Viaje a los Estados Unidos, Tomo I

Part 1

Chapter 13,915 wordsPublic domain

NOTA DEL TRANSCRIPTOR:

—Los errores obvios de impresión y puntuación han sido corregidos.

—Se ha mantenido la acentuación del libro original, que difiere notablemente de la utilizada en español moderno.

VIAJE Á LOS ESTADOS-UNIDOS

Por FIDEL

(GUILLERMO PRIETO)

(1877)

MEXICO

IMPRENTA DEL COMERCIO, DE DUBLAN Y CHAVEZ

_Calle de Cordobanes número 8_

1877

PROLOGO

POR vida del prólogo! Bien pobre y bien mezquina es despues de todo nuestra naturaleza: procedemos por pautas, por patrones, por moldes; éstos se han hecho solos; pero ¡ay de aquel que se sale de ellos y se atreve á pensar con su cabeza!

¿Cómo le va á vd? para saludar:—que le vaya á vd. muy bien, para despedirse. Al comer, comience vd. por la sopa; al subir, por el primer escalón. Al escribir un libro, cuídese de aderezar su prólogo; si no, está vd. perdido.

Estas son las reglas, reglas que me tienen frito; yo quisiera blandir una espada por el medio, ensartar una aguja por la punta, vivir sin trabajar, entrar á la casa por el balcon, cambiar de sexo todos los dias, ó por lo ménos en invierno y en verano, y entónces me llamarian loco de atar; y son sabios, el que trepa en globo por esos aires sin resultado alguno, y todos los que tratan de enderezar el pelo del diablo ó sean las cosas públicas de nuestra tierra.

Vamos al prólogo.

No quiero decir al lector por qué; pero es el caso que en mi infancia, era yo el niño más cuitado y más asustadizo que vdes. quieran ver, más entumido y más desdeñado del mundo.

Flaco, cari-acontecido, lloron y triste como un buho.

En el Molino del Rey, situado en las lomas de Tacubaya, famoso en nuestra historia, pasé mis primeros años, se puede decir que ví la luz.

Es un molino de trigo con sus accesorios de campo.

Por supuesto que los niños más estimados, los jóvenes irresistibles que me servian de modelo, eran aquellos ostentosos de brío y de pujanza, diestros ginetes, hábiles cazadores, y ágiles en la lucha y la carrera.

Yo tenia las cualidades contrarias, á un grado de espantosa perfeccion; me desequilibraba con solo abrir las piernas, tenia susto frente á un caballo, porque me parecia que de repente me soltaba una palabra que me dejaba frio: me vencia cualesquiera niña, poseia la ligereza de la tortuga, apuntaba á un pájaro, y ponia en peligro la existencia del compañero que quedaba á mi espalda, y en esto de habilidades de manos, desde entónces soy un prodigio; no atino nunca con los ojales de la camisa, el nudo de la corbata es para mí el nudo gordiano y no hay tornillo que no trasrosque, ni chapa que no desgobierne, ni tapa que no apriete, ni hilo que no enmarañe, ni treta que no quede inservible entre mis dedos, punzándome, pinchándome, quemándome ó desbarrancándome en cualquiera intento de destreza corporal.

Por este conjunto de deliciosas cualidades, sobre todas la del miedo, mi sociedad predilecta fueron las viejas, y los cuentos, el alimento y el placer de mi alma.

Aquel caballito de siete colores que venia á visitar al rey niño, pasando como una mariposa sobre las rosas y claveles del jardin; aquella Cubi Cubiana que cruelmente perseguida se libraba de sus verdugos, ya arrojando frente á ellos un peine que se convertia en monte de espinas, ya dejando caer un espejo que se tornaba extenso y cristalino lago, ya poniendo en el suelo un dedal que se convertia en los vivos aires en una capilla con su ermitaño, todo me encantaba, me enamoraba de lo maravilloso, y tenia risas para las diabluras de Pedro de Urdimalas, y lágrimas para el niño hijo menor del rey convertido en morado lirio que cantaba:

Pítame mi cedacero, Pítame con grande amor; Me mató mi hermano el grande, Soy espina de la flor.

