Viaje a los Estados Unidos, Tomo II
Part 32
_New-York Bible Society_ (Sociedad de Nueva-York de la Biblia).
_City Bible Society_ (Sociedad de la Biblia de la Ciudad).
_New-York Bible Common prayer Book Society_ (Sociedad de Nueva-York para la Biblia y libros de rezos).
_American Trait Society_ (Sociedad de Nueva-York de publicaciones).
_American Sabbat Tract Society_ (Sociedad dominical americana para la publicacion de Tratados).
Sociedad de publicaciones de Nueva-York, etc., etc.
El escritor español Blanco, conocido entre nosotros con el nombre de _Blanco White_, ha escrito varios de esos Tratados en español, con marcada elegancia, y los difunden protestantes españoles.
Además de estos medios de propaganda, hay misiones para el interior y el exterior del país, que dirige y fomenta la Sociedad de la Biblia, y seminarios y colegios establecidos con grandes riquezas y que funcionan con el mayor arreglo.
Salimos de la Biblioteca Astor para el Instituto Cooper.
El Instituto, dedicado al adelantamiento de las ciencias y de las artes, ocupa una manzana entera; su frente es una doble hilera de altísimas ventanas góticas; al piso primero se asciende por amplias escaleras exteriores.
El salon espacioso ó calle del interior del edificio, está ocupado por varias oficinas de particulares, que con sus rentas acrecen los fondos del Instituto. Están arrendadas tambien las accesorias exteriores.
Adornan las paredes de la escalera interior cuadros y dibujos: la escalera conduce á corredores de los varios departamentos que tiene el edificio.
[Ilustración: INSTITUTO COOPER.]
D. Andrés y yo nos dirigimos á la Biblioteca: á la entrada nos dieron á cada uno una especie de moneda de cobre que sirve para pedir los libros, quedando en prenda en poder de quien da el libro y teniéndose que recogerla para poder salir. Esta sencilla operacion ha sido eficaz para evitar la pérdida de libros en un lugar á que asisten anualmente sobre seiscientos mil lectores.
El salon de la Biblioteca que estamos viendo tiene sobre cuarenta varas de largo por veinticinco de ancho. Está inundado de luz por rasgadas ventanas abiertas casi desde el techo, en airosos intercolumnios de la parte exterior.
Forman valla de uno y otro lado á las cinco hileras de mesas colocadas en el centro, sendos atriles en que están puestos en órden los periódicos en sus varillas y con sus candados.
Allí se lee de pié y se renueva frecuentemente la concurrencia, sin interrumpir á los otros lectores.
Vense en los atriles periódicos de todas las partes del mundo. _Yo, aunque busqué, no encontré periódicos mexicanos._
En el centro hay mesas pequeñas y sillas para los lectores.
En el fondo del salon se ve un inmenso cuadro con los retratos de cuerpo entero de los grandes inventores que ha tenido este país.
La veneracion con que se contempla por todo el mundo este cuadro, inspira profundo respeto. Se percibe sobre él, el reflejo de la verdadera gloria.
Como una curiosidad me mostró D. Andrés, al lado del gran cuadro, un cuadrito pequeño, retrato de Cooper hecho á la pluma; sus perfiles y la pureza de las líneas me llamaron la atencion.
--Vea vd. bien, vea vd., no está en eso la gracia; acérquese vd. más. Lo hice así, y me cercioré que las líneas todas, sombras, cabellos y pestañas, eran letras. Son yo no sé cuántos salmos ó pasajes bíblicos, que se leen con microscopio y tienen correccion extrema.
El Instituto encierra, como hemos indicado, varios departamentos en que se enseñan gratuitamente, matemáticas, geografía, mecánica completa, arquitectura, dibujo lineal, natural y adorno. Numerosos dibujos, planos é instrumentos, se ven en cada una de las secciones, conforme á las especialidades que se dedican.
Lo que aquí se llama el _bassement_ es un inmenso salon en que se dan lecturas, á que son muy afectos los americanos.
[Ilustración: BIBLIOTECA MERCANTIL.]
