Viaje a los Estados Unidos, Tomo I
Part 34
Con la misma distraccion pasé frente á _Eco_, y á _Pulpit-Rocks_, con sus bosques de abundante caza y sus rios de riquísima pesca.
Nos detuvimos en _Green-River_ (Rio verde), cabecera del Condado de _Sweet Watter_, y que tendrá una poblacion como de 200 almas.
Pero realmente en iniciativa estas poblaciones, tienen aspiraciones extraordinarias: son niños hercúleos, que poblarán de gigantes esta parte de las Montañas Rocallosas.
Al pasar por _Point-Rocks_ me dijo uno de los compañeros, que en aquel punto existe un abundante pozo artesiano y ricos criaderos de carbon de piedra, que explotan las compañías.
La noche fué tremenda; aullaba el viento, la nieve azotaba las ventanillas del wagon.... El dudoso viajero de los cabellos de oro se encerró en el cuarto de fumar....
De trecho en trecho se detenia la máquina: en las profundidades del camino, veia yo, á la luz de linternas que proyectaban su claridad en la nieve, rompiendo muros de tinieblas, trabajadores infelices, con sus altas capuchas, ocupados en barrer los rieles.
En cada detencion, la máquina era objeto, lo mismo que los trenes, de escrupuloso reconocimiento.
La luz del dia 7 fué tristísima: caia como doliente y llorosa sobre tendidas y monótonas llanuras.
Ninguna huella de la humanidad; era como una navegacion de un género tristísimo, en que no habia esa majestad del mar, esa comunicacion con el infinito, que engrandece el espíritu.
Los pasajeros permanecian en sus lechos como sin acabarse de persuadir que era del dia la luz que se deslizaba por entre los empañados cristales, á visitarlos.
¿Qué hacer?.... Tomé mi lápiz, y haciendo mesa de mi almohada, escribí lo que leerá, si gusta, el piadoso lector:
UN SUEÑO.
Soñé que el manto de plata Que del sol quebró los rizos, Como sembrando diamantes Y salpicando de brillo El primor de los cristales Y las galas del armiño, Dejaba ver tras sus pliegues Con sus perfiles distintos, A los montes gigantescos Y á los soberbios encinos, A risueñas sementeras, Y á murmuradores rios. Y yo soñando esperaba, Tras una roca escondido, Del sol la primer sonrisa, Porque dulce voz me dijo, Que del sol al primer rayo, Miraria de improviso La nieve desvanecerse, Romper el hielo sus vidrios, Y brotar árboles verdes, Y correr alegres rios, Y renovarse la vida En el monte y el bajío, A los cantos de las aves, De las gentes al bullicio, Y al saltar de los ganados Con soltura y regocijo. Yo esperaba, y poco á poco Sentí del terror el frio, Porque tras el blanco manto Pensé ver, claro y distinto, El hogar porque yo anhelo Y do me esperan los mios. Y del sol espiaba entónces Con honda ansiedad el brillo Porque me asaltó la duda, Del augurio, é indeciso Ya la muerte me amagaba, Ya el gozo me daba brío, Y del problema de mi alma Estaba al romperse el hilo. La luz plegaba sus alas Tras un celaje sombrío, Cual mirada de quien llora Y en la sombra busca alivio; Y á medida que avanzaba Como con incierto giro La luz, y sobre la nieve Se derramaba su brillo, Se exhumaban de la tierra, Tristes y descoloridos, Como fantasmas los montes, Como esqueletos los pinos, Alzando sus secos brazos Y dando al viento gemidos. Y la luz adelantaba, Y su semblante amarillo, De cadáver, sacó el campo Y apareció muerto el rio, Como fallece una madre Sobre el sepulcro de su hijo. Y la luz se iba extendiendo, Y al dar en el caserío, Alumbrando un cementerio Y á la entrada de sus nichos, De pié tristes esqueletos Que con los brazos tendidos Inmóviles señalaban Nuestro lúgubre camino. Hondo terror me embargaba, Sentí el corazon herido: Era como luz enferma, Erase un cráneo el sol mismo Despojado de sus rayos, Escuálido y amarillo. Dejaba en el negro suelo El hielo medio fundido, Como de huesos humanos Los fragmentos esparcidos. La luz doliente avanzaba; Reconocí con delirio, El lúgubre cementerio, Y en los huesos sentí frio, Ví avanzar la luz terrible, Avanzar.... llegar sus visos A un punto.... donde se encuentra Cuanto adora el pecho mio.... Y creí morir.... de repente, Y de un relámpago al brillo, La tumba corrió á mi encuentro Dando agudos alaridos.
