Viaje a los Estados Unidos, Tomo II

Part 10

Chapter 103,644 wordsPublic domain

Salimos de la iglesia y nos dirigimos á la calle Dumain, á la casa de la madrina, en que repicaba de contento el bodorrio.

El salon de la casa es extenso y estaba perfectamente iluminado; grandes sofaes, espejos colosales, soberbias alfombras, y sobre todos los adornos, los constitutivos de toda fiesta magnífica: luz, flores y mujeres.

La concurrencia era numerosa, la música alegraba los ánimos y disponia al placer.

Formábase la tertulia de cubanos y franceses casi en su totalidad, con una que otra excepcion.

En el corredor ó pasadizo interior que conduce de la calle á un pequeño, pero aseado y alegre patio, se tendieron asientos: en el patio se figuró un bonito salon de refresco y se hacia servicio abundante y perpétuo de licores exquisitos, helados, pasteles, _sandwichs_, carnes frias y cuanto podria contentar al más exigente gastrónomo.

Reinaban la finura y la confianza; multitud de niños elegantemente vestidos, corrian en todas direcciones, caracoleando entre las parejas de baile, bailando en la antesala y armando gresca en el patio, cuando tocaban al asalto de dulces y bizcochos.

Merced á las bondades inagotables de Quintero, nosotros, Alcalde y yo, fuimos amigos considerados de aquella reunion selecta; hablábamos con las señoras en el salon, conversábamos con los viejos retraidos al pasadizo y bebiamos con la gente de buen humor, declarada en sesion permanente en el departamento del ambigú.

Encargadas del servicio interior habria hasta una docena de mulatillas, que así, vistas de soslayo y con toda la circunspeccion de los años y de la buena crianza, me parecieron deliciosas.

Pechos levantados, cinturas breves, ojos _mordelones_ y un cútis sonrosado, verdaderamente fino y agradable. Se mueven como si álguien les hiciera cosquillas, y nadie se mete con ellas; ríen y ven picarescas hasta á las personas mayores y de respeto; en una palabra, son la encarnacion preciosa de la danza habanera, con todos sus requiebros y campanitas.

Un tanto apartados de la mesa del ambigú, despabilados y contentos, estaban algunos viejos chanceros, sazonando sendos tragos con añejos, pero sabrosos recuerdos. Ya prodigaban sus cariños á los chicos, ya decian sus flores á las lindas mozas.... ya hacian, _sotovoche_, alusiones picarescas, pasando revista á las inquietas mulatillas....

Por supuesto que entre los viejos tuve mi lugar preferente, miéntras Alcalde persuadia en la sala á una lindísima viudita.... que no era verdad que hubiese sido casada, puesto que un solo mes vivió unida á su esposo. Toda la chicana forense habia comprometido Joaquin en aquella discusion, encanto de la viudita.

Graves autores de la Iglesia decian de Santa Teresa, añadió el letrado, que á la santa repugnaba tanto el vino.... que una sola vez que bebió, bebió tan poco.... que no bebió.... Vd. fué casada tan poco tiempo, que no fué casada.... y lo probaria en un claustro de doctores....

Los viejos hablaban de los matrimonios americanos y á la usanza americana, y uno de ellos contó, entre trago y trago, la siguiente anécdota:

"Hace más de veinticinco años arribó á este puerto, procedente de México, un M. Courtier, frances ó descendiente de frances, segun su aspecto y su perfecta pronunciacion del español.

"Vivo, caballeroso, formal en sus tratos y entendido, se dedicó á los negocios é hizo una pequeña fortuna.

"Los negocios á lo que parece no ocupaban todo su tiempo y se dió traza para matar el fastidio, en las horas de descanso, en union de una francecita dulce como el almíbar y graciosa como una paloma enamorada.

[Ilustración:

_LIT. H. IRIARTE. MEXICO_

Hotel de S. Cárlos. N. Orleans.]

"El caballero Courtier se vió obligado á separarse de Orleans; y como cierta clase de compromisos se hacen y se deshacen por estos mundos con la mayor facilidad, los chicos no volvieron á verse.

