Viaje a los Estados Unidos, Tomo II

Part 19

Chapter 193,857 wordsPublic domain

¡Patria! ¡oh mi patria! al invocar tu nombre, Llena la mente con tu luz de gloria, Mi pecho de patriota, mi alma de hombre Se inundan en la luz de tu victoria; Enjugo el triste llanto, Y dispersas las nubes del quebranto, Brilla en los cielos, como sol, tu historia. De orgullo y pompa, y de esplendor vestida, Bella y convulsa con tu aureola de oro, En medio de tus hijos insepultos, En la tierra teñida Con sangre, vindicando tu decoro, La luz divina de tu excelso asiento En tu infame verdugo reflejaba, Augurio de baldon y de escarmiento. _¡Grande es la guerra! grande la matanza Cuando encendidos de furor los pechos, Los pueblos sin cuidar de su pujanza Se levantan vengando sus derechos._ ¡Grande es la guerra! entre el fragor tremendo Se columbra un arco-íris de esperanza, Se miran sus horrores con delicia, Cuando descuella en medio de los héroes Llevando su estandarte la Justicia. Y así te ví, mi México querido: A tí se lanza el Galo enfurecido: Con las calumnias escupió tu frente: Tu hermoso cuello amenazó su planta: Fué escarnio el llanto de tus ojos bellos, Y pegar quiso al suelo tu garganta Para su alfombra hacer de tus cabellos. "--Yo fuí tu amiga, te tendí mis brazos "Y te senté en mi hogar.--Baldon y muerte! "Mírame herida.--Tu dolor me alienta! "Mírame desdichada.--Yo soy fuerte, "Tengo sed de tu sangre y de tu afrenta...." Clamó así el invasor.... sus estandartes En alto van, relinchan sus bridones, La faz erguida, undívagas las crines, El sol irradia en vivos reverberos, En el cuello que tienden sus cañones, En las olas que forman sus aceros. "Guerra!" gritan agudos los clarines, Y marcando soberbio su camino, En ese mar de horror alegre ondea La bandera triunfal de Solferino, Ceñida con los lauros de Crimea. ¿Dónde va ese torrente A desfogar su saña omnipotente?.... Negra traicion le guía, Descollando á su frente. "¡Pueblos, en pié! que de la patria se oye "El doliente gemir: en pié, valientes! "Oidme montañas, escuchadme mares! "¡Venganza y muerte! ¡Independencia y guerra!" Y conmovida palpitó la tierra Vibrando el trueno de la voz de Juares. --Horrenda fué la lid! el extranjero Escaló como furia las montañas, Dejó como reguero, Palpitando en la tierra sus entrañas. El rayo, el trueno, el raudo torbellino, Desatan en la tierra sus horrores; Aturdida vacila la Victoria, La luz en luto envuelve sus fulgores, Y al fin estalla en ráfagas de gloria _El sol de Mayo_ que alumbró en Dolores. A esa luz vimos tu divina frente, Zaragoza inmortal, tu inmensa aureola Ese sol fué, los cantos que á tus hechos El renombre entonó, repercutieron Cuando implacable el Dios de las batallas A su justicia plugo Poner en la picota á tu verdugo De la Francia humillada en las murallas. ¡Gloria, sí, gloria y timbres de grandeza, Pero ventura no: duelo y quebranto Tendrá ¡oh mi patria! tu sin par belleza; Divinos ojos, pero eterno llanto; Coronas de laurel sobre tus sienes Y espinas taladrando tu cabeza; Pisando siempre con tu planta herida La alfombra que recama tu riqueza; Rasgando del dolor en la maleza Su velo de oro tu preciosa vida. ¡Oh mi patria! ¡oh mi bien! tierno amor mio! Yo siento como labios en mi frente La tierra de tu suelo, de tus auras; Mi pecho como tumba está vacío; Tu sol falta á mi sér.... con no mirarte, En mi alma siento de la muerte el frio: Mendigo de la luz, hongo del suelo, Llevo como cadena la existencia, Y me insulta el sonreir de la hermosura Y me hiere el placer de la inocencia.... Ah! si fueras feliz, sobre mi llanto Un rayo de consuelo luciria, Como en el manto de la noche umbría Tiemblan los resplandores de la estrella. Si tú fueras feliz ¡oh patria bella! Orgulloso la mano me pondria Sobre mi abierta herida, y triunfal himno A este sol de tu gloria entonaria; Pero así desdichada, más te adoro, Yo, el cantor de tu duelo y de tu luto, Y á tu inmenso infortunio le tributo En tu ara santa reverente lloro!

