Viaje a los Estados Unidos, Tomo I

Part 27

Chapter 273,972 wordsPublic domain

El tiene interes por la paz, porque es un elemento de su fortuna; á él, puesto que paga su agua, su alumbrado, su piso y sus condiciones de vida, se le llama para que intervenga, se le asimila y así deja de ser extranjero.

Y ese extranjero, y esa masa de trabajadores, y ese cúmulo de propiedades, y esa ley imperando siempre, y ese soldado á quien no se le ve en las calles sino en formacion, uno que otro dia, porque su residencia es fuera de las ciudades, hacen dos cosas muy importantes, vitales, que es necesario no olvidar, porque nosotros no nos fijamos en ello: que la democracia sea un hecho y que las leyes sean una verdad....

—Hombre, no me busques la boca, porque con el opio derramado en estas páginas, hay para dormir á una generacion; si me sigues hablando de esto, grito ¡socorro! por la ventana.....

Ya era tiempo: varios de mis amigos llegaron, como siempre, alegres y sedientos de diversion.

—_Fidel_, nos están esperando: la Pepita sonorense quiere á toda costa los versos que le ofreciste, y hemos quedado en llevarte.... dáte por preso!

—Espérenme un poco.... voy á entregarme á la penosa tarea de buscar mi corbata, mis botines y mi sombrero....

—Ese es cuento de nunca acabar.

—La corbata parece que me ve chuela; la tengo delante de los ojos y no la miro, y cuando me fijo en ella, le quisiera decir una mala razon; de los botines siempre hallo uno: ¿andaré dormido en un pié? jamás veo los dos juntos, parecen matrimonio mal avenido.... el sombrero está de gresca siempre, ó se me aparece sobre un ropero ó bajo de una silla.... ó hecho una indignidad debajo de toda la ropa.

—¿Acabas, _Fidel_? me dijo Manuel, que es el jóven más entusiasta por todo lo americano, y más listo.

—A la órden, mis amigos.

En dos brincos ya estábamos en la tertulia.

Habia en el saloncito de la casa de Pepita, su grupo de políticos, diciendo por supuesto que los Estados-Unidos tienen en su seno mil elementos disolventes; que no se hace sensible el influjo del centro de los Estados lejanos, que el Sur, el Este y California, estaban llamados á formar una nueva entidad.

Allí exponia sus dudas un aleman frenton, de ojos azules, leviton hasta los tajones, y de pausado hablar, diciendo que unas veces creia en que aquel era el pueblo más justificado del mundo, y otras, el más corrompido de la tierra.

Citaba en apoyo de la severidad que encomiaba, la grave pena que se impone á los que en la calle dicen insolencias; aludió á la prision de una sirvienta, porque en un dia de baile se puso un trage de su ama, y otras anécdotas por el estilo, y traia á cuento asesinatos perdonados de la manera más cínica, y burlas á la justicia, en que no se respetaba ni la apariencia del rubor.

En otro grupo se jugaba ajedrez, con aquellos espectadores estáticos, aquellos contendientes ensimismados y aquella atencion sostenida como si algo se hiciese de provecho.

Y en un rinconcito con sofaes y poltronas amontonadas, habia chicos y chicas al amor del piano, alegres, burlones, ungiendo la palabra con el chiste ó la pasion.

Jóvenes de todas las nacionalidades, muchachos del gran mundo y cotorronas desengañadas, decidoras y malignas, al dejar como forzadas el terreno florido de los ensueños y de las gracias.

Ni que preguntar, allí nos instalamos: se hablaba de todo; tenia campo la charla de Juvenal y las melodías de Peza, los arrebatos de Justo Sierra y la incisiva malicia del Nigromante.

Algunas parejas como que se andaban en apartes íntimos, sin soltar del todo el hilo de la conversacion.

La conversacion sobre el amor imperó, con aplauso universal; allí los epígramas; allí las alusiones picantes; allí la polémica eterna, que viene sin solucion desde Adan y Eva.

—Esta independencia de la mujer, decia Sussy, repugna á vdes. porque el español siempre remeda al árabe, y vdes. quieren esclavas, no mujeres.

—Queremos, señora, decia Ramon, sonorense de buen criterio y querido de las americanas, porque los morenos de ojos negros tienen gran salida en aquel mercado; queremos madres para nuestros hijos, no que se vuelva el juego tablas; la vida del hogar, no la del hotel.