"Mlle. Malville fué envuelta en los trastornos del Sur y atacada de una cruel enfermedad: dejó al morir, á la hija que llevaba su nombre, á cargo de una familia que le dió el suyo, y fué conocida con el nombre de la Srita. Chertois, educándose á la usanza americana y dando lecciones de piano y de frances en aquel barrio.

"Entre tanto, M. Courtier, maltratado de la fortuna, se hundió en una finca del Canadá, con su verdadero nombre mexicano, que era Navarrete, y como si se lo hubiera tragado la tierra.

"Era el hombre bonachon, de excelente humor, filósofo como viejo marido, flemudo como un aleman; y no obstante que estas cualidades le hacian amar de sus criados, la vejez hacia el vacío en su alrededor y pasaba tristes dias no obstante su regular fortuna.

"Consultando el alivio de su mal, un yankee expedito le aconsejó que se casase y que para el objeto pusiese un aviso en los periódicos, diciendo quién era él y con qué cualidades queria á la novia.

"Dicho y hecho: á los pocos dias, en los periódicos más acreditados de la Union se leia un aviso, poco más ó ménos concebido en los siguientes términos:

"M. Courtier, residente en el Canadá, con una fortuna de setenta y dos mil pesos, desea casarse con una señorita de ménos de treinta años, de buena salud, si es huérfana mejor (los suegros siempre sobran), que no sea celosa ni dada á las novelas, y que se resigne á vivir en el campo. El solicitante es robusto, de buenas maneras, fuma poco y no anda en malas compañías.--Dirigirse:--Nueva-York, casa tal.--Missouri, H.--Nueva-Orleans, R."

"Muchas y muy interesantes jóvenes acudieron al llamamiento, que á vd., me dijo, le parecerá singular; pero el corresponsal de Orleans, jóven cubano encargado de una opulenta casa de comercio, fué tan expresivo, hablaba en tales términos de las virtudes y de las gracias de la Srita. Chertois, que el viejo se enamoró perdidamente, dando instrucciones al corresponsal para que arreglase todo lo concerniente á la boda, sin demorar su felicidad.

"El jóven Martinez aprovechó el tiempo é hizo tan bien y con tanto entusiasmo el papel de M. Courtier, que se habria dicho que él era el amante, y amante tiernamente correspondido; pero la fidelidad se llevó al extremo; y si hubo sospecha de ardiente simpatía, la cubrió el disimulo de todo punto.

"Arreglóse la boda, se alquiló casa, se amuebló provisionalmente, se corrieron todos los trámites y se esperó al novio para la verificacion de los esponsales.

"El novio llegó ¡y cosa rara! no obstante sus años, se hizo querer de la jóven y ésta realizó los ensueños del afortunado viejo ...

"Citóse la ceremonia conyugal para pocos dias despues de la llegada del anciano: acudió muy reducido número de personas.

"El notario, los testigos, algunos amigos, Martinez entre ellos, estaban en la sala y se impacientaban porque los novios no acababan de darse á luz....

"En el interior de la casa se representaba, entre tanto, un curioso drama.

"Al salir la niña de su alcoba, preguntando por su esposo, dejó entreabierta la puerta, y el impaciente consorte pudo descubrir entre dos bujías, bella, encantadora, evocando sus más tiernos recuerdos, el retrato de la mamá de la Srita. Chertois, que no era otro que el de Mad. Malville....

"Un recuerdo terrible, un pensamiento súbito embargó al Sr. Navarrete.... quien dijo que tenia que hablar dos palabras á su mujer....

"Apartóse de todo el mundo aquella pareja.... Navarrete, ó sea Courtier, entró en hondas explicaciones, y ella, ingénua, modesta, purísima, expuso su vida, mostró sus sacrificios y fué tan santa y buena con los autores de sus dias, que el viejo lloraba á lágrima viva, abrazando conmovido á la hija de su corazon.

