Viaje a los Estados Unidos, Tomo I

Part 16

Chapter 163,938 wordsPublic domain

Sin más preámbulo, y fijando en mí sus pequeños y animadísimos ojos, como dos chipas, bajo los tejados blancos de sus cejas, y abriendo su bolsuda y desdentada boca, me dijo:

—Todo eso que han hablado sus amigos de vd. es una sarta de mentiras, que prueban su ignorancia de la historia y su ingratitud para con los hombres que luchamos porque tuviera patria toda esa maldita canalla.

Yo veia atónito al viejo, me imponian respeto sus años, me subyugaba su mirada, me atraia el tono de majestuosa verdad que revestia aquella conmovida palabra.

Animado con mi atencion, continuó:

—Desde el tiempo del gobierno español se dió suma importancia á California; se dotaron las misiones, se protegie-ron los presidios, se vió como rica joya y como llave del mar Pacífico.

Es una impostura histórica, continuó el viejo, pintar al indio amamantado por el cristianismo, entrando al goce de la civilizacion: el indio era tratado como esclavo, se le enervaba con el vicio, se le embrutecia con el fanatismo y se le degradaba como á la béstia.

El cepo, los azotes, la crueldad más impía se ejercia con esos hombres, cuya posicion aferraba á los salvajes en su libertad.

Ese _Fondo Piadoso de California_, léjos de servir para la conversion y alivio del indio, conforme á la mente de los fundadores, era instrumento de tortura, cebo de codicia y elemento de asquerosa corrupcion.

En California se dejaron frailes y soldados, que no eran ya los misioneros apostólicos, ni los jesuitas fervorosos que menciona la historia.

En cambio, el soldado no era el aventurero ávido, ni el asesino implacable.

La riqueza de California era ya conocida en 1844 y denunciada al gobierno.

El Sr. D. Manuel Castañares, digno representante del Departamento, decia al gobierno: “además de las minas de plata, se ha descubierto _un placer de oro de treinta leguas de extension_, y muchas minas de carbon de piedra.”

Yo vine á esta tierra de maldicion para México, decia con acento doloroso el anciano, con el patriota, con el sabio, con el gran general Micheltorena.

El, en las horas de corto descanso que nos daban las fatigas militares, nos instruia como un padre y nos hacia notar que el trigo da seiscientos por uno, el maíz mil, el frijol quinientos.

El alentaba á los indios al cultivo de la caña, de donde sacaban azúcar que se exportaba.

Del cultivo de la jarcia daban testimonio las embarcaciones todas del Pacífico; del lino, nuestros vestidos y los de los habitantes de las misiones.

La nutria y el castor de California se enviaban de regalos á los magnates de México, y los periódicos europeos estaban cansados de llamar la atencion del mundo sobre la pesca de la perla y la ballena.

¿Queria aquel gobierno y todos los que le sucedieron más noticias? Diga vd. que en México, por la fatal organizacion de aquella sociedad, los que estaban fuera del presupuesto luchaban para derribar á los que estaban dentro de él, y que en esa tarea infame los ha de hallar la pérdida de la nacionalidad.

Miéntras aquella puja y aquel tráfico del poder, única industria de aquella clase média y de aquellos magnates ignorantes, fátuos y corrompidos, se efectuaba, habia aquí un puñado de mexicanos, con el general Micheltorena, sacrificándonos por la independencia.

Aquel jefe tenia á sus órdenes, para contener la rebelion, de hijos del país y aventureros, 195 hombres, de todo punto desnudos, con armamentos de diversos calibres, con cuatro paradas de cartuchos por plaza, con treinta pesos para dar de comer á toda la tropa, y veintitantos oficiales en el puerto de Monterey, sin tener quien les diera al crédito una sola libra de carne.

El general Codallos, antecesor del general Micheltorena, fué modelo de honor y sufrimiento: éste hizo cotidiano el heroismo. Jamás le oimos exhalar una queja, nunca desmayó en las fatigas, su palabra elocuente nos reconciliaba con la patria, que parecia habernos condenado á la vergüenza y al abandono.

