Viaje a los Estados Unidos, Tomo I

Part 17

Chapter 173,937 wordsPublic domain

La Nevada, Calaveras, Amador, Joulumne, presentan espectáculos nuevos, terribles, de desquiciamiento y muerte. ¡Cuando se abandonan esos trabajos y la soledad impera en aquellos sitios, se ve algo semejante á lo que será el cadáver del mundo en el seno de la Eternidad!

—Bien, muy bien, M. Wood, dijimos todos: un hombre del Kentuky, poeta, eso es más raro que los canales de que se nos habla.

Yo seguia con interes sumo la conversacion de los amigos de Francisco, y ellos me alentaban en mis apuntaciones, haciendo que éste me tradujese lo que yo no podia entender; pero léjos de molestar á aquellos caballeros, mi curiosidad les complacia, se esperaban á que yo escribiese, me repetian lo que habian dicho, con suma deferencia y finura.

—Hoy, me dijo el ingeniero, la atencion se concentra en la explotacion de los placeres subterráneos. El oro no aparece ya en deslumbradoras _pepitas_ como en otros tiempos felices. Es muy raro aquel que amaneciendo pobre anochece rico, como sucedia cuando Eldorado.

Los rendimientos son ménos fecundos, y ya no se prestan al romance: en cambio, están permanentemente organizados; esto hace que la poblacion del Estado sea de cerca de un millon de habitantes.

La tierra, como celosa de las minas, abre su seno vírgen y convierte en cuento mezquino la fábula preciosa del Cuerno de Amaltea. Las cereales y la vid producen cosechas abundantísimas: el año de 1874 dieron los campos 150,000 hectólitros de vino.

Las maderas se exportan para los más remotos pueblos; 18 millones de kilógramos de lana han producido nuestros carneros, que se crian lo mismo que en Australia, y ya vd. ve, en cuanto á los negocios, algo dirá á vd, Mr. Keen, que se ha estado callado como un muerto.

Mr. Keen dió un tajo al palito que tenia entre sus manos, pronunció un _old rigt_ estrepitoso, y habló en estos términos:

“En varios puntos de los Estados-Unidos se produce la plata, aun cuando no todos tengan la nombradía de la Nevada, Utah, el Nuevo México y la parte del Arizona que se relaciona con el Estada de Sonora.

Utah fué ménos explotado que aquellos distritos; mejor dicho, no fué explotado sino hasta 1870, porque el Papa de los Santos, así es llamado el Jefe de los Mormones, odia el contacto de los gentiles, así llamados á todos los que no pertenecen á su comunion.

Las minas juntas de México, Chile, Perú y Bolivia, no producen lo que una sola mina de la Nevada. Los rendimientos de aquel solo distrito fueron en 1875 sesenta millones de pesos.

La vena más rica descubierta hasta ahora está en Virginia-City, y se llama Comstok.

El descubrimiento y las peripecias de esas minas, aunque no tan estrepitosas como los placeres de oro, pusieron á prueba el carácter del aventurero; muchos de éstos tuvieron que andar entre la alta nieve de las montañas, emprendiendo increibles trabajos, y muchos murieron con la palabra _Go ahead_ (Adelante!) entre los labios. Socavones de 1,200 piés, pozos insondables, todo se intentó y la tierra arrojó tesoros de su seno sobre los atrevidos trabajadores. La cantidad de metal desprendido de solo la mina de Ophir, se calcula en 150,000 toneladas.

El juego de alza y baja de las minas para valorizar sus productos, se hizo objeto de las especulaciones de los banqueros, quienes no solo hacen adelantos al minero sobre los futuros productos, sino que creen esto más fructuoso que las operaciones de descuento, y en este juego, si bien algunos improvisan fortunas colosales, otros, y son los más, se arruinan espantosamente.

No obstante, esa excitacion, ese juego de azar empeña á hombres emprendedores de los Estados-Unidos y de Europa.

Se propala el descubrimiento de una mina ó de una veta, se encarecen sus frutos, se publican opiniones de peritos, y la prensa echa á vuelo todas las campanas de la publicidad. Ha habido vez que la prometida bonanza se realice: entónces son los grandes paseos, el juego y las orgías, al punto que unos negociantes de Chile tuvieron una bonanza de cerca de un millon de pesos, y al mes no lograron reunir dinero para comprar dos burros en que volverse al puerto.

