Viaje a los Estados Unidos, Tomo II

Part 11

Chapter 113,604 wordsPublic domain

En mis horas acerbas de abandono Algo dentro de mí padece y llora; Algo como del ave gemidora Distante entre las sombras el cantar. Como oculto raudal que gota á gota Pierde su vida en la caverna oscura, Así siento en mis horas de amargura Mi existencia tristísima acabar.

* * * * *

Mi alma percibo como luz incierta Que en trémulo fulgor las tumbas baña; Huérfana que llorando me acompaña En las sombras del tiempo que pasó. Vibracion vaga de la rota lira Por cuyas cuerdas atraviesa el viento, Y remeda sollozos de tormento En constante y monótona cancion.

* * * * *

Vivo como esos árboles que azota El viento de la mar, que erguidos mueren Y esqueletos en pié su raíz adhieren Al suelo ingrato que los vió nacer. Torcidos, encorvados, extendiendo Sin vida al suelo los desnudos huesos, Que de la brisa los amantes besos Los hieren con su pompa de placer.

* * * * *

Van cayendo las sombras dentro mi alma Cual la noche en el valle; su verdura, Sus lagos y su mágica hermosura Parecen las tinieblas sumergir. Es como tumba en lóbrego vacío Que envuelve al cielo en el terror sublime, Y allá á lo léjos.... dolorida gime El alma como tórtola infeliz.

* * * * *

Si fuera dado á la agotada fuente Que tendió su raudal limpia y serena, Decir su queja á la inclemente arena Que le robó sus auras y su sol; Si fuera dado al pájaro perdido Que siguiendo la nave extravió el vuelo, Contar al mar sus ansias y su duelo Y su hondo desamparo de dolor;

* * * * *

Si voz tuvieran las augustas ruinas Del templo, del palacio, que los lagos Cual tablazon de nave los estragos Muestran del tiempo en lúgubre monton, Esa fuente, ese pájaro, esa ruina, Cuando del hombre hallaran el acento, Pedirian sus voces al tormento Que desgarra mi herido corazon.

* * * * *

Héme en mi soledad, héme mendigo De la luz, de las aguas, del sendero: Como sombra atraviesa el extranjero, Como fantasma entre la gente va. ¿Qué dicen esos niños? ¿Esa pompa? ¿A quién espera? se preparan flores: ¿Son para alguna tumba? ¿los amores Las tejen á la frente virginal?

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Solo va el extranjero. De los niños En el rostro de arcángel mira espanto: Lleva muerte en el alma. De su llanto Alma ninguna ó Dios se apiadará... Le muestran las paredes extrañeza, Las tumbas le repelen, en el cielo Teme siempre encontrar nubes de duelo.... ¡Alma mia! comprendo tu llorar!

GUILLERMO PRIETO.

Nueva-Orleans, Marzo 20 de 1877.

DESAMPARO.

¡Ay! de mí! del bullicio que en torno A mi sér turbulento se agita, No penetra ni un eco en las sombras Que cubren mi vida.

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Pasa el gozo cual cruzan las olas Argentinos los copos de espuma, Miéntras el mar en sus hondas entrañas Tinieblas oculta.

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Como el ave en su jaula contempla Verdes campos y plácidos cielos, Y si quiere volar le destrozan Voraces sus hierros,

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Así yo, si mis penas olvido, Y mi copa levanto contento, La envenenan con mísero llanto Mis crueles tormentos.

* * * * *

Desamparo, tu escuálida mano A mí tiendes de triste esqueleto; Al dormir, tus heladas presiones Comprimen mi pecho.

* * * * *

Al volar tras la fama anhelante: Al ceñirme de lauro y de rosas: Al cantar al amor y á la patria Con férvidas notas,

* * * * *

Descendí á mi dolor y encontraba En las sombras á mi alma gimiendo, Siempre sola, en su pena circuida De luto y silencio.

* * * * *

Una voz.... por los aires sonaba.... ¿Qué me dice?.... y sus ecos morian: ¿Fué tal vez que me habló la esperanza Brindándome dicha?....

