Viaje a los Estados Unidos, Tomo II
Part 16
Ve á la calle cuarta el edificio de que hablo, tiene un gran pórtico adornado con seis columnas de nueve á diez varas, amplia escalinata y cornisas del órden corintio.
Se construye á las inmediaciones un verdadero palacio que debe servir para la Aduana.
Las calles de Cincinatti son amplias y bien compartidas; algunas con tupidas arboledas y todas casi con una regularidad de que carece Orleans.
La calle de la Perla (Pearle Street), se compone de almacenes gigantescos de botas y zapatos: los hay por millones y parecen ser de las primeras industrias del lugar.
Las calles en que el comercio es más activo, son: _Vine_, _Derace_ y _Thirol_; allí se ostentan tiendas de modas, cajones de ropa, joyerías, sombrererías, almacenes de ropa hecha, etc. Entre Main y Vine se ven los grandes Bancos, las Casas de Corredores y Compañías de seguros.
La calle cuarta y el Parque de Lincoln, constituyen el paseo de moda, distinguiéndose la calle de Pipe, en que está el _paseo de los amantes_ (Lovers Walk), que es una área abierta con excelente pavimiento y tiene 1,000 piés de largo por 495 de ancho. Hay muchas calzadas hermosas á su alrededor.
Como he dicho, el cielo estaba de un humor de perros, y las calles parecian tapizadas de cáscaras de plátano, segun lo resbalosas é incapaces.
Yo andaba como á tientas: veia edificios, plazas y parques, como tonto en vísperas; toda la gente iba á sus negocios sin cuidarse de la lluvia, que no la dejaba poner pié en postura. Pero para un yankee, el percance de la agua es _pecata minuta_; se envuelve en un pañuelo el sombrero; si á mano viene, se voltea al revés la levita, se remanga el pantalon, y Cristo con todos.
Muy frecuentemente el yankee usa levita impermeable ó capote de hule, y entónces le pega cada gregorito al cielo, que da gusto.
Volvíme al hotel, y con el chico del mostrador, aleman muy avisado y servicial, entablé mi demanda de un _cicerone_ que me condujese en aquella ciudad de máscaras, mediante una gratificacion.
Procuróme el alemancito del hotel á un jovenzuelo americano, con dos piernas como de grulla, un hueso de mango chupado por cabeza, y dos brazos como dos largos cables pendientes de dos perillas.
Pero es de advertir que en lo que tengo de vida, que no es mal pico, no habia conocido entidad más movediza y más inquieta que la que me servia de guía. Se metia adrede en los charcos, saltaba sobre todos los postes, tenia picos pendientes con cantineros, verduleras y chicas ambulantes; de todas partes le llamaban, y con los más desastrados muchachos mantenia bulliciosas relaciones.
Pee ó Pii era el nombre de mi conductor.
--¿Qué edificio es este, amiguito?
--Espere vd.: Katy (á una muchacha), esta tarde, ¿no es cierto?--Qué edificio? (á mí).
--Ese.
--Ah! la Cámara de Comercio; aquí es el hervidero de los _bisnes_, (negocios), puede contener 25,000 personas.--Déme vd. un puro.--Adios, amigo! ahora voy muy ocupado con el caballero.--Torzamos por aquí.
--Esto sí es magnífico! clamaba yo. A este estilo creo le llaman Elizabeth.
--Con razon: es el Gran Teatro de la Opera, con espacio para dos mil personas. ¿Vd. quiere un _coptail_?
--Despues lo tomaremos.
--Hay otros teatros muy hermosos: _Wood Robinson_, el _Nacional_, _Mussic Hall_, _Melodeon_, etc.--Vea vd.! linda muchacha! va en pos de un amigo mio, está apasionada: el maldito no le hace caso.--¿Quiere vd. un buen tabaco?--Espéreme vd. un poco.
Y saltó aquel maldito por en medio de la calle, trayendo á remolque un viejo alto de gran leviton y sorbete blanco.
--Aquí tiene vd. un sabio: tomaremos con él una copa. El señor es mexicano: sean vdes. amigos.
