Viaje a los Estados Unidos, Tomo II

Part 33

Chapter 333,953 wordsPublic domain

Así disertaba, escuchándome Francisco, aprobando unas veces, otras corrigiendo mis ideas, siempre haciéndome fijar en los puntos de partida de mi juicio procedente de mis hábitos, de mis años, de mis preocupaciones, que algunas veces me hacen creer á mí propio, como falta de patriotismo, el reconocer lo mucho bueno y admirable que encierra este país, y constantemente sorprendido con este gentío inmenso que todo lo inunda, lo mismo las banquetas que los almacenes, que los ómnibus, que los carros; gentío que se agrupa, que se arremolina en las bocacalles de Broadway y de las Avenidas, y que corre como impetuoso rio y salta sobre los obstáculos.

Siempre es nuevo este espectáculo y siempre sorprende esa extension de una legua de edificios gigantescos como palacios y catedrales, y esa otra corriente de carruajes en que sobresalen los blancos techos de los ómnibus, los pescantes y los cocheros de pié, como una poblacion aparte, movediza, y que se agrupa y se desparpaja en las plazas, y se escurre y culebrea conforme á los accidentes del terreno.

Pero á pesar del entretenimiento, comenzaba á rendirme: habiamos andado como treinta calles.

--Francisco, ¿adónde me llevas? Hemos andado mucho más de una legua.

--¡Para un pedacito!.... esto te aprovecha: apóyate en mi brazo.

--Creo prudente que nos volvamos.

--Si ya casi llegamos; ¿ves aquella lista de luz de colores? pues allá vamos.

--No me digas; si aquí todas son fajas, listas, estrellas, ángulos, cruces y hasta manos de luz. Las llamas de gas están en todas partes, en globos de cristal, en vasos de colores, formando árboles de luz bajo capelos, culebreando en las alturas, derramadas en los salones, brotando del suelo.

--Ya llegamos: vamos al _Acuario_.

En efecto, en una esquina, que á mí me pareció á muchas leguas de nuestro hotel, está situado el _Acuario_.

No creia que el _Acuario_ me entretuviese, porque habia visto el de San Francisco California, y como allí se penetra inesperadamente en una galería subterránea que nos ciega, al abrirse los ojos entre cristales, con las plantas marinas y los peces sobre nuestras cabezas, la ilusion de un viaje submarino es completa.

Se entra al _Acuario_ despues de atravesar un pasadillo lleno de plantas y de flores.

Es un gran salon inundado de luz, con quinqués y candiles de gas.

Forman líneas paralelas blancos globos de cristal apagado, conteniendo las llamas, y las líneas de globos forman como tres naves, las laterales y la del centro, que es muy amplia.

En las laterales hay como grandes nichos ó cuadrilongos de cristales con agua, iluminados en la parte superior.

En el centro se ve un estanque circular coronado de luces, y en que entre cristales sube el agua una vara sobre nuestras cabezas.

En uno de los extremos está un estanque con su enverjado y una escalera al centro; en el opuesto, ó sea la cabecera de la sala, otro estanque, del que arranca un grupo de rocas naturales, formando en la altura una especie de gruta.

Entre el estanque central y el promontorio de rocas, en arco extenso se alza un puente que domina el salon; del puente, se atraviesa á una pequeña galería en que estaban la orquesta y los cantores. En el centro del salon hay convenientemente distribuidos sillones, sillas y sofás.

Al pié del salon, ví una como tendida caja cubierta con cortinas encarnadas y asientos á su frente.

A la entrada se distribuyen, por cinco centavos, índices del Museo, muy razonados y muy útiles para los curiosos, de los que hay quienes revisan el inventario número por número.

Recorrimos los nichos de la primera nave á la derecha: allí nos llamó la atencion un pescado japonés, escarlata y blanco, de airosos movimientos; tiene la cola como una cauda de seda que cae cuando nada, y lo mismo son sus aletas.

--¡Estos japoneses son singulares! mira qué pescado como de raso: no se parece á los otros.

En los demás nichos vimos las carpas que se multiplican á millares, pescados en su vida íntima girando en todas direcciones ó permaneciendo inmóviles ó chocando en agitado vaiven; pasamos la nave central y recorrimos el otro lado del salon.

