Viaje a los Estados Unidos, Tomo I
Part 25
Cuando se quiere detener el carro, la uña suelta la cadena, levantando á la vez unas palancas que suspenden en alto el wagon, miéntras la cadena sigue girando, y para continuar el camino afianza la uña la cadena: esto se hace instantáneamente, sin el menor peligro ni inconveniente.
El sistema, segun el dicho de M. Hallidie, no es nuevo, pero tiene algo de mejor, y es que es muy bueno, y tanto, que varias compañías se habian propuesto adoptarlo, por las inmensas ventajas que produce, entre otras, la de prestarse á una baratura positivamente fabulosa.
Cuando volví al hotel, dije á Francisco:
—Mira estas apuntaciones; ya verás que soy obediente chico.
—Me parece bien: en cambio, yo te he guardado una anédocta que me acaba de contar un paisano recien llegado de New-York, que ha acontecido á un mexicano, que en este momento estará en nuestra patria en paz y en gracia de Dios....
—Venga el cuento....
—Alto, hermano, dijo Francisco, será despues de visitar al Jorobado, tu favorito de la fonda; volveremos aquí y te ayudará á conciliar el sueño la relacion que sabrás por boca del testigo presencial, que quedó de volver á las tres de la tarde.
Comimos nuestra rutinaria alimentacion: la sopa con apio, los pescadillos de carton, los riñones cotidianos de gutta perca barnizados, el dulce de pintura de bermellon ó cosa muy parecida.
Cuando regresamos al cuarto, nos hallamos al paisano de holgado paletó, sorbete como de cantería, tremendas botas, guante de lana, baston como rama de árbol y dos ráfagas de bigote que parecian salir de sus narices y entrar en sus orejas, teniendo como en columpio su nariz, del tamaño de un muchachito desnudo volteado de espaldas.
Bramaba el paisano contra los yankees.
—¡Qué modales! decia. Cambian á la madre que los parió por un _greenbak_! Y las mujeres.... esas no son mujeres, son tenazas, son garfios.... no conozco pegamento más obstinado que esas arpías.... son alguaciles y guardas de resguardo....
Por tan fácil camino llegamos al cuento anunciado por Francisco, teniendo no obstante la discrecion de cambiar los nombres para no herir susceptibilidades.
—Venimos á los Estados-Unidos Lucio y yo, en comision de una riquísima casa de comercio, hace dos años. Nada nos faltaba, teniamos dinero, buenas relaciones, salud y juventud.
Nos soltamos por aquellas calles de New-York, como toros: los prácticos nos rodearon, los paisanos nos hicieron la corte, y á muy poco conociamos á todas las actrices, nos hombreábamos con los calaveras, recorriamos como nuestras casas las calles de Green y la 26, los cafés cantantes y el _Restaurant de las Sultanas_.
Teniamos nuestro peluquero servil, nuestro sastre condescendiente, nuestras modistas de confianza y nuestros valientes y endemoniados por amigos.
Al principio nos instalamos en un grande hotel, despues preferimos un cuarto independiente y comer _á la carte_, y por último, nos radicamos en una casa de huéspedes, que presentaba mil comodidades.
Se comia _en familia_, se nos proveyó de una llavecita para penetrar á todas horas de la noche en nuestro departamento y se nos presentó _en el parlor_ á visitas de la casa, _comme il faut_, es decir, como las podiamos apetecer.
La familia hospedadora se componia de una señora aun no retirada á inválidos, un señor taciturno, gloton y más indiferente al parecer á la familia que cualquier huésped, y unas dos ó tres criadas, fortachonas, blancas y muy expertas en esto de cuidar solteros; esto, unido al perro dormilon y al gato travieso, eran el personal de la casa de huéspedes.
A los tres ó cuatro dias de instalados, me dijo Lucio:
—Chico, amores tenemos: la Ernestina se ha sonreido conmigo.... y mira, voy á la casa de mi maestro de inglés para que me traduzca esta carta....
Era una declaracion incendiaria.
En efecto, la niña hacia avances, se apoderó á la hora de la mesa del asiento cercano á Lucio.
—Julian, me dijo, la niña está flechada; ¿no oiste? le dije que cómo le habia yo de nombrar, y me dijo: _My wif_.
—¿Qué quiere decir eso?
—Clarito: mi esposa.
—Y creerás? gente de buen trato, no aquellas gazmoñerías de nuestra tierra. Julian, ya podias decirle cuatro palabras á esa Emma que viene aquí, _me harias lado_, podriamos pasear juntos.
—¡Excelente idea! _Incontinenti_, le disparé á la tal Emma una descarga de visajes que la dejé fria.
Lucio no estaba enamorado, pero sí orgulloso: regaló á la chica un anillo con su fecha y un “tuyo hasta la muerte,” que hacia temblar las carnes.
En la noche del obsequio hubo no sé qué juego de prendas, y no diré á vd. por qué carambola; pero en cierta penitencia, cuando yo volví la cara, Ernestina habia plantado un beso retronado á Lucio, que se quedó con cara de tonto.... el viejo clamó: _Oll rihgt_, y pasó aquello como inapercibido.
Al fin Ernestina combinó las salidas con Emma, y á poco, coche arriba, coche abajo, y paseos y teatros van y vienen.... y Emma y yo les establecimos competencia, por supuesto sin faltar en lo más leve al órden legal.
Una noche, á deshora, la Ernestina salió de su cuarto, y sin gran reserva, y como si nadie la sintiese, vino á visitar el nuestro, porque dizque tenia miedo....
Confieso á vd. que yo fuí quien me asusté, y le dije á Lucio:
—Hermano, aquí espantan, y yo me largo....
Con efecto, pretextamos ocupaciones, necesidad de estar al otro extremo de la ciudad en nuestros negocios, etc.... Los viejos hicieron en todo esto un papel como si fueran de palo......
Las correrías en la calle fueron más frecuentes y costosas.
—Hermano, le decia yo á Lucio, acuérdate de aquella Guadalupe que está gimiendo y llorando en el Valle de México por tí, y que ya mero queda calva de los mechones de cabello que te incluye en sus cartas....
—No seas bárbaro, me contestaba, aquella es la mujer del corazon: esta es la de la civilizacion....
Y luego, aquellas mujercitas de México tan chiquitas, y tan de mal génio, y tan celosas, y tan escurridas.... no, hombre, si esto es divino! me parece que estoy enamorado de una Catedral.... cada beso suyo me alza un moreton.
El dia ménos pensado, y cuando ménos lo esperaba, recibió una carta Lucio, á raja tablas, llamándole para nuestra tierra.... yo debia permanecer en New-York.
Mi amigo pagó sus cuentas, hizo sus aprestos y dió parte á la familia de Ernestina de su partida.
—_Well_, _Well_, dijo el viejo, que repito era un mastodonte brusco y taciturno como él solo. _Well_, mañana á las siete espero á vd. á tomar el _the_ por despedida.
—Aquí estaré sin falta.
—Ya lo ves, me decia el amigo al salir; ahora solo pienso en mi Lupe.... tendremos nervios, habrá éxtasis.... yo seré feliz....
En cuanto á mí, me quedaba el recurso de convertir en crónico el amor de Emma, y con calmantes de otra especie, consolarme de la ausencia de mi amigo.
Al siguiente dia fuimos puntuales al _the_; Lucio estaba guapo: guantes, corbata blanca, elegante _sobretodo_, raya abierta en medio de la cabeza.
Yo me compuse lo mejor que pude.
Algunos amigos de la casa asistieron, las criadas estaban de gala, el comedor muy alumbrado.
Carnes frias, lenguas de _Sandwich_, quesos, pickles, frutas en su jugo, keks.... vamos, se habia portado nuestra antigua patrona.
La señora presidia: de un lado de ella estaba el viejo; del otro, Lucio. Se comió con alegría, se bebió mucho, y se dijeron bríndis entusiastas.
Cuando estábamos al concluir, M. Horace, que así se llamaba el viejo, dijo á Lucio:
—Por fin, resueltamente marcha vd. mañana?
—Sí, señor, mañana sin falta.
—Oh, bien! bien! yo creo que partirá vd. con su mujer....
—¿Cómo con mi mujer? yo no soy casado.
—_O Well_, lo será vd. Ahí está su mujer de vd. (señalando á su hija), y ó se va vd. con ella, ó se va por otra parte.
Y diciendo esto, con la mayor sangre fria del mundo, sacó de las hondas bolsas de su paletó dos pistolas; puso una de ellas frente á Lucio, y la otra, despues de requerir el gatillo, la colocó frente á sí....
El espanto fué universal; todos quedaron como petrificados en sus asientos; quiso hablar Lucio, el viejo le impuso silencio: estaba espantoso; yo.... quise mediar.... pero callé.... sin darme cuenta, porque la escena, sin el menor aparato, cobró un aspecto horroroso.
—Como un hombre que va á morir puede tener algo que disponer, doy á vd. por plazo lo que tarde en arder este purito.... fume vd. tambien....
El viejo, tan silencioso, tan frio aparentemente, tenia bajo su máscara de hielo un aspecto terrible; á su lado habia cartas de Lucio y el anillo aquel de _tuyo hasta la muerte_. La concurrencia era como de estatuas.
Lucio estaba perdido....
—Que venga el notario, dijo al fin....
—¡Hurra!.... clamó la concurrencia, levantando las copas y dando así tregua á su agonía.
Al dia siguiente, salia mi amigo casado de New-York para México, cargando envoltorios, llevando del brazo á Ernestina y hecho un modelo de padres de familia.
—¿Y vd., dije yo al narrador de aquella aventura, qué hizo?
—Yo! pues aquí estoy.... dí tal estampida al dia siguiente, que no paré sino hasta aquí, donde tengo unos parientes que me proveerán de recursos para volver á mi patria.... y me voy á vivir á un pueblo de indios, para no ver Ernestinas, ni Emmas.... ni nada que trascienda á _gringo_. Lances por este estilo son frecuentes; habrá quien me reproche mi actitud impasible en lo de la escena del viejo; pero en esto de valentías sucede como con las malas jugadas del ajedrez: los mirones siempre ganan....
XXVII
Despedidas.—Charla.—El ahorro.—Las Matinés.
DESDE los primeros dias de nuestra permanencia en San Francisco partieron por los desiertos, rumbo al puerto Yuma, los Sres. Emilio Velasco y Estéban Benitez, á quienes estimaba mucho la colonia mexicana, por su alto mérito, y el grupo de sus compañeros, por todas las cualidades que les adornan.
Como el pensamiento del Sr. Iglesias era partir directamente para Orleans, y eso importaba para algunos el sacrificio de no visitar el Niágara, los que tuvieron medios de hacerlo, emprendieron su marcha por ese camino; y estos amigos fueron Joaquin Alcalde, Francisco G. Prieto, Iglesias, Calderon, Alvarez Rul, y no recuerdo si algun otro.
Estas despedidas mucho nos entristecieron; por otra parte, los dias eran sombríos y lluviosos, los paseos cesaron y no dominaba otro pensamiento que el de la marcha.
Para ser franco y no aparecer con mi corona de víctima, porque es papel que lo resisten mi cara redonda y mis siete arrobas de peso, yo no cesaba en mis correrías; seguia trasconejando wagones, frecuentando mis visitas, concurriendo á teatros y cumpliendo la única mision dulce y envidiable en la tierra: hacer cada quisque su soberana voluntad.
A mi regreso al hotel, en el cuartito de Iglesias, solia encontrar excelente sociedad.
Hombres sesudos y estudiosos, personas instruidas á quienes promovia conversacion sobre los asuntos que yo ignoraba, que eran muchos, y las que me sacaban de dudas ó me metian en otras nuevas, porque todo solia suceder.
Hablando de _Bancos_, por ejemplo, yo estaba palpando su influencia benéfica, el vuelo inmenso que ellos comunican á todos los negocios; pero me parecia resbaladizo su terreno, porque es infalible la regla de que el crédito sigue la posibilidad del pago: esto es, el fondo del Banco debe ser contante y sonante, y para esto no se presta la incertidumbre de la explotacion de minas.
—No, amigo, me decia uno, no se responde con lo que está debajo de la tierra. Rolston estableció el _Banco de California_ con seis millones de pesos sonantes.
—_El Nevada_, dijo otro, hace grandes especulaciones; pero Flot y O’Briend, que son los banqueros, pusieron en caja diez millones, como capital del Banco.
De suerte que hay Bancos por compañías, Bancos de cierto carácter privado, y Bancos con carácter nacional, y de éste es el _Ferit National Gold Bank_.
Los propietarios depositaron en poder del gobierno un millon de pesos que ganan interes; el gobierno expide su garantía por tal suma, y con esa garantía, que es muy sólida, se hacen todas las operaciones.
El _London San Francisco_, que tiene ocho millones de pesos, tambien es un Banco de capital limitado.
Del modo explicado, las operaciones de crédito son por cantidades inmensas.
Además, los comerciantes tienen abiertas sus cuentas con el Banco, dan y reciben valores, liquidando cada dos ó tres meses que refrendan su crédito.
Además, en cada calle tiene vd. lo que se llaman _Monay Broker_, es decir, cambistas de monedas de todo el mundo; y no vaya vd. á pensar, esto constituye un comercio muy lucrativo. Los pobres depositan en los _Bancos de depósito_ con toda seguridad sus ahorros.
Porque no hay que andarse por las ramas; la movilizacion de la riqueza, los cambios, la formacion y difusion de capitales, hé ahí el secreto de ese movimiento sorprendente.
—Se persuade vd., continuó el caballero que me instruia, de lo que es esta sociedad, el dia que quiera, yendo á la oficina de contribuciones.
Verá vd. llegar á pagar sus cuotas, como propietarios, á las verduleras, al carnicero, al curtidor, al limpiabotas, á la criada, al policía, al peon del campo, á todo el mundo, y estos propietarios son la conciencia de la paz, la dignidad nacional, la independencia del pueblo y el bienestar y prosperidad de la nacion. El ahorro es lo característico del hombre civilizado: entre los salvajes, los más dañinos é indomables son los que viven con el dia.
Y lo notable es que el limpiabotas sigue en su oficio, y el zapatero en el suyo, y la verdulera con sus lechugas y sus coles, sin abandonar sus talleres para hacerse grandes próceres y criar hijos libertinos, holgazanes y colgados á la teta del erario....
Todo esto me decia.... el amigo: un mexicano que esto oia decia quedo:
—Patanes! estos yankees se pierden, mejor lo hacemos nosotros.... pan para hoy y hambre para mañana.... y Dios proveerá....
Increibles son los milagros del ahorro, y en San Francisco, como en todos los Estados-Unidos, se citan con orgullo ejemplos de esa faz preciosa de la prevision y de la probidad.
Como para recomendarse un individuo, como su hoja de servicios social está lo humilde de la fortuna con que comenzaron Flood y O’Briend, banqueros que acabamos de mencionar.
Comenzaron estos caballeros su fortuna en una humilde cantina, con las mangas de la camisa remangadas y limpiando vasos; despues se hicieron accionistas de la mina _Virginia_, y ambos cuentan hoy con un capital de sesenta millones.
Muller y Luchs, ambos carniceros, cuentan una fortuna de cincuenta millones de pesos.
Muller deja por temporadas su rica estancia, para ir entre sus ganados, dormir en el suelo y comer su carne asada como en sus dias juveniles.
Es muy frecuente ver á Luchs en una casa de matanza, que se quita su levita, esgrime su cuchillo, destaza una res, para dar pruebas de que está listo y conoce bien su ejercicio.
Por supuesto que todo esto escarapela el cuerpo de un fidalgo español, de un caballero frances, de un niño fino de México.
Es cierto que la buena sociedad americana pule sus maneras, les comunica barniz europeo é imita y adopta ciertas costumbres; pero no desprecia ni le causa extrañeza el hombre del trabajo, ni le repugna que se ingiera en los negocios, ni le lastima que concurra con él á la eleccion, ni que se le sobreponga en la guardia nacional, ni atenerse á una misma ley, porque la democracia es práctica y tiene sus raíces en el valor intrínseco del pueblo.... en su trabajo. Pero entendámonos, en su trabajo.... no en pretexto de trabajo para farsas.
En estas conversaciones solia asomarme á la ventana: ¡qué desgracia! precisamente cuando en raudales, las mujeres divinas, los grandes trenes, los caballos arrogantísimos pasaban por la calle de Kearny.
Era la _matiné_, es decir, las diversiones teatrales desde las dos de la tarde del sábado, y el pretexto para las salidas de toda clase de personas, en todo el esplendor del lujo.
El amor sagaz aprovecha todas estas coyunturas para las entrevistas, para los obsequios, para las citas; y como la simple aglomeracion de gente ya es un festin, cualquiera incidente da movimiento al tráfico y los especuladores aprovechan las ocasiones.
La _matiné_ es, como si dijéramos, una fiesta dominguera, y se codicia y solicita en casi todas las ciudades americanas.
Señores.... para servir á vdes., esas _matinés_ están lindísimas, y yo de puro sabio me estoy sintiendo con sueño. Hasta la vista.
XXVIII
El Templo chino.—Confucio.—Fábrica de vinos.—El Bwilden Hotel.
SEÑOR Don Francisco, dije á Gomez del Palacio, aquí me tienes con mi librillo y con mi lápiz en regla, para ir á obsequiar tus consejos; me siento chino hasta la médula de los huesos, y si á mano viniese, para cobrar mi naturalizacion en el celeste imperio, me hallo en disposicion de almorzarme una rata con el mayor desplante.
—Vé, hombre, vé y no dejes de buscar la compañía del policía aquel, tan conocedor y tan atento con nosotros.
—Voy en su busca, clamé, cerrando la puerta con tiento, porque le enojan mucho los puertazos, y dejándolo, como pasaba las horas enteras, sin despegar los ojos de su libro.
En tres brincos subí á la calle de Dupont, con sus cuestas y hondonadas, sus arboledas, sus casitas provocativas, sus tarjas de metal en las puertas:—_Mis Adeline._—_Madamoisel Printemps._—_Carlotita._—_Lola_,—y otros nombres de personas que saben saludar con un _para servir á vd._, que allá para los _biencriados_ dicen que tiene mucho chiste.
Como lo esperaba, en medio del barullo inmenso del mercado chino, me encontré á mi policía, tieso como un pilar, esperándome impasible.
Me parece que indiqué cuando visité el barrio chino que el policía de que se trata es un cumplido caballero, que sirvió como coronel en el ejército invasor de México, que habla perfectamente castellano y que ha hecho especial estudio de las costumbres chinas.
Agreguen vdes. á todo esto, que M. M*** es de trato franco y alegre, y pocas veces me habrán visto en mejor compañía.
—_Oll rihgt_, me dijo al verme, á tres pasos tenemos uno de los grandes templos chinos.... perderá vd. poco tiempo.
—Se lo quitaré á vd., debia decir.... que mi sola ocupacion es perder tiempo; pero yo no veo, continué, entre estos balcones salientes y entre esas tupidas celosías, nada que indique un templo.
—Ni lo veria vd., si á eso se atuviese, aunque recorriera toda la ciudad: los templos están por dentro; por fuera son casas como todas.
—¿Lo mismo será en China?
—Allá es otra cosa; pero aquí tienen carácter muy provisional los templos, sin duda por las hostilidades de que son objeto los chinos, ó por la desconfianza que tienen de amalgamarse con la raza anglo-sajona.
—¿Y es una misma la secta ó religion dominante?
—Diré á vd., que por lo poco que he podido comprender en San Francisco, las sectas chinas de más prestigio son dos: la de Confucio y la de los Teonistas ó Buddistas; esta última es la que tiene más privanza.
—Me saca vd. de un error: yo creia que Confucio no tenia rival.
—Como es aceptado, en efecto, por muchos, como el divino maestro de los hombres, el mecanismo gubernativo está basado en sus máximas, y los sabios se dedican á la lectura de sus obras para comprender bien sus instituciones.
El Libro de los Ritos de los chinos, es, como si dijéramos, ley suprema aun para los discípulos de Budda ó del divino _Lao-Tsze_.
—Y vd., que habrá leido algo, dígame lo que sepa de la vida de Confucio.
—Si mal no recuerdo, continuó el coronel mi guía, Confucio nació el 19 de Junio, 551 años ántes de J. C., en la pequeña provincia de Lu; su nombre era Kong; pero sus discípulos y admiradores le llamaban Kong-fu-tzi, que significa maestro de los maestros, de cuyo nombre, latinizado por los misioneros jesuitas, viene el de Confucio.
Confucio no se dió jamás tono de sabio ni de gran filósofo; se contentaba con predicar su doctrina, sin armar campaña con alma viviente. El enseñó á los hombres el cómo debian vivir, y dejó el cuidado de morirse á cada cual, como negocio muy privado.
En sus obras no habla de Dios; pero en cuanto al hombre, le creia capaz de llegar al más alto grado de perfeccion moral é intelectual.
Sus obras tienen un carácter moral marcadísimo, y en mi juicio, son admirables sus doctrinas: recae todo sobre las relaciones:
1ª.—Del soberano y el súbdito.
2ª.—Del padre y del hijo.
3ª.—Del marido y la mujer.
Proclama como capitales, cinco virtudes:—Caridad universal,—Justicia,—Conformidad en el infortunio,—Rectitud,—y Sinceridad en pensamiento, palabra y obra.
Dicen que se ocupó mucho de la conmemoracion de los muertos, y que sus preceptos se siguen hasta el dia.
Confucio desempeñó con integridad é inteligencia notables, cargos públicos; fué legislador sapientísimo y se le recuerda como introductor de utilísimas reformas. Murió á la edad de 70 años, 479 años ántes de J. C.... vd. me perdone, esto lo puede vd. ver en cualquier catecismo de biografía.
—Prosiga vd., dije á mi guía; en eso tengo mucho interes y estoy avergonzado de mi ignorancia.... ya se ve, el vulgo es muy estúpido; yo tengo un amigo muy querido á quien han valido en mi patria sátiras y ridículo, su indisputable instruccion en estas materias: el Sr. Caravantes, á quien guardo un lugar muy privilegiado en mi estimacion.
—La doctrina de Confucio es muy digna de estudiarse, y los que ensalzan la escuela positivista, deberian no atribuir á Comte y á otros, méritos que no les pertenecen.
¡Qué sencillez de principios! ¡qué esplendor de la moral universal, conservadora de las sociedades!
_Lao-Tsze_, fundador de la escuela Taonista, de la razon mística, floreció 604 años ántes de J. C.: fué contemporáneo de Confucio, con quien no se avino en las pocas conferencias que sostuvieron.
Con la doctrina Taonista especularon multitud de farsantes alquimistas y adivinadores: atribuyéronle longevidad fabulosa, y al fin fingieron sus adeptos una ascension al cielo, montado el apóstol en un búfalo.
—Soberbio! dije yo: ese viaje en búfalo me agrada. ¿Y no dice más el repertorio religioso de vd.?
—Mi escasísimo repertorio acaba en Budda el inspirado; las creencias del Indostan de que habla tan elocuentemente Jacoliot, que sé que le es á vd. conocido: lo curioso de este dogma es lo referente á la trasmigracion; hay muchos cielos para estos creyentes chinos, y la friolera de 136 infiernos...
En San Francisco hay seis grandes templos de las diferentes sectas de que hemos dado idea.
Como dije al principio, la vista del templo que visitábamos, era de apariencia comun.
La entrada al templo, es una galera oscura y angosta; de distancia en distancia hay sobre una especie de altares, toscos nichos y en ellos unos ídolos, que verdaderamente faltan á la gente al respeto, de puro feos.
Los vestidos de esos ídolos son magníficos; sedas deslumbradoras de riqueza, bordados, afrenta del pincel, y ramajes, aves y flores, de embebecer de encanto y admiracion.
Al frente de alguno de los dioses, dentro de bombillas de cristal, habia pequeños, pero robustos cirios de cera, y al pié de su altar, braseros en donde á fuego lento se quemaban dia y noche granos de incienso y astillas de sándalo, que tienen no poco tiznados, ojos y narices de aquellas divinidades.
Contra las paredes se ven aquí y allá mesas con ramilletes semejantes á los de los altares de los pueblos de indios de nuestra tierra, y regados en las mismas mesas pedacitos de _bambou_, que es una especie de carrizo flexible, varitas, astillas y menudos fragmentos de papel, cuyo objeto no supieron explicarme.
Entre ese pintoresco basurero veíanse figurillas humanas y de animales, muy quitados de la pena: sin duda eran de la comitiva de los dioses ó de los héroes.... pero nadie me sacó de dudas.
En un marco de palo habia suspendida una gran campana y á su lado una tambora....
—¿Qué significan esos dos _instrumentos_ de dulce música? dije á mi guía.
—Son para despertar á los dioses, me dijo con mucha seriedad el coronel.