Viaje a los Estados Unidos, Tomo III
Part 26
--De muy buena gana lo haria, respondió éste; pero vd. ve que no puedo hacerlo, sin comprometer la integridad de mi territorio.
--¡Eh! ahora, con el cloroformo, nada importa romperse una pierna.
--Vd. lo dice porque teniendo una sola pierna los pantalones, trabajaria ménos Leonor.
--Baje vd., decia ésta; traigo una mesa, sobre la mesa se pone una silla; así se alcanza á la azotea del palomar, y á ella se baja con un salto pequeño.
--Señorita, el salto de Alvarado fué á lo ancho siquiera.... si he de llegar á vd. por el camino de los héroes, avíseme con tiempo.
Hablando, hablando, trajo el letrado la mesa, se colocó la silla, me armé de resolucion, (se armó Fernando de resolucion), y despues de tres maromas, estrechaba la mano de los nuevos amigos.
No sé ni podria recordar todo lo que hablaron; pero todo era oportuno, risueño, caia en gracia, se celebraba con entusiasmo, aunque fueran tema de los epígramas los desdenes de la fortuna, que realmente trataba de perros á los tres actores de este drama.
--Pase vd., amigo: ¿cómo se llama vd.?
--Fernando, para servir á vd.
--Pase vd., y le hablará á mamá.
Atravesaron la cocinita y dos piececitas que servian de toda clase de departamentos de una habitacion, y en una de esas piezas estaba una viejecita limpia, afable y de dulcísima voz, que me felicitó (á Fernando), por el conocimiento que habia hecho con sus hijos.
Entónces fué el relato de las historias: ya vdes. saben la de Fernando; la de Miguel y Leonor era muy sencilla. Hijos de un opulento negociante, dejó parte de su fortuna para obras piadosas; los abogados de los conventos á quienes habia hecho el negociante legados, emprendieron pleito para quedarse cada quien con la mayor parte del caudal. En esto se destruyó la fortuna: la familia vivia á expensas de un bienhechor generoso y desinteresado, hermano de la mamá de los jóvenes, y éstos, estudiando el uno para abogado, y los dos cosiendo municion, atendian á las necesidades de la casa.
El trabajo, la virtud y la conformidad con la mala suerte, hacian la riqueza de aquella familia venerable y encantadora....
Miguel, que hemos dicho era el nombre del futuro abogado, quiso á Fernando con pasion desde que lo vió.
--Merienda vd. con nosotros, muy pobremente, le dijo.
--No muy pobremente, dijo Leonor; yo prepararé un banquete de manteles largos.
--Me van vdes. á hacer mal: á mí me tiene á dieta rigurosa el Dr. Arrillaga.
--Ya verá vd., yo soy una notabilidad de brasero.
--Yo en ese ramo, he aprendido á soplar; desbarato en cada fagina un aventador.
--Queden vdes. platicando, dijo Leonor, que yo voy á disponer la merienda.... y desapareció.
A poco de salir Leonor de la pieza, escuchó Fernando desusado tragin en la cocina; entraba y salia la mocita, y se escuchaban esos rumores que acompañan á los guisos y forman un lenguaje que comprende regocijado el estómago.
Poco tiempo duró la espectativa: llamólos la voz musical de Leonor á merendar, y no asistió á la mesa la señora por sus enfermedades.
La mesa albeando, la iluminacion _a giorno_, porque habia dos velas, la sal remolida, unas florecitas en una copa, fungiendo de ramo, todo revelaba mujerío completo, esmero delicado, y Leonor no cabia en sí de contento.
El festin verdadero estaba en las almas, los manjares eran pobrísimos; pero, ¡qué sazon! y cuántas atenciones de los muchachos á Fernando; se acogia cualquiera ocurrencia con placer, se reia y habia sus palmadas, como en estrepitosa francachela.
Lo singular de este cuento es que Fernando, no obstante desmorecerse por las hijas de Eva, y no obstante que Leonor era un verdadero prodigio de hermosura, no le dirigió palabra ni mirada que pudiera tener interpretacion amorosa; era una franca é inocente simpatía, una explosion de afectos puros, alegres, incontenibles; eran las auras de la juventud, abriendo las almas y embalsamando los aires.