GUILLERMO PRIETO.

Al alzar mi lápiz de la cartera, desperté como de un sueño: mis amigos me hacian la guardia fuera del _smokin_; pero Pancho, prefirió que no almorzase á que dejara sin concluir los anteriores versitos: estábamos al frente de una poblacion, pregunté su nombre y me dijeron que no era un pueblo como me pareció por su aspecto, sino la famosa fábrica de armas del conocido Remington....

Poco ántes habiamos pasado frente á _Siracusa_, famosa por sus fábricas de sal. Las operaciones de las salinas se hacen por medio del vapor y el comercio es muy considerable.

En Siracusa hay un excelente hotel, un buen teatro y un hospital, costeado por Remington, para cuya fundacion, que lleva su nombre, dió doscientos mil pesos.

Frente de Utica pasamos tambien: es un pueblo de tantos como hay en el camino, que tiene setenta mil habitantes, lindos edificios, frondosas arboledas y amplias calzadas.

La fábrica de armas de Remington, de universal reputacion, está situada en Ilion, condado de Herkirner, y gira bajo la razon social de "Remington é Hijos."

En medio de un terreno accidentado, lleno de árboles, sementeras y casitas pintorescas, se forma un círculo imperfecto de pequeñas y verdes colinas, y en su centro se encuentra la fábrica; mejor dicho, se encuentra la negociacion de catorce ó diez y seis edificios de diferentes dimensiones, formando cuadros con sus techos en desvan, sus chimeneas en alto arrojando humo, y la monótona uniformidad de ventanas con persianas perfectamente iguales.

Contigua á los edificios de la negociacion y unida á ella por amplísima y sombría calzada, está la poblacion, que cuenta de ocho á nueve mil habitantes.

La fábrica es no solo de grande y merecido renombre, por la excelencia de sus armas, por su riqueza y por las activas relaciones que mantiene con las principales naciones del mundo, sino por el sistema económico que sigue y puede servir de modelo para el mantenimiento de la buena armonía entre el capitalista y el trabajador.

El trabajo por participacion se sigue con grande escrupulosidad, y el resultado es que no hay un solo individuo que no tenga interes en la prosperidad creciente de la negociacion.

Los Sres. Remington é Hijos son propietarios de edificios y maquinaria; pero el trabajo se hace por contratos con los representantes de los grupos ó secciones en que se dividen.

Cada contratista, de los que hay más de treinta, asume la responsabilidad de su obra y busca operarios á propósito para su desempeño, discutiendo el precio y en el precio entrando el cálculo del interes recíproco.

El sistema expuesto está ligado con el de la subdivision del trabajo.

Cada una de las piezas de que se compone una arma, se fabrica en oficina separada, dándose lugar á su celeridad y perfeccionamiento.

Se calcula que se invierten treinta y tres dias en las ochenta y tres distintas operaciones necesarias para concluir un fusil Remington, desde el cilindro de acero fundido, hasta que llega á manos del ensamblador, convertido en brillante tubo, calibre 50, para entregar á México por ejemplo.

El tren que nos conducia hizo parada, como todos los que por allí atraviesan, porque así lo exige el tráfico de la fábrica, y entró á nuestro carruaje un jóven á quien yo habia conocido y tratado en México en la casa de D. José María Sanchez.

Es José María Sanchez, hermano de D. Delfin, enlazado con la distinguidísima familia del Sr. Juarez.

Entró como dependiente en la casa de Remington, y á fuerza de inteligencia y trabajo logró un rango superior en la negociacion, viniendo á México en calidad de su apoderado y haciéndose en esta plaza, por su finura, formalidad y honradez, de generales simpatías.

