Viaje a los Estados Unidos, Tomo II
Part 23
Anda enérgica y altiva la _lady_, recoge como al desgaire con su izquierda mano, sembrada de anillos, y que van besando las pulseras, su trage que revela calados y descubre encajes, y si la ven, ve más audaz, hasta humillar la mirada del que la persigue.
Por supuesto los ejemplares que sirven de contraste á esas beldades, son disparates en dos piés, blasfemias con chanclas, faltas á la vergüenza con pañolones, con chaquetas burdas, colgajos, arambeles y nudos insultantes, piélagos de trapos de todos colores, entre los que naufraga una fisonomía llena de arrugas.
Pero en este país la vieja lucha, pide amparo al corsé, al tirabuzon y al moño, le auxilia el gorro, le sigue en su decadencia el abanico y la sombrilla, no se rinde al destino, no se cuelga de un rosario, ya que no de un lazo, ni se agarra, como á una tabla, á un libro devoto, para sufrir el naufragio de las gracias....
Estamos al frente de la plaza de la Union (_Union-Square_).
En efecto, las calles que han venido y marchan como en tropel en distintas direcciones, abren paso, forman como tendido espacio para dar lugar al campo que viene de improviso á visitar la ciudad, con su cortejo de árboles gigantes y su alfombra de verde césped.
Es un cuadrilongo la llamada plaza, adornada de bancas de fierro y cruceros que encarrilan y acuchillan la verdura y forman en el centro espaciosas glorietas.
Vense por entre las tendidas ramas y los bellos calados del follaje, la fuente vaporosa que alimenta en sus aguas peces de colores.
En los troncos de los árboles se ven más multiplicados que en otras partes los gorriones perseguidores de gusanos, y algunas casitas tienen figuras caprichosas y sus letreros, como si se tratara de una ciudad aérea. Los letreros dicen:--_Reten de policía._--_Persecucion de bandidos._--_El palacio de las aves._
Domina la plaza la estatua ecuestre de Washington, muy inferior, bajo el punto de vista artístico, á nuestra estatua de Cárlos IV; tiene 14 piés de altura la figura ecuestre, y todo el monumento 29: al extremo opuesto, y sin simetría, está la estatua de Lincoln y en medio la de Lafayette.
Como asistentes, ó haciendo los honores á la gran plaza, compiten arrogantes, levantándose, grandiosos edificios de ladrillo, piedra, mármol, fierro y cristales.
Por una parte, se descubre el edificio en que se venden los célebres pianos, tan apreciados en México, de Stenway é hijos, y la gran sala de música construida bajo las mejores reglas acústicas.
Junto á una iglesia desairada, aunque de construccion reciente, está el Hipódromo, teatro de los ejercicios ecuestres, en otro tiempo de gimnásticos distinguidos.
Los grandes Hoteles de Everett y otros, están al Norte y como brindando á la plaza sus obsequios, en competencia con la célebre fonda de Delmónico; y por fin, al Oeste, en un extremo, se ve un edificio negro con filetes de oro en sus columnas, ventanas y cornisas del primer piso, que tiene cristales de cinco y seis varas, gruesos como paredes diáfanas.
Ese edificio es la célebre joyería de Tifany y C.ª de Paris, que ocupa el lugar donde ántes estaba la iglesia Puritana del Dr. Cheever.
La joyería tiene cinco pisos, y en cada uno de ellos nos sorprende con nuevas invenciones el lujo, y con más inesperados caprichos la naturaleza y el arte. No seria exagerado decir, que lo que abarca la simple vista puede importar sobre cinco millones de pesos.
Sentéme con Francisco frente á los árboles.
--Ve, me decia, la falta de buen gusto que se echa en cara, exagerando á veces, á los americanos.
Esos edificios son altísimos, y no de palo sino de cantería, de mármol y de fierro; pero mira qué angostos y espichados; las ventanas, así colocadas, les dan aspecto de troje: esa es la arquitectura del palomar.
Mira esos dos edificios amarillos como dos dominós; uno, sin embargo, es el Hotel Everett.
