Viaje a los Estados Unidos, Tomo III
Part 23
En las galerías hay dos departamentos con destino particular; uno para los individuos del cuerpo diplomático; el otro para los periodistas, á los que se facilita recado de escribir y agua helada, que es un obsequio en la estacion de los calores. El resto de las galerías se divide en dos partes, una para señoras y otra para el sexo masculino. Las señoras concurren en mayor número. El público asiste á las discusiones en perfecto silencio, no permitiéndose ni aplaudir á los oradores, ni mucho ménos dar signos de reprobacion. Ha habido aplausos en casos muy extraordinarios, como al sancionarse la enmienda al art. 15 de la Constitucion, que dió igualdad de derechos á negros y blancos.
Ya hemos dicho que las comisiones todas tienen sus salones espléndidos; además, hay uno especial decorado con lujo extraordinario, donde recibe el _Speaker_ á personas distinguidas y al Presidente de la República y sus ministros, en los dias que señalan las leyes su presencia en la Cámara.
El techo del salon es de hierro colado y se ve como una obra artística de sobresaliente mérito; el tablero está dividido en rectángulos cubiertos de cristales, y en esos claros están pintadas de mano maestra las armas de los Estados de la Union.
En las noches, la vista es encantadora y como de un palacio de hadas: el edificio magnífico. La iluminacion se hace por medio de una batería eléctrica y de un solo golpe, como si estallase súbito un incendio en rotonda, tránsitos y salones.
Teniamos una hora disponible: salimos precipitadamente y vimos, así al paso, una pieza pequeña en que despacha la Corte de Justicia, y el Senado, que es de la misma forma, pero más pequeño que la Cámara de Diputados.
Antes de apartarme de aquel sitio, quise ver de frente el Capitolio.
A lo léjos distinguí, cuando yo salia, una gran estatua de Washington: unos dicen que tiene gran mérito; los otros la llaman el _Júpiter doméstico_, como quien dice, el leon faldero.
Washington está sentado, con su toga romana, objeto de censuras: yo no puedo dar opinion, porque no pude examinar bien aquella escultura.
Hay un Colon en actitud de jugar á los bolos, que seria de mérito en cualquiera de nuestros Tívolis: allí me pareció de desgraciado efecto.
No opino lo mismo de un correcto y soberbio grupo que representa á una linda mujer con su niño en los brazos, amagada por el hacha de un salvaje, y contenido y sojuzgado por la mano vigorosa de un yankee.... Es el apoteósis de la civilizacion, su triunfo sobre la barbarie.... El pensamiento me pareció magnífico y desempeñado con gusto admirable: ¿qué mejor empleo de la civilizacion que proteger á la mujer y al niño? ¿qué manifestacion más repugnante de la barbarie que el ultraje á los inocentes y á los débiles?
Aquellas actitudes, aquella accion, aquel conjunto, son de raro mérito, y me separé con repugnancia de ese grupo que bien merece detenido exámen. Este grupo hermoso es de Horacio Grinoffh, célebre escultor americano nativo de Boston, que murió en 1852.
Al salir por el interior del edificio para tomar el camino por donde venimos, me hizo notar Francisco la soberbia puerta de bronce que está al salir de la rotonda y tiene en relieve los paisajes más notables de la vida de Colon: aseguran que esa puerta costó cerca de treinta mil pesos.
--¡La Biblioteca! me dijo Francisco.
--Hermano, lo ves, ya no hay tiempo: tenemos tres cuartos de hora.
--Te pierdes de conocer una de las más hermosas bibliotecas del mundo, acaso solo la de Paris le iguale: tiene 300,000 volúmenes.
Estaba al frente de la opulenta Avenida de Pensylvania: dos líneas de verdes, juveniles y arrogantes árboles, marcaban la amplísima calle; de entre las copas de los árboles parecian salir los edificios á admirar el Capitolio, engalanados como para formarle desde léjos cortejo respetuoso.
A mi derecha distinguia varios edificios suntuosos: Francisco, conociendo mi deseo de informarme sobre lo que veia, me decia:
--Ese edificio en que te estás fijando, ocupa toda una manzana, ¿Ves su extension de 300 piés? Es el Correo. Costó 1.700,000 pesos.
