Viaje a los Estados Unidos, Tomo I

Part 5

Chapter 53,835 wordsPublic domain

Esos accidentes del terreno se prestan á mil inesperadas bellezas: la quinta opulenta, la humilde cabaña, el paseo espléndido, el cementerio melancólico, todo se realza y arrebata al alma á los espacios del ideal y del ensueño. Yo querria escribir como mi querido M. Hittel, que con la pluma de Hugo Foscolo, pinta estos cuadros; pero cabalgando en mi humilde prosa, diré que en la época del sistema colonial, casi á la orilla del mar, se encontraba el Presidio ó puerto militar, instituido para la defensa contra los gentiles ó indios bárbaros, conforme á los sabios reglamentos de D. José de Galvez. A corta distancia del Presidio, y á la orilla de la playa desierta, se hallaba la mision de Dolores, servida por frailes franciscanos, y á su lado, en una corta extension, la ranchería.

El presidio no pudo establecerse sino hasta 1822.

Verificada la independencia de México, y en las épocas en que rigió la federacion, figuró la Alta California como territorio.

Los lotes que se enajenaban ántes del descubrimiento del oro en los arenales en que hoy está construida la ciudad, valian _nueve pesos cinco reales_, inclusives los costos del documento de venta. Ahora esos mismos lotes se han dado por _setenta y ochenta mil pesos_.

Los mexicanos poseedores de esos lotes se encontraron fácil y legítimamente dueños de opulentas fortunas y en elevada posicion social, atrayendo así otros paisanos y formando la unidad de la raza más poderosa que cualquiera otra nacionalidad.

El idioma, la religion, las costumbres, el recuerdo de la patria perdida, creó un ideal que embellecia México, fanatizando á sus hijos por él, creando patria en aquella trasformacion del suelo.

Las familias mexicanas, sin perder su fisonomía, se enlazaban con americanos, franceses, rusos y alemanes, y los hijos que nacian y nacen de esos enlaces, cobran un tipo especial; tienen culto por México, sus héroes, su idioma y costumbres, y visten como americanos, y comen como alemanes ó franceses, y se expancen y florecen al soplo vivificante de la libertad.

Este espectáculo ha formado contraste con las mezquindades económicas de nuestra patria, sus aduanas interiores, sus levas, su persecucion al capital, los odios de algunos militares contra todo lo que es razon y derecho, sus contribuciones excesivas, su desierto, sus malos caminos y sus ladrones.

Multitud de sinaloenses, sonorenses é individuos de la Baja California emigran dia á dia á California, donde el lujo, la seguridad y todos los goces, los esperan; y lo sorprendente es que esos hombres ansíen por volver á nuestra patria y se consideren como desterrados en aquel país que realmente suele servir á muchos de refugio.

Los hijos de estos mexicanos adoptan la leyenda de los poéticos sentimientos de sus padres; pero su idioma, su creencia, su trage y su espíritu son de California, haciéndose esfuerzo por tener afinidades con sus paisanos, que verdaderamente no admitirian como sus padres ni en su servidumbre.

De aquellos mexicanos distinguidísimos por su patriotismo, por sus talentos y por su caballerosidad, son los Sres. Gaxiolas, D. Guillermo Andrade, Shleidem, Loaiza, y otras familias como la de Cima y Concepcion Ramirez, Godoy, Gutte Lhose, Labiaga, José Carrascosa y otras muchas que nos colmaron de atenciones y empeñaron viva y profundamente mi gratitud.

De José Carrascosa quiero hacer mencion particular.

Hallábame mústio y cabizbajo en una casa, en espera de Gomez del Palacio que iba á un negocio particular.

Desconocido, en espantosa inopia, cuellicaido y mal pergeñado de vestido, esperaba en una pieza solitaria cercana al lugar en que hablaba mi amigo.

De repente paróse frente á mí un chico con una fisonomía rubicunda como un sol y alegre como un fandango.

Ancho de carrillos, blanca dentadura, ojos pequeños y retozones.... Robusto pecho, pronunciado abdómen.

—Hombre, con un diantre, me dijo, toma ese trago de coñac.

—Para servir á vd....