--No despiertan ideas de casa, son como muebles, parece que se van á trasportar, parecen roperos, son como un hombre forrado en un lienzo de cuadros; por eso los costados son impasables.
[Ilustración: El Niágara.]
No hay proporciones de altura y anchura, no la balconería saliente, no la cornisa, no la azotea que la corona; no hay fachadas, hay forro; no se trata de edificios, sino de estuches colosales, de amontonamiento de piezas.
--Es cierto; pero esos otros edificios no están en el mismo caso, me decia Francisco con su imperturbable buen sentido: allí está la columna y el ancho espacio de la ventana, el balcon y el pórtico.
--Verdad, insistia yo; pero esas son excepciones: en esta calle, como en otras, y siempre la parte alta, es el palomar y el granero.
Muchos de esos balcones son como cenefas, como balaustradas, no tiene con ellos que ver la gente, y esos claros son el nicho. Ahora, niega que ese Lincoln parece un acólito; que ese caballo de Washington tiene un cuello como un contrabajo y que ese Lafayette parece un peluquero que va de prisa á su negocio.... y esa estatua es de Bartolli.
--No te apasiones; tienes razon en cuanto á que deberia haberse cuidado de la forma; pero estas estatuas contienen grandes enseñanzas y profundas miras, miéntras que, ¿qué es lo que representa como enseñanza nuestra magnífica estatua ecuestre? A Cárlos IV ménos digno de la estatua que su caballo, y más paciente que un buey.
Yo no me canso de admirar á Washington y olvido los defectos de su estatua.
Washington es de los pocos hombres que glorifican la humanidad. Es la más grande y noble personificacion de la virtud patriótica; es la realizacion del ideal del ciudadano.
Honradez profunda, sentimiento íntimo de la libertad, olvido de sí mismo por amor al pueblo: ¿qué más puede gloriar á la especie humana?
--Washington nació en Virginia, ¿no es cierto? interrumpí á Francisco.
--Nació en Virginia, siguió diciendo, en 22 de Febrero de 1732, en el condado de Westmoreland, y murió en medio del conflicto con la Francia en Mont Vernount, el 14 de Diciembre de 1799.
De oro deberia ser esa estatua, continuó Francisco, con pedestal de piedras preciosas.
No ciñe el génio con sus resplandores su frente; en él nada deslumbra, todo persuade y conmueve.
Idólatra del deber, su vida entera es una consagracion sublime; la verdad forma la base sólida de aquella conviccion del hombre honrado.
Concentra en la libertad individual, es decir, en el derecho por excelencia, sus más firmes creencias, y hace ciertos los que parecian ensueños para la exaltacion de la dignidad humana.
El hombre en la integridad de su conciencia; el hombre en la incolumidad de su razon y de su accion; la libertad sin otra cortapisa que el ajeno derecho para producir la armonía universal, esa es la mision de Washington y esa la tendencia augusta de la verdadera civilizacion.
Así, todos y cada uno saben que gobiernan y que asumen la responsabilidad de la suerte de la patria.
Las civilizaciones antiguas, acaso por reminiscencias de la India y de la Grecia, pero caracterizándose en la romana, crearon dos entidades diferentes, mejor dicho, antagónicas de los pueblos y los gobiernos; hicieron incompatibles sus intereses, y no hubo sino pobres y ricos, nobles y plebeyos, oprimidos y opresores.
Para la creencia el sacerdote; para la accion el funcionario; para la defensa el soldado, que no son sino mutilaciones de la personalidad. Washington reintegró al hombre en sus derechos y engendró el sentimiento eterno de la libertad, que no es, en último resultado, mas que la glorificacion del derecho.
El Gobierno, segun ese redentor de las naciones, no es sino una fraccion del pueblo encargado del órden; no fabrica felicidad, no construye moldes para sabios, ni para directores de escena; pone sencillamente las condiciones para el desarrollo de los pueblos. Mata la explotacion del hombre, rompe los mostradores y las vendutas de falso patriotismo, y las drogas políticas y religiosas de todos los embaucadores.