* * * * *

Yo no sé; mas al triste silencio Que dejó.... prefiriera la muerte: Del dolor la amargura, mi labio Bebió hasta las heces.

* * * * *

Fijo el ojo, mirando sin vista, Como sorda mirada de muerto, Me quedé contemplando el espacio Que sube á los cielos,

* * * * *

Y en el éter.... miré cintilando Un mirar de inefable ternura.... ¿Un destello de dulce consuelo Cruzó las alturas?

* * * * *

Yo no sé; mas el rastro adorado De esa luz, era triste y sombrío, Como en medio de inmenso desierto La sima de abismo.

* * * * *

A la sombra del sauce que inclina Su cabello de ramas al suelo, Creí mirar hechicera hermosura De dulce embeleso.

* * * * *

De cristal parecióme su frente: Al través percibí con espanto Como cráneo amarillo y desnudo, De huesos los brazos.

* * * * *

¿Dí quién eres, fatal compañera, A quien mueve la voz de mis ansias? ¿Dí quién eres, mi bien?.... Soy la muerte Que lleva á la nada....

GUILLERMO PRIETO.

Nueva-Orleans, Marzo 21 de 1877.

¡¡AYES!!

¡Oh y qué tristes de mi vida, Qué tristes pasan las horas! Como corren aguas turbias Despeñándose en las sombras! Como atraviesan los aires Aves negras gemidoras! Como que se queja el viento, Como que triste el sol llora; Las casas como sepulcros, Como muertas las personas! Qué triste va el extranjero En soledad espantosa! Qué triste recuerda el suelo Que le sabe hablar su idioma! Es uno sepulcro que anda Y lleva bajo su losa, Enterrada viva el alma, Pero inerte y silenciosa: O como en la catalepsia Dicen que corren las horas, Oyendo de los que pasan Las voces.... ó que razonan Diciendo á la conveniencia Que nos sepulte en las sombras, Porque reclama la muerte En sus fueros engañosa, El asilo del cadáver Para el que en su sueño se ahoga! ¡Oh qué tristes van mis dias Rodando cual secas hojas Sobre desiertos de nieve En soledad silenciosa, O como en fondo de abismo Gime abandonada tórtola, Perdiéndose en lo profundo Los ayes de sus congojas, Porque el huracan que cruza Lleva las sentidas notas Que exhala y piden socorro Y se extinguen y se borran! ¿Qué es de lo que amo? ¿dó existen Las prendas que el alma adora? Es como muerte la ausencia, Mas que muerte es horrorosa! Porque en el sepulcro inmenso En que trascurren las horas, Nos muestra nuestro cadáver Como espejo la memoria.

GUILLERMO PRIETO.

Viérnes Santo.--Nueva-Orleans, Marzo 30 de 1877.

RECUERDOS DE MI HOGAR.

¡Qué frescas cuelgan las sombras De los chopos y las lilas! Qué verdes están los campos! Las fuentes, ¡qué cristalinas! Qué hermosas las hebras de oro Del sol poniente se filtran Por las hojas del arbusto Que con las auras oscilan! En el verjel delicioso Placer y amor se dan cita Y van dóciles, apuestos, En pos de jóvenes lindas; Ellos de entusiasmo ardiendo, Y ellas vertiendo sonrisas. De trecho en trecho sus grupos Aislan contentas familias: El anciano gravedoso, La anciana fresca y festiva, Los esposos satisfechos, Regañona la nodriza, El faldero alborotando Con sus idas y venidas, Y los niños al conjunto Dando luz, aliento y vida; Remolinándose en grupos, Destendiéndose en cuadrillas, Dando al viento en sus carreras Gasas, cabellos y cintas, Vagan como libres aves, Como corderillos brincan. Los grupos dejan buscando De las madres las rodillas, Y tornan do sus amigos En insurreccion se apiñan, Y cuchichean alegres Como alegres golondrinas.

