Viaje a los Estados Unidos, Tomo I
Part 28
Pasamos por enfrente de San Quintin, que es una isla en que está la prision, y es al mismo tiempo escuela de artes y oficios, cuyos talleres trabajan con la mayor actividad.
Allí, me dijo mi amigo, como en otras partes, no ha tenido solucion satisfactoria la cuestion de talleres; el gobierno paga seis reales por la manutencion de cada preso; pero en otras épocas se han apoderado de ellos especuladores, que despues de exprimir su jugo, sueltan al preso casi en la miseria cuando termina su condena.
Además, el auxilio del gobierno produce una baratura forzada, que da superioridad á los efectos hechos por los presos, y esto sacrifica al artesano honrado que no tiene más auxilio que su esfuerzo personal.
La prision de San Quintin está citada como modelo; pero yo creo que hay instituciones mejores y más humanitarias en Europa.
Entre la multitud de asociaciones marítimas de _Express_ comisionistas y traficantes de mar, descuella poderosa la Compañía que dirigen MM. Goodall, Nelson y Pekin, titulada: “Compañía de vapores de la Mala del Pacífico,” relacionada con otras compañías que recorren las islas del Pacífico, China, Japon, los principales puertos de América, Europa, Asia, Africa y Australia, haciendo de fácil acceso á California todos los pueblos del mundo.
La seguridad, la baratura y las comodidades todas de la vida, se han trasladado á esos buques, al punto que familias enteras se estacionan en ellos.
Los negocios de la Compañía requieren, en movimiento perpétuo, 35 agencias colocadas en los puntos más importantes de las costas de los Estados-Unidos, México, Sur, Centro América, el Canadá, Inglaterra, Japon, China y las Indias Occidentales. La capacidad de su flota excede de 70,000 toneladas, y la distancia entre los puertos de salida y entrada que los vapores atraviesan en viajes regulares, es de más de 25,000 millas por viaje.
Uno de nuestros complacientes compañeros de paseo, continuó mi amigo, nos hizo una descripcion animadísima del vapor conocido con el nombre de “Ciudad de Pekin,” llamado por los marinos “El Palacio Flotante.”
Los salones, decia, refiriéndose á M. Lloyd, escritor americano de gran mérito, son tan espaciosos y elegantes como los de los millonarios de la 5.ª avenida en Nueva-York.
Grandes espejos, deliciosas pinturas, jarrones con flores y cuantos primores ha derramado la estética en las estancias de los próceres europeos.
La cocina parece dirigida por Brillat de Savary y por Alejandro Dumas á competencia, es un paraíso en donde las seducciones no son manzanas, sino los manjares más exquisitos; seria el orgullo de Manuel Payno, haria las delicias de Morquecho, ese par de amigos de tan exquisito gusto para sus comidas.
Cada camarote parece preparado por una novia solícita á un solteron comodino.
Solo el “Grande Oriental” es superior en tamaño á la “Ciudad de Pekin,” que mide 5,080 toneladas, es de fierro y hélice y hace el tráfico con China.
La flota de la Compañía se compone de 16 buques de fierro y hélice, y 9 de madera de ruedas laterales.
Los buques de primera clase tienen los nombres de “Pekin,” “Tokio,” “Gran República,” “Colorado,” “Ciudad de San Francisco,” “New-York,” “Australia,” etc., etc.; miden de 3 á 5,000 toneladas; los de 2.ª y 3.ª clase, de 1 á 3,000.
Diez de esos buques, los de primera clase, hacen el tráfico de China y Australia; seis el de New-York y Panamá, y los demás los de las islas y la América Central.
Por la brevísima idea que hemos procurado dar de la Mala del Pacífico, se vendrá en conocimiento del movimiento de sus muelles, del tragin de sus almacenes, de la multiplicidad de sus cambios, de la extension de sus relaciones y del impulso que esa sola Compañía comunica á todos los ramos de la riqueza pública.
—Volviendo al Sr. Pacheco, dijo mi amigo, es persona altamente considerada, no obstante manifestar su adhesion por México; nosotros le debemos mil atenciones y le estamos profundamente obligados.
