Viajes de un Colombiano en Europa, primera serie

Part 10

Chapter 10 3,773 words Public domain Markdown

En efecto, tuve valor para acercarme y ver.... Una estrecha escalera de piedra bruta descendia de la abertura ó _puerta_, practicada al pié del muro, al fondo de una cueva ó sótano húmedo y pestilente, sin mas luz que la muy confusa que entraba de la calle por entre los barrotes de una reja de hierro. El piso de esa cloaca era de tierra apénas apretada y estaba casi todo cubierto de montones de paja sucia y empapada por la humedad. Ningun mueble se veia en el centro, y solo en dos rincones se destacaban las sombras de algunas esteras de tamo en forma de colchones enrollados.

Entre uno de los montones de paja se movia un pequeño objeto revolcándose sobre algunos harapos: un grito agudo me hizo ver que era un niño. Muy cerca estaba sobre otro monton de tamo una vieja tullida que pocos momentos despues se arrastró sobre las manos y las rodillas para recoger la limosna que mi compañero le arrojó desde la escalera. En otro rincon roncaba un hombre, con ese estertor característico del sueño brutal de la embriaguez, tirado como un tronco negro, y á su lado se rascaba un perro que empezó á gruñir con desconfianza al vernos aparecer sobre la cima de la escalera. Cuando saqué la cabeza al aire ménos infecto de la callejuela, sentí como si me hubiesen sometido á la accion mortal de una máquina neumática....

--Oh! esto es espantoso! exclamé al respirar. No es posible que criatura humana viva allí....

--Y sinembargo, me dijo mi compañero, U. no ha visto sino la muestra. La cueva está vacía porque sus habitantes andan ahora por las calles opulentas buscando la subsistencia con la mendicidad, el hurto ratero, los mas viles _oficios_, los tratos de la prostitucion, ó los desperdicios, huesos y cortezas que recogen en las orillas de los caños ó en las puertas de los mercados y las tiendas de víveres. Cuando llegan las ocho de la noche, se ve un largo cordon de miserables que vuelven lentamente por sus oscuras callejuelas á buscar el rincon de sus cloacas. Hombres y mujeres, ancianos y niños, adultos que pasan de la pubertad á la vejez del cuerpo y del alma con una precocidad increible, por la accion de los vicios y de las privaciones,--todos van entrando, descendiendo esa escalera y aglomerándose como los insectos sobre una charca pútrida, para pasar allí la noche, confundidos, revueltos, medio ebrios, medio idiotas, extenuados de fatiga y hambrientos,--odiándose á veces mútuamente,--sin conciencia de su ser,--ni nocion de Dios, ni amor á la humanidad, ni resignacion, ni remordimiento, ni aspiraciones, ni esperanza....

--Hebetados por la miseria (continuó diciendo mi guia), estos seres no distinguen lo pasado de lo presente ni del porvenir, y como el bruto, solo comprenden que existen porque tienen hambre ó sed, cansancio ó frio, paja dura ó sueño.... El dolor no tiene para ellos ninguna significacion moral; su espíritu ha muerto asfixiado por la inmundicia que rodea la materia! Y apesar del hambre y del dolor físico, esos séres que se amontonan allí sobre esa paja enmohecida por la humedad, buscan frecuentemente los deleites asquerosos de la concupiscencia! Ahí los sexos se confunden, y entre las 30 ó 40 personas que yacen en el fondo de la cloaca sombría, suceden cosas que solo el ojo impasible de Dios puede mirar sin estremecimiento, y que no tienen nombre en el vocabulario de la civilización....

--Pero esas gentes que viven en los pisos altos ¿cómo pueden habitar tan espantosa madriguera?--le dije á mi interlocutor.