—Pues en los Estados-Unidos se vive esa vida del hogar, y entre las familias de los antiguos pobladores, sobre todo en el campo.

—Eso seria ántes, decia Ramon: ahora, ya vd. lo ve, M. Stanton acaba de instituir y se hace propaganda para que las mujeres sean admitidas al voto y á los cargos públicos; el _free lowe_ (amor libre), da un tipo masculino á la mujer, y en Filadelfia acaban de verificarse escenas escandalosas; sobre todo, las leyes del divorcio abren la puerta de par en par á la disolucion de todo vínculo.

—Vean vdes., decia Manuel, esto es magnífico; aquí en este libro (tomando un libro de sobre la mesa), tienen vdes. las causas que se admiten como legítimas para el divorcio.... son nada ménos que diez y seis.

Oigan vdes.:

1.—Bigamia.

2.—Adulterio de la mujer.

3.—Desercion voluntaria.

4.—Ausencia por cinco años.

5.—Estado de locura ó imbecilidad.

6.—Relaciones del marido con mujer de color.

7.—Vagamundería del marido.

8.—Sevicia ó violencia.

9.—Injurias graves.

10.—Embriaguez.

11.—Prision por determinados delitos.

12.—Incapacidad conyugal.

13.—No proveer el marido á la subsistencia de la mujer.

14.—Que la mujer rehuse seguir al marido.

15.—Desórdenes de la conducta de uno de los esposos.

16.—Adhesion de uno de ellos á la secta de los _Shakers_, ó sea alejamiento de la mujer....

—Pues lo que son las cosas, dijo un mexicano; creo que no son tan descabellados como pintan, los motivos que considera la ley; aunque en nuestra legislacion me parece que hay más moralidad y filosofía. ¿Qué razon hay para que se abandone al marido porque de resultas de una enfermedad se enloqueció?

—Aquí, decia Ramon, se debe ver la situacion de la mujer, no en las atenciones del _wagon_ ni en los rendimientos de la calle.

—La situacion de la americana, con todo y esa libertad, es infeliz, decia una Sra. Doña Sofía, española muy afecta á las mexicanas: como vdes. solo tratan con americanas jóvenes, hablan de otro modo.

Esa mujer aventurera y errante, ese mueble que ha pasado de mano en mano, sin asiento, sin hijos, con una vejez en que deja sus heces, todo lo que más repugna á la naturaleza, con razon suele tener por desenlace la embriaguez y el suicidio.

—Bien! Bien, Doña Sofía! dijimos á una voz los mexicanos.

Entónces una americana que ha vivido mucho tiempo en México, herida sin duda por la pintura de Doña Sofía, nos dijo:

—Todos los pueblos tienen sus manchas. ¿Les parece á vdes. bien que la mujer de su país, se crea oprimida siempre y sacrificada porque un hombre identificó con ella su suerte y la hizo madre de sus hijos? La mujer es la que pierde casándose, dicen en general las mexicanas: el marido es un mingo, ó un papanatas, ó se le acusa de tirano y opresor: ¿cuándo se vanagloría una mexicana de trabajar á la par del esposo para hacer la felicidad del hijo? ¿Y qué me dicen vdes. de esos indisolubles matrimonios, siempre en riña, en que forman partidos los hijos, en que es un infierno el hogar, y en que por lo indisoluble, contraen los consortes vínculos bastardos que manchan y envilecen generaciones enteras?

—Señores, no hay que acalorarse, dijo el viejo, se trata de dos razas, de dos puntos de partida: el americano ama á su modo; nosotros al nuestro; no hay más ni ménos; son distintos los modos.

—La paloma arrulla, el perro retoza; el yankee calcula, nosotros nos vamos de bruces.

—Que hable _Fidel_!

Entónces yo, tomando la entonacion de Pedraza, que es la figura que más me gusta de cuantas recuerdo en materias oratorias, entre pretensioso y amable, dije:

—No nos cansemos: el americano, en general, se surte de novia; se procura una mujer, como un paraguas para la lluvia ó un capote para el frio: deja de llover y deja de nevar, y el chico no haya qué hacer del estorbo.

El mexicano solicita novia; ama el prólogo; los trámites le encantan.

