Viaje a los Estados Unidos, Tomo III

Part 5

Chapter 53,877 wordsPublic domain

Es inmenso el número de publicaciones y de objetos para los niños, que pueden tener aplicacion á la enseñanza: periódicos bajo todas sus formas, libritos de cuentos morales llenos de láminas y primores, barajitas con figuras históricas, manuales de juegos de sociedad en que se recorre la geografía, se juega con la aritmética y se comenta la historia nacional en la chanza y en la travesura, y en todo está el designio de hacer del niño un hombre útil á sus semejantes y á su patria.

Repito que no es con el saco de viaje en la mano como se deben ampliar estas observaciones; pero no puedo resistir á la tentacion de hacerlas, porque en semejantes materias nada es despreciable.

Respecto á las niñas, hay igual ó mayor dedicacion; por regla general puede decirse, que la mujer en los Estados-Unidos es más culta y entendida que el hombre, aunque ménos reflexiva y de ménos sentido práctico. Aun en cuanto á la hermosura, no hay proporcion entre el número de mujeres realmente lindas, y hombres hermosos; y no porque éstos sean desgarbados y bausanes en general, sino porque no tienen gracia ni belleza sus facciones.

A las niñas se les ejercita desde muy temprano en el gimnasio: los aros y la cuerda son vulgares; corren como cabras y patinan, de hacer la desesperacion de un saltimbanqui.

De todo esto resulta que sean sanas, bien formadas, de admirables colores y que produzcan generaciones de atletas.

Escriben con perfeccion; para la contabilidad son solicitadas por su dedicacion y limpieza; no son extrañas á la música, aunque no brillen en ese arte divino, y corren en la danza parejas con el viento.

La mujer bien educada de esta tierra, es adorable de amabilidad y de cultura.

V

Despacho de la Aduana.--"Poblic Store."--"Delivery Office."--Puerta de salida.--M. Clark.--M. Grogan.--Depósitos del agua.--Division en secciones para el despacho.--Vigilancia.--"Luck up."--Reflexiones.

Al fin logré mi objeto de ver á mi sabor y hacerme cargo, como Dios manda, de las operaciones de la Aduana, en la parte de lo que llamamos el despacho, y en eso he empleado casi todo el dia.

El Sr D. Pedro Córdova, corredor muy acreditado y persona en quien no supe qué admirar más, si su bondad para conmigo ó la suma de sus excelentes conocimientos, ha puesto á mi alcance las operaciones aduanales con la mayor lisura y con paciencia inagotable.

El llamado _Poblic Store_, ó sea el edificio formado _ad hoc_ para el despacho aduanal, está cercado por calles de tráfico activísimo, que son, como hemos dicho en otra parte, una prolongacion del Mercado de Washington. Omnibus, wagones, carruajes, girando entre tercios, barriles, pacas y carros numerosos con verduras, entre cuyos objetos hierve este inmenso gentío de dia de juicio, que da á toda concurrencia aspecto tumultuario.

El edificio que vamos á visitar tiene diez pisos, sin contar con los subterráneos; diez pisos que son otras tantas filas de ventanas unas sobre otras. Es de advertir que estas ventanas son mi desesperacion, porque ellas interrumpen y convierten en imposible todo órden arquitectónico.

El primer piso, en todo el rededor del edificio, se compone de puertas rematando en arcos, y arcos, propiamente hablando, en número de treinta y cuatro, que equivalen á otras tantas puertas cocheras de las nuestras en México.

Nos dirigimos á un costado del edificio donde en una pequeña eminencia dimos con un caballero fresco, rojo como un betabel, blanca dentadura, revoleando de las puntas el pañuelo para darse aire.

Por las explicaciones que me hizo el Sr. Córdova y el rubro de esa puerta, _Delivery-Office_, conocí que ella funge como la puerta de _salida_, es decir, que salen los efectos despues de concluido su reconocimiento.

El empleado alegre y regordete nos recibió afable, indicándonos una oficina en el interior para obtener el permiso respectivo, ó mejor dicho, para proveernos de un guía experto.

