Viaje a los Estados Unidos, Tomo I

Part 36

Chapter 363,814 wordsPublic domain

Está comprobado que los _pieles rojas_ no hostilizaron á los extranjeros y que los dejaron internarse rio abajo hasta la reunion con el Arkansas, y volver de allí á remontar el rio para ocupar su punto de partida á publicar ante el mundo la admirable descripcion del rio más grande é imponente conocido hasta entónces, ya por el caudal de sus aguas, la extension de su curso, su magnificencia, la majestad de sus tributarios y la riqueza de sus márgenes.

En 1688, Lasalle navegó por el Mississippí hasta la desembocadura, sin hallar obstáculo alguno ni resistencia de parte de los indios, y desde entónces hasta hoy, los aborígenas del Missouri han mostrado gran confianza en toda clase de extranjeros.

Por la causa enunciada, esta region ha sido siempre de paz, donde no se han sentado jamás las discordias y las guerras, que en otras comarcas de los Estados-Unidos han sembrado por todas partes la ruina y la desolacion.

El Missouri ha sido siempre una tierra de asilo. En 1755 fundaron á Santa Genoveva los franceses, atraidos allí por las minas de plomo encontradas en sus inmediaciones. Este fué el primer establecimiento fundado por europeos en el Estado. No hay memoria de que los fundadores compraran tierra alguna á los habitantes primitivos, ni que éstos los viesen como enemigos; aunque es cosa sabida que los indios del Illinois eran reconocidos como los dueños de aquellas tierras por los _pieles rojas_. Pero en aquellos dias, ni se conocia el nombre de indios, ni se les habian dado leyes algunas para protegerlos, de manera que se les invadian sus tierras impunemente y se les despojaba de ellas para todos los que las codiciaban.

La paz de Paris fijó, en 1763, el Mississippí como límite de las posesiones de Francia é Inglaterra. Esto cambió el tráfico y relaciones de los indios con los franceses, continuando aquellos su comercio en las poblaciones de Cahokia y Kaskaskia, hasta que Pedro Laclede trasladó sus almacenes del fuerte Chartres hasta el sitio donde hoy está la ciudad de San Luis.

El 15 de Febrero de 1764, un lugar-teniente, el coronel Chouteau, comenzó á trabajar en el lago, cerca del rio, al Sur de donde hoy está la casa del cambio, y ha sido el único mercado en forma que tuvo la ciudad durante sesenta años.

Laclede construyó edificios pasajeros para abrigar á sus trabajadores y herramientas, con las abundantes maderas que habia en las márgenes del rio y de que estaba cubierta aquella orilla, bastando para esas construcciones y para el fuego de los vivaques de los nuevos pobladores, durante la rigurosa estacion del invierno. En Marzo volvió allí Pedro Laclede, llevando consigo el plan del nuevo pueblo, que debió llamarse San Luis, en honor de Luis XV, rey de Francia.

Lisquet manifestó en la fundacion de la ciudad un gran respeto por la religion y las cosas sagradas. Al lado de la calle del Mercado destinó un lote de más de cien yardas por lado cuadrado, para una iglesia católica y un cementerio que sirviera para su objeto, durante el cual fueron sepultados allí cuantos acompañaron á Pedro Laclede Lisquet.

Todos estos restos se conservan en la Catedral y en la Casa del Obispo, que ocupa la mayor parte de la calle del Nogal.

Lisquet era un hombre activo y perspicaz; se dedicó á varias empresas, instalado en la que hoy es calle de Main, frente al mercado. Donde hoy se encuentra el Hotel Barnim y otros magníficos, estaba la casa habitacion de Lisquet y sus almacenes.”

Miéntras el jóven estudiante nos leia entusiasmado su traduccion, las chicas, primero tímidas, despues ménos consideradas, cuchicheaban y me llamaban la atencion, haciéndome la jóven llorosa, confidente de las penas por la ausencia de mi parecido, á quien en otra edad hubiera querido semejarme en todo y por todo.

La bulla era tal, que al lector apénas se escuchaba, quedándole por todo auditorio su amante padre.

