Viaje a los Estados Unidos, Tomo III
Part 28
"Topográficamente se divide Texas en tres partes:--1ª. La orilla del mar del Sabina al Rio Grande.--2ª. Las tierras altas ó medianía de Texas, que constituyen la mayor superficie del Estado, y que se eleva de 500 á 800 piés sobre el nivel del mar, conteniendo gran variedad de terrenos accidentados, con colinas y valles, alternando bosques y llanuras, regados por mansas corrientes.--3ª. Los grandes llanos, inclusive el llano estacado y las tierras planas que se extienden largamente por el Oeste y el Noroeste, cuyos llanos están interrumpidos aquí y allí por elevadas cadenas de montañas, en las cabeceras de los rios Colorado, Pecos y Brazos: la primera y segunda de estas clasificaciones topográficas, no tienen igual en riqueza, fertilidad de tierra y salubridad de clima. La tercera y última division es aún la morada del salvaje, y más hácia el Oeste el criadero del búfalo.
"SALUBRIDAD.--Como prueba de ello se asegura que más de 20,000 personas viven actualmente á campo raso en las praderías de Texas, etc., etc. La mortalidad es de ménos de diez y seis al millar anualmente.
"PRODUCCION.--Texas ha cosechado este año más de 680,000 balas de _algodon_. Una quinta parte del territorio puede producir una cosecha anual mayor que la de todas las tierras del globo. En las épocas más recientes ha aumentado mucho la produccion del _trigo_, y en el año pasado se aproximó á 10.000,000 de _buchels_. El _algodon_, el _trigo_, el _maíz_, el _centeno_, la _avena_, el _arroz_, la _cebada_ y la _azúcar_, se producen una al lado de otro en los mismos fértiles campos.
"TEMPERATURA Y LLUVIA.--Segun las observaciones de varios años hechas en San Antonio, Italia no podria presentar una tabla tan extraordinaria de temperatura media, humedad relativa del aire y lluvias, como la que proporcionan dichas observaciones, y que hacen que aquella ciudad pueda llamarse la más sana del mundo.
"ADELANTOS INTERIORES.--La primera milla de ferrocarril se construyó en 1853; despues se han construido cerca de 3,000 millas, se ha adelantado en todo género de industria, el remover obstáculos de sus rios navegables y la irrigacion de sus llanuras occidentales, siendo la consecuencia haber adquirido millones de riquezas, una poblacion industriosa y haber extendido sus fronteras hácia el Oeste, 200 millas en veinte años.
"EDUCACION. ESCUELAS LIBRES.--Las escuelas están dotadas con el producto de las tierras que les están destinadas, á razon de 221,400 acres por una Universidad del Estado, y 17,212 acres por cada condado, en los cuales hay 168 organizados, á que corresponden 20.000,000 de acres que se arriendan, por término medio, á $3-1/2, ó sea 61,992 pesos para cada condado. En la actualidad las tierras de la Universidad producen 749,000 pesos.
"RIQUEZA Y POBLACION.--Existen sin enajenar 75.000,000 de acres de tierras públicas: la propiedad importaba, en 1850, 51.000,000 de pesos; en 1860, 194.000,000; en 1870, 274.000,000; en 1875, 275.000,000; en 1876, 300.000,000. Se cosecha algodon anualmente más que en ningun otro Estado, llegando á la cantidad de 680,000 balas. Su exportacion anual de ganado se estima en 6.000,000 de pesos; de lana, en 15,000; cueros, 1.800,000 pesos; carne de res, 1.300,000 pesos; frutos y otros artículos, 3.000,000. La poblacion, en 1850, era 212,000; en 1860, 600,000; en 1870, 818,000; en 1876, 2.000,000 aproximadamente. Segun los últimos datos oficiales, el aumento anual de poblacion, solamente por la inmigracion, es de 250,000 personas.