El que está un poco más léjos, mediando solo el ancho de una calle, es el Ministerio del Interior. ¿Le ves blanquear? Es de mármol, como el Correo: contiene la famosa oficina de patentes, 120,000 modelos de distintas invenciones, distribuidos en cuatro salones inmensos. Allí se conservan con veneracion las prensas de Franklin. Ese edificio se incendió en 1836, destruyéndose los modelos acumulados en cerca de medio siglo; de suerte que el número de modelos que existe, es de 1836 á la fecha.
--Esto prueba que en materias de invencion, estos hombres les dan la debida importancia. El Ministerio del Interior funge á modo de nuestro Ministerio de Gobernacion, y tiene á su cargo lo relativo á los indios, las tierras públicas, y como hemos indicado, las patentes de invencion.
Ahora ponte de frente, como quien ve el término de esta Avenida de Pensylvania.
El inmenso edificio de granito que tienes delante es el Ministerio ó _Departamento del Tesoro_. Es una copia su arquitectura del templo de Minerva: lo dirigió Walter, arquitecto del Capitolio. En él se fabrican parcialmente los _greenbacks_ ó billetes de papel moneda; las labores de toda clase de ese Ministerio dan ocupacion á muchísimos empleados, entre ellos 800 mujeres que tienen generalmente sueldos de cien pesos y que han observado conducta irreprensible. La existencia que ahora tiene la bóveda para el oro, es de diez millones de pesos, entre monedas de este metal y certificados de depósitos existentes entre otras oficinas. El edificio consta de doscientas piezas.
--Ese edificio que está un poco atrás blanqueando entre los árboles, ese sí lo conozco, por la exactitud de las estampas que he visto, dije á Francisco. Esa es la _Casa Blanca_.
--En efecto, continuó Francisco, esa es la residencia del Presidente de la República; el edificio es modesto, aunque está amueblado interiormente con bastante lujo.
Aquí tiene sus recepciones públicas el Presidente, y en ellas no se acostumbra más que saludarlo y darle la mano, pasando frente de él. Para hablarle de negocios se necesita pedirle audiencia por escrito, á no ser los altos funcionarios, á quienes recibe en horas determinadas.
Por supuesto tiene sus reuniones íntimas, á donde no van sino las personas de su parentesco y amistad particular.
--Entónces, interrumpí á Francisco, ese _toro embolado_ que hay en Palacio con el nombre de "Audiencias públicas," no lo conocen estos, aunque sean muy democráticos.
--Mira en esta misma direccion, sobre las copas de los árboles, esa masa: es la parte alta de un edificio magnífico. Ese es el Ministerio de Relaciones, que aún no está concluido. Cuando esto suceda, rivalizará en grandeza con el Capitolio, pues ha de comprender, á más del Ministerio citado, el Ministerio de Justicia ó sea del Procurador general. Ya sabrás que el Procurador general es aquí un miembro del Gabinete, y por lo mismo, nombrado por el Presidente.
Detrás de ese edificio, que tiene por frente principal al rio que corre á nuestra izquierda, hay dos grandes edificios viejos y de ladrillo, que son los Ministerios de la Guerra y el de la Marina. Nada tienen de particular, porque no es aquí particular que tenga cada oficina un ejército de empleados. Vuélvete un poco á la izquierda.
Lo hice así, como me lo decia Francisco.
[Ilustración: VIAJE DE FIDEL
_LIT. M. IRIARTE MÉXICO._
Ministerio de Relaciones Exteriores.]
Ví entónces el Instituto Smithsoniano, que es de piedra roja.
Descuella el edificio de estilo romanesco entre el Capitolio y el Departamento de agricultura. El noble edificio fué instituido por el inglés James Smithson, _para el adelanto y difusion de los conocimientos científicos entre los hombres_. Tiene 447 piés de largo, 450 de ancho, y 9 torres de 75 á 150 piés de altura.
Contiene un Museo de Historia Natural, con muchas y valiosas muestras, arregladas en unos salones en que se ven y estudian colecciones metalúrgicas, mineralógicas y etnológicas.