—¿Creerán vdes. que he pensado muy detenidamente en lo que acontece, no con el Sr. Pacheco, sino con otros mexicanos que conservan con heroismo su nacionalidad? Ellos son tratados como cualquier otro extranjero; léjos de recibir ofensas, son acogidos en la mejor sociedad, y sin embargo, se tiene por nuestra raza sumo desprecio y se siente algo en la atmósfera, que nos sofoca.
—Eso depende de dos cosas: primero, de que no se distingue bien entre la gente bien educada y la que no lo es, y en que no es lo mismo las ciudades que los campos.
La gente de las fronteras se cree sin fundamento que es, en general, como el sedimento de lo que tienen de peor los dos pueblos; y como el americano tiene la fuerza, y los testigos, y los medios de superioridad; y como de nuestra parte la representacion es tan débil, llevamos la peor parte en todo.
—Yo, dije, he estado en Tejas en 1865. La poblacion americana invadia dia por dia la parte central de la ciudad; á sus orillas, bajo las lonas, como la ramazon y los despojos que empujan á la tierra los grandes lagos, se iba aglomerando la poblacion mexicana, sucia, desnuda, corrupta, bajo girones de lienzo, ó bajo cueros de res, apiñándose como gusanos, formando como costras y grumos repugnantes. El cólera imperaba devastando. Se cebó en el barrio mexicano. Cuando iba desapareciendo la plaga, se publicaba: “_Demos gracias á Dios. El cólera se va: ya solo mueren algunos negros y muchos mexicanos._”
En los jurados generalmente resultaban condenados los mexicanos: los nombres de mugrosos y de ladrones les designaban al castigo: yo jamás me he sentido tan humillado como entre aquellas gentes.
—Habia mil razones, replicó mi amigo: los usurpadores de las tierras, pintaban á los mexicanos como bandidos y citaban hechos atroces: los mexicanos, que no tenian justicia ni apoyo alguno, recurrian á la fuerza, se exacerbaban los odios y siempre el juez decidia en favor de los suyos.
Por otra parte, debe tenerse en cuenta que tambien de nuestra parte ha habido violencias.
Pero el hecho es que se pueden citar matanzas atroces por órden de las autoridades, robos injustificables, incendios y todo lo que no seria lícito emplear ni para el exterminio de fieras.
Pero los hechos que hemos palpado y de los que hemos sido víctimas, son no tener quien hiciera justicia á un mexicano, sino condenarle por la primera delacion; en Brownsvill, no se permitia á un mexicano galopar á caballo, ni tener vela encendida, y la más leve sospecha provocaba ejecuciones espantosas..................................................
Pepa, que observó que el terreno en que nos estábamos colocando era muy resbaladizo, cambió de conversacion y me trajo su Album, empeñada en que escribiese en él cualquier cosa que no fuera séria.
La conversacion séria voló hecha girones, los concurrentes se rodearon del piano y á mí me dejaron con el Album y un tintero en la mesita del centro de la sala.
Allí, al querer ó no, hilvané, en ménos que canta un gallo, unas coplas festivas, que por fortuna de mis lectores no recuerdo.
La circunstancia de ser víspera de partida, y la intimidad de mis relaciones con la estimable mamá de Pepita, hicieron pasable la improvisacion, que se hubiera calificado de llaneza, si no estuviera autorizada por la confianza y por la broma.
* * * * *
Al siguiente dia de esta entrevista me desprendí de todo compromiso para hacer en la mañana mi paseo solitario al Cementerio, ya que era preciso verlo todo.
Al Oeste de la ciudad, entre la árida playa y el Océano, en medio de un hervidero de caprichosas colinas, se levanta entre un grupo de pinos silenciosos, una gigantesca cruz rústica, recuerdo de los primeros misioneros españoles, propagadores de la civilizacion y el Evangelio, en aquellas remotas regiones.