Y el truhan aquel era tan servicial y tan fino, que el caballero lo seguia sonriendo, y nos instaló en un _bar-room_.
--Vamos, hable vd. al señor, con ese garbo y esa gracia que le ha dado Dios, de nuestras bibliotecas y de todo lo que sepa, porque quiero que el señor quede contento.
--Pii, te buscan, dijo una voz, y Pii salió á una averiguacion con unas muchachas preciosísimas.
El sabio mi conocido, dando sorbos de su _brandy coptail_, me dijo:
--El edificio de la Biblioteca pública, donde llevará á vd. Pii, es de los más espaciosos de la ciudad. Está fabricado de piedra y ladrillo, de estilo romanesco, á prueba de fuego, y puede contener 300,000 volúmenes: ahora solo cuenta 72,000. Las otras bibliotecas son en el órden que sigue:
Mercantil de los jóvenes 37,000 La ley 7,600 Instituto mecánico 6,500 Sociedad filosófica é histórica 4,500
Esta Sociedad tiene ademas 12,000 volúmenes de folletos.
No hay galería pública de artes en Cincinatti, continuó el caballero; pero las colecciones privadas son muy numerosas y de valor, especialmente las de Henry Probasco y José Longworth á quienes tendré el gusto de presentar á vd. Vd. verá con cuántas atenciones reciben á sus visitantes.
Hablaba el caballero con suma complacencia, cuando volvió Pii con las bolsas llenas de excelentes peras, de las que traia una en la mano, á la que habia aplicado sendos mordiscos.
--_Allons_, me dijo Pii.... hizo tres cariños al sabio, que quedó muy contento, y seguimos caminando, no obstante que, aunque aplacada la lluvia, escurrian agua todos los pliegues de mi ropa.
Dando vueltas y revueltas, mi _cicerone_, que al fin me cayó en gracia, dejándome á cada paso con la palabra en la boca por seguir á una muchacha ó decir cuatro palabritas á un amigo, me paró frente á un templo magnífico de piedra azul y de purísimo estilo griego.
--Esta es la Catedral de San Pedro, me dijo Pii: esas diez columnas que sostienen el pórtico son de mármol.
Penetramos al interior del templo.
El altar mayor es de mármol de Carrara.
Fijéme en una pintura de San Pedro.... Pii, con un libro en la mano, me probó que aquella obra admirable es de Murillo y una de las joyas artísticas que posee la América.
--Hay otras iglesias, me dijo Pii, como San Javier y San Pablo; pero yo no entiendo mucho de ese _fandanga_, y es tiempo que vea vd. lo más grande y hermoso que para mí tiene Cincinatti: la fuente y el rio.
Esta es la calle quinta: está cercana á Walnut. Ahí tiene vd. la fuente.
Figúrese el lector una explanada de cerca de ciento cincuenta varas de largo por veinte de ancho.
En el centro hay una taza de pórfido de doce varas de diámetro, y de ella arranca un grandioso monumento de bronce, de incomparable hermosura.
Adornando la base de la columna se destacan figuras de niños primorosos que juegan con el agua, algunos montados en delfines. Hay además bajos relieves de exquisito primor.
A una altura como de cinco varas, en sus pedestales anexos á la columna céntrica, se admiran cuatro estatuas colosales alegóricas, de la agricultura, los placeres de la caza y no recuerdo qué otras.
Corona el monumento la estatua gigantesca de la Caridad, llena de infinita dulzura, el semblante sonriendo, como complacida de derramar en el pueblo la vida y el frescor.
Su manto vuela, la aérea figura se ha precipitado á la tierra, y al percibir al pueblo sediento á sus piés, ha extendido en toda su amplitud sus brazos y puesto sus manos sobre la frente abrasada de la poblacion, derramando sobre ella la lluvia que traia entre sus dedos amorosos.
De las manos, de los dedos, de los poros de la estatua brota en hilos delgados luminosos la agua cristalina que ondea con el aire, revistiéndose de los colores del íris y dando al conjunto una belleza realmente arrebatadora.
