Viaje a los Estados Unidos, Tomo I
Part 8
He asistido á los templos cristianos y á los protestantes, he escuchado la voz de las catedrales y los cantos rústicos de la iglesia de la aldea ensalzando al Dios de mis padres; y jamás mi alma ha sentido una impresion más intensa, con ciencia más patente de la Divinidad, que la que me poseyó en la Sinagoga Emmanuel de California.
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Fuí invitado y concurrí á otro templo en ciernes, dedicado á la Vírgen de Guadalupe, favorecido por las familias mexicanas.
En efecto, el domingo que yo asistí la concurrencia era numerosa. El templo es casi subterráneo, oficiaba el señor obispo de la Baja California, al que escuché una plática doctrinal dicha con pretenciosa prosopopeya y muy vacía de sentido.
El templo presenta el aspecto de cualquiera de nuestras parroquias de pueblo, con la sola diferencia de las hileras de bancas, lo que siempre da á la concurrencia cierto aspecto de formalidad y compostura, que una vez vista, se echa mucho de ménos en nuestras iglesias.
Aquella anciana oronda que hace plaza y ocupa los tránsitos; aquella madre de familia que se aplasta, recoge los sombreros de sus hijos y los deja retozar sin cuidado, distrayendo y molestando á los circunstantes; aquellos devotos que atraviesan como haciendo equilibrio para llegar al altar mayor, y aquellos sacristanes cuchicheadores, entrometidos y diestros para cruzar entre los ruedos de los túnicos y de las enaguas que tapizan el suelo; aquellos grupos de hombres recargados en las puertas, brujuleando y formando biombo á los que de rodillas ven á su espalda, eso no se conoce en ningun templo de aquí, por infeliz que sea.
Respecto al servicio de la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, aunque el templo tiene un carácter de muy provisional, deja mucho que desear.
—Y qué, ¿no ha oido vd. predicar, me decia un paisano, á un padre G*** que se chupa el dedo para eso de la elocuencia? Hace dos domingos nos predicó un sermon, poco más ó ménos en estos términos. Se hablaba de lo efímero de la felicidad mundana:
“Dios Nuestro Señor es muy bueno: no seré yo quien hable mal de Su Divina Majestad, ni quien le ponga tacha; pero no lo vayan vdes. á creer, un Juan de buena alma, que aguanta carros y carretas.
“Ve, por ejemplo, á un ladron, y haciéndose disimulado, dice: “Buen provecho, tú las pagarás todas juntas.”
“Se le pasea por los bigotes un borrachin, que le hace tanto caso como si estuviera pintado, y él dice para sus adentros: “Goza, borrachito, goza, que no me la has de ir á penar.”
“Se pavonea con su madama uno de estos amancebados que parece que no lo merece la tierra, y el Señor se está como si tal cosa, ya clavado en su cruz, ya recibiendo azotes en la columna, ya con la mano en la mejilla, como quien dice: “Véamos hasta cuándo se hartan estos pecadores.”
“Pero un dia se levanta con todo lo Dios en la cabeza y dice: “Ahora se hizo la mia,” y entónces, allá va una tempestad, allá va un temblor, allá una epidemia, por aquí suelta una apoplegía, por allá un insulto, por acullá una peritonitis de momento, y entónces todos aquellos pecadorcitos que hemos visto, van sin zumba, sin alcanzar resuello, á los apretados infiernos.
“Amados fieles: no hay que andarse con chiquillas ni que aturdirse: amar á Dios sobre todas las cosas y á tu prójimo como á tí mismo: así se gana la gloria, que os deseo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amen.”
Mucho me temo que el sermon del padre G*** sea invencion de mi amigo; pero sí me consta que por el estilo son los rasgos de elocuencia que me han referido personas muy sensatas.
Insistiendo en la importancia del culto católico, se calcula que la iglesia de Santa María, de que hablamos al principio, y es considerada como la Catedral, San Patricio y San Ignacio, han costado 175,000 pesos la primera, 100,000 la segunda y 160,000 la tercera.