--Ellas viven donde les conviene, me respondió,--solo que, siendo menos miserables, pueden pagar alojamiento en las piezas altas, sin que por eso sea su degradacion muy inferior á la de los mendigos de los subterráneos. En esas piezas altas tienen sus puntos de reunion los caballeros de industria subalternos; ahí duermen los limpiabotas y los saltimbancos de menor cuantía, las fruteras de calle, los vendedores de baratijas, los músicos de callejuela, y multitud de vagos de diversas clases que no son literalmente mendigos; ahí esconden sus andrajos los rateros de alguna importancia y los pillos que especulan con las intrigas de los seductores; ahí descansan de su larga fatiga del dia, despues de doce ó diez y seis horas de trabajo, millares de esos pobres obreros ambulantes de pequeño salario, así como los repartidores de diarios y sus semejantes; y por último, ahí tienen su hogar envilecido las innumerables prostitutas y meretrices que hormiguean por las calles de Londres, pero que, por su fealdad, su edad ú otras circunstancias, no pertenecen sino á la _plebe de las infames_.

--Toda esta inmensa y heterogénea turba se levanta por la mañana, entumecida y macilenta, y al sentir el ruido cercano de los coches que circulan por las calles opulentas, recuerda que es en medio de su bullicio donde puede encontrar las limosnas y los desperdicios de la sociedad, ó la fácil explotación del orgullo, de los vicios ó la credulidad de los que se tienen por dichosos. Entonces, la chusma entera se cierne sobre Londres como una nube de cuervos, y el barrio de _San-Gil_ queda desierto durante todo el dia....

Habíamos recorrido tres callejuelas y algunos patios y laberintos, y mi compañero, temeroso de que nos extraviásemos sin encontrar salida, me dijo:

--Salgamos de este país maldito. Lo que U. ha visto es suficiente, porque todo es igual, cuando no peor.

Cuando salimos á la plaza de Trafalgar, nos parecía que en realidad resucitábamos, ó que salíamos si no de un sepulcro, del infierno de una pesadilla estranguladora.

* * * * *

¿Podía Inglaterra permanecer indiferente á ese profundo malestar, cuando la gangrena se manifestaba principalmente en el corazon de sus mas grandes ciudades manufactureras y comerciales? No! Inglaterra es el pais del egoísmo y del orgullo, pero esos mismos sentimientos que la deslustran le dieron la conciencia del peligro y la fuerza de aplicarse á conjurarlo. Ese mal crónico y profundo de la miseria y del vicio, fruto de la ignorancia de las masas, de la desigualdad de las condiciones sociales y de las leyes de privilegio, se palpaba y se palpa aún con suma intensidad, no solo en Londres, sino en Liverpool, Birmingham, Leeds, Manchester, Glasgow y otros de los grandes centros de población y movimiento industrial. El cangro abarcaba con sus fibras y raices todas las entrañas de la sociedad.... Se creyó posible disolverlo con emolientes y todo el mundo se puso á la obra de la _beneficencia_ y la _instrucción._ Noble error, en cuanto á la primera parte de la obra. La miseria, el vicio que ella engendra, y el crimen que se deriva del vicio, no son mas que efectos de una causa orgánica. Si la instrucción _prepara_ á la virtud, es impotente por sí sola para producirla: ella necesita por auxiliares la _libertad_, la _justicia y_ el _trabajo_. La beneficencia no es mas que un bálsamo: alivia ó cálmalos dolores, pero deja subsistir el mal.

He ahí lo que ha sucedido en Inglaterra. El grito de desesperacion y agonía lanzado por la muchedumbre extenuada, corrompida ó culpable, despertó á los ricos ó afortunados de Inglaterra en 1847, y ese pueblo, que en todas sus manifestaciones es grande y fuerte, pero siempre fiel á las tradiciones y antipático á las reformas _radicales_, levantó donde quiera templos magníficos á la beneficencia bajo todas las formas anodinas, derramando el oro á montones para conservar su opulencia misma. La ruda Inglaterra sintió el peligro inminente de una profunda conmoción social, y tuvo vergüenza de su deshonor, publicado por todos los viajeros que estudiaban á fondo la organización tradicional de la _poderosa Albion_.