La charla, la codicia, la prevision, los _anzuelos_ para atraer á los incautos, se ponen en juego en aquella lotería peligrosa de que resultan verdaderos desastres.

Los banqueros de San Francisco, más prudentes que otros, hacen generalmente sus préstamos á las Compañías, con un tanto de premio, lo que es ménos expuesto.

Se forma la Compañía, se emiten _Stokes_ ó acciones, y la alza ó baja de los _Stokes_ constituye el juego.

El Banco de California, que quebró hace poco estrepitosamente, hacia, como ninguno, la alza y la baja de los _Stokes_. Se hallaba á su cabeza el célebre Ralston, que puede citarse como el tipo del negociante americano.

Marinero subalterno, llamó la atencion por su porte y audacia. El banquero Garrison le dispensó su proteccion y le encargó en Panamá de sus sucursales del Banco de San Francisco: en 1855, cuando tenia veinticinco años, Garrison le llamó á su lado y le interesó en todas sus empresas.

En 1864, ya Ralston volaba con sus propias alas, y fundó con esplendor el Banco de California.

Ninguna empresa minera, ni industrial, ni de mejora importante para la costa del Pacífico, dejó de contar con la cooperacion de M. Ralston.

Se valuaba su fortuna en cien millones de pesos.

Su casa es sin duda alguna la más espléndida de California: tenia constantemente sobre cien convidados á su mesa, y habia departamentos lujosísimos para huéspedes.

Abria para sus amigos las puertas de las elecciones públicas. En las minas, sus indicaciones eran órdenes. Fué padrino y se hizo cargo de la mitad de los costos del Palace Hotel, uno de los primeros del mundo.

Ralston tenia un rival, Mackay, poseedor de una fortuna de setenta y cinco millones de pesos. Es uno de los directores de la mina _Consolidatet Virginia, California y Ophir_.

Dos de los asociados de Mackay son de orígen tan humilde como el O’Brien y Flood, que empezaron su carrera como dependientes de taberna.

Ralston murió ahogado: cuenta la maledicencia que habiendo determinado suicidarse y verificarlo descaradamente, quitaba á su familia el _derecho de seguros_: entónces fingió una excursion en el mar, y allí borró la huella de su atentado. Juzgo que no sea cierta esta version; pero el cálculo pinta al yankee. San Francisco le hizo funerales como á un monarca. Muchas personas vistieron luto y se pronunciaron notables discursos fúnebres en su honor.

El Banco de California cerró sus puertas, y se consideró tal acontecimiento como una calamidad pública.

El 3 de Octubre de 1875, un telégrama anunció al _Times_ de Lóndres que el Banco de California abria de nuevo sus puertas al público.

Hubo hurras, bravos, y contento como en un dia de fiesta nacional: la gente bebia y brindaba en las calles; la multitud rodeaba al Banco como se rodea con entusiasmo un monumento de gloria.

Lo singular en todo esto es que los ingenieros, los mineros, en una palabra, todos los hombres de trabajo de las minas, permanecen como indiferentes á cuanto ocurre al rededor de ellos y sobre sus cabezas, dedicándose con perseverancia extrema á sus ocupaciones.

La dinámica, la química, las ciencias todas, hacen progresos para la más fructuosa extraccion de los metales, y cuando todo parece agotado, se envía la tierra metalífera á Swance, en el país de Gales, y á Friburgo, en donde los más económicos procedimientos sacan partido de los desechos de las minas.

El año pasado y parte del presente han producido las minas todas de la Nevada, entre plata y oro, cien millones de pesos. La Australia, la Siberia y las Américas reunidas, no llegan á esa suma.”

Aunque dilatada y no muy amena la relacion de M. Keen, la escuchamos todos con vivo interes, esencialmente en lo relativo á los _Stokes_, que tanto influjo tienen en la sociedad de California.

Quedaron charlando y fumando mis nuevos amigos en compañía de Francisco, y yo me dirigí á mi cuarto, donde me esperaban mis viejos compañeros.

