Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie
Part 11
Casi tocando con el antiguo puente de _Westminster_ se ostenta el famoso edificio moderno que sirve de recinto al Parlamento británico, y detras se destacan las dos enormes torres de la Abadía de Westminster, el panteon consagrado a los glorias nacionales y el mas grandioso y bello monumento de la Gran Bretaña, tanto por su arquitectura como por su riqueza interior y su importancia histórica.
El Palacio del Parlamento, que es muy nuevo y ha reemplazado al que se incendió en 1834, tiene una grandeza de formas que corresponde á la de la influencia que ejercen sobre la política del mundo la elocuencia y las leyes de los 900 representantes de la corona, la nobleza y el pueblo de la Gran Bretaña que se reúnen allí.--La fachada es monumental, inmensa y de proporciones góticas, que constituyen una de esas estupendas pero desgraciadas imitaciones que la extravagante ó ecléctica arquitectura moderna hace de las románticas é incomparables creaciones del arte popular de la edad media. Aquella es una obra que asombra por su magnificencia, pero que carece de la misteriosa majestad de la poesía artística.
El interior vale mucho mas que el exterior, pues el Palacio que sirve de Areópago á la nacion inglesa, no solo es inmenso y complicado, sino que tiene notables riquezas de valor artístico y lujo de decoraciones. Ese palacio es digno del pueblo inglés, aunque en mi opinion sus legisladores debian haber sido mas modestos en tanto que hubiese en el seno del país miserias que curar y prevenir. El lujo de las naciones es tan culpable como el de los individuos, cuando contrasta con algun testimonio de ignorancia ó miseria.
En el límite del opulento barrio del Strand está situado, sobre el muelle contiguo al magnífico puente de Waterloo, el famoso palacio de Somerset, cuya construccion fué emprendida por el fastuoso cuanto desgraciado duque del mismo nombre, ministro de Eduardo VI, que despues de haber gobernado altivamente á Inglaterra fué depuesto en 1549 y decapitado en 1552. El palacio, que tiene tambien por su actual aplicacion el nombre de «Colegio del Rey», tiene una extensa y hermosa fachada de arquitectura complicada y mixta, y se destaca de entre las aguas del Támesis con el doble aspecto de un palacio real suntuosísimo y una fortaleza desarmada y elegante.
Casi inmediatamente despues del _London Bridge_, domina el rio con sus altos muros de sencilla arquitectura el enorme edificio de la Aduana (_Custom-House_), que es el _palacio real_ del algodon, los frutos de la India y todo lo que producen las cinco partes del mundo. Este edificio no es en manera alguna un monumento, pues su arquitectura no ha consultado el _arte_, sino la solidez, la comodidad y el orden, como conviene á un establecimiento de esa clase. Pero su interior es en extremo interesante, por el órden admirable que reina en la distribucion de las localidades, según su aplicacion á todas las necesidades de una aduana.
En seguida de _Custom-House_, se alcanzan á ver, empinadas por encima de sucios edificios y almacenes de desordenada construccion, las complicadas torres, almenas y pequeñas fortalezas que constituyen aglomeradas lo que se llama la _Torre de Lóndres_, que es uno de los monumentos mas históricos de Inglaterra. De todo el conjunto de antiguos edificios que lleva ese nombre comun y absurdo, el mas notable es el que tiene la especial denominacion de la _Torre-Blanca_ (_the White-Tower_) Este solo compartimiento tiene una circunferencia de 3,156 piés. El monumento entero fue fundado en 1066 por Guillermo el Conquistador para la defensa de Lóndres, compuesto de una gran torre central y trece pequeñas que la rodeaban, de las cuales algunas no existen.
