Viaje a los Estados Unidos, Tomo III
Part 10
--¡Insolente! ¿por qué? ¿porque proponia un cambio de servicios, tan honroso el uno como el otro? Confiese vd. que lo que nosotros queremos son esclavos, y que nos asombra verlos entre gentes; ¿por qué la criada no ha de ver el teatro ni concurrir al paseo?
--La casa es su oficina, decia Don Ramon como en broma, cultiva relaciones y familia, se sujeta al pacto celebrado, y esto es todo. En la casa se regularizan las costumbres.
--Mucho que se regularizan: á la oracion de la noche no arde lumbre en ninguna parte; y ya vd. lo habrá visto, el dia que hay una necesidad, uno va á las _grozeries_ por lo más preciso.
--Pues yo en los hoteles en que he estado he visto servir á las irlandesas, como no es decible, y en general son laboriosas, seguras, y la que se aquerencia en una casa, es inmejorable.
--Hay de todo, replicaba Doña Ambrosia, y como vdes. no lidian con ellas.... No, yo no estoy por esas igualdades.
--Entremos en cuentas: ¿qué tenemos de más que los criados? ¿No valen más un cochero honrado, un cocinero hábil y cumplido, un cargador puntual, que multitud de vagos petardistas y demás gente perdida? Entre nosotros, ese cochero y ese camarista es un animal doméstico: aquí es un hombre.
Por otra parte, la criada presa es perezosa y ladina; no habla á la señorita como igual, pero la adula y se convierte en su complice, ó bien chismea y se hace el espía de la vieja. El _nene_ de la casa no la pedirá en matrimonio, pero la seducirá como un vil y se le lanzará con infamia de la casa, aunque lleve consigo algo muy allegado á la familia.
--La educacion latina y colonial, decia D. Pedro. ¿Cómo atreverse á pensar los siervos? ¿cómo vestir el lacayo como el señor? De ahí esas libreas que hacen de cada criado un polichinela, que lleva como una patente de degradacion á cuestas. Ese cochero de escarapela de cintas y alamares, ese _joquey_ vestido de encarnado, es el _hazme reir_.... Aquí el cochero viste lo propio que cualquier diputado, porque es lo mismo, y el dependiente de hoy, puede ser nuestro juez mañana. En Nueva-York se usa la librea, sin que por esto deje el cochero su carácter de ciudadano: la librea es más bien institucion de lujo europeo.
--Así es en todo, replicaba Pepita: nosotros teniamos distinciones para todo; aquí todo se iguala. Vd. lo ve, teniamos la costumbre de ver al vecino de limpiabotas; hizo un viaje, volvió poderoso y acaba de mudarse á la Quinta Avenida, á una casa mucho mejor que esta.
--Decimos igualdad, clamamos por ella y nos espanta verla aquí realizada, decia D. Pedro.
--Bueno será todo esto, decia D. Ramon; pero la educacion es una distincion que se impone, aunque dominen las ideas más liberales.
--Para eso que la eleccion depende de uno, replicaba Juanito; y cuando se elige mal, nadie tiene la culpa sino el que eligió.... ¿Vdes. conocen á mi amigo Eduardo Piña?
--Lo conozco, dijo D. Pedro, es un excelente muchacho: se hace notable, sobre todo, por su finura y moderacion.
--Pues oigan vdes., continuó Juanito, lo que le aconteció, á los muy pocos dias de llegado aquí. No sabia palabra de inglés y vagaba deslumbrado con las muchas mujeres que pululan por todas partes en esta ciudad.