Allí los nichos están incrustados en la pared, y se ven moluscos curiosos, plantas marinas, corales, esponjas y otras producciones. Como en estas materias tengo ignorancia supina, no gozaba lo que otros; por otra parte, los pescados no son animales simpáticos para mí, y segun me habia observado Francisco, tienen unas caras de estúpidos y unas analogías con la gente de sacristía, que me molestan.

Miéntras recorriamos aquellas fracciones de mar; miéntras contemplábamos á aquellos prisioneros, trasladados á aquel sitio para que nos revelaran sus costumbres, la música tocaba piezas escogidas, y voces de músicos mulatos muy entendidos nos halagaban.

Al terminar nuestro paseo por la tercera nave, nos llamó al centro la atencion la gente que se agrupaba al pozo que está al pié del salon central.

Un hombre se hallaba colocado en la pequeña plataforma suspendida sobre el pozo ó estanque. Tocó un timbre y brotaron del seno de las aguas dos enormes lobos marinos, con sus pieles negras, sin escamas, sus cuellos rechonchos, sus cabezas agudas y sus ojos redondos y saltones.

Subieron los monstruos, arrastrándose, los peldaños de la escalera, y se pusieron á los piés del cuidador, quien hizo ver que uno de aquellos animales está domesticado, y aun repicaba el timbre á la voz de su señor.

No obstante las muchas seguridades que tienen los espectadores, á mí me calosfrió el espectáculo.

Dieron de comer á las focas, y el gentío, en que habia muchos niños, se dirigió al estanque de las rocas, mansion del leon del mar.

Es un animal que tiene el cuerpo como de un becerro pequeño, negro y lustroso, con enormes aletas envolviendo sus manos y sus garras, y la cola terminando en enorme abanico. Tiene el animal como cuello y garganta humanos, y una cabeza de víbora enorme con dos ojos redondos como de persona.

Su voz es como ladrido gemebundo por intervalos.

El cuidador no se acerca á dar de comer al tirano de las aguas. Este sale, se sitúa á la orilla de las rocas y espera. Devora pescados enormes, y para que se vea, desvía el anfitrion la direccion de la presa y la arroja al agua. Inmediatamente despues se lanza el monstruo, dejándose ver en toda su deformidad y levantando las aguas con su golpe, lo que proporciona baños grátis á los espectadores, que se muestran muy divertidos.

Dejamos el leon para ir á oir á una niña que sobre una mesa declamaba y á la que nadie entendió palabra.

La caja con cortinas de que hablé al principio era ahora un lago suspendido en la altura entre cristales, y alumbrado con gas en la parte superior.

Dentro del agua estaba una jóven bastante gallarda, con _carnes_ que figuraban escamas de plata.

La jóven tenia una pizarra en las manos. Hablando hablando, se sumergió, se acomodó sentada en el fondo del agua, tomó el pizarrin y se puso á escribir como cualquiera oficinista, mostrando en muy buena y correcta letra lo que escribia. La operacion habia durado más de un minuto: cuando la jóven volvió á la superficie, se oyó el recio respirar de todos los espectadores.

La música tocó una cancion melancólica, la jóven volvió á sumergirse, fingió que luchaba con el sueño.... se tendió en el fondo del lago y se quedó dormida. Aquel era un espectáculo casi de angustia: el director de escena, con reloj en mano, iba proclamando los instantes que pasaban. Muchos tenian sus relojes abiertos. La inmersion, que á mí me pareció una eternidad, ¡¡¡duró dos minutos!!!

Los aplausos saludaron á la jóven á su reconciliacion con la vida; la música sonó alegre, y corrimos al puente á ver lo que se anunciaba como ballena.

La ballena es un gran pescado blanco como de cinco varas, que se traga los centavos de los crédulos. Es el símbolo del _humbug_ americano.

Cuando estábamos en lo alto del puente, dominando el salon en espectativa de la ballena, oí unos ecos que me parecieron tan singulares, tan inverosímiles, tan mexicanos, que, sin quererlo, absorbieron mi atencion.... Vamos, ¿qué piensan vdes. que era aquello....? ¿á que no lo dicen....? ¿Se dan por bien vencidos? Pues bajo el manto de la Vírgen están metidos.