* * * * *

—Comes con nosotros, me dijo Pablo; estarán en nuestra compañía el bravo capitan Heigs y D. Lino Patiño, aquel viejecito español que tanto blasfema contra los yankees.

A la una de la tarde estábamos en el gran _Restaurant_ de la calle de Sutter, en el salon inmenso que da á la calle, desde donde se ve el mostrador de los marmitones, y donde la servidumbre tiene todos los matices y está en posesion de todos los idiomas del globo.

La mesa albeando, jarrones con flores, jarras con gigantescas ramas de apio, unos panes sacados de trozos de masa cuadrada, como grandes zoquetes de madera.

Comimos alegremente: D. Lino me veia de reojo, porque me habia oido elogiar lo que me parece digno de elogio en los americanos. D. Lino es un carlista recalcitrante, bilioso, de ojos verdes, patilla gris, y un fruncimiento de labios que recrudece su palabra y hace incisivas sus malas razones.

—Instruccion pública, instruccion pública, decia D. Lino, que el sol así, que la luna asado, que esa yerba es lanzácea, y no conocen la _O. Ginacio_, hombre, retozo y manoteo, y unos angelitos como unos chivos, y unas niñas como gañanes.... y no es eso lo más, sino liebres corridas desde chiquitinas. ¿Union de los sexos? Como el diablo, hombre; cada escuela es una cena de negros.... Hombre, por la Santísima Vírgen esto es una condenacion!

Yo reia, y D. Lino queria comerme con los ojos; mis amigos le azuzaban llevándole la contra.

—El señor habla como adolorido: que le cuente á vd. su aventura con Lulú.

—Hombre, ese no es cuento de broma, replicó D. Lino; no creo que vdes. quieran que me dé cabezadas contra las paredes.

—Cuente vd.

—Cuente vd., repetimos á una voz.

—Pues, señor, yo soy viudo y con tres hijas, cristianas y educadas á mi modo, gracias á Dios! Vine á esta California ó Calinfierno á recoger unos cuartos de un tio minero.

Don Lino, ¿un paseito por _Cliff-House_?—D. Lino viene á su negocio y no pasea.—D. Lino, ¿una visitadita al Teatro de las Circasianas?—D. Lino no visita, y que esas doncellas se la pasen como puedan.

Un dia fuimos á Oklan; esos _ferris_ son como demonios, se embaula gente hasta el tope y todo el mundo está de bromilla; yo no soy enamorado, pero tampoco un pedazo de atun: ví á unos amigos con unas señoritas; ¡qué graves y qué circunspectas! una de esas señoritas cargaba un envoltorio enorme: al salir del ferro tomó el tercio aquel en brazos ¡pobrecita! y luego era tan linda.... por negada que sea una persona, se comide en tales lances.... cargué el envoltorio, ella no sabia palabra de español.... tomó un ómnibus, y yo fuí, cargando, hasta depositar el bulto en el coche.... como no tenia rumbo, allí me quedé.... y llevábamos el estorbo aquel entre los dos.... _thank you_, muchas gracias, decia ella.... y yo contento.... llevaba un anillo en mi dedo.... ella me tomó el dedo.... y á mí se me fué la mano.... veia y examinaba el anillo.... y decia: _very fine_, _very nice_, _esplendide_.—A la órden, señorita, y ¿lo creerán? me lo fué safando del dedo, y ahí te quiero ver.... por recobrar el tal anillo, me perdí.... á los tres dias éramos amigos. Pero yo dije: “Lino, aquí paras”.... me informé; aquella no era una mujer pública, era una preceptora de idiomas... Vamos, con mil diantres, sea vd. maestra de mis hijas!

Va á la casa, les enseña este _gury gury_, y á mí ¡pícaro! á decir: “Mi querida señorita, mi esposa,” y.... ¡quién sabe cuántas tonterías!

Pícales el celo á mis hijas y despiden á la preceptora....

Lo perdido, perdido, dije con mi conciencia limpia, y quedamos en paz.

Pero amigos, ¿cuál fué mi asombro, cuál mi espanto, cuál mi estupefaccion, cuando me van notificando que me case con Lulú? ¿Yo con Lulú? hombre, si no estoy dejado de la mano de Dios; si poco me falta para tomar una calavera y una disciplina!

—Que se case vd., que no hay remedio, ó cien mil pesos por indemnizacion.

