante la noche por una legion de hadas, al rayo de la luna, y repleta de perfumes y tesoros, para brillar luego á la luz del sol, cuando la niebla se disipa, con todo el esplendor de una suntuosa maravilla.

No ensayaré hacer una descripcion, ni rápida siquiera, de ese admirable monumento de la grandeza británica y del progreso cosmopolita de la civilizacion moderna. Para adquirir una idea completa del _Palacio de Cristal_, es preciso estudiarlo muy atenta y minuciosamente por lo ménos durante dos semanas sin cesar. Y como mi propósito es solo el de manifestar mis _impresiones_, toda reflexion crítica sería un plagio ó una pedantesca mentira, no habiendo pasado sino unas seis horas en _mirar_ apenas lo mas interesante y bello del maravilloso monumento. Mas tarde, á virtud de una residencia detenida en Inglaterra, podré describrir pasablemente lo que ahora solo me es dado mencionar.

El exterior del palacio tiene un conjunto de grandeza, originalidad, capricho artístico y noble majestad al mismo tiempo, que fascina, haciendo pensar en la civilizacion asiática. Podría pensarse que el palacio, por sus formas, sus pormenores, sus colores, su arquitectura singular y las inmensas graderías que les sirven de base á sus fachadas complejas, representa la alianza del Oriente, voluptuoso y colosal, con el Occidente, refinado y artístico; ó bien, que está destinado á revelar en su exterior el cosmopolitismo de luz, artes, industria y riqueza, de historia y magnificencias, contenido en la prodigiosa combinación de objetos del interior.

El solo _palacio_ de cristal, asentado sobre una bella colina, ocupa, sin contar sus graderías exteriores, que son inmensas y de un efecto majestuoso, una área por lo ménos de 80,000 metros cuadrados. El edificio, aunque unido, presenta el aspecto exterior de tres palacios, por sus fachadas colosales. Todo reposa sobre columnas gigantescas de hierro, y la cubierta en todos sentidos es de cristales unidos por una inmensa armazón de metal. Aunque las torres, las cúpulas y los minaretes tienen grande elevacion, la de la masa del monumento, sobre su piso bajo, es poco mas ó ménos de 40 metros.

Se compone el edificio de tres pisos de tablas, inclusive el de nivel del suelo, donde se encuentra, una considerable multitud de máquinas y muestras de todo género, que fueron presentadas en la Exposicion de Lóndres de 1851, y que la Compañía empresaria del palacio compró para establecer en su recinto un verdadero museo industrial, artístico y científico. El exámen de los objetos aglomerados en los vastísimos salones del piso bajo exigiría un estudio detenido, durante algunas semanas. Bajo la direccion de un hombre inteligente, el visitante puede adquirir un gran caudal de variadísimos conocimientos, con solo hacerse explicar la procedencia de cada máquina ó aparato, su objeto, la clave de su construccion y su manera de funcionar.

Al subir la grande escalera que conduce al primer piso, la impresion que se experimenta tiene al mismo tiempo mucho de profundo y vago: profundo, porque uno se siente embelesado, lleno de una especie de asombro delicioso, de admiracion infinita hácia tantas maravillas; y vago, porque no se sabe qué admirar mas, si los tesoros inagotables de la naturaleza, ó los prodigios realizados por el hombre, como sabio, ingeniero, artista, viajero, arqueólogo, historiador, etc. Hay allí un cuadro tan complicado y vasto, tan encantador y sorprendente que el visitante no sabe por dónde comenzar ni á qué objetos dar la preferencia.

Repito que no pretendo _describir_, porque no alcancé ni á medio-_mirar_ la mitad siquiera de los tesoros de arte y curiosidades que en el _Palacio de cristal_ se encuentran. Si el palacio solo es una maravilla de arquitectura, de mecánica y de _originalidad_ ecléctica, cada uno de los objetos del interior es maravilloso en su género tambien. La atmósfera que allí se respira está cargada de perfumes, porque el interior del palacio es como un inmenso jardin aéreo, donde alternan en admirable contraste los arbustos, las flores, las palmas, las lianas, los helechos, los árboles frutales y cuanto hay de mas bello ú curioso en la flora del mundo. El Asia, la América, todas las regiones del globo, tienen allí sus mas primorosos representantes en el arte, la vegetacion, etc., y cada visitante puede estar seguro de encontrar un rincon de su patria, con la misma temperatura, las mismas aguas y cuanto puede producirle una ilusion completa.