"ADELANTO MORAL.--Un gran respeto por la religion y la ley.--70,000 bautistas, 70,000 metodistas, 140,000 católicos, etc.--2,000 predicadores del Evangelio y 50,000 asistentes á las escuelas dominicales, que están aprendiendo á recordar á su Creador en los dias de su juventud.
"EMIGRACION Y TOLERANCIA.--Se invita á los emigrantes ofreciéndoles la más cordial hospitalidad y la mayor tolerancia respecto de opiniones políticas y religiosas, para que de todas partes de la tierra vengan á vivir y morir por Texas y la Union, en gloria de la paz y en defensa de su bandera."
POBLACION DE SAN ANTONIO.
Americanos, ingleses é irlandeses 4,450 Alemanes, incluyendo los alsacianos 5,100 Polacos 48 Franceses 65 Suizos 38 Mexicanos, españoles é italianos 4,950 Negros 1,650 ------ Total de la poblacion 16,301
Antes, en todo el Estado, como hemos dicho, habia veinte mil almas.
* * * * *
Era el 2 de Agosto, dia para mi corazon de muy tiernos recuerdos; era el cumpleaños de mi María, consagrado en otro tiempo á los goces íntimos de mi modesto hogar, y hoy á la exhumacion dolorosa de recuerdos adorados.
Apénas anocheció, me dirigí entre las sombras al lugar en que habité con los mios.
Las calles estaban solitarias y un tanto oscuras. Los árboles eran como fantasmas, destacándose más negros en el horizonte oscuro, y produciendo el rumor de sus hojas algo como el murmurio de la voz humana.
Llegué á la casa, no como ántes aislada, sino perdida entre otras habitaciones con sus pórticos alegres, sus jardines, sus enverjados de palo y sus cercados de chopos y de lilas.
En algunas de esas habitaciones habia luz; se veia á la mamá tejiendo, á los muchachos corriendo y haciendo bulla, al viejo repantigado en su silla, con los piés en alto y los brazos levantados, sosteniendo su periódico.
A pesar de la oscuridad, reconocia los escaloncitos de la escalera en que Patoni se sentaba, recordaba su melena de cabello rubio, su nariz roma, su dentadura blanca, su carcajear sincero y estrepitoso, sus ímpetus de leon, su alma de niño.
Veia clarísimo á Poucel con su nariz puntiaguda, sus ojos verdes, perfectamente ajustado el raido vestido, lleno de pundonor, sufriendo sus penurias sin exhalar una queja ni permitir consuelo; lo veia frente á su libro de matemáticas ó jugando ajedrez con Zenea, moreno, soberbio, de ensortijado cabello, franco y susceptible, arrebatado y fiero contra la mala suerte.
Me parecia oir en el jardin los gritos de mis hijos, tartamudeando su inglés con sus amiguitos, que venian en parvadas á inquietarlos para las travesuras.
Y así, absorbido, á la luz de las estrellas, al rumor de los árboles, á la vista de la masa negra de los edificios de la ciudad, que destacaba sus torres, sus cúpulas y chimeneas, dejando ver en las alturas una que otra luz resplandeciente de los veladores, ó de algun mirador dominante.
Allí, como una aparicion dulce, dulcísima y serena, con la majestad de su virtud y con el prestigio que le da la inmensa ternura de mi corazon.... fué mi entrevista con el alma de mi María....
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De esa entrevista quedaron como pálidos recuerdos, los siguientes versos:
A MI MARIA.
Amor, de mi alma, mi vida, Culto de mi corazon, Santa memoria escondida En mi honda veneracion, De luz eterna circuida.
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Vengo á implorar reverente Un destello de luz pura, Una gota de ternura Que refresque el labio ardiente Empapado en amargura.
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No te requiebra mi canto Que vil cruzó por la orgía Rasgando tu régio manto; Te habla la voz de mi llanto, Escúchala, mi María.
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Si obstinado enmudecí Sin confiar mi voz al viento, Desde que tu luz perdí Es que como ora mi acento Lo hallaba indiano de tí.