El americano se ajusta, el mexicano ama.

Sale un caballerete de su almacen ó su taller, y en el Tívoli, en el teatro, en el baile público ó en la calle, hace su provision de muchacha; es por una hora, ó por un dia; beben alegres, bailan sin chistar y se agasajan mútuamente. El amor platónico les preocupa poco: hay incidentes.

En nosotros todo es drama.

El muchacho ve y se enloquece; suelta una primera carta, por negado que sea, que escarapela el cuerpo.

La niña desde ese momento perdió el sosiego, llora y busca cómplice, esto es, una amiga que arde de compasion; suele ser presa de un amor desdichado.

Si le sacuden los nervios, es de desesperarse.... El padre recela, una anciana entrometida, para descargo de la conciencia, atiza la discordia.... el tendero de la esquina, y la anciana del estanquillo, dan hospitalidad al novio.... allí es ello.... otra carta como lumbre, y una declaracion de balcon.

—Yo no puedo responder.... se lo diré á papá.

—Mi bien, alma mia, es que vd. no me quiere.

—Fije vd. sus ojos en otra persona.

—Vd. va á hacer que me vuele la tapa de los sesos....

—No hable vd. así!

—Me ama vd.?

—¿Qué? (poniendo el oido).

—¿Me ama vd.?

Ella, (colgándose fuera del balcon)—Sí.

—No, no así: “sí te amo, mi Arturo.”

—Qué cosas tiene vd.!.... Mi mamá!....

Puertazo.... _¡tableau!_

El chico tira el sombrero contra el suelo y se mesa los cabellos.

Confiese vd. que todo eso es delicioso; sobre todo, por los trámites.

Póngala vd. de otro modo: está vd. en visita; una niña que se quedó á comer, le flecha á vd. Miéntras los otros cantan.... vd. la dice que es muy hermosa y que ha lucido para vd. la felicidad.

La niña sonríe y quiere llevar las cosas á la broma.

El novio, que ve que ese camino le perjudica, se enséria, habla de su orfandad, aunque tenga más padres que el coro de Catedral, de su porvenir tempestuoso y.... tu amor ó la muerte.

La polla escucha cabizbaja.... con la relacion de aquellos infortunios, han venido á sus ojos las lágrimas.

—No me ame vd., yo soy muy exigente.

—Prueba que sabes amar....

Y no.... y sí.... y nos están viendo, y de una conferencia de esas de baños eléctricos, queda la gente con las coyunturas descompuestas.

Póngala vd. de otro modo:

La dama.

El escribiente.

Un padre rehacio.

Un seductor hipócrita.

Una causa política sin éxito.

Un clérigo despreocupado.

Entrometidos, valientes, chismosos y demás animales dañinos.

Estos dramas son de cajeta: ella se emberrinchina, él se aferra, el padre persigue, el seductor arma intrigas y provoca celos, y hay carreras y palizas, y se complica el sereno.... y triunfa la buena causa, y entre los vítores del pueblo, se celebran las nupcias.... prévio aquello de: _En atencion á los méritos y servicios_.....

Mejor se las cuento á vdes. Dos pollos, pollo y polla por supuesto, se enamoran precisamente porque no se pueden ver, y se abre una estupenda série de campañas, de chuparse los dedos. Menudean las jaquecas, llueven los ataques.... los celos tienen en peso la casa, y al fin, se verifica el enlace, para abrirse otra sucesion de pleitos bajo el órden constitucional.

Pero en todos esos incidentes, cuánto rasgo de infinita ternura y de heroismo.

Aquella polluela pendiente del cambio de fortuna, sin una queja, ni un desahogo, perseguida por sus padres, agasajada por un novio opulento, y ella, remachada á su esperanza que florece entre la última yerba del presupuesto, ó colgada de una charretera de teniente.

Aquella jóven que pasa de la fortuna opulenta á la miseria, que se desnuda de dijes y joyas, y que miéntras más persigue la fortuna al amante, se muestra ella más amartelada y consecuente.

Aquel “no te aflijas, bien mio, Dios nos abrirá camino. Dios aprieta, pero no ahoga....”

Y aquel decir una madre: “yo no quiero para mi hija.... ricos ni potentados; quiero un hombre de bien que la ame mucho, mucho....” eso es divino, y esa es fruta que solo se da bajo el lindo cielo de México....