Hoy gasta Inglaterra mas de 35 milliones de pesos anualmente en solo las atenciones _visibles_ de la beneficencia pública. Una suma tan enorme, y sinembargo tan insuficiente ¿qué es lo que revela? Si prueba la increíble riqueza de las clases acomodadas, revela aún mas la enormidad de la indigencia en que viven las otras clases,--es decir, la espantosa desigualdad con que, por la influencia secular de instituciones viciosas, se ha podido _repartir_ el bienestar.

Despues de haber sondado el abismo de putrefaccion que se llama _Saint-Giles_ y de haber escuchado las relaciones mas lamentables acerca de _White-Chapel_ y los demás antros de la miseria en Londres, quise conocer lo que los afortunados hacen para conjurar el cataclismo que los amenaza. El contraste de los edificios es curioso. Se ven los grandes hospitales al lado de los grandes bancos; los hospicios repletos de gentes socorridas cerca de los almacenes repletos de mercancías, y las escuelas primarias y de artes y oficios á pocos pasos de las colosales fábricas. Todo eso establece el conjunto romántico de la vida y la muerte, de la opulencia y la desventura, de la especulacion y la caridad. Tal parece como si los capitalistas quisieran decir al observador: «Esas casas de asilo que se tocan con nuestros bancos son las válvulas de seguridad para nuestros tesoros; nuestros gastos de beneficencia figuran en nuestros libros como _gastos de conservacion;_--y cada guardián ó enfermero de esos hospicios y hospitales, cada preceptor de una de esas _escuelas de harapientos (Raghed--Schools)_ es un obrero que trabaja indirectamente en servicio de nuestras especulaciones.»

Tal es el carácter de la beneficencia en Londres. Allí se gastan sumas enormes en hospicios, casas de asilo, hospitales y escuelas gratuitas de enseñanza elemental y de artes y oficios,--y estos establecimientos, en general, le hacen honor á Inglaterra. Pero todo eso es impotente: el mal sigue y el número de los indigentes aumenta sin cesar, no obstante el oro que se gasta para oponerle una barrera. Habladles á esos poderosos propietarios de tierras, á los altivos gobernantes, y á cuantos tienen en sus manos la fortuna y la fuerza,--habladles de una reforma decisiva que cambie la organizacion social para abrir campo á la regeneracion de las masas indigentes, ó de un sistema de emigracion gratuita bien dirigido para enviar á los demás puntos del globo los brazos que la industria necesita con urgencia,--y os responderán negativamente. Rechazarán la emigración por _orgullo nacional_, considerándola como humillante para el pueblo inglés,--y resistirán la reforma radical por _egoísmo_ personal y _orgullo_ de casta ó dé posicion social, como un trastorno de las leyes naturales, como el advenimiento de una igualdad absurda y disolvente.

Así, por conclusion de este capítulo, diré que he deducido de mis rápidas observaciones en Londres una conviccion desoladora: como el mal de la miseria es profundo, radical, inmenso, el remedio debe ser lo mismo; y como el remedio actual, por grande y ostentoso que sea en sus formas, es ineficaz en sustancia, la Inglaterra no tiene mas que tres caminos posibles para salir de la situacion presente: ó una reforma social completa y sin restriccion; ó la organizacion oficial de la emigracion gratúita, descargándose de millones de individuos sobrantes en su suelo, en beneficio de la poblacion del Nuevo Mundo (donde el trabajo los rehabilitaría); ó una revolucion terrible que aniquilaría por muchos años la opulencia de la Gran Bretaña.

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CAPITULO III.

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EL TAMESIS EN LONDRES.

Los puentes, la navegacion y las márgenes del gran rio.--Las Casas del Parlamento.--Westminster.--La Torre de Lóndres.--Los Docks del comercio.--El Túnel,--Greenwioh; el Hospital militar--El _Leviatan_ en obra.