Miguel penetraba en el espíritu de Fernando, y se enorgullecia de aquella relacion.
Modas, bailes, anécdotas risueñas, versos sentidos, cayeron como lluvia de perlas en el festin, y al despedirse los muchachos, Fernando ofreció su habitacion en la misma casa, con la más exquisita finura.
Al salir Fernando deslumbrado del convite, se felicitó de no haber hecho una de las suyas; esto es, de no haber insinuado afecto alguno á Leonor, que tanto respeto merecia.
Cumplia como caballero Fernando, puesto que estaba formalmente comprometido para casarse con Julia, su primer amor, la señora de su alma, el ángel inspirador de los primeros cantos de su lira.
Pero nada de esto obstaba para que Leonor fuese divina.
En estas circunstancias, la señora mamá de Fernando fué atacada de una angina de pecho; enfermedad cruelísima que puso desde su primer anuncio en peligro su existencia, convirtiendo en horrible la situacion de Fernando.
Salia la primera noche en busca del médico, sin saber qué hacer ni tener con qué pagarle, cuando se le unió Miguel, le llevó con un médico amigo, y volvieron con él á la casa.
Leonor, entre tanto, habia provisto á las necesidades de la casa; la señora mamá de Fernando estaba en su lecho, la vela encendida y todo á punto de emprenderse la curacion.
Calificóse el caso de gravísimo, se aplicaron á la enferma sinapismos, se recurrió al éter, se recetó cáustico, y todo apareció allí como por encanto.
Fernando tenia que concurrir á su colegio, no podia abandonar al padre, que era su recurso único de subsistencia, las noches las pasaba á la cabecera de la enferma, ó tirado á sus piés como un lebrel, atado con una faja á su brazo, para que le llamase su madre cuando sintiese el acceso del horrible mal que la privaba del sentido, y que cuando pasaba, dejaba trastornada su razon.
Iba Fernando á sus quehaceres dejando al arbitrio de una criadita de doce á trece años, la preciosa vida de su madre.
Cuando volvia Fernando á la casa, la hallaba perfectamente aseada; Leonor habia guisado, barrido, curado á la enferma, consolándola de sus penas, siendo el ángel bueno, el aroma y la luz de aquella mansion de dolor y miseria....
Y miéntras tanta diligencia y cuidado tenia Leonor, evitaba ver á Fernando, espiaba sus pasos, se valía de subterfugios para que no le humillasen sus favores, y tenia delicadezas de las que revelan una alma sublime y generosa.
Miéntras estas atenciones se hacian más sensibles, más respetuoso era Fernando con su bienhechora, á quien profesaba apasionada gratitud.
Miguel se recibió de abogado, y á poco de recibido, obtuvo un destino en Mazatlan, dejándome (dejando á Fernando), al cuidado de la casa, aunque, como se ha dicho, era su sostén un tio de la señora mamá de Miguel. Fernando varió de habitacion y de fortuna no sé por qué accidentes.
Una noche, á deshora, pasando frente á la Profesa, atravesaron dos señoras junto á Fernando, con rara precipitacion: una de ellas, anciana, iba sofocándose: siguiólas Fernando, y aquellas voces sonaban anegadas en llanto....
--¡Leonor! gritó mi amigo al reconocer á la jóven: ¿dónde van vdes.?
--Mi tio acaba de morir, contestó Leonor, vamos á su casa, calle de Capuchinas. ¡Dios nos ha traido á vd.!
Siguieron su camino en silencio; la señora iba sollozando.... entraron en una gran casa.... Fernando suplicó al portero que avisase á la señora su madre que no le esperase.
La sala á que penetraron estaba desierta; en el centro habia un lecho, entre cuatro robustos hachones de cera. En el lecho estaba el cadáver, con su hábito de San Francisco, sus manos cruzadas sobre el pecho.... y su silencio horrible sobre las rígidas facciones.
La señora madre de Leonor oraba de rodillas á corta distancia del cadáver.
Fernando y Leonor se colocaron, buscando fresco, en el balcon. La niña infeliz lloraba sin consuelo.... Fernando guardaba profundo silencio.