El departamento en que estamos es una galera de sesenta varas de extension por cosa de veinte de ancho, con las cuatro secciones formadas de los pilares del edificio.

En una pieza elegante que dice: _Deputy Colector_, fuí presentado á Mr. Clark, persona muy distinguida, quien nos dió por guía á un empleado, tal como lo podia apetecer. Consignados á Mr. Grogan, nos dirigimos á uno de los elevadores, que son cinco los que recorren en perpétuo movimiento la vía aérea: tienen la forma de un platillo de balanza, en que caben veinte personas; de suerte que en cada viaje pueden subir y bajar cien personas.

Se camina de pié y montado al aire, en todo el rigor de la palabra.

Subimos al décimo piso, donde están los depósitos del agua, es decir, verdaderos estanques de fierro para la provision de todo el edificio, y para acudir á un incendio en caso necesario, haciendo tremendas cataratas.

--Vamos, me dijo nuestro guía, á recorrer el edificio; pero para que vd. forme juicio en conjunto, le advertiré que, así como vió vd. esa puerta de salida, hay una de entrada que da á una espaciosa galera: en ella se depositan todos los bultos designados para el registro en conjunto, y de ese depósito se extraen las mercancías, y se van colocando separadamente en cada piso, los cueros y las lanas, los tabacos, los libros, los licores, sin que nada se confunda. Los pisos están relacionados con las secciones del arancel.

Cada piso se compone de galeras como la que vió vd. abajo, con cuatro divisiones; una la forman las piezas de las oficinas ó sea despachos; otra es un corredor en que se practica la vista; el del medio es la calle ó tránsito, y las dos secciones últimas, enfardelamiento y depósito para la salida de los tercios.

Bajamos un piso.

--Aquí tienen vdes. el departamento de las lanas y los cueros, de que hace mucho tráfico México. Estos cueros tienen otro depósito más fresco en los sótanos.

Las oficinas que vd. ha visto en todos los pisos, son de reconocedores y aforadores, y sus ayudantes.

Es decir, me traduje yo, vistas y ayudantes de vistas; de suerte que los empleados vistas pueden pasar de doscientos, y creí quedar corto.

--Está vd. en el departamento de los tabacos, me dijo, bajando y escabulléndonos en pilas de tercios.

El aviso estaba en la atmósfera, que nos hacia estornudar.

--Descendamos, me dijo Mr. Grogan: esta inmensa seccion es de las medicinas; aquí tiene vd. habilitacion para todas las boticas del mundo.

Esta oficina llena de armazones, pesas, etc., está á cargo de un médico eminente, hombre de vastísima instruccion.

Preguntóme mi opinion sobre la clasificacion del arancel: me atreví á indicarle que era complicada y absurda en muchos puntos, y traté de probárselo: el doctor se mostró muy complacido; tuve el gusto de que mostrara aprobacion con mis ideas sobre tarifa. Y hubiera quedado allí mucho tiempo, tal fué el encanto de la conversacion con esta persona, que me colmó de distinciones.

En cada uno de los pasadizos de una seccion á otra, hay lavamanos de mármol, toallas y los útiles de aseo, así como lugares de desahogo en perfecto estado de limpieza.

Siempre descendiendo y entrando por vericuetos que nos conducian á grandes salas, nos iba diciendo el guía:

--Aquí se revisan equipajes. Este departamento es el que se entiende con los _Express_. Esta estancia más elegante y que parece más cuidada, es la seccion de joyería. Vea vd. esos cuadros, esos mapas, esos libros: todo es aquí librería.

Y así vimos las galeras de los abarrotes, licores, loza, etc.

Estábamos en el primer piso de regreso, y todavía se nos dijo que descendiéramos.

Hicimos el descenso al limbo de los cueros y de la loza y cristalería: los unos estaban allí presos porque el calor no los malease; la otra, por evitar en el tragin del mundo contactos que pusieran en peligro su existencia.

Aquellos subterráneos alumbrados por luz artificial; aquella ciudad desierta y cruzada por las sombras, es toda una epopeya de espanto.

Despues de andar algun tiempo, descendimos aún y nos encontramos circundados, despues de atravesar espesos muros, de la apacible luz del dia.