En ese salon leyó el Dr. Boyerton sus luminosas lecciones de geología; allí el orador italiano Gavazzi, desplegó su elocuencia en memoria de Maum; allí Worcester hizo ostentacion de sus talentos.
El establecimiento, como casi todos los de educacion, instruccion y caridad, está sostenido por fondos que suministran las rentas del edificio y donaciones particulares, dirigido por una junta privada que sin embargo publica una Memoria anual para satisfaccion del público.
Todo el edificio fué costeado por Mr. Peter Cooper, gran filántropo que vive aún en Nueva-York, objeto de la veneracion universal.
Las principales Bibliotecas de los Estados-Unidos son las siguientes, segun el _Educador Popular_:
La del Congreso de Washington, que tiene 300,000 volúmenes; la de Boston, 1.500,000; la de Astor, de que hemos hablado, 152,000; la de la Universidad de Harvard, 118,000; la Mercantil (Nueva-York), 104,500; la del Ateneo de Boston, 100,000; la de la Compañía de Filadelfia, 85,000; la de Albany, 70,000; la de la Ciudad de Nueva-York, 57,000; la del Colegio de New-Haven, 50,000.
Estas son las principales Bibliotecas; pero existen multitud que no se mencionan, adheridas á los establecimientos científicos, literarios, y de caridad; de suerte que no hay aldea sin recursos para esta clase de instruccion.
XXVII
Escuelas.--"El Educador Popular."--Carácter de la instruccion.--Escuela gratuita.--Descripcion de una escuela primaria.--L. F. Mantilla.--Distribucion de trabajos en la escuela.--Cancion chistosa.--Utiles de escuela.--La escuela de niños.--Desentonos.--Broad de Educacion.--Noticias de las escuelas, segun la organizacion de 1869.--Instituto Charlier.
Dia bien empleado hoy: he comenzado á realizar mi deseo de visitar las escuelas. Este era en México mi pensamiento fijo; esta ha sido aquí mi más ardiente aspiracion.
Desde mi llegada, no he dejado de hacer preguntas, de adquirir libros, de relacionarme con personas poseidas de este sublime fanatismo por la instruccion.
Mi suerte quiso que una de mis primeras amistades aquí, fuese la de Néstor Ponce de Leon, habanero de nacimiento, abogado distinguido, aquí impresor y librero, hombre que vive dedicado á honrosos trabajos.
Publica Néstor Ponce el periódico más interesante, más precioso, más fecundo en bienes para todos los pueblos que hablan la lengua de Cervantes: llámase este periódico _El Educador Popular_, y se deberia llamar _La Luz_.
En sus páginas de oro resplandecen los ramos todos de instruccion, trasmitidos á los maestros y al alcance de la inteligencia de los niños. Coopera á sus tareas Antonio Bachiller, y se publica bajo la proteccion del Sr. D. Manuel Prado, presidente de la República del Perú, quien, aunque no tuviera más título que este, por él seria acreedor á la estimacion universal.
Todo lo que el talento puede tener de más entendido en la eleccion de materias; todo lo que la sagacidad del amor al bien puede acumular de mejor para la enseñanza, se encuentra en ese periódico, que deberia ser como el pan del alma en los pueblos hispano-americanos. Sin embargo, el periódico se costea con trabajo, y en nuestra patria infeliz apénas es conocido.
Yo tengo entendido que el asombroso desarrollo de esta nacion; su paz y sus esfuerzos gigantescos; su dominio en los aires y en los mares; sus monumentos que empequeñecen los recuerdos de Egipto y Babilonia, de Grecia y Roma; el secreto de esos milagros que operan aturdiendo la mente, con el espectáculo del futuro, se deben á la educacion y la instruccion universales.
En mi país, la ciencia es curiosidad, es tentativa; aquí es atmósfera.
Nosotros tenemos tesoros de sabiduría que se encierran en los gabinetes, la ciencia cambia de templos; aquí anda en la calle y se confunde en la multitud.
En mi patria, la ciencia y los grandes conocimientos son joyas que se ven al través de los cristales ó que ostenta un poderoso; aquí es como la corbata, como el calzado; es ménos rica, pero está al alcance de todos.