Una tarde encontró en un carrito una jóven de singular hermosura; la vió, coqueteó, sonrió.... la jóven salió del carro y él en pos de ella; anduvo un poco, tomó otro carro, y Eduardo la siguió frenético: al bajar por segunda vez, le dijo: "Yo amo á vd.," únicas palabras que sabia de inglés: ella sonrió, y á poco caminaban del brazo como Julieta y Romeo: al pasar por uno de esos _restaurants_, que son como desbordamientos de luz vivísima, como Dios dió á entender á Eduardo invitó á su adorado tormento á tomar alguna cosa, haciéndole señas, ó como pudo. La jóven aceptó; penetraron salones, subieron escaleras, y en un gabinete reservado, un criado oficioso sirvió ostiones, Champaña y no sé cuántas cosas más, porque ya sabemos que tienen diente devorador por aquí las hijas de Eva: terminado el refrigerio, como es costumbre, el criado presentó en un platillo de plata su cuenta. Eran seis pesos y no sé cuántos centavos.
Sacó Eduardo un billete de á diez pesos: la jóven lo tomó y le dirigió la palabra al criado: el criado replicó, Eduardo no entendia una sílaba; pero veia algo de descompasado en la señora de sus pensamientos; acudió gente; á Eduardo se le figuró que el criado faltaba al respeto á la señora y se dispuso á arremeter con él, todo en medio de gritos y de escándalo, en que mi pobre amigo tenia fiebre.... sobre todo porque no entendia una sílaba.... por fin, vino el administrador de la casa, que sabe algo de frances, y explicó á Eduardo que la señorita creia exagerada la cuenta, y defendia á capa y espada unos veinticinco centavos.... Eduardo hubiera dado lo que llevaba en el bolsillo por haber evitado el escándalo.... ella estaba rabiosa, y á pesar de la conformidad de Eduardo, defendia sus intereses como una verdulera....
--Ya vd. lo ve; y si Eduardo fuera de ménos talento, diria que las damas americanas son pleitistas y furibundas como unas arpías. Aquella era una honrada cocinera.
--Añada vd. á eso, dijo Adela, que hay muchas criadas de buena educacion, y de modales que en nada se diferencían de los usados en la buena sociedad.
--Por qué no dices de una vez, que aquí se le ha hecho á la gentuza la suya, y así te quitarias de distinciones. ¿Dónde está la gente fina y de título?.... y no la hay. ¿Cuál es la clase media? y ni quien conteste. ¿Dónde está la canalla?.... pues si aquí no hay canalla; y tienen vdes. que pierde la cabeza el más pintado, porque uno tiene la costumbre de ver las cosas de otra manera.
--En efecto, señora, lo que hay aquí es pueblo, que es lo que se encuentra con gran dificultad en nuestra tierra y en la de _Fidel_, repuso D. Pedro.
--¡Ave María Purísima! dijo Doña Ambrosia, ya vamos á entrar en la política, que á todos nos pone de mal humor.
--Ya no sigo, Sra. Doña Ambrosia, repuso D. Pedro; pero otro dia hablaremos de la gente fina y de las categorías sociales.
XI
Pick-nick marino.--Rockway.--Los muelles.--El vapor "Plimouth."--Paisajes.--Bañadores.--Pavilion Baths.--Cantina.--Museo.--Fonda.--Los baños.--Modorra.--Un romance.--Regreso.--Las Tumbas.--Laberinto.--Asco y degradacion.--Una cita de poetas.--Jacinto Gutierrez.--Perez Bonald.--El Café Delmónico.--Lectura de mis versos.
Ayer sí que estuvo el diablo en holgorio: paseo en el mar, baile, baños; ¡cuántas cosas juntas para echar, no una cana al aire, sino todas las canas, y gastar todo un tintero de tinta color de rosa!
Trátase de un gran Pick-nick: yo tenia premeditada semejante excursion, habia recorrido con avidez el _Heraldo_, y me habia fijado en un paseo á _Rockway_, que es uno de tantos preciosos islotes que bordan y alegran la bahía.
Ya hemos dicho al hablar de los Pick-nick de San Francisco y de Orleans, que ó esa diversion se hace á escote y en familia, ó es una empresa la que toma á su cargo procurar el local y la música, ó como éste, el empresario del Pick-nick toma el vehículo para determinado lugar.
Fué domingo ayer: á las nueve de la mañana mi caballeroso amigo Buzeti estaba listo, con todas las instrucciones correspondientes.