Persona que debe saberlo me dijo, que entre las curiosidades que se notan en aquel Museo, hay un aerolito de gran tamaño, que tiene la figura de un anillo, y que lo llevó allí desde México algun _yankee_ garboso, de órden de Dios que puede más que nadie. Le llaman el aerolito Ainza, del nombre del sonorense que lo donó.
Sin fijarnos en el Departamento de Agricultura ni el Jardin Botánico, Francisco, viendo su reloj y arrancándome al panorama que contemplaba tan entretenido, me dijo:
--Fíjate bien en aquel edificio que está á la izquierda: es un hospital de mujeres dementes; recuérdame que te tengo que hablar de él.
A escape bajamos las escaleras y corrimos hácia la estacion.
--Francisco, Francisco, no vimos ni me hablaste del monumento de Washington, que está tan hermoso en las Guías.
--Esa es manía de los fabricantes de Guías, dan por hecho lo que es proyecto: ya viste la Casa Municipal de California y la de Albany.
El monumento de Washington, aunque no levanta sino poco más de cincuenta varas del suelo, da lugar á que se diga en la Guía que tendrá 200 varas de altura, que lo van á poblar en su interior estatuas de los héroes, y qué sé yo qué más prodigios. Lo cierto es que ha costado 130,000 pesos, y que segun todas las trazas, no concluirá.
El monumento está colocado en un terreno bajo y pantanoso inmediato al rio Potomac. Todo el mundo critica su mala colocacion: á causa de esto parece haberse enfriado el entusiasmo por continuarlo.
Hace cosa de dos años hubo grandes cuestiones, que tuvieron mucho eco en la prensa, sobre lo que se pudiera hacer con el monumento: unos opinaban por su demolicion; otros por convertirlo en un arco triunfal, y otros por aprovechar el material para construirlo en otra parte. Se habló mucho de que se estaba hundiendo por lo falso del terreno; hubo, á consecuencia, un reconocimiento de peritos, que dejó las cosas en duda.
Hay cerca de ese principio de monumento un cobertizo donde se guardan varias piedras, generalmente de mármol, enviadas, para que formen parte de él, por los diferentes Estados de la Union; todas ellas contienen alguna inscripcion, explicando su orígen, y conteniendo alguna expresion de afecto al padre de la patria. Hay algunas de naciones extranjeras, entre otras, una del Imperio Celeste.
En esto llegamos á la estacion: un dependiente de un hotel puso en mis manos dos cartas de Nueva-York.
Eran de dos amigos sur-americanos muy queridos; uno y otro me invitaban á detenerme en Washington. Me reservé para leer las cartas en el camino.
Gran disgusto manifestaba de no haber distinguido siquiera desde el Capitolio á _George-Town_, antigua ciudad situada en una pintoresca hilera de colinas en el Valle del Potomac. Es puerto de entrada del Distrito, y hay una línea de _stimbotes_ que lo comunica con Nueva-York. Uno de sus puntos más notables es un Colegio de Jesuitas.
XX
Mont Vernount.--Carta de Palma.--Carta de Fagoaga.--Richmond.--Excentricidades de yankee.--Catanogua.--Menphis.--El paso del Mississippí.--Un mexicano.--Historia de lágrimas.--Llegada á Texas.
Aunque fresca y alegre la mañana y realmente seductores los paisajes que tenia delante de los ojos, me preocupaba la idea de haber visto tan superficialmente Washington.