—¿Indemnizacion de qué? ¿qué pedazo de territorio le he quitado á esa furia?

Me llevan á una conciliacion, muestra mi anillo, ríe el auditorio, le digo al asno del abogado que yo no habia tenido dares ni tomares.... grito, charlo, nadie me entiende. A los tres dias de esta escena, voy viendo un periódico ilustrado, y allí estaba yo en estampa, sin que me faltara pelo ni señal, debajo de un árbol, dando un anillo á Lulú. Pues, señor, aquello _era causa célebre_: mis hijas empezaron á saber no sé cuántas cosas. Lulú tenia tios, primos, apoderados, abogados, y todos con las uñas clavadas en M. Lain Pastaino (eso quiere decir Lino Patiño, ese soy yo), que bufaba por estas calles. ¿Pero una prueba? La ley quiere que se esté al simple dicho de la mujer.

—¿Pero si yo no tengo aliento ni para verme?—Que afiance Mr. Pastaino.

—Hombres, pero si yo nada he afianzado ni quiero afianzar.

Entre tanto mis retratos volaban por el orbe: ya viene un _reporter_ con quien me doy de puñetazos por venirse á meter en lo que no le importa; ya quiere un fotógrafo sacar ejemplares de mi individuo, en no sé cuántas actitudes; ya un frenólogo me quita el sombrero en la calle para reconocerme _la amativité_, y yo por aquí riño, por allá bufo, y por todas partes reniego, muriéndome de vergüenza al entrar en mi casa y encontrar á mis hijas con mi retrato y el de Lulú, como dos tórtolas, en el periódico!

Para no cansar á vd., la mitad de la herencia del pariente, se fué en pitos y flautas de jueces y escribanos, y en pagar á Lulú su inocencia, que llevaba tres _gachupines_ desplumados!!

Descuídense vdes., descuídense; hagan lo que en México, diciendo palabritas, dando anillos y haciendo protestas á la primera que pasa, y les dan una secuestrada que el alma les arda.

Aplaudimos á D. Lino, y apuramos por su salud nuestra última copa.

XVIII

Excursiones.—Prostitucion.—El juego.—Una escena de la vida íntima.

PARA nosotros que tenemos como frases características aquello de: ¿qué anda vd. haciendo?—Hombre, pasando el rato.—¿Qué es de la vida de vd.?—Ya vd. lo ve, vegetando.—¿Qué vino vd. á hacer por aquí?—A dar una vuelta, á matar el fastidio; para nosotros, que tan paladinamente confesamos el imperio del ocio, no se conciben esos tropeles de gente que van, vienen, suben, bajan, escriben en sus carteras, corren, se encaraman en el pescante de un coche, saltan á un tren y se escabullen en una embarcacion; no se conciben personas que vuelan unas en pos de otras á alcanzar el ómnibus que parte, y á asaltar el wagon que va corriendo: va uno como perdido entre gente que huye de un incendio ó á quien agita una conmocion popular. Si en una casa ruedan tercios, en la otra celebran un remate, y de otro edificio salen volando los que llevan noticias al barco que parte.

Se entra uno en un almacen, nadie se distrae, nadie saluda, á nadie importa lo que hacen los demás; se cuela uno en una tabaquería, enciende su cigarro, ve, inspecciona, y á nadie se le ocurre detenerlo ni despedirlo. De este modo, el ente sin ocupacion alguna, está como aislado y se le figura que le señalan con el dedo.

Pero con todo y todo, así vagaba yo entre la multitud, cuando me tomó del brazo mi apreciable amigo el Sr. Gaxiola, y me subió á su despacho, en un vuelo, porque á tanto equivale subir á cualquiera parte en elevador.

Tienen para un mexicano cierta novedad esos edificios en que los hombres hacen el despacho de sus negocios, independientes de toda familia y destinados _ad hoc_ para asuntos.

Desde la calle, en los claros que hay de escalon á escalon, se leen letreros con los nombres y las profesiones ó negocios que tienen los varios departamentos.—_Mad. Lilí_, modista, núm. 14.—_Mr. Raff_, Atorney, núm. 18.—_Mr. Thetti_, dentista, núm. 9, etc.