Son más de cuarenta los establecimientos que subsisten de la caridad cristiana, como conventos, colegios, escuelas y hospitales.
El colegio de San Ignacio, para niños exclusivamente, es un establecimiento de educacion de primer órden. El número de alumnos que tiene la escuela es de seiscientos.
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El sentimiento práctico de igualdad, el respeto á lo ajeno, y sobre todo, cierta altura de civilizacion, provocan en este país á las asociaciones, que centuplican la valía del hombre, aumentan su inteligencia, procuran su perfeccionamiento y combaten enérgicamente el socialismo, porque la libertad es el vínculo de esos empeños fraternales.
La asociacion cria el capital, emancipa el trabajo, funda bajo sólidas bases el crédito y prepara al obrero solaz y consuelos en las enfermedades y la vejez.
Uno de los resortes más poderosos de la grandeza de los Estados-Unidos, acaso el mayor, son esas asociaciones que en lo científico, en lo industrial, y de todas maneras, impulsan el inmenso desarrollo de los elementos de prosperidad de los pueblos.
La civilizacion ilustra al hombre y duplica su importancia, luego que otro hombre, que á la vez es un capital, se une á él: la moralidad mantiene la balanza de los intereses entre los asociados: el espíritu de igualdad impide las explotaciones ventajosas y embota los avances de la mala fé y de la especulacion vedada. Cuando un pueblo ó una reunion de hombres no pueden armonizar sus intereses, búsquese la causa en cualquiera de los motivos que dejamos anunciados, y no culpemos exclusivamente á la educacion y á la raza, como solemos hacerlo. _El mal radical de nuestra sociedad mexicana está en que no es armónica. Piénsese mucho en esto._
Favorece en gran parte en los Estados-Unidos la asociacion, que no hay cuestiones religiosas, ni se indaga para favorecer á un hombre cuáles son sus creencias. Se ven frecuentemente tan felices enlaces entre protestantes y judíos, entre cristianos y turcos, que es un hábito respetar el ajeno sentir en estas materias.
La política, por otra parte, á nadie divide; el país está constituido y se desconoce el terreno de la conspiracion: los _polyticians_ se ocupan de intrigas y de aspiraciones; pero esto es aparte, es como lo poco que se cuida el público de que haya maromas por San Pablo y ejercicios en la Villa de Guadalupe: maromeros y devotos hacen su negocio; pero á la masa del público no le afecta ni le conmueve que un maromero se descoyunte, ó que un devoto gane con una salve ochenta años de perdon de sus culpas.
Pero no solo en lo científico ó en lo literario, en las grandes empresas industriales y en la beneficencia y caridad la asociacion opera sus milagros, sino en reuniones de puro contentamiento y distraccion: el _Club_ estrecha las voluntades y calienta los corazones extendiendo la órbita de las relaciones y los placeres.
Hay, no obstante, quien asigne al Club influencia perniciosa, diciendo que enfrian los afectos de familia, arrancando á los esposos del hogar y encendiendo en su corazon las propensiones á la soltería, la intemperancia y el despilfarro. Acaso sea cierto; acaso sea uno de los motivos del apartamiento del hombre de negocios del bello sexo, haciendo insustancial á la mujer y amiga de las aventuras: yo no sé, ni es mi objeto entrar en semejante análisis; el hecho es que el Club tiene vida activísima, y los de California son centros en que se disfrutan las delicias de la buena sociedad.
Los más selectos Clubs son la Union, el Pacífico, y el Club de California: tiene merecida estimacion el Club aleman, la asociacion y el Club Hispano-Americano, de que hablaré despues.
El Club se instituye á expensas de los socios y se rige por sus reglamentos particulares.
Dispone el Club en general de grandes y elegantísimos salones en que hay su cantina con exquisitos vinos, sus mesas de billar en salas separadas, mesillas para jugar ajedrez y departamentos para los aficionados á la música y á las conferencias científicas y literarias.