Segun el sistema antiguo: la tutoría, el escarmiento, la lucha de vencedores y vencidos. No cabe medio: domina el elemento popular encendiendo la guerra en el Gobierno, se exalta éste á expensas de las libertades públicas. El motin, la guerra. El farsante que se llama héroe, el cómico que se atavía con los arreos de vengador de los pueblos. Sistema de Washington: el amor y la paz.
--Tienes razon, Francisco; pero eso está en la raza ó en la educacion: yo por eso no concibo un Washington frances, ni italiano, ni español.
--Cumple Washington un deber, como una funcion natural, lo mismo victorioso en Boston, que retirándose entre las nieves del Delaware.
En medio de sus tropas, cuando más necesidad habria tenido otro hombre de prestigio, le pide el Congreso cuentas de los caudales públicos, y él descubre su cabeza, y obedece hasta hacer perceptible la inversion del último centavo. Rehusa toda recompensa; y el franqueo de su correspondencia, que no valdria un peso por semana, acepta como premio de sus servicios.
En cuanto al tipo del hombre: niño, le sorprenden en un juego en que rompe un arbusto y se confiesa culpable, desafiando la cólera paterna ántes que mentir.
Anciano, torna victorioso de sus campañas, aclamado padre del pueblo; deja á distancia las tropas para dirigirse á su santa madre, y en la larga conferencia, ni una sola palabra se habla, ni de las hazañas, ni de la posicion política del héroe.
Observa perfectamente Bastiat lo que tienen que influir en el mundo los recuerdos de la gloria romana y los caractéres de la idea democrática: á los unos pertenece la holganza de las clases, el estrépito de las conquistas, la ostentacion de la fuerza, el carácter épico de los héroes: á los otros conviene la paz, el trabajo, la desaparicion de las conveniencias personales para que la ley impere: el respeto al derecho en todo y para todo. Tal es Washington.
Washington fué grande, porque fué bueno, y fué héroe, porque supo olvidarse de sí mismo para pertenecer y servir al pueblo. Viendo así á la estatua, le disculparás sus defectos.
--Bajo ese punto de vista, Lincoln me parece un Mesías; esa estatua es como un signo de redencion. Lafayette mismo simboliza el amor á la libertad.
--Para que rectifiques tu juicio sobre las _portaviandas_ y _palomares_, como estás dando en llamar á los edificios, te llevaré por otras calles, y verás que hay de todo en la viña del Señor.
Ya verás: por ahora se puede decir que solo has saludado la calle de Broadway; ya verás los piés del gigante; ya tornarás los anteojos de teatro por los vidrios pequeños: tomaremos aquí un refrigerio....
XVIII
El "Bar-room."--Su genealogía y trasformaciones.--Voracidad femenina.--"Soda watter."--Dulcerías y sus trasformaciones.--Escenas de mi cuarto.--Un aviso en el "Herald."--Perfiles femeninos.--La Quinta Avenida.--Monumento al general Scott.--Academia de dibujo.--Teatro de Booth.--Iglesia de la Transfiguracion.--Casa de Steward.--Tradicion.--Varios edificios.
Aquí no se conoce el café á nuestra manera. El _bar-room_ tiene su tipo especial.--Nosotros nos figuramos el café, ó de poca fortuna como _El Infiernito_ ó _Manrique_, ó de cierta elegancia como _La Concordia_, _La Bella Union_, _La Gran Sociedad_ y _Veroly_, hoy _El Progreso_.
Es decir, mesillas pequeñas, y á su frente, tomadores de chocolate y café con leche, ó jugadores de dominó ó ajedrez, ó politiqueros leyendo periódicos, ó chicos apurando copas, ó solterones haciéndose servir almuerzos ó cenas.
El _bar-room-pelon_ es el expendio de cerveza en todas sus variedades, y por supuesto anunciada competentemente, ya por un monarca trepado sobre un tonel tirado por vigorosos chivos, ya por un pozo brotante de _lager bier_, que rebosa de espuma.
Un mostrador, unos cuantos vasos, un cajon lleno de trozos de hielo, porque aquí para todo lo que se bebe y se come se usa el hielo, es el componente de la taberna de baja ralea.