Ese es el palacio de las máquinas, el gobierno de las aguas y de la atmósfera.

El jóven que sirve este departamento estaba forrado materialmente en un lienzo listado, y apénas se puede dar idea de carácter más jovial y complaciente.

Lleno de tizne; con el vestido quemado y con el aspecto de un fogonero burdo, es un ingeniero de vasta instruccion, de finos modales y de bondad extrema.

Nos enseñó sus máquinas con el amor que un hortelano sus plantas queridas; como un inglés sus perros; como un viejo soldado sus armas. Nos dijo:

--Esos elevadores por donde vdes. han hecho el camino, pueden contener tres toneladas cada uno; tienen la fuerza de diez caballos. En esas hornillas se consume al dia cerca de una tonelada de carbon. Esos tubos son para calentar el edificio: con esos otros se les comunica ventilacion.

Y el chico subia y bajaba y recorria las quiebras y accidentes de su reino, como una mano ejercitada las teclas de un piano.

--Habrá vd. advertido, me dijo M. Grogan, grandes números en todos los pisos y debajo de ellos una cajita. Esa cajita tiene un boton del que pende un alambre eléctrico puesto en contacto con un reloj. Esa es la gran vigilancia de estos almacenes.

De muchos guardas que se turnan, cada uno á su vez, y sin descanso, tiene la obligacion de recorrer todo el edificio en todos sus departamentos, en ménos de una hora, subiendo de piso á piso en cuatro minutos. Los botones están colocados de modo que se recorra todo el departamento ántes de llegar á ellos. El guarda sube y oprime el boton. Esta presion se marca en el reloj encerrado en la pieza del jefe del edificio. Cuando la señal no es exacta, se marca en el reloj el tramo, y puede decirse, que hasta el lugar en que se detuvo, se entretuvo ó se durmió el guarda, y hacer efectiva la responsabilidad.

Estos empleados son de gente escogida y tienen fianzas.

Los cargadores son gente escogida tambien, pero fungen á las órdenes de un contratista que responde de su seguridad.

Estábamos otra vez á flor de tierra y mi _cicerone_ dispuesto á seguir; yo queria tirarme de bruces al suelo, rendido de cansancio.

--Un momento, me dijo Mr. Grogan: ¿vd. ve esa pieza por donde con unos ganchos están rodando barriles?

--Sí, señor.

--¿Ve vd? dice _Luck up_. En esa pieza se reponen y arreglan los envases descompuestos para que en nada padezcan las mercancías, y este es motivo de delicada atencion.

Despues de afectuosos cumplimientos nos despedimos de Mr. Grogan, á quien gustoso consagro, lo mismo que á M. Clark, un recuerdo de gratitud.

La simple clasificacion de artículos hecha en el edificio y los numerosos vistas, hacen el despacho rapidísimo: en dos horas pueden despacharse á la vez ciento ó más cargamentos, y esto por medio de las prácticas más sencillas.

Si á nuestro edificio de la Aduana se quitara su carácter de casa de vecindad, y en sus tres pisos se hicieran divisiones semejantes, ¡con qué holgura, con qué prontitud, con qué decencia se haria el despacho!.

En _Poblic Store_ se verifica el despacho de los vistas: en el edificio de la Aduana se practica la liquidacion y se entrega el dinero que dia por dia se remite á la Tesorería general, observándose estrictamente que cinco pesos de devolucion se remitan de Washington, sin permitirse la extraccion de lo que una vez se ha depositado en la caja.

No obstante el buen órden de que he hablado, y refiriéndose á otros tiempos, hoy se pueden citar, respecto á aduana, escandalosos abusos: entre otros, se hablaba de depósitos confiados á la Aduana, que despues de extraviarse allí, se obligó á pagar derechos de lo que le habian robado al causante, no obstante sus eficaces representaciones al Ministerio de Hacienda.... En México, que se pinta tan desordenado é inmoral en casos semejantes, ha pagado la Aduana su efecto al comerciante. Aquel es un rasgo de _civilizacion_, que no nos atreveriamos á imitar.