La Torre de Lóndres ha sido el teatro de los mas terribles dramas políticos, mucho peores aún que los de la _Bastilla_ de París. Es en esa gran tumba de piedra donde han terminado su carrera de prosperidades, de glorias ó de crímenes muchos príncipes, gobernantes y poderosos. Alcázar sombrío de la historia de un gran pueblo, esa torro es un recuerdo permanente que después de ocho siglos de peripecias sangrientas hace comprender, con la pasmosa elocuencia del granito histórico y ennegrecido por el tiempo, cuan horrible es á veces la justicia de los reyes, y cuan vanas son siempre las promesas de la ambicion y la fortuna.
Hoy la Torre de Londres no es una fortaleza, sino apenas un museo de guerra,--es decir, el museo de la muerte;--ó sea una lápida de la tumba de ocho siglos de violencias, de crímenes y de gloriosas revoluciones tambien. Una dé las torres se llama la _sangrienta_: fué en su recinto donde tuvo lugar el horrible asesinato de los hijos de Eduardo IV, en 1488. En otra de esas torres, la llamada de _Wakefield_, fue asesinado otro rey--Enrique VI. Nada ha sido mas común en la historia de Inglaterra que las ejecuciones de reyes y reinas, por obra de los de la misma familia. No sé por qué hacen los reyes tanto escándalo cuando ven que los pueblos, imitándolos, se hacen los ejecutores. El oficio de verdugo ha comenzado por ser aristocrático, y al fin, los pueblos lo han repudiado dejándolo á los dictadores, los reyes, los inquisidores y los togados, como cosa que les pertenece en propiedad.
Casi pensaba omitir en esta relación algunos pormenores relativos al primero de los monumentos que dominan el Támesis,--la Abadía de Westminster,--no obstante su importancia, porque me he propuesto no describir sino lo que haya _visto_. No tuve tiempo para recorrer todo el interior de aquella catedral de las glorias británicas, que es el reverso de la Torre de Lóndres. El aspecto exterior es de una magnificencia imponderable, consideradas la fachada y las torres, pues el cuerpo del edificio es muy sencillo. La iglesia data del principio del siglo XI, y es en ella donde tiene lugar la coronación de los monarcas de la Gran Bretaña.
Como he dicho ántes, Westminster es el _Panteon_ de las grandes figuras de Inglaterra, en la ciencia, la literatura, la oratoria, el gobierno, la guerra, la marina, la poesía, las bellas artes y todo lo que puede abrir el camino á la inmortalidad. Con todo, Westminster ha dado asilo a notabilidades de muy dudosa ortografía, muchas de las cuales han _pagado_ mas bien que _merecido_ el pasaporte para descansar en algunas de las gloriosas tumbas de la venerable catedral de los muertos y de los reyes, poblada de estatuas, bustos y obras soberbias de escultura.
Una de las mas notables de esas obras es la gran tumba de Eduardo IV, cuajada de esculturas magníficas, y que tiene una forma singular por las torres circulares que la encuadran. Son muy interesantes tambien las tumbas de Eduardo el confesor, rey anglo-sajon,--de Enrique III y Enrique V,--de la desgraciada cuanto terca María Stuart, y de Isabel, su sobrina, su rival y verdugo,--de Jacobo I de Inglaterra,--Cárlos II, hijo de un monarca decapitado por sentencia de su pueblo,--y de Jorje II, que engrandeció á su patria con el apoyo de los talentos de Walpole y el primer Pitt.
El cuerpo principal ostenta en sus naves laterales los monumentos consagrados á los hombres de genio. Allí, en el lado del norte están las tumbas de Pitt, Burke, Sheridan, Fox, Canning (ese gran protector de la independencia de las Repúblicas Colombianas), de Robert Peel, el afortunado ejecutor de la gloriosa reforma comercial que ha hecho la fuerza y opulencia de la Gran Bretaña, y en fin, de todos los hombres de estado mas eminentes. En una de las capillas, cerca de las tumbas reales, están las de Buckingham (raza de favoritos y ministros, algunos mártires de su ambicion), y de Monk, ese Judas militar de la democracia británica.