Pero ese aparato es pobrísimo; es, como si dijéramos, la infancia del arte.
A la cerveza acompaña el _whiskey_, al _whiskey_ el _rom_, y á guisa de bello sexo, coloniza la bebeduría la soda y la limonada, y se ingiere el vino Jerez en la contienda, y jarabes, copas y _coptails_ se miran al espejo, y provocan desde el mármol, entre limones, sus ramitos de yerbabuena.
Vean mis lectores el cuadro al natural de un _bar-room_, para que se formen exacta idea:
UN BAR-ROOM.
(ROMANCE.)
Miéntras devoro, esperando Minutos y más minutos, Para no dar á mi cara El triste aspecto del bruto, Pondré mi daguerreotipo Para sacar un trasunto De este despacho-cantina, Porque como es este, hay muchos Al _restaurant_ adheridos Y al hotel de órden segundo.
* * * * *
Es una pieza cuadrada Con su alumbrado de lujo, Papeles en las paredes, Sin marcos sueltos dibujos, O son marcos con figuras Que representan absurdos; Que á ser verdad esos mares Y esos montes, y el conjunto, Se moria de vergüenza El arquitecto del mundo. En dos grandes mostradores Despegados de los muros, El comercio tiene asiento: Aquí hay cerveza, allá números; Estos son para los huéspedes, La otra provoca al consumo De _lager bier_ y _coptails_ Que desparecen por cubos; En un mostrador se ostentan Libros, cigarros y puros; En otro, como en las gradas De un altar, hay vasos muchos Y Champaña entre la nieve Y el _whiskey_, que me espeluzno Al recordar que á la llama Remeda su beso inmundo. Limones y _yerbabuena_, Pimienta y otros productos, Sazonan unas bebidas Que se toman por cañutos Y se suerben, no se beben, Que así es de la tierra el uso; Pero en la tarde, son tristes De esta vinata los grupos. En la mañana es divino; Es el combate, es el lujo Del hombre-locomotora Que está fatigando al mundo; Es el infierno del _Lunche_, Con sus comas y sus puntos. Sobre el mostrador con mármol Hay soperas, vasos, truscos De pan, y sendas botellas De menjurjes, que con uno Puede hipar una ballena Y un lobo sufrir insulto. Ya es de la negra mostaza La municion; ya los zumos De limones agresivos; Ya chiltipiquin en crudo; Ya cayena que los labios Dejan en forma de embudo; Ya son discos de cebollas; Ya tomates, ya un conjunto De miel, de huevos y lardo Que resucita difuntos. Al frente de aquel pesebre Están al caer en un tumbo, Tripiés en que se sostiene Con el pié en el suelo el busto. Llega el yankee sofocado, Empuja, gruñe, y al punto Pone en accion las botellas, Llueve polvo, troza el unto, Trincha, engulle, paga, corre, Y desparece cual humo. En la noche, más holgados Y fumando luengos puros O mascando de tabaco Un asqueroso mendrugo, El _whiskey_ los acaricia, Y graves como los turcos Porque tienen una turca Que todo lo ven oscuro, Se retiran á sus casas Pero con silencio sumo; Que está probado que el _whiskey_ Es un _trinquis_ taciturno.
FIDEL.
Julio 14 de 1877.
El horizonte de la especulacion se extiende, florecen sobre sus tallos de fierro las mesitas de mármol; el mostrador, para no ponerse en ridículo, se adorna con charolas y platones con carnes frias, lengua de cíbolo y jamones; llega tirante como un inglés el queso de Chester ó de Hamburgo, y se apiñan como familia infantil, soletas llamadas dedos de dama, pasteles con crema, bizcochos y _cakes_, que son como música de alegres.
Todavía se alargan los horizontes. El arca santa del refresco se instala en el mostrador.
Es una caja de mármol blanco con sendas llaves de plata alemana, y toda una maquinaria, un aparato como un órgano.
De las llaves brota la soda que alienta, y el _Vichy digestivo_, la agua de Saratoga y la de Seltz. Una escolta de botellones, que ostentan los más vivos colores, suministra jarabes de limon y fresas, de guindas y durazno, y aquella es como la fuente de Juvencio, con la diferencia de que sin mojar refresca y vivifica.