Al subir al primer piso nomas se tropieza con un contraste que impresiona mucho: se ve á un lado el estupendo esqueleto de un árbol de la América del Norte,--y al otro una galería de estatuas y bustos de mármol, y cabezas aisladas que son las imágenes de los mas eminentes pensadores y artistas contemporáneos, principalmente franceses. El árbol a que aludo, cuya sola corteza está armada verticalmente, con todas las proporciones que tenia el tronco en su selva del Nuevo Mundo, es el representante de esa fuerza exuberante, salvaje y asombrosa que distingue á la naturaleza americana. El tronco tiene todo el aspecto de una torre sin molduras, y es tan enorme que de él solo saldría el casco entero de un bergantin. Mas de doscientas personas caben en la concavidad del tronco, desde su base hasta la cima. Así es la América en todas sus producciones.

La galería de estatuas, bustos y cabezas es encantadora. Tal parece como si la Europa inteligente, la Francia sobre todo, palpitase allí en esas fisonomías de yeso, que despiden con sus reflejos de la luz que les viene de la techumbre trasparente, no sé qué del rayo luminoso y del calor que agita los cerebros inspirados de Lamartine y Víctor Hugo, de Guizot y Luis Blanc, de Quinet y Michelet, de Jorge Sand y Alejandro Cumas, y de tantos otros pensadores ó escritores eminentes. Muchos de aquellos bustos son evocaciones históricas, porque son las imágenes de Voltaire y Rousseau, de Mirebeau y Danton, de Vergniaud y Chénier, de Chateaubriand, Byron, Walter Scott, Lamennais, Eugenio Sue, Balzac y muchos otros genios que pertenecen á la historia de la política, la filosofía ó la literatura.

Por lo que hace á salones artísticos, el Palacio de cristal contiene admirables cosas. No solo conserva una inmensa porcion de curiosidades que lo hacen rivalizar con los mejores museos de Europa, en lo relativo á antigüedades y artes plásticas, sino que tiene en los muros y artesonados de sus salones, como en los pavimentos, la imitación prodigiosamente fiel de los mas preciosos modelos del arte egipcio, griego, índigo, romano, morisco, gótico y del Renacimiento, que se han conocido hasta ahora.

La perfeccion imitativa es tal que la ilusion es completa. Ya recorre el visitante un salon egipcio que le hace evocar las sombras de los Tolomeos ó de Cleopatra, con sus relieves toscos, sus momias mitológicas, sus extrañas combinaciones de colores, su arte brutal y misterioso al mismo tiempo, pero expresivo, y sus interminables jeroglíficos. Ya penetra en una sala griega, sensual, poblada de recuerdos heróicos, revelando el arte por excelencia, que toma todas sus inspiraciones de la naturaleza, pero que, á fuerza de ser imitativo y plástico, carecia de ese espiritualismo, celeste ó sombrío, poético siempre, que nació con la idea cristiana. Ora, saliendo de los templos artísticos ó salones griegos y romanos, opulentos de tradiciones é historia, se recorren vastas cámaras que pertenecen al estilo gótico, profundamente inspirado, espontáneo, sombrío como una leyenda religiosa, caprichoso como los movimientos de la sociedad en recomposicion, fantástico, solemne en muchos de sus rasgos, revelador y caballeresco. Ora cruza el visitante esas salas-mosáicos, encantadoras, que pertenecen al afeminado pero poético estilo oriental ó morisco, con sus techumbres cuajadas de filigranas, sus mil colores pintorescos, sus caprichos de inspiración, su regularidad de ejecucion, su voluptuoso refinamiento de combinaciones. Aquí está la «sala de los Abencerrajes;» allí la de «las Sultanas»; aún lado.«el patio de los Leones»; al otro «el retrete de Boabdil»; en fin, todos los primores de la Alhambra y los recuerdos de Granada y de la gentil dominacion morisca.

Por último, llaman la atencion dos preciosos salones que imitan la arquitectura interior del _Renacimiento_,--regular, simétrica, demasiado imitativa, delicada y culta pero sin espontaneidad;--llena de perfiles, de relieves mitológicos, pero exenta de atrevimiento, de verdadera inspiracion, de vida. El tránsito de uno á otro de esos salones primorosamente esculpidos y pintados, de tan magistral imitacion, es inolvidable: la impresion que deja es profunda,--porque es una mezcla de admiracion y tristeza respecto de lo pasado; de santa y silenciosa veneracion tributada al genio de la humanidad misma, y de esperanza suprema en el progreso y el bien del porvenir, que se funda en la idea de la indefinida renovación de las fuerzas vitales de la especie humana.