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De tí, esencia de mi sér, Alma de mi corazon Bajo forma de mujer; Mi cielo, mi inspiracion, Mi santidad de placer.
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Y no causa mi inquietud, Que mi mano entumecida Resbale en el ataúd; Es que le falta á mi vida La aureola de tu virtud.
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Es que en mi profundo duelo Murió olvidado el hogar, Do eras ángel de consuelo, Y tu semblante mi cielo, Y tus rodillas mi altar.
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Es que en mi pecho no siento Tu dulce faz, amor mio, Y que en mi hondo desvarío, Te llamo, y en el vacío Muere sin eco mi acento.
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Hoy en mi cruda afliccion Cuando la borrasca impía Destroza mi corazon, Te me apareces, María, Como celeste vision.
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Surges divina en mi mente Cual rayo de blanca aurora En el tenebroso Oriente, Y tienes, reina y señora, Mi adoracion reverente.
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¿A dónde está la terneza Que era mi alivio y mi encanto En mis horas de tristeza? ¿Dó de tu alma la grandeza, Mi escudo contra el quebranto?
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¿Dónde en la tranquila calma Mis canciones amorosas Cayendo al cristal de tu alma, Como al pié de esbelta palma Riegan pétalos las rosas?
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En la ventura lucia Tu amor tierno, y la exaltaba En la adversidad sombría; Tu alma de luz me llenaba Y augusta resplandecia.
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Cuán dulce era despertar Tras sosegado dormir, Y tu mirada encontrar, Y verte, mi bien, sonreir Tu blanca mano al besar.
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Oh! cuán dulce en el desvelo, Presa del intenso mal, Junto al lecho con anhelo Verte arcángel de consuelo Con ternura celestial.
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Sér de mi sér, dulce abrigo De mis horas de amargura, Venga tu recuerdo amigo, Ya que estoy muerto contigo En tu misma sepultura.
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Mi niña, mi amor, María, Ven de tu adorado en pos; Tu luz de cielo á mí envía.... Yo por tí conocí á Dios, Porque en tí resplandecia.
G. PRIETO.
Las once de la noche.
XXIII
Visita al general Ord.--Su familia.--Paseo vespertino.--Encuentro con M. Rève.--El Album de M. Rève.--El Sr. Leal.--En el campo.--Adioses.--El Dr. Cupples.--Otra tertulia.
Uno de nuestros primeros cuidados al siguiente dia de la comida en la casa del doctor, fué corresponder sus visitas al Sr. General Ord, persona que, como he dicho, habia tenido la bondad de buscarnos dos distintas ocasiones.
Nos informamos de que era muy madrugador y de que la hora más cómoda para recibir en su casa, eran las nueve de la mañana.
La habitacion del General Ord distará de _Minger-Hotel_ cosa de cien pasos. Está situada la casa en un verde prado y tiene su pórtico, sus ventanas con sus celosías verdes en sus dos pisos, sus amplios corredores sombreados por tupidas enredaderas, y los adornos rústicos á que son muy afectos los americanos.
Apénas anunciamos nuestra visita, cuando salió el mismo General á recibirnos, llevando de la mano á una preciosa niña de doce años, esbelta y ligera como una cervatilla, vestida de blanco y sus anchos listones azules flotando, pendientes de su sombrerillo de paja.
Saludó el General en inglés á Gomez del Palacio; yo fuí saltando con mi ignorancia, como lo tenia de costumbre.
Entramos á un fresco saloncito con vistas al campo; en el centro del saloncito, en una mesa, habia grandes álbums, al fondo un hermoso piano.
Presentónos el General á su señora, alta y airosa matrona, que jugaba con otra niña risueña y traviesa.
La señora entabló conversacion con Gomez del Palacio, muy agradablemente, y yo tuve ocasion de retratar á mi sabor al General Ord.
Es el General de mediana estatura y configuracion comun, el pelo entrecano y caido sobre la morena y modesta frente, la nariz roma, la fisonomía semi-redonda.
Hay al frente de la casa de Correos, un sastre á quien todos llamamos el maestro Lima, que tiene perfecta semejanza con el General Ord.