De las bocas de los monstruos marinos, de los grupos de estatuas, saltan, se enlazan, se abren en plumeros y abanicos, las caidas del agua, formando un laberinto de cristales, de perlas, diamantes y rubíes.
La altura del monumento será de quince varas; pero su esplendor y grandeza es superior á cuanto he visto en su género. La fuente se llama de Tiler Davison, y el arquitecto parece que fué Prebosco.
Regresé á comer al hotel, donde uno de los amigos me habia recogido unas apuntaciones sobre educacion y caridad, que copio íntegras á continuacion:
"Figura con esplendor entre los establecimientos de beneficencia, la Universidad, fundada por Charles Mc. Mickin; están unidas á la institucion, la escuela de leyes y la de dibujo.
"El colegio de San Javier cuenta con una biblioteca de 12,000 volúmenes, valiosos aparatos para los estudios de química y física, un Museo y una vasta coleccion mineralógica y geológica.
"Hay en Cincinatti una excelente escuela para mujeres.
"La librería del colegio Teológico, pasa de doce mil volúmenes.
"El colegio Médico de Ohio es el primero de los Estados del Oeste, y compite con el colegio Médico de Miami.
"Para la niñez hay un instituto clásico.
"La alta escuela de Hughes es un gran edificio de torres octágonas en las esquinas, y tiene gran celebridad.
"Por último, el instituto mecánico ha hecho grandes beneficios á los pueblos.
"En cuanto á los establecimientos de beneficencia, el primero sin duda alguna, es el Hospital de Cincinatti, que consta de ocho edificios conexos, con amplísimos corredores que parten de un gran patio central, cubierto por una inmensa cúpula y una aguja de ciento diez piés de alto.
"Mencionaremos por último la casa de dementes, el hospital de la Samaritana, casa de refugio y orfanatorio de Cincinatti...."
Serian las cuatro de la tarde cuando estaba Pii triunfal en la puerta del hotel, con un _bogue_ como una araña, tirado por dos frisones como dos torres.
--A paseo, Mister D. Guillermo, me dijo Pii contentísimo, subido en el pescante y empuñando el látigo como un cetro.
No sin graves temores me puse á discrecion de mi alegre conductor, y partimos como exhalacion, haciendo el carruaje violentos y peligrosos equilibrios.
Fuimos á los alrededores de Burnet Wood, que los forma un frondosísimo bosque.
Me encantó _Lincoln Park_, paseo que aunque no muy extenso, se encuentra admirablemente sombreado y cultivado.
_Washington Park_, que ántes habia sido un cementerio, apénas lo ví, lo mismo que _Hopkins Park_, porque Pii quiso pasarme por toda la ciudad, para que no hubiese modista, ni florera, ni cantinero, ni limpiabotas, que no le viese en el desempeño de su importante mision.
Por no tener espectadores, Pii sin duda no me condujo á visitar el cementerio, que dicen es bello y contiene hermosos monumentos, entre otros el mausoleo de Dexter, que es realmente una capilla gótica, y una estatua de bronce fundida en Munich, que representa un soldado atlético, y se colocó allí en memoria de los voluntarios del Ohio que murieron en la guerra.
Aquellos caprichos y aquellos chicoleos de Pii me dejaron sin ver lo que se llama el Rhin, que es propiamente una seccion de la ciudad, situada del otro lado del rio y muy notable por su originalidad.
Es de advertir que más de una tercera parte de la poblacion de Cincinatti es de alemanes, y alemanes ubicados en aquella parte de la ciudad.
Fachadas de las casas, rótulos, muebles, trages y fisonomías, son alemanes.
Los teatros y los templos recuerdan á las ciudades y á las aldeas alemanas; sobre todo, los _beer gardens_ (jardines de cerveza), desplegan desusado lujo, y los nietos de Goeth y de Schiller están allí como en sus glorias.
Pii, donde me tuvo más tiempo, fué en _Eden Park_, situado sobre una colina desde donde se descubren sombrías arboledas, risueñas sementeras, el rio espléndido lleno de embarcaciones, y las montañas cerrando el horizonte á lo léjos. En el centro del _park_ hay dos grandes estanques que semejan hermosísimos lagos.