Los palmoteos, los ¡hurras! las copas, vinieron á coronar mi discurso; pero la americana no se dió por vencida: púsose en pié, y exclamaba, esforzándose por darse á entender....

—Vdes. mucho mimo á los hijos, no se emancipan, no costean su alimento, se guarecen bajo el ala de paloma de la madre.

Pero ese niño, es vago de profesion, bebe sus copita y enamora y se jacta de la perdicion de las señoritas, es pendenciero, y aun casado, quiere le mantenga papá á la mujer, y siempre sin trabajar.... se hace empleado ó militar.... ó le pone pleito á sus padres por la herencia.... ¡oh! mucho se hace con ese grande amor en que la vergüenza.... no entra por nada....

—Señora, calle vd., calle, ó le cito pormenores del _Club_, para la frustracion de la maternidad, que es el oprobio y la vergüenza del linaje humano.

—Con decir que la americana llama estorbos á sus hijos.

—Esa es una llaga mortal del pueblo americano; pero anatematizada por las muchas gentes honradas de esa nacion.

—Cierto, en México no concebimos esa iniquidad, dijo el viejo imparcial, y sin seguir en este camino de inculpaciones, contaré á vdes. una anécdota cuya verdad puedo certificar. Atencion:

Una jóven encantadora y recatada de mi país (Guadalajara), fué seducida y desapareció de la casa, para ocultar el fruto de sus ilegítimos amores.

En vano el padre hizo pezquisas por hallar á la jóven; en vano gastó gruesas sumas en que la rastrearan.... pasó más de un año, cuando la casualidad hizo que el padre descubriese el paradero de su hija, que era una hacienda del Estado de Zacatecas.

Acude el ofendido padre, frenético, al lugar de refugio de su hija; penetra, ciego de furor, en el aposento; la hija se arrodilla, implora su perdon con tan viva elocuencia, con tal ternura, que el ofendido padre, duda, vacila, se agolpan las lágrimas á sus ojos y se arroja en brazos de su hija, pronunciando la palabra redentora: “Estas perdonada....” Pero ese (señalando la cuna del niño) testimonio de tu afrenta y de mi agravio, ese, se separará de tí: irá á la _cuna_ (la inclusa), donde yo le socorreré.

Miéntras decia estas palabras el padre de Julia (este era el nombre de la jóven), ella se contraia, su cabello se erizaba, sus ojos se le saltaban de las órbitas, y como leona que ve acometidos á sus cachorros, cubre al niño con su cuerpo, lo esconde en su seno, se lo incorpora, y fuera de sí exclama: “No, no; maldicion y miseria.... y todo en el mundo; pero mi hijo!.... mi hijo!....”

A estos gritos, el padre, radiante de júbilo, exclamaba: “Bien, bien, hija mia, tu hijo contigo: yo te dije que lo dejases, para saber si se habia corrompido tu corazon: tú eres mi hija, y es de vdes. cuanto soy y cuanto valgo....” y el viejo inundaba de lágrimas y besos el rostro del niño..... ¡¡¡Ese es México!!!

Por supuesto que aquello fué el delirio.... las _ladies_.... sí.... las _ladies_ lloraban, porque al fin son mujeres.... y la mujer en todas partes se llama sentimiento y corazon....

Yo sentia como gorda la garganta, como radiante el alma.... Qué ancho me sentia, como dicen en mi tierra, con aquella Julia y su viejo padre!....

—Ahora, me dijo mi amigo, entremos en explicaciones más sérias sobre el divorcio.

—Pues.... estás fresco.... ya te pondré en comunicacion con muchos sabios que hormiguean en mi tierra, y que te echarán sermones que te dejen con tanta boca...... Abur, chico.

XXX

Lo de enántes.—La marina.—El Cementerio.

MUY conmovidas encontré á Pepa y á Sofía por nuestra conversacion del dia anterior; cuando llegué á la casa, aun se ocupaban de ella con D. Antonio, que es el nombre del viejo, sesudo representante de la imparcialidad la noche anterior.

