Viaje a los Estados Unidos, Tomo II
Part 4
--El edificio, me dijo Joaquin despues de concluir la lectura, es aquel de la calle de San Luis, entre Chartres y Real.
--Ya recuerdo: grandioso, con las puertas cerradas y con muchos negros en la banqueta.
--El mismo.
--¿Sabe vd., Joaquin, que entre esos hombres que reformaron la Constitucion, los hay muy recomendables?
--Ya se ve que sí. Grimes, por ejemplo, era un abogado distinguido, un patriota eminente, que se alistó como voluntario en 1815, y como ayudante de Jackson prestó servicios á la patria con las armas en la mano; por último, fué uno de los más elocuentes oradores de la Union.
--Curtis tambien era hombre superior, y basta leer cualquiera de sus obras para cerciorarse que era muy digno de figurar en aquella notable asamblea.
--Yo con quien tuve buenas relaciones de la manera más casual, fué con M. Pierre Soulé, frances de orígen, y uno de los hombres más simpáticos que he tratado en mi vida. Si no fuera tan tarde, yo le contaria á vd. algo de Soulé.
--Venga el párrafo, dijo Joaquin, y ocupando cada uno de nosotros dos sillas, es decir, medio tendidos en una y apoyando el brazo y parte de la espalda en otra, así comencé mi narracion.
Dábase sus verdes en el Abril de sus dias el año de 1859: una comision del gobierno, unida á mi reconocido miedo al vómito, me habia hecho atravesar la playa y trabar conocimiento con el puerto de Alvarado, en donde encontré á Hernandez y Hernandez Pancho, de viaje para el otro mundo por causa de una fiebre que le dejó sin cara en que persignarse.
En un falucho incómodo y movedizo como una anguila, pero amplio y capaz, emprendí mi viaje para Tlacotalpam, donde la familia Ituarte, Carballo, Celeski y un clérigo distinguidísimo discípulo de D. Alberto Lista, me dieron dias muy agradables.
La tripulacion de nuestra canoa pretensiosa, era de gente pobre, es decir, jarochos disputadores y despiertos, de pantalon blanco, banda encarnada y sombrerillo de paja; y jarochitas de enagua ampona, mascada escarlata, rebozo terciado al desgaire y cachirulo empinado con piedras y perlas falsas. No faltaban sus comerciantes llenos de desenfao, con sus tabaquillos del grueso de una tranca, llevando al hombro las chaquetas para que se dijese que iba allí gente decente. Entre esos comerciantes iba uno de la casa de mi amigo Carlin, muy afecto á la contesta formal y á los versos.
En la popa del falucho, dándome la espalda y con la vista al claro de mar que se percibia á lo léjos, se destacaba un bulto negro, ó más bien dicho, iba un hombre embozado en una amplísima capa, cosa rarísima por aquellos lugares, con un sombrero de ala ancha que caia sobre los bucles de un cabello de ébano, que se mecian sobre sus hombros.
Vd. no conoce al Teloloapam; es el rio amplio y cristalino, limitan su horizonte espesas arboledas y cortinajes de yerba, que cuelgan de las ramas de los árboles y forman caprichosos cortinajes.
Entre los muros de verdura de las orillas y entre el ramaje de las flores acuáticas, se ven parvadas de blancas garzas y multitud de aves: como zafiros, topacios, jacintos y diamantes, vuelan los insectos, despidiendo entre el follaje relámpagos de luz.... en los recodos que forma el rio, se albergan por millares las chachalacas, que aturden con sus gritos y remedan tumultuosas las voces humanas.... y en las noches, de entre aquellos macizos de sombra, de aquellas ramas y de aquellas aguas, saltan en explosion, se extienden y derraman millares de luciérnagas que forman remolinos de partículas de luz, de luceros, entre las que parece nadar el cocuyo, cuya luz fosfórica, tendiéndose en la superficie, hace como si fueran las aguas, vertientes de nítidas estrellas.