Si la Inglaterra ostenta en todas sus grandes ciudades comerciales y manufactureras la espontaneidad, la grandeza y todas las condiciones de un pueblo positivista, vigoroso y libre, en ninguna parte se revela ella mejor que en los objetos acumulados sobre las orillas y las ondas del Támesis. Sus parques y jardines admirables demuestran su universalidad de relaciones y su lujo de ostentacion, así como el Museo Británico es el testimonio del poder que alcanza la infatigable investigacion del viajero. La catedral gigantesca de San Pablo no es un monumento de la arquitectura sino del orgullo de un gran pueblo. El Palacio de Cristal es la prueba de su poder de apropiacion cosmopolita; y la Abadía de Westminster, la Torre de Lóndres y el Palacio del Parlamento, que dominan el Támesis, son mas bien los testimonios de la soberbia aristocrática. Por último, la Bolsa, el Banco nacional y los monumentos de las plazas de Lóndres revelan todo lo que hay de opulencia y de gloria, de culto á la riqueza y al patriotismo en ésa nacion maravillosa.

Todo eso es magnífico, y á cada uno de esos monumentos consagraré algunas pinceladas. Pero, lo repito, donde la Inglaterra, por medio de su metrópoli, revela mejor sus verdaderas condiciones como pueblo comercial, marítimo y manufacturero, en proporciones colosales, es en el Támesis. Sus _diques_ estupendos (_docks_), con vastísimos almacenes de _depósito_; sus _puentes_ admirables tendidos en diversas formas sobre el opulento rio; su maravilla del _Tunnel_ (lujosa inutilidad que admira); sus millares de _vapores_, de navíos mercantes y de guerra, y de botes costaneros ó pescadores, que cubren literalmente la superficie del rio; sus grandes _fábricas,_ cuyas altísimas chimeneas ciernen sus nubes de negro humo y de vapor entre las nieblas que vagan sobre las ondas; su espléndido _Hospital_ militar de Greenwich, sin igual en el mundo; su monstruo marino de hierro llamado _Leviatan_, y sus innumerables _astilleros_ de construccion naval y hermosos _muelles_ sobre una y otra márgen,--todo eso le da al Támesis un aspecto de universalidad, de grandeza y de vida que aturde al viajero y le obliga á respetar la fuerza de ese gran pueblo que, sentado sobre un lecho de carbon de piedra y separado del mundo entero por los mares, ha llevado á todas las regiones su bandera, su opulencia y su audacia, y ha hecho de su capital la metrópoli económica de la humanidad, la Babilonia inescrutable de la civilizacion industrial.

Recorramos rápidamente las grandezas del Támesis.

La ciudad de Lóndres cuenta sobre el Támesis apenas once puentes, desde las alturas de Chelsea hasta las cercanías de los _Diques_, donde se ostenta el puente monumental llamado _London bridge_.

Cualquiera pensaría que esas once vías fijas de comunicacion entre las dos grandes porciones de la ciudad son insuficientes para la enorme poblacion sedentaria y el inmenso cúmulo de viajeros que se cruzan en Lóndres en todas direcciones; y en efecto, aquellos puentes, sobre todo el de _London_ que es libre; están siempre tan colmados de gentes y vehículos de trasporte, que las comunicaciones se hacen muchas veces casi imposibles.

Pero la libertad del Támesis es una necesidad imperiosa que se opone á la multiplicacion de los puentes, porque es en ese rio fabulosamente agitado y rico, donde Lóndres tiene su vida ó su corazon. Por otra parte, las facilidades que ofrece la navegacion por medio de los vapores y faluchos, compensan aquel inconveniente, manteniendo á lo largo y al traves del rio una cuádruple corriente de pasajeros que hormiguean por millares y millares por enmedio de los puentes ó bajo sus colosales arcos.

De los once puentes de Lóndres cuatro me llamaron principalmente la atencion por su novedad: el _London bridge_, que liga la City con el inmenso barrio de Barmondsey, del sur;--el de _Southwark_, situado un poco mas arriba;--el de _Waterloo_, que da sobre el Strand;--y el de _Hungerford_, inmediatamente superior. El de _Vauxhall_, cuyo servicio data de 1816, es un sólido y hermoso puente, pero no llama particularmente la atencion, así como el de _Westminster_.