Grueso chaqueton azul envolvia su busto hasta muy abajo de su cuadril; su pantalon era de dril blanco con pronunciadas rodilleras; su sombrerillo de paja con su liston negro.
--Sr. General, le dije, vd. sabe español y no es justo que me haga tartamudear este inglés, que me va á producir una enfermedad de garganta.
El general rió de buena gana, y primero fingiendo sorpresa y despues desembarazado y alegre, empeñó conmigo su conversacion.
El General Ord es reposado y frio; su instruccion me pareció profunda y variada, y en cuanto á sus conocimientos históricos, me complació la exactitud de sus juicios.
Gomez del Palacio se habia captado el cariño de las niñas, y la señora le trataba como á un antiguo amigo.
Propuso el General que almorzásemos juntos en nuestro hotel, que era donde asistian á su familia, y allá nos dirigimos en alegres pláticas.
Francisco tomó á la señora del brazo, y el General y yo los escoltamos.
Entónces aventuré con suma precaucion algunas palabras sobre nuestra frontera: por lo poco que hablamos conocí que el General estudia perfectamente la cuestion que le está encomendada, conoce todos los vados del rio, los accidentes del terreno, los jefes de los indios, y uno á uno los habitantes de los ranchos que colindan con el rio.
De nuestros generales, de sus costumbres, de sus relaciones, tiene abundantísimas noticias, aunque cuida con suma sagacidad de no dar á sus estudios otro carácter que meras indagaciones conexas con su carácter militar.
Sobre algunos puntos me pareció su juicio parcial, y con una imprudencia de que me arrepiento, le dije:
--No hay indios ni bandidos, señor General; hay política, hay tierras, hay zona libre, hay _géneros de algodon_, y hay intereses.... y no derechos.
El General, riendo, pero un tanto contrariado, me dijo:
--Hábleme vd. de soldado.... de soldado....
--Pues, paso redoblado.... y á almorzar.
Fué muy agradable nuestro almuerzo: la familia nos ofreció su casa con estimacion particular, y quedamos en vernos otra vez ántes de partir.
* * * * *
En la tarde de ese dia procuré aislarme: pretendia como reconstruir con mis recuerdos el tiempo pasado; queria, por uno de esos artificios frívolos del dolor, recorrer los mismos lugares que en otros tiempos, evocar las propias ideas y esperar que un soplo de resurreccion me devolviese los objetos que ha perdido para siempre mi corazon.
Cuando el tiempo deja en pié la ruina; cuando sobreviven la piedra y el árbol, como que quedan séres á los que interrogar por el pasado: es el cadáver dando testimonio de la vida que pasó; pero cuando todo desaparece y se sustituye en metamórfosis imposible, entónces el muerto es quien presencia esa fatal evolucion; es la renovacion completa de otros séres, de otros edificios, de árboles pobladores de los ántes desiertos campos; el contrasentido lo formamos nosotros, el advenedizo es ese viajero de otra capa geológica del tiempo, á quien recibe con indiferencia este mundo, en que no tenemos sino una representacion inconsecuente.
Así es la vejez, y ella, no mi persona, parece pasear por aquellos lugares trasformados. Tomé, entre estancias con jardines, entre calles de árboles gigantescos, el rumbo solitario, en otro tiempo, de una tristísima llanura, al norte de la ciudad.
No existia la llanura; amplio camino limitado por las cercas de los sembrados, me condujo al lugar en que tenia costumbre de sentarme en 1866, y donde confiaba á Dios y al espacio las hondas tribulaciones de mi alma.
El lugar á que me refiero está á dos millas poco ménos de la ciudad.
En aquel sitio, entónces de soledad grandiosa, al frente de horizontes que permitian vislumbrar el infinito, dejaba como flotar mi espíritu en esa voluptuosidad del ensueño, en que parece que nos arrullan cantos de otros mundos, que nos ofrecen sonriendo la inmortalidad.