Eran las últimas horas de la tarde; la luz realzaba como un fondo ó una plancha de oro espléndida; el ramaje de los árboles se destinguia, produciendo esos abismos de brillo, esas irradiaciones caprichosas, esos columpios de llama, esos calados de hojas y reverberaciones que se ven y que desesperan porque no se pueden explicar, como si Dios nos dijera: "Esta revelacion sublime de mi existencia, esta intimidad entre lo que yo produzco y tu alma siente, guárdala tú solo en tu corazon."
Yo contemplaba absorto aquel cuadro, y al bulto negro sin duda le llamó tambien la atencion, porque le ví que se puso de pié dando su frente al Ocaso, y marcándose su figura como rodeada de luz, como en un marco de oro.
Entónces contemplé su fisonomía, que revelaba de luego á luego al hombre extraordinario. Era aquel rostro la fusion de los tipos de Mirabeau y de Danton, pero embellecidos y como dulcificados por una mirada que encerraba todas las tempestades, entre los destellos de los afectos generosos.
Atlético, moreno, con el pelo dividido en la medianía de la anchurosa frente, cayendo sedoso en negros rizos sobre sus hombros, ojos negros que abria iluminando y que cerraba como sujetándonos y poniéndonos á su discrecion, como el puño de una mano de hierro.
Sin cuidarse mucho del personaje que á mí tanto me preocupaba, uno de nuestros amigos me suplicó leyese unos versos que habia recitado en Veracruz en la casa de mi querido amigo Dr. German Brendt, alusivos á las desdichas de mi patria.
Leia mis versos con cierta emocion, por las circunstancias que me rodeaban, y no sé si con cierta vanidad, para que me escuchase el extranjero, aunque tenia mis dudas de que supiese castellano. De pronto, é interrumpiendo mi lectura, dijo el desconocido: "_Más despacio_," con marcado acento frances; yo obedecí sin réplica, y él se volvió hácia mí, oyendo con suma atencion: cuando terminé mi lectura, los amigos palmotearon, y él, de pié como estaba, se inclinó y me abrazó la cabeza con profunda emocion.
El personaje no era otro que Mr. Pierre Soulé, una de las figuras más prominentes entre los hombres de los Estados-Unidos.
Nacido en Francia en 1800, en muy temprana edad se dió á conocer en el foro y se abrió paso en la prensa redactando el _Enano Amarillo_; perseguido y multado por el gobierno frances, emigró á Puerto Príncipe, donde cobró viva aficion por Cuba y la causa de sus libertades.
Partió de Puerto Príncipe para Orleans en el mismo buquecillo de vela que conducia á otro muchacho aventurero que se dirigió á México, y andando los tiempos fué el general D. Adrian Woll.
En Orleans, sin relaciones, sin recursos, sin el más ligero conocimiento del idioma, pero dotado de indomable energía de carácter, se metió de jardinero en un convento y salió de allí poseyendo admirablemente el idioma de Shakspeare, aunque conservaba siempre el acento frances.
En medio de las agitaciones que sufria la Luisiana, se hizo oir su voz elocuentísima, fijó la atencion pública, y en brazos del favor popular fué conducido á la legislatura primero, y despues al Congreso de la Union.
Venciendo en audacia al yankee, su palabra era temeraria en ciertas ocasiones. Vindicando á López por la expedicion de Cuba, dijo que López habia hecho más que Washington; pero que ellos no le admiraban porque eran los serviles adoradores del Dios Exito.
¿Cómo no contar con su corazon generoso, la causa de Cuba? ¿cómo no reverberar en su alma la gran doctrina de la autonomía de los pueblos? ¿qué mayores seducciones puede tener el derecho que tratar del conjunto de las libertades del hombre?
Los representantes de la causa de Cuba, como Santacilia; los mexicanos Uraga y Trias; los aventureros como Wolker, eran de la tertulia de Soulé y éste no perdia ocasion de mostrar sus simpatías á la causa de Cuba y de México.
Cuando la célebre expedicion del _Marqués de la Habana_, se escuchó la voz de Soulé en defensa de nuestra patria.