Es la instruccion en nuestro país, como en otros pueblos, como barras de plata y tejos de oro que poseen unos cuantos, miéntras muchos no pueden disponer ni de un centavo; aquí la riqueza, en su mayor parte, está en centavos: nadie tiene hambre, aunque no haya muchos potentados.
La sentencia de Michelet es aquí un axioma: "La patria se respira en la escuela." Las escuelas son planteles de ciudadanos; en la semilla se cuida el fruto, y el fruto es ópimo cuando madura.
La escuela gratuita, atendida con la excelencia que aquí se hace, es la base del poder americano, su garantía de paz, la vivificacion de sus instituciones. La enseñanza es la gran religion del país; y la enseñanza con aplicaciones prácticas, es la encarnacion perpétua de la ventura.
Cruzan los mares vapores, se construyen puentes, se abren canales, y de esas grandes mejoras, la razon es la escuela: las escuelas son como los rieles por donde camina triunfal la locomotora del progreso.
Una sociedad sin escuelas, ó con malas, es como un hombre sin ojos. Supóngasele tan fuerte como se quiera; será un Sanson poderosísimo, pero poderosísimo para destruir.... Para edificar, ántes que todo, se necesita de la luz.
Poseo apuntaciones con muy minuciosos detalles sobre la instruccion pública, que pienso dar á luz, si Dios me concede vida, cuando esté en mi patria: la naturaleza de lo que escribo no permite esas honduras; por lo mismo, limítome á consignar mis impresiones.
Para tener un guía seguro y á la vez un maestro inteligente, me relacioné con el Sr. D. Luis Felipe Mantilla, que es de esos sublimes fanáticos de quien hablaba hace poco.
Es D. Felipe Mantilla hombre que pesca sus cuarenta abriles, delgado y moreno, pelon, barbilampiño y de ojos negros inteligentísimos. Viste de lienzo, como los hijos del país en esta estacion, su sombrero de paja, su zapato bajo.
Mi entrevista con el Sr. Mantilla no fué un conocimiento, fué un asalto y un secuestro; le agobié á preguntas, le urgia para que me llevase á todas partes y todo me lo enseñara. Bueno.... Pero yo acabé por venerarlo y amarlo de todo corazon.
El Sr. Mantilla se ofreció á servirme en todo, y hoy fuimos á una escuela primaria que está cerca de la Sexta Avenida, en la calle 13.
El edificio es una construccion _ad hoc_ para su objeto, circunstancia esencial que jamás queremos tener presente.
Consta la escuela de dos pisos. En el primero está la primera enseñanza; en el segundo la superior.
Llegamos á las nueve. En una espaciosa sala, en bancas paralelas, cada una con capacidad para seis niños, habia como quinientos educandos, desde seis á diez años.
En la cabecera, en amplia plataforma, con su mesa circuida de elegante barandal, se veia la directora, matrona elegante y modesta, de treinta y tantos años. No es fácil describir la majestad y dulzura de aquella señora.
Al pié de la plataforma está el piano y á su izquierda la jóven, bellísima por cierto, que dirige las operaciones de los niños.
Los movimientos de los alumnos se hacen al compás del piano, que toca marchas y canciones, recuerdos de las glorias nacionales; en los movimientos se busca la regularidad, el órden, la disciplina, sin degenerar en parodias militares que convierten en pedantes á los niños y hacen que sus marchas se vuelvan retozo.
Distribuidos los niños, preludió la música el himno matutino, implorando la gracia para sus trabajos y dirigiendo preces por la familia y por la patria. Aquel acto me conmovió hondamente. México estaba palpitando dentro de mi corazon.
La directora hizo una breve lectura de la Biblia, y despues se oyó una especie de murmullo dulce, dulcísimo. Los niños sentados, con los ojos bajos y las manos juntas, rezaban el "_Pan nuestro_."
La preceptora dió fin á la oracion y siguieron al compás de la música algunos ejercicios calisténicos de manos y cabeza, muy divertidos: las mil manecitas blancas se agitaban como alas sobre sus cabezas, se unian, palmoteaban y volvian á la altura como parvadas de palomas.