Me sacó de mi meditacion el galopar lejano de un caballo, cuyo ginete tenia el aspecto de los rancheros de mi país; aquel hombre llamó mi atencion, y la llamó más, porque se dirigia resueltamente á mí. Acercóseme, en efecto, me preguntó mi nombre, se lo contesté; puso en mis manos una carta, leí el sobre, y cuando levanté los ojos, el hombre habia desaparecido. Despues supe que era dependiente de un amigo mexicano que tenia un rancho á tres leguas de San Antonio.
Abrí curioso mi carta, y contenia otra de México; la desdoblé ansioso y cayó un papelito al suelo, papelito que yo recogí.
Eran unos signos, que no letras, de una mano idolatrada, inciertos, borrados con lágrimas; eran los últimos adioses de mi santa madre, que habia muerto levantando su cabeza adorada para oir mis pasos....
No, no es posible que renueve aquí aquel momento de dolor infinito; me siento herido del espectáculo de mi angustia....
* * * * *
Las moradas campestres sonreian á lo léjos blanqueando entre los árboles, feraces sementeras con sus matices de esmeraldas y oro, se tendian en los campos con pompa risueña, los ganados se congregaban con sus mil sonorosos ecos, para descansar en sus establos, y pura y silenciosa en el cielo de Occidente, la estrella vespertina brillaba en el cielo como simbolizando el recuerdo sagrado de la mujer de cuyas entrañas recibí la vida.
Contra uno de los postes de uno de los cercados, coloqué mi cartera, saqué mi lápiz, y tracé los versos que siguen, como quien deja una flor, despues de besarla reverente, sobre un sepulcro querido. Dicen los versos:
A MI MADRE.
Madre, mi santa madre, mi luz de aurora, Mi linfa trasparente de fuente pura, Bendicion de mi vida, reina y señora De mi ternura.
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Estrella de mi cielo de dulce niño, Regazo en que sonriendo quieto dormia, Búcaro de azucenas para el cariño Del alma mia.
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De Dios sobre tu frente miré el reflejo, Apacible brillando sobre mi cuna, Cual matutina estrella sobre el espejo De la laguna.
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Contra tí me abrigabas en el tormento, Tu pecho haciendo escudo de mi cabeza, Arrullo enamorado, flor de contento De mi pobreza.
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¿Oyes, madre, estos ecos en que suspira El canto que los otros estro creyeron? Son tus besos que vibran sobre mi lira, De tí nacieron.
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Tú me viste de hinojos, Vírgen del cielo, Balbutiendo sus preces en tu presencia; Tú eras límpido arroyo cruzando el suelo De mi inocencia.
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Mi amor, mi linda madre, ¿por qué en tu pecho Hirió sin que lo viese la fatal suerte....? Tendiéndome los brazos sobre tu lecho, Te halló la muerte....
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¡Perdon! yo dí á tus canas luto y quebranto, La hiel de mis pesares fué tu bebida: ¿Lo ves? sufro el castigo.... mira mi llanto, Madre querida.
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Sola, sin mí luchando con el ahoguío, Del morir doloroso con voz doliente, Delirando clamabas: "Deja, hijo mio, Besar tu frente."
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Ampárame piadosa, mis pasos guía, Veme por tí de hinojos, madre y señora; Y contigo en los mundos de eterno dia, Mire la aurora....!
La caida de las sombras, no me permitió continuar.
* * * * *
En una tabaquería de la calle principal, abrí, por la bondad de amigos mexicanos, el despacho de los recuerdos de la crónica y de la guerra.
M. Suvervielle, á quien ya conocemos y á quien todo el mundo llama D. Antonio con la mayor familiaridad; M. Poinsart, picante y decidor; Elliot, bebedor empedernido de cerveza; Leal, amante de México como pocos, armábamos grescas de hundirse el mundo.
A ese punto regresaba despues de mi paseo vespertino; pero ántes de poner el pié en el quicio de la puerta, me asió de los brazos, como con dos tenazas de hierro, un personaje al que voy á tener el honor de presentar á mis lectores.
