Viaje a America, Tomo 1 de 2 Estados Unidos, Exposición Universal de Chicago, México, Cuba y Puerto Rico

Part 9

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Los que crean que la mujer libre es en la América del norte una excepción, se equivocan grandemente; la mujer aquí no tiene, ni pone límites á sus iniciativas: la niña, la mujer casada ó viuda, la de alta clase y la de mísera condición, todas, absolutamente todas, viven según cuadra á su fantasía, sin más preocupación que el ejercicio absoluto é indiscutible de su libre albedrío y omnímoda voluntad.

[Ilustración: LA RUEDA FERRIS]

No me chocará que alguien dude de afirmación tan categórica, porque yo mismo he necesitado ver para creer; hoy ya no dudo, ni tengo inconveniente alguno en afirmar que la familia, tal como la entendemos en Europa, tal como la necesitamos y exigimos en España, no existe aquí. Y porque esto es así, las hipocresías de estas gentes resultarían tentadoras para Paul de Kock si viviera, y muy dignas de ser contadas, aunque sea sin llevar la vestidura con que podría adornarlas pluma mejor cortada que la mía.

¿Quién no conoce en Europa y América el célebre Board of Ladies, con su palacio destinado al trabajo de la mujer en el mundo, sus congresos y fiestas espléndidas, sus sesiones borrascosas en que una dama, haciendo oficios sacerdotales, eleva las manos al cielo para pedir la bendición de Dios,—que no debe concederla si he de juzgar poco caritativa y cristiana la manera como se acusan unas á otras de corruptoras y corrompidas,—y cuanto se ha contado y escrito acerca de la mujer, desde que aspira á probar que vale más moral é intelectualmente que el hombre? Pues esas señoras se reunieron un día en sesión y una de ellas, altamente escandalizada de los espectáculos ofrecidos al público en el «Midway plaisance», presentó á la mesa una moción encaminada á investigar detenida y concienzudamente cuántos, en qué forma, y en qué sitios, se efectuaban los actos inmorales que la habían afectado tan hondamente, pues lloraba con amargura al narrar los horrores del «Midway» la dama denunciadora del comité de señoras de la Exposición.

Nombróse una comisión compuesta de tres señoras, no he podido averiguar si había alguna soltera entre ellas, para que estudiara detenidamente el asunto y reconociera los sitios de corrupción en donde, según pública voz y fama, se falta á las reglas de moral. Las señoras nombradas aceptaron tan triste misión, y levantándose las sayas para no mancharse con el lodo de la corrupción, fueron recorriendo tarde y noche los teatros y barracones de _dancing girls_ en donde se baila la _danse du ventre_ y otros bailes parecidos para distraer á la bohemia universal que, en todas las exposiciones, representa el papel alegre de fiestas en que la ciencia y el arte, la industria y el comercio son excusa poco halagadora para toda clase de corrupciones.

Lo que aquellas señoras vieron allí, Dios y ellas lo saben; tres días seguidos con sus noches, dan larga tregua para carga tan pesada, y tras tanto sufrimiento y amargura tanta, las señoras se reunieron y deliberaron; las investigadoras relataron dichos y hechos capaces de sonrojar á una estatua, y las tres estuvieron conformes en asegurar que preferirían ver muertos á sus hijos que saber que frecuentaban sitios que prostituyen y rebajan la dignidad humana.

Las tres hijas de Sión lloraron amargamente, y con ellas, la mayoría del _Board of ladies_, que acudieron inmediatamente á la Dirección general de la Exposición, para que cerrara los sitios del «Midway» que escandalizan al mundo con sus horrores é iniquidades.

Al día siguiente, la policía ordenaba al director del teatro persa la clausura del local. Este pobre diablo que había gastado una crecida cantidad en montar el espectáculo, y adquirir el derecho de exhibirlo, quiso averiguar la causa de orden tan radical á los tres meses de abierta la Exposición, y supo, con sorpresa, que la reclamación que motivaba la orden de cierre del local, estaba fundada en la queja producida por las señoras que juzgan inmoral el baile que se ofrece al público en el teatro persa.

[Ilustración: UNA CALLE DEL MIDWAY]

Las exclamaciones del director resultaron tan expresivas como pintorescas. «Las señoras del «Board of ladies», dijo, se presentaron ostentando sus medallas y con la pretensión de que se las colocara en primer término, sin pagar los derechos de entrada. Accedí gustoso á la petición, estuvieron muy alegres y satisfechas, tomaron café _gratis_, y se hacían lenguas de lo bonitas que son _my poor girls_, y de lo bien que bailan y cantan los típicos aires del país. Estuvieron _tres horas_ mortales presenciando el espectáculo, y volvieron al día siguiente con las mismas pretensiones, y alcanzando los mismos resultados. Si aquellas señoras creen que mi teatro es un lugar de corrupción, lo mejor que habrían podido hacer era no venir y no exponerse á manchar sus vestidos en tan inmundo lugar; esto habría sido mejor para su reputación y mis intereses.»