Otro dia hablaremos más de la Aduana.

VI

El 4 de Julio.--La calle de Green.--Borrachines.--Bassement.--Bar-room.--Francisco.--Museum. --Carnicería humana.--Profanacion de nuestros héroes.-- Washington en ridículo.--Hotel Windsor.--Su riqueza.--Diversas oficinas.--Dependientes.--"Lavandería."--Relojes de vigilancia.--Renta.--Nombres y consumos de los principales hoteles.

La lectura de viajes sobre los Estados-Unidos, la relacion de amigos verídicos, la tradicion de la festividad cívica del 4 de Julio, más que con curiosidad me tenia temeroso de esos solaces de los soberanos, de que suelen resultar contusiones y quebrantamientos de huesos.

Se arraigaban más mis temores con la ausencia de multitud de personas que iban huyendo á las demostraciones de entusiasmo popular.

En medio de una espectativa, bien desagradable por cierto, esperaba, como en desquite, ver en trage dominguero y de fiesta á esta multitud y asistir á los fuegos artificiales, que se hacen con particular buen gusto, segun la opinion de los entendidos en la pirotécnica.

Algunos disparos, unas explosiones como de _palomas_ y triquitraques, me hicieron creer la víspera que ayer era dia de rumbo y de trueno, y que á despecho de todas las sociedades de temperancia, íbamos á tener la de Dios es Cristo.

Daban consistencia á esa espectativa mis recuerdos.

Hablando de las espontáneas demostraciones de semejante dia, se hacian descripciones casi terribles.

Hombres disparando al acaso sus armas, mujeres sin límite ni valladar, haciendo ostentacion de sus encantos; y la orgía en toda su plenitud, se exponia como en caricatura para hacer el apoteósis de la emancipacion del pueblo gigante.

Infundados salieron mis temores y fallidas mis esperanzas, porque no he visto cosa más tristona ni más sosa que el dia que acaba de pasar.

La ciudad presentaba el aspecto de un domingo, las oficinas públicas y el comercio estaban cerrados.

Las desiertas ventanas, la ausencia de balcones y zaguanes, las puertas cerradas de las habitaciones, dan aspecto realmente lúgubre á la ciudad, cuando el tráfico no anima las calles.

En todas las oficinas, en los edificios públicos, en las casas particulares, en los carros y hasta entre las orejas de los caballos, flota la bandera americana, desde proporciones inmensas que pudieran cubrir la fachada de nuestras casas, hasta banderitas que pudieran figurar en un refresco.

Lo más curioso es ver esas grandes banderas _con sus crias_, es decir, sartas de banderas de pequeñas proporciones, agitándose como en tendederos diagonales y pendientes de azoteas y ventanas, como si en efecto se estuvieran secando al sol.

Las banderas de las otras naciones no son patrimonio de los funcionarios públicos; cualquier _quidam_ enarbola su bandera ó hace sartas de banderitas, y se queda muy fresco.

En el número estrictamente preciso para molestar al vecindario, se quemaban cohetes chinos ó triquitraques y _palomas_ en gran número; pero por niños y niñas, y lo estrictamente necesario tambien para sacar un ojo é impedir el tránsito.

Decíase que habia en tiempos, estrepitosos disparos de armas de fuego, de que resultaban desgracias y muertes. Yo nada ví sino tristeza y soledad.

En la calle de Green, calle que tiene cierta celebridad por habitarla gente de trueno y regocijada, ví algunas hijas de la noche haciendo disparos con pistolitas de bolsa; pero en corto número y rodeadas de unos cuantos amantes consuetudinarios y sin maldita la gracia.

En la bahía, los barcos todos estaban empavesados y la atravesaban vapores con música, concurridos por gente dispuesta á divertirse en familia y fuera de la ciudad.

Asegurábase tambien que ayer era el gran dia de los sacrificadores á Baco; y aunque me consta que estos Romanos del Mundo Nuevo, como disparatadamente se les llama, tienen _wiskyductos_ estupendos, no se presencia á uno solo trazando X con los piés en las banquetas.