En seguida cantaron una cancion, que de éstas hay muchas, poniendo en caricatura á un chico perezoso que retardaba su entrada en la escuela, por venir silbando y jugando por la calle: en la cancion se silba y se hacen las contorsiones del muchacho. Resplandecia la alegría cuando concluyó la cancion, y en ordenadas evoluciones, al són de la música, se dirigieron los niños á sus secciones.
Dia á dia en la marcha se hace la distincion de los más y ménos adelantados, de suerte que el desfile es una revista de estímulo y correccion de lo más benéfica. Las bancas del salon son de palo con piés de fierro, que se pueden reducir á cortas proporciones y empacarse.
En las paredes de las secciones de la primera enseñanza hay dibujos con figuras geométricas, aparatos mecánicos é instrumentos de útil aplicacion.
Como guardapolvo de friso, incrustada en la pared, está la pizarra: en varias escuelas hay una pasta con que se hace la pizarra, que no estorba, como el pizarron, la pieza, y permite que muchos niños hagan cuentas á la vez.
Entre las pizarras de mano hay algunas con gutta perca en las esquinas, para que aunque caigan no se rompan: hay otras de figura de papelera; la parte superior es corrediza, con muestras grabadas, de letras, flores y líneas de dibujo.
Cada niño tiene su mesita especial con su asiento. Esa _propiedad_ los hace cuidadosos y cultiva el sentimiento de responsabilidad, sin el cual la idea de libertad se convierte en altamente peligrosa.
No tuve tiempo para estudiar la clase superior. Entré rápidamente.
Habian pasado ya las primeras distribuciones; el maestro acababa de decir una pequeña exhortacion á los jóvenes, enumerándoles las faltas habidas en el dia anterior y el modo de corregirlas.
Por mi desgracia, porque desgracia llamo á la de no haber visto funcionar la clase superior, por mi desgracia digo, cuando yo entré los niños acababan de mostrar con sus desentonos, que no recordaban alguna de las canciones que habian aprendido.
El piano porfiaba, las voces eran más renuentes; se caminaba bien, se llegaba al punto de la dificultad, y las voces se desbarrancaban.
A nuestra llegada, el maestro hizo que no se suspendiese la porfía.
Abandonar un trabajo despues de emprendido, le parecia una leccion funesta; retroceder por la presencia de una dificultad, le pareció de pésimo efecto, y á eso sacrificó toda consideracion. Hizo perfectamente; pero nosotros, que no teniamos empeño en aprender la cancion, nos separamos de allí, citándome el Sr. Mantilla mañana para un paseo igual al de hoy.
De regreso hablóme de los adelantos de la instruccion en Chile y otros lugares de la América del Sur; adelantos inferiores á los Estados-Unidos, respectivamente hablando, pero muy superiores á los adelantos de las otras Américas. El nombre de Sarmiento era repetido con ternura por el Sr. Mantilla.
* * * * *
La organizacion actual de las escuelas data de 1869. Están bajo la inspeccion de una especie de Ayuntamiento _ad hoc_ que se elige popularmente, y del que dependen doce miembros que forman la Junta Directiva ó _Board de Education_.
Las escuelas comunes se forman de dos departamentos, uno propiamente primario y otro de perfeccionamiento.
Hay en Nueva-York 237 escuelas gratuitas; de ellas, sostenidas por el Estado, 232, y el resto por asociaciones de beneficencia ó religiosas.
Las escuelas cuestan anualmente sobre tres y medio millones de pesos.
El valor de las propiedades de este ramo es de nueve millones de pesos, poco ménos.
El número de edificios para escuelas en todo el Estado, es 11,700, asistiendo á ellas 1.029,955 niños. Se calcula el valor material de los edificios en 20.417,329. El fondo para atenciones de todas procedencias, es de 10.919,466 pesos 45 centavos.
Como de esta materia nos hemos de ocupar con repeticion, dejemos por hoy esas apuntaciones.
Como escuela privada preparatoria para carreras científicas, mucho llamó mi atencion el Instituto Charlier, que se encuentra frente al Parque, á un lado de la Sexta Avenida.