El elevador va haciendo posas en cada piso, como un _wagon_ en cada bocacalle, y salen y entran viajeros que es una gloria.

Por supuesto que no se ve ese letrado de _gorra griega_ y bata, con la bordada chinela, que recibe pretensioso, con quien juega el faldero, carga al _nene_ para conceptuarse de padre amoroso, ó le llaman de parte de la señorita, que está inquieta por las clientes buenas mozas; no distrae de los asuntos al capitalista salir al patio á ver los caballos de los chicos, ni al agente de negocios, las resistencias del párvulo para ir á la escuela; nada de eso, cada quien está en sus asuntos, y el número uno me lo tengo yo.

Subí, pues, con el Sr. Gaxiola á su despacho, que consta, como todos, del mostrador, el enverjado, la caja de fierro y los escritorios, y me dijo: esperaba á vd. porque almorzamos juntos.

Así fué: á dos pasos del despacho, en la calle de Montgomery, y sin grande apariencia, se encuentra uno de los más espléndidos _restaurants_ de San Francisco: manjares exquisitos, riquísimos vinos, departamentos como relicarios de belleza.

Cada uno de los departamentos es aislado: consta de una pequeña sala de desahogo y del salon del comedor, lleno de espejos y cortinas.

Me esperaba una agradabilísima sorpresa: en el comedor estaban mis amigos Shleiden, Iberri, Andrade, Carrascosa y no sé cuántos más, que nos instalamos al entusiasta grito de “¡Viva México!” Se comió, se bebió, se cantó y nos mecimos en los recuerdos de la patria ausente.

—A propósito, _Fidel_, me dijo uno de los amigos, cuidado con los estudios de costumbres por esos desastrados barrios del norte de la capital, ó como si dijéramos: “Barbary Coast.”

—¡Cómo! replicó otro, ¿se ha atrevido vd. á penetrar por esos antros?

—Tengo gran curiosidad de verlos, dije yo; es mi costumbre en México: lo más que me ha costado es la diatriba de la gente gazmoña de la aristocracia _de doublé_ y garbanzas, que es tan asustadiza como corrompida, y de los malquerientes que nunca faltan, y muchos de los cuales merecen un grillete, como San Antonio una vela.

—Pues por estos mundos es otra cosa; nadie se meterá con vd., porque el chisme, que es nuestro pan cotidiano por allá, tiene poca boga donde hay poca gente ociosa; pero en cuanto á peligros de otro género, es muy diferente.

—Hoy han disminuido mucho esos peligros; pero ántes, en esas encrucijadas que parten de la calle de Dupont, se enmarañan en el mercado chino, cuelgan y como que se escurren por Stockton y otros puntos, se anidaba todo lo que hay de más nauseabundo en el vicio y de deshonroso para la especie humana.

—Era imposible penetrar por esos barrios, aun de dia: las descripciones de la _Cité_, hechas por Victor Hugo y por Eugenio Sué; lo escrito en los Misterios de Lóndres, sobre aquellos prófugos del patíbulo; aquellos harapos, aquellas voces aguardientosas de mujeres; lujuria, miseria y putrefaccion sobre el vicio insolente, son sombras comparados con esto.

—El gargarismo rasposo de la palabra alemana, el chillido del chino, el salvaje gruñido del yankee, una música que aulla, unas bebidas que queman, unas mujeres que azotan la piel con su mirada, como la ortiga, ojos destilando aceite, pechos con maque de alcohol, brazos de momia, vientres salidos de quicio, tabernas como infierno, el humo, el tifo, el absurdo, la contradiccion social, el asco y la muerte.

—Es natural; entre los aventureros poderosos viene esa borra, esa gusanera que se recoge y queda como la hez de esta sociedad heterogénea y temeraria.

—La blasfemia, el asesinato, el abortivo, la sangre, la sombra, la formacion de un caos de los desechos de la desorganizacion social.

—En esos barrios habia como una muralla en que se estrellaba la policía; muchas veces tuvo ésta que retroceder, repelida por ese conjunto de buitres, de víboras y de panteras.