Los amigos se agrupan ó se aislan acompañados de aquellos con quienes tienen mayores simpatías, se congregan los artistas, los dados á la lectura encuentran selectas bibliotecas y periódicos de todo el mundo, y muchas veces, sin pretenderse, se ajustan entre dos copas negocios, y se celebran transacciones que tal vez habrian sido difíciles fuera de aquel lugar.
Yo asistí al “Bohemian Club” (Club de los Bohemios).
Su reglamento particular acoge periodistas, artistas y gente de todas las naciones, con tal de que las aliente el espíritu de confraternidad y el buen humor.
Tiene mil prácticas extravagantes dirigidas á hacer más cordiales que lo comun las relaciones de los socios y quitarle á la reunion la tiesura y las etiquetas, que son á veces incompatibles con la franca alegría.
Cada vez que se renuevan los oficios, el presidente pronuncia un discurso al frente de una enorme tetera que se pasea en procesion, y se rinden honores á un buho que se mantiene vivo y lleno de atenciones en uno de los salones del Club.
Pero en medio de esta gresca se verifican interesantísimas lecturas y conferencias que honrarian á los más encopetados cuerpos científicos y literarios.
Aunque el Club tiene el nombre de aleman, en el vulgo, hay socios de todas las naciones, y cuando la caldera de la cantina eleva el vapor, se produce en miniatura una torre de Babel, que no hay más que pedir.
Mi compañero en esas excursiones era el Lic. Pablo Newman, aleman al decir; pero que pertenece á la alta aristocracia del universo que se llama del talento y la virtud.
M. Newman habla español como Fígaro y conoce los modismos de México como el Pensador, tararea en francés un M. de Framboisy como pudiera hacerlo la Aimé, y se da cierto _chic_ y sazona con su sal y pimienta las canciones de la Estudiantina Alemana.
En los negocios nadie es más grave y sesudo que M. Newman; pero luego que encuentra un resquicio para dar un puntapié á los códigos y á los comentadores taciturnos, desplega un carácter franco, jugueton, y es el bebedor más alegre y divertido, sin dejar nunca la finura de cumplido caballero.
Rubio; con unos desordenados rizos que se columpian sobre su ancha frente, nariz chata, boca grande, con dentadura temeraria de blancura y de fuerza, regordete y de movimientos listos: tal es M. Newman.
Le veia una noche hacer más piruetas que de costumbre.
—Muy alegre está vd., le dije....
—¡Oh amigo, eso no es de mi cuenta! Es esta pierna (mostrándome una de sus piernas) que se acuerda de su orígen campestre....
En efecto, era una pierna de palo la que se regocijaba, con total independencia de su humanidad.
El Bohemian Club hizo al Sr. Iglesias la acogida á que es acreedor por su sabiduría y finura, distinguiéndose entre otras personas el Sr. Lohse, amigo entusiasta de México, que es uno de los ornamentos más preciados del Club de los Bohemios.
Pero lo que ha dejado en mi alma más vivos recuerdos, es nuestra visita al Club Hispano-Americano.
Es una preciosa estancia compuesta de cuatro salones y dos pasadizos, en uno de los cuales está como en modesto retiro una muy bien surtida cantina.
En el centro está el salon de tertulia.
A un lado se extiende la sala de billares, y al opuesto uno en que se suelen ajustar juegos de cartas, y el contiguo que funge de gabinete de lectura.
Españoles, hijos de las Américas hermanas y mexicanos, formaban la animada reunion.
Un jóven español, cuyo nombre, si mal no recuerdo, es Arrillaga, y un aleman, ambos eminentes profesores, hacian cantar divinidades al piano que adornaba la sala.
En la aurora del entusiasmo, llegaron dos caballeros vestidos de negro, que parecian retraidos.
Al rincon en que estaban llegó una arpa, y en pos de ella una guitarra, con cuyos instrumentos hicieron conocimiento los recien llegados.
A poco se oyó el cuchicheo de la arpa y el primer carcajeo de la guitarra: M. Newman estaba en medio de la pieza radiante de alegría.
Aquellos eran eminentes artistas; sus instrumentos expresaron el requiebro y la zandunga, y el clamoreo sentimental, y el suspirar apasionado por la patria ausente.