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Ví al monstruo que me llevaba, Y llevaba mi destino, Que me arrancó de mi sueño Con sus intensos gemidos.
GUILLERMO PRIETO.
Marzo 7 de 1877.
Estamos en _Laramie_, tan célebre en las relaciones de los viajeros, tan encarecido en la leyenda.
El aspecto de la naturaleza cambia; la nieve, adelgazándose y derritiéndose, deja ver de trecho en trecho amarillenta yerba y sonríe el verde césped en alguna hondonada, como tímida promesa de la pronta llegada de la primavera. Algunos árboles, como viajeros recien llegados, parece que inspeccionan el campo desde las orillas del camino.... trenes, oficinas, transeuntes, como que anuncian de léjos el fin del desierto, como los indicios de tierra en el mar.
Hace muy poco, cerca de la poblacion estaba el fuerte, perfectamente guarnecido por tropas americanas.
Algunos soldados se instalaban en aquel ingrato suelo con sus familias, pugnaban por conquistar las comodidades de la vida, y tenia algo de la detencion de la _caravana_, los grupos de mulas y caballos, las tiendas de campaña y los depósitos de provisiones.
_Laramie_, cabecera del Condado de Albany, tiene más de mil habitantes; la ciudad está paralela al camino, una ancha y clara corriente atraviesa las calles principales.
Hay muchas elegantes iglesias y cómodos hoteles; el edificio municipal es digno de una gran ciudad.
Se publican en _Laramie_ dos periódicos: _El Centinela_ y _El Independiente_. El telégrafo y el buen servicio del correo hace que los habitantes de _Laramie_ y los pasajeros estén al tanto, como donde quiera que se publica un periódico, de cuanto ocurre dia á dia en todos los Estados de la Union.
A la salida del pueblo hay un molino, cuyo costo ha sido ciento veinte mil pesos. Es magnífico.
En los alrededores de la ciudad, y como agrupándose á la vía férrea, están situadas las oficinas de maquinaria y los talleres del ferrocarril, entre leña apilada, rieles amontonados en los suelos, grandes pipas con agua y colinas de carbon que hacen negrear el suelo con su polvo.
_Laramie_, segun reza la leyenda, fué el primer lugar del mundo en que se reunió _un jurado de mujeres_.
Sucedíanse las tremendas nevadas: los altos picos de las Montañas Rocallosas, las tendidas llanuras á sus piés, las negras rocas, los impetuosos torrentes, la luz como despedazada sobre las peñas, y en las hondas cañadas formaban paisajes ásperos, sombríos, que sin embargo poseian cierta grandeza que me cautivaba.
Los viajeros, acurrucados en sus asientos ó hundidos en sus abrigos, dormitaban. M. Gland mismo, habia dejado de hablar.
Yo soñaba con los ojos abiertos, me parecia atravesar una region desconocida, como que esperaba que tierra, rieles y trenes, se hundiesen de repente, por una fundicion repentina del suelo, y seguir corriendo bajo tierra, bajo bóvedas iluminadas á la luz de rojas llamas, y que fuesen una sucesion de salones con caballeros y paladines, damas y dueñas, enanos y gigantes.... tan excéntrico, tan inesperado así era cuanto me rodeaba.
Saltando de su asiento y como si hubiese tenido aviso en medio de su sueño, volvióse á mí M. Gland, y me dijo:
—_Chayene._ ¿No ha oido vd. hablar de _Chayene_?
_Chayene_, continuó, es la más grande ciudad entre Ogden y Omaha; desde aquí se siente la influencia del Colorado, que está llamado á un gran porvenir.