—Qué tiquis, ni qué miquis; tú estás cabizbajo, hombre; tú no tienes un cuarto, Fidel mio, dame como cinco ó diez abrazos; pero menudealos, pedazo de tarugo.

—Pero ¿quién es vd.? á quién tengo el honor....

—¡Cáspita! siempre el mismo: ¿no te acuerdas de cuando eras escribiente en la aduana, de aquel gachupincillo de abarrotes que partia contigo sus almuerzos....

—¡Pepe de mi corazon! vengan cien abrazos. Echaremos el primer trago.

—Pues así como así, prosiguió Pepe radiante de bondad y satisfaccion: dicen que yo tengo mis cuartos: se acabaron tus penas; mis criados, mi casa, lo poco que valgo, todo es para tí, hombre.... pero echa otro trago.

Ese hombre y esa familia fueron mi familia y el consuelo de mis penas; al rendirles, así como á Concha Ramirez, Shleidem y Cima, mi gratitud, pago un tributo lleno de espontaneidad y de ternura.

Las familias que he mencionado llenaron á los mexicanos de obsequios y atenciones; nos crearon una atmósfera de patria y familia y nos hicieron olvidar las penas consiguientes á nuestra situacion.

IV

Hoteles.—Casas de huéspedes.—Comidas.

CON motivo de nuestra invitacion, tuvimos empeñadas discusiones sobre los alojamientos, en que hay lujo espléndido.

En esas ciudades americanas, el hotel es el emporio del lujo, el palacio de la vida, el camarin en que se hace el hogar al viajero y se le mima, porque saben que el hombre es la primera de las riquezas de un pueblo.

El hotel es la aspiracion á la confraternidad, la asimilacion del extraño, la tendencia humanitaria á la formacion de la gran familia humana, la expresion más alta de la civilizacion, entronizando la igualdad aunque sea en la vida íntima de un dia. Dios nos libre de esa hospitalidad en que conoce uno que molesta, y en que le dicen cuando quiere pagar.... _lo que vd. guste_, para concluir por dar lo peor y más caro, tratando al extraño como á enemigo.

Segun las relaciones, pude dividir los hoteles en tres clases.

1ª CLASE. 2ª CLASE. 3ª CLASE.

Palace-hotel. Comercial-hotel. Gaillard. Lick-House. Cosmopolitan-hotel. California. Great-hotel. Nevada. Occidental-hotel. Arizona. Pacif.

En los hoteles de primera clase se pagan desde tres á quince pesos diarios.

En los de segunda, de tres á seis pesos, y en los de tercera, de dos á tres pesos.

Hay casas de huéspedes en que se alquilan cuartos y se come por ocho pesos semanarios.

Un _lunch_ ó almuerzo económico puede conseguirse por diez centavos: esas son las casas en que se dice que se paga lo que se bebe; pudiéndose comer un trozo de _beesfteak_, carnes frias, pan y queso.

En la calle de Montgomery hay una fonda en que por 25 centavos se sirve:

Sopa. Beefsteak. Roast-beef y frijoles.

Hay una casa en el barrio de Green, en que se da alojamiento y comida regular por cuarenta y cinco centavos diarios.

Yo tuve ocasion de visitar el Palace Hotel y no habia visto en mi vida grandeza semejante. La área que ocupa es de 96,250 piés cuadrados.

El edificio ocupa un paralelógramo de 275 piés en un frente, y en el otro 350: tiene siete pisos, en que hay 755 cuartos lujosos para huéspedes: el terreno y edificio, con los principales muebles, tuvo de costo 3.250,000 pesos.

El patio, singularidad que distingue al hotel, puede contener diez ó doce coches que se muevan con holgura, bajo una techumbre deslumbradora de cristales.

Por el interior se ven siete filas de corredores sostenidos por gruesas columnas, alfombrados todos, llenos de espejos y consolas, jarrones y estatuas, y reproduciendo incontables lámparas de gas que despiden vivísima luz que hiere la vista como una basílica, como si estuviera hundida la mole inmensa en un abismo de llamas.