¿No se encuentra la Baja California en posicion semejante? ¿No tenemos las costas del Pacífico en peligros análogos? ¿No escucha vd. en los desiertos el grito de la locomotora llamando á los pueblos á la participacion del Progreso? ¿Quedarán Sonora, Sinaloa y la California como los príncipes del cuento indio, atados á sus columnas de bronce, de espectadores, retorciéndose de hambre, miéntras se entregan sus vecinos á los placeres en brazos de la opulencia?

¿Legitimará esta situacion la moral? ¿La humanidad? ¿No es hacer del patriotismo una virtud de pigmeos y de idiotas?....

La luz del sol poniente daba al viejo de espalda y presentaba sus contornos luminosos.... era terrible y bella para mí la presencia del viejo.

—Y no piense vd., continuó, que yo creo en ese paraíso que pintan sus menguados amigos. Yo trato con injusticia á este suelo, lo detesto, porque es para mí como la hija que se prostituye y nos insulta con su riqueza en brazos de su raptor.

Hay políticos venales como en parte alguna, al robo se le llama comercio, las niñas se embriagan y cambian el Champaña por el arsénico en el dia de su infortunio. El yankee dice á su hijo: _si puedes tener dinero bien habido, tenlo; y si no lo puedes tener honradamente, tenlo tambien_.

Pero hay en el fondo de esas iniquidades ciertos principios de vida propia, ciertos cimientos de derecho universal, cierta inviolabilidad del derecho, un acatamiento ciego á la ley, tanto, que esa espuma, esa borra impura, esas inmundicias, pasan sin perturbar la vida en sus condiciones esenciales.

Se alzará más y más el coloso en la inundacion de los pueblos; su grandeza misma lo derribará, y de las piedras que se esparzan nacerán pueblos, como nacian hombres del diluvio de Pirra......

El viejo se alejó hablando á solas.... y le pude oir: “México.... México,” con acento de ternura infinita.

Corrí tras el anciano, á quien ya queria y veneraba.... acerquéme á él.... le pregunté su nombre.... Vaciló un momento.... despues, con voz resuelta y bronca, me dijo: “Quede vd. con Dios”.... y siguió su marcha, proyectándose en el camino su sombra gigantesca, con su baston.

Preocupado con la conversacion del viejo del baston, promoví en mi visita conversacion acerca de lo que me habia hablado, y uno de los huéspedes de la casa, marino inteligentísimo y noble amigo de México, me prestó un folleto titulado: _Coleccion de documentos relativos al Departamento de Californias, publicados por el ciudadano Manuel Castañares, diputado por aquel Departamento. Impreso en México en 1845_.

En ese folleto encontré confirmados todos los conceptos emitidos por el viejo, y ellos forman la apología del ignorado representante de California.

En una nota del Sr. Castañares, fecha 2 de Agosto de 1844, dice:

“La revolucion acaecida en California en 1836, se verificó por los hijos del país, pero instigados por los americanos y apoyados por el llamado capitan Green, que á la cabeza de un respetable número de rifleros, secundó el movimiento que, sin este auxilio, no hubiera podido triunfar de las tropas del gobierno; pero aun hay más en contra de la pequeña seccion militar que existe en California, y es esto: en el interior del Departamento se encuentran al pié de dos mil americanos armados, que en su mayor parte viven al pié de la Sierra de Santa Cruz.”

Hablando de la riqueza del país, y bajo el rubro de “Pesca de pieles,” se expresa en estos términos:

“Es incalculable la riqueza extraida de Californias en este ramo. La abundancia de la nutria de agua salada era en tal extremo, que los marineros de los botes, al tiempo de pasar sobre el _zargazo_, las mataban con los remos. Es admirable la exportacion que se ha hecho y aun se hace del castor, nutria de agua dulce y otras pieles. Respecto de la nutria de agua salada, calculan los marinos, que hace muchos años recorren aquella costa, que puede llegar al número de cincuenta mil pieles las extraidas en los años de 1830 á 40. Del castor y nutria de agua dulce es incalculable, porque éste lo sacan los hijos del país, los extranjeros establecidos en él, porcion de compañías americanas y canadenses, que vienen á Californias con este exclusivo objeto; y las tribus bárbaras hacen tambien caza de pieles para cambiarlas á dichas compañías por los efectos que traen, y que tanto halagan con ellos al salvaje.