Tenia en mis manos la Guía, concluida en mi cartera la traduccion de Mont Vernount, y yo, ni por todos los tesoros del mundo, queria dejarla de consignar en mis apuntaciones de viaje. Allá va la apuntacion de mi cartera:
"Mont-Vernount está quince millas abajo de Washington, en el lado de Virginia del Potomac, y se llega á él por vapores, cuya navegacion por el rio es deliciosa y proporciona excelentes vistas del país y de los alrededores de Washington. Mont-Vernount; conocido ántes con el nombre de Huhtik Creck, fué legado por Agustina Washington, que murió en 1743, á Lorenzo Washington. El último le puso el nombre del Almirante Vernount, bajo cuyas órdenes habia servido en las guerras de España y al que profesaba grande afecto. George Washington heredó la propiedad en 1752. La parte central de la casa, que es de madera, fué construida por Lorenzo, y las alas de ella por Jorge Washington. Contiene muchas é interesantes reliquias históricas, entre las cuales está la llave de la Bastilla, regalada á Washington por Lafayette. Algunas piezas del avío personal y militar de Washington, retratos y pinturas de Rabreau Peale, representándole, delante de Yorktown. La tumba de Washington está en un local aislado cerca de la casa. Es una construccion sencilla, pero sólida, de ladrillo, con una reja de hierro, á través de cuyas verjas se puede ver el sarcófago de mármol que contiene los restos de Jorge y Marta Washington.
"La casa y la tierra que la circunda la compró en 1856 una Asociacion de Señoras, en 200,000 pesos, y la donó al Gobierno para que se considerase como propiedad de la nacion."
El camino me parecia en descenso; ni un solo palmo de tierra estaba sin cultivo, y como rebaños dispersos, se veian por aquí y por allá casitas blancas que indicaban propiedades de diligentes labradores.
La concurrencia del wagon que nos conducia comenzó á _pardear_ (á contener negros), más de lo que yo hubiera querido; de suerte que ménos me divagaba y más importunaba á Francisco con mi eterno preguntar.
--Creí, le dije haciéndome el chistoso, que me habias prometido decirme algo sobre el hospital de mujeres dementes.
--En efecto, me contestó Francisco; pero no esperes que yo te cuente lo que he oido, á tu manera, sino á la mia, muy extraña á las flores y á los ambajes.
Es de advertir que Francisco tiene dotes poéticas eminentes, que pretende ocultar como un tuerto presumido su ojo apagado.
--Todo yo soy orejas.
--Vivia en la Nueva Inglaterra una jóven que se hacia notar por su hermosura angelical, y más aún por su recato, por su dedicacion al trabajo y por las otras virtudes que la distinguian.
Un jóven de arrogante presencia y de excelentes cualidades, se enamoró de Miss Harris, que es el nombre de la hermosa, rondó su casa, se mostró rendido y le dió palabra de esposo.
La encantadora _lady_, que realmente adoraba á su novio, con empeño tan formalmente contraido, dió rienda á su ternura y prodigó atenciones y cariño á su prometido, hasta donde el pudor y la decencia podian autorizarlo.
¡Qué paraíso de ilusiones! ¡qué cielo de ensueños! Eran envidia de amantes, modelo de novios consecuentes, y las polluelas almibaradas, cuando los veian pasar, decian: "¡qué felices son!"
Sin antecedente alguno, interrumpiendo sus visitas y sus hábitos, el jóven se trasladó á Washington, donde estaba empleado en el Ministerio del Tesoro.
Al principio palió su ausencia el jóven con sus ocupadones; despues sus cartas parecieron tibias; al último dejó de escribir.
La jóven no creia en su inmensa desdicha: todo cariño tierno es indulgente; disculpó á su amante, atribuyó la que llamaba aparente frialdad, á escasez de recursos, y voló á Washington á allanar todo inconveniente y unirse al amado de su corazon.
Llegó desasosegada y encerrando un mar de pasion en su pecho: anunció su arribo á la ciudad, y el mal caballero, el indigno jóven, le dió una cita para una casa no frecuentada por los santos amores.
Supo Miss Harris el ultraje de que se la queria hacer víctima, y sintió que su corazon se despedazaba.
Disimuló sin embargo y provocó otra cita. Entónces supo que el nuevo lugar que se le designaba, tenia mujeres desenvueltas, se oian allí palabras que quemaban la piel, se distinguian fisonomías de bacantes; y humillada, trémula, enloquecida, fué en busca de quien así restregaba en los suelos, su honra, su alma, su inocencia y su vida.
Dirigióse la ultrajada señorita á la oficina del jóven, en pleno dia; le llama, mediaron algunas palabras, y con un _revólver_ que llevaba prevenido, dió muerte al jóven que habia querido sepultar en el fango, cuanto tenia de más amado en el mundo.
