Viaje a los Estados Unidos, Tomo II
Part 28
El beneficio de la tolerancia pudiera llamarse económico-político, porque la concurrencia se perfecciona, y cada secta quiere ser más ilustrada, dedicarse á más fructuosas obras de beneficencia y que la moral resplandezca con mayor pureza, y esto tiene resultados prácticos, aun cuando cada religion, tenga sus jesuitas y sus siervos, que vivan regaladamente en honra y gloria de Dios.
La misa de los católicos, la misa más en boga, es la de San Estéban, templo situado en la calle 28, al Este.
El templo es de tres naves, el piso de mármol, el altar con cierta grandeza. Oscurecen el templo vidrios de colores, ménos los de la bóveda del altar, que presentan al sacerdote en un círculo luminoso de buen efecto.
La iglesia está llena de bancas con sus respaldos, que con las puertecillas de cada hilera forman angostos cajones divididos en asientos con su rodapié, en que se arrodilla el creyente, formando la moldura de la banca de su frente, atril en que descansan sus brazos y coloca su libro.
Corre bajo cada una de las naves y á cinco ó seis varas de altura, un tapanco con su balaustrada que se llena de sillas, y convierte en espectáculo teatral el sacrificio santo.
Sobre las puertas están la orquesta y los cantores. A las entradas del templo hay piletas de agua bendita con sus rejillas de alambre para que solo quepa el dedo, temiendo sin duda que se lavaran allí las manos los siervos del Señor.
La orquesta está muy acreditada, los cantores son excelentes, y á ellos se debe la numerosa concurrencia.
Oimos la misa, y vimos salir á los devotos entre vallas y grupos de curiosos. Allí se ve lo que hay de más escogido y aristocrático de los católicos, no solo en la Quinta Avenida, sino en puntos bien remotos de la ciudad.
A propósito: hé aquí la estadística de los templos, tomada de la Guía de Bachiller y Morales:
Africanos metodistas 4 Baptistas 30 Congregacionalistas 5 Friends (amigos) 3 Judíos 26 Luteranos 14 Metodistas 40 Presbiterianos 4 Episcopales 71 Reformistas holandeses 18 Católicos romanos 39 Unitarios 3 Universalistas 5 Diversos 18 --- TOTAL 280
Francisco me acompañaba y tomamos el rumbo del Parque, entre aquella corriente lujosísima en que las _ladies_ sobresalen dominadoras. No así los hombres, cuyos vestidos abusando de la holgura, cuyos sombreros abovedados de ala pequeña, cuyos zapatos desgobernados y cuyas corbatas blancas, intempestivas, les dan aspecto grotesco, aunque sendas cadenas, sorbetes audaces, sobretodos y bastones, quieran reclamar los favores de la moda.
Al pasar las bocacalles íbamos notando las calles laterales entre árboles elevadísimos, los marcos de las ventanas con enredaderas que trepan por las paredes á grandes alturas, sobre la oscura piedra y en los huecos de la banqueta al muro, sembrados de césped, jarrones de flores y adornos de buen gusto.
Detuvímonos frente á una iglesia que ve al Oeste, y está al medio de la Quinta Avenida: llámase Emmanuel.
Es de órden bizantino; el roseton de la puerta, en metal, no habria sido cincelado con mayor primor.
Tiene el templo dos altas y delgadas torres; de su primer cuerpo arrancan cuatro columnas esbeltas y leves, sosteniendo una pequeña cúpula, que es la derrota de la filigrana y del calado.
Corona el frontispicio entre las dos torres, un cuadrilongo sobre que descansan cuatro minaretes que son como la florescencia de la piedra, verdaderamente bellos....
--Es de desesperarse esto, me decia Francisco; mira deslucida esa linda fachada con ese tejavan puesto sobre los cuatro minaretes: es como si un caballero elegante se obstinara en completar su trage con el fieltro ordinario de un carretero, ó con una gorra de aguador....
--Y luego se quejan de que se les eche en cara su mal gusto.