En semejante estado de cosas ya, las alfombras y los espejos y sillones llegaron preguntando por las _ladies_; en efecto, las esperan el _Ice-cream_, es decir, los helados, en un gabinete privado en que no se fuma, sonríe el amor y tiembla el bolsillo.
Antes de llegar á la realizacion de ese ensueño, suele ocurrir al afortunado padre de los bebedores detenerlos en su marcha fugaz. Entónces la música, como una Sirena, canta sobre los escollos.
Ya es la orquesta en toda forma con músicos briosos, ya un órgano valioso hasta en treinta mil pesos, que llaman _orquestiva_, que toca sonatas como los de San Francisco y Orleans, y ya los bailes y las representaciones teatrales.
Varios de estos especuladores procuran el entretenimiento inocente, haciendo que sirvan despabiladas muchachas, que está probado que despiertan la sed, más que el queso y que las castañas.
Corren en todos sentidos descotadas chicas, vestidas de modo que parecen desnudas, con la pierna acariciada directamente por el viento, y el viajero ignorante tiene sus primeras nociones de inglés por una especie de Olendorff práctico con el que muchos aprenden, y jamás se ha podido imprimir.
Pero eso es como si dijéramos la desviacion y el torcer rumbo: mi amigo y yo penetramos al _bar-room_ mixto de comer y beber.
Sirviónos el criado amantecado con soletas.
Apénas acabábamos de sentarnos, llegó una despierta _lady_ con su túnico de percal claro, su sombrerillo con su pluma encarnada, su paraguas y su portamonedas de badana roja en la mano.
Pidió _ostras_: trajéronle una escudilla de sopa de ostiones, con cantidad sobrada para cuatro personas; salpicó con puñados de pimienta su escudilla, vertió aceite, hizo chorrear el vinagre, desbarató en aquel océano quince ó veinte galletitas, y aquello fué una gloria.
La beldad, impasible, vió el fondo de la escudilla y pidió una patita de puerco; trajeron una especie de bracito de niño, así son las patas de estos marranos: yo empecé á alarmarme: aquella criatura se queria suicidar.... nada de eso; mondó la osamenta y pidió una copa de cerveza, larga y de la hechura de un clarin.... ¡Jesus te ampare! dije, sin poderme contener. La bella apuró la copa, dejándome espantado. Yo la ví abrir su portamonedas, pagar y salir muy oronda.
A las dos horas de esta escena, contemplaba yo á la hermosa vestida de fantasía en un teatrito, cantando de la manera más ideal, como si la maldita no tuviese en el estómago el bastimento de un cuerpo de caballería.
Volviendo á las casas de refrigerio, la soda, con el mueble de mármol descrito, se presta á varias combinaciones.
Constituye un comercio aislado con su mostrador, sus banquillos de tres piés y sus vasos, no botes de jarabes, porque el armatoste los contiene.
Forman el artículo de fondo de la dulcería y la pastelería, golosinas que tienen increible consumo.
La dulcería es el lazo que une á la mujer y al niño. Los dulces son de imitacion francesa; pero imitacion en cristal de roca, en cuarzo, en granito y bronce.
Son pequeños dados de un caramelo que necesita un yunque para partirse; es la melcocha capaz de pegar una contra otra la quijada, sin que poder humano la pueda dividir; es la almendra forrada de vidrio, y hecho grumo el cacahuate; es la panela y el piloncillo; es la charamusca de guante blanco, que lo mismo provoca en un cesto ambulante que en un cajon callejero; bajo cristales y en diáfanos botes, que en un _restaurant_ de alta importancia.
Erigido el _restaurant_, desplega frecuentemente lujo deslumbrador.
Suelos de mármol blanco y azul, espejos entre las puertas, en las paredes y en las columnas que cubren el espacio del pavimento al techo, profusos cortinajes de seda y más frecuentemente de punto, con trofeos divinos, estatuas, relojes, bronces y cuanto puede imaginarse de más espléndido.