“Don Cárlos Augusto Sutter, dueño del establecimiento de campo conocido con el nombre de la Nueva Helvecia, situado en las márgenes del rio Sacramento, fué nombrado por el Sr. D. Juan B. Alvarado, juez de paz de su establecimiento y comandante militar de aquel rumbo casi desierto.”

Continúa el Sr. Castañares:

“PUERTO DE DEPÓSITO.—Desde el año de 1825 se ocupó ya de este asunto una junta nombrada por el supremo gobierno para proponer los medios más conducentes al progreso, cultura y civilizacion de las Californias. Desde entónces se conoció la importancia que podria cobrar esta península mexicana por su situacion topográfica en el comercio del Asia, haciéndola el centro de las especulaciones que las diferentes partes de Europa emprenden con la China. Se propuso por aquella ilustrada junta el establecimiento de una compañía de comercio directa con el Asia por el mar Pacífico en el puerto de Monterey, que deberia denominarse: “Compañía Asiático-Mexicana, protectora del fomento de la Península de California.”

Por último, como un grito de desesperacion terrible; como una profecía espantosa; como un anatema, se repite en ese cuaderno, hablando al gobierno: “_Si no atendeis pronto á California, se pierde sin remedio!_”

¡Cuán dolorosas reflexiones me sugirió la lectura del interesante cuaderno á que acabo de referirme.

Nuestra inmensa costa del Pacífico propicia como las Californias al comercio con las otras Américas y con el Asia, se encuentra en completo abandono. Sus desiertos, su sistema fiscal, sus caminos, todo la condenan á la absorcion de los Estados-Unidos, y á ello coopera la ceguedad de los gobiernos y su respeto á los bastardos intereses que mantienen en sus puestos _á los politicastros_ de la capital.

No hay remedio: si en la lucha indeclinable _de intereses_ con los Estados-Unidos está de nuestra parte la barbarie, la repulsion y la indolencia, y de parte de ellos la civilizacion, la confraternidad y el trabajo, la derrota será nuestra, pronto, y lo que es más doloroso, con aplauso de la humanidad entera.

Si tiene un inmenso puerto de depósito San Francisco, convirtamos nosotros en puertos de depósito, desde la Baja California hasta Acapulco; si llama San Francisco la colonizacion por medio de sábias leyes y de franquicias, mejoremos esas leyes y séamos más liberales; si aquellos inquietan á los chinos, llamémoslos nosotros con mayores atractivos.

El arancel americano es absurdo y sacrifica á la codicia del Norte y del Este los intereses del Sur y del Oeste; en esa tarifa hay una cotizacion insostenible: declaremos libres de todo derecho los artículos gravados por ellos, y veremos efectuarse una revolucion que nos sorprenderá á nosotros mismos.

La creacion del ferrocarril de Veracruz, tiene dividida á la República y condenados á los Estados distantes de la vía á la miseria y á la muerte, entre tanto los Estados de Occidente oyen los gritos de la locomotora del Pacífico ofreciéndoles salvacion. No volvamos la espalda á esta situacion, atendamos á esos Estados, porque se perderán sin remedio, como decia hablando de California su diputado Castañares.

Muy loable es el empeño para extender la línea de ferrocarriles, ligando al Atlántico con el Pacífico; pero en mucho se esterilizarán esos esfuerzos, si no se procuran cambios, si los ferrocarriles no dan consumidores; si esas arterias no llevan sangre, ¿de qué servirán? La cuestion hacendaria de México es su cuestion social y política, y solo un conjunto de medidas sábias puede proveer á las necesidades del Occidente y de nuestras fronteras.

Pero ya se encargará algun rábula de algun Club de proponer la panacea para nuestros males públicos, exagerando el proteccionismo.