El jóven transeunte á que me refiero es amantísimo de México, para mí la primera de todas las recomendaciones: agobiélo á preguntas, charlamos y remojamos la palabra como debe hacerlo la gente que se respeta.

Aprovechando el tiempo y el corto descanso del tren, desde la plataforma le señalaba los edificios que más llamaban mi atencion, pidiéndole explicaciones.

--¿Y ese edificio, el más grande de todos, que tiene cinco pisos, y como que se aisla adelantándose á los otros?

--Esa es fábrica de instrumentos de agricultura, en que se fabrican máquinas baratísimas de las más recientes invenciones, y se expenden palas, picos, arados, hoces, rastrillos y cuanto puede necesitar la finca de campo mejor montada.

--Más acá estoy viendo otro edificio muy aislado, de tres pisos.

--En efecto: esa es la fábrica de cartuchos.

El primer piso está destinado á cortar el metal en ruedas como pesos, segun el calibre del cartucho.

El segundo piso contiene la maquinaria por donde se estira el metal, que pasa por seis operaciones ántes de poder recibir la bala.

El tercer piso es el de primor: es un paraíso que alberga á la coleccion de muchachas más lindas que puede vd. imaginar: trescientas de estas criaturas están exclusivamente destinadas á poner la pólvora en el tubito metálico y colocar el fulminante, operaciones curiosas que requieren, así como el engrase, mucha delicadeza.

Está aislado el edificio, porque es un gran depósito de pólvora rodeado de las más previsoras precauciones. En ese edificio ha llegado á construirse hasta un millon de cartuchos por dia.

Contiguo á ese edificio está el de esas maravillosas máquinas de escribir, de las que se han visto varias en México y de las que aquí se sirve todo el mundo con la mayor comodidad.

Escribe uno como quien toca un piano, y puede soltar pliegos y pliegos como por vapor, cuando está diestro, y sin experimentar cansancio; es como la máquina de coser para las mujeres: los hilvanadores de letras, harán tambien á centavo la vara de escritura, andando los tiempos.

--El grupo de edificios que se ve detrás, sí parece unido, observé á mi guía.

-Sí, señor; están unidos por puentes y se recorren todos sin tocar en tierra.

Al frente tiene vd. el despacho de Remington, viejo de fisonomía un tanto áspera, pero lleno de generosidad, sincero, franco y deseoso como pocos de hacer el bien.

La historia de los Remington es curiosa.

Hace algunos años, esto se encontraba muy poco poblado: en un rincon de esas llanuras, ahora cubiertas de fincas, arboledas y sembrados, entónces casi desiertas, habia un humilde rancho; en ese rancho trabajaba como oscuro campesino Eliphalet Remington, fundador de la actual casa.

Un dia el jóven Eliphalet, con la petulancia de un chico de ménos de quince años, pidió dinero á su padre para comprarse una escopeta.

¡Bonito el viejo para andar gastando en armamento! Por supuesto que el chico no vió un solo centavo del bolsillo paterno para cumplir su antojo.

Pero tratábase de un hijo del Norte, y si han puesto en su pabellon las estrellas, es para cogerlas con la mano. La negativa irritó al mancebo, á quien preocupó, sin descanso, la idea de la escopeta.

Entre los viejos enseres del rancho habia una fragua que en total abandono esperaba su ruina completa.

Eliphalet se dedicó á reparar la ruina; puso en corriente la hornilla, limpió el cañon de la chimenea, recorrió el fuelle, y la fragua quedó servible.

Con la misma diligencia de la reparacion, colectó fragmentos de fierro, los fundió, templó, pulió, y á poco tenia en sus manos un cañon que satisfizo su ambicion.

Faltaban la llave y la caja: emprendió, en cuanto pudo, un viajecillo á Utica, donde se conchavó con un armero, quien completó su obra, y cantó victoria el muchacho tenaz, fabricante de cañones.

El armero que proveyó de caja á Eliphalet, era hombre de conciencia; le elogió su trabajo, y el chico dijo: "Haré más cañones, puesto que me salen bien." Acreditóse la mercancía, la demanda de los cañones crecia y le dejaba utilidad.... _goahed_, adelante! y la fragua se acompañó de otra, y en dos edificios flamantes se construian llaves y cajas.