Estamos, siguió alegremente M. Gland, sobre mantos de plata y oro: desde aquí hasta Omaha comienza la série de aventuras romancescas de los Apaches, Kayoways, Comanches, Arrapaos y Chayenes, de donde tomó su nombre esa gran ciudad que parece ir corriendo en los inmensos llanos, por el movimiento de nuestro carruaje.
En 1859, esto era desierto, tendido en inmensas llanuras.
Se anunció la corriente del camino, llegaron empacados y en su estado primitivo de fierros y tablas, iglesias, hoteles, almacenes, y al concluirse el desempaque, quedó una ciudad, como si se sacara de una cajita de juguetes.
Héla ahí, con sus acueductos y sus arboledas, sus edificios uniformes y sus grandes plazas.
Atrás quedaba Dember, capital del Colorado, que es como otro grande embrion de donde ha salido un territorio que pronto se convertirá en grande Estado de la Union, y aparecerá otra estrella en el firmamento de Washington.
Es de advertir que aquí no fué, como en otras partes, la poblacion, conjunto de hombres de varios pueblos, luchas de costumbres diferentes, fusiones y trasformaciones y productos de esas entidades heterogéneas, no, señor; la casi totalidad de estos hombres era del Oeste: el móvil, los metales preciosos.
Por todas partes se veian hombres sujetándose á las mayores privaciones y peligros, extraviarse adrede en busca de aventuras; unos se perdian entre las nieves; los otros desaparecian en las entrañas de la tierra: allí, á manera de cazadores, espiaban la huella de una veta, la seguian en alturas y en profundidades, la sorprendian y se publicaba la bonanza: así adquirió el renombre de Golden City la capital del Colorado.
Un tumulto, un incendio, ó no sé qué, parecian estos campos.
Montañas de ropa hecha, fondas brotando como hongos de la tierra, hoteles como regados á mano por todas partes.
Comer, vestir, dormir: hé ahí cubiertas las primeras necesidades.
Chillaba la carreta, porfiaba ruidoso el martillo, la sierra armaba escándalo, la garrucha chirriaba levantando piedras, y tercios, y muebles á las nubes; todo en el suelo eran escombros, todo ruido en derredor: así lanzó sus primeros vagidos Chayene, y así el Colorado y Omaha brotaron de la tierra, como los personajes de los cuentos, al herirla la indomable audacia del yankee......
Durante la travesía de Ogden á Omaha, los dias habian sido pésimos, y las noches fatales. Mi único entretenimiento fué observar al ambiguo aquel de la cabellera rubia, que advertido sin duda de mi diligencia en observarlo, era á cada momento más caprichoso ó caprichosa, porque aquello era una condenacion.
Su rostro, como ya hemos dicho, lo conservaba obstinadamente cubierto, y sus modales eran tan bruscos, que parecian afectados; alguna vez desnudó una mano de su guante, y era una mano alabastrina, aristocrática, de una mujer distinguida; pero aquel estirar las piernas, aquellos piés que parecian falúas.... esas no eran pertenencias femeninas, era un patan que provocaba mis rencores.... Cuando sacaba su pipa, que era rara vez, se le notaba, aunque muy imperceptiblemente, la repugnancia con que apelaba á aquel accesorio de su disfraz.... era, no hay duda, una bella lanzada á lo desconocido, en alas del infortunio, é inundada en lágrimas.... ¿Era tal vez una jóven que queria ocultarse á las miradas del zelo, y que creia oir tras de sí los pasos de un asesino.... era una mujer criminal que envenenó al amante infiel é iba á ocultar su quebranto y sus remordimientos entre el tumulto de las ciudades del Este?
La noche anterior á la en que llegamos á Omaha, en las paradas del tránsito subian y bajaban viajeros sin cesar.
El personaje _comun de dos_ se encerró en el cuarto de fumar.... yo penetré, en las altas horas de la noche, y permanecimos como dos estatuas.
La luna descolgaba dispersos rayos del borde de una nube lóbrega, el huracan gemia.... en la Sierra se veian dudosas claridades sobre la cima de los montes, y se extendian como corrientes de sombra que se precipitaban en las cañadas.