Fijemos sobre todo nuestra atencion en que esas familias y esos capitales que ingresan á San Francisco procedentes de Sonora, Sinaloa y la Baja California, aunque parecen abandonar nuestro suelo accidentalmente, quitan vigor, trabajo y recursos de subsistencia á los pueblos que abandonan, presentando contrastes que ceden en mengua y en empobrecimiento de nuestra patria.

Esos hombres han emigrado por el pésimo sistema de impuestos, por las extorsiones de los jefes militares, por los robos oficiales que se llaman préstamos forzosos, por el plagio oficial que se llama leva y por el estúpido provincialismo que repele y ahuyenta todas esas poblaciones, que al principio escuchaban con espanto y odio los amagos de anexion al Norte, y que hoy han perdido mucho de su energía patriótica.

Muy tristes consideraciones me sugirió el cuaderno del Sr. Castañares, y quién sabe hasta dónde las habria extendido, con riesgo de dormir á mis lectores, cuando tocó á mi puerta Gomez del Palacio.

XVII

Laborio de minas.—Un almuerzo.

VEN, Guillermo, oirás una conversacion de unos mineros, de la que puedes sacar partido para tus apuntaciones: están en mi cuarto, y les he dicho que iba á tener el honor de presentarte.

Diciendo y haciendo, me puse al lado de Francisco y entramos á su cuarto.

Rodeados á la pequeña mesita que fungia de escritorio de mi amigo, se encontraban tres personajes, que por ser característicos, me voy á dar el trabajo de bosquejar.

Era el uno Mr. Wood, de nueve arrobas de tara, con cada dedo como un morillo y con cada pié como una canoa traginera; de la piel de su cara escarlata habria podido salir una tambora.

La frente aplastada y ancha, los ojos azules, parapetados en los carnudos pómulos, el cabello blanco, cayendo en hilos separados sobre sus hombros y espaldas.

Negro leviton, con la figura de un baul á medio abrir, y uno de esos sombreros puntiagudos, desgobernados, de ala ancha y accidentada, que solo se ven en la cabeza de un yankee.

Ese tosco campesino; ese hombre de carcajada franca y estrepitosa, con una dentadura de marfil luminoso, con su pipa de palo apagada en la diestra, y su pulgar de la mano derecha negro de tabaco; ese tiene más de tres millones de pesos, su casa es como un palacio y se trata como un príncipe.

El otro que está á su lado, con la espina dorsal doblada, dando su rostro casi sobre sus rodillas, cayendo su pelo castaño como una cortina sobre su rostro, con una enorme navaja en la mano, puliendo, como distraido, un palito, volviéndose á cada instante para escupir el negro tabaco que masca grosero; ese, es Mr. Keen, accionista de minas, que en los _Stokes_ ha perdido y ganado inmensas fortunas; hombre de negocios, _manejador_ de plata.

El tercero, de sombrero blanco, elegante porte, rica cadena de oro, pálido, rubio, nariz puntiaguda, boca pequeña, escasa patilla y barba rasurada. Es ingeniero de minas: está con el pié derecho sobre el sofá, inclinado sobre la mesa, tiene una de sus manos en el bolsillo del pantalon, cuyo bolsillo encierra llavero, lápices, medidas, compases, navajas, y no sé cuántos útiles que suelen sacar las narices y desaparecen en aquel antro que hemos titulado bolsillo. Este ingeniero, á quien llamaremos Mr. Swift, es hombre de números, y por consiguiente, encanto de los negociantes.

Los caballeros con quienes acabo de dar conocimiento á mis lectores, iban á consultar al Sr. Gomez del Palacio sobre una escritura de Compañía, porque es de advertir, para orgullo nuestro, que el Sr. Gomez del Palacio es conocido de toda la gente de valer de los Estados-Unidos, no solo como eminente jurisconsulto y hombre próvido, sino como muy entendido en negocios y como hombre que escribe con la mayor cultura y correccion el idioma inglés. Por otra parte, un hombre tan distinguido y considerado como Mr. Cushing, es el amigo de Gomez del Palacio, amigo á quien mucho estima, y esta es una gran recomendacion en aquellos países. Muchas de las consideraciones que yo merecí en los Estados-Unidos á las personas de la alta sociedad, las debo á mi amistad con el respetable Mr. Bryant, eminente poeta, y uno de los hombres más dignos y más ilustres de la patria de Washington.