Soulé iba á San Andrés Tuxtla á la casa de M. Próspere Legrand, á donde yo me dirigia.
Viviamos juntos, recibiendo ambos la generosa hospitalidad de la familia Legrand, que se empeñaba en hacernos comprender que recibia favor con servirnos y mimarnos.
¡Cómo ha quedado en mi memoria grabado aquel carácter noble! ¡qué grandeza de alma! ¡qué riqueza de erudicion! ¡qué espontaneidad de elocuencia!
Habia un punto en que siempre estábamos en desacuerdo y que era una verdadera mancha en el sol de su inteligencia: los negros! El decia que lo mejor á que podia llegar un negro era á ser esclavo de un blanco; por supuesto yo me sublevaba contra la blasfemia social, y Gabrielita, una preciosa niña de Legrand, de ocho á nueve años, venia á ponernos en paz con sus chistes y monerías infantiles.
A la espalda de la casa de M. Legrand hay un amplio corredor que da á un pequeño, pero primoroso jardin.
En ese corredor, frente á una mesita en que se nos servia café, pasábamos las horas de la noche, unas veces acompañados de la familia y otras solos.
En una de esas noches tibias, aromáticas, apasionadas y sentimentales de la costa, hablé á Soulé de su ruidoso lance como embajador de los Estados-Unidos en Madrid; nombramiento debido al esfuerzo de los cubanos, entre los que descollaba por sus talentos é importancia Pedro Santacilia.
La luna brillaba apacible; el aire embalsamado corria fresco como vertiéndose en la atmósfera ardiente; á lo léjos se escuchaba la imponente respiracion del mar.
Soulé hablaba: "En Madrid disfruté grandes satisfacciones; llevaba en mi cabeza mil proyectos; me sonreia y me apasionaba la idea de contribuir á la independencia de Cuba. Cuba se me aparecia como una hermosísima cautiva, tendiendo á mí sus brazos y pidiéndome su libertad.
Entre las muchas tertulias á que fuí invitado, ninguna me pareció más espléndida que la dada en la casa del Baron Turgot.
El lujo, la concurrencia selecta y los accesorios del festin espléndido, correspondian al alto renombre del nieto del gran financiero frances.
Me presenté al baile con mi familia, compuesta de mi esposa y de mi hijo, que tendria entónces veinticuatro años. Ibamos vestidos á la rigurosa moda americana, corregida por los recuerdos de nuestra educacion europea.
A los pocos momentos de estar en el baile, corrió en la opulentísima estancia algo de siniestro, un estremecimiento eléctrico, los rostros vueltos á una de las puertas me advirtieron que algo pasaba: detrás de la espesa fila de cabezas, tocados y plumas que cegaba la puerta, ví atravesar precipitadamente á mi hijo con mi señora del brazo.
Apartando la concurrencia, los seguí veloz, entré con ellos en un coche y en casa me informé que al pasar bailando mi señora frente al duque de Alba, le habia ridiculizado su tocado, y habia habido risas que cayeron como una saliva en el rostro de mi hijo.
Nos dirigimos yo al baron Turgot y mi hijo al duque, pidiendo imperiosamente una reparacion del ultraje; propusiéronse medios de transaccion y avenimiento; se interesó lo más florido de la corte en la reconciliacion; todo fué en vano: el orgullo lastimado ciega; las injurias hechas á las personas que amamos, nos hieren en lo más vivo; nos parece que el que se degrada á ofender á nuestra señora, es fuerza que lo veamos de rodillas ó muerto á nuestros piés.
Ajustáronse los dos duelos á la vez: el mio deberia ser á la pistola, el de mi hijo á la espada: propusiéronme la distancia de cuarenta pasos; yo expuse que aquello era demasiado cobarde; es decir, añadí, muy cobarde; yo soy americano: será á veinte pasos. Y así se estipuló.