Contábase una noche al calor de la lumbre un cuento; mi Nana, que era la narradora, estaba bajo una ventana, con sus cabellos blancos, blancos como copos de algodon. Lita, mi prima, que ¿qué tal seria de bonita cuando la eligieron para representar á la Virgen en un coloquio en que era yo San Miguel? esa, estaba á mi lado; mis primos, sembrados entre mis tios; y mis señores padres.... lindos, porque lo eran, sentados en un sofá á lo léjos.

En el cuento se decia que tres niñas, hermosas como estrellas y más seductoras que nuestra madre Eva, llevaban al enfermo y joven rey regalos para enamorar su triste corazon y salvar su vida distrayendo su pena.

—La niña mayor, que se llamaba Fresca Rosa.... ¿qué le llevó? preguntó mi Nana.... estos confites al que diga qué le llevó....

—Yo lo diré, clamó un chico que era la piel de Barrabás. (Atención general). Le llevó tres piñoncitos: partió uno y fué sacando una camisa de hilo tan sutil y con tan lindos bordados, que tal parecia hecha por los ángeles: en estas, que parte otro piñoncito y que va sacando un manto real, como tejido de rayos de sol.

No pestañábamos: aquella relacion era maravillosa; se sentia dulce la boca escuchándola.

—¿Y qué tenia el tercer piñoncito? preguntamos interrumpiendo....

—Tenia, tenia, ¿digan qué tendria? acentuaba el triunfal muchacho.

—Tenia un pajarito que cantaba tan dulce y tan alegre, y abria sus alitas y hacia tales monerías, que asomó la risa á los labios del rey, y las hermanas rivales se creyeron perdidas.

—Caten vdes., continuó la Nana, que ese fué el regalo de la primera niña; ¿y la segunda?

—La segunda, ¿cómo se llamaba?

—Se llamaba la segunda, Granito de oro.

—Esa, ¿qué le llevó?

Lola que era una mozuela con unos ojazos negros como una vida y una frentaza como predicador, bullanguera y alborotadora como un fandango, dijo, haciéndose la gazmoña:

—La pobre le presentó un canutero de ébano, bien labrado, pero no gran cosa; el canutero tenia dentro una plumita primorosa, como de chupamirto. Pero es el caso, que la niña mandó cerrar todas las puertas para sacarla del estuchito, las cerraron y se quedaron á oscuras completamente.

Entónces la niña sacó la pluma, y alumbró de repente una luz de luna deliciosa—porque estaba por el revés la pluma—lo mismo hacia la pluma en los campos y por donde quiera.

El rey, asombrado, volteó la pluma por el derecho, y entónces fué como si hubiera alumbrado el sol....

—Eso estuvo mejor, mejor que mejor, gritaba Lolita, sonando sus manecitas de azucenas.

—Esperen vdes., que falta lo bueno.

Cuando se sacudia la pluma, alumbrando por el revés, entónces caia una lluvia de mediecitos nuevos de plata, y cuando por el derecho, escuditos de oro.

—Cabal, de su apellido, dijo una anciana, porque ella era Granito de oro.

El niño-rey tomó los escuditos y vió á la niña, y la pobrecita que quedaba, estaba al morir.

—Yo que ella no hago nada.

—Ni yo.

—Ni yo.

—¿Y cómo se llamaba la niña más chiquita?

—Se llamaba Lucero del Alba.

—Bonito nombre....

Miéntras todos habian escuchado y Pancho y Lola decian sus regalos, yo me devanaba los sesos para entrar en la palestra y pensar en mi regalo tambien.

—Bueno; ¿qué llevaba Lucero del Alba? exclamó mi Nana.

Yo no me pude contener, me puse en pié, y con la voz trémula dije:

—Llevaba una cajita que se alargaba y se encogia mucho, mucho.

—¿Y qué tenia dentro?

—Pues, señor, tenia dentro unos cristalitos que á primera vista nada ofrecian de particular....

—Habias de salir con eso, Guillermo, dijo Lolita.

—Esperen vdes. un _poquitito_.

—Perdió Lucero del Alba.

—En cuanto que se tomaba el cristalito con los dedos, se veia al través de ellos lo que uno queria como si estuviera presente; campos, mares, cielos, y por aquí la gran ciudad del Santo Padre de Roma, y con otro cristalito todita la Francia, y con otro todita España; pero no en pintura, sino de veras; las calles, las personas, los carruajes, todo, todo.