La consulta habia concluido muy satisfactoriamente, reinaba el buen humor, se atizaba el _coptail_ y la cerveza, con alguna economía del tabaco, porque á Francisco le endiablan los fumadores.

M. Wood me flechó, nos hablamos un inglés españolizado que hizo soltar la risa al concurso, y á poco, el comerciante de granos y ganados y yo, hubiéramos hecho la envidia de Pílades y Orestes.

El ingeniero que tenia la palabra cuando fué á llamarme Gomez del Palacio, fué invitado á continuar despues de la interrupcion que produjo mi llegada.

M. Swift habla perfectamente castellano.

—Decia yo, continuó el ingeniero, que la conmocion producida por el descubrimiento de los placeres de oro de Calfornia, no ha tenido igual en el mundo, no obstante que la Australia, tres años despues, daba tanto como California, y que la fábula misma no se habria atrevido á inventar bonanzas como las de la Nevada, más productivas en pocos años que las riquezas de las Américas en tres siglos.

—Incluyendo por supuesto, dijo el de la navaja, el Colorado, Idalio.

—Bien, bien, decia M. Wood; pero de 1848 á 1873, dió California mil millones de pesos; siempre este está bonita, y Montañas, Arizona, Nuevo México, trescientos millones.

—Era de verse, continuó el ingeniero, llegar aventureros de todas partes del mundo, lo mismo los que doblaban el Cabo de Hornos que los que atravesaban el Istmo de Panamá; lo mismo los que saltaban sobre las Montañas Rocallosas que los que se aventuraban en los inmensos llanos del _farwest_, donde muchas veces perecian de hambre las caravanas.

Instalábanse los buscadores á la orilla de un arroyo, sin más útiles que una barreta, una criba, y la batea mexicana para lavar el oro. Cuando eran muy pequeñas las partículas de oro, se empleaba el mercurio.

Se tomaban el agua y las arenas, y el oro quedaba en el fondo.

Despues de esto se introdujo la cuna, es decir, un tamiz de esa figura en que se depositaba la arena, y meciéndose, se hacia el cernido: este sistema producia tres tantos más que el anterior.

Por último, se adoptó el sistema de tubos, que exige gran número de trabajadores.

Los chilenos tambien plantearon su método, que consiste en poner la arena en un patio enlosado. Allí se deposita al arena, se echa agua, y al descender la arena por un plano inclinado, queda el oro.

Hubo tambien un método que se llamó hidráulico, que produjo los mejores resultados.

—Eso fué, dijo M. Wood, de un hombre del Conneticut; el método consistia en dirigir un chorro de bomba contra las rocas en que se esconde el oro, y así sale el gato amarillo á toda prisa.

Algunas veces los lechos de la arena se tenian que profundizar; abriéronse hondísimos pozos en que los buscadores se hundian.

—Y bien que se hundian; uno se hundió tanto, que dejó allí el cráneo, dijo el de la navaja; y vea vd. las cosas: yendo dias y viniendo dias, un sabio, M. Wetney, halló el tal cráneo, y dió y tomó que era un cráneo fósil. Las sociedades científicas hicieron grande escándalo, se escribieron libros, se nombraron comisiones y no se habló de otra cosa que del hombre _prehistórico_, que era en resumidas cuentas un pobre diablo desbarrancado en un pozo.

—Despues de esto fué el beneficio del cuarzo, ¿no es así? le pregunté al ingeniero.

—Sí, señor; y aunque hoy las minas de cuarzo están muy en boga, al principio se decia que no costeaban. En el centro de la Nevada tiene vd. hoy á _Allision Banck_, que debió haber hecho millonarios á tres irlandeses ignorantes que lo descubrieron y le abandonaron el año de 1851, que fué el mismo año del descubrimiento.

—Los tiempos heróicos del oro, replicó el de la navaja, son de 1848 á 1859.