Lo que ha pasado después no lo sé; registré con cuidado la prensa, y especialmente _The Chicago Herald_ durante tres ó cuatro días después de haber publicado la réplica contundente del director del teatro persa, y no he sabido ver la respuesta de las señoras, que quizá han creído deber contestar, con el desdén, las insolentes palabras de aquel galeoto, contentas y satisfechas de haber realizado tan magistralmente una obra de higiene moral digna de las mayores alabanzas.

Lo que hay es que, al día siguiente, los teatros se llenaron de gente de todos colores é iguales vicios; que las _dancing girls_ continúan cantando y haciendo contorsiones y gestos que tienen más de asqueroso que de lúbrico, y que, después de tantas lágrimas y tantas exclamaciones que parecen lamentos arrancados de los libros santos, lo único que se ve claro y evidente es la escasa eficacia que resulta de emplear plumeros de blando material para barrer y limpiar cloacas, y que, en cualquiera otra parte que no fuera la América del norte, lo que se habría visto, sin necesidad de practicarlo, es que, en aquella prueba quedaría manchada la pluma, quedando la cloaca tan nauseabunda y tan mal oliente como estaba antes de usar un agente digno de más altas empresas y más sentidas aspiraciones.

[Ilustración: PALACIO DEL CONCURSO DE LA BELLEZA]

Cosas... de los Estados Unidos

Hace falta aquí una inteligencia de primer orden que estudie profundamente el movimiento que surge y se desarrolla en este campo fecundo, donde se aplauden todas las extravagancias, y se conciben y plantean las ideas más atrevidas y más peligrosas. Estoy tan absorto y tan fuera de mi centro que á veces se me figura que vivo en un planeta, que no es La Tierra, y que todos mis prejuicios, ideas y sentimientos están en rebeldía perpetua en mi cerebro, luchando con una corriente de fuerzas variadas, cuya resultante no sé hallar, por más que busco con avidez la verdad, y la dirección que sigue la novísima y quizás mal definida civilización americana.

Y que esa inteligencia, capaz de abarcar en su conjunto los fenómenos variadísimos que se realizan en el seno de esta sociedad, es indispensable que venga á estudiar estos grandes movimientos de la opinión, lo dice, entre otras cosas, el Congreso de las religiones que se está realizando en el Art-Palace de Chicago, en donde alternan las altas dignidades de la Iglesia católica, con protestantes, mahometanos, budistas, clérigos de levita, señoras... buscando todos, al parecer, una religión ideal, única, especie de «volapuk» espiritual que resuma todas las aspiraciones y los ideales místicos de la humanidad.

Y dijo el presidente en su discurso inaugural: «Nos reunimos aquí los que buscamos la verdad, las gentes que odiamos el error, único enemigo de la humanidad». Y han hablado los católicos, los protestantes de los más variados matices, los judíos, los mahometanos,—sólo silbados cuando han defendido la poligamia,—los hijos de Budha y Confucio, y todos han sido estrepitosamente aplaudidos, porque los concurrentes opinan que en todas las llamadas religiones hay un fondo de verdad, de justicia y de aspiraciones elevadas, que son santas y dignas de eterna recompensa.

Y los que nos hemos criado en un rincón de España, donde hemos aprendido, porque así nos lo han enseñado, que no hay más que una religión verdadera, y que no debemos admitir siquiera, como no sea en el santo y fecundo campo de la caridad, á los que profesan ideas religiosas distintas de las nuestras, al ver á las dignidades más altas de la Iglesia católica aceptar sin recelos, la cooperación de personas animadas, sin duda alguna, aun dentro del error, de las mejores intenciones, en la difusión de diversas ideas religiosas, la inteligencia mejor templada siente desfallecimientos, pensando si en este fin de siglo se desatan vientos de rebeldía y de locura en todas partes ó si de esta civilización, de apariencia externa semejante á la nuestra, y sin embargo, tan distinta y tan variada porque no encarna en esta sociedad ferozmente individualista, va á surgir un mundo nuevo que regenere la sangre y el espíritu de la humanidad.

