Viaje a los Estados Unidos, Tomo III
Part 18
Mañana y tarde se anuncian los baños, suspendiéndose en cada baño una gran bandera á un alto mástil. Enarbolada la bandera, se da á entender que los baños están listos, porque su buen estado depende de la marea. Por lo demás, continuó el doctor riendo, ya vd. nos ha hablado bastante, describiendo á _Rokway_, de ciertas exhibiciones; pero lo que no llamó á vd. la atencion y lo extrañé, es que esas exhibiciones, para vd. y para nosotros alarmantes, los yankees las ven con profunda indiferencia, nadie se permite un espionaje ofensivo, nadie excita á un compañero á una contemplacion irregular, nadie deja su copa, ni su baile, ni su conversacion, por el cultivo de las escenas de la escuela realista, y eso le quita mucho al espectáculo, del carácter de inconveniencia que pudiera tener entre nosotros.
Los postres estaban en la mesa, se entraba por las puertas del comedor una tortilla de huevos flamante, y al través del azulado incendio, sonreia la costra azucarada del manjar aleman.
Era la hora de las tiernas expansiones: mis amigos me dieron la dulcísima sorpresa de que una lindísima niña, por quien conservo recuerdos muy cariñosos, me recitara un bello romance de mi querido amigo Pedro Santacilia, que coloco aquí como una joya literaria, y que se ha convertido en la fórmula expresiva de los hijos de Cuba, que lloran á la patria ausente á las orillas del magnífico rio Hudson.
Habla María, que María habia de ser para que yo la amase con tanta ternura:
EL DESTERRADO.
Tan léjos ¡ay! de su tierra Como él ¡quién no llorara!
D. DELMONTE.
"--Bello rio, bello rio, El de las ondas de plata, El de las mil tradiciones, El de la corriente clara, El de los bosques sombríos, El de las praderas anchas, El de las verdes colinas, El de las montañas altas.
* * * * *
"¡Bellas son como ningunas Las flores que te engalanan, Y las naves que te cruzan, Y las aves que te cantan; Y bellos los caseríos Que del bosque entre las ramas, Como nidos de palomas En tu orilla se levantan.
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"Bellas, sí!--Pero yo diera Tus encantos y tus galas, Tus pueblos y tus bajeles, Tus flores y tus montañas, Y las nubes de colores Que en tu cauce se retratan, Por ver tan solo un momento Del Cáuto las claras aguas.
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"¡El Cáuto!--¡Cómo se agita Llena de emocion el alma Al evocar en la ausencia Los recuerdos de la patria! ¡Cómo de dolor henchida La imaginacion se exalta, Al recordar los lugares En que pasó nuestra infancia!
* * * * *
"Si ver pudiera los campos De mi tierra infortunada; Si bajo el coposo mango, Sentado allá en la sabána, Escuchara en el silencio De alguna noche estrellada, La tórtola cuando llora, El ruiseñor cuando canta;
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"Si á lo léjos en el monte Viera las índicas palmas Que inclinan las verdes pencas Al suave soplo del aura, Y entónces la voz oyera, Perdida allá en la distancia, Del _montero_ enamorado Cantando dulce trovada;
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"Si ver pudiera las flores Que bordan nuestras montañas, Los lirios en el arroyo, El bambú junto á la playa, Los plátanos en el valle, El ganado en la sabána, Los cafetos en la loma Y en la llanura las cañas,
* * * * *
"¡Oh cómo de gozo lleno El corazon palpitara, Y cuán alegre las cuerdas Pulsara entónces del arpa; Pero léjos de mi Cuba, Proscripto y en tierra extraña, Tan solo llanto en los ojos Tengo y dolor en el alma...."
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Así, mirando una tarde Del Hudson las claras aguas, Un desterrado cubano Se acordaba de su patria, Y era su trovada triste Y cantándola lloraba. _Tan léjos ¡ay! de su tierra Como él ¡quién no llorara!_
PEDRO SANTACILIA.
Hubo un momento de silencio: pasó sollozando en el horizonte de nuestras almas, la memoria de la patria.