Si era de noche, se veia de noche; si de dia, de dia; y si entusiasmado queria uno estar en cuerpo y en alma donde se estaba mirando, no habia más sino pasarse el cajoncito de una mano á otra, llenándose de onzas de oro el tal cajoncito, que jamás se agotaba, aunque con una bomba le estuvieran sacando dinero.

Aplaudia la gente tan de buena fé, que yo me puse anchísimo: le contaron la gracia á mis señores padres.... que les ví lágrimas en los ojos, creyéndome capaz por aquella pamplina de echar el pié atrás al propio D. Quijote de la Mancha.

—Siga vd., Nana, siga vd., dijimos todos.

Y mi Nana continuó:

—Aunque hubieron sus opiniones sobre todos los regalos y los otros tal vez eran mejores....

—Y cómo que eran mejores, dijo Pancho.

—Mucho que mejores, repitió Lola, pidiendo aplausos.

—Siempre el rey se divirtió tanto tanto con los vidritos, es decir, como tenia á todo el mundo en su cajita, que se le quitó la tristeza y se casó con Lucero del Alba.

Pancho y Lola bramaron contra la parcialidad visible de mi Nana; pero sea por lo que fuere, á mí me ha quedado tal aficion á las cajitas de vidritos, que nada creo comparable á ese regalo, con las diferencias esenciales que el ménos avisado percibe.

Esta es una caja de vidritos; quien quiera ver, que se haga inocente como los niños de mi cuento.

¡Buen chasco se lleva quien busque en este libro observaciones profundas, estudios sérios, animadas descripciones, sino en descolorida imitacion los vidritos del cuento!

Los mios han sido viajes al vapor, siempre con el pié en el estribo y cantando como el soldado de la zarzuela:

Siempre sin dormir, Siempre sin cenar; Qué vida tan perra La del melitar.

Es decir, se trata de charla, y charla tendrán los que quieran comprar esta cajita de vidritos.

FIDEL.

VIAJE

Á LOS

ESTADOS-UNIDOS

POR FIDEL

DESPERTABA como de un sueño á la orilla del mar Pacífico y en el puerto del Manzanillo el 13 de Enero de 1877.

Y cuidado que el sueño picaba en historia: habia de todo, como en los dramas románticos: escursiones á caballo, lastimeras y dolientes como un _de profundis_, entrevistas al rayo de la luna, como parodiando las que tuvo el Ariosto con los recaudadores de equipajes en los caminos, mansiones en una especie de sepulcros de vivos, de donde habia huido para siempre el ruido y caminaban maquinalmente los cadáveres con los ojos abiertos: arcos triunfales, repiques, banquetes y entusiasmo frenético, descensos á las entrañas de la tierra, sonrisas del poder, cobardía y traiciones viles, y en fin, tanto y tan variado suceso, que á ser mi objeto, formaria entretenidas leyendas y sabrosas enseñanzas para los presentes y venideros siglos.

Yo tenia la conciencia de haber visitado en otro tiempo, _dulce y alegre cuando Dios queria_, aquellos mismos lugares, embriagado de luz con la grande epopeya de la Reforma, y tratando de seguir las huellas, como por mi fortuna las seguí de cerca, de Juarez, de Ocampo y Degollado. Pero aunque mi memoria insistia en restablecer el cuadro que entónces se ofreció á mis ojos, no quedaba ni un fragmento, ni un resquicio, ni señal ninguna que sirviese de punto de apoyo á mis recuerdos.

Entónces (1858), mal feridos y desgobernados en nuestros rocines y llevando á cuestas el retumbante título de _la familia enferma_, llegamos al Manzanillo, Juarez, Ocampo, Leon Guzman, Ruiz Manuel, Cendejas Francisco, Jacinto Aguilar, Zambrano, D. Matías Romero y algunos otros, como perseguida compañía de cómicos de la legua.

Era en aquel tiempo Manzanillo una playa casi desierta en donde la fiebre se enseñoreaba, tenia el apodo de centro mercantil una tienda de lona, habitada por unos alemanes que no interrumpian su eterno sueño sino para agotar toneladas de cerveza ó hacer sus excursiones á la aduana.