En la acera de la habitacion en que pasaba esta escena, caia la sombra, y se reflejaba la intensa luz de los cirios en la pared de enfrente; sobre las azoteas que se veian desde el balcon brillaba la luna, y al Sur culebreaban fugaces relámpagos sobre las montañas.
La situacion no se podia prolongar.... comenzó Fernando por excitar á Leonor á que cuidase de su mamá, á que ella, tan tierna y generosa, la consolase, y elevase su espíritu á la consideracion de que era el amparo de su familia.
Leonor casi no escuchaba, y entónces Fernando, por distraerla, le llamó la atencion sobre los encantos de la noche, la apacible claridad de la luna y la tranquila majestad del firmamento....
La luz de los cirios heria el perfil perfecto de Leonor; en sus ojos húmedos morian los destellos de la llama, cortejo de la muerte; el busto de la hermosa tenia esa animacion épica, sombría, de los retratos de Rembrat, presentando la lucha de la tiniebla y la luz sobre la fisonomía humana.
Fernando, arrebatado por la aparicion, sin premeditacion, frívolo, entusiasta, haciendo, sin quererlo, pueril alarde de su facundia arrebatadora, habló sentido, ardiente, enamorado, envolviendo en las ráfagas de su palabra á la niña inocente que se dejaba arrebatar, enloquecida de aquel torbellino de pasion intempestiva.... Dejábase arrebatar voluptuosa como la ola, sensual como el ave que se mece en las auras embriagadoras; se inclinaba, como la flor, á la lluvia que la refrigera y embellece....
Y habló de tal modo Fernando, que la niña le interrumpió diciéndole:
--Sí, vd. me ama, me ama, y si no, yo moriria: era capaz de haber hecho yo esta misma revelacion; pero vea vd. lo que dice, por Dios, vealo vd., porque un desengaño me mataria....
Y él, mal caballero y pérfido, creyendo acto tan solemne un galanteo, con el alma entregada á otro amor, con el corazon envenenado por el engaño, creyendo que con las sombras se disiparia aquel juego sin consecuencia.... seguia dejando escapar de su corazon notas vibrantes de falaz ternura...... y complaciéndose en ver perdida en el éxtasis de la fascinacion, á la niña, á la vírgen, al ángel bienhechor de su madre....
La voz de Leonor estaba convulsa y la entrecortaban los sollozos.... no se veia su fisonomía, Fernando la adivinaba, expresando la agonía y la locura....
Algun rumor que escucharon, los hizo volver el rostro.... La santa madre de Leonor seguia orando cerca del cadáver....
* * * * *
Pasó aquella noche como un sueño; ella envolvió aquellos juramentos y aquellas promesas.
Fernando evitó todo encuentro con Leonor.... murió su buena madre, ella se refugió con unas parientas infelices.
La fortuna de mi amigo habia cambiado; se enlazó á su prometida: gloria, distinciones, riquezas y honores le cercaron.... Solia á veces sombrear su frente un recuerdo.... lo separaba con aturdimiento y disculpaba su conducta con las locuras de la juventud....
Solian humedecerse sus ojos por un vago dolor, por una sombra errante que pasaba gemidora en su memoria.... pero se decia, usando el lenguaje del mundo: "Ella amará á otro.... ya no se usan las Eloisas: estamos en un siglo positivo."
Un dia entraba en palacio mi amigo con varios compañeros; un muchacho desbarajustado, haciendo caballo en un carrizo, le preguntó:
--¿Vd. es D. Fernando?
Hizo señas de que él era, y le entregaron un papel....
Calle de **** 2º núm. 4.
Ahora mismo.
LEONOR.
¿Quién lo creerá? aquello fué para Fernando como el prólogo de una aventura de libertino. No vaciló; dejó á los compañeros y partió tras el muchacho; iba en el camino ensayando vil, actitudes cómicas, palabras de disculpa.... farsas de sentimentalismo....
Aseguro á vdes., por mi honor, que Fernando no era un malvado; pero, ó no tenia conciencia del mal que hacia, ó se le figuraba que era pasar por desairado y por imbécil, dejar sin galantear á una hermosa. Acaso pensó en que la jóven Leonor, con su actitud doliente y con sus lágrimas, con la pintura de su desesperacion y su abandono, tambien le representaba una comedia. ¡Nos da tantos tintes de experimentado y de diestro, decir que todo es artificio en las mujeres! ¡Nos acredita tanto decir que en ellas todo es fingimiento! ¡Es de tan mal tono presentarse como crédulo! Poseido de estas ideas, cuando el remordimiento atravesaba su espíritu, lo desechaba, y la entrevista misma se le presentaba con el atractivo de una novelesca aventura.