Esas obras son tan poderosas por su extension y el cúmulo de trabajo que ha entrado en ellas, que los cuatro puentes nomas de _London, Waterloo, Southwark y Vauxhall_ han costado 20 millones de pesos. El primero es de una estructura monumental, de un atrevimiento admirable, y ofrece una vista espléndida sobre el Támesis y gran parte de la ciudad. Fué reconstruido en 1831, tiene 782 piés ingleses de longitud y unos 80 de anchura; es todo de granito, compuesto de tres enormes arcos casi horizontales de un mérito arquitectónico insuperable.

El de _Southwark_ fué terminado en 1819; es todo de hierro y su masa gigantesca está dividida también en tres arcos de los cuales el del centro mide un espacio de 240 piés. El de _Waterloo_ se compone de nueve arcos, cada uno de 120 piés de diámetro, es todo de piedra, data de 1817, y costó un millon de libras esterlinas. Ese puente es un verdadero monumento de arquitectura moderna, tiene una hermosura pintoresca, y es en su género uno de los mejores de Europa. Por último, el puente de _Hungerford_ es colgante ó suspendido sobre dos estribos, uno de los cuales sirve de embarcadero muy ingenioso, descendiendo á la mitad del Támesis por grandes graderías, y tiene un aspecto tan elegante como singular. Como en Inglaterra el gobierno jamas es empresario de vias de comunicacion ó cosas semejantes, el paso de los puentes no es gratúito, excepto en el de _London_.

El espectáculo que ofrece el Támesis, bajo el aspecto de la navegacion, es incomparable: aquello no solo impone, admira y entusiasma, sino que aturde. Como ese rio es la vida de Lóndres y aún del comercio del mundo, sus ondas no están aprisionadas sino por las dos altísimas hileras de edificios, de manera que no hay muelles de mampostería para la carga y descarga de las mercancías. El rio es libre para todo el mundo y los cargamentos descienden sobre los botes desde las puertas y ventanas de los almacenes que dominan el Támesis en incalculable número. En cuanto á los pasajeros, ellos entran y salen de los vapores y los botes ó faluchos, ya llegando hasta la orilla misma, cuando la marea lo permite, ya pasando por una serie de viejas barcas formando puente y que terminan en muelles de madera establecidos hácia el centro del rio.

El Támesis de por sí es un rio de muy mediano caudal, sobre todo á los ojos del viajero que acaba de surcar en el Nuevo Mundo rios colosales profusamente encadenados. En Lóndres el Támesis tiene la anchura média de 250 metros, que disminuye bastante hácia Chelsea y aumenta hasta 400 abajo del Tunnel. La profundidad média es de 2 metros, que disminuye mucho cuando las mareas se retiran, y llega hasta 7 y medio bajo el puente de _Lóndres_ en la mas alta marea. Así, la navegacion de los vapores y grandes buques está sujeta, en lo general, al flujo y reflujo del mar del Norte, que recibe las ondas del Támesis.

Cuando la marea sube, se ve un interminable cordon de navíos marítimos de todas las naciones, remontando el rio á remolque de pequeños vapores hasta llegar á los _Diques de Lóndres_, esos almacenes colosales de madera y piedra que guardan en su seno los tesoros del mundo comercial. Entónces el espectáculo hace comprender el secreto de la grandeza británica y del progreso de todos los pueblos,--la _libertad_, que hace aglomerar sobre un solo rio millares y millares de navíos y vapores, entre cuyos arbolajes y ennegrecidas chimeneas flotan al viento del libre cambio las banderas cosmopolitas que distinguen sobre los mares á todos los pueblos de la humanidad. Con cuánto placer ví agitarse sobre un solo bergantin la bandera tricolor de mi querida pero pobre patria!... Yo la saludé con respeto y amor, entonando en el fondo de mi corazon un himno de gratitud á los fundadores de la independencia de mi pais! Era una sola, entre mil banderas distintas, pero una sola me bastaba....