Estaba enriquecida con titulo tan afianzador y conspicuo una galera sucia y sombría con el brazo tendido de una viga sobre las aguas, para afianzar los cargamentos que no habia querido recoger el contrabando, porque en cuanto á los náufragos, se encargaban de ellos los tiburones, únicos competidores en voracidad con el hambriento resguardo marítimo.

Unos cuantos jacales hundidos en la arena, como sapos y tortugas que hubiesen dejado en seco las mareas, la falda escabrosa del monte, de que parecian precipitarse enormes peñas, y un cerro avanzado hácia el mar, pomposo y arrogante, que desde entónces, á la entrada de la bocana, pide á gritos un faro, sin que nadie le haga maldito el caso.

Recordaba con enérgica fidelidad, que habiendo llegado muy enfermo y manifestando deseo de ver la bahía, Juarez y Ocampo me hicieron silla de manos y me pasearon en la playa, yendo yo orgulloso y triunfal y con el alma luminosa dentro del pecho, más feliz que sobre el primer trono del mundo: mi amado Pancho Cendejas iba por delante haciendo farsa. De repente volvia los ojos y me sorprendian las brillantes huellas que iban dejando mis conductores (eran los efectos del fósforo): alegres con mis sorpresas, los acompañantes de mis amigos restregaban la arena con las manos y la esparcian refulgente como polvo de luceros....

Ahora el puerto del Manzanillo tiene sus calles regulares, sus tiendas y valiosos almacenes, su capitanía, su cuartel, su plaza, con asientos y embanquetado, y su aduana, que es un edificio de madera con sus amplísimos corredores viendo á la bahía, que es por cierto poética y encantadora.

El Manzanillo sale de las aguas de la laguna de Cuyutlan, sacude su cabellera y se escurre entre dos altísimas montañas: parecen descender, saltando sobre las rocas, casucas alegres con sus huertecitos llenos de flores, á ver pasar á la pequeña ciudad que se asienta en la arena de la playa, entre edificios de apariencia americana, con sus ventanillas con persianas verdes, sus enverjados y sus chimeneas en alto, agitando sus plumeros de humo.

Caminaba al lado de Joaquin Alcalde, haciéndole partícipe de mis impresiones: éste, con sus ojazos negros, su fisonomía animada y su mímica vehemente, acentuaba mi relacion, produciéndome vivo placer.

Vestía Joaquin frac gris y pantalon ajustado, bota fuerte y un fieltro tan elástico y expresivo como la fisonomía del propietario.

Ibamos al acaso, cuando de un balconcillo pequeño, angosto, desdentado y trémulo de barandal, una señora frescachona, morena, alegre y de blanquísima dentadura, nos dió el alto.

—Aquí, Sr. D. Guillermo, aquí, yo soy Fermina, la que asistió á vdes. la otra vez; aquí, en este lugar, vivió el Sr. Juarez, yo tengo la silla en que estuvo sentado, y no la doy por todo el oro de la tierra.... Pasen vdes.

En dos por tres renovamos conocimientos, procuróse una cómoda instalación en una piececita aseada con sus blancas cortinas de musolina en los catres y cómodas butacas de fresca vaqueta en las puertas.

Miéntras yo hacia preguntas á Fermina y la acompañaba, tomando posesion de su casa, Alcalde, en el expendio de tabacos, anexo á la misma casa, se daba á conocer con el marido de Fermina, portugués recalcitrante, recio de carnes, flaco de costillar, con unos nervios como cables y unas venas como tubos de acueducto.

El portugués es marino consumado, _atraca_ junto á un tonel y se queda fresco, fuma unos tabaquillos como baupré de navío y dispara unas desvergüenzas capaces de descalabrar al más pintado.

En el Manzanillo, y asistidos por Fermina y su consorte, duramos cuatro dias, hasta que el dia 17 las señales del _Cerro del Fraile_ nos anunciaron la llegada del vapor que debia conducirnos para Mazatlan.

El vapor “Granada” en que nos embarcamos es hermoso, y se distingue entre los palacios flotantes, que con el nombre de vapores, atraviesan las aguas del Pacífico.

Sobresale del seno de las aguas el casco inmenso del buque, que apénas cabria en una de las calles que llamamos cabeceras, teniendo mayor altura.