Embriagada estaba el alma Casi olvidó sus desdichas, Y soñaba de mis hijos Recreándome con la vista, En los risueños verjeles En donde pasé mi vida, Cuando mis tres serafines Nietos del pecho delicia, Con sus tambores marchando Pretensiosos me seguian, Marcando el compás la madre Que es como los cielos linda. Y ébrio así con mis recuerdos, Me dirigí á una familia Donde tres niños jugaban Con retozona nodriza.... Contento me acerco al grupo, Voy á repartir caricias, Y los niños.... asombrados, Enmudecen y me miran. Me acerco.... digo palabras Para ellos desconocidas, Y el gozo se torna en llanto, Me empujan sus manecitas, Y torno en espanto y duelo Los cantos y la alegría. El alma gimió, rompiendo De mi corazon las fibras.... Oh desdichado extranjero! Oh mi patria! oh mi familia!....

* * * * *

Silencioso torné el paso, Tomé solitaria vía, Que yo era la nube negra, El agua turbia, la espina, La gota de hiel del cáliz De la inocencia y la dicha; Y léjos.... léjos, muy léjos De aquel cuadro de delicias, Ví en el llanto de mis ojos Expirar la luz del dia.

GUILLERMO PRIETO.

Nueva-Orleans, Abril 9 de 1877.

LAMENTOS.

La luz llegó: quedaron en la noche Como tristes resíduos mis delirios Y el llanto de mis ojos. Como lleva implacable la corriente Del árbol los inútiles despojos. Fué mi agitado sueño como un antro Poblado de fantasmas, y despierto Como la luz del dia Al circundar la llama amarillenta Del triste cirio que acompaña á un muerto. Va el infortunio asido de mi brazo Cual si fuese invisible un esqueleto, Que en perpétuo quejido En mí extinguiese de la vida el ruido. Soy como mi prision, como mi sombra; Como mi propia tumba y mi quebranto Es la pesada losa que esa tumba Me cierra con espanto. ¿A quién volverme? El tallo de la yerba Suele ostentar sus gotas de rocío; Suele la brisa acariciar la arena Que huérfana en su curso dejó el rio, Y solo yo en mi pena La soledad encuentro y el vacío. Una por una vuelan mis auroras Cual los rubios cabellos que en el cráneo Quedaron de una hermosa, mi esperanza Es como rama espúria que en la grieta Del muro su esqueleto balancea, Y que se pudre con la blanda lluvia, Y se hace polvo con la luz febea. Y no arranca los ayes de mi labio El injusto desden de la fortuna; No la mano de hierro del destino Abate de mi pecho la fiereza, Ni me hace vacilar en mi camino Con su exígua linterna la pobreza. No: si tremenda maldicion estalla; Si airado el sino con terror vibrante Circunda cual serpiente mi cabeza, Más quisiera sufrir, mi sér proscrito Del dolor ambiciona el infinito, Porque siempre consuela la grandeza. Pero dejar que el fango pestilente, Hez de gusanos, de infeccion abrigo, Derruya de la torre los cimientos: Dejar que triste se hunda, ser testigo Del reluchar de abandonada nave A la que ingrato puerto negó abrigo.... ¡Qué horror! ¡qué horror! y la existencia mia Así relucha en ignorados mares En eterna agonía.... Una mano, una voz, esa mirada Con que la luz recrea Al gusano escondido en la hoja leve, Al sutil hilo que tendió la araña Y con el sol naciente centellea.... Una voz, una mano que derrame Una gota, una sola, de ternura, En mi honda desventura, Sin que piedad.... ni compasion se llame, Y agradecido adoraré mi suerte. Mirad.... los que pasais, que está al llenarse En mis manos la copa de la muerte.... Una gota de amor, solo una quiero.... Vereis.... cómo se alivia mi quebranto.... Y la gente.... que pasa.... al ver mi llanto.... Me dicen que clamó: "¡Pobre extranjero!"

GUILLERMO PRIETO.

Nueva-Orleans, Abril 10 de 1877.