Aprehendida la mujer desdichada, bella como nunca con su indignacion y su infortunio, fué conducida al Jurado.
Su defensor, el célebre abogado Brady, expuso con tal elocuencia la situacion de aquella mujer, sus creencias despedazadas, la naturaleza del ultraje inferido, que por unanimidad la absolvió el Jurado. El defensor pintó su excitacion como una verdadera demencia, y adujo el testimonio de algunos alienistas que justificaban su asercion.
El pueblo, que oyó la causa y la defensa, estalló, en "¡vivas!" al saber el veredicto de absolucion del Jurado, paseando en triunfo á la terrible vengadora de su honor.
Pero la niña desventurada, al aniquilar al verdugo de su alma, habia destrozado su corazon. En medio de las aclamaciones de regocijo, dió señales del espantoso extravío de su razon.
* * * * *
Ahora se visita el Hospital de mujeres dementes del Distrito federal, y en el departamento de mujeres suele pasar delante del viajero una jóven alta, hermosa sobre toda ponderacion, que solloza, ríe y queda sepultada en honda meditacion.
--"¿Quién es esa mujer?" se suele preguntar.--"Es Miss Harris, la misma á quien pasearon en triunfo hace tiempo por las calles de Washington......."
--Mucho te agradezco tu anécdota, dije á Francisco, y voy á unirla á la historia de un plagio que mucho llamó mi atencion, por no ser fruta de estas tierras, y que corrobora el refran que dice: "En todas partes cuecen habas." Oye mi historia:
Hace más de cuatro años, un Sr. Roos, rico comerciante de Germantown que, como tú sabes mejor que yo, es una prolongacion de Filadelfia, tenia dos hijos, uno de seis y otro de cuatro años: el de cuatro años se llamaba Charley; era alegre como los ojos de una china de mi tierra, y lindo como un serafin.
Los chiquitines, con sus vestidos primorosos, sus sombreritos llenos de listones y sus juguetes en las manos, salian solos á la calle y se daban unas paseadas, que era un contento.
Una tarde que los chicos corrian con sus aros, bajo las frondosas arboledas de una de las calles más céntricas de Filadelfia, se detuvieron ante ellos dos hombres que iban en un _bogue_. Al parecer, aquellas eran personas decentes, puesto que los niños no mostraron extrañeza, cuando uno de ellos se apeó del carruaje, y dijo al grandecito que les llevaria á dar un paseo y les compraria dulces y juguetes.
Los niños partieron con sus raptores; pero el mayor de los dos mostró disgusto del paseo, dió señales de inquietud é impaciencia, y los hombres del _bogue_ le bajaron del carruaje, cerca de su casa. En ésta, á la llegada del niño, se supo la aventura, y desde ese momento comenzaron las diligencias para buscar al otro niño, con cruel ansiedad.
Cuatro años habian trascurrido desde la aventura del _bogue_, sin que el niño pareciera. La casa de M. Roos, ántes tan llena de la alegría de los niños, estaba lúgubre y como desierta.
El desventurado padre de Carlitos habia recorrido los pueblos más remotos de los Estados-Unidos, la prensa en constante clamoreo, habia simpatizado con el grande infortunio de M. Roos, haciendo cargos tremendos á la policía.
En tales circunstancias, recibió M. Roos un anónimo en que se le pedian veinte mil pesos por la devolucion de su hijo. La policía lo supo y se opuso á aquella condescendencia, diciendo que estaba sobre la pista de los plagiarios.
Las pesquisas se redoblaron, se consideró como punto de honor del Estado descubrir á los malvados, y toda diligencia fué en vano.
M. Roos, no obstante que no habia envejecido, estaba enfermo, devorado por la idea fija de encontrar á su hijo, y aniquilada su cuantiosa fortuna, ofreció diez mil pesos al que le diera noticias del niño; la policía hizo igual oferta, y la misma el Estado.