Mis amigos fueron á buscarme: unos estaban citados para ver fungir las bombas en el simulacro de un incendio figurado en el hotel Southern, y otros debiamos ir al concierto musical cuyos productos deberian ser para una biblioteca particular.

Despedíme de la tabaquería, no sin dar las gracias por la generosa acogida á que habia dado lugar mi semejanza con D. Felipe de la Cueva.

Mis compañeros se dispusieron á ver el gran simulacro del incendio, yo me dirigí al concierto.

Allí ví, como entre nosotros, y no sé con cuántas exageraciones más, aquellos socios ceremoniosos y encendidos por el afan de figurar, que apartan curiosos, conceden gracias, suben de brinquito las escaleras y llevan triunfales de su brazo á las notabilidades artísticas.

No faltaban sus _donas_ acatarradas, siempre envidiosas y poniendo peros á sus compañeras, que lo hacen divinamente; no escaseaban esos figurines que ven con el lente, tararean distraidos, y desde la altura de una _cromática_, apénas nos distinguen á los míseros mortales.

Como tengo indicado, á mí me llevó al concierto una persona amabilísima que tenia un amigo, mi acompañante, conocedor de todos los artistas, confidente de todas las poridades de los teatros, _dilletanti_ encarnizado, que sabe todos los motivos, impone silencio en las reuniones, lleva pastillas de pino marítimo para obsequiar á los _virtuosi_, y para quien los asuntos de bastidores son como el primero de todos los deberes y la más séria de todas las ocupaciones.

Algunas frases de buena educacion le hicieron creer, yo no sé con qué motivo, que yo era (¡bárbaro!) un _amateur_ de primera fuerza.

Aquel era un concierto de mucha importancia.

El elegante teatrito, los pianos, todo me trasportó al Conservatorio Mexicano.

La tarde era lluviosa: el salon estaba amorosamente calentado por bien repartidos tubos.... la música era clásica hasta en sus últimas notas; imperaban Mozart, Hayden, Bethoven; todo era recogimiento y atencion.

Yo comencé á sentir pesada la cabeza, tiesos los párpados, á sufrir un muelleo desconocido en mis quijadas; cuando quise evitarlo, habia topado con mi frente á una respetable señora que estaba delante de mí; quise reponerme, con esa afectada gravedad de los dormilones, pero á poco me sentí sacudido con cierta brusquedad por un caballero de cuyo hombro habia hecho mi reclinatorio.

Entre tanto, los sacerdotes de la armonía estaban en el éxtasis.... mi compañero vino á decirme al oido que roncaba yo de un modo estúpido, de llamar la atencion, de hacer el descrédito de México.... mi amigo queria devorarme, y me sacó de aquel lugar, sonrojado y queriéndome pedir una satisfaccion.

Cuando volvimos al hotel, nuestros compañeros nos describieron el simulacro del incendio, altamente complacidos de la precision y celeridad de las maniobras, de la inteligencia de los caballos y de la bondad y riqueza de máquinas, escalas y útiles de todas clases para la extincion de los incendios.

Gomez del Palacio, á quien muchas bondades merecí, siempre habia recogido para mí algunos datos sobre el comercio de Missouri, que yo me entretuve en ordenar, miéntras llegaba la hora de la marcha, no obstante el tragin y el aire de fiesta que reinaba en el hotel.

¿Quién me habia de decir que á los diez dias habia de quedar convertido aquel alcázar del descanso y del lujo, en un monton de cenizas, despues de los horrores del incendio?...................

Pero no anticipemos los sucesos........

Las apuntaciones anteriores las hice en verdadera tortura, porque han de estar vdes. que un amigo de San Luis me proporcionó un chiquitin, como un monito, para que me acompañase. Este diminuto _cicerone_ á quien llamaban _Petit-Courrier_ era un rehilete, y para mí, un verdadero tabardillo: no me dejaba quieto un instante, á cada movimiento me decia: “¿se ofrece algo?” Veia yo para una tabaquería, él me decia al momento: “¿qué usa vd.? ¿trabucos?”—Hombre, si soy un pollo.—¿Damas?—No me ve vd. viejo?—¿Coraceros?—Esos los usan conmigo cuando me ponen preso. Volteaba como examinando una cantina:—Tomamos _lague_? ¿coptail? ¿unos amargos? ¿menta? Y aquel demonio no me dejaba un instante, haciendo diez mil caravanas en un ladrillo.