La parte inferior del edificio la componen salones, oficinas de ferrocarriles, despacho del hotel, telégrafos, escritorios para los huéspedes, etc., etc. El depósito de agua contiene 630,000 galones, hay dentro el edificio cuatro pozos artesianos. El edificio se construyó en 1875 y fué el arquitecto J. B. Gaynor.

Por divertirse con mis impresiones, Iglesias y Gomez del Palacio me introdujeron en una piececita perfectamente alfombrada y tapizada, con sus lámparas y sus cómodos asientos: yo creia que era alguna antesala y seguí hablando; de repente, poniéndome á la puerta de la piececita me dijeron, dando unos pasos fuera: asómate.... estuve al dar un grito de espanto: habiamos subido sin sospecharlo yo siquiera al último piso, más alto que el primer cuerpo de las torres de Catedral y me producia vértigo aquella altura. Aquel cuartito es un _elevador_.

Lo sorprendente para mí fué hallarme en aquella elevada region con un jardin espléndido, con profusion de deliciosas flores, fuentes, estatuas, asientos, kioskos y cuanto habria podido inventar la poderosa imaginacion del autor de las Mil y una Noches.

En cada uno de los pisos hay sus _Parlors_ ó salones, para la recepcion de visitas, y en esos salones se ven los tapices de blanco y oro, con fuentes, aves del paraíso, palmas y cascadas realzadas; se admiran los bronces airosos, figurando guerreros, trovadores y reinas; nos encantan las lámparas como un manojo de soles suspendidos de la techumbre de filigrana; nos convidan sofaes y sillones; nos arroban los magníficos pianos; nos seducen mujeres como deidades que sonríen y como que derraman sus encantos sobre cútis de alabastro y rosas; nos alegran niños juguetones vestidos con elegancia y haciendo flotar en sus carreras sus cabellos de oro, y nos hechiza la reproduccion de tanta belleza en los espejos colosales, en que parece que dejó á guardar el dia sus fulgores.

Las galerías interiores ó claustros que conducen á las habitaciones de los huéspedes, tienen tambien rara elegancia. Se ven tapizados y alumbrados perfectamente.

Los departamentos de los huéspedes más pudientes constan de salon, una ó dos alcobas, escritorio, gabinete de aseo y baño, con agua fria y caliente.

Embutidos en los marcos de las puertas están los botones para llamar á los criados, y los tubos de guta percha para comunicar órdenes al despacho, sin moverse de su asiento ó su cama el huésped.

El comedor corresponde á tanta opulencia: es un salon de cien varas cuadradas, cubierto de mesas de todos tamaños, con lo necesario para el servicio.

De trecho en trecho hay grandes aparadores con porcelana y cristal, espejos por todas partes, consolas y una servidumbre que es un ejército sobrevigilado por caballeros ceremoniosos, que designan los asientos, cuidan de la exactitud en todos los criados y llenan de atenciones á los concurrentes.

Ya se deja suponer lo que serán las cocinas y las dependencias todas del hotel.

Por la negociacion, tal como yo la ví, me aseguran que ofrecian en aquellos dias los chinos siete millones de pesos.

Cuando yo creia que se habia dicho la última palabra en materia de opulencia, me nombraron _El Baldwin House_, que estaba al estrenarse cuando yo salí de California, y es mucho más extenso y rico que el Hotel Palace.

El comedor del Lick House está considerado como el más elegante de los Estados-Unidos. Se halla bajo una inmensa cúpula formando elipse, con columnas, pórticos y bellezas arquitectónicas de primer órden. El salon, calculado para contener quinientas personas, está alumbrado por colosales ventanas que forman en su conjunto como un gigantesco capelo de cristal.

Cubren el suelo grandes mesas, en las paredes hay gigantescos espejos, y corona la pieza en su altura una amplia galería en que se coloca la música en los dias de festin, y asiste numerosísima concurrencia á disfrutar del espectáculo de los banquetes y escuchar los bríndis, á que son muy afectos los americanos.

“Hay muchas posadas, donde pueden conseguirse, dice una guía, alojamientos cómodos, por veinticinco y cincuenta centavos cada noche, siendo de esta clase el más frecuentado el What Cheer, en la calle de Sacramento, que fué primitivamente el mejor hotel de la ciudad.