Allí, en esa serie de galerías admirables (que reproducen el arte cosmopolita, desde la India y la China hasta la Bretaña, y desde el Egipto hasta la patria de los Aztecas ó los Incas)--el visitante cree asistir á una justa literaria mantenida por todos los estilos ideados por el genio de los pueblos; ve pasar en tropel todos los siglos con su cortejo de creaciones propias y mitologías; y quisiera descifrar en los relieves y las inscripciones, en los mosaicos y arabescos, en los inescrutables jeroglíficos y las trasformaciones plásticas, el misterio de la civilización que, conducida por el tiempo, va propagándose ó reproduciéndose como el movimiento del Océano, de onda en onda y de reflejo en reflejo, sin acabar nunca, porque entraña la idea de lo infinito, de lo divino y supremo, de Dios invisible y Creador!

Si muchos de los salones están en el palacio consagrados al culto del arte y de la historia, hay otros, espaciosos como jardines, verdaderos bosques en miniatura, que reproducen los caprichos de esa suntuosa y perfumada arquitectura de la naturaleza, que se llama vegetación. ¡Qué de primores aglomerados allí! Tan presto se cruza un jardín europeo, literalmente cuajado de tesoros de jardinería refinada, donde la rosa y la camelia alternan con mil otras flores educadas con el arte mas minucioso y delicado; como se pasa por en medio de un vasto huerto colombiano, bajo las anchas hojas del plátano, de la caña de azúcar y de las palmas de _chontas, hacumas_ y cocoteros, y rosándose con las cepas de pinas olorosas, las lianas flexibles y aéreas, las parásitas mas bellas, los helechos arborescentes mas elegantes, y muchas plantas de hermosura en extremo caprichosa, que crecen á una temperatura artificial propia y al derredor de anchos estanques de lecho musgoso, donde se agitan los peces de la zona tórrida entre las yerbas acuáticas entretejidas caprichosamente.

Pero hay sobre todo un salón vastísimo, imitando la naturaleza de la India, que produce la mas viva ilusión. Arroyos, fuentes, pequeñas cascadas, peñascos sombríos y musgosos, todo está preparado allí con cuidadosa imitacion, poblado el escenario de las plantas especiales y mas interesantes.

En el fondo reposan la enorme serpiente enroscada al pié del peñasco, en medio de la hojarasca; el terrible león dormido á la entrada de su gruta sombría; la pantera lamiendo tranquilamente á sus cachorros, con la voluptuosidad del calor de aquel clima de fuego, a la sombra del árbol indostánico.

Y a un lado, al través de un bosquecillo de pequeñas palmas, se deslizan cautelosamente seis ú ocho indios armados de sus lanzas, sus cuerdas y sus mazas y dardos, en persecución de un tigre negro, cuyos ojos chispean y en cuyas garras y contracciones musculares se ven las crispaturas del miedo y de la rabia feroz que dominan á ese gran bandido del desierto, cuando se ve atacado y se dispone á destrozar para defenderse.

Los grupos son muy naturales, y tanto que por momentos siente uno el terror de la realidad, creyendo oir entre el tupido bosque el grito salvaje del indio cazador ó el rugido de la fiera acosada. Las actitudes de los indios, su casi completa desnudez, sus miradas astutas, sus rostros mates y cobrizos, sus armas primitivas, todo en fin revela ó finge en esas estatuas de cera, la vida, la pasión, la energía de su modo de ser y de su peligrosa situación del momento.

La India está allí, con su grandeza que asombra, con sus cosas terribles, sus estranguladores, sus mitologías que espantan, sus miserias sociales, su exuberancia física que abruma al espectador nacido en Occidente....

Para hacer mas vivo el contraste, la música de un gran concierto resonó de repente bajo la inmensa bóveda de cristal. Era sábado, dia en que los visitantes pertenecen á la buena sociedad, porque se da en el palacio un gran concierto y la entrada cuesta el doble de los demás dias de la semana. La concurrencia era muy numerosa, y el vastísimo salón de los conciertos particulares estaba colmado. Salí de la India para pasar á Europa, trocando las escenas salvajes por las arias y overturas de la civilización refinada; y á fe que no gané gran cosa con el cambio.