Terminada la comida, espié un momento para escaparme, porque tenia resuelto no despedirme de aquella casa, á la que tanto debí y á la que amo tanto......
Me escapé al fin, sin que nadie lo apercibiese, y al hallarme solo en la sombría calle 26, oyendo á lo léjos, como las caidas de agua de la montaña, el rumor de las avenidas de la gran ciudad, no cesaba de repetir: "Amor y bendiciones para los que acogen al extranjero como á hermano, y le sientan en su hogar y calientan su corazon con el cariño. Que la prosperidad les acompañe, y que la salud y el contento aderecen su mesa y hagan mullido su lecho de descanso; que la virtud y la sabiduría estrechen á su seno á las hijas y á los hijos de esta familia, y que la Providencia divina derrame como lluvia benéfica, sus más preciosos dones sobre esas flores de mi corazon......"
Vagué unos momentos al acaso, me senté en la plaza de Madisson, y veia con indiferencia de autómata el círculo trasparente en que, á guisa de vistas disolventes, se suceden figuras, que es una forma singular de avisos.
Aquella fantasmagoría me producia un efecto semejante á la locura: ya era una fisonomía á la que yo encontraba semejanza estrambótica; ya un barco medio hundiéndose, que yo traducia por agüero de futuro naufragio; ya unos gorritos de niños, que yo animaba con los cabellos rubios y los rostros angélicos de mis nietecitos: aquella vista me hacia mal.
Tomé, pues, la calle de Broadway para dirigirme á mi hotel.
Serian las doce de la noche, y los aparadores de las mil tiendas, en la parte alta de la ciudad, estaban abiertos, como si se quisiera dar un chasco á la noche.
Vino á mi mente la idea de hacer compras para los chicuelos, y no pude hacerlo: esto me condenó á un positivo martirio.... las horas negras revolaban sobre mi cabeza con sus alas de cuervo.
Al pasar por lo que se llama _Panadería de Viena_, que estaba luciente y concurrida como un salon de baile, quise tomar un refresco.
Es de advertir que la _Panadería de Viena_ se llama así, porque allí se fabrica pan exquisito, especial, como no lo habia comido en mi vida; pero en realidad es uno de los más elegantes cafés de Nueva-York.
La _Panadería de Viena_ está situada en un recodo de la calle 9 que da á Broadway; el ángulo está guarnecido de un hermoso barandal de hierro, que resguarda un pintoresco jardin, en que hay un techo saliente sostenido por delgadas y esbeltas columnas, y del que cuelga una profusa cortina de lona.
Entre las flores, arbustos y macetas del jardin, se ven repartidas simétricamente, mesitas con su tabla de mármol y sus piés de fierro.
Los efectos que se sirven en el café de Viena, son de la mejor calidad.
Mi curiosidad se despertaba al ver servir los chocolates en grandes tazas, sumamente aguado y con cucharita, como si fuera _thé_.
Me caia en gracia ver llegar á los criados por su helado, que no sé por qué le llaman (ladrillo helado), y el criado, ó el caballero, ó la _lady_, lo conducian muy orondos, hecho piedra realmente, en su cajita de carton; y me divertia la canastita curiosa de mimbres en que se sirve el pan, y la servilletita cuadrada de alemanisco, con sus rayas encarnadas, que solo sirve para limpiar los dedos y la boca, y no como fungen las servilletas en nuestras mesas.
Sombría, hondamente sombría estaba mi alma, y no me puedo dar cuenta de por qué, ansiando tanto volver á México y sintiendo en medio de aquel bullicio, hasta mis huesos, el frio del aislamiento, hacia mi partida con tristeza, como si me esperasen á la entrada de la patria más hondas penas de las que yo sufria.
En los salones en que se advierte que se reciben señoras y caballeros, no hay cantina, reina la mayor compostura y son frecuentados por culta sociedad.
Algunos jóvenes, de regreso de los teatros y sus correrías; algunas parejas afortunadas cantando en voz baja el eterno y siempre nuevo duo del "yo te amo;" los picos del gas reverberante, pero alumbrando fisonomías soñolientas y flores como dormidas sobre sus tallos, todo tenia singular aspecto.