“Los _restaurants_ son una peculiaridad notable y característica de San Francisco: ninguna otra ciudad de los Estados-Unidos puede comparársele en esa línea.

Restaurants _Chop-houses_, literalmente casas de chuletas y _rotisseries_, abundan en cada manzana. Muchos de ellos son de primera clase, y todos á tan igual altura, que es difícil hacer una eleccion. Las _Chop-houses_ y _rotisseries_ difieren de los restaurants en que sus cocinas están dispuestas á un lado del salon, y cada uno puede escoger su racion de carne, y hacérsela preparar á su vista. Hay numerosas mesas redondas, en las que pagando cincuenta centavos puede uno comer y pedir todos los manjares puestos en lista, incluyendo el vino. “Martins,” en la calle del Comercio, cerca de Mongomery, es notable por sus excelentes cenas.”

V

Bar-rooms.—Salones en que se venden ostiones.—Salones de baile.—Aguas minerales.—Dulcerías.

EN San Francisco no hay cafés á nuestra usanza, es decir, salones en que se sirve café, chocolate, helados, refrescos y comidas, cuando están en punible ayuntamiento el café y la fonda.

Estancias de vagamundos, residencia de politicastros, alfolies de chismes, fábricas de crónica escandalosa, centro de novelerías, desahogo de vejetes verdes y de beodos de levita, reinado del periódico y teatro de las primeras hazañas del calavera temeron y del pollo capense ó subteniente. Eso no lo hay. Tampoco hay expendios exclusivos de licores, á la manera de nuestras vinaterías.

El _bar-room pur sang_ es una pieza con su celosía ó alambrado á la calle, su mostrador con su indispensable pico de gas para que enciendan dia y noche sus tabacos los bebedores, ó su fosforero, y su botecito con limpiadientes de palo.

Contra la pared, y á espalda del mostrador, corre una repisa con vasos y botellas, y sobre ella su espejo y su reloj de madera, teniendo á los lados un cuadrito que señala la fecha y un calendario ó directorio de viajeros.

Debajo del mostrador se encuentra listo un enorme barril de cerveza.

Entra el marchante, suelta sus cinco centavos y se marcha en un abrir y cerrar de ojos, no sin visitar la oficina tributaria de que está provisto indispensablemente todo _bar-room_.

En estos establecimientos hay, sin embargo, su variedad; ya estimulan á la detencion órganos, valiosos algunos de ellos en veinticinco ó treinta mil pesos, á los cuales se les da cuerda y tocan oberturas, marchas y variaciones preciosas; ya una música de la murga ó un piano, halagan á los devotos de Baco, y ya unido á la murga se tiene una servidumbre femenina capaz de despertar la sed en una piedra.

En las casas citadas, hay sus mesas, se destapan botellas á montones y se estacionan los borrachines armando gresca y fumando sus pipas, que nublan la atmósfera de humo pestilente.

Cuando las damas intervienen, es otra cosa; la servidora se sienta bonitamente junto al forastero ó forasteros, llama á sus amigas para que no haya nones y se aumentan prodigiosamente los consumos.

Cuando los marchantes son caprichosos y quieren aislarse, no faltan sus piececitas en alto, _up-stair_, en que se bebe y se conversa con mayor holgura.

Hay sitios, sin embargo, como el de _La Fuente_, que es subterráneo y elegantísimo, que tienen bastante semejanza con nuestros cafés; se toman ostiones, licores ó helados y se goza de la compañía de personas distinguidas.

El _restaurant mencionado_, que toma su nombre de una lindísima fuente con peces de colores que tiene en su centro, es el punto de cita de los banqueros.

En una de las paredes del edificio, como si un delgado chorro de agua cayese, se desprende una tira de papel que culebrea y se asienta en un canasto que está en el suelo: mucho llamó mi atencion que multitud de personas llegasen á consultar la tirita de papel. Esa tirita para mí fué un prodigio: contiene noticias de todo el mundo, llegadas momento á momento y sirviendo como de resorte para todas las grandes transacciones mercantiles: es el cable submarino. No sé por qué aquella servidumbre del rayo, su objeto, sus consecuencias, el modo sencillo con que sin aparato se verificaban confidencias hasta el otro lado del mar, me produjeron tanta impresion. La unificacion de todos los intereses del globo, fiados con seguridad á una tira un poco más ancha que una canal de cigarro.