"Los convidados á la boda, aunque sufridos, no pudieron reprimir su impaciencia, hicieron una insinuacion á los novios para que se presentasen.... Se presentaron al fin en la sala.... y tomando Navarrete la palabra, dijo en tono de arenga:

"No hay nada perdido, señores: no hay boda.

"(Movimiento, admiracion, rumores).

"Quieto todo el mundo: nada perdido, porque esta linda muchacha es mi hija; sí, señores, mi hija de mi corazon.... Canario! y qué linda y virtuosa mi hija! Y no hay nada perdido, porque siempre hay boda.... esta mocita y este caballerito (señalando á Martinez), se querian y se sacrificaban á mí.... y al fin se casarán, y serán ricos, y tendré unos nietecitos como arcángeles.

"Esa música....! destapen Champaña....! y acabemos alegres, al revés de las comedias, porque se deshizo la boda."

"Navarrete se estableció no léjos de aquí, y su familia, que fué la de Martinez, llenó de felicidad sus últimos años.

"_Este es el cuentecito...._ "_¿Quién cuenta otro más bonito?_"

Bebimos alegres por el recuerdo del matrimonio frustrado, que pinta siempre una faz de la sociedad americana.

X

Sobremesa en casa de Quintero.--El Dr. Havá.--Turla. Su muerte.--Sus versos á Rodriguez Galvan.--Quintero. Sus versos.--Traducciones de Poe.--La estatua de Clay.--Soledad.--Dias negros.

En la casa de Pepe Quintero, que veia y me enorgullezco de ver como mia, tuve agradabilísimas reuniones con lo más inteligente y distinguido de la sociedad literaria de Orleans.

Quintero habla y escribe en inglés con pureza y correccion, iluminando su frase con la galanura de los idiomas latinos y el chiste del frances especialmente.

Quintero y Dana son los hombres (entre los que he tratado), que en los Estados-Unidos se pueden entender mejor y más popularmente con los hombres de raza latina.

Quintero es un gran poeta: cierta ternura sombría; cierta filosofía de la escuela de Byron, pero en el fondo llena de nobleza, hacen adorables sus composiciones, principalmente las que se relacionan con sus afectos íntimos.

Conocedor profundo del idioma inglés y de sus más atrevidos giros poéticos, ha podido traducir á Edgar Poe, ese beodo sublime que puso á la misma ciencia al servicio de la locura en su incomprensible idealismo.

Quintero ha traducido brillantemente á Longfellow, reputado como el primero de los poetas americanos, y yo lo creyera si no hubiera aspirado el perfume de los bosques vírgenes en las solemnes composiciones de mi amado William Bryant.

El elogio de las traducciones de Quintero lo ha hecho Longfellow, y yo he visto carta suya en que tributa elogios que envanecerian á cualquiera otro hombre de alma ménos grande que mi amigo.

Como decia, las tertulias de la casa de Quintero eran para mí deliciosas: allí admiré mil veces la instruccion inmensa, la energía independiente, la fé inquebrantable en los principios del viejo leon á quien he dado á conocer con el nombre de Demitrich; allí esclarecí mis dudas históricas con Gayarré, y allí tuve conocimiento con el Dr. Havá, persona muy estimable y simpática.

El doctor tendrá cuarenta y cinco ó cuarenta y seis años; fornido, de color moreno, de altiva frente y de ojos negros que despiden rayos de penetracion y de pasiones tumultuosas.

Desciende de su cabeza á sus hombros, espesa melena de sedosos cabellos que terminan en una rizada extremidad, como el doblez de un cortinaje. Eso le da dureza á su conjunto; pero no solo Havá es hombre sabio sino de una exquisita y sólida educacion, con ciertas originalidades, que sin llegar á la extravagancia, lo hacen singular.

Sabio sin pedantería, humano y generoso, sensible á las bellezas artísticas, á pesar de sus enemigos, es necesario confesarle mérito á este doctor á quien mucho quiere Quintero.

Havá hizo su educacion en Paris, distinguiéndose mucho en su facultad; delira con la preponderancia de la raza latina, y cubano independiente, tiene por México especial predileccion, lo que, como debe suponerse, es un título más á mi cariño.