Las generosas atenciones de mis compañeros y las bondades de Quintero, atenciones y bondades que vivirán imperecederas en mi gratitud, alejaron de mi alma aquel terrible eclipse en que se produjeron mis dias negros. Desahogado el corazon, vendadas sus heridas, levantemos la frente y empuñemos la péñola parlanchina.... pero que sea despues de unos momentos de descanso. ¿No les parece á vdes., lectores queridos?

XI

Visitas.--Dias santos.--Los teatros.--Relaciones.--Colon.--Baranda Conti.--Recuerdos de Juarez.--Guadalajara.--Zamacona.

M. Trik, á quien habia perdido de vista, comenzó conmigo una série de excursiones, y visité varias familias distinguidas del barrio frances. No particularizo esas visitas, porque las familias en su trato íntimo no ofrecen diferencias marcadas con nuestras costumbres.

La absoluta independencia de la mujer no cuenta con ardientes partidarios, y el amor libre repugna altamente á la raza latina.

Buenas madres de familia, esposos encerrados en los goces domésticos y señoritas de excelente educacion: por lo mismo, estas costumbres son más difíciles de pintar.

Cuando se pinta una fisonomía vulgar, tanto trabajo es para el pintor marcarla como para la generalidad reconocerla. Si se trata de un tuerto, de una frente deprimida, de un carrillo con un lunar como una avellana, entónces es otra cosa; parece que lo característico es la giba, ó la prolongacion de la nariz, ó la berruga; y la habilidad del pintor queda reconocida con poco esfuerzo.

Habia en una casa sesiones de magnetismo, que mucho entretenian á la gente y que traian medio enloquecidas á las ancianas y á los cavilosos.

M. Trik me presentó á una tertulia en que se jugaban juegos de prendas, dándoles aplicaciones instructivas, siendo algunos ejercicios históricos, geográficos y de biografía: mucho sentí no hacer una coleccion de esos juegos, que me parecen de fácil y deleitosa aplicacion en México.

Es muy notable la influencia clerical en las familias de la raza latina.

La educacion, esencialmente de las niñas, está encomendada á las hermanas de la caridad, las Ursulinas y otras corporaciones religiosas, que con sus cintas y amuletos, sus aguas milagrosas, sus estampas, medallas y novenas, sojuzgan á las jóvenes é intervienen en lo más íntimo de las familias.

La educacion masculina está en atraso, si se compara con el Norte y con lo que tenemos hablado en California; no obstante, el Sr. Dimitrith consultó sábias disposiciones é intervino en la formacion de leyes que habrian desarrollado las muy notables aptitudes de la gente del Sur.

* * * * *

Por aquellos dias, es decir, en Marzo, fué la Semana Santa. En la iglesia parroquial que ya conocemos, se hicieron los oficios con ménos pompa y en menor escala que en cualquiera de nuestras iglesias de segundo órden.

El Juéves Santo en la noche se dió un gran concierto en la iglesia parroquial, en que pagamos los _devotos_, á CUATRO REALES LA ENTRADA: nada más sacrílego que el latin pronunciado y cantado por un padre frances.

Los teatros, que como dice con chiste un crítico frances, son las _iglesias_ del diablo, no tenian importancia: despues de los dias santos no habia ninguna compañía formal, y tuvimos que conformarnos con representaciones de aficionados, cuyos productos eran para establecimientos de beneficencia.

En esos teatros, no recuerdo cuál, en uno de los entreactos se presentó una reunion de negros y de negras, llenos de compostura; modestos, pero elegantemente vestidos, á cantar unos coros llenos de majestad y de dulzura.

No recuerdo bien á lo que se referia el canto; me parece, aunque no tengo certeza, que era una escena de la _Cabaña del Tio Tomás_, creo que referente á la muerte de una niña blanca.

La vibracion, húmeda de las lágrimas, del sollozo; el sentimentalismo sublime de la plegaria que tiende sus alas blancas bajo el cielo azul de la inocencia; todo lo más delicado, todo lo más voluptuoso de la melancolía íntima; aquellas lágrimas que como que resplandecian, como se dora la lluvia con los últimos destellos del sol poniente, al caer de la negra nube que se desplega sobre el Ocaso, todo me conmovió.