—Hermosa mujer! clamaba yo.... ¿Eh? je!.... repetia el chiquitin.... ese es el lado flaco de todos.... iremos á una visita.... se habla español.... buen Champaña; hay una andaluza que canta el torito de la castainuela....—¡Hombre, si estamos con el pié en el estribo! yo quisiera.... un libro cualquiera......

—¡Oh, la bella literatura! para eso, la francesa, centro del mundo.... ¿Vd. conoce algo de Feuillet? ¿de Droz?.... _Oh, quell filosofie!_.... Y con semejante chicharra pegada á la oreja, he escrito esos números, que parece que cada uno de ellos me picaba los dedos con un alfiler.

Las diez de la noche fué la hora designada para nuestra marcha á Orleans.

Soplaba un viento cortante y destemplado; á la estacion marchábamos hundiéndonos en el lodo y rompiendo fragmentos de hielo: un policía, alto como torre, fornido como un Sanson, y del que cada bota podria servir de funda á un pilar de Catedral, arrojaba al vuelo tercios y baúles al carro de los equipajes; nosotros nos acomodamos lo mejor que pudimos en el wagon, y partió el tren.

En los momentos en que partiamos para Orleans, estaba la cuestion política en su mayor efervescencia; demócratas y republicanos se tiraban con las gamarras á la cara, y no fijaba uno los ojos por parte alguna, por donde no viera saltar un politicastro vivaz y escurridizo como una rata.

Los programas que circulaban, corrian parejas con sus avisos para curar toda clase de enfermedades, con la sola diferencia que la competencia era en cinismo en cuanto á abalanzarse rabiosos á los destinos públicos.

No puede ser de otra manera: los partidos beligerantes son como empresas mercantiles, con sus ramificaciones perfectas hasta las últimas aldeas; ahí está la intriga, la corrupcion; ahí se apuran hasta los últimos términos la influencia y el soborno; pero esto afecta poco el modo de ser social, que sigue el rumbo de los grandes intereses de aquella sociedad.

Hablando de tarifas de aduanas, decia la _plat form_ (programa) de los demócratas:

“La tarifa actual empobrece multitud de industrias para subvencionar un pequeño número, prohibe la importacion que podria comprar el trabajo americano, ha degradado al comercio americano, ha detenido la venta de los productos del trabajo entorpeciendo los cambios; una industria que ocupa la mitad de la poblacion y cuesta al pueblo cinco veces más de lo que produce el Tesoro, impide los progresos de la produccion y es nociva al trabajo. _Queremos que la aduana se reduzca á su purísimo carácter fiscal._ Tal como está la tarifa, solo sirve para alentar el contrabando, enriquecer empleados pícaros y precipitar en la bancarota á los negociantes honrados.”

No obstante las recriminaciones que se hacian al partido republicano, éste decia en su favor:

“Durante el último año fiscal que terminó en 30 de Julio de 1876, el excedente de los ingresos fué 29.249,000 pesos, que fueron aplicados á la reduccion de la deuda. En los diez últimos años, el reembolso ha sido 579.423,284 pesos de nuestra deuda. En 30 de Junio de 1866, la deuda nacional era de 2,640.348,000 pesos. En 1866, el ingreso producido por las contribuciones interiores era de 309.226,813 pesos. En 1876, se redujo en 200.000,000 para aliviar al pueblo.”

Veamos ahora la situacion del Sur pintada por un republicano:

“Cinco, diez ó veinte negros han sido muertos, y á veces tambien algun blanco segun se nos dice diariamente; pero cada anuncio de un hecho de este género, es seguido de la mentira de estampilla de que los negros han comenzado el ataque ó los blancos se han limitado á defenderse. Los negros, pobres ignorantes, casi desarmados ó sabiendo apénas servirse de sus armas, son representados como precipitándose sobre sus adversarios, bien armados, ejercitados é intrépidos, haciéndose matar con el único objeto de preparar un pequeño suplemento de capital político á sus amigos del Norte.