Hablando de literatura en una sobremesa, se mencionaban las publicaciones periódicas, señalando al _Picayune_, _El Times_, _El Daly Democrate_ y _L'Abeille de la Nouveell-Orleans_, periódico frances en algunas épocas, perfectamente redactado.

Hablándose de instituciones científicas y literarias, Havá habló en los términos más elocuentes de la Academia Médica, ensalzando el mérito de sus compañeros, sin rivalidades ni miserias.

A Quintero tocó el elogio del Ateneo Luisianés, que se puede citar como representante digno de la literatura francesa.

Mercierz, novelista y escritor distinguido, es el secretario perpétuo del establecimiento, y ha dado á luz "La Hija del Sacerdote Delery," y otras obras de sobresaliente mérito.

Con suma complacencia, con verdadero orgullo escuché los elogios á la Sra. Townsed, que ostenta modesta en su tocado de matrona ejemplar, la diadema que ciñeron Saffo y Corina.

Yo lamento como una verdadera desgracia la pérdida de una lindísima poesía dedicada á mis compañeros y á mí, y que se publicó en _El Picayune_ con universal aplauso, como todo lo que sale de la pluma de Xarifa. Lo que es yo, no soy imparcial: la quiero mucho, la admiro y le vivo muy reconocido.

De una palabra en otra palabra, se encadenó la conversacion, como si todos forjaran, cada uno su anillo de oro, para hablar de la literatura habanera.

Resonó primero, en medio de nuestra profunda admiracion, nuestro Heredia.... nuestro, porque aunque la fortuna quiso darle su cuna en Cuba, nosotros le dimos templo á sus glorias y asilo á sus restos.

Milanes, Palma, y Plácido, tan esencialmente cubano como los palmares y los plátanos que sombrean la herida, pero hermosísima frente de la sultana favorita de las Antillas.

Hablando de esa constelacion que refleja su brillo en las aguas de Cuba, forzosamente mencionamos á Turla.

Turla debia morir á los dos ó tres dias de esta conversacion; su infortunio le engrandecia á nuestros ojos; la pobreza consagraba la frente augusta del mártir; á su alma la veiamos desprenderse luminosa de su antro de miseria, para incorporarse como una ola fulgente en el infinito de la eternidad.

Turla era hijo de un sastre; desde sus primeros años, su génio activo y soberbio protestó en favor de las libertades de sus compatriotas.

Ardiente amigo y admirador de Heredia, se complicó en sus trabajos revolucionarios, y vivia hacia cuarenta años desterrado en Orleans.

Quiso dedicarse al periodismo, y no tenia la flexibilidad que ese ejercicio batallador requiere. Daba lecciones y vivia en la miseria. Así estaba muriendo.

Su inspiracion tiene el carácter ácre, incisivo, pero frecuentemente sublime, de Barbier, á quien se le comparó durante el período revolucionario.

Yo recordé las relaciones que contrajeron nuestro Rodriguez Galvan y Turla en la Habana, cuando el uno, siguiendo su sino fatal, tropezó con su tumba, y el otro estaba en vísperas de que la mano del destierro lo robase para siempre del suelo de que puede llamarse honra y orgullo.

Me lamentaba de no poseer la composicion que Turla dirigió á Rodriguez despues que éste asistió conmovido á la lectura del Conde de Alarcos, y cuando concluyó le instaba Rodriguez á que fuese á radicarse en México.

Lamentaba, digo, no recordar esa composicion, cuando Havá, con entonacion verdaderamente magnífica, declamó los versos de Turla, que dicen así:

A RODRIGUEZ GALVAN.

Vate del Anahuac, pues con tu lloro Honrar quisiste el desgraciado drama: Esta es la hoja mejor del libro de oro Que codicioso demandé á la fama: El bello corazon de la cubana Pinté no más, si reparar quisistes En aquella hermosura sevillana Hija infeliz de mis ensueños tristes. Lindas son nuestras bellas y este clima Les da un hablar simpático y suave, Que fácil entra en la española rima Y al corazon introducirse sabe. Donde deja marcada su sandalia La vil esclavitud, mandan las bellas Con ternura mayor: así es la Italia Con su cielo purísimo de estrellas. La causa debe ser y á ella redimen La vejacion en que las tristes andan; Que donde más las hermosuras gimen, Es donde más las hermosuras mandan. Oh! yo las amo, y si la lira mia Su posicion amarga suavizara, Amor y solo amor resonaria Miéntras el corazon me palpitara.