Al retirarme de aquel sitio, me pareció oir voces en español en una mesita colocada á la sombra; acerquéme con cierta confianza, porque yo no sé por qué dí y tomé en Nueva-York, que todos los que hablasen español tenian de ser mis amigos íntimos por fuerza.
En esta vez no salió fallida mi extravagante regla: en aquella mesita, y departiendo muy amigablemente, se encontraban mis amigos Manuel Romero Rubio é Ignacio Mariscal, á quienes, en union de Juan José Baz, habia visto en la mañana en el consulado.
Dos de estos amigos, Romero y Baz, desentendiéndose de los antecedentes que nos reunian en el extranjero, atentos solo á los recuerdos de afecto, y acaso en vista de mi mala posicion, fueron para conmigo finos y hermanables.
Baz, ántes, con esa franqueza que forma el fondo de su carácter, habia encontrado á mi hijo Francisco en la calle, y sin esperar saludo ni cumplimiento, le llamó.
--Ven acá; tú no has de tener dinero; que nada te falte; aquí me tienes, pídeme; poco te importa que esté ó no contento con tu padre; tú eres su hijo y él es mi amigo.
Romero fué lo mismo conmigo, y cuando supo que hacia apuntaciones, que buscaba noticias, se hizo mi colaborador. De Mariscal ni se diga, lo quiero con el alma, tengo idea que es de los hombres que nos han hecho honor en el extranjero; él ha sido mi consultor y le debo muchas de las observaciones que pueden tener mérito en esta obrilla.
--¿No tomas nada?
--Ya tomé una grosella.
--Siéntese vd.
--¿Pronto la marcha?
--Muy pronto.
--En fin, y se puede decir, replicaba Romero, que has visto todo por encima, sin detenerte en nada.
--Para detenerme necesitaba yo, como vd., decia yo á Mariscal, vivir ocho ó diez años en Nueva-York.
--¿Viste por fin la casa de Appleton?
--La ví y tengo ya mis apuntaciones.
--¿Y el Correo?
--Consta en mi cartera.
--¿Y la Escuela de ciegos?
--Idem.
--¿Y la de sordo-mudos?
--La ví y no la estudié, porque de esos establecimientos conocemos por lo que hemos leido de Europa, porque la escuela de México da idea de estos adelantamientos, y sobre todo, porque cuando supe que tú habias ido, tuve esperanza de que me darias detalles.
--Los detalles, continuó Manuel, serian frios y no tendrian interes; los procedimientos de la enseñanza ya los conoces; pero puesto que lo quieres, te contaré mis _Impresiones de viaje_:
"Se me habian hecho grandes elogios de la institucion de sordo-mudos, proyectada en 1817, planteada en el de 1818, y que tuvo por uno de los primeros presidentes de su Junta Directiva, á Cliton.
"Desarrolló un plan completo de mejoras en 1831, Mr. Henry P. Peet, y hoy cuenta 400 pupilos en un hermosísimo edificio, en el centro de un parque, en Washington Heigts, número 162.
"De los treinta profesores del establecimiento, quince son sordo-mudos.
"Aunque la institucion se instaló y subsiste de la beneficencia privada, hoy la Legislatura la subvenciona y el Estado de Jersey mantiene allí cincuenta niños."
--Despues de esa introduccion, ya te supongo de viaje.
[Ilustración: ASILO DE SORDO-MUDOS.]
--Te equivocas, he hecho ya el viaje, y mi charla de guía fué para entretenerte en el camino.
Estamos á la puerta del grandioso edificio, y digo estamos, porque lo visitaba en compañía de otros mexicanos.
Saliónos á recibir el médico del establecimiento y otros caballeros (los supongo directores), que nos trataron con aquella finura y atenciones con que tratan á todos los viajeros.
Comenzaron aquellos señores por enseñarnos las oficinas todas del servicio del establecimiento, haciendo curiosas reseñas de la organizacion administrativa; ya conoces esto: la cocina con todas sus secciones, comunicacion de vapor, tubos, asadores, etc., la lavandería, el comedor, todo perfectamente aseado.
