Viaje a los Estados Unidos, Tomo III

Part 17

Chapter 173,850 wordsPublic domain

De esa manera imperfecta, trasmitiendo á la pared figuras adivinadas más que comprendidas, las relaciones tuvieron fomento, aunque envolviéndolas de contínuo negras sombras de duda y misterio.

La escala formada con los muebles, el mejor humor del prisionero, alguna astilla de los palitos que le servian para formar sus letras, se hicieron perceptibles á la intolerante policía y resolvieron cambiar su prision, tanto más cuanto que Aureliano Rivera, simpático y audaz caudillo de la Reforma, amagaba la capital y habia hecho dentro de ella incursiones temerarias.

Rodrigo esperó la noche dos dias ántes de su partida, y con voz desgarradora entonó su _Adios_.... Las últimas notas del doloroso canto vibraban en el viento, cuando con la misma luz de su prision distinguió fuera de la reja un hilo á cuyo extremo oscilaba una carta.... en esa carta Adela sugeria al prisionero los medios de fugarse.

La carta estaba fuera de los hierros de la ventana, á muy poca distancia, pero intomable.... la desesperacion era extrema; arrancó uno de los piés á una silla, lo adelgazó, le puso otro palo pequeño formando gancho, atrajo á sí el hilo; pero sin duda dió en algun punto cortante del palo, que lo trozó.... cayendo la carta al suelo, de donde fué recogida, produciéndose escándalo espantoso.

Ejerciéronse con Adela todo género de crueldades; se disponian á fusilar á Rodrigo los enemigos de la libertad; tocaban á un desenlace sangriento los sucesos.... cuando se escucharon disparos de artillería en la plaza mayor, repicaron las campanas del convento.... y la multitud, rompiendo puertas, derribando obstáculos, penetró triunfal en los claustros, gritando "¡Viva la Reforma!" y proclamando á Rodrigo como uno de sus héroes más ilustres....

* * * * *

Acomodándose Rodrigo á las creencias de la familia de Adela, se dirigió al Santo Padre por medio de un letrado distinguido, haciendo ver que era Adela víctima de un engaño y que no tenian validez sus votos monásticos.

Los hombres de todas las opiniones, los teólogos más ilustres, los más escrupulosos sacerdotes, esperaban que la decision del Santo Padre abriese á los amantes las puertas de la felicidad!......

Tal era la leyenda que escribí en verso, sin quedarme con una copia; la dividí en capítulos, procurando que en cada uno de ellos fuese creciendo el interes y multiplicando las alusiones, segun las peripecias de mi situacion particular.

Como he indicado, dejaba una noche el Album y lo recogia á la siguiente noche; pero nada avanzaba en mis pesquisas.... la luz que reflejaba la ventana me delineaba la linda figura, pero inmóvil, fria, con una silueta de estatua que me desesperaba.

Yo no sé cómo no me quedé litografiado en el quicio de aquella puerta, porque realmente me estampaba para distinguir algo que disipase mis dudas.... nada: la orla de seda de un vestido espléndido, dos piesecitos como dos pichones, que corrieran entre encajes.... y unos dedos de marfil y rosas que hubiera querido besar, si los labios, como debiera ser, tuvieran la facultad de volverse pinzas.

Pero la detencion frente de aquel cuarto era imposible; una vez me habian encontrado inclinándome al suelo, y yo saqué un cerillo fingiendo buscar una moneda; otra vez el lapicero era lo perdido; otras habia extraviado camino.

Algo debió notar Maguet de mis inquietudes, porque cuando volvia la cara, aunque fuese muy noche, estaba con una luz esperándome, y yo me daba á los demonios y seguia mi leyenda.

Cuando en ella llegué al punto del _Adios_ de Schubert, no hubo aparicion en el círculo de luz; pero á poco de estar en la ventana, tendió sus alas aquella melodía sublime y una voz sobrehumana iluminó mi alma, empapando de lágrimas mis ojos.