Es incalculable, sin ocurrir á una laboriosa estadística, el número de botes y faluchos de todas clases que pueblan y surcan en un incesante hormigueo las ondas del Támesis. Que el lector que nunca ha viajado imagine un lago en cuya superficie entera se cierne una inmensa falange de aves acuátiles de todos colores y dimensiones para nadar en la mas pintoresca confusion, y, prescindiendo del efecto que hacen los arbolajes, las velas y las humeantes chimeneas de los vapores, se tendrá una idea aproximativa del aspecto general del Támesis.

Si Lóndres tiene en su laberinto de calles un enjambre de millares de ómnibus para el servicio de la multitud, y de pequeños coches de alquiler, en el Támesis tiene tambien un servicio permanente de buques, que llamaré _vapores-ómnibus_, y una nube de góndolas ó faluchos para la travesía, que equivalen á millares de puentes flotantes. De trecho en trecho hay muelles avanzados de madera que sirven de estaciones, y á cada diez minutos llega de subida ó de bajada un vapor, largo, delgado y ligero como una anguila, que lanza de su seno una multitud de pasajeros, recoge otra, hace silbar su locomotiva y se escapa caracoleando con maravillosa destreza por entre los estrechos intersticios que dejan los botes y navíos que tapizan las ondas,

Las comunicaciones son tan excesivamente baratas y la regularidad de los viajes á lo largo del río, hasta abajo de Greenwich, es tan completa, que un paseo por el Támesis reune todas las condiciones deseables por el pasajero negociante ó el viajero curioso. En esas rápidas peregrinaciones todo interesa, hasta el menor objeto;--todo llama la atencion, y el paseante va admirando, en una sucesion de sorpresas é impresiones diferentes, cuanto contiene el Támesis de pintoresco ú magnífico, de opulento ú singular desde la una hasta la otra extremidad de Lóndres. Fué así como pude ver, al pasar y apénas exteriormente, muchos suntuosos ó interesantes monumentos, ya que me faltaba tiempo para un estudio minucioso de Lóndres, en mi primera visita.

Comenzando la peregrinación desde el pié del puente de _Battersea_, arriba de Chelsea, para terminarla por una visita á Greenwich, hé aquí lo que mas me llamó la atencion.

A la izquierda vi sobre la orilla destacarse los árboles del pequeño parque en cuyo fondo se ostenta el famoso hospital de _Chelsea_, edificio gigantesco y que, por su interior y la manera como está servido, pasa con justicia por ser uno de los primeros hospitales del mundo. Bajo el punto de vista del aseo, la comodidad, la extension y el órden, no hay en Europa hospitales que puedan rivalizar con los de Inglaterra. Tal parece como si esa nacion, ostentosa en todo, hubiese querido alojar lujosamente aún á los inválidos y miserables acogidos á la caridad pública.

Un poco abajo del enorme puente de Vauxhall está la penitenciaria de _Millbank_ (_Mill_, molino,--_bank_, casa), testimonio grandioso de ese espíritu de progreso que anima hoy á Inglaterra en favor de los sistemas y actos humanitarios. La Gran Bretaña, la Suiza, Bélgica y Baden son los únicos Estados de Europa que han sabido emprender la aplicacion á su suelo del régimen penitenciario de la Union Americana, á fin de llegar á la abolicion completa de la pena de muerte (esa grande infamia de las sociedades feudales que deshonra la civilizacion, insultando á Dios y la naturaleza humana), y de sostituir á la penalidad salvaje del dolor físico y de la degradacion, la influencia de la soledad moderada que enseña, del arrepentimiento que purifica al extraviado, y del trabajo que fortifica su organizacion y rehabilita su alma y su nombre ante la sociedad y ante Dios.

La penitenciaria de _Millbank_ debe quizas su nombre á la forma singular del edificio, pues tiene la figura de una rueda horizontal de molino _(mill)_, compuesto de un cuerpo central y sexágono que sirve de eje y seis cuerpos separados entre sí tocando con el centro, de manera que el todo se parece á una estrella ó una rueda de seis aspas. Segun se me informó, la penitenciaria produce los mas benéficos resultados, reposando en el principio de la combinacion del aislamiento con el trabajo en comun.