La sombra del signo de la redencion se proyecta gigantesca con la luz vespertina, como para abrigar los restos queridos de aquellos que encendieron audaces la doctrina del Evangelio en aquellos dominios de la barbarie; y algo de religioso y de sublime hay en aquel triunfo de las conquistas del espiritu, frente al mar, representacion de lo eterno, y la playa, símbolo del principio y del fin de la vida.
Lone-Mountain es el nombre de la ciudad de los muertos, y sus blancas columnas y sus estatuas, sus cúpulas y campanarios, parecian cadáveres de edificios, en que en otro tiempo se habia refugiado la vida.
No sabemos por qué, si no es por seguir alguna vulgar imitacion del Este, se ha querido sustituir al nombre de Lon-Mountain el de Laurel-Hill, por mil títulos más adecuado.
Sea como fuere, posee el cementerio una grandeza imponente, la soledad y el silencio le revisten de extraña majestad.
Desde el pié de la cruz se distinguen, por una parte, las tendidas olas del Océano, y por el otro, el tumulto de casas de la ciudad, corriendo entre las arboledas de las calles, apiñándose en las azoteas, con sus puertas y ventanas como fisonomías, y extendiéndose en las plazas, abriendo campo como en espera de otra comitiva de edificios.
Entrando al cercado del cementerio, se ven anchas avenidas de árboles sombríos, calles regulares, tramos de césped y jardines esmeradamente cultivados, rodeando, ya monumentos, ya sencillos sepulcros en que parecen confiadas á las regiones desconocidas, las memorias de los que lloran en este suelo.
Templetes, arcos, bóvedas de granito y de mármol, proclamando la opulencia, cruces de piedra denunciando la miseria: tambien allí se ve la desigualdad en la cubierta del polvo.
Recorria las inscripciones, muchas sin entenderlas, como si yo fuese instrumento del castigo de la vanidad mundana, como si tambien en la muerte hubiese extranjería!
Una flor aislada y marchita, una corona comenzada á destruir por el tiempo, hablaban más alto á mi corazon que los esfuerzos que sin duda habia hecho el talento para protestar contra lo implacable de la nada.
Para un extranjero, para uno que viaja, un cementerio es la aparicion de la patria comun, es el aviso de que todos los caminos tienen un fin único, y de que el sueño eterno, lo mismo se concilia bajo todas las zonas del globo.... ¡Qué pequeño es el hombre! ¡qué miserable la existencia!
Todos los epitafios son lo mismo: la queja del bien perdido, la protesta contra lo imposible, el ahinco de defraudar al olvido una partícula de lo que tiene de desaparecer para siempre. ¿Pero por qué siente uno morirse más definitivamente en un país extranjero?
En la parte más elevada de Lon-Mountain hay un monumento de mármol erigido á una que fué persona muy estimable en California: por un lado del monumento se lee: “Mecánico;” por el otro: “Senador.” Ese epitafio tiene el mérito de que con dos palabras pinta á un yankee.
El epitafio que produjo en mí más honda impresion, fué el de Arturo French, muerto en 1860 en el naufragio del vapor “Norterner,” cerca del Cabo Mendocino. French era el primer oficial del buque; parece que habia venido varias veces á la playa para procurar la salvacion de sus compañeros. Contestó á los que trataban de disuadirlo que volviese al buque náufrago: “Yo debo vivir como cualquiera otro; pero mi vida pertenece á los que se hallan á bordo de aquel navío, y así, iré y permaneceré allí con el capitan. Si muero, decid á mi esposa y á mis hijos, que despues que hice siete inútiles tentativas, he muerto cumpliendo con mi deber.”
Un mástil solo señala su tumba, emblema significativo de los peligros de su vida y de su heróica muerte.
En un lugar apartado del cementerio, sin monumentos ni inscripciones, está el lugar concedido á los extranjeros.
Crece allí espontánea la yerba; en piedras humildes están depositadas algunas fechas y algunos nombres; de vez en cuando salpican frescas flores sitios que no tienen inscripcion alguna; lágrimas, confidencias íntimas, desconocidos misterios de amor y quebranto....
El murmullo de los árboles en aquel sitio, parece remedar los acentos del hogar distante..........