En el lado meridional de la misma Iglesia están los sepulcros y bustos de los escritores, poetas y artistas, desde el admirable Shakspeare hasta los mas recientes. Son notables por su significacion los monumentos de los famosos actores dramáticos Garrick y Kemble, soberanos de la escena. ¡Cuán grato es encontrar bajo un mismo panteon, al lado de las tumbas de los _soberanos_ de la tierra y de los hombres de estado y generales victoriosos, las de los poetas y artistas, humildes hijos de la nada, pero levantados por su genio y por la conciencia de los pueblos a ser los monarcas de la luz, del sentimiento y de la gloria, y vivir eternamente en la memoria de la humanidad! El pueblo inglés, aunque preocupado por las tradiciones aristocráticas, sabe ser justo, y eleva á sus hijos inspirados al alcázar de los reyes, para probarle al mundo que al fin el pueblo es el verdadero rey, porque es en su seno que reside la potencia del genio.
Los _Docks_, lo repito, son la creacion característica de Lóndres, el monumento típico de la grandeza comercial de los Ingleses. Estudiar los museos, los palacios, las bibliotecas y los parques de Lóndres es detenerse ante las manifestaciones soberbias del lujo de la civilizacion, mas aristocrática en la Gran Bretaña que en ningun otro pais. Pero contemplar sus _Docks_, principalmente los de Lóndres y Liverpool, es asistir al movimiento de las arterias de ese pueblo mercantil y cosmopolita por excelencia. Allí se ve, por decirlo así, palpitar el corazon de Inglaterra,--revelarse toda la energía, toda la fuerza de su vitalidad,
Desde la vecindad ó el pié mismo de la Torre de Lóndres hasta muy abajo de la vuelta de Greenwioh, es decir, hasta el fin de la isla artificial llamada «Isla de los Perros,» las dos márgenes del Támesis están casi literalmente cubiertas de _Docks_, complicados en inmenso laberinto, y astilleros ó grandes canteras de construcciones navales, Primero se encuentran los de _Santa Catarina_ contiguos á la Torre de Lóndres; poco mas abajo siguen los llamados particularmente _London Docks_, de una magnificencia admirable; descendiendo algunas millas aun, en el vértice de la «Isla de los Perros,» se encuentran los enormes diques «de las Indias Orientales.» El resto de la isla se puede decir que es un solo dique dividido en innumerables compartimientos ó cavidades.
Ademas, en la vasta porcion de Lóndres que se extiende al frente de la City, del lado sur del Támesis, hay en la especie de península de Rotherhithe una multitud de grandes diques de no menor importancia que los de la banda setentrional. Es á esos depósitos universales á donde llegan las mercancías de todo el mundo en los navíos que remontan el Támesis, y á donde afluyen los productos de las fábricas y minas inglesas para ser embarcados á bordo de esos mismos navíos y enviados á todos los puertos marítimos del globo. Así, cerca de cada grupo de _Docks_, hay una grande estacion de ferrocarriles, y por lo mismo la comunicacion marítima y fluvial está íntimamente ligada á la terrestre, consultándose ante todo la economía y la rapidez de las operaciones comerciales.
No me fué posible examinar de cerca otros _Docks_ que los de _Santa-Catarina_ y _Lóndres_, ni tenia precision de visitar los demas, puesto que aquellos son los mas completos, aunque los de _las Indias Orientales_ son los mas considerables.
El _Dock_ tiene por base la márgen del Támesis, cuyas aguas lo alimentan constantemente y le facilitan la entrada y la salida de los buques en los momentos en que las mareas suben. El _Dock_ se compone de una inmensa alberca de mampostería, muy profunda y dividida mas ó ménos regularmente en compartimientos que se comunican ó incomunican, segun que se abren ó cierran, por medio de máquinas, las enormes compuertas de hierro y madera. Estas funcionan estableciendo entre dique y dique el nivel de las aguas interiores estancadas, con el de las exteriores del Támesis, y un ancho canal de mampostería, que mide la cala de los navíos, les da entrada ó salida con la mayor facilidad y en pocos minutos.