El cuarto de fumar es pequeño y angosto; en el centro hay dos banquillas, una frente á otra, como los asientos de un coche; en la pared de tabla existe uno como farol incrustado en el carro, que contiene una rojiza lámpara: á los lados de aquella especie de nicho están dos ventanillas del carruaje: una era del misterioso personaje, la otra mia. A cada avance de mi mirada, á cada indagacion, se sustraia el desconocido en la sombra, ó bien pegaba el rostro al cristal del postigo: á mí á veces me parecia que sonreia mujer angélica; á veces que se disponia carretero feroz á descargarme un puñetazo.
Fingí dormir, y entónces, suponiéndome, él ó ella, distraido, cantó clara y distintamente el “Adios” de Shubert; pero tan sentido, tan hondamente sentido, que me subyugó, me empujó á la region de mis recuerdos más dolorosos, y sentí lágrimas en mis ojos.
Entónces, como de costumbre, recurrí á mi lápiz, y escribí y declamé con toda energía lo siguiente, que puede acomodarse á los compases de aquel canto delicioso:
CANCION.
Alma que mi alma adora Con íntima pasion, Por tí doliente llora Mi triste corazon.
* * * * *
Aislado en mi tormento Mi voz te aclamará, Y sin eco mi acento.... En sombras morirá.
* * * * *
Se alzó cual llama pura Por tí mi ardiente amor; Mas yo soy noche oscura Y tú, radiante sol.
* * * * *
Dulce rayo de luna Entre las ruinas fué Tu amor, en mi fortuna Y en mi hondo padecer.
* * * * *
Sin rumbo y sin abrigo En mi dolor te ví; Tú fuiste faro amigo Del náufrago infeliz.
* * * * *
Yo soy, mi bien, tu templo, Mi corazon, tu altar, Y tu incienso el más puro, Mi férvido cantar.
* * * * *
Fuiste del alma mia Las auras y la luz, Y el sol de mi alegría Tu hermosa juventud.
* * * * *
Un punto cruzó el cielo Tu ráfaga fugaz: Pasó.... y en negro duelo Por siempre me hallarás.
* * * * *
Ya escucho el tierno acento De tu amoroso “Adios:” La eternidad horrible Los ecos repitió......
* * * * *
Adios....! adios! mi encanto, Sangre de mi alma, adios! Será eterno mi llanto, Como mi eterno amor.
* * * * *
Será mi llanto eterno, Eterno mi dolor.... Adios, cielo de mi alma! Luz de mi vida.... Adios!
GUILLERMO PRIETO.
A medida que yo leia, la persona misteriosa desprendia el rostro del grosero _cachenéz_ que la cubria y dejaba al descubierto un cuello de cisne, émulo de la nieve herida por el sol.... ella habia comprendido.... casi era una revelacion la que me hizo el _cachenéz_.
Habiamos tocado la estacion anterior á Omaha: á los lados del paradero del tren, que despedia luz vivísima, se distinguia una diligencia y varios _bogues_; de uno de estos _bogues_ se apeó un arrogante caballero, moreno, de cabello negro, de maneras desembarazadas y ojos negros hermosísimos: detúvose el tren, el jóven saltó y se colocó al pié de la escalerilla del wagon. El viajero _comun de dos_, con la velocidad del relámpago, recogió su saco de viaje y se precipitó fuera del coche; apénas salido, se lanzó á los brazos del dueño del _bogue_.... al hacer este movimiento, se le cayó el sombrero, y una catarata de rizos de oro inundó los hombros y el cuello del jóven de los ojos negros......
Yo habia seguido maquinalmente al viajero y estaba estupefacto con la trasformacion.... quise darme de cachetadas.... cuando estaba suspendida en los brazos del viajero afortunado, se volvió á mí, y con una sonrisa angélica, me dijo: “Adios, Sr. Prieto!.... Adios!”
Tan linda!.... y sabe español.... Soy un asno, soy un rinoceronte.... ¡pecador de mí!
A poco se detuvo el tren en Omaha, y miéntras mis compañeros comian, yo apunté en mi cartera:
_Omaha_: Término del ferrocarril de la Union, está á la orilla occidental del Missouri y al lado del famoso puente que se cita como un grandioso monumento. Es extraordinario el movimiento que se nota por todas partes: vienen á agolparse á nuestro alrededor, ómnibus, coches, quitrines y carros de todos tamaños, para conducir pasajeros, equipajes y efectos. La poblacion, sin embargo, solo tiene diez y ocho mil habitantes. El edificio más notable que percibo por aquí cerca es _Claim House_ (Casa de reclamaciones).