Y me conmovió, porque aquella raza proscrita, herida, parecia reanudar por el sentimiento, los vínculos despedazados por la revolucion.

Quintero estaba á mi lado, me hacia notar con aquella su elocuencia vigorosa y sombría, las afecciones filiales de algunos negros, los rasgos admirables de amor de algunos dueños de esclavos y los vínculos subsistentes, á pesar del desencadenamiento de las pasiones.

En otro teatro vimos en caricatura el matrimonio de una francecita pizpereta, parlanchina y espiritual, con uno de esos yankees desgoznados, bebedores, que no vacilan entre una mirada y un buen trago de cerveza, ó una lonja de jamon.

Muy frecuentemente asistia al almacen de M. Colon, donde acudian muchos mexicanos á hacer sus compras para Tampico y los pueblos de la frontera.

El almacen es como una encrucijada de lienzos, con sus entradas, salidas y vericuetos. En el centro de dos extensísimas galeras, y en un recodo que forman, está el escritorio en febril actividad.

Hay muchos dependientes en aquella casa, que á veces presenta el aspecto de una feria: allí concurria yo por estudiar algo de nuestras relaciones mercantiles, y porque Mr. Colon es el hombre más fino y servicial que se puede imaginar.

Además, M. Colon es amigo de muchos comerciantes de Tampico y Matamoros, que acuden á su casa constantemente, y esta circunstancia me procuraba noticias de México.

Uno de los comerciantes más sesudos que allí asistia, me decia al oir mis observaciones sobre nuestro comercio en la frontera:

--No se canse vd., la guerra de las tarifas no solo minará nuestro comercio y nuestras rentas, sino que producirá dificultades políticas de alta cuantía, sean las que fueren las protestas diplomáticas y los esfuerzos para mantener la paz entre los dos pueblos. Y lo peor es que los americanos pueden alegar, respecto de nosotros, razones que mucho debe pesar el gobierno mexicano.

Nuestras producciones principales, las constitutivas de nuestro comercio de exportacion, son aceptadas en los Estados-Unidos libres de derechos, ó con un derecho muy módico, y esto les da gran vuelo, al extremo de calcularse en doce millones de pesos.

Los artículos valiosos en esa gran suma, son: café, azúcar, zarzaparrilla, purga de Jalapa, henequen, ajos, petates, hamacas, arroz, vainilla, cueros, etc., etc., y todos esos artículos son libres en su importación á los Estados-Unidos, ó pagan derechos muy bajos, con excepcion del tabaco, de que no hacemos grandes envíos á la República vecina.

En cambio, las tarifas mexicanas repelen y gravan extraordinariamente los artículos que produce el Norte, como las harinas, por ejemplo, y los tejidos de algodon; el resultado será que ó se sostiene el contrabando para hacer efectivos los cambios, ó se establezca la reciprocidad, admitiendo nosotros efectos que ahora rechazamos; y por la propaganda del proteccionismo en el terreno práctico, cada concesion podria importar una revolucion....

Lo mismo sucede respecto de la zona; si se tacha de privilegio, extiéndase á todas las fronteras y el privilegio se convertirá en beneficio; y si se suprime, piénsese en que despoblar nuestra frontera equivale á traer al corazon de la República la invasion americana.

Aseguro á vd., continuaba mi viejo amigo, que ninguna de las cuestiones que tiene pendientes México es de tan vital importancia, como esta que estamos abordando tan superficialmente.

--Pero, ¿en qué quedamos? me decia yo mismo. ¿Me pongo en tren de soplar al prójimo entre pecho y espalda una leccion de economía política?.... No, señor. Y daba distinto rumbo á mis pensamientos.

Mucho habia hablado á mis compañeros de mis recuerdos de Orleans.