Yo no sé por qué en aquel lugar tuve como la aparicion de todo cuanto amo en el mundo.... La tumba en tierra extraña.... ¿qué más da?.... Oh, no! es horrible morir sin patria!........................................
La sensacion que acababa de recibir, no me dejó fijarme en otros suntuosos monumentos ... ni en una seccion destinada á los sepulcros de los individuos de las Compañías de apagar incendios, que es muy bella.
Poco me detuve en el Cementerio Chino, que está cerca de Lon-Mountain, ó mejor dicho, que como el Cementerio Católico, son secciones separadas de él.
El Cementerio Chino, realmente son depósitos de cadáveres encajonados, que hacen las Compañías para conducirlos al Japon ó China, como es sabido y está pactado: frente á los sepulcros hay hoyos en que se queman lo que ellos llaman perfumes.
En estos lugares suele insultar el odio público á los cadáveres, arrojándoles piedras y suciedades; no hay para qué encarecer lo que tiene de sucio y repugnante aquel lugar.
En el Cementerio Católico descuella el del Sr. Labiaga, que costó más de cincuenta mil pesos.
Aquella tarde fué de honda tristeza.... parece que algo de mí mismo quedó allí sepultado. ¿A qué caminar? ¿á qué vivir? si al fin todos los caminos conducen á la muerte!!!
XXXI
Preparativos de salida.—Compra.—El Express.—Visitas.—Albums.
SINGULAR condicion de la humanidad y notable desengaño para los materialistas! Apénas sobre el modo de existir comun cae una idea; apénas se le adhiere un recuerdo, cuando realmente se trasforma y tiene significacion distinta para nosotros.
Tenemos en la mano una pluma, estamos prontos á tirarla como una basura, una voz nos dice al oido: “Con esa pluma escribió Heredia sus odas inmortales.” Entónces la vemos como una precea y la conservamos como una reliquia. Como que á la pluma descendió una alma; como que es un sér con quien nos queremos relacionar.
Así, en la partida de un lugar, las calles como que se embellecen y como que nos confian secretos que se habian reservado, las fuentes corren de otro modo, la luz como que se vuelve diferente, aquello que se va á perder se ama más.
Nunca me pareció San Francisco más seductor que el 3 de Marzo, víspera de nuestra partida. Iba como daguerreotipando en mi memoria calles y plazas; queria como calcar en mi cerebro aquella casa, con su enverjado de hierro, sus macetones y estatuas en el jardin; aquellos niños corriendo tras de sus aros al rededor de la fuente; aquella pareja perdiéndose en la distante arboleda en su elegante _vogue_; ella, indolente, acurrucándose al lado del yankee colorado, frio y preocupado solo del trotar desembarazado de su caballo.
En el saloncito que ocupaba Iglesias, habia personas de las más distinguidas, despidiéndose y prodigándole atenciones, más que relacionadas con su posicion, con su mérito real, con su sabiduría y virtudes.
En cada uno de los cuartos habia un _totum revolutum_ infernal, baúles abiertos, sombreros regados aquí y acullá, botas y botines estorbosos, esperando colocacion, camisas, calcetines, pantalones, y con predileccion el cajon para los regalos á México, denunciando los afectos y el estado de los fondos del viajero.
En medio de este baratillo estaban los amigos libando en mi cuarto sendas copas, haciendo itinerarios, dando recomendaciones y encargos y comidiéndose á desempeñar comisiones, de la manera más servicial.
Por supuesto que no faltaba, sentada en un baúl con su canasto al frente y su chico sentado en el suelo, la lavandera, primer doliente en la partida de un soltero, ni la costurera con su mamá, que por primera vez se aparece, ni criados y conocidos que van hacinando lo inútil y dejan traslucir las satisfacciones y las envidias que provoca la herencia.
Los criados andan más listos que nunca, como que se acerca la hora de la propina extraordinaria; encuéntrase uno con afectos que le eran desconocidos, por supuesto de gente menesterosa y con cualidades que nunca sospechó tener.