No tengo fuerzas para dilucidar problemas tan hondos; planteada queda, en mi concepto, una nueva faz del movimiento religioso en el mundo, y seguirlo para atajarlo ó encauzarlo, si es menester, será una obra de alta sabiduría, ya que no es posible sospechar siquiera que sea sólo episodio de una Exposición, obra en que han intervenido ó intervienen las más altas inteligencias de todas las iglesias americanas, y los más templados propagandistas de las religiones asiáticas y africanas.

Y dejando esta nota, tan llena de preocupaciones y tristezas, otro signo característico de los tiempos y las sociedades americanas se ha presentado en los campos de la Exposición con motivo de la fiesta del Estado de Iowa.

Los Estados de la Unión tienen aquí su casa _payral_, formando los edificios de cada uno de ellos una calle de variada arquitectura, extraña á veces, interesantes y dignos todos de visitarse. Lujosamente amueblados, con salones de lectura, restaurant, escritorio, miranda, etc., son puntos de reunión para las familias que visitan la Exposición y hallan aquí un refugio tranquilo y lujoso en la casa comunal regida á la sombra de la bandera del Estado respectivo. Cada uno de ellos celebra su fiesta, y los voluntarios vienen con sus músicas, banderas y uniformes á ostentar su bizarría en los campos de la _World’s Fair_. Mandados por un jefe de alta graduación, evolucionan en la gran plaza de la Administración general, formando en parada y recorriendo las principales calles de la ciudad blanca. Acude á estas fiestas un gentío inmenso, y las sociedades desfilan ante gentes curiosas de presenciar los abigarrados colores de las cintas, los botones y las bandas de la democracia americana.

El batallón de Iowa ha presentado una novedad que aplauden muchas gentes, aunque nadie sepa explicarse el entusiasmo que inspiran cincuenta muchachas uniformadas, que, entre las compañías de soldados, forman una de amazonas armadas de lanzas, mandadas por dos muchachas que llevan espada al cinto y evolucionan con cierta marcialidad á pesar de las faldas y la impedimenta propia del traje femenino. Nadie explica la misión que se supone á esas muchachas, porque en tiempo de paz, como no sea por el gusto de lucir unas faldas y chaquetita azul, una pechera blanca abollada, una gorrita marinera y unos guantes blancos que suavizan el contacto de un arma tan inofensiva como es la lanza que llevan, no sé para qué han de servir.

Por lo demás, y confieso humildemente mi atraso, yo preferiría ver á esas señoritas remendando las camisas de sus padres y hermanos, antes que desempeñando un servicio que nadie les exige, y que lucha abiertamente con la especial condición de la mujer en el mundo.

Pero aquí todo reviste formas tan extrañas, que no hay extravagancia que no sea acogida con simpatía, capricho que no pueda realizarse, ni exceso que no pueda consentirse. Figúrense mis lectores, á un jefe de Estado á quien se le subleva una ciudad, Roanoke-Virginia, en donde una turba de 3,000 hombres lincha al negro Smith, lo cuelga de un árbol, forma una pira en la plaza y lo quema; y no contenta con tanto desmán, persigue al alcalde y al jefe de las tropas para lincharlos también, y mientras todo eso sucede, el gobernador disfruta de las delicias de la _World’s Fair_ sin que se preocupe un solo instante de lo que acontece en su Estado, que cree ser el mejor de los mundos, y á quien no sobrecogen ni espantan las noticias que lee en los periódicos, ni cuida nadie de advertirle que ha de regresar á su país y poner coto á tanto escándalo y desmán, porque confía en que las cosas se arreglarán por sí mismas, cuando estén allí cansados de andar á tiros y sablazos, que todo tiene fin en el mundo, hasta la maldad de las gentes.

Y para consuelo de los que se asustan de lo que ocurre en España, en donde nos figuramos que nuestro pueblo es lo peor del mundo, y tener una idea, nosotros, los _desgobernados_, de lo que son estas autoridades, vean mis benévolos lectores con que calma y sangre fría se explica el gobernador del Estado de Virginia, acerca del motín de Roanoke, M. Kinney, según relación del periódico más acreditado de esta ciudad el _The Daily Inter Ocean_.

Un reporter supo que dicha autoridad se hallaba en el edificio de Virginia de esta Exposición, y allí se dirigió en busca de Mr. Mac-Kinney, para saber lo que pensaba de los sucesos de Roanoke.

Dice el reporter: «El gobernador es un anciano de agradable aspecto, de bigote y cabello cano. Le hallé en mangas de camisa, con los pies descalzos, apoyados sobre un pupitre y á la altura de su cabeza, llevando unos calcetines de lana irreprochables, y ofreciendo el aspecto de una persona que goza de la vida.