--¡Oh! si lo tuvieran bueno, serian los hombres más enamorados del mundo, y nos dejarian poca cosa á los extranjeros. No te canses, chico, más vale así....
Ya estamos en el gran Parque central; límpiate los ojos, que éste es, con justo título, llamado el mejor ornamento de Nueva-York.
Figurémonos una extension como desde el paseo de Bucareli á Tacubaya; pero en un terreno quebrado como el de las depresiones y eminencias que ofrecen, ó el camino de Toluca, ó lo que llamamos la Cruz del Marqués, yendo á Cuernavaca.
Sobre esos valles, colinas y hondonadas cubiertas de aterciopelado césped, culebrean bajo los arbustos y los árboles, y entre flores, los senderos de la gente de á pié, y más al centro, anchas y bien terraplenadas calzadas de arena y piedrezuela de lecho de rio, por donde se deslizan los carruajes....
El terreno es en extremo desigual, y ya se percibe como una montaña coronada de árboles gigantes, ya se abren éstos para formar praderas y glorietas, ya se hunde la tierra y se salva por un puente en la altura y un camino por debajo para los pedestres.
En una ladera, siempre entre árboles, están los salones de un café magnífico; en una elevacion descuella un _kiosko_; bajo un tendido emparrado hay asientos y mesas; grandes fuentes en abiertas plazas; lagos cruzados por botes y barcas, donde el terreno se deprime, y escaleras atrevidas entre las rocas vivas, que conducen á cenadores voluptuosos, á sombrías estancias en que bajo doseles de sombra, hay estatuas que inmortalizan las glorias del talento y la virtud.
Hay momentos en que por donde quiera que se vuelven los ojos, tiene nuevas seducciones el ánimo.
El arte ha seguido cuidadoso á la naturaleza, y sobre su hermosura salvaje ha derramado sus tesoros.
A la vez que giran los carruajes en las calzadas, parvadas de niños corren en los verdes prados, con algazara festiva, conduciendo sus carretelitas, volando sobre sus velocípedos y sus carritos.
Gira uno en opuesto sentido, y son los columpios, los cochecitos tirados por chivos, los burros perfectamente enjaezados conduciendo niños y niñas.
Inclínase la vista, y descubre las barcas llenas de gente que se regocija; la aparta y la dirige á los oteros umbríos, y son mujeres hechiceras y parejas felices.... los descansa en los tránsitos, y son estrados con caballeros entregados á la lectura, miéntras los acaricia el viento, los aduermen las sombras y les dan música las aguas.
El Parque, al decir de las varias guías y datos que consulto, tiene de costo diez y seis millones de pesos, le sombrean 200,000 árboles y arbustos, y contiene museo de historia natural, casas de fieras, lagos, _restaurants_, salones de refresco, salones de música, subterráneos y cascadas.
Es un espléndido jardin con sus estatuas y sus fuentes, encerrados en uno de nuestros bosques deliciosos de la tierra fria.
Francisco temia las protestas de mi pereza, y con la inagotable bondad que le distingue, me decia:
--Reposa, que este camino que da á la calle 59, es sombrío.... y tenemos que andar: mira ese busto que parece representar á un propietario de ganado; es nada ménos que el baron de Humboldt, á quien tanto amamos los mexicanos: salúdale, y vamos adelante.
Ibamos por un laberinto de arrayanes, de mimosas, de flores conocidas en México con el nombre de aretes, de pionías y enredaderas mil.
¿Conoces esa estatua? Es la de Shakespeare; á lo ménos así lo dice el letrero, el parecido no; porque Shakespeare tiene más majestuosa la frente y se le representa de mayor edad, es decir, en toda la plenitud de su génio.
La estatua que ves más acá es la de Halleck, la que vino el presidente Hayes á descubrir.
--Aguarda, que esta es más bien una espaciosa plaza.... gigantesca fuente, árboles en círculo, dejando colgar con profusion sus sombras; parece un gran salon por la multitud de asientos y lo selecto de la concurrencia.
El pavimento es de tersas losas; del círculo de la glorieta parten caminos y escaleras; en varias columnas se ven como jaulas de alambre para asilo de los pájaros.