Apareció el Champaña desbordándose, como tendiéndonos los brazos, escoltado por M. Newman, los Gaxiolas, Pepe Shleidem, Andrade y no sé cuántos más.
Nos rodeamos á una mesilla que estaba en el centro de la sala, donde se colocó el Champaña, y un caballero nombrado por todos los socios del Club, nos dió la bienvenida en los términos más elocuentes y sentidos.
Habló el Sr. Iglesias con la correccion y elegancia con que sabe hacerlo, hablaron Gomez del Palacio y Velasco, y yo dije cuatro atrocidades de piés cortos, que se publicaron en los periódicos.
Estaba en su colmo el contento: Labiaga queria torrentes de Champaña hasta para los que paseaban en la calle.
Nuestros amigos Salvatierra y Ferrer, que eran los artistas de arpa y guitarra, nos convertian en armoniosos y divinos los recuerdos de México; Benitez con sus modales finísimos se aislaba con unos amigos, formaban grupos, enlazados de los brazos, americanos, mexicanos y españoles, y Carrascosa me llamaba aparte para echar un trago entre carcajadas y palabras extra-diccionario, por nuestras memorias juveniles, como Cleto y Venancio en la Gallina Ciega.
—¿Te acuerdas de aquellas costurerillas de que éramos los Tenorios?
—¡Cállate! ¡cállate!
Despertóse á varios la impaciencia de que yo hiciese versos sin cesar: en medio de aquel barullo, yo comencé el que sigue, apuntándolo con un lápiz sobre la rodilla y arrebatándomelo de las manos sin concluir para darle lectura, porque lo que importaba era dar pábulo á la comun alegría, y allá va:
Más vino á mí: que mi razon se finja El ruido atronador de los festines: Que mujeres de faz de querubines Me den sonriendo el tósigo á beber. Que produzcan los ecos del contento, Ráfagas de huracan, notas extrañas: Bebed! bebed, que se arden mis entrañas Y tiene el labio inextinguible sed.
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Bebed! bebed; pero á la vez ansiosos, Vosotros ilusiones, yo el olvido, Bebed, para que apague mi gemido, El ruidoso tumulto del gozar. Y en esas olas en que envuelve el íris Entre el oro del ópalo, la llama, No mireis que furtivo se derrama Con llanto acerbo de mi pena el mar.
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¿Dónde estoy? Esas calles, esos ecos, Esas bellas.... sus gracias y su lloro, No son tuyos ¡oh patria á quien adoro! Nada me dicen, para mi alma á mí. ¿Dó están las hadas que en mis negros sueños Fúlgidas pasan, mis dolores viendo, Y á mí sus brazos, con amor tendiendo, Porque tal vez por siempre las perdí?
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Que alce el Yankee palacios en los mares; Que de férreo tendon doten al viento, Para que tenga cuerpo el pensamiento, Rieles el éter, el espacio voz. Que entre el triunfal hosanna del trabajo Levanten los alcázares su frente; Que pase sobre el cuello del torrente Envuelto en humo rápido el vapor....
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Todo lo pueden ellos; ellos pueden Convertir en espléndidas naciones De mi patria infelice los girones, Botin de engaño, presa de baldon. Todo lo pueden ellos; mas no pueden Arrancar á mi patria su nobleza: Ni robar á su espléndida belleza Su heróico, su divino corazon.
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Más vino á mí, ¡bebamos! á la patria, Que más se adora, cuánto más ausente.... Que disipen las sombras de mi frente Sus recuerdos dulcísimos de amor.... Que se desplegue el lábaro latino Refulgente en los cielos del progreso.... Copa de mis amigos.... en mi beso Recoge con ternura.... mi ovacion......
No estoy cierto si he descifrado con fidelidad los garabatos medio borrados del lápiz, pero ellos alentaron el contento; Carrascosa me los aprobó sorbiendo sin tiquis ni miquis, como él dice, una copa en que se podia bañar un cristiano.