Al siguiente dia de haber aludido en uno de los capítulos de mi _Monja_ á la lluvia de pétalos de rosa, en una de las entradas que dí á mi cuarto, ví en la mesa del centro un espléndido ramillete de rosas blancas, atados sus tallos con un liston negro; redoblé mis tentativas, aunque solia decirme: ¿A qué este empeño? ¿qué designio me guía? ¿qué siento en mí que pueda justificar una inquietud tan injustificable en mis años?

Hice coincidir el capítulo de la carta suspendida del hilo, con mis anuncios de partida, y por último, á uno de mis amigos le rogué, la noche que deslicé bajo la puerta la conclusion de mi leyenda, que cantase en mi cuarto, como cantó en efecto con voz dulcísima, apasionada y dolorida, el _Adios_ de Schubert....

En el claro que formaba en la pared la luz del cuarto de la gaditana, ví inmóvil, como si proyectase la sombra una estatua de mármol, el bulto, los contornos y el perfil correcto de mi aparicion: con la última nota se extinguió la luz, envolviéndome en el silencio y el misterio.

Por más activas que fueron mis pesquisas, no pude hacer aclaracion alguna; por más audaces que fueron mis tentativas para conseguir copia siquiera de mi manuscrito, nada pude obtener; creo que los versos de esa leyenda, es de lo ménos malo que he hecho en mi vida.... Ni sospecha, ni conjetura, nada dejó en pos de sí la inspiradora de mi leyenda de _la Monja_.

* * * * *

Cuarenta y ocho horas precisas me quedaban para decir mis adioses á Nueva-York, que como he dicho, como que me rodeaba con su tumulto de palacios, sus ruidos, las cruces de sus telégrafos, su tropel aéreo de cúpulas y banderas y su conjunto arrebatador.

Levantándome estaba cuando entró en mi cuarto un jovenzuelo llamado M. Fayar, alegre como un fandango, movible como una ardilla y vestido como un corredor de caballos, lo que le hacia aparecer doblemente expedito.

--M. Guillermo, vd. será por mí; yo quiere con vd. muchas muchachas señoritas.

--Chico, es cosa que no me repugna en ninguna circunstancia; pero estoy ocupadísimo.

--Pero vd. no decir nada de este en su Viaje.

--Hombre, en mi Viaje hablo bastante de este ramo y es lo mismo en todas partes, tratándose de los Estados-Unidos, con la diferencia de que aquí toman las cosas colosales proporciones.

--Ya verá vd. salones en toda forma, en cuyo menaje están invertidos capitales inmensos; haria vd. conocimiento con hermosuras de casi todas las naciones del globo.... y mucho contento.

--Amigo, he tenido en mi mano una Guía de forasteros ó Directorio, que se vende á los viajeros para sus visitas de confianza, y en ese librito constan todas las particularidades apetecibles para las visitas de confianza. Por otra parte, yo no he querido escribir un _Manual del Calavera_, sino consignar simplemente mis impresiones, y esto en la esfera limitada y con la superficialidad consiguiente á quien hace sus apuntaciones por ferrocarril: ya vd. lo ve, aquí, anualmente, se publican gruesos volúmenes, sobre cada uno de los departamentos de la administracion, sobre cada uno de los establecimientos de beneficencia, sobre cada uno de los servicios públicos; ¿qué puedo yo hacer, sino índices, indicaciones y notas que pongan de manifiesto mi deseo de que en mi país se conozcan y estudien estos pueblos?

--Esta bien, creo que vd. hace más de lo posible; pero ni siquiera de M. Rails habla vd., y está llenando el mundo su proceso.

--No me he podido imponer á fondo. ¿Vd. conoce bien ese cuento?

--Bien, bien, no; pero un poquito, que está curioso. ¿Vd. conoce la Quinta Avenida que da entrada al Parque Central?

--Perfectamente.

--Se ha fijado en cuatro ó cinco palacios de mármol, que forman esa entrada, y llaman la atencion por su opulencia?

--Si, señor.

--Pues uno de esos palacios es de la persona de quien se trata.... De una abortivista.

--¿Qué me cuenta vd?

--Que es una _profesora_ del arte _de quitar estorbos_, y que en contacto con personas muy acaudaladas y con hijas de familias menesterosas, hizo una inmensa fortuna.