--¿A dónde me llevas? por esta escalera se desciende mucho; tomaremos por ese gran puente que está frente á nosotros.
Descendimos la escalera: el puente formaba techo á espaciosos salones, con altos espejos, mesas de mármol y elegantes columnas.
Atravesamos los salones de refresco y nos hallamos en otra plaza, al borde de una fuente llena de estatuas.
Ya que tantas veces hemos hablado de las fuentes en parques y paseos, diré que muchas de esas fuentes fueron mi encanto; las hay que constituyen verdaderos monumentos, como la llamada del _Angel de las aguas_, en este Parque. La figura del ángel gigantesco es correcta y airosa; tiene vueltas hácia afuera las palmas de las manos, y por ellas corren impetuosas las aguas, como anudándose, desplegándose y desparramándose en hirvientes chorros.
Otras fuentes de plazas, las más sencillas, me agradaban extraordinariamente; en la boca del tubo horizontal se percibia una especie de piña formada de delgados cañutitos, haciendo su conjunto una espiral; las aguas, al salir, se convierten en polvo y forman un inmenso plumero, una nube, una niebla de plata que oscila con el viento, dándole la luz vivísimos reflejos y revistiéndose frecuentemente de los colores del íris. Aunque á muchas personas he hablado de esto, no ha encontrado favor en México este juego tan sencillo como hermoso y barato.
En algunas fuentes he visto juegos más complicados é igualmente bellos; por ejemplo, ví en Gilmore's un chorro que sustentaba un limon; al desequilibrarse caia, pero caia en una taza dispuesta de manera que hacia subir ese ú otro limon, halagándose la vista con el juego.
Al extremo de la glorieta está el muelle y el tragin del embarque y desembarque para los paseos acuáticos.
--Estos lagos, me decia Francisco, se hielan en el invierno, y aquí y en los otros lucen su habilidad caballeros y _ladies_, patinando con suma destreza: entónces es el contraste de las risas, los juegos y el contento, entre los esqueletos de los árboles y la mortaja de bruma que oscurece el sol.
Yo no podia moverme, estaba rendido; me sembré bajo un árbol á ver pasar los mil carruajes que atraviesan fantásticos y se pierden rápidos entre los árboles, precipitándose en las hondonadas para reaparecer en las alturas, como arrebatados por el viento sobre las rocas.
Es indescribible el encanto que comunican al cuadro esos torbellinos de niños con sus cabellos de oro flotantes, sus listones volando en pos de ellos, sus carreras, sus risas, sus enojos y monerías. Es la vida naciendo y derramándose en ondas puras á los besos de la aurora; es la espuma de nieve y el celaje de oro resbalando sobre el limpio azul de la inocencia.... pero entre aquellos niños y en aquellos juegos no distinguia á mi Guillermito, á mi Manuel, á mis hijos de mi alma: entónces.... veia oscuro ese cuadro de felicidad.
--Vámonos, me dijo Francisco; estás cansado, volveremos otro dia.
Pero de las doce puertas que dan salida al Parque, no atinábamos con ninguna.
De trecho en trecho, unas tablas indican en aquel laberinto las calles con que tienen conexion los senderos, con una mano pintada que señala la direccion; pero ni por esas: estaba al sembrarme otra vez como una mata en cualquiera de aquellos prados.
--Tomaremos sombra bajo de aquel puente.
Así lo hicimos: bajo el puente estaba el alquiler de los burros para niños.
Yo habia visto muy pocos burros; siempre me ha parecido incompatible el burro y el yankee: pues bien, aquí veia lo contrario.
Están los burros muy bien ensillados con albardones con su horquilla para que monten las niñas, y la demanda es extraordinaria, siendo la salida de cada burro motivo de procesiones de placer en que, sobre todo el americano, hace prueba de su bondad con los niños, y esto es universal.
El padre de familia es quien generalmente carga al niño y brega con él.