En 1854 este era un punto casi desierto: la oficina de correos era el sombrero del administrador, porque en él recogia y despachaba la correspondencia.
La poblacion tiene hoy 18,000 habitantes, y la oficina de correos, así como las del Estado, se encuentran en edificios magníficos.
Al principio los hoteles de Omaha eran de segundo órden; pero se organizó una Compañía y se edificó el Gran Hotel Central, que puede figurar, y es mucho decir, entre los buenos hoteles de los Estados-Unidos.
Por todas partes se ven hornos de fundicion; por todas partes hay regada maquinaria; se suceden las fábricas, y la plata y el oro beneficiados se calculan en más de un millon de pesos anuales.
Los principales periódicos que se publican en la ciudad, son: _El Heraldo_, _La Tribuna_, _El Republicano_, y _La Abeja_. Además, hay un periódico Bohemio, otro Escandinavo, otro Aleman y un Semanario de Agricultura, que goza de merecida nombradía.
Por entre las verdes arboledas que atraviesan en todas direcciones la ciudad, se ven blanquear fábricas y edificios: hay multitud de escuelas, dos institutos, diez y nueve iglesias, cuatro bancos, cuarenta factorías y grandes depósitos de carbon y leña, y almacenes en que se agencian fletes.
Para asilo y proteccion de los emigrantes, se encuentra en este punto un inmenso edificio, en que se les procura, por veinticinco centavos al dia, habitacion y comida.
La Compañía del Ferrocarril de la Union, sostiene en este lugar sus valiosísimas fábricas y se jactan los carroceros de ser este el punto del Oeste en que se construyen mejores wagones.
Sin duda la ciudad fué trazada, previendo que un dia ocupara un lugar eminente entre las mejores ciudades del Oeste.
El trazo la divide en ocho cuarteles, capaces entre todos de contener un millon de habitantes.
En esa proporcion son las plazas y los paseos, de los que algunos son muy frecuentados.
Mis compañeros lamentaban que no hubiésemos tenido tiempo de que viese yo el Puente, que se cita como una verdadera maravilla de la ciencia. En la historia del Puente hace ostentacion de su tenacidad y ardimiento el pueblo americano.
Decretada en 1866, se presentaron obstáculos que parecian insuperables, y se suspendió en 1868. En 1870 se hicieron esfuerzos que no dieron resultado satisfactorio; pero en 1871, se autorizó especialmente á la Compañía para continuar, auxiliándole con dos millones y medio de pesos.
El Condado de Douglass, en Nebraska, se suscribió con 250,000 pesos, y con más de 200 el Potawatoma.
Tiene el puente, con las obras adyacentes, una milla de largo, y sus alrededores los forman calzadas y parques que sirven de vistosísimos paseos.
De Omaha tomamos el tren para San Luis Missouri.
—Hénos aquí, me dijo Lorenzo, atrayéndome al cuarto de fumar, en terrenos que serán futuras naciones, porque esta region americana amamanta leones.
Los Estados del Oeste, incluyendo en ellos el Sur, son los proveedores inmensos de la América: de su conjunto surgen destellos de emancipacion; su acrecimiento rápido es el anuncio de que está por nacer una gigantesca nacionalidad en esta parte del Nuevo Mundo.
La tierra, herida por la azada del colono, derrama sus mieses con prodigalidad, sin más proteccion que la del cielo; los grandes depósitos del Oeste llaman á sus mercados á los hombres de todo el globo, y miéntras la Europa, en las aguas del Atlántico, la corteja, el Japon y la China le tienden los brazos sobre la peana de oro que erigió California como un tálamo á la confraternidad universal.
He dicho que no son pueblos sino naciones las que se perciben desde aquí en embrion: el Oregon es más grande que la Inglaterra; Tejas más que la Francia; California más que España.
En estas inmensas zonas que florecen solas bajo un mismo pabellon, se reunen y dan cita los productos todos del globo, y hacen imposible cualquiera exclusion: los artículos favorecidos en un punto dañarian al opuesto, y esto relajaria todo vínculo, convirtiendo en nominal el poder del centro.