Entró risueño, feliz, en la casa.... era una humilde casa de vecindad, trascendia á incienso.... estaba regada de trebol y flores la escalera; subió precipitado, preguntó por Leonor.... Estaba en el quicio de una vivienda.... al frente de la puerta habia un altar, entre cortinas blancas como nieve salpicadas de rosas; la cera aún ardia: se acababa de servir el pan eucarístico.
Volvió el rostro: en un lecho purísimo de armiño, descansaba Leonor.... sus ojos le atraian con infinita ternura.
Fernando se acercó aterrado, estupefacto, yerto....
La niña retiró á la gente: quedóse sola con Fernando, y le dijo:
--Con mi alma lo amé.... con toda mi alma, y quiero dejar aquí mi secreto, porque turbaria mi felicidad en el cielo.... Creí.... y era nesesario morir.... una vida por un momento de dicha....
Pero vd. es jóven, vd. tiene música en su palabra y embriaga aun mintiendo.... ¿qué uso es ese de la voz de Dios y del talento? ¿qué placer se puede hallar en el envenenamiento de una alma que el delito que tiene es amarnos? ¿cómo pasa por frívolo ese juego que nos acarrea la prostitucion del espíritu, ó la muerte?
Sea vd. bueno, no haga de su elocuencia instrumentos de tortura; yo le perdono á vd., porque le he amado; le perdono, y me muero, queriendo que me hable para morir tranquila.... ¡Adios!.... y mi muerte sea una leccion contra el libertinaje de la palabra, que casi es una recomendacion en el mundo....
[Ilustración:
VIAJE DE FIDEL
_LIT. M. IRIARTE MÉXICO._
Templo Católico Mexicano.
S. ANTONIO.]
Leonor quiso seguir.... sus manos errantes buscaban en vano la vida que se le escapaba; sus labios, en sus últimas contracciones, como que besaban el nombre de mi amigo.
Dejando familia, abandonando cuanto poseia, Fernando vino á sepultarse en estos desiertos, y yo le acompañé....
* * * * *
Enrique quedó inmóvil y silencioso: mucho tiempo despues de haber concluido su narracion, le oimos sollozar....
Habiamos pasado _Palestine_ y la _Troupe_.
La aurora apuntaba en el horizonte: estábamos en el Estado de Texas.
TEXAS
XXI
Texas.--Recuerdos históricos.--Aspecto de las llanuras de Texas.--Gérmenes de pueblos.--Algodon, cebada, maíz.--Manzanas.--Grande estacion.--Minger-Hotel.--S. G. Benavides.
El Estado de Texas linda por el Norte con Arkanzas; por el Este con el Estado de la Luisiana; por el Sur con el Estado de Tamaulipas de la República Mexicana y Golfo de México, y por el Oeste con Coahuila, Chihuahua y Nuevo-México.
Texas tiene, sobre la mayor parte de los terrenos de nuestra República, la ventaja de encerrar en su seno rios hermosos y navegables, beneficio que es acaso el único que falta en nuestro suelo privilegiado. Texas, por su feracidad y riqueza, por su clima y situacion, cuenta con todos los elementos para prosperar como nacion en la agricultura, la industria, el comercio y la navegacion.
Al aparecer ante el mundo la Nacion Americana, despues de haberse emancipado tras una lucha gloriosa con la Inglaterra, la acompañaron felices auspicios, los elementos constitutivos de su sér social la pusieron en vía de progreso sorprendente; y orgullosa con su prestigio y su pujanza, la hizo soñar, si no con el dominio, con la preponderancia absoluta en el Nuevo Mundo.
No se ocultaron las miras ambiciosas de la nacion naciente al célebre conde de Aranda, quien dijo: "_Esta nacion ha nacido pigmeo; tiempo vendrá que llegue á ser gigante y aun coloso muy temible en aquellas vastas regiones. Su primer paso será apoderarse de las Floridas, para dominar el Golfo de México_."