Jamás he visto un acto de impaciencia de un americano con un niño: asalta el carro, trepa al wagon voceando su periódico, juega á la pelota en las banquetas, vuela su papelote en la calle, codea á uno que lee, haciendo algazara, y nadie se atreve á lastimar de palabra ni de obra á un niño. Así es que andan solos á grandes distancias, concurren á sus escuelas, toman asiento en los wagones, y las niñas, sobre todo, tienen la conciencia del amparo público en alto grado.
--Vámonos, le dije á Francisco.
--Por aquí, replicó, y de manos á boca me encontré con un edificio de alambre ó jaula gigantesca con curiosas aves.
--¡Qué lindos cacatúas! me hizo observar mi sagaz guía, que con inocente engaño me hizo dar una vuelta enorme para que viese lo que allí se llama el Museo.
La seccion del Parque en que nos hallábamos contiene varias jaulas con aves preciosas. Hay una destinada á las águilas y buitres, frente á la que no me quise detener, porque no me encuentro bien frente al poder militar.
Cerca de los grandes tiranos del aire se encuentran jaulas para ardillas y animalejos, que se entregan á la guerra intestina.
A poca distancia se ve un pozo enorme con su barandal de fierro, en que nada una foca terrible, como si dijéramos, el poder marítimo, inútil y costoso como nuestra marina.
En los prados que rodean el foso ví una llama, varios camellos destartalados y cariacontecidos, como doncellonas viejas.
De estos preciosos animales hicieron acopio en Tejas, y se ensayaron con buen éxito para pasar los desiertos, salvando mil inconvenientes de esa travesía peligrosa.
Bisontes, cíbolos y otros animales estaban en los prados, circuidos de curiosos.
Nosotros penetramos á la casa de las fieras.
Es un espacioso galeron de madera con grandes jaulas aseguradas con fuertísimas barras de fierro.
Allí contemplé al leopardo, al tigre de varias especies, á las panteras. Seguí el movimiento perpétuo, y como el remordimiento de la hiena, hocico agudo, cuello tendido, mirada alevosa. Preocupado de horror seguia en sus movimientos á la fiera, cuando repentinamente sonó á mi espalda un ruido tan lleno, tan terrible, tan animado, que mi primero é indeliberado impulso fué huir. Aquello era estupendo, yo no habia oido nada semejante; retembló el suelo y crugieron los tablones de la espaciosa galera. Muy al contrario de Pipelet, sin entrar en averiguaciones, mi primer movimiento fué huir.
Francisco me detuvo riendo.
--Vuélvete, me dijo, deja á esas hienas que son imágen del asesino cobarde, vuélvete á mirar al rey de las selvas.
El propietario de aquellos ruidos que apagarian la tempestad y tendrian eco aun estallando el trueno, era el leon; ¡qué grandeza, qué luenga melena, qué garra formidable! Nada hay exagerado en las pinturas épicas del Titan de Africa; impone como un monumento, se hace acatar como una majestad.
Hay varios leones en triste soltería. Este está acompañado de su consorte, y ofrece á veces espectáculos de la vida íntima.
Otro leon rugió de nuevo, y no obstante la quietud de la concurrencia y el regocijo de los niños, y á pesar de que era para mí evidente la seguridad en que me encontraba, yo y algunos otros retrocediamos de las jaulas, porque se teme realmente que tablones y barras vuelen en fragmentos, en un rugido de la fiera imponente.
--Queria que vieses el acuario, aunque hay uno de una empresa particular, que es el que quiero enseñarte.
--No, vámonos Francisco, vámonos, porque estoy hecho pedazos.
Francisco posee la ciencia de caminar por Nueva-York, ciencia que consiste en conocer la direccion de todos los carros que recorren el tejido de rieles que atraviesan las calles.
Sabe los giros, vueltas y curvas de los wagones que van á City Hall y á Fulton Ferry, los que visitan los muelles, los que se detienen frente al Correo y los que en varias calles, como en la núm. 34, tuercen para las orillas de los rios laterales.
Ya hemos hecho observar que estamos en domingo; ya sabemos que el número de carros y de otros vehículos es fabuloso, y no obstante, los carros van y vienen rebosando gente.