Aunque á mi entrada en la ciudad habia visto el gran puente colgante suspendido sobre el Ohio, con mucha razon orgullo de Cincinatti.
De torre á torre de las que sustentan el puente, hay 1,057 piés (poco más de 335 varas), y la longitud total es de setenta y cinco varas; tendrá sobre el nivel del agua treinta y cuatro varas de altura.
El puente es de madera y fierro, y su vigámen robustísimo forma tres calzadas, dos laterales como de cinco varas de ancho para la gente de á pié, y una amplia calzada central por donde atraviesa el ferrocarril y transitan carruajes y caballos, miéntras los buques y embarcaciones pequeñas pasan por debajo del puente.
La vista que desde el puente se disfruta es sorprendente: en primer término, á los dos lados del rio, se ven chozas miserables, _bar-rooms_ para marineros, cabañas de pescadores, barrilaje, tercios, arpilleras y tablas á las puertas de los almacenes; pero á medida que la vista se retira de las orillas del rio, se perciben por un extremo grandes edificios, torres, cúpulas y monumentos gigantescos, dominando las apiñadas arboledas, y del otro lado se ven casas de campo, miradores, chimeneas de las fábricas, entre jardines, fuentes y sementeras, que esmaltan y bordan deliciosamente los alegres valles.
Pii, á quien realmente merecí mucha atencion, habia dejado el carruaje á un amigo á la subida del puente, y no sé dónde me procuró un caballero que me dijo habia estado en México y que tenia un establecimiento de curtiduría, que se llamaba: "Los hijos de México," porque, en efecto, sus hijos eran mexicanos.
En efecto, á la izquierda del puente, en una pared blanca, campeaba el letrero de "Los hijos de México," lo cual me dió muchísimo gusto.
El caballero, que se llama D. Manuel, y cuyo apellido no puedo recordar, parece de una instruccion poco comun, y me dijo algunas cosas curiosas sobre el comercio de Cincinatti, que apunté en mi cartera; pero lo hice con tal incuria y con un lápiz tan malo, que apénas por inferencia puedo sacar en limpio lo que van á saber mis lectores.
Ya hemos dado idea de las líneas férreas, que comunican á Cincinatti con todos los grandes centros de actividad mercantil de la Union: ahora no es exagerado asegurar que más de cinco mil embarcaciones frecuentan anualmente su puerto.
La importancia de la industria y comercio de Cincinatti, le ha colocado en el rango de la segunda ciudad comercial de los Estados del Oeste.
La industria manufacturera tiene gran importancia en Cincinatti: se calcula en más de dos millones de pesos. Se fabrican con profusion muebles, puertas y ventanas, y habitaciones enteras que se exportan.
Las fábricas de _whiskey_ producen ochocientos mil pesos.
Pero el grueso de los productos de la industria son fábricas de fundicion de fierro y de cobre, ropa hecha, que rinde dos y medio millones de pesos.
Molinos de aceite, harina, salazon, tabaco y otros artículos, alimentados por muchos bancos de particulares y seis bancos autorizados por el gobierno.
Entre los establecimientos industriales de que no hemos hecho mencion, se cuentan 134 fábricas de aceite y estearina, 8 grandes establecimientos de láminas metálicas, 9 fábricas de papel, 38 de jabon y 7 muelles para construccion de buques de vapor.
--Bueno, me decia yo, y esos hombres ¿son de otra madera distinta de la nuestra, tienen algun secreto para que no los aletargue la holganza, ni los embriague la envidia, ni los entuma la pereza, ni busquen como industria la revolucion y el presupuesto?
¡Oh! si yo fuera gobernante, solo ponia el siguiente artículo en nuestra Constitucion, y me parece que algo se conseguia:
"No ocupará empleo público ninguno, ni podrá en ninguna categoría tener representacion del pueblo, el que no hubiere probado que ha vivido tres años de su trabajo personal é independiente del gobierno."
Con recetitas por este estilo, vdes. verian cómo la cosa marchaba.