Dos fajas de balaustrados lo ciñen exteriormente, formando corredores, y la superior que es, digámoslo así, la cubierta ó azotea del barco.

En los corredores se ven las puertecitas de los cuartitos ó camarotes.

En el interior, por pisos que comunican régias escaleras, están el amplísimo corredor con sus lámparas, alfombras y muebles riquísimos, y en el piso superior, cuyo techo es la cubierta, hay un salon espléndido con espejos y sofaes riquísimos, mesas y sillones y un soberbio piano que suele ser solaz y contento de la tripulacion, cuando el dios de las aguas echa una cana al aire.

Sobre la cubierta está la elegante estancia del capitan, contigua á un precioso gabinete destinado á los fumadores.

Sombrea la cubierta tendida lona, bajo la que están colocados cómodos asientos de bejuco, ocupados dia y noche por los que se recrean con el espectáculo siempre nuevo y sorprendente del mar.

El “Granada” mide 2,500 toneladas y está al mando de un excelente marino, que es además cumplido caballero.

Luego que hicimos nuestros arreglos de instalacion, pasé revista á mis compañeros de viaje.

Eran _ladys_ deliciosas, entre las que abundaban personas de esmerada educacion; habia una Sussy dulce y melancólica como la estrella de Occidente cuando brilla solitaria sobre las montañas de mi patria; una Emma poética como una pasionaria viéndose en las aguas del dormido lago; una Katty bulliciosa y sensual como una inspiracion maliciosa de Lecoq, y una Lora sentimental como una melodía de Shubert.

Por supuesto no faltaba una literata que iba en pos de impresiones á la California, ni una buena esposa que corría tras del marido escurridizo, ni una víctima que iba á gestionar su divorcio de una especie de tigre feroz que habia marchitado en flor su juventud.

Habia viajeros pacíficos de distinguida clase y que viajaban en el estricto órden constitucional.

En este número se contaba un acreditado doctor homeópata y su linda esposa. Esta señora es andaluza, y á pesar de su circunspeccion y de su estado, derrama la sal de Jesus por todos los cuatro costados.

El servicio del buque se hacia á nuestra llegada con rigorosa puntualidad, y el capitan, que es un cronómetro de cachucha azul, no permitia se relajase en lo más leve la disciplina.

La servidumbre era toda de chinos. No dejó de excitar nuestra curiosidad el conocimiento con estos bípedos que están metiendo tanto ruido.

El chino no es un hombre, es un ejemplar de una obra inmensa; los chinos son como alfabetos de imprenta; el que conoce una _b_ minúscula, conoce todas las _b b_. El chino se produce por moldes, sus poblaciones son como paquetes de alfileres.

Cabeza obtusa con el pelo alisado y dos grandes trenzas que rematan en listones negros, y le dan en la parte posterior de los muslos, tez de amarillo deslavazado, ojos oblícuos, nariz chata, boca grande....

Una especie de solideo sobre el occipucio, una muy holgada y luenga blusa hasta abajo de la rodilla; la blusa azul ó negra de seda ó lienzo de algodon; calzones anchísimos, azules ó negros; medias blancas como la nieve, y un calzado que tiene mucho de la _chalupa_, con las puntas agudas vueltas hácia arriba, y una suela gruesa de tres dedos en el centro, dada de blanco como correaje de tropa. _Ese_ son los chinos, y esos chinos componian la servidumbre del buque.

La parte masculina eran negociantes ó viajeros retraidos, aventureros alegres y buenos bebedores, y la colonia mexicana en perpétuo movimiento por todos los vericuetos de la embarcacion, las pocas horas que no hicieron amistades extrañas.

Pocos de nuestros compañeros, y por desgracia los más graves, sabian inglés, y tambien por desgracia, pocos viajeros, esencialmente viajeras, conocian el español.

A Ramon Alcalde quedó reservada la gloria de dar vida y comunicar cohesion á aquellas almas huérfanas que se consumian de fastidio.

Acercóse en la noche como distraido al piano, alzó su tapa, preludió algunas quejosas melodías; pero tan silenciosas, por expresarme así, tan ténues, que parecia que hablaba á solas el piano.... en medio de aquellos rumores tímidos oiamos abrir las puertas de los camarotes, tambien con mucha precaucion. El músico requiere auditorio, se rinde á la alucinacion de la gloria.