Abundan los _bar-rooms_ cantantes y los salones de danza; pero esos generalmente se instalan en calles poco frecuentadas y en subterráneos.

Para comprender el subterráneo es forzoso tener presente que lo primero que se hace en una fábrica es un salon subterráneo, al que se comunica con la calle por una escalera cuyo último escalon es la banqueta.

Así es que el primer piso ó _bassement_ figura en la calle asomándose á la banqueta; esos subterráneos tienen sus tragaluces incrustados y cubiertos como de celosías de fierro y rueditas gruesas de cristal; tendidos en las banquetas con la luz artificial, se ven como pozos de llama por esas celosías; se pasa sobre ellos y dan á las banquetas cierta originalidad.

En cuanto á los salones de danza, el pretexto son las damas para encarecer los licores; por lo demás, los cantos son desaforados, los bailes tienen mucho del tropel y el tumulto, y á veces la policía desciende á poner en paz esos con tan justa razon llamados los _infiernos_. El café ó salon danzante es el _trait d’union_ del _restaurants_ de baja clase y el teatro de _Ministrils_ ó negros falsificados.

Hacen contraste con estos pecaminosos comercios, las dulcerías, pastelerías, á la vez expendios de aguas, de _Vichy_ y de _Soda_, y las casas en que se venden ostiones que constituyen una especialidad de San Francisco.

El amor y la gula están siempre de gorja en la capital del Pacífico.

VI

Visita á la Sra. Godoy.—Sus hijos.—Casa de Moneda.—Album.

ENTRE las personas que nos favorecieron con sus atenciones, debo mencionar al jóven abogado Godoy, hijo del Sr. D. José Antonio Godoy, periodista notable en México, con cuya suerte se identificó cuando la invasion francesa, siguiendo al Gobierno de la nacion, y despues nombrado cónsul mexicano en California.

El jóven á quien me refiero es de selecta instruccion y su primer deseo fué presentarnos á su familia.

Habita la distinguida familia Godoy una modesta casita en la calle de Sutter, con su escalerilla al frente, sus enredaderas colgando del airoso pórtico y las conveniencias de una decente medianía.

Tocamos la puerta, depositamos en la antesala en un mueble _ad hoc_ que existe en todas las casas de los Estados-Unidos, sombrero y paraguas, y penetramos al salon, casi á oscuras, porque eran más de las seis de la tarde.

La Sra. Godoy, que aunque no es como sus hijos nativa de México tiene verdadera pasion por nuestro país, nos recibió al Sr. Gomez del Palacio y á mí con finas atenciones y con la dulzura seductora de las señoras de nuestro país. La Sra. Godoy trabaja á la par de su hijo, dando lecciones de música é idiomas.

Como he dicho, al entrar estaba el salon casi á oscuras: á poco de estar en él se encendió el gas y vimos una reducida estancia adornada con exquisito gusto; alfombras, espejos y cuadros, un buen piano en el fondo de la pieza; pero yo apénas me fijé en esos accesorios, porque la luz bañó la cabecera de la sala y me conmovió lo que ví.

Cruzadas dos banderas mexicanas formaban pabellon á tres hermosos cuadros con los retratos de Juarez, Zaragoza y Ocampo: al pié de Juarez está otro cuadrito con Degollado y fotografías de mexicanos ilustres.

El conjunto forma una especie de altar en que hay acomodadas chucherías de México, muñequitos de barro de Guadalajara, figuritas de alabastro de Celaya, con tal amor, con tan voluptuoso esmero, como puede arreglar una madre el tocador de una hija adorada.

Respirábamos mexicano, teniamos inesperadamente una entrevista con la patria: la señora recordaba todas las calles, todos los paseos y á todas las personas notables. Atropellábanse preguntas y respuestas, se encendían los ánimos: nos entregamos al culto de la patria.