Hemos visto, bajo el aspecto que parece más trascendental y frívolo, la asociacion; pero si la consideramos con sus verdaderos caractéres, veremos que ella realiza esas obras gigantescas, esas empresas titánicas que como que borran en la historia los recuerdos de Egipto y Babilonia.
Surcan los vientos, comunican los mares, taladran las montañas, encadenan el desierto, ahogan la distancia entre los dos brazos de los rieles.
En la ciudad, la asociacion derrama sobre la cabeza del pueblo las aguas puras de la instruccion, recogen al huérfano, alivian los dolores del enfermo, ofrecen apoyo al anciano, desposan en alianza bienhechora al capital con el trabajo, y decoran como morada del placer, el triste asilo de la muerte.
En San Francisco hay más de cien sociedades de beneficencia, excluyendo las sociedades masónicas, que son muchas, y de que no pude tener conocimiento.
Los caballeros de Pitias tienen una firme organizacion, con doce logias que le están subordinadas (1869).
El antiguo órden de los Hibernianos que cuenta nueve (1869).
Asociacion de socorros mútuos de los hombres de color (Reed Men).
Idem de la Grande Armada, organizada en 1867 para socorro de soldados y marineros.
Antigua órden de Druidas, para socorro de forasteros desvalidos.
Casi todas las congregaciones religiosas sostienen instituciones de beneficencia, generosamente dotadas por los creyentes.
La Sociedad de Jóvenes Cristianos es una de las que procuran mayores beneficios á California: cuenta con una magnífica librería.
La asociacion para alivio de muchachos y muchachas desamparados, ha contribuido muy eficazmente á mejorar la condicion de la juventud en San Francisco.
Para no cansar al lector copiando la larga lista de los establecimientos de caridad, de educacion y de mejora, diré que casi no se ha manifestado una necesidad que no haya procurado socorrer la asociacion, desde la casa en que el niño se inicia en la vida, hasta la tumba en que descansan los restos de los mortales.
IX
El Parque.—Cliff House.—El Woodward’s Garden.
APROVECHANDO los accidentes del terreno, las hondas cuencas, las empinadas lomas que corren desde el centro de la ciudad, como los pliegues caprichosos de una lona mal desdoblada, hasta la orilla del mar, se ha formado el Parque, sembrando de árboles las sinuosidades y laderas, convirtiendo las hondonadas en jardines y cruzando con amplias calzadas de menuda arena el recinto bastante espacioso, que remeda un laberinto de árboles y flores limitado por el mar, que se rompe en la orilla á veces, y á veces como que se retira para que transiten en la playa carruajes y caballos. El conjunto de la perspectiva es de una belleza superior á todo encarecimiento.
Al caminar por las cañadas que forma el terreno, flotan sobre nuestras cabezas las copas de los árboles, y vamos admirando su relieve en el cielo azul. Al ascender, como que avasallamos á nuestros piés aquella naturaleza fecunda, y al recorrer los tendidos horizontes que nos cercan, vemos en las lomas distantes casas como rostros alegres que nos espían, apoyándose unos edificios como en los hombros de los otros, y es un tumulto de árboles, estatuas, flores, balcones, ventanas y azoteas que siempre nos sorprenden, y percibimos en las llanuras casas que como que van corriendo entre los árboles, ya aisladas, ya en grupos, á unirse al conjunto que primero deslumbró nuestros sentidos.
Ya hemos hablado de la importancia del carruaje en su más humilde acepcion. Digamos algo del carruaje aristocrático.
La calesa abierta, el landó, el _troiquart_, el faeton, son comunes y abundan; pero el _vogue_ es lo característico.
El _vogue_ es un quitrin de dos ruedas, ligero como pluma y más barato que un saludo; el _vogue_ es como complemento del _pollo_ que algo se respeta y del hombre de negocios. Es una adicion á la personalidad del yankee, que lo convierte en más movible y ligero. De ahí la predileccion extraordinaria.
Por otra parte, un _vogue_ decente con su caballo bien guarnecido, podrá tener de costo doscientos ó doscientos cincuenta pesos, nuevo, y de segunda mano mucho ménos. El _vogue_ tiene dos asientos, y como el propietario arrienda, el asiento sobrante es del amigo íntimo ó la querida.