Las teclas, al fin, dejaron piar, con coquetería indecible, la Paloma.... esa Paloma comprometedora é insurgente, que no puede escuchar con calma ningun ente de razon.

Aletea, se sacude y estallan los requiebros abrasadores de la cancion habanera. Los mexicanos, como movidos por un resorte, cercaron el piano y ensayaron el canto: de repente, surge vibrante y sonora una voz ejercitada, dulcísima, llena de aquel jaleo y aquellas cosquillas que nos sacan de quicio; era la esposa del doctor, que dejándolo con tantos ojos abiertos, siguió las notas, se envolvió en ellas, y se pronunció por México.... bendita sea su boca!.... las risas, las palmadas, el entusiasmo, se parecian al delirio.... Las _ladys_ estaban á las puertas de sus camarotes.... retiradas, pero no esquivas; á la Paloma siguióse el _Té_ y el _Tá_; habia un D. Juanito, aleman, de voz privilegiada, que regaba con excelente champaña sin cesar, que acometió el _Té_ y el _Tá_, que siguió á la Paloma con desusado brío, sin interrumpir los compases, al brindarnos con su champaña.... las _ladys_ se acercaron al piano.... amables, pero no comunicativas.... Alcalde, superándose á sí mismo, dejó caer entre una tempestad de notas incendiarias nuestro himno nacional.... hubo entonces explosiones de entusiasmo frenético.... los ojos brillaban con lágrimas, las manos redoblaban los palmoteos, alguno se pasó la mano sobre la frente por sentir como cosquillas; era el tacto de las plumas de los sombrerillos de las _ladys_, que se inclinaban tambien sobre el piano.... Era necesario no tener pizca de vergüenza, para no estar hecho una aleluya....

Al dia siguiente, todos aprendiamos inglés, y las _ladys_ balbutian palabras españolas que era un contento. La desciplina del buque sufrió un golpe contuso. Uno de los empleados me decia: _como estás alborota los mecsicanos_.

La cosa fué tal, que nadie paró mientes en que el sol caduco que llamamos luna, tenia una glorificacion sublime en el desierto inmenso de las aguas.

La navegacion del Manzanillo á Mazatlan se hace casi sin perder de vista las costas, y las nuestras en esa parte del mar Pacífico, si bien desiertas, tienen belleza extremada, por la verdura de los campos cercanos y por las caprichosas montañas que las animan y les quitan su monotonía.

Aunque muchas veces, léjos de disminuirse los peligros con la proximidad de las costas se aumentan, hay algo de arrimo con ver la tierra; se nos figura que en un siniestro viene en nuestro auxilio; sobre todo, la idea de un pronto y feliz término del viaje, envolvia las largas horas de fastidio en las distracciones de las sorpresas de los que por primera vez se embarcan.

La curiosidad de ver una ballena tenia preocupados á varios de los compañeros, desde el Manzanillo. Al dia siguiente de nuestro embarque, y cruzando las inquietas aguas de Cabo Corrientes, álguien vió aparecer y desaparecer el monstruo, como un relámpago.

Agolpámonos sobre cubierta, los conocedores rastreaban con curiosidad el rumbo; al fin vimos salir de entre las aguas una cabeza enorme, boluda, unida á un cuello largo, muy largo y angosto, que como que se balanceaba, dependiente de una masa negruzca que se sumergia en las aguas.

Como la navegacion en último término es el abandono de la personalidad; como el ócio es una llama solapada que consume los jugos del espíritu; como la espectativa del acaso, luego que se prolonga produce la indolencia, que es una especie de catalepsia para el alma, cualquier accidente cobra desusada importancia en el mar.

La rama vagamunda que se balancea sin rumbo en las olas, la gaviota que sigue al barco para merodear sus desechos y nosotros la creemos cortejo cariñoso, el pájaro perdido en el rastro de humo que deja el vapor, y forma como hileras de árboles y cimas de montañas en el vacío, todo nos despierta, nos interesa, lo encadenamos al mundo que hemos dejado, lo atesoramos, como atesora el pájaro los granos de la planta, y todo lo convierte en reliquia nuestro apartamiento de la madre tierra.