El carro está declarado insondable como el mar, de llenura imposible como la tinaja de las Danaides; el carro para el conductor y para los pasajeros, es de elasticidad infinita; en el que pudieran á lo más caber veinte, van cuarenta ó cincuenta, condensados, en prensa, colgados á los palos laterales.
Y andando, andando, á veces suben y bajan gentes, como si una seccion de la calle estuviese en movimiento.
--Nota, me decia Francisco, que no solo la calle de Broadway tiene lujo y grande tráfico.
Todas las avenidas son amplias, con árboles y plazas, y su parte baja da cabida á tiendas, _restaurants_ y lugares de recreo.
Las avenidas ó grandes canales que corren de Sur á Norte, todas son aun más anchas; en sus tiendas se ostentan grandes cristales, su alumbrado es igualmente espléndido.
Ya te enseñé la Avenida llamada Bowery ó Broadway de los pobres; á todas horas la atraviesa gentío inmenso. Tú mismo me has dicho que la Sexta Avenida es hermosísima. Me hablaste tambien de la tercera y octava.
La falta del tráfico, las habitaciones silenciosas, los horizontes de soledad y tinieblas en las noches, los forman las calles; pero en cuanto á las avenidas, de cada una de ellas se podria hacer una gran ciudad.
--Ahora no te puedes hacer cómodamente cargo, porque es domingo; pero aun en eso hay exageracion: nadie más persuadidos que los americanos ilustrados, de lo absurdo de su ley del domingo; pero ésta, aunque con suma hipocresía, la relajan. Ya te he hablado de los conciertos sagrados. Sucede con la venta de cerveza algo semejante.
El policía persigue la primera venta y conduce á la cárcel á los criados del establecimiento. Pero hecho esto, el _bar-room_ sigue vendiendo sin que le molesten.
Así es que, los dueños de esas tabernas, tienen hombres _ad hoc_ para que pasen el dia en la cárcel, y con esto rompen las trabas puestas á su comercio.
Al volver á mi casa me encontré con una invitacion del H. William C. Bryant, para pasar con él uno ó dos dias en el campo.
Dará idea de mi mansion en la casa del Sr. Bryant, la carta que como enamorado novel puse á mi regreso en mano propia de mi querido compañero Gomez del Palacio, para quién fué escrita.
XXIV
Viaje á Roslin.--Mr. William C. Bryant.
Roslin, Mayo 29 de 1877.
PANCHO QUERIDO:
"Te estoy viendo frente de mí, con tu cachucha cubriendo tus ojos indagadores y penetrantes, tu gran saco traicionando tu camiseta, y tus pantuflas holgadas denunciando tu pereza, miéntras yo, tendido en el sofá, descanso del ruido y de la celeridad del vapor.
"Ya voy á empezar la relacion del viaje; no te impacientes, déjame encender un cigarro.
"Pues, como iba yo diciendo, salí del hotel con mi sombrero con más arrugas que de ordinario, mi sobretodo al brazo, mi paraguas en mi mano, cubierta del indispensable guante, á obsequiar la invitacion del gran poeta y del caballeroso amigo.
"En dos trancos me trasportó el wagon frente al Correo, y en tres pasos me tienes en el despacho del _Evening Post_, calle de Broadway; pregunté por Mr. Bryant, le subieron el aviso al quinto cielo y vino un jovencito á conducirme.
"Penetré entónces en el despacho, que es una oficina en toda forma, con sus cajeros, tenedores de libros y los dependientes varios de la parte mercantil del periódico.
"Cada seccion, como en todas partes, está marcada con una ventanilla de cristales, y la parte de contacto con el público es tambien un grueso cristal aislado ó incrustado en la tabla.
"Mi pequeño guía se introdujo conmigo en el elevador, y aquello fué subir hasta sentir hambre en el camino.
"Ascendimos ocho pisos, teniendo cuidado el conductor de anunciar:--_primero, segundo, tercer piso_, etc.,--recogiendo en ellos ó dejando pasajeros.