Don Pedro, que es el nombre del otro estimable viejo, decia:

—¡Ojalá no hubiera sido la conversacion entre señoras; por eso callaba yo: si hubiera sido entre hombres de mundo, yo habria mostrado que la prostitucion llega á un grado inverosímil. Yo habria dicho de las casas ó establecimientos para dejar sin _nuissance_ (sin estorbos), á las jóvenes desdichadas; habria pintado, con los colores á que se presta, la colosal fortuna hecha por una charlatana para procurar _la soledad_ permanente de las jóvenes.

Y Doña Sofía, continuaba, ya recordarán lo que acontecia en Indiana, donde el divorcio solo requeria la simple manifestacion de discordancia de génios. Llegaba por el ferrocarril un matrimonio, se presentaba, y al volver á partir el tren, estaban desligados para siempre los más sagrados vínculos.

Muchos cócoras, en las estaciones de Indiana, gritaban al llegar los wagones: “¡Veinte minutos para divorciarse!”

—Varios anuncios de abogados habrá vd. visto, añadió D. Pedro, que dicen: _Fulano,—Licenciado,—Con especialidad para el divorcio, con causa ó sin ella, cinco pesos.—Consultas grátis_.

Lo que espanta es que aun en la sociedad puritana, como en Vermont, Maine, New-Hampshire, Filadelfia y otros pueblos, se muestre ese disgusto por la duracion de la vida conyugal y ese _horror por los niños_, como decia M. Dirou, y que más bien en el Oeste y en las poblaciones más sencillas, se hayan refugiado los más puros sentimientos de la naturaleza.

Mr. Jannet, en su obra titulada: “Los Estados-Unidos contemporáneos,” publicada en 1876, dice:

“Los últimos censos tienen demostrado que en los Estados del Este, la poblacion no crece con especialidad, sino en los distritos manufactureros, donde afluyen los inmigrantes. En los distritos rurales, ó permanece estacionaria, ó disminuye. Los últimos datos sobre la poblacion de Rhode-Island, prueban que cien americanos tienen por término medio dos hijos por año, miéntras seis emigrados tienen seis. Si este desórden continúa, no habrá dentro de cincuenta años un solo habitante de la raza anglo-sajona.”

—Contaré á vdes., interrumpió un jóven guatemalteco, que nos escuchaba, una anécdota que es característica, y que reasume, por decirlo así, cuanto hemos hablado sobre el particular.

Julio Martinez llamaremos al jóven. Contrajo matrimonio con una lindísima _lady_, que pudiéramos llamar una de las más ricas joyas de la 5.ª avenida, porque Esther era no solo hermosa, sino que su padre poseia opulenta fortuna.

Los primeros albores de la luna de miel los hallaron como dos tórtolas; eran la envidia y el modelo de los amantes entusiastas.

Julio es nativo de la Habana, hermoso, perfectamente educado y de riquísimo caudal. Emigró de su país por causas políticas, se enamoró de Esther, fué correspondido y se creia el más feliz de los mortales con su enlace.

Un dia, y cuando no se sospechaba siquiera, llegaron á Julio cartas de la Habana en que le participaban que su familia estaba perseguida, que sus bienes los habia confiscado el gobierno y que no contase con auxilio alguno.

El jóven participó el acontecimiento á la esposa, lleno de consternacion, y como consecuencia le propuso la reduccion de gastos y su cambio á una modesta habitacion.

La jóven escuchó con suma frialdad, casi con indiferencia, aquel relato, y le dijo con cierto tono de superficialidad:

—A la modesta habitacion, te vas solo.

—¡Cómo! replicó sorprendido el marido, ¿no me sigues?

—Oh! á ese barrio de obreras?.... vas tú solito.

Quiso el marido esforzarse y obligar á su consorte; pero todo fué en vano. No habia pasado una hora de esta conversacion, cuando Esther estaba en un hotel y el matrimonio en realidad disuelto.

Julio.... abandonó la casa en que vivia.... y no se volvió á saber de él......

Esther se dirigió á la casa de su padre.

—Vengo á decir á vd., le expuso, que Julio me quiere llevar á una casa indigna de nosotros, muy pobre.

—Oh! esa es tu cuenta.... dijo el padre.

—Yo he resistido, y me vengo á mi casa.

—Oh! tú irás con tu marido ó por tu lado; esa es tu cuenta.... Esta no es tu casa.