Muchas veces escribieron cartas misteriosas al padre dándole falsas noticias; abandonaba sus intereses y su casa, se galvanizaba, corria, se formaba risueñas ilusiones y volvia á su triste hogar, abatido y con la desesperacion en el alma.
En una de estas ocasiones hubo un robo famoso en Nueva-York; fueron en él sorprendidos dos malhechores; uno de ellos, al morir, en la penitenciaría, declaró que era uno de los plagiarios del niño de M. Roos, á quien tenia un compañero suyo.... Entónces revivieron las esperanzas, la prensa narró todos los detalles de la declaracion del bandido, produciéndose en el público intensa sensacion: se dijo que el niño se encontraba por Texas. M. Roos, que estaba bastante enfermo, pareció revivir con aquella noticia, se puso en marcha, recorrió el Oeste, registró los últimos rincones de Texas, y volvió hecho un viejo, doblado por los sufrimientos, á caer sobre la tumba de todas sus esperanzas.
Jamás se ha sabido del niño; muchas personas creen que murió ó lo mataron, temiendo que se descubriera el crímen.
* * * * *
--Muy triste, dijo Francisco, está siendo nuestro camino con esas relaciones; lee las cartas que te entregaron en la estacion. Veamos si esos muchachos dicen algo que valga la pena.
--Mira, dije sacando una de las cartas. Esta es de Luis Palma, aquel chico despabilado que siempre hablaba de política y queria acompañarnos hasta Washington.
--Excelente muchacho, dijo Francisco; esas ligerezas y ese brío que tu le echabas en cara, son cosas de la edad. Leamos su carta.
--Escucha:
"D. Guillermo:
"Ménos del plazo que conceden á un ahorcado le pido á vd. de espera, para que paseemos juntos siquiera dos dias en la Capital de la Union.
"¡Qué buenos ratos nos podemos pasar! aunque no abundan las diversiones, como en Nueva-York, no falta en que pasar el tiempo, y veria vd. comedias diplomáticas divertidas.
"Es singular: estos yankees, que viven tan _sans façon_, y de cuyo desparpajo se ocupan todos los viajeros, esencialmente si son franceses, observan la etiqueta con inflexible escrupulosidad.
"El chisme, aunque de guante blanco y casacon con bordados y cruces, recorre grandes y pequeños salones, y con finura no vista, se despellejan las potencias amigas, al darse tiernos besos de confraternidad.
"Lo que quiero es que pasemos revista de los grandes hombres que tienen en sus manos la suerte de la gran nacion americana.
"¿No conoció vd. á Hayes cuando estuvo en Nueva-York? Es un hombre que representa cincuenta y cinco años; ántes se le oyó mentar en la guerra como Coronel de voluntarios, y era en realidad un hombre oscuro, apénas conocido en el Ohio, de donde era Gobernador accidental cuando se reunió allí la convencion de Chicago, y resultó candidato de presidente, de la pura anarquía y desacuerdo para elegir, de entre los hombres eminentes del partido republicano: su poca importancia, que á nadie inspiraba celos, fué el secreto de su elevacion: de esto se ve todos los dias.
"Hayes tiene una fisonomía comun, y en su porte y maneras, más bien parece un hombre de iglesia que un político. De secretario de un obispo no tendria precio.
"La parte moral corresponde á ese físico, es retraido y monástico. Es un _metodista_ severo y solo comparable á su esposa. Pertenece el austero matrimonio á la Sociedad de Templanza, al extremo de pretender suprimir el vino en los convites diplomáticos.
"Cuando convidaron á comer al Príncipe Constantino de Rusia, estuvo muy á pique de beber agua, de susto; pero los periódicos ridiculizaron tal ocurrencia, y se dispuso entónces que solo para el Príncipe se sirviese vino, teniendo los demás que ver y desear, entre cuero y carne, es decir, en el fuero íntimo.
"En el órden comun de convites, cuando se sirve pescado, le hacen seguir del café para que el animalito no reviva, y despues continúa proveyendo el líquido elemento, como en los dias de la creacion.
"No obstante ser la costumbre del Presidente ir en coche á la iglesia, á él le asaltó el escrúpulo de andar en coche el domingo, con beneplácito de sus amigos de creencias.