Vivia en la opulencia hace muchos años; se jactaba de las mejores relaciones; en su casa se daban convites y habia tertulias espléndidas; pero cate vd. que por su mal, se organiza una Sociedad furibunda, nombrada "Preventiva del crímen," y las cosas cambian de aspecto.

La Sociedad es de lo más benéfico y curioso que vd. se puede imaginar. Compónese de personas poderosas, de probidad intachable y de habilidad notoria.

La Sociedad se constituye en amparo de la jóven á quien se pretende pervertir, de perseguidora implacable de garitos y casas de prostitucion, de azote de ladrones y todo género de malhechores; tiene sus abogados, su policía diligentísima y está perfectamente relacionada.

El abogado de la Sociedad mencionada acusó á M. Rails de su infame profesion; puso ella en accion sus relaciones, amagósela con una prision; para eludirla se le pidió una fianza de cien mil pesos, que la ilustre profesora puso en depósito....

Entónces la policía, por medio de sus agentes secretos, acudió á mil ardides, hasta que al fin logró tender una red sutilísima en que cayó la abortivista.[3]

[3] En estos últimos dias, y ya publicándose mis Viajes, se supo que M. Rails se habia suicidado: descubiertos sus crímenes, se metió en un baño y se abrió las venas.

Tambien es curiosa la causa hecha á un doctor de Nueva-York, que cultivaba el mismo comercio.

--Ya he dicho á vd., repliqué á M. Fayar, que sobre estos particulares creo me he extendido lo bastante en San Francisco, y que ahora serian fastidiosas mis repeticiones.

XVII

Comida en casa de Bachiller.--Noche.--Panadería de Viena.--Romero Rubio.--Mariscal.--Juan José Baz.--Escuela de Sordo-mudos.--Express.--Comercio.--Lluvia.--Salida de Nueva-York.

Circunstancias muy privadas y personales hacian dolorosa para mí la separacion de Nueva-York, y por una fatalidad de mi destino, los halagos de la vuelta á la patria mucho se enturbiaban por las condiciones de la salud de mi hijo, y por motivos no para narrados en estos tan accidentados como verídicos Viajes.

Ya he indicado en otro lugar que la familia del Sr. Lic. D. Antonio Bachiller y Morales, á la que pertenecen los Sres. Dres. Landeta y Castro, y el Sr. Lic. Néstor Ponce de Leon, se encargaron de aliviar mis penas, me crearon familia y me llenaron de atenciones, que recuerda con profundo reconocimiento mi corazon.

La familia inteligente y bien educada de mi país, se ofrecia allí á mis ojos con todos sus encantos.

Pretextos para sabrosas comidas, discusiones al parecer tempestuosas que se deshacian en lluvias de flores, interes por mi salud, alivio á mis dolores, todo lo encontraba, pero tan sincero y espontáneo en todos, que más parecia que las satisfacciones de que me rodeaban eran más por el sentimiento egoista de procurarse mis amigos placer, que por el designio de hacerme olvidar mis penas.

De ponerse tablados era cuando en competencia con las señoras y acariciando mis más bellas memorias, exponia á la atencion curiosa de mis oyentes nuestro popular Paseo de la Viga, nuestro Chapultepec romancesco; y los cubanos, en revancha, me pintaban las risueñas perspectivas de su Jesus del Monte y su Guanavacoa, su paseo de Isabel II y su Jardin Botánico.

Entónces yo, á guisa de diestro luchador, hacia reminiscencias de nuestros paseos en burro, nuestras temporadas de San Angel y otros solaces cuya belleza no se percibe con los ojos pegados al cuadro, pero que á cierta distancia tienen encantos indecibles.

Bachiller es un jurisconsulto eminente y un literato distinguido; en la Habana, su patria, hizo sus estudios y desempeñó puestos importantísimos; su erudicion es vastísima y su criterio luminoso y seguro.

Pero aparte de sus clarísimos talentos y de sus obras científicas y literarias de exquisito mérito, sobresalen en Antonio dos cualidades que mis lectores me dirán si no son perlas y diamantes para los que tenemos la fortuna de ser sus amigos.