Trátase de un hombrecillo de quien de pronto no se pueden descubrir sino dos ojos de azul de cielo, que se ven como claros de firmamento entre desgarradas nubes, y echo mano de la comparacion porque no sé cómo describir una cara llena de manchones y calados de tizne, en la que lo único que alcanza claridad, son los ojos.
De debajo de un retruécano de fieltro, que llamaremos sombrero, desgobernado y caido por todas partes, se descuelgan, danzantes y haciendo columpio, guedejas de blancos cabellos.
El cuello, que tiene el aspecto de un clarin boca arriba, está triunfante de dos picos que han salvado los límites de una pechera de cuero, sosteniendo la existencia oculta de la camisa.
Velludos brazos al descubierto, pretina insuficiente dejando en huelga el abdómen, zapatazos de aplanar losas, con la punta hácia arriba, y el tacon avergonzado cubriéndose con la planta.
Tal es mi amigo, frances de orígen, maquinista famoso, adorador de Víctor Considerand y de Alfredo de Musset, mi íntimo amigo desde 1866 y hombre de capacidad privilegiada.
--Este es el plagio, M. Guillermo, y vd. viene á tomar la _goutte_ conmigo, á mi pobre casa, que vd. conoció, á la orilla del rio, á dos pasos de su hotel.
--M. Rève, (así llamaba yo á mi amigo por lo soñador y por lo ideal), allá voy; pero aviso primero á Francisco.
--No, amigo mio, nuestros amigos esperan impacientes, y sobre todo, mis niñitas que he mandado que no se acuesten hasta que vd. las conozca y les dé su beso de bendicion.
--En marcha, M. Rève, en marcha, y no necesitaba vd. tanto para derretir mi corazon de mantequilla. Veamos á mi linda paisana (porque de México es la hermosa señora de M. Rève), que me conozcan las chicas, les haré suertes y les contaré cuentos, y nosotros, dije tarareando _La Descente aux Enfers_ de Beranger
"Tant q'on le pourra, larirette On se damnera lariza, L'on trinquera, Chantera, Aimera, etc."
Caminamos alegres á la casita de M. Rève, situada á poca distancia del hotel, escondida en una quiebra de la loma que da al rio y tocando en él su precioso jardin.
Para llegar á la casa se desciende entre árboles, y se baja un alto y tendido escalon, y en el declive ó rambla que va al rio, perdida entre enredaderas y árboles frutales, circundada de vistosísimas flores, está la casita blanca con sus persianas verdes, su pórtico gracioso y sus chimeneas arrojando humo.
M. Rève llegó armando zambra, corrian á competencia sus niñas, el perro iba y venia, caracoleaba entre la gente y se empinaba sobre sus patas traseras para alcanzar el pecho de mi amigo: la señora se adelantó tambien como una chica, gritando: "_Fidel_, Sr. _Fidel_, muy bien venido, venga vd. aquí con sus amigos." Triple salva de palmadas y vivas nos recibieron.
M. Rève, despues de un rato de ausencia, volvió limpio, cepillado, peinado y vestido como cualquier prójimo de los que pisan alfombras y se pavonean derramando en los salones esencias de buen tono.
La casita estaba como escondida entre las flores, las piezas son pequeñas, pero reverberando de limpieza y de propiedad y buen órden.
Los amigos que me esperaban eran los mismos que en otro tiempo me llenaron de atenciones; se notaban más canas, más hondas las arrugas de la frente; pero aquellos veteranos del trabajo reian, decian sus chistes picarescos y tenian el corazon abierto de par en par para las expansiones de los tiernos afectos.
Hablábamos de todo, reiamos sin saber de qué; en marcha triunfal invadimos una mesita redonda en el comedor, en la que presidia, entre ramos de frescas flores, un candelabro con una pirámide de luces en el centro, y la señora y las niñas desaparecieron, no sin quedar comprometido á visitarlas al siguiente dia.