Los asesinatos cometidos de diez negros en Hamburgo, con las particularidades de una atrocidad extraordinaria, no son sino el prólogo de la campaña en favor de Tilden en aquel Estado.

Ese es el principio de la obra de intimidacion. Bajo un pretexto fútil y escandaloso, como trescientos hombres blancos invaden aquella pequeña aldea habitada por gente de color, y ejecutan allí sus asesinatos, lanzan á los bosques á las mujeres y á los niños, y saquean sus infelices habitaciones.”

—No se apure vd., decia yo al entusiasta mexicano que me hablaba de estos pormenores: si le cogemos la embocadura al sufragio, como estos caribes, armaremos cada zambra de perecernos de risa.... No se puede decir que estemos del todo atrasados...................................

—No, no es para dar idea, á galope, de la situacion de los partidos en los Estados-Unidos, y mucho ménos despues de la guerra. Cuando vd. profundice sus estudios, verá que en la vida privada, el americano es inteligente, racional y modesto; pero en cuanto se trata de la cosa pública, nada conoce vd. de más fátuo, de más pretensioso é intolerante.

Se elogia su sentido práctico, porque todo lo quiere reducir á la mecánica y al número; el derecho, la economía política, la diplomacia, todo se subordina á la conveniencia del momento, aunque esto les produzca terribles desengaños.

En la guerra pasada se ha perdido un millon de hombres, se han gastado catorce mil millones de pesos; pero la emision del papel aumentaba el negocio, y se decia que casi era un bien la guerra.

Pero las quiebras se sucedieron, huyeron los capitales espantados, y en el fondo de la reorganizacion, quedan vivos los gérmenes de lucha entre el Este y el Sur.

No puede ser de otra manera: la masa del pueblo trabaja y se entrega á sus negocios; cosa de trescientos mil _politiqueros_ tienen á su cargo, ó mejor dicho, profesan como industria la cosa pública: éstos están divididos en republicanos y demócratas, partidos irreconciliables, porque no caben en una propia especulacion: la lid se entabla; el partido vencido sigue explotando en corta escala á sus adeptos; el vencedor se apodera de los destinos públicos, y anda la anderga.

Vea vd. cómo pinta Molinari á los partidarios de Tilden, con motivo de la convencion de San Luis. Se habla del partido demócrata:

“Allí se encuentra, dice, el viejo propietario de esclavos, con el corazon henchido de amargos recuerdos, convencido de que la emancipacion era el robo, y de quien la única esperanza es la indemnizacion que puede arrancarse al gobierno.

“Allí se encuentra el viejo agitador _separatista_ que precipitó á los Estados á la rebelion y redactó las actas de sesecion. Allí están los oficiales y soldados que hicieron flotar la bandera confederada sobre campos de batalla teñidos de sangre de sus compatriotas, y que se vanagloriaban de sus expediciones como títulos legítimos para los honores y los empleos. Allí están los nombres del congreso rebelde de Richmond, que debatieron á puerta cerrada la cuestion de la bandera negra....”

—No, decia mi amigo, la cuestion en muchos puntos está intacta ahora como ántes; es preciso armonizar por medio de la libertad intereses que aun están encontrados. Hoy puede decirse á Hayes como se decia á Grant:

“Los productos que alimentan las manufacturas del Norte y sostienen las relaciones con el extranjero, se recolectan en el Sur; el Oeste cuenta con los mercados de la Luisiana, de la Florida y de la Carolina, para la salida de sus cereales, en cambio de lo que recibe azúcar y tejidos. De esos intereses comerciales depende todavía la conservacion y tranquilidad de la Union.”

Durante la travesía en que me ocupo, se hablaba de la série de batallas conocida en la última guerra con el nombre de la “Campaña del Mississippí,” y se repetian nombres que, aunque nos eran familiares, oiamos figurar con cierto carácter de novedad.