Cuando volví al hotel, supe que en el núm. 37 estaba alojada una persona de San Francisco, llegada aquella misma tarde, que habia preguntado por mí.
Era, en efecto, un amigo del Sr. Andrade, que me traia cartas de mis favorecedores de San Francisco: entre esas cartas venia una de mi querido David Guerin, en que me incluia copia de unos versos que le dediqué en San Francisco, y de los que no conservaba ni recuerdo.
Para que no se me pierdan en el barullo de papeles que hay por mis baúles y maletas, aquí los trascribo. Acaso con ellos concilien el sueño mis lectores, como á mí me sucedió....
PATRIA.
A MI QUERIDO AMIGO J. DAVID GUERIN,
(POETA COLOMBIANO).
¡Patria! ¡oh patria! tu nombre adorado Me parece que escucho en los vientos, Me parece que dicen los astros, Que alumbran los cielos.
* * * * *
Quedo fijo mirando las sombras, Y en el sordo rugir de los mares, Hay acentos que lánguidos suenan Cual quejas distantes.
* * * * *
Hay gemir de esperanzas perdidas; Hay sollozos de angustia y de duelo; Hay de huérfanas almas que me aman Dolientes acentos.
* * * * *
Cuando brilla del sol de la vida En un sér la vivífica llama, Es la ausencia celaje flotante De pálida gasa.
* * * * *
Trasparenta las ráfagas de oro En sus pliegues el padre del dia, Que matiza sus ondas de armiño, Con mágicas tintas.
* * * * *
Si la ausencia desciende entre el hielo De la aislada vejez, es tiniebla Que sepulta en un golfo de muerte La triste existencia.
* * * * *
Yo te lloro en tus frescos pensiles: Yo te extraño en tu límpido cielo; Y me hiere no ver ni las tumbas Que guardan mis muertos.
* * * * *
En la casa que tiene una historia, En la piedra que oyó nuestras ansias, Queda siempre viviendo la vida, Se siente la patria.
* * * * *
Hay mirar de infinita ternura En el triste mirar de los valles: Tienen vida las frentes severas De montes gigantes.
* * * * *
Cuando viste la luz á los lagos; Cuando riela en sus ondas la luna; Cuando pasan cantando las auras Que flores perfuman,
* * * * *
Es la patria, la madre y la esposa, La sonrisa del plácido niño, Las caricias del padre caduco, Los besos del hijo.
* * * * *
Dulce patria, mi aliento, mi niña, Mi arrullar de paloma amorosa, Mi regazo de blancos jazmines, Mi lecho de rosas.
* * * * *
La esperanza del huérfano oscuro Que tu nombre recuerda con llanto, Es morir á tu frente adorada Pegando los labios!
GUILLERMO PRIETO.
San Francisco, Febrero 2 de 1877.
Continuamos nuestra marcha el dia 3, sin novedad alguna. Un español de todo punto _cruo_ se encargó á su manera de darnos idea de las campañas del Sur, trastornando nombres y sembrando cadáveres con temeridad.
A poca distancia del camino distinguimos Claveland, segunda ciudad del Ohio; la poblacion se extiende por un llano arenoso que atraviesa el rio, formando un cómodo puerto. En el muelle del Este hay un fanal y otro en una elevada roca.
Muchos puentes sobre el rio Cuyahoga unen las diferentes porciones de la ciudad que están á sus orillas, facilitando el tránsito de siete líneas de wagones que hacen perfectamente su servicio.
Uno de los viajeros que ha vivido mucho tiempo en Claveland, me dió los siguientes detalles:
"Claveland fué fundado en 1796, pero en 1830 tenia más de mil habitantes; cobró cierta importancia con la conclusion del Canal del Ohio en 1834, aumentó con el sistema de ferrocarriles adoptado en el Sur en 1850, y por último, en 1870, contaba 160,000 habitantes.
"Claveland hace su principal comercio con el Canadá y con las regiones mineras del Lago Superior.
"Los artículos principales de su comercio, son: fierro, petróleo, ácido sulfúrico, artefactos de madera, wagones, cueros, mármoles y piedra.