"A dos pueden reducirse sus ideas sobre este punto, decia el sabio Sr. Iglesias en un Estudio sobre el orígen de la guerra de Texas, de donde extracto algunas de estas noticias: una á sujetar á sus leyes y dominacion toda la América hasta el Istmo de Panamá; otra á abrirse paso por tierra hasta el Mar Pacífico, y hacerse de buenos puertos que pusieran en boga su navegacion. De esta suerte, establecida una comunicacion fácil, y de pocos dias entre ambos océanos, ninguna nacion podria competir con ellos: la misma Inglaterra tendria que ceder el campo á su afortunada rival; y ésta, dueña del comercio del mundo entero, poco tardaria en tocar el punto de engrandecimiento á que aspira."
Sea de esto lo que fuere, y sin poner de manifiesto las violencias de la fuerza ni la perfidia de la diplomacia, los americanos se hicieron dueños de las Floridas, el Oregon y la Luisiana.
Con pretexto de cuestiones de límites, avanzaron sus líneas los americanos, arrancaron á España los tratados de 1795 y 1802, y tendieron sus redes sobre el resto de las Floridas y de Texas.
Pretendian los americanos, con notoria injusticia, que los límites de la Luisiana eran el Rio Bravo del Norte, y de hecho comenzaron las tentativas de posesion, teniendo lugar un encuentro ruidoso en la mision de los Adaes, en que se manejó brillantemente el marqués de San Miguel de Aguayo.
El 22 de Febrero de 1819, el Gobierno de Washington, con el representante de España, D. Luis Onis, celebró un tratado en que se fijaron como límites de la Luisiana, el rio Sabina, y que se daban por terminadas todas las diferencias sobre este punto, afirmándose sólidamente la paz.
Entre tanto, México consumó su independencia: el primer anhelo de nuestra patria fué estrechar los vínculos con una nacion que realizaba los progresos que eran el ideal de nuestros padres.
Por su parte los Estados-Unidos se apresuraron á reconocer nuestra Independencia, y en este trabajo se hizo acreedor á nuestra gratitud Mr. Henry Clay, que siempre mostró las más vivas simpatías por México.
Para afianzar relaciones que tenian al parecer principios tan fraternales, enviamos en 1824, en calidad de Ministro plenipotenciario, á D. Pablo Obregon, y recibimos con el mismo carácter á Mr. J. R. Poinsett, que ha dejado entre nosotros funesta celebridad.
Despues de varias contestaciones, en 1832, se ratificó el tratado, y para algunos ilusos quedaron terminadas las cuestiones entre los Estados-Unidos y México.
Durante la época colonial, la suma prevision y energía del Gobierno español impidieron los motivos de conflicto. Se establecieron misiones y puntos de vigilancia, se rechazó la introduccion de extranjeros al territorio, y hasta 1819 no se dió á Moisés Austin la autorizacion para establecer en México una colonia, debido á que Austin se presentó con los suyos, como víctimas de sus creencias cristianas.
En 1820, Estéban Austin, hijo de Moisés Austin, dió principio á una vasta empresa de colonizacion entre los rios Bravo y Colorado.
La Independencia abrió de par en par nuestras puertas á la emigracion, se celebraba con ahinco ese grande elemento civilizador, y no se puso coto en cuanto á la liberalidad de las concesiones.
No obstante, alguna prevision sobre la futura suerte de la frontera, dictó restricciones que pronto echaron por tierra los entusiastas, aunque ciegos defensores de la soberanía de los Estados.
La Legislatura de Coahuila, que lo era ya de Texas, por haberse reunido en un Estado ambas provincias, expidió en 24 de Marzo de 1825, su ley de colonizacion, en que decretaba: Que todos los extranjeros que en virtud de la ley general de 18 de Agosto de 1824, deseasen establecerse en los terrenos del Estado de Coahuila y Texas, eran libres para hacerlo y se les invitaba por esa ley á verificarlo.
Además de las franquicias que se otorgaban á los colonos y de no pedirles remuneracion alguna por las tierras que ocupasen, se les exceptuó de toda contribucion por diez años, no dejando en realidad vínculo alguno con la patria que los adoptó como hijos.