—Allí se forjan instrumentos sutilísimos para horadar techos y forzar cerraduras; allí se confeccionan venenos; allí se idean instrumentos con que se produce la muerte, borrando la huella del crímen; allí se halla listo para todo infernal servicio, el salteador, el incendiario, el falsificador y el supuesto heredero; allí se escandalizaria Satanás, si tuviera valor de penetrar.

Y como han solido precipitarse en esos abismos grandes damas, personajes opulentos, letrados eminentes, se ven harapos sociales en que se reconoce la seda y la gasa, el esmerado lenguaje y las maneras pulcras en hombres medio desnudos y asquerosos, y nos repugna, como nos repugna el mono, porque somos nosotros mismos en degradacion y en caricatura espantosa.

Allí se ven patentes los efectos de esa educacion masculina de la mujer, que rompe todo vínculo, que ahoga todo afecto, que la aisla y emancipa.

Allí se palpa esa propension á la esterilidad artificial que suprime _estorbos_, pero que pudre el corazon de la infanticida.

Allí retrocede espantado el hombre de corazon, de esa _conciencia_, que es el todo de esta sociedad, en que domina encarnado el positivismo. Allí, por último, se rebaja mucho la admiracion por el respeto que en lo ostensible se rinde á la mujer, cuando tan fácilmente se abandona y se le entrega á su suerte, frente á frente del vicio y el suicidio.

—Pero bien, esta sociedad en que se depositan esos elementos disolventes, no solo vive y florece, sino que asombra por sus adelantos.

—Esa prosperidad cabalmente se debe á ciertos principios fundamentales inviolables, y que están en la conciencia de la nacion, que forman parte de su mismo sér.

La soberanía local, que impide que la tiranía se propague y consolide, el respeto al hombre, como tal, la propiedad inviolable, la inmigracion de gente trabajadora y honrada, que se incorpora y robustece las virtudes sólidas de los primitivos fundadores de la República y de los sacerdotes de las varias religiones, _sobre todo el respeto á la ley_, restablecen el equilibrio social.

Y son tan poderosos y enérgicos estos elementos, y han creado tan desembarazada corriente, que esos vicios y esa corrupcion no impiden la marcha social, son como la espuma y las basuras que caen en un inmenso rio, que enturbian é inficionan á trechos sus aguas, pero ni detienen su corriente, ni impiden que fecunde las tierras.

—Hasta ahora, _Fidel_, ha visto vd. el anverso de la medalla; falta que examine vd. el reverso.

—Todavía no ha fijado vd. bastante la atencion en lo que llamamos el _peso omnipotente_. La sed de dinero que impulsa y atormenta al yankee y que hace que todo lo posponga á la riqueza, es cierto que es el resorte de esta actividad asombrosa, de esas empresas inverosímiles, de esa superabundancia de fuerzas que levantan montañas y suprimen obstáculos. Pero eso mismo da, aun á sus cuestiones de honor, un colorido altamente repugnante para nosotros.

En general, y con pocas excepciones, todo lo que se puede vender se vende; lo mismo el sufragio que la curul; lo mismo la vara de la justicia que la vigilancia aduanal.

En dinero contante se puede apreciar y se aprecia, la honra de la vírgen, una injuria, una bofetada.

En la balanza del amor, ponga vd. seducciones y adulterios, con tal que mantengan el equilibrio en el platillo opuesto, los billetes de banco.

En todos los Estados-Unidos no se pregunta: ¿quién es ese hombre? sino ¿cuánto vale ese hombre? y ese solo rasgo caracteriza la sociedad. Por supuesto que en todo hay excepciones.

La pobreza tiene mucho mayor vilipendio que el vicio. Pocos, muy pocos son los que preferirian ser pobres á ser criminales.

La malaversacion es poca cosa: la estafa no se ve como entre nosotros; si se hace con viveza, importa una recomendacion.

Se provoca el incendio por trasmano para cubrir una quiebra ó para jugar una mala pasada á una Compañía de Seguros.

Entre comerciantes que pasan por próvidos, los hay que hayan tenido cuatro y cinco quiebras. La política, la religion, son negociaciones mercantiles en el fondo.

Las sociedades por acciones difunden la esperanza de riqueza hasta las últimas clases. M. Jaunet valúa en dos mil quinientos millones el monto de las acciones de minas y caminos de fierro, en el año pasado. Esta cantidad se doblará ántes de dos años.