Despues de recorrer estanques, leñeros, ventiladores y lo más íntimo, ascendimos á la primera seccion de enseñanza para los niños que comienzan, y tienen doce años lo ménos.
El sistema es una combinacion de señas, y como ilustracion el objeto.
Hay un salon con grandes pizarrones, cada niño tiene su jis. En el centro de la pieza se ve una mesa con varios artículos; por ejemplo, sombreros, bastones, guantes, velas, vasos, etc.
Se designa y tiene en la mano el objeto, se dice por señas su nombre, se escribe en seguida.
--Sin duda un estudio profundo ha demostrado á los autores del sistema, añadí yo, que nosotros percibimos grupos ó conjuntos y que la particularizacion de esos objetos es el nombre sustantivo: así se podrán comparar dos bastones y los distinguirá el adjetivo, etc.
Para cerciorarse el profesor de si ha comprendido el discípulo, escribe el nombre del objeto y el niño lo designa ó lo conduce.
Despues, por medio de cambio de lugares de los objetos, da idea del verbo, que es el enlace de los nombres, su accion y la vida del idioma.
Esto puede decirse que es lo rudimental; pero el apoteósis del esfuerzo humano, la lucha con el infortunio, estriba en hacer hablar á los sordo-mudos, y esto, aunque lo habia oido decir, me maravilló.
Careciendo el discípulo de idea del sonido, no se pudo aprovechar ese elemento; pero se aprovecharon las ideas de los signos y se inventaron figuras que correspondiesen á los movimientos de los labios, á la posicion de la lengua y á la emision del aliento sonoro, de suerte que hubo una especie de escala para las vocales, etc.
Hecha la articulacion, aparece la letra y hace visible la palabra que comprueba la presencia del objeto, así con el signo convencional, así al frente, y el preceptor delante armado de infinita paciencia, balbute "papá," "mamá," "amo," y palabras fáciles como "baba," "papa," "ama," etc.
En este ejercicio se adiestran tanto los niños, que por el movimiento de los labios comprenden á sus preceptores, platican y entran en perfecta comunicacion.
--Yo no sé, continuó Romero, por qué me conmovió tanto aquella gloriosa restitucion del hombre á la sociedad.
El sabio y venerable preceptor nos pidió, sin duda para presentarnos una prueba especial de los adelantamientos de sus discípulos, que escribiésemos alguna cosa para que lo repitiese una preciosa niña, brillante de inteligencia y hermosura.
Un amigo escribió no sé qué sentencia en español.
Aquello lo tradujo la niña en sus signos, y articuló la sentencia en español, con la misma propiedad que uno de nosotros.
Entramos por último al salon de adultos, que alumbraban rasgadas ventanas, y que columnas, muebles, plataformas y techumbre, eran grandiosos.
El director nos presentó á sus discípulos como mexicanos notables, con expresiones de cortesía.
En seguida ordenó que escribiesen alguna cosa alusiva á nuestro país.
Cientos de manecitas como palomas con sus picos blancos, volaron sobre los pizarrones, y dejaron líneas como huellas de su tránsito.
¡Qué elevacion de ideas! ¡qué conocimiento de nuestra historia! Muchas inscripciones decian, que algunos creian que habia diferencias entre su nacion y la nuestra, que dios era la paz, y el triunfo de la razon y la justicia, la grande aspiracion de los pueblos....!
Repito, dijo para terminar Romero, que yo estaba abismado y que nunca olvidaré mi visita á la institucion de _sordo-mudos_. Esta es la causa porque lamentaba que la hubieses mentado de paso, y que no te hubieses detenido á examinarla.
Dí las gracias á mis amigos por sus atenciones, y me retiré al hotel, que estaba sepultado en profundo sueño.... Ardia, sin embargo, la luz de la desconocida de la leyenda de _la Monja_.... ¿Me detengo?.... ¿Disparo contra esa puerta un adios postrero.... que tiemble el mundo....? Juicio, _Fidelillo_, y á dormir.