Allá va la una. Es un amor á México que llega al fanatismo, como debe ser el amor: mucho sentimiento y mucho anhelo por el bien de la persona amada.

Antecedentes de familia, reminiscencias muy queridas para mi amigo, fomentan y robustecen aquella pasion por México.

Posee en su archivo curiosidades de nuestra historia, anda perpétuamente á caza de noticias y periódicos de México, y constantemente se halla en correspondencia con personas notables de nuestra patria, comunicándoles cuanto cree que puede contribuir á su bienestar y adelantamiento.

Cuando en 1842 salió de México el eminente poeta Rodriguez Galvan para no volver á su patria jamás, yo, que conocia de nombre al Sr. Bachiller, por haber hablado de mis versos en _El Diario de la Marina_, le recomendé á mi malogrado amigo, que debia pasar por la Habana: allí cayó enfermo y murió Rodriguez.

Bachiller fué un amigo y un padre para Rodriguez, le abrió las puertas de su casa, tratándole como de su familia, lo relacionó con los más eminentes literatos, esencialmente con Milanés, quien le leyó su "Conde de Alárcos," _y de quien son los lindísimos versos que yo atribuí á Turla equivocadamente_, al tratar de mis impresiones de Orleans, y cuando enfermo y en su muerte le llenó de cuidados, prodigándole generoso toda clase de auxilios.

Mi gratitud á Bachiller por todos estos antecedentes, la hice sensible en relaciones cariñosas y no interrumpidas, durante más de treinta años en que yo no he dejado de recibir atenciones de tan cumplido caballero.

Ardia la casa de Bachiller en impaciencia por mi llegada; el finísimo Dr. Landeta se preparaba á hacer los honores de la casa con la exquisita elegancia que tiene de costumbre. Néstor Ponce tenia lista cerveza suprema, y las señoras se disponian á celebrar mis sorpresas por los guisos al estilo de mi tierra, y los dulces deliciosos que recuerdan la especialidad que para postres y reposterías tienen nuestras mexicanas.

Parece que veo el cuadro. Bachiller, sosegado y dulcísimo, con su leviton de lienzo, rodeado de sus preciosos y juguetones nietecitos, que me recordaban á los mios.

La esposa con sus hermosas hijas, agrupadas junto de una amplia ventana en cuyo marco se divisaban flores y enredaderas, y la tropa masculina charlando y fumando frente al bufete del sabio, convertido con desacato en mostrador de cantina.

Dióse la voz salvadora de _la sopa está en la mesa_, y en tropel risueño nos dirigimos al comedor, donde los chicos gritaban y repicaban sus trinchis en copas y vasos, las señoras esperaban modestas y nosotros los hombres nos arrellanábamos á gozar, _sin ser de nadie y sin pensar en nada_ de los hechiceros encantos de la gula, cuando llega á seducirnos acompañada del buen humor.

Despues de los primeros contentamientos á la tiranía animal, contentamientos que, como se sabe, se hacen en medio del silencio, la conversacion se hizo general y cada uno se esforzaba por acreditarse de alegre convidado, sin cuidarse de sexo ni edad. Por supuesto que la conversacion corrió, despues de culebrear un tanto, á los viajes, y á lo mucho que me faltaba que decir.

[Ilustración:

VIAJE DE FIDEL.

_LIT. H. IRIARTE, México._

La casa del Presidente.]

--Lo conozco, señores, repetia yo; pero vdes. convendrán en que un viaje al vapor no es un inventario.

--Es permitida la ligereza, decia Néstor con ironía.

--Si se trata de ligereza en el sentido de no profundizar, como en tratados especiales, todas las materias, convengo, decia Bachiller; pero ligereza en cuanto importe inexactitud de datos estadísticos, observaciones políticas y mercantiles, no convengo, porque muchos de esos datos los han suministrado oficinas públicas y documentos oficiales, y nos tiene asoleados Guillermo, aclarando fechas, haciendo rectificaciones y estudios detenidos, á Néstor, á M. Bryant, á Mantilla, á mí y á cuantos conoce.