Tal fué la primitiva fábrica de Remington en la cabeza de la cañada, donde permaneció nueve años, extendiendo por todas partes su reputacion. (De 1816 á 1825.)

En 1825 compró Remington el terreno en que hoy está la fábrica y tiene el nombre de Ilion. En 1835, Eliphalet era rico fabricante y tomó parte en las contratas que la casa de Sprienfield y C.ª tenia con el gobierno de los Estados-Unidos.

Entónces la fábrica tomó mayores proporciones, y Eliphalet asoció á dos de sus hijos mayores de edad, á sus trabajos.

Con uno de los hijos de Remington se repitió la anécdota del pedido de una escopeta; pero Remington el capitalista, no era el labriego su abuelo; dióle el cañon de la escopeta al chico para que él fabricase la llave y la caja. El testarudo retoño del enérgico Eliphalet se dió tales trazas, que produjo al fin el fusil Remington, sin rival en el mundo, y fuente de la riqueza de la familia y del hermoso pueblecito de Ilion.

Vd. perdone mis divagaciones. Quedamos en la puerta del despacho. Entrese vd. de rondon y verá una gran sala tapizada de estantes, en donde hay armas de todos los tiempos y de todas las naciones, conservadas con delicado primor.

Pared de por medio del despacho, está la oficina del tesorero, que tiene en movimiento algunos millones de pesos.

A la vista del jefe de ese departamento, se ven como cuarenta tenedores de libros, de cada una de las secciones de las fábricas, y uno que los comprende á todos, como si dijéramos, encargado de la formacion, dia por dia, de la cuenta general.

Abandona vd. esa elegante oficina, pasa unos puentes, y el ruido, la llama y hombres como demonios, aturdiendo con sus martillazos en el yunque, le advierten que está bajo el dominio de Vulcano.

Cuarenta hornos despiden llamas y chispas en aquel lugar, que sorprende por su actividad y por su aspecto fantástico. Desde el tejo que envía Inglaterra, hasta el tubo reluciente que se coloca marcado en la caja, se ve en aquellas fraguas, pudiéndose seguir sus curiosas trasformaciones.

En otro edificio de tres pisos se trabajan percutores y martillos.

En otro, muelles reales; en el salon de junto se pulimenta.

En otro edificio se arman los fusiles.

Por último, la carpintería no es un taller, sino un palacio en que se ostentan los adelantos más recientes y costosos.

Por cientos de miles se cuentan las armas fabricadas para todas las naciones. Oiga vd. lo que recuerdo:

España 500,000 Egipto 250,000 Francia 300,000

Muchos miles las repúblicas americanas, entre las que figura México con 40,000.

El capital invertido en edificios y maquinaria se calcula en cinco millones de pesos, sin que entre en esto el capital circulante, ni me sea fácil calcular el movimiento de caudales.

Siento que no pueda vd. ver el pueblo nacido de la fábrica, en que se gozan los beneficios de la civilizacion, y la casa del Sr. Remington, que á todo el mundo dispensa una hospitalidad generosa, y á quien mucho aman por sus relevantes virtudes.

Vdes. para sus instrumentos de agricultura podian haber aprovechado esas relaciones, tanto más, cuanto que Pepe Sanchez conoce á México y es el apoderado solícito de Remington.

--Pero como no tiene casa abierta....

--¿Cómo no? Calle de Plateros núm. 4....

--Yo creí que solo se trataba de máquinas de coser, y de que las despacha una jóven lindísima y muy apreciable.

--Eso le trabucó á vd. las ideas.

--Bien puede ser....

Poco despues de haber oscurecido, llegamos á la estacion de Albany, gran capital del Estado de Nueva-York.

Era sábado, es decir, dia de gran movimiento: los guías que nos secuestraron, apoderándose de nuestros equipajes, nos dijeron que eran innecesarios los carruajes, puesto que el hotel á que íbamos á parar, estaba á unos cuantos pasos de distancia. Pero esto lo dijeron haciendo líos, cargando maletas y penetrando como caballos desbocados entre un mar de gente que nos empujaba, nos hacia variar camino y nos amagaba con dejarnos á la ventura, flotando entre la multitud: tiendas, luces, carruajes, todo formaba torbellinos y nos envolvia, con especialidad á mí, bobo y distraido por demás.