El vapor de rio es de los más elegantes; el precio, de tránsito cincuenta centavos; la música la del regimiento 23, famosa por sus walses y por sus cuadrillas de _Orfeo en los Infiernos_.
Como todos los domingos, la ciudad estaba desierta. Atravesamos calles y más calles solitarias, tomamos por el frente de los muelles, despues cruzamos la série de calles con sus tejados y sus hileras de pequeñas puertas que forman el sucio Mercado de Washington. En el mercado no habia una sola persona; los clavijeros vacíos, los mostradores solitarios: yo no he visto esqueleto más triste que el de ese mercado.
Del otro lado de la calle silenciosa, es decir, en la bahía, se oian músicas, y colgando de los altos palos de los buques flotaban grandes banderas y banderas pequeñitas, en cordeles que bajan desde lo más alto al casco del buque, recordando á todas las naciones de la tierra.... la bandera de México no se veia allí. Estas banderas con cria me caen en gracia.
A la entrada de cada muelle habia gente agolpada buscando el Pick-nick de su eleccion. Descendian de los carruajes y desembocaban de las bocacalles los paseantes, en lo general en familia: el padre cargando á los _nenes_ y llevando á otro de la mano, con sus botecitos de hoja de lata con comida; la mamá con un bolson ó con un canasto, tambien con municiones de boca; de vez en cuando una suegra, tambien oficiosa y útil, porque es de advertir que la suegra en este país es un animal de todo punto domesticado.
En pocos grupos amigos íntimos, casi en ninguno convidados.
Rios de gente corrian en los muelles, al punto que solo para _Rockway_ y sus inmediaciones partieron ese dia más de cuarenta mil personas. Para Corregisland y los otros puntos de recreo, más de cien mil.
El vapor que nos condujo se llama el "Plimouth:" es un vapor de rio de grandes dimensiones y sin duda destinado para largas travesías. Amplio salon con alfombras, lleno de espejos, sofás y sillas lujosísimas, toldo á proa sombreando extensas y cómodas bancas, amplios corredores cubiertos de sillas, y en la parte baja la tabaquería y el _bar-room_, la venta de carnes frias y los puestos con dulces, flores y frutas.
En la parte baja del buque, entrándose por un pórtico de columnas graciosas y estatuas colosales, se extiende en amplísimo salon el comedor, con su mesa redonda y sus mesillas aisladas, con sus jarrones de flores y sus grandes ventanas, desde donde se ven los mil encantadores paisajes que va recorriendo el vapor.
Entre el mugir de las embarcaciones que llegaban y partian; al ruido de las campanas de los templos; á los ecos de las músicas marciales de los otros vapores, emprendimos la marcha cerca de dos mil personas, con la novedad que, aunque repetida siempre, siempre se produce á la vista de esas ciudades flotantes y de esa multitud de sombrillas, sombreros de paja, gorros con flores, cintas, velos y gasas.
Los bosques de mástiles hacian ver, como tras de una celosía, por un lado Broklyn, por el otro Jersey, entre sus arboledas; al frente, los fuertes; á los lados, los botes mil y los barquichuelos, con sus velas tendidas rozando las aguas.
El conjunto era como el de una plaza pública; los niños atravesaban corriendo; las jóvenes y los jóvenes pasaban coqueteando; las ancianas y la gente séria leia sus periódicos, y las madres de familia batallaban con sus _bebes_ y los tenian en su regazo dándoles el pecho. Y no obstante la multitud, el gentío era silencioso; no iba, lo trasladaban, estaba allí como pudiera en cualquiera otra parte.
--Vea vd., me decia mi compañero, aquella que parece gran señora, que cuando levanta su brazo ostenta sus muchas pulseras con campanillas y monedas, signo de sus muchos adoradores: es una obrera.... veale vd. las manos que oculta siempre con el pañuelo.
--¿Y esos jóvenes de sombreros de paja y bastoncillos, zapato bajo y medias de colores?
--Son sastres, empleados de las tiendas de abarrotes, conductores de ferrocarriles: de á legua se les distingue.