Es un edificio de ladrillo, de seis pisos, con su fachada compuesta de columnas y pórticos; en todos los pisos hay fajas de ventanas, que son peculiaridad de las construcciones americanas.
El establecimiento es propiedad de M. Charlier, suizo de nacimiento, que llegó á Nueva-York con la suma de veintisiete pesos, se dedicó con asiduidad al cultivo de la enseñanza, y sus claros talentos y su honradez le procuraron, andando el tiempo, una fortuna de más de un millon de pesos. Mr. Charlier es ministro protestante.
El suizo generoso quiso dar un testimonio de gratitud al suelo que le habia enriquecido, y fundó este establecimiento, costándole el solo edificio 400,000 pesos.
M. Charlier es de cuarenta y cinco á cincuenta años, rubio, entrecano, delgado, anguloso, de continente afable, y de finísimos modales.
El salon de recepcion es lujoso; en él hay botones telegráficos, lo mismo que en el despacho del director, que dan á todos los departamentos.
En los tránsitos de piso á piso hay estantes para la ropa del gimnasio y los baños, para depósito de zapatos, á los que se da lustre, etc.
Los dormitorios consisten en canceles de madera con divisiones verticales, sin pared ni puerta al frente; allí está colocada la cama del niño, á la vista de la pieza del inspector de cada dormitorio.
En cada uno de los salones de dormir, hay esos tubos de hierro que dan paso al aire caliente para modificar, como conviene, la temperatura.
Cada una de las distintas cátedras tiene su librería y sus instrumentos análogos, segun la materia que se enseña en ella.
El salon del gimnasio es valiosísimo, y en él está combinada la completa seguridad del niño, con esa parte interesantísima de la educacion.
Llámase capilla á una especie de teatro con capacidad para todos los alumnos, que son más de quinientos, con lunetas y galería; en el centro está la mesa para el director. Sirve el salon para los actos colectivos del establecimiento, juntas y reuniones en que el director quiere dirigir la palabra á sus discípulos reunidos.
Cuídase del aseo y de la limpieza con rara escrupulosidad; por todos lados hay botes en que se arrojan papeles y hasta las más pequeñas basuras que caen al suelo.
La cocina es magnífica, y el departamento de las lavanderas no deja que desear. En instantes se apodera la máquina de la ropa sucia, la sumerge en el agua, la restrega, la exprime, se deposita en morillos de palo que descansan en palo-carriles, camina el tendedero á una atmósfera de vapor que seca la ropa, la plancha y termina la operacion en instantes.
El establecimiento de Charlier puede presentarse como modelo, y si no me detengo en mi descripcion, es porque mi principal objeto en este punto, es dar á conocer los establecimientos para el pueblo.
XXVIII
Excursion con Francisco.--Los hoteles.--Continental-Central.--Hoffman.--Otros hoteles.--El Acuario.--Plantas.--Nichos.--Estanques.--Las focas.--La mujer pescado.--La ballena.--Títeres como en México.--Regreso al hotel.
Hombre, levántate, son las seis, has dormido toda la tarde. Así me dijo Francisco ayer sacudiéndome y sacándome del sueño más profundo y brutal que puede embargar á un ente racional.
Me levanté medio dormido, comí idem y me dejé conducir por esa especie de locomotora á quien llamo Francisco, y quien una vez que de mí se apodera, no me suelta hasta dejarme medio derrengado.
Atravesamos _Union-Square_, llegamos, siempre por Broadway, á la altura de la calle 20. Yo comenzaba á desmoralizarme.
--Ya ví, me decia, que te fijaste en el Hotel Continental; es magnífico, tiene, como los otros, su primer piso de cristales gigantes; son estas construcciones, estupendas sin majestad, ricas sin brillo, de ostentacion soberbia, que despiertan admiracion, pero sin que se interese el alma por lo bello.
Esto de los hoteles, merece, continuó Francisco, que le dediques un estudio especial; en lo físico; porque es uno de tantos rasgos fisionómicos de la vida de este gran pueblo; en lo moral, por su influencia en las costumbres.
--¿Pues tú qué has observado en este respecto? dije á Francisco.