--No, repetia mi contrario, yo lo digo por los cuentecillos y cosas fantásticas.

--Eso es otra cosa, ese es mi plan: yo he buscado una forma para popularizar mi libro entre gente que se moriria de fastidio con los números y las disertaciones gravedosas; yo quiero que el mandadero y el carnicero, la polluela parlanchina y el vejete recalcitrante, lean mis Viajes, y al fin adquieran ideas exactas de este pueblo, de que se suele hablar en mi país como de los habitantes de la luna.

--Yo lo que deseo es que hable vd. fuerte, muy fuerte, á estos patanes, sobre su codicia, porque para ellos no hay más Dios que el dinero.

--En efecto, decia Néstor, ya el señor ha hablado bastante de la omnipotencia del _dollar_; pero lo que le falta que agregar es que si el yankee es ávido para adquirir y no se para en medios, tambien gasta con suma liberalidad; aquí no se ve, como en la tierra de vd., ó si se ve es con ménos frecuencia, hombres acaudalados, tratándose con verdadera miseria, peor que los obreros de estas fábricas.

--¿Ya ve vd. cómo se desarrolla aquí la fiebre del oro? Pues la dote en la mujer es desconocida, y esos pescadores de fortunas con el anzuelo del amor, ni se mientan.

--Eso sí es cierto, replicó una de las señoras; aquí ni se habla de esos gansos del amor conyugal, muertos de hambre, calculistas, esperanzados, para salir de penas, en triunfar del corazon de una polla trasañeja, epiléptica y contrahecha, ó de una vieja, aunque impertinente y llena de achaques, poderosa.

--Por otra parte, decia otra señora, sesuda y de claro ingenio, por regla general, cuando el marido yankee no es borracho, es un excelente marido; acaso los negocios y la frialdad de carácter le hacen fiel y dedicado á su familia, es pacientísimo con sus hijos; acaso su defecto capital sea que muchas veces se deja dominar de la mujer, que es enfermiza y poco hacendosa, aunque esto admite sus excepciones.

--¿Qué me está vd. diciendo?

--La verdad, dijo Bachiller; esas hermosuras deslumbradoras caducan mucho más pronto que en Europa; son bellezas de un dia, y vd., al apreciarlas de otra manera, ha incurrido en una equivocacion.

--Eso depende, dijo una viejecita, muy viejecita, con su dentadura muy blanca y su cabeza como unos algodones, de que esas niñas no comen: cuando diga vd. mantenerse de golosinas, las _yankas_: por aquí las fresas; por allá la nieve; por acullá los candís, si tienen proporciones; y si no, todo se lo echan encima, es decir, todo lo gastan en vestirse: para algunas no importa que la casa esté como nido de aviones; pero el gorrito listo, nuevo el velo de gasa, ajustados los guantes y el calzado como de reinas.

--Eso tambien debe atribuirse á que no conoce vd. mujeres más callejeras que estas americanas.

A título de libertad, se van llevando á la casa al novio, sin que nadie les diga: "esta boca es mia," platican con él, salen y entran con él, sin que nadie se fije en el aparecido; de suerte que á veces, á los tres ó cuatro meses, va sabiendo el papá que aquel señorito que entra y sale y se aisla con la mayor desfachatez á platicar á solas con su hija en el salon, es nada ménos que su futuro hijo político.

--Es la verdad, decia Néstor; los vínculos de familia están bastante relajados en el Norte; pero es necesario fijarnos en el punto de partida de nuestro juicio: aquí no hay herencias forzosas, y esto, aunque sea por la conveniencia, mantiene el respeto en las familias; de suerte que no se da caso que un muchacho haragan y con las manos lavadas, finque las esperanzas de mejora de fortuna en que espichen los autores de sus dias, ni hay esos pleitos en que hijos y padres son desvergonzados difamadores, ni esas bandadas de buitres que con el nombre de herederos forzosos acibaran los últimos momentos de un infeliz que cometió el delito de formar un capital con su trabajo.

--¿Ve vd. este pueblo? me decia un hermano del Dr. Landeta, que estudia á los yankees sin cesar.... ¿Ve cuántos rasgos de inmoralidad y disolucion?