--Hombre, si no puede ser: esa es mucha seda, y mucho lujo, y mucho abanico.
--Pues es lo que le digo á vd.: yo no respondo de cómo estarán los retretes de estas hermosuras, ni las pobrezas que por allá revelarán camas y ajuares, sartenes y percheros; pero en la calle, todas son grandes señoras.
--Vea vd., ese es el calavera ordinario que da cada silbido que crispa las carnes, zapatea como un arlequin y retoza como quien es.... Pero vea vd. qué aspecto ofrece (dejando este salon), la inmensidad del mar.
Vea vd. aquella multitud que parece devorada por las olas.
En efecto, bajo un escalon de verdura que baja á la playa oriental, se extiende una inmensa faja de arena, y se percibe, como saliendo de las olas, un inmenso letrero que dice: _Northon and Murray Pavilion Baths_.
Aquel y otros establecimientos de baños son frecuentados los domingos por más de cien mil personas. Corona la gente el escalon bajo toldos y sombrillas, y los nadadores se lanzan á las olas, variando al infinito los espectáculos.
El hombre usa para bañarse los calzones de punto que conocemos; las mujeres, sacos oscuros, pero no tan celosos, que no dejen percibir en toda su belleza las formas de estas mujeres hechiceras.
Sonó al fin el vapor, como relincha un caballo que reconoce su establo. Miéntras llegábamos, yo improvisé el versito que sigue:
AL FRENTE DEL HUDSON
(ROMANCILLO)
¡Qué alegres las barcas Que van por el rio, Las velas tendidas Y sueltos los rizos! ¡Qué airosos vapores Sonando sus pitos! ¡Qué naves inmensas! ¡Qué excelsos navíos! ¡Qué bellas las lomas Ceñidas de pinos! ¡Qué torres gigantes De cuellos erguidos, Que al aire levantan Agudos sus picos! La faja de arena, Que es orla del rio, De pórticos fila Formando están lindos; Y á sus anchos muelles En raudal contínuo, Descienden saltando Mujeres y niños, Y viejos y _bebes_, Que van en carritos.... De prisa viajeros Se miran prolijos, Cargando sus sacos En eterno ahoguío, Que en las _estaciones_ El último aviso Se da, y ya los trenes Están en camino. En mezcla confusa Llevó el torbellino, Los tiernos _adioses_ Del padre y del hijo, Que el blanco pañuelo Sacó entre el gentío, Del barco en que parte Para el mundo antiguo. Y en aquel tumulto, Casi á un tiempo mismo, Se ve del que llega Feliz el arribo, Los viejos contentos, Saltando los chicos, Brincando entre todos El fiel falderillo Que pega en el trage Del amo el hocico.... Volviéndose el rostro Del sol á los visos, Se ven bañadores Jugando en el rio. ¡Qué Adanes tan guapos! Y qué Evas, ¡San Críspulo! Las Evas rechonchas, ¡Jesus, qué suplicio! Me atacan los nervios, Me dan calosfrio.... ¿Por qué las ballenas Se ponen vestido? ¿Por qué la marmota No apela al suicidio, Para su volúmen No dar al ludibrio?.... Y todo lo mira Cuando pasa, el rio, Y á la mar camina, Siguiendo su giro, Hasta que á sus brazos Se entrega rendido, Y muere besando Su seno infinito.
FIDEL.
_Rockway_ es un pueblecito en miniatura: se ve la lucha de muelles, hoteles y casas de campo, entre el arenal, las arboledas y las rocas; los muelles tienden sus brazos desde la playa; las ventanas y miradores sonríen al viajero. Por entre los árboles asoman las casas y sobresalen sus techos de las copas de los más elevados, blanqueando con alegría entre la verdura.
Tiene el pueblo soberbios _restaurants_ y buenas cantinas, mostradores con _soda_, juegos de bolos, museo y baños.
En una ceja de tierra, y pronta para partir á Long-Island, esperaba la locomotora, bufando impaciente por partir.