En este particular, mi desengaño ha sido el más completo: los borrachos, que los hay por gruesas, son silenciosos; pocas veces se presencia una riña; casi nunca arman esas grescas y esos Sanquintines de que pudieran jactarse los borrachines de la raza latina.

Ni lo extraño y accidentado de la voz, son peculiares de un estado de perturbacion mental, porque eso lo reserva el yankee para cuando está en su perfecto acuerdo.

En la taberna, y la taberna de baja ralea, yo no sé lo que acontecerá. En la calle, el borracho es sombrío, pasa gruñendo, taciturno, y por su parte el público lo ve con plena indiferencia.

Cuando el alcohol es muy retobado y le hace pasar ciertos límites al poseido, se encarga de él la policía y lo deja á guardar en la primera comisaría que le sale al paso.

En estos casos, el borracho suele gastar su pedazo de soberanía insultando á sus servidores de la policía; éstos, no solo les sufren, sino que los miman y consideran, segun la observacion de Juan Navarro, como quien dice: "_hoy por ti: mañana por mí_."

Hay muchos borrachos: como suicidas, se emborrachan en un aislamiento que contrista.

Así habia ayer personas que quemaban cohetes en unipersonal sombrío, como quien habla solo.

A las diez de la noche, la ciudad estaba más quieta que en los dias comunes.

A esa hora regresé al hotel: en la Plaza de la Union habia alguna gente agobiada por el calor.

De trecho en trecho se levantaban, al frente de los teatros ó de los hoteles, esos gigantescos candelabros con cinco bombillas de cristal cada uno, que forman esos promontorios de luz que deslumbran. Exactamente como los del Zócalo de México, pero en gran número. Venia por Broadway y me entretenia en ir notando en los altísimos cristales de las tiendas no alumbradas en el interior, la reproduccion de la ciudad con todos sus detalles, y con tal perfeccion, como si fuera un espejo corrido la acera en que iba.

A mis piés, los _bassements_ formaban una lista de luz con sus faroles, bombillas y reverberos, asomando á la orilla de las banquetas.

Estos _bassements_ tienen su historia: cuando se está construyendo la casa, entónces se percibe en todas sus particularidades el esqueleto.

Como primera operacion para la formacion de ese edificio, se cava una especie de estanque más ó ménos profundo, segun que va á tener uno ó dos pisos el _bassement_.

La tapa de madera de ese estanque es el primer piso. Esta construccion es independiente de la altura de la banqueta, de suerte que el _bassement_, ó queda bajo de tierra, ó asoma más ó ménos á la calle.

En las calles centrales ó de cierta importancia, el _bassement_ da al pequeño sembrado que está frente á las casas tras del barandal de fierro: allí están los comedores, se escuchan los pianos, residen familias acomodadas.

En otros puntos el _bassement_ apénas saca un ojo con ahoguío de debajo de la tierra: el _bassement_ es caballeriza ó bodega; pero en Broadway, por ejemplo, el _bassement_ desciende por una escalera de piedra abajo del primer piso, y son las tiendas, los _restaurants_, los salones de billar, zapaterías, barberías y muy frecuentemente el _bar-room_, en que los _coptails_ y la cerveza tienen su mejor y más delicado sazon. El mostrador, los ostiones y en este tiempo las almejas, los ejércitos de botellitas con salsas que deben figurar entre los combustibles ó las armas prohibidas, asientes de tripié, mucho tabaco, mucho humo, mucho periódico y mucha pata al aire.

Al pasar por San Francisco, hablamos de los _bassements_ que frecuenta el sexo flotante.

Cuando volví á mi posada encontré á Francisco paseándose como un leon en su jaula. Mi amigo ha seguido con suma diligencia y patriotismo los negocios de México, y les da la debida importancia.

Aunque este es un negocio, para mí vital; aunque me ocupo en él asíduamente, no he querido consignar en este escrito mis impresiones, porque es de tal modo ligero y sus tendencias son tan marcadas al solaz y al entretenimiento, que se resentirian de frívolas, observaciones que en sí tienen para mí extraordinaria gravedad y trascendencia.