El laberinto de albercas ó diques penetra al corazon de la ciudad por en médio de vastos muelles planos y altísimos edificios, y de este modo se produce el extraño fenómeno de una ciudad flotante compuesta de navíos de todos tamaños metida literalmente en el seno de la ciudad de piedra y ladrillo que se llama Lóndres. Los buques entran allí con tres objetos, pagando un moderadísimo derecho: 1º descargar sus valores en los vastísimos almacenes de depósito; 2º carenarse y ponerse á cubierto de todo accidente que pueda sobrevenirles en la mitad del Támesis, evitando embarazar la navegacion; y 3º buscar en los mismos depósitos (_stocks_) la carga de retorno que necesitan.
De todo eso resulta que los _Docks_ están siempre colmados por centenares y aún millares de navíos de todo porte cuyo conjunto ofrece el espectáculo mas admirable. Una infinita red de cascos, arbolajes en interminable bosque, banderas de todas las naciones, etc., etc., se extiende por todo el laberinto de diques, cuyo aspecto es al mismo tiempo sombrío y pintoresco en alto grado. Al derredor, sobre los muelles, se destacan las alas de inmensos almacenes, provistos de sótanos ó subterráneos para los vinos y otros muchos artículos, y es allí donde se depositan todos los valores que el comercio de Lóndres hace girar por medio del Támesis.
¡Y qué movimiento el que reina en aquel escenario de la industria! Aquí, los grupos de marineros se destacan sobre los altos puentes ó las vergas de sus navíos, llamando la atencion por sus vestidos, dialectos y tipos diferentes, que corresponden á todas las regiones; y en medio de esos grupos circulan millares y millares de obreros, unos trabajando en la carga y descarga y la conduccion de los efectos, y otros ocupados en obras de carpintería ó en la carena de los buques. Allá se agitan los negociantes y corredores en mil especulaciones de simple crédito, ó de compra-venta, cuando no en el exámen de las mercancías; y todo es actividad, trabajo, movimiento incesante en aquella Babilonia de gentes, buques y mercancías.
El _Dock_ no es solo un establecimiento comercial y creado para el servicio de la navegacion: es tambien un elemento poderosísimo de crédito. Desde el instante en que la mercancía entra al _depósito_ en el _Dock_, queda avaluada por peritos, asegurada y bajo la responsabilidad de los empresarios del mismo _Dock_. El propietario de la mercancía recibe un documento (_warrant_) que acredita su propiedad, con expresion de la cantidad, calidad, valor, etc., y debe pagar un derecho de depósito. Con ese documento puede ir á cualquier banco, si no quiere ó no puede vender la mercancía, y obtener, obligándola en garantía, todos los fondos equivalentes que necesita para sus especulaciones; sin perjuicio de poderla enagenar luego á mejor precio, quedando la deuda á cargo del comprador. Es incalculable el bien que semejante institucion hace al comercio y la industria, multiplicando los capitales y las transacciones por medio del crédito.
Los _Docks_ «de las Indias Orientales» son enormes. Es allí donde se acumula esa famosa _escuadra pacífica_, si se me permite la expresion, compuesta de millares de navíos de grandes dimensiones, que alimentan el comercio entre Inglaterra y las regiones del Indostan y la China que han sido explotadas hasta ahora por la compañía de las Indias. Contemplando aún de léjos el bosque colosal de mástiles de aquellos buques nomas, puede tenerse una idea de la opulencia de esa compañía y de la magnitud de sus especulaciones.
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Al frente de los _Docks de Lóndres_ está el famoso puente subterráneo llamado el _Tunnel_, obra audaz y grandiosa de un ingeniero frances, Brunel, que fué construido con el objeto de establecer la comunicacion entre las dos márgenes del rio. Como los barrios fronterizos son muy activos, contando centenares de miles de obreros, y no era posible echar un puente sobre el Támesis sin impedir la navegacion á los grandes buques, se ocurrió al puente subterráneo. Desgraciadamente ha sido inútil para la comunicacion, por causas locales, y despues de tan prodigiosos esfuerzos y de gastar en la obra 3,070,000 libras esterlinas, ha quedado reducida al carácter de _curiosidad_ ó monumento de la audacia del genio y de la grandeza industrial de Inglaterra.