* * * * *

Mas yo no buscaré, como tú dices, Playa mejor en donde el libre goza, Y entre sus hijos nobles y felices La Santa Independencia se alboroza: Que aunque supe adorar, por dicha mia, La libertad augusta, pequeñuelo, Y siempre detesté la tiranía Como amo al sol, como bendigo al cielo; Y aunque odiar supe al mandarin malvado Que á remachar mis grillos, vil coadyuva, Nunca comiendo el pan del emigrado Pensé cumplir con mi adorada Cuba. Hijo de Cuba soy: á ella me liga Un destino potente, incontrastable; Con ella voy, forzoso es que la siga Por una senda horrible ó agradable; Con ella voy sin rémora ni traba, Ya muerda el yugo, ó la venganza vibre; Con ella voy miéntras la llore esclava; Con ella iré cuando la cante libre: Con ella voy en noche procelosa, Y errar bien puedo la difícil vía; Mas siempre voy contigo ¡oh Cuba hermosa! Y apoyado al timon, espero el dia!

Dos dias despues de tributar nuestro homenaje al génio de Turla, asistiamos á su entierro: entierro humildísimo, acompañado de unos cuantos cubanos que llevaban en sus semblantes el lóbrego duelo del emigrado, como si tuvieran que lamentar la más triste de las orfandades, la orfandad de la tumba. La comitiva que asiste á la inhumacion de un compatriota emigrado, es semejante al tormento que algunas legislaciones imponen de que presencien el suplicio de su cómplice....

Aquella soledad, aquel silencio, aquel poeta anciano que soltaba de sus garras la miseria para entregarlo á la muerte en suelo extraño, me hicieron hondísima impresion.

Acaso este incidente, desapercibido para muchos, porque yo me mezclé á la comitiva sin ser invitado y sin que nadie me conociese, determinó en mi ánimo un estado de tristeza imposible de describir.

Noche á noche me aislaba de mis compañeros y me iba á sentar las horas enteras á las escalerillas del monumento de Clay.

Allí, en la oscuridad más completa, sangrando mi corazon de amargura por circunstancias las más acerbas de mi vida, produje una série de composiciones, que no tienen interes alguno para otros; que lo tienen para mí tiernísimo; que semejan á esos objetos que nos los hace preciosos el amor, la gratitud, el peligro ó la muerte, y que maltratados por el tiempo, donde los otros señalan un harapo, nosotros veneramos una reliquia. Perdonen mis lectores mi debilidad, y dispensen su indulgencia á esas fojas arrancadas del Album de los tormentos de mi alma:

DIAS NEGROS.

DESENCANTO.

Yo no sé: ¿qué me importa? El viento airado Gime en mi barca: el corazon ya muerto No cuenta si un vaiven la lleva al puerto, O la va en el escollo á sumergir. Yo no sé: ¿qué me importa? ¿qué es la vida? Un sueño, una vision, tal vez la nada, El canto ó el dolor en la posada; Pero llanto al llegar.... llanto al partir.

* * * * *

El confin de la gloria es el vacío, Las heces del placer, el desengaño, Abismos de dolor por bienes, daño, Y al fin de la jornada, al fin, morir.... Feliz quien mira en lontananza un cielo, Y entre las nubes de la tumba umbría, Los blancos rayos apuntar de un dia, De eterno, de purísimo lucir.