Me limito á notar que el 4 de Julio hicimos contrapeso á duo á la consagracion al regocijo.

* * * * *

En uno de tantos palacios de Broadway, con escándalo de la publicidad, en un elegante pórtico de caprichosas columnas, adornado de figuras simbólicas y estatuas dando á la calle, se percibe este rubro colosal: _Museum_. Al pié del rótulo se pasea constantemente un hombre distribuyendo avisos con profusion.

Para mí, el aviso, el aparato y el hombre, eran perpétua tentacion, y no caia en ella, por temor á este _humbug_ americano que le planta una banderilla al más pintado.

Al fin, no pude resistir: toméme del brazo con mi compañero Buzeti, y cuando volvimos la cara, nos hallamos á la una de la tarde al frente de un sombrío y extenso salon, alumbrado débilmente por la luz del gas.

Las paredes estaban tapizadas de cuadros; en el centro de la pieza hay grandes nichos.

Compramos un catálogo, que avisa en su carátula que aquel es un Museo de Anatomía, que se abre diariamente para ser visitado por hombres, y que está bajo la direccion del Dr. Jordan, médico de alta reputacion en esta ciudad.

Subimos por una escalera de caracol que está á la derecha, y entramos en una pequeña pieza bien alumbrada por la luz natural. El primer objeto que se ofreció á mis miradas fué, bajo cristales, un taller de tejas de barro con sus oficinas y figuritas como un nacimiento. Repelé contra aquella _curiosidad anatómica_, y volví los ojos á las paredes.

Estas estaban cubiertas de cuadros, ó más bien cajas con cristales suspendidas á las paredes, sobre hileras de nichos descansando en repisas ó fajas de madera, que circuyen gran parte de los salones.

Cada vez que me volvia por un lado, retiraba la vista al opuesto, herido por una impresion desagradable. Ya era un ojo reventado, ya una pierna al agusanarse, ya un seno hecho un arnero de llagas.... Brazos, huesos.... Salíme de la piececita y dirigí mis pasos á la luz de una ventana que da á la calle. Allí me ví de repente rodeado por focas y lagartos estupendos, así, estupendos, como de cuatro varas, en tan perfecta disecacion, que evitaba horrorizado su contacto, porque se me figuraba que al pasar me disparaban una tarascada.... Volvíme con disgusto, ó mejor dicho, en cierto estado de excitacion nerviosa que me tenia descontento.... Las paredes me ofrecian el espectáculo de caras humanas, pero en estado espantoso: narices en completa ruina, bocas diagonales con antros de putrefaccion.... las facciones humanas naufragando en el cáncer.... queria distraerme, y veia tambien, como figuras estrambóticas, como que saltaban de la cornisa chivos con cinco y seis piés, chicuelos de dos cabezas, carneros con dos cuerpos: lo estrambótico, lo absurdo, el desarreglo en la creacion, la embriaguez de los fenómenos animales....

Pedian auxilio en mi interior mis ojos y mis nervios, y al fin hallaron una especie de descanso con la vista de flores, de figurillas automáticas que vemos entre los muebles de salas, y chucherías que podrian llamarse de tocador.

Me fijaba en estos objetos como para que me amparasen de aquellos gestos, de aquellos ojos, de aquel cuerpo humano en dispersion desarticulada y horrenda, que me desasosegaba, que me perseguia en detall; queria como no verlos, se me figuraba que aquellas bocas me iban á morder, envenenándome la sangre.

Casi de huida, tomé la escalera; pero me cerró el paso un cadáver tan lúgubre, tan terrible.... su color verdioso, sus pómulos salientes, su boca entreabierta, sus cabellos á la frente....

Descendí, oyendo á mi espalda los pasos del muerto.

Bajé tan de prisa, que no advertí que ponia la mano en una mesilla en que funcionaba una máquina eléctrica, y sentí una conmocion espantosa....

De buena gana hubiera tomado la puerta y echado á correr; pero cierta fatalidad me contenia. Con los ojos inquietos, la piel esponjada, los cabellos hirsutos.... fuí entrando al salon, escasamente iluminado por el gas, como tengo dicho.