El _Tunnel_ es una cavidad practicada bajo las aguas del Támesis, separada apénas por una capa de tierra de 15 piés de espesor. La bóveda se compone de dos galerías paralelas, de muchísimas arcadas, con una longitud de 1,300 piés, y se desciende á las extremidades perpendicularmente, del nivel de las calles de Lóndres, por medio de enormes escaleras de caracol. Una de las galerías ha sido destinada á tiendas de curiosidades, mercerías, cosmoramas, etc., que producen el mas curioso contraste con la sombría majestad de la bóveda iluminada por el gas. Aquello es curioso y admira mucho, pero el viajero que visita semejante monumento no puede explicarse cómo un pueblo tan práctico y previsor como el inglés pudo acoger la idea de una empresa tan absurda bajo el aspecto industrial como fabulosa bajo el de la ciencia y la tenacidad.
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A unos diez kilómetros del puente de _Lóndres_, sobre la márgen del Támesis, se encuentra la pequeña pero muy visitada y graciosa ciudad de Greenwich, interesante por diversos motivos. Desde la terraza del muelle y los edificios vecinos se goza de una vista admirable, pues no solo se alcanza á ver una inmensa porcion del Este de Lóndres y se domina el curso del Támesis en algunas millas, sino que se admira al frente la selva de mástiles que se destaca de todos los _Docks_ en la Isla de los Perros.
Greenwich cuenta unas 8,800 casas de habitacion con cerca de 30,500 almas: y como tiene un magnífico parque dependiente del antiguo palacio real y varias curiosidades, contando con un ferrocarril hácia Lóndres, que pasa todo por debajo de arcadas, y el servicio permanente de los vapores, los habitantes de la metrópoli han hecho de esa pequeña ciudad uno de sus paseos favoritos, así como de Windsor y Richemond. El parque de Greenwich es el _Saint-Cloud_ de los vecinos de Lóndres.
En el fondo de ese hermoso parque se levanta el famoso observatorio astronómico, cuya cúpula tiene unos 250 piés de elevacion sobre el nivel del Támesis. El edificio contiene una riquísima coleccion de instrumentos y trabajos de astronomía y marina, y aunque los Ingleses se sirven con frecuencia del meridiano establecido sobre la catedral de San Pablo, el de Greenwich no ha perdido nunca su importancia científica. Ese monumento, que ha servido al mundo entero, fué fundado por Cárlos II y terminado en 1675.
El vasto edificio principal del famoso Hospital de inválidos de la marina, fué en su principio un palacio de residencia real creado por Enrique VI.--Cárlos II lo reconstruyó mucho mas tarde, y al fin Guillermo III lo convirtió en Hospital de la marina británica, en 1705. El palacio tiene la majestad del tamaño y de la sencillez, pero es de una arquitectura pasada y fría, sin ningun mérito artístico notable en su exterior.
Todo el Hospital se compone de varios grandes cuerpos enteramente separados por anchas calles, y reinan en todo su conjunto y sus detalles el órden mas admirable, el aseo, la comodidad y la dignidad. Habia unos 3,000 inválidos cuando visité el establecimiento, y se me informó que ademas de esos, que son internos, muchos millares de externos recibian pensiones y servicios del Hospital.
Visité detenidamente la capilla, el museo, el refectorio, las cocinas y despensas y tres de los dormitorios en los dos grandes edificios principales, y en todos esos sitios recogí las mas gratas impresiones. La capilla, espaciosa, seria y sencilla como todos los templos de los protestantes, no contiene cuadro ni adorno alguno. Como allí no se reunen los hombres sino para leer la Biblia, orar y ensalzar á Dios, sin confundirlo con el hombre bajo forma alguna, ni rodearle de ídolos rivales, la ausencia de imágenes y _santos_ y de todo lujo ú adornos, es absoluta. Nada me parece tan digno de la religion como esa soberanía exclusiva acordada en el templo á la idea de Dios y al Evangelio,--tan distante de la impiedad que esteriliza el alma, como de la idolatría miserable que la degrada, haciéndola caer en un paganismo contrahecho, que no tiene siquiera la poesía y la espontaneidad del paganismo griego y romano.