El trayecto de la estacion al hotel me pareció interminable: empujones, magullones, codazos, rizas y extrañezas acompañaron aquella procesion de fardos, que cayeron al fin en el renombrado Hotel del Globo, cuya muestra es un farol esférico de vidrios encarnados.

A la entrada del hotel tuvimos la fortuna de encontrar á D. Andrés Cupia, muy conocido en México como empresario del extinguido Circo de Chiarini.

Este caballero, atento y servicial, facilitó los arreglos de instalacion, y hétenos descansando en nuestros aposentos.

Aunque el hambre me hacia insinuaciones urgentes, la quietud imperturbable del comedor me impuso respeto.

Busqué la cantina y el despacho: tenia más bien aspecto de sacristía, por lo mústio de la gente y la frialdad dominante en cuanto me rodeaba.

El Globo, si mal no recuerdo, está en la calle de la Perla, calle en ese momento invadida por un gran gentío; las damas con sus túnicos largos y sus gorritos; los caballeros con el sorbete bajo de copa y ancho de ala, chalecos blancos, holgados sobretodos de alas volantes, grandes cadenas de acero y zapato bajo con hebilla, con cierto aire pretensioso y grotesco, que no habia visto en otra parte.

Entré en un _bar-room_ mugroso y ahumado, con sus antepuertas de alambre, situado en el subterráneo ó _bassement_ del hotel.

Crucé á la acera de enfrente, donde me vieron la pinta de extranjero en un _restaurant_ de apariencia elegante, unos criados ceremoniosos y pedantes: me cobraron dos pesos por dos piltrafas perdidas en un bosque de perejil, unos truscos de mantequilla, y un café abominable.

Volvíme á la estancia, bien lóbrega por cierto, del Hotel del Globo.

Allí me encontré en la mesilla de noche una gran Biblia, y en la pared, en que se hace de un huésped un _kuakero_, un reglamento como para un fraile meditabundo y austero; advirtiéndose que en aquel hotel á nadie se servian, ni se permitia el uso de los licores, porque era un hotel de temperancia.

Fiebre tenia yo de verme sujeto á tanta gazmoñería y tanta regla conventual; jamás la tiesura y las pretensiones cortesanas me cayeron más en desgracia.

Estaba realmente desesperado.

Para ahuyentar en lo posible mi mal humor, abrí mi guía y copié:

"ALBANY.--Capital del Estado de Nueva-York, situada á la orilla occidental del rio Hudson, 80,000 habitantes.

"Fundaron la ciudad los alemanes en 1614, un poco más abajo de donde se encuentra la ciudad actual, donde se construyó el Fuerte Orange en 1623. Este fué el primer establecimiento europeo, en los trece Estados originales que formaron la Union.

"La ciudad fué conocida con los nombres de Veaberwyk y de Williams Tadt, ántes que recibiese su nombre actual en honor del duque de York y Albany, despues Jacobo II.

"En 1664 cayó en poder de los ingleses: en 1798, se declaró capital del Estado."

Por otros datos que pude procurarme, vine en conocimiento que la importancia comercial de Albany es muy secundaria en el Estado de Nueva-York. Debe la importancia que tiene á su posicion sobre el Hudson y sobre los canales Erie y Champlain. Se comunica con el lago Ontario, y por consiguiente con el Mississippí, Missouri y San Lorenzo.

Líneas directas de ferrocarril ponen á Albany en comunicacion constante con Boston, Búffalo y Nueva-York, circunstancias que harán que acrezca su comercio. Los artículos principales de éste, son: maderas de construccion, harinas, lanas y varias manufacturas, entre las cuales la del tabaco tiene grande importancia.

Copiando, copiando, y entre si sigo, y si cierro los ojos, y entre si escribo ó si borro, me quedé dormido.