Para el aislamiento con esta última es admirable, por la estrechez de la distancia, por la independencia que se disfruta y porque en las cuestiones de seguridad, un brazo amigo es siempre un delicioso respaldo.
Es de advertir que en casas de recreo y particulares, así como en fondas y _restaurants_, hay columnillas con sus argollas para asegurar los caballos, y escalones para que las señoras desciendan, sin distraer al encargado de las riendas.
Pero el _vogue_, en su acepcion más poética, es cuando funge como relicario, como nido, como la concha en que brillan dos deidades como dos perlas.
Sea _vogue_, ó sea calesa, la señorita es quien maneja las riendas casi siempre, con rara destreza, y parece que el frison galante se somete humilde á la mano encantadora que le guía.
Nada más bello que ver dos gentiles damas envueltas en sus capotas de pieles, con sus gorrillos, dejando flotar al viento las blancas gasas del tocado, festivas, alegres, atravesar hasta perderse en la playa, en la bruma del mar.
Allí, con temerario arrojo, azotan al corcel, compiten con otras amigas, entretanto que enfurecido el mar, se rompe en tumbos estrepitosos contra las ruedas del carruaje, pareciendo que éste levanta las olas en su vertiginosa carrera.
Nada más bello que el correr de los ginetes, entre cientos de veloces carruajes, como en vuelo fantástico, y verse esa hilera ó cordon de paseantes al través, de la bruma, tomando algo de aéreo, de sobrenatural, ese capricho en que el amor y el placer cierran con besos los ojos de la temeridad.
El gentío se agolpa, y carruajes y ginetes, ya aparecen en las alturas, ya se precipitan en los bajíos, ya tascando los frenos los caballos en competencia, los aurigas se persiguen en las alturas, compiten en las curvas, y buscando la arena endurecida por las aguas, hacen gala de despreciar el peligro, como las deidades fabulosas que pasaban sobre las olas sin hundirse.
En las quiebras del Parque hay casas de recreo y _restaurants_ en que está previsto el aislamiento, porque nada más típico en la naturaleza de un _yankee_ que asumir su soberanía y emanciparse.... Ya me dirán los lectores que tengan pizca de vergüenza, si en esto tienen razon....
El término del Paseo del Parque es _Cliff House_, que con ayuda de Dios voy á describir.
Desde lo alto de una elevada montaña cuya base bañan las olas del mar, se ha precipitado una vereda tan pendiente, que parece, culebreando, que es el surco que abrió un rayo: despues de descender la vereda se pierde en una ciudadela natural, saliente sobre el mar, y se abren al abandonarla dos caminos: uno que sube en cómodo terraplen al Parque, que está á un costado de la montaña; el otro que, separando las peñas y apoyado en un borde salvaje, parece caer en el mar.
En la plataforma ó ciudadela saliente, está construido lo que se llama _Cliff House_.
Es un vasto edificio de fierro y madera apoyado en piés derechos que entran en las aguas.
El edificio, que es un cuadrilongo imperfecto, consta de tres secciones.
La primera es un amplísimo corredor techado, del ancho de diez varas, y su airoso balaustrado guarnecido con lujosa sillería, que da sobre las aguas del mar.
La seccion intermedia se compone de lujosísimos gabinetes privados, con sus persianas, en que se aislan parejas y familias.
La tercera seccion es el paradero de carruajes y caballos, en donde hay abundantes criados para recibir y despedir á los viajeros.
A los lados del edificio hay dos extensos salones. Uno con grandes espejos, pianos, candelabros, estatuas, sofaes y sillones, para tertulias, conciertos y bailes, y en el opuesto extremo, están la cantina que por sí constituye una negociacion cuantiosa, la opulentísima fonda y mesillas para refrescos y licores.
En este departamento existe un órgano valioso en veinte ó treinta mil pesos, movido por una cigüeña que comunica accion á un cilindro, y cuyo órgano hace los oficios y remeda los instrumentos de una orquesta completa.