* * * * *
Dormí muy poco y con extremada agitacion. Antes del alba, Maguet estaba de pié junto á la mesita en que yo escribia, poniéndome la mano en la frente, con aquella su tiesura de palo, para cerciorarse si estaba yo enfermo: por sí ó por no, me llevaba un tazon de té en que cómodamente me hubiera podido dar un baño.
Con mucha formalidad, y siguiendo una espontánea inspiracion de mi gratitud y mi ternura, me puse á escribir los nombres de aquellas personas con quienes tenia obligaciones contraidas y á las que deseaba decir adios, fuera de aquellos de quienes he hecho especial mencion.
El Sr. Dana, director del _Sun_, y persona en quien no se sabe qué admirar más, si la probidad ó el talento, fué la primera persona que ocupó mi lista.
Le merecí franca y leal amistad; pero además, todo mexicano le debe especial consideracion.
Por un sentimiento espontáneo de simpatía, porque estén de acuerdo con sus ideas las que nosotros defendemos, ó por lo que se quiera, jamás se tratan las cuestiones de México, sin que M. Dana esté de nuestra parte, con un conocimiento exacto de las cosas y con admirable desinteres.
Los Sres. García, de _Las Novedades_; los redactores de _La Voz de Cuba_; el Sr. Macías y otros literatos distinguidos, merecen mi profundo reconocimiento.
Los Sres. Cisneros, Aguilar, Agramonte, Jardines, Roselló, á todos queria hacer patente mi reconocimiento, y me disponia á salir, cuando Francisco, que habia arreglado lo conducente á la marcha, me dijo que queria que le acompañase á tomar los boletos.
Emprendimos el viaje hasta la parte baja de la ciudad, en donde están los despachos de líneas de vapores, ferrocarriles, _express_, y como quien dice, las llaves para abrir todas las puertas del mundo.
Cuartos y salones extensos tapizados de mapas, guías, derroteros, instrucciones para viajeros, todo se encuentra allí explicado por corteses dependientes, que se esmeran en particularizar detalles, y que le llevan á uno como por la mano á los puntos á que quiere dirigirse.
En estantes, á la entrada de esos salones, hay grátis y al alcance de todo el que quiera, mapas y directorios utilísimos.
Quedó arreglado el envío del equipaje, el cochero que habia de pasar por nosotros á las siete de la noche, y cuanto podiamos apetecer.
La ciudad me parecia más bella y animada; sus altas paredes, sus magníficos edificios, sus cúpulas, sus torres, sus banderas, como que salian á verme partir, y me señalaban entre aquel tumulto de coches, de carros, de vendedores, de hombres de negocios y de paseantes.
El almuerzo fué tristísimo; se trataba de cosas indiferentes; pero el eco de la voz tenia amargura, y no se atrevian á encontrarse nuestras miradas.
La lluvia se desató á torrentes; yo me encerré en mi cuarto, y para distraerme del fastidio que me agobiaba, me puse á copiar y extractar del _New-York Times_ lo siguiente, que me pareció curioso.
Pero es el caso que dentro del periódico, y como por vía de introduccion, habia puesto no sé cuántas sandeces que en aquellas circunstancias se avenian con la disposicion de mi espíritu, como un par de pistolas con un Santocristo.
No quiero, rematadamente no quiero poner ni quitar letras: allá va el extracto con todo y copete inadecuado y estrambótico.
Ahora que reviso mis apuntaciones, como quien repasa un exámen de conciencia, veo lo muy superficial de mis estudios, el mucho tiempo perdido en fandangos y bureos y lo mal que corresponde el anuncio de _Viaje á los Estados-Unidos_, con el diminuto y mal perjeñado texto de _Fidel_.
Me consoló un tanto de tan amargas reflexiones, convencerme que este defecto mio es de familia.
Tenia un tio (que por algo se ha de empezar), que se la daba de muy entendido en esto de mapas y estudios geográficos.
Anunció un dia que se iba á encerrar con sus libros, y cátenlo vdes. invisible para el comun de los mortales: los que lo espiábamos por el agujerito de la chapa de la puerta, le veiamos amontonando pergaminos, extendiendo papeles, tirando líneas, y estudiando, lleno de afan, hasta las altas horas de la noche.
Un dia salió del estudio con un gran libro en las manos, reclamando los honores del triunfo; abrió el libro con cierta prosopopeya, entre asombrados circunstantes que leyeron en la portada:
GRAN MAPA DE LA CATEDRAL.
Voltearon hojas y hojas que contenian varios dibujos de flores, bailarinas, barcos y figuras caprichosas: como al medio del libro se repitió el letrero de la portada:
GRAN MAPA DE LA CATEDRAL.
_Agosto 10 de 1812.--Este dia hubo ahorcado...._
Todos quedamos estupefactos del modo de hacer mapas del señor mi tio.
Pero mi pariente, á su vez, tuvo un padre venerable que preparó en su casa una espaciosa galera con grandes divisiones. La galera tenia escrito en la puerta:
GABINETE DE HISTORIA NATURAL.
Al cuarto nadie penetraba. Cuando murió el naturalista, abrieron la bodega y encontraron un gato y una guitarra.... Yo no sé cuáles serian los planes del tio ni la analogía que aquel sabio encontró entre el instrumento músico y el gato.
De consiguiente, de esa escuela son mis Viajes.
Tratando de reparar en lo posible mi falta de gravedad, pedí noticias, revolví volúmenes, y al cabo me encontré unos papelejos que pueden dar en conjunto idea, aunque ligera, del movimiento mercantil é industrial de Nueva-York, cosa, aunque indicada varias veces, no considerada de un modo especial en estos tan asendereados como contingentes Viajes.
Vamos al extracto:
"En la bahía de que hemos hablado muchas veces, que tiene seis millas, pueden caber gran número de buques, y en años en que ha dado abrigo el puerto hasta siete mil, no se han embarazado en sus movimientos.
En los rios del Norte y del Este hay extensas líneas de muelles para descarga de las embarcaciones.
En las costas de New-Jersey, de Long Island, y al frente de Broklyn, hay diques y represas las mejores del mundo, y además grandes almacenes para depósito de toda clase de efectos.
La exportacion del año fiscal que concluyó en Junio de 1877, fué:
Mercancías $ 632.980,854 Metálico " 43.134,738 ----------- TOTAL $ 676.115,592
La exportacion de Nueva-York en el mismo tiempo, fué:
Mercancías $ 274.120,814--43% Metálico " 26.847,747--62 " -------------------- TOTAL $ 300.968,561--44½%
Esto representa poco más de la mitad del tráfico de exportacion, por los 89 distritos de aduana de los Estados-Unidos. Lo que sigue en importancia á Nueva-York es Orleans, que manda al extranjero 70 millones en mercancías, de las cuales, 64 millones son de algodon.
La importacion de los Estados-Unidos importó $ 532.871,954 y del solo puerto de N. York " 361.802,540
La exportacion de los Estados-Unidos á México fué 4.509,041, y esto nos parece exagerado, segun los datos de que ya hemos hecho mérito.
Innumerables ferrocarriles cruzan en todas direcciones y ligan entre sí los diversos Estados de la Union; los lagos y los rios son vehículos poderosos que activan y desarrollan las riquezas; el telégrafo lleva por los aires la palabra en alas del rayo, para desenvolver en todas partes los elementos de vida, y se ensaya el teléfono para que, íntegra la voz humana, trasmita la expresion de la voluntad resguardada en su túnel de gutta perca, que se balancea en el viento.
Muchos millones de fanegas de maíz y trigo se conducen por vapor á Buffalo, y desde ahí, por vapores de canal, al Canal Erie. El tráfico del Erie y otros canales del Estado durante el año, es de cuatro millones de toneladas de Oeste á Este y de diez millones de Este á Oeste, y su valor doscientos millones. El valor del comercio interior del Estado es de dos mil millones de pesos.
En el Estado de Nueva-York habia en 1865, 164 caminos de hierro, teniendo un total de 11,019 millas de largo, ó sean tres mil quinientas setenta y tres leguas.
El costo de su construccion y equipo fué 598.543,930, y trasportaron 33,555,595 de carga, valiosa en 1,376.720,254.