Durante los arreglos de este duelo, como si hubiese sido convenido, evitamos mi hijo y yo toda explicacion; pero las conversaciones, aunque revestidas de indiferencia, vibraban de emocion, no por el peligro, sino por la identidad de situaciones: álguien habria querido dar al otro testimonio de ternura, y ambos nos retraiamos sufriendo agonías indecibles.
Al llegar frente á nuestros adversarios, la suerte nos designó á M. Turgot y á mí; nuestros padrinos suplicaron muy cortesmente á mi hijo no presenciase aquella escena.... se apartó mi hijo de aquel lugar á un signo; pero se volvió involuntariamente y hubo no sé qué de atraccion en nuestros cuerpos.... yo no sé qué escena muda se verificó.... que hubo un movimiento general como para reponerse cada quien, sin mostrarla, de aquella protesta de la naturaleza ultrajada.
Ya sabe vd. el resultado con el noble, con el valiente Baron: heríle gravemente en una pierna, le ví caer, acudieron los cirujanos.... un coche lo despareció de nuestros ojos.... aunque al lado de mi adversario me llevaban mis instintos, el duelo de mi hijo me preocupaba hondamente.
Ideas que no habian asaltado mi mente, exageraciones de peligros, que al tratarse de mí, ni siquiera habia sospechado, duda sobre la destreza en la espada del que tanto se exponia por la honra de la madre, reproches á mí de no haber asumido los dos lances, todo me asaltó, y me sentia rendido, y era mi suplicio terrible, y mi dolor, sobre todos los dolores que un hombre puede sufrir.
Estaba pegado á un árbol cuyas ramas me cubrian; entre las hojas, ya presentándose claros los objetos, ya medio cubiertos y confusos, seguia las peripecias de la lucha.... si el árbol hubiese presentado una superficie como el papel ó el lienzo, en él hubiera quedado esculpida mi figura.... vertian mis poros mi vida atormentada....
Terminó aquel duelo sin consecuencias sérias.... yo me sentí viejo al separarme de aquel sitio.... y el recuerdo de este duelo pasa sombrío en mi alma.... como si no fuese mia la justicia...."
En esta narracion que presento, no solo descarnada y fria, sino con mil inexactitudes por los muchos años que han trascurrido, conocí la fascinadora, la omnipotente elocuencia de Soulé: el comenzar de su discurso era frio, no hallaba las frases adecuadas por la costumbre que tenia de hablar en inglés: pero una vez poseido de su objeto, una vez imperando altivo su corazon, una vez subyugado por su inspiracion poderosa, se comprendia su poder mágico sobre las masas, y el peso de su palabra en las altas cuestiones á que consagraba su talento.
Alcalde se levantó silencioso de su asiento, y desapareció de mi cuarto.
IV
La cuestion del Sur.--M. de Gayarré.--Xarifa.
Revueltos andaban los ánimos de los _politiqueros_ en cuanto á la cuestion del gobierno de la Luisiana y nombramiento de empleados subalternos.
Los adoradores del buen sentido práctico de los yankees, sonaban palmas arrodillados ante el Dios Exito, y á mí, por lo mismo que no me importaba la cosa, hacia cada berrinche por los atropellos de la ley, que me acalambraba.
Para dar idea de la situacion política que guardaba la Luisiana en los dias en que nosotros nos hallábamos en Orleans, copio en seguida los párrafos de una carta en que un respetable y sabio amigo hablaba de estos asuntos á un corresponsal de México:
"Al celebrarse en los Estados-Unidos las elecciones presidenciales de 1876, el candidato de los republicanos era Rutherford B. Hayes, y Samuel Tilden el de los demócratas."
"En el cómputo de los votos emitidos por los Estados y sobre los cuales no habia disputa, uno solo faltaba á Tilden para tener la mayoría absoluta; pero habiendo habido elecciones dobles en Luisiana, Florida y el Oregon, era necesario declarar cuáles eran las válidas."
"Aunque no existia ley expresa en que se fijase á quién correspondia dirimir la contienda, parecia la opinion más conforme á los preceptos constitucionales, la que cometia la decision á las dos cámaras que forman el congreso general."
"No quedaba con esto zanjada la dificultad, porque dominando en la cámara de diputados el partido demócrata, y en el senado el republicano, se consideraba imposible un avenimiento, dándose por seguro que cada una votaria por su candidato preferido."
"En tal situacion, el tiempo avanzaba sin esperanza de llegar á un resultado definitivo. Los ánimos entraron en una efervescencia extraordinaria. Como al partido republicano pertenecia el presidente Grant, acusósele de que estaba decidido á hacerlo triunfar á todo trance, á cuyo fin aglomeraba en Washington una parte considerable de la fuerza armada."
"Atemorizados los demócratas, entraron en una transaccion, á virtud de la cual se expidió una ley en que se cometia el exámen de los votos disputados y declaracion de los que fueran válidos, á una comision de quince individuos, compuesta de cinco diputados, cinco senadores y cinco magistrados de la Suprema Corte."
"Al hacerse la designacion de los catorce primeros miembros de la comision expresada, los dos partidos contendientes tuvieron buen cuidado de estar representados por igual, á razon de siete cada uno. Quedaba en consecuencia el resultado de la cuestion confiado en realidad al décimoquinto miembro, en quien era indispensable una completa imparcialidad para la recta resolucion del caso."
"Electo para tan difícil cargo el magistrado Bradley, se decidió en favor de los republicanos. Segun se ha dicho, con un solo voto de los dudosos aplicado á Tilden, bastaba para que tuviera mayoría absoluta. Fué, pues, preciso aplicarlos todos á Hayes para que él la tuviese, y así se hizo. Cada votacion fué constantemente de ocho votos contra siete."
"Habia pruebas fehacientes de que las elecciones disputadas habian sido realmente favorables á Tilden. La comision se negó á recibirlas, con el fundamento de que debia atenerse á los resultados sancionados por las autoridades locales, si bien aun en esto obró con inconsecuencia."
"Conformes las cámaras con los fallos de la comision, se declaró á Hayes electo presidente de la República, y más de un año lleva ya de estar funcionando, mediante un título que los demócratas están calificando sin cesar de _fraudulento_."
"Un acontecimiento reciente ha venido á confirmar semejante apreciacion. Juzgado por el tribunal correspondiente en Nueva-Orleans, uno de los que compusieron la oficina que cambió los votos dados á Tilden en favor de Hayes, ha sido sentenciado á una pena infamante por el fraude que se cometió."
"Con la cuestion general de la presidencia de la República, se enlazaba la particular del gobierno del Estado de Luisiana."
"Tambien allí hubo elecciones dobles para el gobierno y para la legislatura. Los dos gobernadores competidores fueron Packard y Nichols, representante de los republicanos el primero, y de los demócratas el segundo."
"Como el partido demócrata tiene una gran mayoría en el Estado, Packard no pudo sostenerse sino con el auxilio de la fuerza federal, suministrada por el presidente Grant. Retraido en el antiguo hotel de San Luis, que le servia de palacio, y donde estaban reconcentradas las oficinas que le obedecian, su permanencia en el puesto dependia exclusivamente de que se le siguiese apoyando, ó no, por el gobierno de la Federacion."
"Para resolver lo conveniente se nombró una comision especial, á la que se ha acusado despues de varias intrigas. Como quiera que sea, Hayes se determinó al fin á retirar la fuerza protectora. Abandonado así Packard, tuvo necesidad de dejar el puesto, quedando Nichols de dueño absoluto de la situacion."
"Con ese motivo se ha formulado contra Hayes una acusacion terrible. En razon de tener la misma procedencia los votos que en Luisiana aparecieron en su favor para presidente, y los que aparecieron en favor de Packard para gobernador, se ha presentado este dilema. O esos votos fueron válidos, y entónces debió apoyar la legitimidad del gobierno de Packard; ó fueron nulos, y entónces es fraudulento el título que lo elevó á la presidencia de la República."
"En el público corre la voz de que el retiro de la fuerza federal se debió á pactos secretos, mediante los cuales se comprometió Hayes de antemano á dar ese paso, á trueque de que los demócratas no se opusieran á los actos de la comision de los quince, que suplantó el voto nacional."
Pero aunque los motivos eran más que suficientes para que aquellos yankees se hubieran roto las cabezas en los dias en que estaba la decision pendiente entre Packard y Nichols, el uno se encontraba en el Hotel San Luis con las puertas cerradas y unos cuantos negros medio sospechosos y medio _indinos_ de custodia.
Entre tanto, Nichols, que es un cojo de fisonomía dulce y grave, vivia en nuestro hotel con su familia y mostraba el mejor humor del mundo.
Los soldados federales y los que sostenian en San Luis el partido opuesto al gobierno, hablaban como los mejores amigos, y cuando se retiró la fuerza federal, se presenció su partida como el desfile de una tropa que sale de guardia.
Formaba contraste la virulencia de los periódicos, los gritos de los muchachos, la publicacion de telégrafos, con la tranquilidad de la ciudad y la calma con que se celebraban las transacciones mercantiles, y se entregaban los hombres á sus cuotidianas ocupaciones.
Todas estas novedades, para mí se explican con marcar bien el tipo del _Politicyan_, y esto nadie lo ha hecho como M. de Gayarré, con quien voy á dar á mis lectores conocimiento.
En uno de los dias que comia en mi casa de Orleans, porque así puedo llamar la de Quintero, me anunció que tenia por compañero á M. Cárlos Arturo Gayarré, autor de la "Historia de la Luisiana," de la que habia hablado á Agustin con mucho entusiasmo, por la tersura del estilo, el carácter imparcial y filosófico que la distingue y la suma de documentos preciosísimos que la ilustran.
Además de la "Historia de la Luisiana," ha escrito Mr. Gayarré la "Historia de la dominacion española en el mismo Estado;" pero lo que le ha dado popularidad especial es su comedia titulada: _Escuela de los politiqueros_, comedia aristofánica como álguien le ha llamado, y en la que está admirablemente descrito el tipo á que hemos hecho referencia al principiar este capítulo.
Aunque hombre de 73 años, M. Gayarré es robusto y expedito, camina con desembarazo y á primera vista cualquiera le tendria por hombre de 50 años á lo más.
Es de mediana estatura nuestro nuevo conocido, moreno, de alisada furia, y pelo y barba entrecanos, habla perfectamente en frances, no obstante que ejercita mucho más el idioma inglés; sus maneras de hombre distinguido, se ajustan perfectamente con su palabra, aunque fácil, reflexiva y pausada; apénas se hace creible que un hombre entregado á los estudios sérios, que revelan sus escritos y su conversacion, haya podido escribir la tremenda sátira que encierra su comedia.
Despues de algunas horas de muy agradable conversacion, en que me confirmé en la idea que tenia de M. Gayarré, es decir, de un literato notable y de un distinguido caballero, recibí de sus manos la comedia que iba á ser objeto de mi estudio.
Por fortuna mia, cuando me entregaba con mayor ahinco á ese trabajo, M. Claudio Jannet, con objeto muy distinto del mio, habia traducido varios trozos de M. Gayarré, que yo traduzco á mi vez y aplico á mis apuntaciones, para dar idea de lo que por aquí se llaman los _Politicyans_, ó como si nosotros dijésemos, los _politiqueros_.
En 1814, se puso en escena la comedia de M. Gayarré.
"Vamos á reproducir, dice Jannet, la escena capital de la _Escuela de los politiqueros_, aquella en que el autor pone en presencia de los viejos y consumados políticos Lovedale, Gammon, Turncoat, Trimsail, el gobernador saliente de la Luisiana, y un neófito de la política, Randolfo, su candidato para las funciones de gobernador, á quien éstos dan la leccion y les dictan sus condiciones:
_Randolfo._--¿Han sondeado vdes. al pueblo en lo que hace relacion á mi candidatura?