El hielo se sirve en todo: en el agua, en el vino, en la cerveza, entre las fresas, en las tajadas del melon, en los tomates rebanados, que han dado estos en que es fruta, y el servicio de mesa no deja que desear en cuanto á riqueza y propiedad.
Muy frecuentemente, en el centro de esos salones hay fuentes de delgados chorros que en amplios tazones mantienen peces de colores; al rededor de ellas, ó cubriéndolas, desplegan sus ramajes las acacias, levantan los plúmbagos sus tallos, la enredadera tiende sus cortinas, y las rosas, violetas y pensamientos, matizan el grupo.
Hay quien observe que á ese ornato falta el soplo poético del buen gusto; que adolece de cierta tiesura desairada que lo desluce á nuestros ojos, educados á la francesa; que se ve, á la reverberacion del gas, á la aldeana tosca, cargada de encajes y joyas, ménos aérea y avasalladora del alma, que la jovencita vestida de blanco, con una sola flor durmiendo al casto vaiven del seno de alabastro.
Yo digo que la riqueza de algunos de estos salones es extraordinaria; que no pude formar cálculo siquiera del de Brunswick, con sus paredes barnizadas con pintura valiosa, con sus frescos de estilo pompeyano, representando á Héctor y á Andrómaca, y con sus ventanas de cristales que parecen comunicar mayor intensidad á la luz.
* * * * *
Al regresar una noche de una de mis excursiones, mi cuarto era una verdadera torre de Babel.
Al rededor de la mesita de mármol que se halla bajo la lámpara, que tenia todas las bombillas iluminadas, estaban agolpados chicos alegres y sedientos de aventuras; llevaba la palabra el único que sabia con perfeccion inglés, y que, por supuesto, se hace tan menesteroso y esquivo como todos los intérpretes grátis.
Es el caso que dos de estos jóvenes habian remitido con toda seriedad al _Herald_, periódico _ad hoc_ para todo lo que es chisme y escándalo, dos avisos anónimos, solicitándose en uno una jóven profesora de inglés, y en el otro la mano de una jóven.
Merced á la puntualidad y baratura del correo, diez y nueve contestaciones tuvo la primera invitacion, y veintidos ó veintitres la segunda.
Entre las contestaciones de las profesoras, las habia que enviaban sus certificados, proponian precios ínfimos, salpicando de delicadas coqueterías el programa de enseñanza.
Decia una carta:
"No solo inglés, sino las ciencias y las artes concurrirán á ilustrar por mi enseñanza la inteligencia de vd. Le advierto que mi enseñanza es cara, pero que no se olvida fácilmente.
"Me apodero del corazon y de la inteligencia de mi discípulo, haciéndole conjugar el verbo _amar_ en todos sus tiempos, reduciendo á dos las personas; cursaremos la geografía por un método práctico, en deliciosos paseos en carruaje ó en barca, alumbrando el dia ó con la luz de la luna. Nos iniciarán en los misterios de la botánica los ramilletes con que vd. me obsequie, y respecto de la lógica, de vd. serán las consecuencias, aunque establezcamos de comun acuerdo las premisas."
No sé por qué en estas cartas de inglés se mencionaba la juventud, el desamparo y el corazon sensible de las maestras.
Lo curioso de esta aventura es, que miéntras Manuel leia, y Pablo, que era el interesado, se fingia un mundo de aventuras, Othon, al soslayo, me mostraba el borrador de una de las cartas, que se referia á misteriosa cita, y me decia que se la habia dictado una preciosa _lady_, para divertirse con el ocioso.
Las cartas conyugales tenian más pompa y majestad.
La mayor parte de las que escribian eran viudas: yo no atino á descifrar por qué las viudas pululan por aquí con tanta abundancia. Sin duda hay epidemia peculiar de maridos muy frecuentemente; parece que todos los que murieron en la última guerra eran casados con muchachas buenas mozas.
A muchas de esas cartas acompañaban hermosos retratos, ó mejor dicho, retratos de hermosas.
Otras cartas, y eran las más, contenian retratos á la pluma curiosísimos.