* * * * *

El niño que á la márgen del arroyo Va deshojando pétalos de vida, Y sigue con mirada entretenida Anhelante su propia destruccion; El jóven que la copa de sus años En el festin de amor procaz derrama: La vírgen pura que á voluble llama Da sonriendo su propio corazon,

* * * * *

¿Qué quieren? ¿dónde van? ¿por qué esas risas Si los esperan mares de quebranto? Pero, ¿por qué tambien acerbo llanto Por la estúpida farsa de vivir? A la verdad humilla la impostura; El desden al saber; á las virtudes Cercan tenaces fieras inquietudes.... ¡Quien quiere descansar, quiere morir!

* * * * *

Un tiempo fué que mi ilusion de gloria Abrió en la tempestad sus alas de oro Y de mi lira el palpitar sonoro, Sus ecos entusiastas prodigó. Expié como delito el noble anhelo De erguir radiando la altanera frente; La envidia, con colmillo de serpiente, Me hirió rabiosa y mi cantar ahogó.

* * * * *

Y es bello que el gusano se convierta En la sombra pintada mariposa, Y que el pútrido gérmen de la rosa Dé sobre el tallo engalanada flor; Y es hermoso mirar que al sol remeda Al salir de su cárcel el gas puro, Y que ilumina el horizonte oscuro Hecho llama vivífica el carbon.

* * * * *

Mi alma era luz, de la amistad al beso, Mi sangre toda de pasion ardia, El alma era raudal que se esparcia En gotas luminosas de cristal.... Mi alma era amor.... El mundo en que flotaba Su blanco velo de orlas purpurinas, Se desgarró con bárbaras espinas Y hecho girones por los aires va....

* * * * *

Riquezas, ilusion.... contento, gloria, Patria ¡ay! la patria.... la inconstante suerte, Todo camina al seno de la muerte: Feliz ó desdichado, ¿qué más da? Está negra la luz, negros los campos, Se extiende dentro el alma negro velo.... ¡Dios! ¡oh gran Dios! un rayo de consuelo.... ¿Nunca le lograré? ¿Jamás?--¡¡Jamás!!

GUILLERMO PRIETO.

Nueva-Orleans, Marzo 18 de 1877.

SOLEDAD.

Besa mi frente, estréchate á mis brazos, Empapa con la hiel de tu tormento Mi labio gemidor, y da á mi acento Tus quejidos de angustia y orfandad. Tú fuiste como invierno de mi infancia: Fuiste en mi corazon eterno duelo, De tu mano de muerta sentí el hielo Sobre mi alma, ¡terrible soledad!

* * * * *

Sobre la tumba del que el sér me diera, Que no tiene una cruz, que no decora Sauce doliente, que adherido llora Al sepulcro del mísero pastor, Allí te conocí.... sobre una losa Estaba reclinada tu cabeza: Yo admiré con espanto tu belleza En mi embriaguez acerba de dolor.

* * * * *

Despues, cuando mi frente descansaba De santa madre en el amante seno, Al levantarlo de tormento lleno Buscando arrimo, desamparo hallé. Y ni el cielo con nubes purpurinas, Ni el viento que murmura entre las hojas, Dieron luz y consuelo á las congojas Del corazon que derramaba hiel.

* * * * *

Pobre niño! pisando con su planta Desnuda, los abrojos de la vida, Dejando sangre de su planta herida Al saludar la hermosa juventud. Pasaba la fortuna en su carroza De púrpuras y armiño, perlas y oro: Pasaba rauda.... y al través del lloro En mi desierto te encontrabas tú.

* * * * *

Sediento un punto el corazon abria: Al que pasaba, le tendí la mano, Vino á mis brazos, le llamé mi hermano, El corazon se estremeció feliz.... Ansiosa la mirada, alta la copa Escuché su sarcasmo á mi ternura, Y en mi hondo desengaño, con tristura Te hallé.... do tu semblante conocí.

* * * * *

De entónces entre el vago torbellino De glorias, de esperanzas, de ilusiones, Al volar entre férvidas pasiones, Al dormirme rendido de inquietud, ¡Oh, soledad! en mi hondo desamparo A tí se estrecha el corazon vacío, Y al besarme tu labio, siento el frio Que marchitó mi triste juventud.

GUILLERMO PRIETO.

Marzo 19 de 1877.

MI ALMA.