Un mormon Marshal, soldado licenciado que habia estado en la guerra de Mexico, y de paso para Utah, se empleó momentáneamente en la máquina de aserrar madera que tenia el capitan Sutter á las orillas del Sacramento, y éstos, por verdadera casualidad, descubrieron los placeres de oro.

—Al decaer la bonanza del oro, notó el ingeniero, muchas familias estaban aquí establecidas, y los naturales del país, en once años, habian dado gran desarrollo á sus industrias.

La viña, las cereales, las maderas, constituian ramos de riqueza tan valiosos como los placeres.

—Y más que todo, dijo alegremente M. Wood, la Nevada, el Colorado, los montes de Wahsath, son vacas que dan plata y oro.

—No, dijo el ingeniero entusiasmado, con una mímica grotesca y especial al yankee. Ahora es el tiempo heróico de las minas, se han hecho inventos maravillosos, se ve á la ciencia armada con la clava de Hércules, arrancando á la tierra sus tesoros, guardados por la sombra y el abismo.

Apénas se sospecha una veta, se le ponen diques, se le circunscribe, se sorprende con grandes túneles debajo de la tierra, se descuelga dentro de ellos el dia por la lámpara del gas, se abren espacios en figura de cruz, se rellenan de barriles de pólvora ó dinamita, se escurre entre ellos el hilo metálico conductor del rayo, y se envía la chispa eléctrica; la explosion es espantosa, vuelan como polvo y como hojas secas las piedras y los inmensos peñascos, se derrumban masas enormes de granito, se desgarran y riegan las entrañas del abismo; entre ese humo, esa llama, esa granizada de fragmentos de montaña, se precipitan los monitores, bombas de agua estupendas, del empuje del ariete y del proyectil del cañon; la respiracion de esas bombas llama con terrible pujanza 3.800,000 litros de agua.

Vencida, pulverizada la roca, deja al descubierto heridas profundísimas, se abren extensos arcos, surgen pirámides y pilares de la superficie plana de la roca; al terminarse este cataclismo.... alumbra el gas y la reverberacion de rayos de sol de oro, anuncia la bonanza y corona una lucha en que el peligro ha sido contínuo, y la muerte ha estado vacilando entre la eleccion de sus presas.

Ahora, para que vdes. se formen idea de una de estas negociaciones, les citaré la de _Noorth Bloomfiel_, que es de la que hay mejores noticias.

La Compañía posee 635 hectaras de terreno aurífero.

En un angosto valle ha construido un gran dique para formar un receptáculo que en 21 metros de altura deposite el agua.

El volúmen de agua encerrado en el cañon que describimos, es de 15 millones de metros cúbicos.

El canal que va del dique al terreno aurífero tuvo de costo 500,000 pesos.

Desemboca el acueducto á trescientos metros sobre las minas, y allí se encuentra un segundo receptáculo.

—Gigantesco! estupendo! exclamé sin poderme contener.

—Pues no ha oido vd. todo: la Compañía tiene en obra otro canal que reunido á este, le dará posibilidad de trabajar todo el año; habrá entónces muchos puntos de ataque, se verán dos infiernos, uno de piedras y otro de agua, y tendrá la Compañía en caja, como quien dice, 380 millones de litros de agua. La Compañía es dueña de 150 kilómetros de agua empacada, que puede dejar caer desde lo de alto las montañas, bañar los picos de nieve de la Sierra y convertir en lagos los valles que se extienden á sus piés.

En los bancos hay varios pozos de trecho en trecho y sus túneles: hay cerca de 300 millones de metros cúbicos de tierra aurífera, que se cree contienen, mejor dicho, que contiene cientos de millones de pesos. El ingeniero de esas obras titánicas se llama M. Hamilton Smith.

—Usted que es compadre de las musas, me decia M. Wood, habia de ver esos inmensos canales que llegan en todos los terrenos metalíferos á 10,000 kilómetros, con lo que se podria hacer una faja á la cuarta parte del globo, y las ruinas de esos antros son una maravilla: montañas desbaratadas, moles gigantescas en tierra, laberintos de granito y de cuarzo, el desórden, la desarticulacion, el caos de la piedra, los despojos, la osamenta de los montes gigantescos, vecinos de las nubes.