El aspecto de la ciudad habia cambiado extraordinariamente, de 1858 á la fecha; los amigos que nos recibieron, y á quienes debimos favores y cariño, habian desaparecido. El entónces risueño barrio frances, jóven, animado, rico y alegre, ahora se nos presentaba pálido, enfermo, lleno de harapos y como un mendigo; no era siquiera el esqueleto, eran los restos humanos en repugnante descomposicion.

Allí nos ofreció sus servicios Reybaud, frances de orígen, alistado en nuestro ejército, fogoso, batallador y franco marino, amigo de nuestros calaveras de buen tono y entusiasta por México. Reybaud era nuestro cónsul en Orleans.

Traté con placer vivísimo á Domingo Goicuria, héroe de la independencia cubana.

Enjuto de carnes, de color cetrino, óvalo prolongado de semblante, nariz aguileña y unos ojos en que se aparecian las tempestades y relámpagos de su alma apasionada. Tenia la cabeza blanca Domingo, y hondas arrugas surcaban su frente: su barba profusa y blanquísima caia á la mitad de su pecho y ondeaba revuelta á su accionar expresivo.

Narciso López le contó entre sus filas, Hernandez le vió en la vanguardia con sus compañeros; á él, se puede decir, se debió la expedicion de Lillan.

A cada revés se erguía más aquella naturaleza poderosa y aquella alma sublime.

Fatigó los mares con sus viajes, agenciando auxilios para redimir á su patria, regó sus años y vió desaparecer su juventud en aquella obstinada lucha.

Refugiado en Nasau, isla inglesa del archipiélago de las Lucayas, no pudo soportar su inaccion y se aventuró á cruzar en un bote el Océano, para tocar á su amada Cuba y pasar despues á México.

En un islote próximo á Cuba fué sorprendido el héroe y conducido á la Habana; tenia, cuando esto aconteció, setenta años.

Se hizo que le escarneciera el populacho, se exprimió la hiel de la injuria en sus dias, y se llegó al refinamiento en la crueldad.

Embotados los tiros de la tiranía en aquel carácter verdaderamente heróico, se le hicieron propuestas de advenimiento. El contestó tranquilamente:

"He vivido lo bastante para preferir la honra á la vida."

El furor de los dominadores de Cuba no tuvo límites: se preparó el suplicio de Goicuria como un festin: se elevó un altísimo cadalso, condujeron á él al venerable mártir, quien al parecer extraño á cuanto le rodeaba, sencillo y apacible, fumaba tranquilo como si no esperase la muerte, sino á un amigo á quien muchas veces hubiera tratado de cerca.

Así expiró el héroe.... México le debió cariño inmenso y eminentes servicios. Su patria le debe una estatua: la mia, por mi mano, derrama coronas de laurel y flores de gratitud sobre su tumba......

Compañero inseparable de Goicuria, patriota esclarecido, escritor considerado, Pedro Santacilia fué para nosotros poderoso aliado; veia entónces á México como su segunda patria, y adquirió títulos preciosos para que le llamásemos nuestro los que militábamos en las banderas de la Reforma.

Las personas que acabo de mencionar fueron las únicas que se mostraron en Orleans afectuosas con _la familia enferma_.

Ya he dicho que nos hospedamos en Orleans en Baranda Conti; pero lo que no he indicado es que por más que preguntaba y por más que rastreaba é inquiria noticias, el desdichado hotelito se habia perdido para mí y parecia que porfiábamos, él para ocultarse y yo para encontrarle y pedirle cuenta de mis recuerdos.

En una de las noches más sombrías en que nos retirábamos de la _Leveé_, mústios y silenciosos, despues de esperar en vano la llegada del paquete, álguien torció por una callejuela que parecia en acecho de la calle, tan oscura, que nuestras sombras parecian comunicarle luz, y tan sesga y mal averiguada, que parecia esconderse bajo sus escombros y tejados, á las pesquisas de la policía.

La mayor parte de las que podian parecer habitaciones eran bodegas, y los que algun temerario hubiera sospechado tránsitos, eran caminos excusados de las ratas, dominadoras absolutas de aquel nauseabundo terreno.