Lincoln, Farragust, Rosecrans, venian á nuestro encuentro como viejos conocidos.

Yo aproveché aquella ocasion para hacer algunas apuntaciones acerca de esos personajes, que tambien cobraron nuestro conocimiento en los dias de la intervencion francesa.

Hé aquí algunas de mis apuntaciones:

“Lincoln nació en 12 de Febrero de 1809, de unos padres tan oscuros, que Tomás Lincoln, que le dió el sér, apénas sabia firmar.

A los siete años, y ya frecuentando la escuela Abraham, el padre abandonó el Kentuky y se trasladó al condado de Spencer, en Indiana, donde se dedicó al cultivo de la tierra, de suerte que hasta los veintidos ó veintitres años, no dejó la azada de la mano.

Hasta 1830, Lincoln no era otra cosa que un buen peon de campo.

Honradísimo, robusto, constante en el trabajo Abraham Lincoln, la única aventura que interrumpió la tranquilidad de su vida, fué un encuentro con siete negros que quisieron asaltarlo en compañía de un amigo suyo, yendo á Orleans, y en que el intrépido labriego del Kentuky salió victorioso.

En 1830, emigró de nuevo Abraham con su padre al Illinois, dirigiendo él mismo las carretas que conducian á su familia.

En la nueva residencia, se distinguió Lincoln como leñador, manejando el hacha con más destreza que la hoz y el azadon.

En 1831, un tal Denton Offat, que traficaba con Nueva-Orleans, le propuso una expedicion, unido á dos de sus amigos; para ello fué preciso construir una barca: dedicáronse al trabajo Lincoln y sus amigos con la remuneracion de doce pesos diarios, y se efectuó la expedicion.

Al volver Lincoln de su viaje, se encontró con que su padre se habia mudado al condado de Coles, á la orilla del rio Sangamon.

En aquel lugar quiso continuar Abraham su educacion: comenzó por procurarse una gramática inglesa, y no habiéndola, hizo un viaje de ocho millas para ir á copiar el libro requerido, que aprendió en un mes, con sorprendente tenacidad.

El presidente Jackson nombró por este tiempo á Lincoln administrador de correos de la Nueva Salem. Sin duda el nombramiento de Lincoln se debió á lo muy despoblado de aquellos lugares. Lincoln, sin embargo del cortísimo sueldo de administrador, recorria aquellos lugares, dando pábulo á la inclinacion que tenia á los debates políticos.

Ascendió Lincoln á escribiente de los almacenes de Offat, y de ahí nacieron sus relaciones con Douglas.

En 1834, fué elegido representante de la legislatura, y en 1836, fué reelecto.

En 1834, le aconsejó Juan D. Stuart que estudiase leyes; le facilitó libros, otros amigos influyentes le favorecieron y se hizo al fin abogado.

Acreditado su bufete más de lo que él mismo esperaba, se trasladó á Sprierfield, se unió primero á Stuart y despues al juez Longan.

En la campaña de 1844, Lincoln fué de los más celosos é infatigables partidarios de los _whigs_, se opuso enérgicamente á la anexion de Tejas y compartió la derrota del famoso orador Enrique Clay, derrota que debia precipitar la guerra con México.

En 1846, se le eligió para tomar asiento en el congreso general, siendo el único _whig_ que ganó la votacion.

Cuando se verificó la eleccion presidencial en 1848, Lincoln apoyó la candidatura de Taylor, pronunciando en su favor elocuentísimos discursos.

En 1849, se retiró Lincoln del congreso para dedicarse á su profesion, y reapareció en 1852 en la escena política, propalando la presidencia de Scott.

En la convencion nacional republicana de 1856, Lincoln obtuvo ciento dos votos para el cargo de vice-presidente, si bien no alcanzó entónces la victoria, y en 1858 se le proclamó como el primer campeon del partido.

En 1860, la convencion republicana formada en Chicago dió todos sus votos á Lincoln para la presidencia, y en 1861, el 13 de Febrero, fué proclamado presidente de los Estados-Unidos.

Estéban Douglas fué de los más ardientes partidarios de Lincoln. En uno de sus más notables discursos decia:

“Hace veinticinco años que conozco á Lincoln, nos tratamos los dos, siendo muy pobres ambos; yo era maestro de escuela, él tenia una tiendecita cualquiera en Nueva Salem; era él más afortunado que yo, y tuve lugar de admirar su perseverancia, su honradez sin tacha, su inteligencia y sus buenos sentimientos.”

Morris, al mismo tiempo, emitia conceptos respecto de Lincoln, en que se le representaba como una medianía en el foro y en la tribuna. Decia Morris tambien:

“Cuando se comunicó á Lincoln que la convencion republicana de Chicago le habia elegido presidente de la Union, estaba jugando un partido de pelota con los muchachos, y no dejó el juego. Elegidle, anunciad despues que ha desembarcado algun enemigo en nuestras costas ó que algunos Estados se niegan á reconocer al gobierno general, y es muy probable que vaya á terminar alguna partida empezada, ántes de averiguar si el hecho es cierto.”

Estos eran los juicios sobre Lincoln en los momentos de su eleccion; el triunfo de Lincoln determinó la separacion de la Carolina, siguiendo su ejemplo Virginia, Georgia, Carolina del Norte, Luisiana, Alabama, Florida, Tennessee, Kentucky, Missouri, Tejas, Mississippí y Arkansas. Al advenimiento de Lincoln al poder, tronaba la guerra civil y estaba destrozada la Union.

Durante cuatro años, se sucedieron los combates: las masas de hombres que se chocaron ensangrentando el suelo americano, oscurecen todo lo conocido en los tiempos antiguos y modernos.

El tercer año de la guerra fué inaugurado por Lincoln con la proclama de emancipacion, fecha 1.º de Enero de 1863. En 1864, el Norte contaba con más de un millon de hombres á su servicio.

La Guerra, que hasta entónces le habia sido adversa, comenzó á sonreirle, y conquistando palmo á palmo un terreno que se podia calcular en extension como la mitad de la Europa, penetró al interior del Sur, y encerró, por decirlo así, en la fortificacion de Richmond, al general Lee, que ántes habia sido el terror de Pensylvania, miéntras los formidables monitores en el mar, se apoderaban, despues de sangrientas luchas, de todos los fuertes sublevados.

El Norte entero, como un solo hombre, secundaba las miras de Lincoln; abrió la mano con liberalidad inaudita para toda clase de recursos, contándose por millones diarios. Se escucharon rumores de paz, pero las primeras proposiciones fueron inadmisibles.

Lincoln se habia trasladado á Haptom para facilitar las negociaciones, y al fin, el 9 de Abril, las fuerzas del general Lee se rindieron al general Grant en Appomata Court House, despues de una honrosa capitulacion.

La guerra habia durado cuatro años, dia por dia.

Con el fin de celebrar tan fausto suceso, los habitantes de la capital se reunieron al frente de la Casa Blanca, y Lincoln les dirigió una arenga llena de moderacion y compostura, evitando toda alusion que pudiese herir susceptibilidades.

Tres dias despues, aunque era el aniversario del bombardeo del fuerte Sumter, se evitó todo recuerdo; pero en la noche asistió Lincoln al teatro con su familia.

Poco despues, dice uno de sus biógrafos, de terminado el tercer acto del drama que se representaba, y á eso de las nueve de la noche, la detonacion de una pistola hacia estremecer al público, y el presidente Lincoln, que se hallaba apoyado en el antepecho del palco, caia herido mortalmente por la bala que le disparó el asesino John Wilkes Booth, jefe de una partida de conspiradores.

El presidente recibió la herida en la parte inferior de la cabeza, yendo la bala á sepultarse en el cerebro, y quedando el herido insensible hasta su muerte, que fué á las siete y veinte minutos del 18 de Abril.”

Al amanecer del siguiente dia, esto es, del 12 de Marzo, con un cielo espléndido como si se hubiera corrido una cortina, como si se presentase á nuestros ojos deslumbrados el cambio de una decoracion teatral, gozábamos las delicias de un clima templado, y como que nos sorprendia la vegetacion de nuestro país.