Nosotros paramos en el hotel más afamado, que aloja personas distinguidas durante la estacion de los baños. En el extensísimo corredor que ve al mar, se suelen dar bailes magníficos.
Las dos mil personas que contenia el buque se vertieron como un torrente, dispersándose y tomando cada cual su camino; muchos se dirigieron á la sombra de los árboles á hacer en grupos sus almuerzos.
La calle única que merezca este nombre, no obstante lo sofocante del sol, estaba inundada de gente de paraguas ó sombrillas, que son adminículos indispensables allí, en todas las situaciones de la vida.
Ví el _Museo_, el Museo de segunda mano, el Museo _tendejon_, el _burlote_ de Museo: un juil, una cresta de gallo, un gato: yo no sé lo que me pareció todo aquello; era como una de esas gracias que á todos dejan sérios; era como si cualquiera pusiese _Museo_, al cuarto que más desechos y _tarantines_ tuviese en su casa....
--Hombre, salgámonos de aquí, le dije á mi compañero, que tengo la bílis en las pestañas.
--_American plan_, me respondia mi amigo, conteniendo la risa.... Veamos si los baños nos presentan mayor diversion.
En efecto, el espectáculo, para mí, tenia más novedad.
Hombres y mujeres se bañaban juntos, y ya he descrito los trages; _pero como el mar es bravo y tienen miedo las chicas, por cubrirse bien el pecho, se descubren las rodillas_.... y ya solté esa especie de versito para los aficionados.... pero así es la verdad.
La leve envoltura de la bañadora se embebe tanto tanto, que aquello es una temeridad.... En las delgadas suele haber pliegues discretos y follaje púdico; pero en las gordas ¡santo cielo!...... esas gordas son una bola de gusto....
Y en este particular, la enjundia y el aquello de la civilizacion produce tales fenómenos, que personas del bello sexo que pudieran salir del baño al encuentro de su ropa, casi desapercibidas.... salen y rodean por donde la multitud, en semicírculo, disfruta del espectáculo de la natacion. Esos cuadros al natural no tienen precio. El yankee suele ver esto medio dormido.... y al presenciar algo de un mundo desconocido, exclama con imperturbable flema: _oll right!_ y sigue mondando un limon con su enorme navaja.... pero no todo está tan frio, y los vejetes y los chicos de trueno.... se sacuden.... y mucho que se sacuden....
Yo no sé, pero la opinion unánime es que los baños son divertidos.... y á mí, para no mentir, me parecieron tambien muy divertidos.
Almorzamos en el _restaurant_: nos invadió la modorra, porque el sol era tremendo, y esperamos para regresar, las cuatro de la tarde.
--Vd. se ha fastidiado, me decia mi amigo; apénas hemos oido la música, y aquel coro destemplado no debe haber divertido á vd. mucho.
--Yo no sé, tal vez el estado de mi espíritu; pero la gente me ha parecido triste, no se comunican unos grupos con otros, casi no hablan, ni los amantes, que siempre tienen algo que decirse....
La tarde era magnífica. Algunas parejas aisladas habian tomado sus botes, y se veian á distancia bogando en el mar.
El caballero alquila el bote, se quita la levita y empuña sus remos; la dama, esbelta, audaz y generalmente enamorada, se sienta en la popa sombreándose con su paraguas, y así se entregan al desierto de las aguas.... Esos paseos me parecieron llenos de encantadora poesía.
--No crea vd., continuaba B***, que no se conformaba con mi tristeza, que todos los _Pick-nicks_ son así. Muchos los forman familias, de las que cada una da un platillo para la mesa. En los _Pick-nicks_ de franceses reina la alegría, no cesan las canciones, y los bailes tienen animacion, á la luz de la luna que ilumina el mar....
Aburrido de no entender palabra ni conocer á nadie, me senté en un rincon y consagré, en mi cartera, los recuerdos de mi expedicion á _Rockway_, del modo siguiente:
ROMANCE.