Eran _¡títeres!_ sí, señor, _títeres_: el pito aquel agudo; aquel sonido.... era de _títeres_, y en teatrito de _títeres_ estaba convertida la caja.

Los niños eran los dueños de la funcion: agrupados, encaramados en sus asientos, veian alegres los _títeres_.

Eran _títeres_ de la tierra, sin goznes, y hablando en inglés: ¿á dónde, me decia yo, de aquel negrito valiente y de sueltas coyunturas que arma Sanquintin y acaba á puntapiés y puñadas todas las escenas? ¿y aquella Mariquita sacudida y zapateadora? ¿y aquel D. Folías que estira y encoge las narices? ¿y aquel caballo de la muerte? ¿y Juan Panadero....? ¿y sus niños, y mis hijos, y México....?

--Francisco.... Francisco.... por la madre que te parió que nos vayamos.

--Miéntras tú te divertiste en los _títeres_, yo he estado viendo una tremenda lucha. ¿Ves esos cangrejos con sus patas desparramadas, y esas tenazas....?

--Sí, ya veo, es espantoso.

--Acércate, verás la lucha.

Uno de esos cangrejos tenia entre sus tenazas un animalejo.... lo habia contundido, le tenia tendido, le extraia las entrañas.... aquello era horrible.... Estaba reflexionando en que esta es una simple disposicion del ministerio de la guerra de los pescados.

--En efecto, de que los más grandes devoren á los pequeños.

--Así es la humanidad, me dijo Francisco.

Salimos del _Acuario_.... y anda.... y anda.... y anda.... y anda, hasta que llegamos á nuestra casa: habiamos andado sesenta y ocho cuadras.... Subí en cuatro piés la escalera del hotel.

XXIX

Espíritu de asociacion.--La Sociedad para prevenir las crueldades contra los animales.--El Dr. Valentin.--El Sr. Bergh.--Un sermon elocuente en favor de los animales (nada de materias).--Sérias meditaciones por encontrarme hecho un animal en el inglés.--Una lavandera como una Lucrecia.--Varias equivocaciones.

La asociacion, esa faz de la confraternidad humana, ese medio de multiplicar la luz y la fuerza, tiene en este país su más sorprendente desarrollo; es el contraveneno del socialismo, cria toda una política y una manera de ser de este pueblo admirable. Establece el nivel, no poniendo en accion la envidia y las malas pasiones para abatir al que sobresale, no; sino haciendo funcionar la inteligencia por agregaciones armónicas y encendida la noble emulacion, sobrepujar á los que van delante y están delante. ¡Cuán fecunda es en consideraciones esta simple manera de comprender las cosas del pueblo americano!

Entre las sociedades que florecen en esta tierra, la que se titula _Sociedad Americana para prevenir las crueldades contra los animales_, era objeto de mi constante curiosidad.

El infatigable D. Andrés tiene amistad con el Dr. Valentin, aleman de nacimiento, sabio arqueólogo, profundo en el conocimiento de las lenguas, modesto y afable, un caballero tal como podia apetecerse para hacer una visita á la Sociedad de que es presidente M. Henry Bergh, amigo de nuestro doctor.

Está situado el despacho de la Sociedad en la esquina de la calle 22 de la Cuarta Avenida; sobre el pórtico, de construccion árabe, se ve un caballo que parece hacer muy formal centinela al establecimiento de beneficencia.

Hay un letrero en la puerta que dice: "Remember that He who made thee made the brute."

Confieso mi pecado; aunque tenia idea de estos establecimientos en Europa, no les daba la formalidad que en sí tienen y que aquí comprendí; me parecia que era bastante ocuparse de las gentes para descender á los caballos, declarándolos punto ménos que nuestros semejantes.

Presentamos en un escritorio nuestras tarjetas para que se diera parte al director.

Varios empleados estaban ocupados en afanosos trabajos. Nosotros recorrimos los cuadros que adornan la pieza.