Los colonos, en su mayor parte americanos, no hicieron caso alguno de nuestras leyes, se organizaron como en su patria nativa, y aun la abolicion de la esclavitud en México, ya los tenia rebelados de hecho, pues conservaban sus esclavos, aunque despues se invocaron otros pretextos, como la prohibicion de venta de terrenos del General Bustamante, la actitud resuelta del General Teran y la caida de la Federacion.
Al fin, agotados los medios de conciliacion con los texanos, despues de promesas y concesiones que nos hubieran sido, á más de funestas, humillantes y estériles, se abrió la campaña al mando del General Santa-Anna.
Las victorias del General Urrea (7 de Marzo de 1836) en San Patricio, el combate sangriento del Refugio, la ocupacion de la bahía del Espíritu Santo, la rendicion del Cópano y otras brillantes acciones, levantaron nuestro nombre y auguraban un éxito feliz á nuestras armas.
Santa-Anna, desde Béjar, destacaba una division al mando de Ramirez y Sesma, que marchó al Rio Colorado, y otra al mando de Gaona, que se dirigió á Nacogdoches. Filisola debia reunirse en Austin, capital hoy de Texas, á Ramirez y Sesma.
Por aquellos dias murió el Presidente interino Barragan, y entró al ejercicio del poder D. José Justo Corro.
Santa-Anna, que era el presidente propietario, al saber las noticias que acabamos de mencionar, se propuso marchar á México; pero al verificarlo, supo que el General Ramirez y Sesma se encontraba amagado por el enemigo, sin poder atravesar el Rio Colorado. Santa-Anna acudió al lugar del peligro, proveyó de medios para que atravesasen las fuerzas el rio, y ocupó Austin, que habian abandonado los texanos despues de incendiarla.
Houston, jefe de los rebeldes, se resolvió á disputar un paso del rio de San Jacinto; Santa-Anna se aprestó á librar en aquel punto una batalla....
* * * * *
En esa batalla sucumbieron nuestras armas, no sin recomendar la gloria nombres como el de Luelmo, acreedores á los honores de los héroes.
Los Estados-Unidos, entre tanto, propalando que veian como neutrales aquella lucha, protestando que sus fuerzas se limitaban al simple cuidado de sus fronteras, apoyaban con todo su poder á los texanos, cubriéndolos el General Gaines, que al fin consumó la violacion de nuestro territorio, ocupando Nacogdoches. Con este motivo dice el Sr. Iglesias:
"Para disculpar aquel atentado, los Estados-Unidos no alegaron más fundamento que el de que México no podia impedir á los indios de su territorio que hicieran excursiones hostiles contra sus conciudadanos. _Este principio chocaba con las reglas establecidas en el derecho internacional, segun el que, un pueblo no puede ocupar militarmente el territorio de los demás con el pretexto de que defiende su frontera._
"Agregábase á esto que ese pretexto, que aun suponiéndolo verdadero, no hubiera nunca servido para justificar aquel hecho atentatorio, carecia de todo fundamento. Las hostilidades de los indios eran supuestas, ningun riesgo corrian las fronteras de los Estados-Unidos, el peligro que se aseguraba era inminente, no existia mas que en las suposiciones gratuitas de los gobernantes."
México, representado dignamente por el Sr. D. Manuel E. Gorostiza, reclamó con dignidad y firmeza, y los ministros Gorostiza y Ellis, representante en México de los Estados-Unidos, se retiraron de sus puestos, sin obtener solucion satisfactoria las reclamaciones.
No obstante haber motivos más que suficientes para un rompimiento, México atendió las quejas de los americanos por sus supuestos perjuicios, y se obligó á pagar cerca de tres millones de pesos, haciendo desembolsos y aun imponiendo préstamos para el pago de los abonos.
Las principales potencias habian reconocido entre tanto la Independencia que proclamó Texas, los Estados-Unidos disimularon y como que vacilaron; pero creyendo percibir aprestos de guerra de parte de México, arrojaron la careta y declaró su ministro Shannon que la política de la Union habia sido, hacia veinte años, apoderarse de Texas, y que cualquiera agresion de México contra Texas, se considerase como ofensa propia.