Cuando le pregunté acerca de la revuelta de Roanoke, contestóme complacido que no tenía más noticias que las publicadas en los diarios, inclinándose á creer que eran exageradas.

«Porque, dijo, los diarios suponen que el alcalde Trout está herido en un pie, que las tropas hicieron 25 disparos y mataron ó hirieron á 29 personas, lo que no deja de ser una buena puntería; y que no había preguntado á nadie lo ocurrido, ni nadie se había preocupado del asunto.»

De todo ello infería que el alcalde, que es un buen ciudadano, habría obrado con la energía necesaria, consintiendo, y esto lo añado yo, que lincharan, ahorcaran, arrastraran á un negro, y lo quemaran é incineraran en una vía pública de Roanoke.

Si todo esto no parece á mis lectores civilizador, patriarcal y digno de envidia, será porque son difíciles de contentar.

[Ilustración: LA CALLE DEL CAIRO]

Antagonismos entre americanos y europeos acerca del Jurado

Uno de los organismos más importantes de las Exposiciones universales es el del Jurado. La garantía de los intereses generales y la cortesía internacional exigen que las naciones extranjeras que concurren á un certamen, conozcan de antemano, cómo y cuándo ha de funcionar un organismo que, debiendo reunir las condiciones de competencia, imparcialidad y saber requeridos en esta clase de servicios, satisfaga aquellas condiciones, sin las cuales la función del Jurado se convertiría en una farsa indigna de hombres serios.

Y sin embargo, en América se entiende todo esto de otra manera; en primero de mayo se abrió la _World’s Fair_, y á estas horas no hay reglamento especial de jurados, ni fecha en que han de funcionar estatuída, ni cosa alguna que revele un plan serio y definido. Y ¿cómo ha de haberlo, si acaba de estallar una escisión hondísima entre la Comisión general de la Exposición y los Delegados generales de todas las naciones de Europa y de la América Central y del Sud, excepto la del Ecuador, Costa Rica y Venezuela, por discrepancias tan esenciales entre una y otros que se han visto obligados á declarar resuelta y solemnemente, dando de ello cuenta á los respectivos gobiernos, que si no se modifica el criterio que ha servido de norma para redactar el proyecto de ley para la constitución del Jurado, Inglaterra, Rusia, Alemania, Francia, Italia, España, etc., quedarán de hecho fuera de concurso, renunciando á que se juzguen las instalaciones que las representan, y á ser premiadas por la gran nación de la América del Norte?

Semejante resolución no pudo tomarse sin mediar motivos trascendentales y opinar que la ley, tal como intentan promulgarla, no ofrece la garantía de imparcialidad suficiente para que los expositores extranjeros queden al amparo de las demasías de un panamericanismo tan exagerado que acabaría por poner á las naciones de Europa, y á algunas de la América del Sur, á los pies de los caballos.

Y para que pueda comprenderse el alcance y el motivo de resolución tan importante, jamás tomada hasta ahora, ni siquiera soñada, ni comprendida, en el antiguo continente, voy á concretar cuanto pueda la causa de ello, y que no ha sido otra que suprimir por completo el Jurado, y sustituirlo por Jueces periciales, en su mayor parte americanos, que, sin apelación, resuelvan de plano acerca de la concesión del premio _único_ que pretende otorgar á los expositores la Dirección y Comisión general de este gran Certamen. De modo que la nación demócrata por excelencia, suprime el Jurado en la Exposición, cuando lo aplica á vidas y haciendas, é iguala lo que siempre estará fuera del alcance del hombre, ó sea, la inteligencia, el mérito, la pericia y cuanto constituye los más preciados dones del alma humana.

Contra todo esto, Europa debía protestar y ha protestado enérgicamente; nosotros no podemos entregar á nuestros expositores atados de pies y manos á las justicias severas de hombres que no piensan ni sienten como nosotros pensamos y sentimos; y sin discutir aquí, si esta civilización será algún día superior á la nuestra, y si los rumbos seguidos hasta ahora son direcciones más ó menos borrosas que se modificarán en lo porvenir, la verdad es que no podemos aceptarlos, porque nuestros principios y criterios, propios de una civilización claramente definida, no pueden conciliarse con los puntos de vista tan nuevos y tan extraños que informan las leyes de este país.

Cierto es que admiten peritos extranjeros, pero aun así no se necesita ser muy lince para ver, en lontananza, el ejercicio constante de las represalias, hasta tal punto, que todo lo americano sería malo para nosotros y todo lo europeo detestable para el americano; y en esta lucha de intereses no es difícil vaticinar que saldríamos vencidos.