"Llegamos al octavo piso, y desembarcamos en un laberinto de pequeños cuartitos, que son destinados á los redactores. En uno de esos cuartitos, que con cuatro ruedas podria fungir de coche en cualquiera parte, sin aparato ni distincion, pegado á una angosta y plebeya mesa, estaba Mr. William C. Bryant, justamente proclamado como el gran poeta americano.
"El H. Bryant peina en sus cabellos y su barba cana, ochenta y un años.
"Es blanco y enjuto de carnes, frente calva abriendo horizonte en su cima y dejando caer sobre sus sienes hilos de plata en que se han trasformado sus cabellos.
"Las cejas, espesas y salientes, sombrean sus ojos pequeños, de rara inteligencia y dulzura, nariz prominente y acaballetada, y la boca perdida, como sus carrillos, en las caidas de su barba profusa como de polvo de nieve, que toca hasta sobre su pecho.
"Cambiados los saludos, quiso que ántes de partir viese yo la prensa del _Evening Post_.
"Descendimos varias escaleras, penetramos á las regiones de la luz artificial, y allí, como suspendido en los aires, vimos girar el inmenso cilindro que abre dos poderosas alas, y de cada una de ellas, en opuestas direcciones, lanza de diez en diez los ejemplares del periódico bisemanal.
"No me detengo á describir el mecanismo de la gran prensa, porque ya le conoces; pero acaso no conozcas la máquina de doblar los periódicos.
"Es un cilindro tambien, pero á su pié hay unas líneas de fierro horizontales.
"El periódico cae á una de aquellas hendeduras, y por debajo unos dedos de acero tiran del pliego dándole el primer doblez; la refriega del papel bajo la parrilla que te describo, es furibunda y momentánea; cuando vuelves la cara, cae á una pequeña artesa el periódico, listo para empacarse, y la sucesion es tan rápida, que más me he tardado en escribir, que en hacerse un paquete de muchos ejemplares.
"Mr. Bryant envió á buscar unos periódicos españoles para que tuviese yo que leer en el camino.
"Mr. Bryant conoce el español bastante bien, pero tiene muy poco ejercicio; yo ya sabes cuánta y cuán estupenda es mi ignorancia en el inglés, sobre todo hablado; pero á fuerza de desear comunicarnos, echábamos mano alternativamente de palabras francesas, latinas, españolas, inglesas y no sé cuántas más, que nos hacian forjar á duo escenas que no se habrian desdeñado en la mismísima torre de Babel.
"Salimos rompiendo procelosas corrientes de gentío, buscando el embarcadero del Este; pero ántes de pisar el vapor, quisimos detenernos en el mercado de Fulton.
"Propiamente hablando, este mercado, como el de las calles del Sur, no marca un destino especial á primera vista, sino que es la interrupcion brusca de las banquetas, con puestos de frutas, semillas, pescados y flores, viéndose puertas que dan al interior de la manzana, en donde colosales clavijeros y multiplicados mostradores, indican la venta de las carnes, sin el mejor aseo ni el olor más grato.
"La parte de las banquetas que recorriamos bajo grandes toldos de lona, estaban obstruidas con cajones, tercios y barriles, entre los que se escurre y salta el gentío inmenso, despues de chocar y filtrarse por entre carretillas, carros, wagones, coches y ómnibus, que giran en encontradas direcciones con ruido que marea y aturde.
"--Vea vd. qué profusion de frutas; esas piñas, como los plátanos, son importaciones de la Habana. ¿Vdes. las cultivan?
"--Sí, señor, y tengo entendido que las de Tlahua, las de Córdoba, y las de la parte del Sur de México, son mejores. Creo que de plátanos no tenemos la riqueza y variedad de la Habana; pero los nuestros son excelentes, así como las naranjas.
"--Aquí, como habrá vd. notado, se hace cuantioso consumo de frutas, y las que tienen algun ácido se toman en bebidas, en jaleas, y hasta la cáscara, como la del limon y la naranja, se utilizan.
"--¿Vdes. son muy afectos á las fresas?