Aquello de las peticiones de retratos, ni se cuente, que yo los repartí por docenas y recogí muchos, siendo para mí reliquias muy queridas algunos de ellos. A propósito:
Cuando un tonto es de _pur sang_ me deleita, es tonto de ley de oro, como algunas piedras minerales.
Así habia en la colonia italiana una dama que tenia una hija hermosísima, de la que varios deseábamos el retrato; requerimos á la jóven, instamos á la mamá, y por fin, la víspera de mi partida, corrimos varios en tumulto á que se retratase Adelina.
La mamá fué con nosotros á la casa de Housewort y C.ª, establecimiento espléndido, N.º 12 Montgomery Street Market, donde se ejecutan con toda perfeccion las operaciones fotográficas.
Entrar, colocarse Adelina y poner en nuestras manos ejemplares primorosamente acabados, fué obra de ménos de tres cuartos de hora.
Yo no pude dejar de mostrar mi asombro, no solo por lo acabado del retrato, sino por la prodigiosa celeridad con que se habia verificado la operacion.
Recordaba los pasados tiempos de la pintura al óleo, las dificultades del parecido, etc., y la deuda que teniamos con la ciencia por descubrimientos tan sorprendentes y fecundos como el daguerreotipo.
—¿Y á vd. qué le parece de ese retrato, señora? dijo á la mamá uno de los circunstantes.
—A mí, nada, dijo la señora con aplomo, _porque como los señores ya conocian á mi niña......_
—Vd. tiene mil razones, señora, repuse yo (vd. es una asna, dije aparte), yo no habia tenido presente esa circunstancia.
Volviendo á los preparativos de marcha, Gomez del Palacio, que siempre se distingue donde quiera que se halla, por lo servicial y lo caballeroso, se habia encargado de la compra de boletos, ajuste del carro de dormir y del _Express_.
Pocas instituciones hay más benéficas que el _Express_, para la comodidad, no solo de los viajeros, sino de todo el mundo.
En la oficina del _Express_, perfectamente dotada, escrupulosamente servida y que posee con justicia la confianza universal, deposita el viajero el bulto ó bultos que desea se trasporten á cualquier lugar del mundo y sean del valor que fueren.
Se depositan los bultos, recibe su constancia el interesado, y el dia convenido encuentra el depositario en el lugar pactado su caja ó su fardo, sin la menor lesion, y como si hubiera sido trasportado por mágia.
En cuanto á los equipajes que van en el mismo tren que el viajero, llueven comisionados y agentes que se encargan de enfardelar, trasportar y depositar en manos del empleado del tren, sin más cuidados de parte del interesado que recoger el _check_ ó boleto con un número igual al que tiene la petaca ó baúl.
Al acercarse el viajero al punto de su destino, vuelven á presentarse agentes de casas y hoteles conocidos que se encargan de los equipajes, los recogen, los colocan en el hotel en el lugar que se les designa, y el propietario se ve servido como con las manos blancas que se movian en el aire de sus cuentos de niño.
Y todo esto se hace por tan módica retribucion, que está realmente al alcance de todas las fortunas y se verifica del modo más natural.
Arreglados, ó mejor dicho, á medio arreglar los equipajes, salí, en union de varios amigos, á hacer compras para los obsequios de familia.
Conmovedor es realmente ese balance y esos conflictos entre las inspiraciones de la ternura y la tirantez del presupuesto.
Yo queria abarcarlo todo: gorritas, saquitos, zapatitos chinos, juguetes milagrosos, de objetos mil, que presumia iban á enloquecer de contento á mis nietecitos.
Representábame la imaginacion, la llegada del baúl á la casa, prévios anuncios incitadores y halagos referentes á los juguetes, y amenazas, segun la buena ó mala conducta de los niños.
Que llegará el baúl como en procesion, que se irán congregando curiosos los criados y criadas, _pilmemes_ y nodrizas.
Colocaráse el baúl en medio de la pieza: el papá y la mamá de la casa llevarán la batuta; agruparánse los chicos; subiránse en los hombros de los autores de sus dias, armando algazara, apartándolos y revolviéndose, miéntras el cargador y los criados forcejean por desenfardelar.... Atencion general.....