Los cuadros son recuerdos del martirologio de los animales. Vese por allí un perro sangrando, vencido en el combate á que lo azuzaron por especulacion; más adelante un gato gesticula atormentado por los chicos; como que implora piedad un rocin flaco y lleno de mataduras, tirando de un carro con un peso enorme.... Interrumpió nuestra revista el criado, que anunció que nos esperaba el Sr. Bergh.

Representa el estimable presidente de la Sociedad que visitamos, unos cuarenta y cinco años. Es pálido y de apergaminadas carnes, ojos claros y lacio cabello, que cae sobre su frente.

El Sr. Bergh ha viajado mucho, hizo su carrera en el cuerpo diplomático, conoce varios idiomas y posee conocimientos no vulgares en ciencias y en literatura.

Recibiónos con suma afabilidad en un precioso saloncito, lleno de libros, de periódicos, de instrumentos y de frenos, herraduras, collares y lo conducente al alivio de los animales.

Cuelgan de las paredes, con sus notas explicativas, varias tijeras, punzones, ganchos, espuelas y otros objetos de martirio, recogidos de manos de verdugos.

Bergh es un fanático penetrado de su alta mision; y como los hombres de su clase y de su temple, descubre con penetracion microscópica, tintas, delicadezas, relaciones y empleos de su mision que se escapan á la vista comun. Habla mesurado; pero una vez en posesion de la verdad que pretende demostrar, su voz se entona, adquiere verba fecunda y caen sobre sus palabras fervorosas, centellas de apasionada elocuencia.

--La existencia de los animales, me decia, es el complemento de la vida del hombre. Luego que un animal aparece acompañando al hombre, se mira la civilizacion.

Por otra parte, en la organizacion animal, el dolor existe con los mismos caractéres que en nosotros. Aliviar el dolor, procurar el placer á los séres inferiores al nuestro, nos mejorará por reaccion; cuidando á los animales, mejoramos á los hombres.

Si se fuera á analizar la fortuna del agricultor; si la sociedad tuviera en cuenta la estrechez de sus relaciones; si valuase su seguridad y sus placeres, hallaria en los animales, lealtad, arrimo, sufrimiento y ternura.

Vea vd. la escala de la ferocidad; y diciendo y haciendo, nos puso al frente de magníficos cuadros.

Aquí tiene vd. los combates de gallos; aquí las luchas de perros; aquí los gladiadores; aquí las corridas de toros; (aquí los héroes militares que coronan el clímax, le faltó decir)......

Yo me sentí humillado.... recordaba nuestra conducta con los animales; me veia tentado de pedir perdon, en nombre de mi país, al primer caballo que topase en la calle.

Para terminar su alocucion, que nos dejó perfectamente convencidos de la utilidad de la Sociedad, nos leyó trozos de un elocuentísimo sermon predicado en la Iglesia de San Juan, el 15 de Agosto de 1875, por el R. Edwin B. Rossell, bajo el siguiente tema:

"Nada es grande ni pequeño, para el Grande Espíritu que anima el Universo."

Despues de su peroracion, nos dió cuenta de la aprobacion de la Sociedad por la legislatura del Estado: las leyes que ésta habia dictado, la cooperacion de la policía en sus trabajos y la vasta ramificacion que ahora tiene y que consta pormenorizada en su Memoria anual, de que me regaló un ejemplar, así como otros varios cuadernos y periódicos que se publican á expensas de la Sociedad, y que ven la luz en Lóndres y otros puntos.

Más y más complaciente el Sr. Bergh, nos mostró invenciones de bozales para que los perros, sin dañar, tengan mayor holgura que con los bozales comunes, frenos de hechuras cómodas y herraduras en que se mejora en mucho el método comun.

Hablando nosotros del sistema que se sigue de herraderos en nuestro país, herraderos ó marcas que se hacen con un fierro candente, nos dijo que en las dependencias de la Sociedad, las marcas se hacen con pintura adecuada que jamás se borra y liberta de ese suplicio á los animales.

Por último, nos mostró la ambulancia, en que se trasportan al hospital á los animales enfermos.

Es un gran carro de muelles de cuatro ruedas; el cajon ó cavidad del carro tiene un doble fondo; el primero lo constituye un tablon que gira sobre rodillos, y al movimiento de una cigüeña se arrastra hasta levantar del suelo al animal y colocarlo en la tabla. La cigüeña se mueve, y con el mayor tiento y blandura queda colocado el animal y es trasportable cómodamente á grandes distancias.

La vida del Sr. Bergh es una consagracion casi religiosa á dar lleno á los objetos de la Sociedad; él es el más activo policía, está en todas partes, se aparece donde se apalea un caballo, donde se atormenta un gato, donde se hacen degollinas impías de pollos y gallinas; en las casas de matanza, en donde se sujetan á martirios inútiles á los animales, y todo con celo tan ardiente, que produce una especie de veneracion.

A la Sociedad que preside Mr. Bergh se deben las preciosas fuentes que adornan la ciudad, que constan de un tazon cómodo en que beben los caballos, una llave económica con su receptáculo y su vaso para que apaguen su sed las personas, y una taza al pié de la misma columna que forma la fuente, al alcance y para solaz de los perros. En el remate de la fuente hay una tacita con agua para los pájaros.

Por última, en el cuarto del Sr. Bergh, en que descansamos, habia retratos de los bienhechores de los animales.

La Sociedad, aprobada por la Legislatura del Estado en Abril de 1866, consta ahora de un presidente, diez vice-presidentes, quince socios de la comision ejecutiva, un tesorero, un consejero y varios veterinarios.

Al separarnos, el Sr. Bergh nos regaló unos libros publicados por la Sociedad conforme á su instituto, de los que algunos de ellos son preciosos, como el que trata de la manera de servirse ventajosamente del caballo.

La visita del Sr. Bergh me dejó complacido al extremo, y con el vivo deseo de ver introducida en mi país esa institucion, lo que facilitará el Sr. Bergh luego que se dirija á él cualquiera persona de buena voluntad.

* * * * *

Estas sérias meditaciones despues de tratarse de animales, es porque me encuentro más animal que nunca en materia de inglés. Ya están al tanto mis lectores de mis primeras campañas de San Francisco; ya les puse de manifiesto mis extravíos en una banqueta, en una mesa de billar, hasta hacerme popular con los vendedores de papeles á quienes en dia claro daba una peseta porque me llevaran á mi domicilio; ya hice patente las luchas entre mi audacia y mi ignorancia: pues, señores, aquí, en esta gran ciudad, se ha agravado mi mal hasta hacerme creer á veces que estoy siendo presa de una séria afeccion mental. ¿En qué consiste que miéntras más brutos sean los individuos aprendan mejor el inglés? Cualquiera de estos negros que merecen un bozal; cualquiera de estas arpías que vomita la Italia y que expele la Francia; cualquiera de estos chinos que parecen de masa cruda, en dos por tres se ponen al corriente y se incorporan á la humanidad: yo estoy cada vez más bruto, y cada dia me siento más extranjero.

Yo estudio, consulto, me rompo los cascos, y nada me vale.

Apénas llegué, fuí á la barbería. La barbería tiene sus botes en una armazon como de tienda, cada uno con su brocha: los barberos estaban en pechos de camisa, eran como unos gigantes; me tocó el más bárbaro y colosal, colorado como un rábano, puntiagudo como un caballo de Frisia.

Al entrar me echó una arenga; yo le contesté, á mi juicio, en un inglés que llevaba preparado; aquella plática era feroz: él comenzó á untarme de jabon y siempre que hablaba él, yo contestaba acorde: de repente se me nubló el cuarto; era que tenia la cara y la cabeza debajo del arca del barbero; no tenia escapatoria, no quise hacer movimiento: cuando saqué la cabeza de aquel cepo, tenia la cara como una bola de billar; todo pelo que topó al paso aquel caribe, habia caido bajo su navaja: bigote, piocha, todo. Cuando me presenté á mis compañeros, soltaron la carcajada.

¿Vdes. creerán que me enmendé? Pues no, señores.... fuí á la zapatería con el mismo desenfado.... hablamos el zapatero y yo.... á un signo de cabeza, botó los zapatos mios y me dejó preso en unos zapaticos que me hacian bramar.... quise reclamar.... se reian y me daban palmadas en el hombro.... Si hubiera tenido un _revolver_, le vuelo á uno de aquellos tunos la tapa de los sesos. Para no cansar á vdes., los zapatos que tengo puestos, y en los que ando como sobre alfileres, me han costado treinta y tres pesos; once vale el par, resultado de mis altercados en las zapaterías.

Pero semejantes _ex abruptos_ solo me caracterizan de pollino; lo que sí compromete y escuece y puede convertirse en trascendental, es lo que me pasó con mi lavandera.

Es el caso que la lavandera es una inglesa grave, angosta y larga como una asta bandera, con sus bucles canos y sus pretensiones juveniles: el Caballo de Troya puede ser su nieto.

Yo vivo con Francisco en piezas separadas que se comunican. Francisco es naturalmente grave, melancólico y retraido: se levanta mucho despues que yo.

Mi lavandera madruga; cuando ménos lo pienso, se cuela en mi aposento un fantasma envuelto en un negro manteo, con un sombrero como de tres picos y su canasto bajo el brazo.

La lavandera se habia ausentado hacia dias, de modo que carecia yo de camisas....

En el inglés de mi uso le dije, poniendo el continente más grave que pude:

--Es necesario que venga vd. más seguido: saque vd. la ropa.... quítela de ahí y vuelva dos veces por semana.

A medida que yo hablaba, la arpía aquella se enseriaba, me veia fosca, se acercaba á la puerta, y desde allí me hablaba....

--Está bien, le decia, creyendo yo que ella se excusaba; si no puede hacerlo llamaré otra mujer; pero no es mucho pedir que me cambie ropa seguido....

La mujer tenia los ojos como ascuas y me hablaba incómoda.

Yo le decia en castellano: "No hay nada perdido; si vd. no lava, vendrá otra...." La mujer hacia seña de llevarse las camisas.... yo la contenia hasta que no me hablase claro, como si yo entendiera las claridades en inglés.... la reyerta era espantosa.

Francisco sacó la cabeza y me dijo:

--¿Qué estás altercando, hombre de Dios?

--¿Cómo qué? que el dia ménos pensado me deja esta anciana sin salir á la calle....

Ella habló con Francisco en inglés, y volviéndose á mí me preguntó:

--¿Pues tú que has dicho á esa mujer? repítemelo,

Repetí muy formal lo que habia dicho.

Francisco reia.

--¡Bárbaro! ¿sabes lo que le estás diciendo á esa mujer?

--¡Cómo que lo sé!

--Le estás diciendo que se quite su ropa, que se desnude....

--Hombre, por María Santísima, ¡que no sigas!.... Vea vd., señora.... véase vd. en ese espejo: yo no puedo decirle semejante cosa....

La tempestad se apaciguó, y las risas de la desdentada lavandera me ardieron como azotes con ortiga.

Añadan vdes. á esto mis distracciones: el primero, y el segundo, y el tercer piso de este hotel, son exactamente iguales.... los mismos pasadizos, los mismos quinqués, las propias ventanas con sus cortinitas, idénticos botones para abrir y cerrar.

En el piso tercero vive Facundo; unas puertas ántes, un señor que ó se corta los callos ó se tiñe el bigote.... del otro lado un elefante femenino, que ó se aprieta el corsé ó engulle fruta como una ardilla.

Yo voy á buscar á Facundo.... por supuesto que me entro de rondon con el del bigote.... y le digo: _Excúseme_, y él me despide con un resoplido.... entónces corro avergonzado.... y ¡zas!.... con la anciana del corsé.... La cosa hubiera tenido consecuencias, si no fueran conocidas mis distracciones y si no fueran tan comunes estas equivocaciones por la uniformidad en todo.... ya he dicho que todo parece hecho con molde.

Cuando en los carros de dormir tenia en las noches que abandonar mi lecho, dejaba en él por la parte exterior mi levita, mi sombrero, ó me acercaba gritando; porque ahí las equivocaciones traen aparejadas, palizas y quebrantamientos de huesos.

Algunos dias ántes de nuestro viaje, con persona despierta y despabilada, habia acontecido lo que van vdes. á oir.