—La beldad no se dió por derrotada: se encerró en su cuarto del hotel á calcular, y se encontró con que tenia _un obstáculo_ (¡un hijo!) que le impedia discurrir con libertad.

Nada más sencillo.... como proemio de sus planes, hizo desaparecer _el obstáculo_ y quedó como soltera.

Entónces, exhumó sus correspondencias amorosas, pasó una especie de circular á sus antiguos pretendientes, y la tiene vd. instalada de nuevo en su 5.ª avenida, merced á la prodigalidad de un judío millonario, que fué el mejor postor.

—Eso es espantoso, exclamé yo.

—Será lo que vd. guste, me dijo D. Pedro; pero en esa foja arrancada del Album de la vida íntima, tiene vd. la facilidad de romper las relaciones más estrechas, los vínculos más sagrados, el horror á los niños y la subasta y el remate al martillo.

················································

Uno de mis compañeros llegó en aquel momento, y tomó otro giro la conversacion.

Habia hecho, en union de los Sres. Iglesias, Gomez del Palacio y otros mexicanos, un hermoso paseo en la Bahía, invitados y obsequiados por el Sr. D. Romualdo Pacheco, una de las personas más distinguidas y amables que tratamos en California.

Antes de ceder la palabra á mi amigo, en lo que ganarán sin duda mis lectores, para la relacion de su paseo, me la concedo yo para hacer la presentacion del Sr. Pacheco en toda regla.

El Sr. D. Romualdo Pacheco nació en el pueblo de Santa Bárbara, donde tenia ricas posesiones y numerosos ganados su familia.

Quince años tenia el jóven Pacheco cuando se verificó la guerra americana, y de sus resultas, su cambio de nacionalidad.

Pacheco partió para Paris, donde perfeccionó su educacion, y vino á ejercer, como juez de su condado, las primeras funciones públicas, con aplauso universal.

Abrazó el partido republicano, se le nombró tesorero del Estado: sus talentos y virtudes le granjearon la estimacion pública, y en 1871 le hizo el voto popular teniente gobernador, y quedó al fin ejerciendo el mando como gobernador, por renuncia que hizo Mr. Booth, nombrado para ese encargo.

Hé aquí los términos en que habló entónces del Sr. Pacheco, el periódico más acreditado de California:

“En su carrera pública, el gobernador Pacheco ha sido probo entre los probos y honrado entre los honrados. Jamás se le ha atribuido un hecho que pudiera empañar el escudo de un hidalgo en aquellos dias. El gobernador Pacheco heredó los extensos terrenos de su familia, así como sus ganados. Durante los años de sequía, se deshizo de todo eso, que ahora constituiria la fortuna de un príncipe, para socorrer á los pobres. A Pacheco pertenece la honra de haber atravesado una série de pingües destinos, sin haberse enriquecido por ello.

“Personalmente posee cualidades que tienen mucho mérito para el pueblo.

“Es considerado como el hombre de mejor figura y de más finos modales del Estado.

“Laza un oso con la propia facilidad que un becerro, maneja un _yate_ como el más diestro marino, es un tirador de primera fuerza, y como cocinero, no le conocemos rival.”

Esto dice el periódico americano.

Nosotros podemos asegurar que ninguno de esos elogios es exagerado, y que el cariño que profesa á México nos lo hizo recomendable en alto grado.

El amigo que venia de disfrutar de la buena compañía del Sr. Pacheco, estaba encantado con los recuerdos de su paseo.

Contábame regocijado mi amigo, que el Sr. Pacheco llevó en su compañía al paseo á su hijita, niña encantadora en cuya fisonomía y modales parece que se habian dado cita las dos razas, sajona y española, para ostentar sus gracias: además, se reunieron al caballero obsequiante unos americanos, tan francos, tan alegres, que sin la denuncia impertinente de los años, se habria semejado el paseo á una _salada_ de colegiales.

—Vimos la Bahía, me dijo el amigo, con sus muchos muelles, su tragin y su riqueza deslumbradora.

Por una parte, el _the_ que llega del Oriente, entre la algarabía de los chinos; por otro lado, montones de tercios de trigo, esperando buques para un puerto extranjero.

Pacas, costales, barriles, maquinaria de fierro, pianos, cuanto sueña la necesidad, cuanto inventa el lujo, cuanto solicita el trabajo, cuanto imagina la gula.