Los elementos de vida propios de cada pueblo son tales, que Chicago, propiamente llamada la Reina de los lagos, era apénas en 1830 un punto militar atascado en un pantano.
Hoy cuenta la ciudad 300,000 habitantes.
Se encadenó la ciénega y se le hizo desaparecer bajo cimientos de palacios; en la guarida de la putrefaccion y de la fiebre, tendieron sus doseles de ramas los árboles y brotaron las flores; se dirigió la corriente de las aguas á los labios de la capital sedienta, por acueductos que ponen en olvido las inmortales obras de los romanos.
Apénas se anuncia la industria de la _salazon de cerdos_, cuando más de un millon se trasforman en un año en sabrosos manjares.
El cultivo del maíz hace que por millones se cuenten sus rendimientos, y que un frances diga que deberia servir de emblema de esa nacionalidad una mazorca, así como Chicago deberia dejar su nombre para llamarse Porcopolis, como se denominaba á Cincinatti.
—Sin embargo, dije yo, Chicago aun no se restablece de su último asolador incendio.
—Creo que padece vd. una equivocacion. Chicago está más floreciente que nunca.
Chicago fué presa del incendio la noche del 9 de Octubre de 1871: 17,500 edificios se sepultaron en el mar de llamas.
En 1872, la nueva ciudad habia resucitado de entre escombros y cenizas, y contaba 41 bancos y 201 iglesias, 35 grandes hoteles, entre ellos _Palmer-house_, que es de primer órden, calles, plazas, edificios y paseos en mayor número y mejores que ántes del incendio. Chicago, como vd. ha oido, cuenta apénas 47 años de existencia, y su poblacion es de 500,000 almas. Es sin duda el primer mercado del mundo por los granos, el ganado y las viandas saladas. Más al interior, su territorio es como el centro de todos los pueblos bañados por el Atlántico; 17 caminos de fierro conducen á esta gran metrópoli del Illinois; cada línea se esfuerza por conducir á Chicago con mayor baratura y en ménos tiempo que las otras: hoy de New-York á Chicago se hace el camino en ménos de treinta horas y hay 1,600 kilómetros de distancia, es decir, como de México á Chihuahua, poco más ó ménos.
A medida que avanzaba el tren, redoblaba la locomotora sus gritos, prolongándolos más y más, para evitar un choque con los trenes que sin cesar se cruzan.
Los campos cultivados, los ganados, las casas rústicas, los jardines y los carros, anunciaban la proximidad de la gran poblacion de San Luis.
—Es de sentirse, me decia Lorenzo, que no pueda vd. hacer un estudio detenido de esos lugares, en que se verifica la alianza del Mississippí y el Missouri, que traen como en gérmen en sus aguas las mayores riquezas de la tierra.
Inmensas llanuras divididas por fértiles sementeras; las corrientes conduciendo y trasportando pueblos; las trojes henchidas brindando goces al hombre y creces al comercio, y la preponderancia del trabajo presentándose, desde la iniciativa de la colonia con el aventurero con su hacha al hombro, seguido de su familia llena de harapos, hasta el opulento propietario que trasporta el lujo de las grandes ciudades y hace que le rinda homenaje en la tierra, que él, el primero, arrancó á la barbarie, desembarazándola de malezas y ahuyentando con su rifle á los animales feroces.
Al ruido cercano de la locomotora; al traqueteo de fierro de su galopar afanoso; á la vista de las embarcaciones del rio; bajo los hermosos árboles de la quinta opulenta, refieren los ancianos las luchas con los Pieles Rojas, las torturas á que sujetaban al blanco ántes de inmolarlo, y esas escenas de horror y de sangre de los primitivos tiempos del Oeste.
Por lo demás, la historia aun no desplega sus labios de una manera clara y distinta, sobre esos restos de murallas, esos esqueletos de ciudades perdidas en los tiempos, esos resíduos de grandes poblaciones que se encuentran en el Ohio, Illinois, la Indiana, Kentuky, Michigan y la Luisiana.
Tocábamos, en estas pláticas, en la estacion de San Luis.