Pues advierta vd.: al marido honrado que ha sido objeto de las traiciones y víctima de la mala conducta de una mujer frívola que desconoce sus deberes, á ese marido jamás se le burla, no se permite ni al ridículo ni á la maledicencia poner en evidencia su infortunio y la deshonra de los hijos; y esas sátiras al marido manso, al predestinado, al sufrido, se rechazan de la buena sociedad, no las explota la caricatura, y aun en el teatro, se mutilan las obras francesas para desviarlas de nuestra manía latina de hacer recaer sobre el marido, censuras que solo merece la mujer....

--Señores, todo está muy bueno; pero nos estamos quedando sin comer: ese asado es excelente, aquí se tiene especial cuidado con las carnes.

--Eso merece un trago de este añejísimo Borgoña....

--No, yo no me puedo conformar, decia la bondadosa señora de Bachiller, con que no nos acompañe vd. á Saratoga.

--Al anuncio de los baños ó de las aguas de Saratoga, dijo un jóven elegante que estaba á mi izquierda, las casas se ponen en movimiento, los maridos aprestan los bolsillos.

Hay familias de _ladies_ de tres á cuatro personas, que llevan quince ó veinte baúles, de esos baúles monstruosos que con cuatro ruedas y sus asientos, pudieran suplir á cualquier wagon.

Las familias, excepcionales por su riqueza y circunstancias, tienen sus casas ó residencias en Saratoga, muy elegantes y apartadas del bullicio; pero lo característico es la vida del hotel, y hay muchos y magníficos hoteles en Saratoga.

Los hoteles, como vd. sabe, son grandes edificios formados de dobles hileras de cuartos, que unos dan al exterior y los otros al interior del hotel: las familias toman cuartos dobles para mayor comodidad, no obstante que los paseantes de los corredores suelen hacer infernal ruido.

A poca distancia de los hoteles está el pintoresco edificio de _Congress hall_, en el centro de un parque cultivado con esmero. En el parque está el afamado pozo de las aguas medicinales.

En el brocal del pozo se hallan constantemente unos niños perfectamente vestidos, con unos palos que tienen sus vasos en el extremo para extraer el precioso líquido, que dizque cura las enfermedades del estómago; y no dije siquiera vientre, porque esas palabras se reciben como obscenas y están relegadas á la gente ordinaria, como camisas, piernas, etc.....

A primera hora se sirve el almuerzo con abundancia y variedad notables, y en el terraplen cercano se instala la música militar, á alentar, con sus marchas y canciones, la conversacion de las damas, los paseos de los viejos y los juegos de los niños.

Empréndense con suma frecuencia excursiones á un lago inmediato, delicioso por el paisaje que le rodea y por sus cristalinas aguas. Por supuesto que los paseos acuáticos son encantadores.

Verifícanse las comidas en el hotel, entre dos y tres de la tarde: terminada la comida, llegan por la concurrencia elegantísimos carruajes de todas formas, tirados por arrogantes frisones, y se forma el paseo del Parque, ostentacion de lujo y hermosura, más para vista que para descrita.

A las siete de la noche se sirve el _thé_.

Es de advertir que por costumbre los dueños de todos los hoteles se hacen la obligacion de dar un baile por turno cada noche (hop), baile de confianza, sin lujo, pero en que se pasan ratos muy agradables. Dura la diversion hasta las doce de la noche.

Es costumbre que los huéspedes de unos hoteles conviden á los de los otros, y de esa manera se generaliza el contento y se fomenta una benéfica competencia para atraer cada dueño de hotel mayor número de parroquianos.

Hay otros bailes de mayor rumbo y trueno, en que se sirven cenas _grátis_ á los convidados y desplegan mucho lujo las americanas. Duran hasta las dos de la mañana.

El Dr. Landeta, persona educada en la selecta sociedad de Paris, donde hizo su carrera, añadió, dirigiéndose al jóven que hablaba:

--Ha hablado vd. de las aguas medicinales; los lugares destinados á baños están rodeados del mismo ó semejante aparato de distracciones.