--He observado, me contestó, que de estos hoteles que se pueden llamar de primero y segundo órden, que cada uno de ellos representa una gran fortuna, hay más de ciento cincuenta en la ciudad. En solo esta calle de Broadway y cercanías, existen más de treinta, y de ellos tienes:
Astor, gigantesca construccion de granito, con cabida para seiscientas personas.
Colman, con 200 cuartos como los puede apetecer la más refinada opulencia.
Ya viste á Gilsey; el edificio es de hierro, con seis pisos sobre el basamento.
La portada es elevadísima, consta de veinte columnas superpuestas y cierra la portada en el quinto piso, es decir, á la altura de la segunda escalera de las torres de nuestra Catedral.
El Gran Hotel Central puede contener dos mil personas con toda la servidumbre, con holgura y con lujo.
Hoffman, de mármol blanco, con todo el refinamiento europeo, le ocupan ahora trescientas cincuenta personas.
El Hotel Metropolitano, que está inmediato á nuestro hotel, costó ochocientos mil pesos.
Ten presentes esos ciento cincuenta palacios y amuéblalos en tu mente con alfombras, vergüenza de la Persia, con paredes de cristales y de espejos, con regueros de llama en las alturas, con cuadros y estatuas, cortinajes y gasas, con sillones que chiquean, sofás que acarician, mecedoras que producen ensueños, y caloríferos y ventiladores para que el aire sea un halago que esté en espera de las sonrisas y de los suspiros del placer.
Las estancias de esos grandes hoteles se componen de un salon y una alcoba: el primero, con todo el lujo de un palacio; la alcoba, con todas las previsiones del cariño.
El colchon de resortes, la almohada discreta, el cortinaje dócil. El vaso descansando en el mármol para recibir el agua helada, la maquinita que suministra un solo fósforo sucesivamente, el baño con su tina de mármol y agua fria y caliente á toda hora, el comun inglés con agua corriente.
El hotel es una ciudad en abreviatura: el sastre, el barbero, la fonda, la cantina, el carruaje, todo está á la mano, y á la mano el telégrafo para abrazar de una mirada cuanto está pasando en todo el globo.
Pero á más del hotel existe el _Boarding_, término medio entre la alta y la mediana fortuna, remedo de la vida en familia, y á más del _Boarding_ el cuarto amueblado y los mil recursos para no llamarse nadie desamparado en esta moderna Babilonia.
La vida así, se puede calcular desde veinte pesos por persona al dia, hasta ménos de un peso, sin tocar en los linderos de la pobreza.
En esta sociedad corriente y movediza que se renueva dia por dia, no hay hogar, hay estaciones, paraderos. Casas, ómnibus, albergues en que se efectúa el cosmopolitismo y forma sus mosaicos la humanidad, que tiende á fundirse.
Un hotel es un escaparate en que se da en espectáculo esa humanidad.
En un cuarto, un ruso ostenta su senda cachucha y calza sus pantuflas de piel; en el otro tararea un frances sus canciones, entre el figurin de una bailarina y el retrato de Gambetta. El vecino habanero que sigue fuma sus trabucos y cuenta sus onzas con fanfarronería. Un aleman soñoliento en el cuarto vecino, calcula frente á un tarro inmenso de cerveza las idas y venidas del yankee, que queriéndole tiznar, ha de llegar á ser su presa. Un español aplica su criterio á todo esto que ve, sin entender palabra, con su Guía de la Conversacion al frente, para que á lo mejor pida un vaso de agua en inglés, y en respuesta lo tomen del brazo para llevarlo al excusado.
Y todo esto es tan encallejonado, tan simétrico, tan de iguales proporciones en su division, que yo llevo más de un mes en el hotel, y siempre titubeo para hallar mi cuarto y me soplo de rondon á otro en que presencio inconveniencias que me pueden costar una paliza.
Las muchas comodidades, que presentan los hoteles, su extensa escala en que caben todas las fortunas, y lo apto que deja al individuo y aun á la familia para movilizarse, puede influir acaso en que aun personas que pudieran establecerse en su casa, vivan esa vida comun.