Además, hay aquí tanta ignorancia en lo que al desarrollo intelectual é industrial de Europa se refiere, que llegaron á ofrecer á Francia, que ha hecho aquí un grande esfuerzo y que consideran como á su hermana en el viejo mundo, cuatro jueces peritos, dos para Bellas Artes, uno para vinos y uno para sederías; de modo que, en lo demás, Francia no cuenta, ó vale tan poco, que no se la considera digna siquiera de ser oída.

No sé aun lo que tocaría en suerte á España, cuando uno de los hombres más reputados por su saber en los Estados Unidos, preguntaba por qué queríamos terreno en Artes Liberales, no sabiendo, como no sabía, lo que _podríamos_ presentar en tan interesante sección.

Por lo que respecta al premio único, si piden privilegio de invención, les auguro poco negocio en Europa. No sé hasta donde pueda llegar la manía igualitaria; dudo, sin embargo, que nadie admita ahí que puedan igualarse dos inteligencias, ni siquiera dos productos de inteligencias distintas. Pensar que dos fabricantes de objetos similares consientan, cuando no salta á la vista la perfección, la posibilidad de alcanzar el mismo premio, aun siendo único, y que por este solo hecho no tiene valor alguno, es tener muy poco conocimiento de las pasiones y los intereses de los hombres.

Siendo, pues, todo esto tan incompatible con el modo de pensar de las naciones que concurren á este Certamen, creo que esos criterios van á modificarse, aun que sea difícil lo segundo, por ser ley votada en las Cámaras, y que, convencida la Dirección de que el fin principal de toda Exposición quedaría contrariado desde el momento en que las naciones extranjeras desisten de entrar en lucha pacífica con las de este país, volverá sobre su acuerdo, como lo ha hecho ya en puntos de mucha menor importancia, y en que, más que cuestión de intereses se trataba de asuntos de amor propio nacional.

Los comisarios extranjeros entramos ya en la Exposición sin haber puesto el retrato en las entradas de admisión, y se nos obliga únicamente á entregar en la puerta una tarjeta de visita, _pro formula_, y para los efectos de la estadística.

Otro punto interesante y que causa á todo el mundo muchos sinsabores, es el de los robos en los recintos de la Exposición. La queja es tan general y tan sentida que los Delegados y Comisarios protestan cada día, sin que se vea el medio de que la Dirección general atienda eficazmente tan justas reclamaciones. La sección puesta á mi cargo ha sufrido, como todas, los efectos de la desorganización observada en todas partes y en todos los servicios, pero hasta ahora se ha reducido sólo á raterías de escasa importancia que han motivado, sin embargo, enérgicas reclamaciones y, por mi parte, la propuesta al Sr. Delegado general de una guardería bien montada que recorra y ampare constantemente los productos españoles expuestos en Manufacturas, propuesta que ha aceptado el Sr. Dupuy de Lome con el entusiasmo que tiene por cuanto se refiere al lucimiento de la producción española en este Certamen.

La breve interrupción de unas cuantas horas en continuar esta correspondencia, me permite dar cuenta de un nuevo conflicto; los que quieren vender en el recinto de la Exposición han de pagar el 45 por 100 del valor de los productos á la aduana, y el 25 por 100 á la Comisión del certamen. Un suizo, relojero, cayó en la red tendida por una señora, que resultó ser una _detective_ ó agente de policía, para que le vendiera un reloj de poco precio, y á las pocas horas se le puso en la cárcel, imponiéndole dos mil dollars de multa.

No he de ser yo el que abone la conducta incorrecta del suizo; no he de juzgar tampoco, porque ya lo harán mis lectores, el proceder de una administración pública que emplea determinados procedimientos para averiguar el delito tentando al delincuente, lo que sí haré constar es que salimos á conflicto por día, que la Delegación suiza mandó cerrar todas las instalaciones de su país y que se produjo una marejada hondísima, que ha reclamado los buenos oficios del Ministro de la Confederación helvética en Washington, y una serie de concesiones y componendas que no han logrado calmar la efervescencia producida por la mentada causa, en los expositores extranjeros.

Todas estas cosas dan lugar á correspondencias pesimistas que publican los periódicos españoles, leídos aquí con mucha fruición por lo que exageran y dicen, sin duda, con más tendencia humorística que otra cosa. Alguien ha dicho en un periódico, cuyo nombre no recuerdo en este instante, que la seguridad personal está aquí constantemente en peligro, dando cuenta con mucha sal de episodios en que intervienen los porteros, cuando esta _institución_ europea es planta exótica en Chicago, y no se halla en toda esta ciudad un solo portero, ni para contado, ni para descrito.

[Ilustración: LAS ACERAS MOVIBLES]

El Jurado