Ya se abrió la tapa.... ya se desembaraza de los papeles un objeto que se ve en alto.... es un polichinela que mueve los ojos, que anda solo.... que repica sus cascabeles y que abre y cierra las piernas intempestivo, miéntras suena los platillos con sus manitas. El asombro, las risas, las disputas se suceden. Los chicos se desmorecen, todos lo quieren para sí.
Un cochecito de cuerda, una locomotora, unas cajitas de música, un ratoncito que corre, prodigios, primores; los chicos bailan, ríen, hacen caricias á sus padres, queriéndolo todo.... pero han salido á luz unos saquitos, unos casquetes chinos, unos zapatitos bordados con lentejuelas de oro.
Aquello es mucho: se visten los chicos, se prueban los zapatos, se hunden los casquetes á los ojos; los desconoce el perro y ladra, dan su voto las criadas y llevan á los niños frente al espejo.... y aquello es una bola de placer.... los papás, con la carta en las manos y los ojos inundados en lágrimas, hablan del _Papati_ (así me llaman mis nietecitos), y tiemblan á la idea de no volverle á ver......
Las personas pudientes compraban capotas de pieles, y joyas exquisitas; los ménos favorecidos de la suerte, juguetes y fruslerías, y álguien, pundonoroso y maltratado por la fortuna, esperaba á que todos saliesen para comprar unos aretes humildes, una mascadita china ó una pelota de hule, para la esposa, para la hija infeliz, ó para el niño amado del corazon. ¡Oh, cuánto amo yo á esos pobres, me muero por ellos!
Apénas nos desembarazamos de las compras, cuando tomé un carruajito de dos asientos y un caballo, que cuestan la mitad ménos que los comunes; me puse en contacto con mi cochero favorito, Dionis, que no sabia palabra de español y á quien con mi diabólico inglés le pegaba mil chascos, y me eché á volar por aquellos mundos de Dios.
Como he dicho ántes de las calles, las visitas cobraron para mí desusado atractivo; como que me veian con mayor interes; como que, aunque aparentemente festiva la conversacion, guardaba algo de lágrimas; como que entre los rayos de la fugaz alegría, pasaba gimiendo la ave negra de la ausencia. Y sin duda, cosa análoga debe pasar entre los que quedan contemplando el vacío que va á dejar nuestra desaparicion.
Una de mis primeras visitas de despedida, fué una casa que podremos llamar incrustacion mexicana.
Allí todo respira México: las muchachas, que son lindísimas, tienen en la sala cuadros con el paseo de la Viga, el de Bucareli, la calle de Roldan y el Santuario de Guadalupe.
Detestan á americanos y americanas, haciendo de ellos injustas, pero graciosísimas caricaturas: se cantan canciones sentimentales de las que forman el repertorio de la clase media en mi tierra; se brinda á las visitas chocolate; se las obsequia con atole de leche y tamales cernidos; se juegan juegos de prendas, y se disponen dias de campo á nuestra usanza.
—Ni se vuelve vd. á acordar de nosotros, Sr. _Fidel_. El que se va se divierte con lo verde del camino.
Y cosas por ese estilo se decian....
Una Pepita, burlona, chancera, chancera con talento y finura, con unos ojazos negros que levantan en peso al que los mira, y con una sensibilidad que se exalta fácilmente hasta las lágrimas, me presentó su Album....
Es el caso que Pepita es novia de un jóven, muy jóven, á quien yo amo mucho, por pertenecer á mi familia, y que el jóven aludido habia escrito en su Album unos versos para que yo los glosara, que dicen:
_ Pepa, tú lo sabes bien. Escribir aquí es error; Aunque me dé gran contento, Pepa, lo que por ti siento, No es amor y es más que amor._
—¡Hola! Como en mis tiempos, dije al frente del Album; como cuando se glosaba aquello de _Aprended flores de mí_.
Tomé la pluma, las señoras siguieron hablando en voz baja, y yo escribí, sin abandonar la conversacion: