Viaje a los Estados Unidos, Tomo I

Part 21

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Un competidor suyo, disfrazado, le preguntó dónde estaba su hermano. Foster le designó un punto del Este con particularidades especiales.... despues de oirlo el rival, le dijo que no tenia hermano y que Foster era un embaucador; la prensa se apoderó del suceso, y Foster emigró de San Francisco.

Las originalidades del yankee, su supersticion, en nada se han dado á conocer como en el uso de los vidrios azules.

Lancaster Jones escribia con este motivo á uno de sus amigos de México:

“Es muy general en algunos pueblos de los Estados-Unidos la preocupacion de que el vidrio azul ejerce un influjo tan favorable á la salud, que la preserva de casi todas las afecciones. El antídoto no puede ser más sencillo en su aplicacion, ni más barato, pues basta para el objeto recibir de vez en cuando los rayos del sol al través de un vidrio de aquel color, cualquiera que sean su tamaño, y la manera de colocarlo. Deben ser muchas las víctimas de esta superchería, puesto que en New-York existen almacenes de importancia, cuyo principal negocio consiste en vender el encantado talisman. Los poseedores de él, miéntras no se enferman, viven contentos y tranquilos con la idea de que han adquirido, en cambio de algunos centavos, la invulnerabilidad contra todas las enfermedades, excepto la última; así es que no se puede negar por completo la virtud del vidrio azul, una vez que sirve al ménos para aquietar á las personas aprensivas.

“Si nuestros frailes ó sacristanes vinieran aquí á vender sus _medidas_, su _tierra de Chalma_ y sus _aguas milagrosas_, hombres, mujeres y niños de estos pueblos se les reirian á las barbas; pero en cambio, es la cosa más fácil del mundo engañar á un yankee en estas materias, atribuyendo calumniosamente el mayor absurdo á cualquiera ley de la naturaleza. No se les debe decir nunca la palabra milagro, sino simplemente: una invencion, un descubrimiento debido á la profunda sabiduría; con esto, y el sello de la oficina de _patentes_, tienen pasaporte las mayores barbaridades.

“Respecto de los vidrios azules, debo decir que las personas ilustradas se burlan de ese Aquiles de la salud, que todo se vuelve talon y aun suele servir de asunto para epígramas y chistes. En una comedia de _Ministrils_, por ejemplo, aparece el presidente Grant quejándose de sus padecimientos físicos, en conversacion con uno de sus amigos. Este le dice:—“General, ¿por qué no ensaya vd. los vidrios azules?”—Grant contesta: “Es inútil, amigo mio: por que el Sol está en mi contra.” Es sabido que en New-York se publica un periódico con el nombre de _El Sol_, que hacia la oposicion á Grant.

“Esta facilidad y llaneza con que para divertir al público toman los histriones por tema los más sérios y respetables negocios de la vida política y hacer la caricatura animada de los más eminentes funcionarios de la nacion, me recuerda, aunque no viene al caso, otra ocurrencia de _Ministrils_.

“Asistia el presidente Jhonson á un espectáculo de este género, en que figuraba un perro sabio haciendo gracias y manifestando sorprendente habilidad. El payaso excitaba los aplausos del público, y en uno de sus raptos de entusiasmo, exclamó: “Este perro no tiene nombre: yo quisiera ponerle uno con que se inmortalizara.”

—“¿Qué nombre le pondremos? preguntó el empresario.

—“Washington, Washington, dijo el payaso.

—“Eso no será; yo reverencio y amo demasiado ese nombre, para ponerlo á un perro, por más gracioso y estimable que sea el animal....

—“¿Le pondremos Aníbal?

“El empresario hacia que nó con la cabeza.

—“¿Carlo Magno?

—“No.

—“¿Napoleon?

—“No, tampoco.... ¡Ah! ya caigo, le pondremos.... Jhonson.

—“Eso no puede ser; yo tengo en mucho la importancia y habilidad de mi perro, para consentir en ponerle el nombre de Jhonson....

“A estas palabras, el público estalló en ruidosos aplausos, y Jhonson aplaudia tambien, celebrando el llamado chiste.”

XXIV

Casas de habitacion.—Baños turcos y rusos.—Una aventura de wagon.

AUNQUE he hablado con mucha repeticion de las casas americanas, insistiendo en su uniformidad, haciendo comprender que calles enteras parecen hechas con molde, mejor dicho, que se tiran ejemplares de casas, como de un aviso ó de un retrato fotográfico, quiero ahora que he penetrado en el interior de varias de esas casas, consignar mis recuerdos.

La casa americana ocupa un cuadrilongo, dividido en dos terceras partes para la habitacion y otra para corral ó seccion interior á la espalda de la habitacion, en que se deposita la leña y el carbon, se solazan pollos y gallinas, y por lo comun se hacinan toda clase de trebejos: allí suele existir el depósito de la agua.

Entremos á la habitacion. En su parte interior, corre del uno al otro extremo un angosto pasadizo, á donde dan por un lado las puertas de las piezas del primer piso y por el otro da la escalera al piso ó los pisos superiores.

A la entrada de la calle existe siempre, en uno de los costados del pasadizo, un mueble como tocador con su armazon, para depositar bastones y paraguas, y su perchero, pues así deberia llamarse donde se colocan sombreros y abrigos y puede asearse la visita para presentarse _come il faut_: debajo de la escalera está imperturbablemente la despensa, en que se guardan las provisiones todas de la familia.

El pasadizo descrito conduce al salon. Este, en general, es extenso: en su centro se levanta un arco y ese arco sustenta un cancel de tablas corredizo, que divide, cuando se requiere, el salon en dos salones pequeños, segun las distribuciones de la casa.

Siguen al salon dos ó tres cuartos, y en el fondo del pasadizo están ubicados el baño y el comun (water closer), departamento con agua corriente, perfectamente aseado, y al que se dan siempre nombres que no despierten ideas desagradables.

Del pasadizo parten dos escaleras; una ascendente, la otra descendente: la primera conduce á las recámaras, con sus ventanas, su comun inglés y su _closer_ ó perchero para la ropa. En esas habitaciones hay tambien su baño.

La escalera que desciende lleva al comedor, en el _bassement_ ó subterráneo, porque está hundido medio cuerpo y solo asoma los ojos de sus ventanas al jardin exterior ó la banqueta de la calle.

En el comedor se ve una alacena, que no es propiamente sino ventana ó punto de comunicacion con la cocina, lugar por donde se sirve, sin percibirse desde la primera pieza el tragin de la oficina culinaria, ni dar lugar á las disputas de los criados.

Las piezas de los varios pisos, en su espalda, se comunican con el corral.

Pero en todo esto no hay un claro de luz, ni un pedazo de cielo, sino el que se ve por las ventanas: cada casa es un estuche; con una asa en la azotea, se podria trasportar como una portavianda: es una construccion como de buque; son cajones de madera más bien para empaque que para habitacion: de ahí nace la tendencia á la vida exterior y al aire libre. En esas pichoneras nos asfixiariamos los mexicanos.

En las construcciones de San Francisco y en casi todas las de los Estados-Unidos, hay una singularidad. Puertas y ventanas, sin excepcion alguna, son del mismo tamaño, las mismas dimensiones para marcos y vidrios, el mismo herraje y hasta el propio color, de suerte que pérdidas y deterioros se reparan con la mayor facilidad, y las casas enteras están en fracciones, de suerte que no es más que armarlas. Las improvisaciones son muy comunes.

Los artesanos trabajan centuplicados ejemplares de celosías, de goznes, de todos los artículos de carpintería y herrería, y aun familias hay que parece tienen una especie de balero para reproducir individualidades exactamente iguales.

Cuando salen del órden comun las habitaciones, entónces esas cajas que hemos descrito cobran mayores dimensiones; ostenta en ellas sus primores la arquitectura, y están ubicadas en el centro de un jardin delicioso en que se admiran estatuas soberbias, se deleita la vista con fuentes y cascadas, y se recrea con la competencia de los primores de la naturaleza y del arte.

* * * * *

Ocupábame de las apuntaciones anteriores, para dar á conocer las casas de habitacion de San Francisco y de la mayor parte de las ciudades de los Estados-Unidos, cuando, como lo tenian de costumbre mis amigos, que se esmeraban en prepararme diariamente una nueva sorpresa, llegaron, no obstante que corria un cierzo cruel, con la peregrina ocurrencia de llevarme á tomar un _baño turco_.

—Hombre, vdes. se han vuelto locos! Si en mi tierra, y con su aire amoroso y las aguas dulcemente templadas, esto del baño lo veo como asunto de pensarse sériamente, ¿qué será aquí? Vayan vdes. con la música á otra parte.

Instaron, resistí; persuadió Alatorre, forzó Ibarra, espiaron todos mis lados débiles, y dí al traste con mis propósitos, no sin ofrecer y cumplir que seria simple espectador en el lance de aprender de condenado, con que me brindaban.

Hicimos la excursion: contaria maravillas si la describiese puntualmente. Despues que los bañadores salieron frescos y rozagantes, tuvieron la bondad de mostrarme el establecimiento, que tiene el nombre de “Hamman” y está en la conjuncion de las calles de Dupont y del Mercado.

Los baños turcos de que hablo se construyeron bajo la direccion del Dr. Loryea, quien ántes de poner mano á la obra habia recorrido por todo el universo mundo los más famosos establecimientos de su género.

Proponíame hacer la descripcion lo mejor que pudiese, cuando cayó en mis manos la traduccion que del inglés hizo mi amado amigo y hermano Francisco Urquidi, del periódico _Overland Montly_, que conservaba inédito entre sus papeles, y que yo me tomé la libertad de extractar y acomodar al tono de esta obrilla. Oigamos:

“Subiendo la calle de Dupont, el viajero se detiene ante una hermosa fuente de bronce, cuyos elevados chorros brillan con el sol.

“Sobre la puerta que da entrada al establecimiento que vamos á describir, hay una inscripcion primorosamente ejecutada, que dice en árabe: “Bismi Uah Allá il Allá.”

“A la derecha de la entrada se ve un departamento provisto de refrescos y de estimulantes adecuados: á la izquierda está el despacho, que se comunica por medio de tubos con los diferentes departamentos del “Hamman.” Allí es donde el bañador deposita sus prendas, inscribe su nombre y recibe su boleto. Despues de estos preliminares, penetra al _mustaby_ ó cuarto fresco, cuyo centro está ocupado por una especie de tina de mármol blanco, de seis piés de profundidad, seis de ancho y como seis varas de largo. En ese departamento derrama sus purísimas aguas una hermosa fuente de plata.

“A cada lado de la fuente hay piezas para descansar y para fumar, espléndidamente amuebladas y separadas cada una de ellas por cortinajes y tableros de madera calada y labrada, por donde penetra, como adelgazándose y refrescándose, el aire.

“Los techos y paredes están magníficamente pintados al fresco. El dia penetra en aquellas estancias por dos grandes tragaluces circulares cubiertos de vidrios de colores, cuyos matices están graduados de manera que impresionen con la sensacion de frescura que se experimenta en aquel recinto.

“Sobre todas las puertas y algunas paredes, hay sentencias tomadas del Koran y preces que se dirigen al consuelo de las buenas almas de Moslen.

“Inmensos espejos reproducen por todas partes los objetos, y el visitador, con aquella luz ténue, aquel murmurar de la fuente, aquel sosiego y frescura, se siente dominado por una languidez soñolienta, voluptuosa, esencialmente oriental, viendo, al mismo tiempo que crece su ilusion de lo turco, lo pérsico y lo asiático que le rodea.

“Con precaucion científica, se han cubierto los suelos de una hermosa estera de la India, para que no se conserve el menor calor.

“El _mustaby_ ó pieza del fresco y del frio, es el _opodyterium_, cónclave ó _spoliatorum_ de los romanos.

“Contiguo al _mustaby_ está el _tepideryum_, correspondiente al “mas” de los indios y al _piscinium_ de los romanos. Este es el cuarto ó la cámara caliente que con constancia se mantiene de 120° á 130° Fharenheit.

“En este departamento todo corresponde al nombre que lo anuncia, y concurre á producir el calor.

“La inmediata en el órden de las piezas es el _calidarium_ ó _sudatorium_, que corresponde á los baños de piedra caliente de los rusos, irlandeses y algunas tribus de América. El calor de esta pieza es de 160° á 180° y puede aumentarse á discrecion del superintendente. Aquí tambien cada cosa está en relacion con el nombre y uso del departamento. Toda la pieza es de mármol, y de mármol la gran mesa que se halla en el centro, rodeada de sillones de mármol tambien, destinada para el procedimiento sudatorio, que es muy singular.

“Todos los empleados de los baños son turcos, educados en aquel oficio desde la edad de ocho años.

“Los dependientes trabajan generalmente ocho años en los baños, y si se debilitasen por estar expuestos tanto tiempo á tan alta temperatura, se notaria en su apariencia, lo cual no sucede.

“El hermoso cielo arqueado del _calidarium_, refleja é irradia el calor con igualdad por toda la pieza, iluminada por soberbios candelabros de exquisito gusto y en perfecta armonía con sus accesorios.

“Separados de esta pieza por gruesas cortinas de fieltro, hechas é importadas especialmente para su objeto, hay otros tres departamentos más chicos, en dos de los cuales la temperatura es mucho más alta que en la pieza principal. Habiendo pasado por el _calidarium_ y sus auxiliares, el visitante encuentra la entrada de las señoras en _Bagley Place_, donde una escalera volada une el segundo y tercer piso, estando destinado el segundo al uso de ellas y el tercero á toda clase de baños medicinales.

“Las piezas de las señoras están suntuosamente amuebladas y profusamente provistas de cuanto puede conducir al deleite.

“La pieza destinada á los baños de vapor mercurial, está toda compuesta de espejos trasparentes, de manera que quien se baña pueda ser visto por el facultativo; esta es una nueva y valiosa idea introducida por el Dr. Loryea.

“Sin emprender una descripcion de los departamentos de las señoras, los cuales solo vistos se les puede hacer justicia, inspira una gran admiracion la manera con que las investigaciones de la ciencia han sido utilizadas y combinadas para hacer el “Hamman” tan perfecto como es posible.

“Es un hecho establecido, que la química suministra el modo de extraer los ingredientes activos de las aguas medicinales, por medio de lo cual pueden ser trasportadas, en pequeño volúmen, disueltas de nuevo y reproducidas las aguas, sin pérdida alguna de sus efectos, sino ántes bien, con el poder de remediar algunos defectos existentes en las aguas originales, y asegurando por tanto la certeza en su operacion, que no se obtiene siempre en su estado primitivo.

“El Dr. Loryea se ha servido felizmente de la ayuda que proporciona la química, y despues de haber examinado á fondo los principios activos de las más célebres aguas sanitarias de Europa, ha condensado aquellos principios y está preparado para administrar los baños de más nota en el mundo. Puede uno allí tomar los baños de mar del Mediterráneo, sin pasar el estrecho de Gibraltar; los baños de carbonato ó alcalinos de Vichy, están á nuestras puertas; los famosos baños de la serpiente de Schlaugenbad, han sido trasportados á la ciudad; los de Kesselbrunen, Swalbash, Mariembad y Bareges, se han establecido aquí.

“Baños eléctricos administrados por diestros operadores, y hasta baños cosméticos perfumados, para entonar la complexion delicada, encontramos entre estos prodigios neptunianos.

“Las cuasi fabulosas virtudes de Bethesda, Siloam y el Jordan, han sido restauradas y concentradas para nuestro regalo.”

Tal es la descripcion de los famosos baños turcos.

Miéntras los tomaban mis compañeros, yo conversaba en la pieza de la entrada con un _amateur_, que disertó conmigo de lo lindo sobre las excelencias del remojo humano.

El _amateur_ tenia sus puntas de erudito y de médico; disertaba sobre las excelencias de los baños de aire para conservar libres los poros.

Yo, que deseaba no quedar en mal concepto con aquel personaje tan entendido, y á la vez tan obsequioso, emprendí una disertacion sobre el _Temascalli_ azteca, que yo mismo por dentro me dí coraje de verme tan charlatan: despues me he persuadido de que es enfermedad que acomete sin sentir al viajero.

Aquella indiezuela doliente que quiere vivificar su sangre y su existencia, para renovar, despues de ser madre, sus gracias para presentarse al esposo.

El local, especie de horno con su depósito de agua interior, en que hace sus abluciones la jóven para exponerse á las devorantes caricias de un aire como llama; el lienzo que se agita y con el aire que despide refresca sus formas como envolviéndola en deliciosas emociones; las ramas de árbol empapadas en agua helada y sacudidas sobre la piel, tostada casi por la temperatura del horno.... yo no sé como expresé todo esto, que el desconocido compañero, primero escuchó atónito, despues tomó apuntes, renovó sus obsequios y me ofreció muy formalmente que pronto tendria la dicha de participarme el establecimiento del _Temascalli_ azteca en San Francisco.

Mis compañeros salieron complacidos al extremo de los baños turcos; no así un español cejijunto y de alborotado cabello sobre la frente, que aseguraba haber pasado las penas del purgatorio, y que al sentirse en el cuarto caliente, echó á correr, desnudo como estaba, golpeando las puertas y pidiendo socorro por haber caido en el mismo infierno!

Separéme de mis compañeros, y como de costumbre, me metí al acaso en el primer wagon que atravesaba, sin cuidarme de la direccion que llevaba, y como lugar cómodo para ir haciendo mis apuntaciones. El _wagoncito_ urbano la llevaba larga.

Quedamos gran trecho de tiempo, y casi á la salida de la ciudad, dos pasajeros que nos espiábamos sobre nuestros respectivos libros.

Uno de estos transeuntes no era pasajero, era pasajera; pero la hembra más excitadora del mundo para esto de la conversacion.

La señorita era francesa, ó por lo ménos sabia francés, á dar crédito al libro que llevaba abierto en las manos; este descubrimiento ya era algo para aquel á quien iba sabiendo la boca á medalla.

Yo veia, tosia.... dejaba escapar una que otra palabra como hablando á solas.... y recordaba los usos de la tierra.... y me estaba fuerte.... al fin, ella, dizque entregada á su lectura, alzó la voz.... leia el “Viaje á Oriente” de Lamartine, con acento tan dulce y con tan apasionada modulacion, que yo, sin que al caso viniese, ni saber precisamente de lo que se trataba.... me acerqué, como enajenado con la lectura, diciendo:—“¡Oh: señorita, eso es divino, divino, Lamartine es mi poeta....!” Por supuesto que tales exclamaciones requerian cierto acortamiento de distancias....

Así se entabló la conversacion, primero desconfiada y curiosa, despues franca y cordial, haciendo la señorita la debida justicia á mis años, y dando esto soltura á nuestra naciente relacion.

En frente de la parte despoblada de la calle de Franklin, se detuvo, cambiamos nuestras tarjetas y me invitó para su tertulia en la calle de Washington; tertulia que se verificaba los miércoles y á la que asistia Mr. Lestalié, jóven comerciante á quien profeso particular cariño, que me habia presentado á la mejor sociedad francesa de San Francisco.

Como es de suponerse, acudí puntual á la cita.

El tabique de la sala de la tertulia Washington se habia corrido: en una de las secciones se charlaba, se tomaban refrescos, bizcochos y dulces: la otra seccion estaba consagrada á los artistas que ocupaban el piano, cantaban y hacian ostentacion de sus notables habilidades.

En el rol de los artistas unas jóvenes italianas, las Sritas. Rotanzi, deslumbradoras de gracia y sentimiento, rodearon el piano, reclamando su nombre la atencion universal.

Interrumpióse el cuchicheo delicioso de viajes, de modas, de amores y de bromas sabrosas, y las tres artistas preludiaron un canto en medio del silencio más profundo.

Si á mí me hubiera tocado en suerte bautizar á las tres señoritas, que sin pretenderlo se imponian á nuestra admiracion, á una hubiera llamado _Ensueño_, á la otra _Pasion_ é _Inocencia_ á la tercera.

_Ensueño_ soltó sobre las teclas las deliciosas armonías que estaban escondidas entre sus dedos, y dejó flotar en el éter invisible, la inspiracion divina que se anidaba en su mente.

Alentadas con aquel ensayo, piando primero, despues en torbellino de notas estusiastas, al último, en requiebro apasionado de desesperacion, de locura y gemidos, se seguian las voces como cuando á dos aves en el espacio separa el viento y luchan por reunirse, y ráfagas tempestuosas las dividen, hasta juntarse y guarecerse bajo una rama amiga, reprimiendo los sollozos para dar vuelo á las emociones del placer.

La concurrencia entera se agolpó al rededor de las artistas: yo veia reproducidos los grupos en los espejos, pareciendo cuadros allí fijados, ó más bien vistas fotográficas de otros países. Aquellos viejos de anchas y relucientes calvas y cabellos canos colgando sobre los hombros; aquellas jóvenes como estampas de un periódico de modas; el perro junto á la chimenea; el jarron con flores sobre la consola; el retrato de Napoleon I en su caballo blanco cruzando los Alpes, todo me parecia que eran recuerdos que animaban en aquel instante mi fantasía.

Redobles continuados de aplausos ardientes, acogieron las notas de aquel terceto en que la música fué el pretexto, la ejecucion un accesorio, y la vida y el drama de pasion estaba en las animadas fisonomías de aquellas celestiales hijas del Adriático.

El gozo dejó caer su lluvia de hojas de rosa y sus rayos de oro, y tomó la concurrencia el carácter más agradable del mundo.

Disputábanse las muchachas el piano y los cantos; americanos, rusos, ingleses, hebráicos y de todo el mundo, encontraron intérprete.

Hay en México una cancion que tiene su fecha: no se conoce su autor, ni dos personas cantan los mismos versos. Es una cancioncilla que ni cruza dorados salones, ni se anida entre el populacho; vive como paloma consentida al calor de los corazones sensibles.

Esa cancion que me parece es de mi amigo el apasionado Antonio Plaza, la arrullamos, la escondemos, es una confidencia y una duda; se exhala caliente con un beso; muere como un sollozo entre los labios de quien canta.

La cancion evoca el recuerdo de la adorable clase media de mi patria; la polluela obstinada y heróica para el sacrificio, el galan rendido y esperando su ingreso al presupuesto para la realizacion de sus ensueños; lirio escondido para el escribiente de oficina; albor de luz risueña para el colegial que está al romper el huevo de la preparatoria y pretende volar á jurisprudencia ó medicina; desahogo del teniente, en las altas horas de la noche, que vela en su guardia, y éxtasis para el ranchero que va desde la hacienda á pasar el domingo en una ciudad de tierra adentro con su novia; esa cancion, cuyo nombre no recuerdo, pero dice en uno de sus versos, remendados como han querido los cantantes:

Pero mi amor aun al delirio excede; Pero mi anhelo vence el cruel dolor; Mi corazon sufrir ya más no puede: Quiero morir, pero morir de amor,

esa la cantó _Pasion_ en su castellano peculiar, con tal ternura, con tan intenso sentimiento, que la cancion vino á mí como una querida que se lanza á nuestro cuello y nos envuelve en ella é inunda con sus cabellos nuestro rostro, y esculpe su semblante sobre nuestro abrasado corazon.

México, sus guitarras, sus pollas, sus enamorados, su zócalo, sus noches de luna, todo vivia en aquella voz, y me requebraba y me enloquecia.... “Quíteme vd. de aquí, le dije á mi compañero, porque de fijo cometo una barbaridad si sigue ese canto.”

La misma dificultad de la pronunciacion española; vamos! ¿para qué lo he de negar? me caia en gracia y me tenia trastornado el cerebro.

Yo quiere mucho mi morir damore.