"La ciudad es amplia, las calles tiradas á cordel y sombreadas por hermosas arboledas.
"Celebran los viajeros el Parque Monumental y en él la estatua del comodoro Perry, héroe de la batalla del Lago Erie, que tuvo de costo ocho mil pesos.
"El pedestal es de granito de Rhode Island, de 12 piés de alto, y la estatua, de mármol italiano, de 8 piés y 2 pulgadas.
"En el frente del pedestal hay un medallon de mármol en que está representado el paso del comodoro Perry, del rio de San Lorenzo al Niágara, en un pequeño bote, durante el calor de la batalla.
"Otro de los parques muy bellos es el Circo, que tiene una fuente en medio, de rara hermosura.
"Las personas que habian visitado Claveland, se deshacian en elogios de sus teatros, entre los que se mencionan el de la Opera, el Aleman y el Cómico, de sus salones de lectura y de la estacion del ferrocarril."
Nuestro amigo el ingeniero nos habló de las obras hidráulicas (Watter Works), que se hallan al Oeste del rio.
"Por medio de un túnel de seis mil piés bajo el lago, se obtiene agua para que se lleve á un gran estanque, con dos poderosas máquinas de vapor, para distribuirla en la ciudad: ese estanque constituye un paseo delicioso."
El español nos habló con calor de las iglesias, de los establecimientos de caridad y especialmente del hospital de marina.
Este individualismo que se echa tan en cara al americano, que nos hace decir que no existen vínculos sociales y que hacen temer á los que hemos tenido otra educacion, que cualquier estremecimiento profundo romperá los vínculos de la union, despedazando la nacionalidad americana; en la práctica, robustece la vida del hogar, desarrolla los elementos locales, emancipa y convierte en mayores de edad á los pueblos más insignificantes.
Entre nosotros, el pueblo vive del mineral ó de la hacienda; ésta se comunica con la ciudad de un modo enfermizo y como incompleto, y la plenitud de la vida civilizada está en México. El hacendado, el político de aldea, el literato, quieren vivir y radicarse en México, y la vida de la corte arranca inteligencias y capitales de los pueblos que presentan aspecto de barbarie, donde el comercio y las minas no le comunican esa robustez individual.
En el sistema federativo se ve más patentemente esa aberracion: hace tiempo pidió un diputado subvencion para un pozo artesiano; á poco pidió otro libertad de derechos para la introduccion de unos faroles; luego para la lámpara de un teatro, y por último, para el barandal de un balcon. Y qué dignidad, y qué independencia, y qué soberanía pueden reclamar pueblos que ni pueden beber, ni alumbrarse, ni caminar, si no les da la mano esta especie de papá _Bodó_, que se llama gobierno general?....
En la tarde del 3 de Mayo tocábamos en Búffalo, tercera ciudad, por su tamaño, del Estado de Nueva-York, y cabecera del rio Niágara. La ciudad, dice la guía que llevaba en la mano, tiene un frente que puede calcularse en cerca de cinco millas, la mitad del cual da sobre el lago y la otra sobre el rio Niágara. Su comercio es muy vasto; así como su posicion, al pié de la magnífica cadena de lagos, la hace el depósito de una gran parte del tráfico entre el Este y el gran Noroeste. Durante el año de 1873, el número de buques que entraron y se despacharon, fué el de 10,303 con 4.678,058 toneladas. La cervecería es uno de los primeros ramos de riqueza.
Búffalo se estableció en 1801: en 1812 era un puesto militar importante: los ingleses lo incendiaron en 1814: en 1832 se declaró ciudad: hoy cuenta 134,573 habitantes.
Búffalo, á la simple vista, parece construida dentro de un bosque, tantas y tan frondosas son sus arboledas, entre las que se distinguen las fachadas de las casas, torres y cúpulas, los chorros de agua de las fuentes de los parques, y clarean calles de suntuosos edificios, como el Correo, la Penitenciaría y la Catedral de San Pablo.
Serian las nueve de la mañana cuando llegamos á la estacion del Niágara: yo no cabia en mí de inquietud.