Al despertar, me sorprendió muy agradablemente el toque de las campanas: primero me pareció, y despues me persuadí, que tocaban sonatas con bastante perfeccion.

Asoméme á la ventana de mi cuarto; la ciudad estaba de todo punto desierta; el silencio dominaba desde los altos edificios, uniformes, austeros y monótonos como todos los de los Estados-Unidos.

Las líneas de vapores y los trenes estaban suspendidos.

Era mucho eso de comulgarse veinticuatro horas en la ciudad desierta y en un hotel obligado á claustro de temperancia.

Reinaba en el hotel un silencio sepulcral, entristecian sus angostos claustros y sus cuartitos como celdas.

Sonó la campana lúgubre del comedor. A la entrada de éste se nos presentó un maestro de ceremonias de peinado pretensioso, gran furia, abultados bucles, frac, y corbata blanca, con la servilleta blanca bajo el brazo, que nos señaló, conforme graduaba nuestra categoría, los asientos que debiamos ocupar, extendiendo el brazo con majestad impertinente y pedantesca.

Como movidos por un resorte, los de la pequeña colonia mexicana le hicimos una seña de renuencia, y nos instalamos todos reunidos, provocando el primer desazon al gendarme aquel tan ceremonioso.

Para el servicio de las mesas habia una excelente coleccion de muchachas de tinte devoto y timorato, pero por lo mismo de cierta atraccion no del todo despreciable en aquellas alturas monacales.

Una amiga de esas _ladies_ servidoras, M. Emma, fué objeto de mi especial solicitud: era alta, desembarazada, atenta, sabia frances, y detractando al maestro de ceremonias, mi maledicencia abrió el camino de las simpatías á la colonia mexicana; pero á pesar de sus generosos esfuerzos, la comida americana en su último grado de perfeccion, tan insoportable para nuestros estómagos, en su degeneracion en aquella casa era otra cosa; era la fantasmagoría, la impostura de los manjares, la suplantacion de las formas, la calumnia de la alimentacion.

[Ilustración: VIAJE DE FIDEL.

_LIT. H. IRIARTE, MEXICO._

El Niágara.]

Era la hoja de higuera cocida, llamada lechuga; las bolas de astillas de carpintero, apellidadas papas; la vaqueta remojada, designada con el nombre de _biftek_; el engrudo, desfigurado con el título de puré; la hacha de fierro pasada por la grasa, y dada á conocer como costilla.

Y todo esto servido en unos platos del peso de media arroba, de cantería barnizada, en tazas que hacian abrir los labios como un freno, con picheles en el medio de las mesas, como parvulitos en paños menores: nada de mantel.

Pedimos vino.... y se nos vió con desden, sin darnos respuesta....--Pues dénnos vdes. cerveza.--El maestro de ceremonias nos volvió la espalda.

--¿Pero quién ha dicho á vdes. que nos hemos de alistar en la temperancia los que vamos pasando?

Esto dije como recado á Emma, para el maestro de ceremonias. Emma, yo no sé cómo tradujo, que el D. Fachenda de las ceremonias bramaba como toro: yo le preguntaba:--¿Qué es lo que dice?--Tonterías.--Y Emma le plantaba otra banderilla que bufaba, atribuyéndome no sé cuántas indignidades.

De todos modos, Emma fué mi protectora en Albany: era una flor de azahar caida, por una caprichosa inconsecuencia de la suerte, en un tazon de chapurrado añejo.

Albany está construido sobre colinas cuyo descenso es al rio, y desde su orilla, alzándose la vista, se distinguen en las alturas edificios magníficos, templos suntuosos, plazas y arboledas de delicioso aspecto.

Yo me dirigí solitario al muelle rodeado de almacenes cerrados, _restaurants_ sin gente y tercios regados bajo los portales.

La calle del Estado sube un escalon escarpado desde el agua, limitando al fin de la calle la vista, la plaza del viejo Capitolio edificado en 1807.

El Nuevo Capitolio que se está construyendo será un edificio que solo tendrá rival en el gran Capitolio de Washington.

Construido el Nuevo Capitolio en la parte más alta de la ciudad, su torre tendrá 320 piés de altura.