El Museo de los inválidos es en cierto modo la hoja de servicios de la marina británica,--orgullo y gloria de los viejos marinos llenos de cicatrices. Cada cual en el mundo tiene su punto de vista especial; así, no es extraño que, miéntras un inválido erudito me explicaba con todo el entusiasmo posible lo mismo que cada día explica á todos los viajeros curiosos, considerando como semi-dioses á los personajes mas históricos, yo maldecia interiormente el genio destructor de esos gloriosos filibusteros á quienes las naciones llaman almirantes cuando les dan el encargo de ir á ensangrentar los mares con sus atroces combates, no contentos los gobiernos con ensangrentar la tierra. Digan lo que quieran los señores marinos, para mí no será nunca Nelson otra cosa que un heróico y sublime devastador del Océano, como Drake un gran pirata, y Napoleon el Atila de la Europa, matador de la libertad.
Aunque los Ingleses no se pican mucho de fuertes en las bellas artes ni de selectos en sus colecciones de cuadros en los museos públicos, el museo del Hospital contiene algunas cosas buenas. No faltan allí frescos de mérito real, y algunos cuadros (entre los muchos de combates navales históricos para Inglaterra, ó de retratos de famosos marinos) de indisputable valor artístico. De resto, el salon contiene muchas reliquias, modelos de navíos, armas, instrumentos náuticos y todo lo que, interesando á la marina de guerra, se refiere á los hechos históricos mas notables.
El refectorio, las cocinas y las despensas del Hospital admiran por el órden con que todas las operaciones están arregladas para consultar la higiene, comodidad y economía del establecimiento. Las cocinas sobre todo, servidas apénas por unos pocos brazos perfectamente, brillan por el esmalte de sus hornillas y su menaje, con limpieza incomparable. El vapor y las máquinas lo hacen todo, y allí se confeccionan las comidas como se hacen en una fábrica cualesquiera manufacturas. Todo es regular como lo exige la accion mecánica del hierro agitado por el vapor, y todo conduce allí á hacer bendecir los progresos de una ciencia que atiende con maternal solicitud á todas las necesidades del hombre.
Si los inválidos tienen en Greenwich una admirable vista, paseos hermosos, su templo, su museo, refectorio y todo su menaje comun inmejorable, no es ménos cómoda y feliz la situacion particular de cada uno en los extensos dormitorios ó alojamientos. Puede decirse que cada cual tiene su casa propia, así como tienen sus buenos vestidos confortables y característicos.
Los dormitorios son anchas y extensas galerías situadas en pisos altos, con mucha luz, aire puro y libre, y una soberbia vista desde las ventanas. A cada lado de la galería hay una fila de alcobas independientes, cada una con su puerta sobre el centro del salon, y habitada exclusivamente por un inválido, con todo su menaje particular. Algunos trabajan espontáneamente en fabricar curiosidades de mano que venden á los visitantes de la ciudad; pero todos gozan de las ventajas de la comunidad y del aislamiento al mismo tiempo, y son tan dichosos cuanto su situacion física se lo permite. Ellos, como ancianos é inútiles, viven de recuerdos, y si alguna vez interrumpen su apacible calma es entusiasmados por sus propias narraciones de combates navales.
No es de extrañarse que la Inglaterra sea poderosa en los mares, puesto que, ya que lanza á sus hijos á morir ó vivir como proscritos en las soledades del Océano, les ofrece asilo para la vejez, cuando cansados de matar y llenos de cicatrices ó mutilados horriblemente, necesitan reposar la frente azotada durante muchos años por los huracanes y las trombas marinas.