La señora se colocó frente al piano: el saludo era de rigor, el Himno nacional, que escuchamos con íntima emocion y recogimiento; despues.... ya conocen mis lectores mis flaquezas, me atreví á solicitar un recuerdo para los sonecitos del país, que como es de suponerse, pusieron como almíbar mis labios y armaron fandango dentro de mi corazon.

La conversacion se animó extraordinariamente.

—No vaya vd. á pensar, me decia la Sra. Godoy, aquí en muchas casas se tiene este fanatismo por nuestra patria. Hay un barrio mexicano, en que las tiendas, las fondas, los guisos, son al estilo de México.... Vd. verá: nuestro templo mexicano es provisional, porque la iglesia grande está en obra. El templo está dedicado á la Vírgen de Guadalupe, se predica en castellano y hace los oficios el señor obispo, que ahora se encuentra aquí.

En los dias de gloriosos recuerdos para nuestros hijos, reunidos ó aislados, pero todos tributamos á México nuestros homenajes. El 16 de Setiembre, el 5 de Mayo, el 2 de Abril, no faltan sus diversiones, porque al fin la sangre habla, y habla muy alto, en aquella patria de mis hijos.

Yo me contenia; estaba al cometer una barbaridad, mandando traer Champaña ó pidiéndolo; pero me volvia serio este Pancho Gomez, que no olvida jamás los reglamentos de la circunspeccion.

El jóven abogado se ofreció á ser mi _cicerone_ en las excursiones que le anuncié para conocer algo de California.

La visita de la familia Godoy ha sido de las impresiones más agradables que yo tuve en California: es una familia modelo de finura y honra de México.

Al despedirnos me anunció la Srita. Godoy que me remitiria su Album para que escribiera yo cuatro palabras; y aunque me vinieron ímpetus de ponerme de rodillas para que olvidase mi manía aquella que en el buque me dió tanto en qué pensar, no hubo remedio.... el álbum aquel fué motivo para que me llovieran _Albums_ por todas partes y yo soltara granizadas de versos á troche moche, como un espirituado.

A los dos dias de esta visita, el jóven Godoy, con exquisita cortesía y despues de invitar al Sr. Iglesias, pasó á mi cuarto para que fuésemos á la _Casa de Moneda_.

Copiaré mis apuntaciones hechas al paso y á pulso en aquella excursion.

“Estamos al frente del edificio de la Casa de Moneda, y no le doy epíteto alguno, porque lo colosal y lo gigantesco son términos vulgares, aquí donde lo titánico y estupendo sustituye muchas veces á lo grande y á lo bello.

Amplio y tendido pórtico de correcto estilo griego y robustas columnas de cantería, reciben que no sorprenden al viajero.

Está el edificio situado en la 5.ª calle y Mission, y se penetra por una corrida escalera de granito.

A un empleado que parece tener el exclusivo objeto de recibir á los viajeros, hicimos los saludos oficiales.

Miéntras se daba parte al superintendente de nuestra llegada, descansamos en un salon calentado por una gran chimenea, al frente de la cual un _gentleman_ en cuclillas y poniendo el reverso al fuego, apénas se apercibió de nuestra llegada.

Al entrar al salon nos presentaron un gran libro para que escribiésemos en él nuestros nombres, como es la costumbre.

El superintendente ó director del establecimiento es el capitan Lagrange, jóven robusto, desembarazado, rubio, de nariz roma y de amabilidad extrema.

Materialmente nos colocó el director nuestro guía en la locomotora de su voluntad, y comenzamos un viaje de huracan recorriendo la Casa de Moneda.

Imposible me será dejar aquí en claro mis impresiones recogidas al vuelo. Es un laberinto de salones inmensos, en los que el ruido ejercita todos los tonos, la máquina todas las actitudes, la ciencia todo su poder y el oro y la plata toda su fascinacion deslumbradora.

Volaba que no corria el inteligente conductor; seguíale el Sr. Iglesias, imponiéndose sesudo de sus explicaciones y yo las asgaba jadeando y á pedazos, entendiendo algo que me trasmitia el Sr. Godoy, lleno de deferencia y bondad para conmigo.

Va diciendo me hacia notar mi guía que siempre hay aquí gran depósito de plata y oro procedente del Oregon.