Banderas de mil colores Asidas á sus cordeles, Van saludando los mares Y se van meciendo alegres Sobre del bajel de fuego Que tiene color de nieve, Donde del canto los ecos Van en el viento á perderse. Como inundacion invade El barco todo la gente, Y del fondo á la cubierta, Sube, baja, corre, hierve. Lindas matronas en brazos Llevan á sus lindos _nenes_, Y á otros los dejan que sueltos Sobre las alfombras jueguen. En el salon está el piano, Y en su torno, hermosas vense, Entre gigantes estatuas Y en espejos relucientes, Mujeres como deidades, Hombres que en bolsas y pliegues, Si no huelen á tabaco, Es porque á _whiskey_ trascienden. Ellos con holgados trages, Ellas con sus trages leves; Pero en número tan grande, Que arrebatarse parecen El aire, cuando se escurre De carne entre las paredes. Cruzan el concurso inmenso Mil traficantes que venden Unos, _estroberys_ (fresas), Los otros bizcochos (_queques_), Otros _candís_ (charamuscas) Y otros cerveza con nieve. Esto es _bar-room_ ambulante, Refrigerio de las _ladies_, Porque abajo, en las cantinas, Barriles desaparecen, En esos tubos inmensos Que de cuello el nombre tienen De _yankee_, donde licores A borbotones se absuerben; Pero en medio del tumulto, Cuando los cantos no hienden Los aires, ¡qué silenciosas Y qué tristes van las gentes! Ellas hacen sus negocios Y ellos comen y se duermen, O ellos y ellas el _Heraldo_ Casi de memoria aprenden. Ni un semblante, ni un acento Mi triste pecho conmueve: ¿A dónde dejaré el alma Que mis recuerdos no lleve? Inquieto al venir estuve.... Inquieto estoy por volverme.... ¡Ay de mí! que á todas partes La inquietud me sigue siempre!
FIDEL.
Julio 15 de 1877.--A bordo del "Plimouth," bahía de Nueva-York.
Antes de escribir los últimos versos del anterior romance, estaba llamándome B*** para que saliese á ver la multitud de vapores, embarcaciones pequeñas y botes que iban cruzando las aguas por donde nosotros bogábamos.
El espectáculo era animadísimo: pescadores, simples paseantes, muchachos audaces, marineros en asueto, familias pobres con sus chicuelos al borde del bote, ó haciendo saltar las aguas en leves glóbulos, poniendo su mano contra la corriente.
A nuestra vista, los remeros levantaban sus remos en señal de respeto; los pañuelos y los sombreros se agitaban, unos chicos enarbolaban sus camisas, y nos saludaban sus mangas desgobernadas....
Anclamos en Brockyn, tomamos por ese laberinto de callejones que miran al Este, culebrean, se embrollan y parecen extenderse cerca de _City Hall_; pero saltan por su espalda, se enmarañan y complican, desembocando al fin á Broadway, que atraviesan como en fuga para perderse por el laberinto del Weste. La mayor parte de esas calles son como hechas en máquina: todas, las mismas paredes de ladrillo, las mismas hileras de ventanas con sus persianas verdes. Y la parte baja, tendajos, casas de empeño, y _grozeries_, entre almacenes, fábricas y templos.
_Las Tumbas_, esa prision pavorosa, con sus gruesos pilares, cuadrada, maciza, como sentada tras de sus hierros, y á medio cubrir con el manto de yerba que cuelga como desgarrado á su espalda.
En un salon colocado inmediatamente á la derecha de la entrada, es donde há lugar el primer exámen de los que caen bajo la accion de la justicia. Llámase "Tombs Police Court," ó "Juzgado de Policía de las Tumbas," y allí toma asiento todas las mañanas un Juez de Distrito que escucha los cargos que presenta la policía contra los arrestados y dispone de la suerte ulterior de éstos. En los casos de menor cuantía, tales como embriaguez, conducta desordenada ó vagancia, aquel magistrado tiene la facultad de imponer multa, sumaria ó prision, ó perdonar la falta.