Part 6
Los tabacos del llano expuestos á luz intensa toman una coloración extraña, mejor dicho: se decoloran en algunos trozos de la superficie, convirtiendo la homogeneidad del color pardo negruzco del tabaco en un abigarramiento extraño que recuerda el color del lagarto. Los puros que experimentan este cambio de color se dice que _lagartean_, y desde luego descubren, por ese solo fenómeno, su procedencia; los tabacos que lagartean proceden invariablemente de la zona llana; los de la del pinar conservan su color y su mérito, porque el lagarteo no sólo influye en el aspecto, sino también en el gusto del tabaco, debido quizá á que siendo el cambio de coloración producto de la conversión de substancias activas en cuerpos neutros, la nicotina se hace preponderante y con ella el gusto astringente, que satura y fatiga fácilmente el paladar. Así lo creen personas competentes, ya que la rica hoja tan conocida en el mundo con el nombre de «Vuelta de Abajo», según análisis efectuado en el laboratorio de don Calixto López, no llega á tener 1 por 100 de nicotina, siendo debido á esto que el tabaco de aquella procedencia se distinga por su suavidad, buen gusto y no cansar al consumidor.
Y con esa explicación ya será fácil clasificar y estudiar las instalaciones de la isla de Cuba y conocer la procedencia del tabaco, sin necesidad de recorrer los campos y las fábricas de la isla. Hallo en primer término la primorosa instalación de «La Comercial», de Fernández Corral y C.ª, cuyos tabacos en su generalidad proceden del llano; sigue la casa Bances y López, conocida en los mercados con el nombre de Calixto López, cuyos tabacos han resistido la acción de la luz en los tres meses de exposición, presentando clases comprendidas entre 35 y 800 duros el millar.
Si el Jurado inspecciona la sección cubana con algún discernimiento, verá que la marca «Flor de Cuba» emplea tabaco de las dos procedencias, llano y pinar, García Cuervo, de Santiago de las Vegas, pinar únicamente; L. Carvajal, llano y pinar, H. Upman, tabaco superior bajo todos conceptos, lo mismo que la marca «La Rosa» de Santiago, siendo ya menos importantes «La Carolina», «La Flor de Trespalacios», J. Inclán Díaz y C.ª, Juan Cueto y hermano y F. P. del Río y C.ª, Habana, aunque todos emplean buen tabaco, en la tripa y capa, que es lo que recomienda especialmente el tabaco de Cuba, cuya elaboración compite ventajosamente con la producción del resto del mundo.
La casa Salomón hermanos, de la Habana, presenta dos cajas de hoja de la Vuelta de Abajo; el producto está tan acreditado que no necesita acudir á ninguna Exposición para mejorar su crédito y aumentar su venta.
Sigue, como importantísima, la producción azucarera; pero no busque el visitante instalaciones ostentosas como las que honran la industria tabacalera, ni en gran número, pues sólo hay una muy modesta de Guanajay que produce azúcar centrífugo de 98 grados, es decir, azúcar casi puro que derrotará al azúcar común y al de remolacha cuando las amas de casa conozcan la diferencia de dulce que existe entre ellas, y otra instalación poco ostentosa, pero rica en datos económicos, del ingenio «Carmen», de Crespo.
Unas cuantas fotografías, unos cuantos botes de azúcar centrífugo y estas noticias, que copio sin comentario, constituyen la nota preeminente de estas instalaciones.
Producción diaria del ingenio «Carmen», de Crespo: 600 sacos de 325 libras de peso unitario; producción anual alcanzada en cuatro meses, 72,000 sacos de 23.400,000 libras de peso.
Abunda, y toma cada día incremento, la producción de cacao, crema de cacao, vermouth y ron de caña, ginebras, coñacs, anís escarchado y alcohol de caña para usos industriales y medicinales, habiendo presentado hermosas instalaciones Trespalacios y Aldabó, Bacardí y C.ª, Díaz Santacana y la marca «El Infierno».
Y al pensar que toda esa inmensa riqueza puede aumentarse de un modo extraordinario, es triste cosa observar que los que emigran á la América continental olvidan que hay en Cuba muchos campos que roturar y muchas fortunas que hacer, arrancadas del seno de la tierra patria, menos mortífera y menos ingrata de lo que se supone; que en todo país lejano se levanta la leyenda de la exageración, con sus preocupaciones y desencantos, propios de todo lo que aleja de la familia y la patria pequeña.
La agrupación de Cuba, ostentosa, limpia, simétrica, formada de colecciones que honran á los que han gestionado los intereses de la gran antilla española, rodeada por la decoración ejecutada por el tallista italiano Ferrari, que dibuja primorosamente y pule, talla y abrillanta el boj como si fuera cera, resulta un contraste desfavorable para España. Es achaque nuestro y sobre todo de la población rural, cuidar poco de lo externo; aun hay quien cree, en las montañas y en las llanuras de nuestra península, que el buen paño en el arca se vende, y mientras Cuba ha empleado las mejores maderas de sus bosques y los más inteligentes ebanistas de sus ciudades para levantar verdaderas obras de arte á la poderosa industria tabacalera, las colecciones de la metrópoli, mezquinas, mal pintadas y peor construídas, conteniendo productos valiosos y ricos, parecen ser, ellas que deberían serlo casi todo, la cenicienta de la casa.
Y con ser tanto lo que podíamos haber enviado á esta Exposición, no para alardear de lo que tenemos, sino para buscar los mercados que nos faltan, previo el estudio de las necesidades de las naciones del continente americano que podemos satisfacer, el poco espacio que tenemos hemos debido compartirlo con Filipinas y Puerto Rico, quedando para la península un rincón que ha embellecido, aun contando con tan pobres elementos, la práctica, la discreción y el acreditado _savoir faire_ de nuestro inteligente comisario de Agricultura, don Vicente Vera.
Pero como Puerto Rico ha venido á esta Exposición con un presupuesto copioso, los productos farmacéuticos, los alcoholes diversamente aromatizados, los cafés, los cacaos, los azúcares que constituyen sus más valiosos elementos de producción, se han presentado con lucimiento, pudiendo ostentar al pie de la colección de cafés la fórmula americana por excelencia: «The coffee of Portorico is the best of the World».
Pero, dejando á un lado esas disquisiciones, mejor que todo eso, mejor que el afán inmoderado de publicidad, que raya aquí en lo ridículo, ha de ser para mis lectores el conocimiento de los siguientes datos económicos:
Producción media anual de Puerto Rico:
Café, 30,000 toneladas. Azúcar, 60,000 íd. Tabaco, 3,000 íd.
La colección de cafés, que ha parecido excelente á los peritos jurados, está compuesta de muestras de varias clases, presentadas por Lorenzo Joy, de Ciales; Miguel Perla, de Puerto Rico; Rosés y C.ª, de Arecibo; Julián Rivera, de Coamo; Bultmann y C.ª, de Aguadilla; Moral González, de Mayagüez; Fitle, Lunt y C.ª, de Ponce, y otros muchos que sería prolijo enumerar.
Cuba, que tan poca importancia ha dado á sus azúcares, se halla supeditada á los de la pequeña antilla, que presenta una colección completa y tan buena, que personas inteligentes le conceden el primer lugar entre las que figuran, con mayores prestigios, en la Exposición de Chicago.
Consulto mis apuntes y leo entre las casas que figuran en el Certamen como productoras de azúcar centrífugo las de Cintrón de Yabucoa, Sobrinos de Esquiaga, Hortensia Arribas, Cristóbal Vallecillos, etc., etc.
No me parece tan lucida la instalación tabacalera: ni en cantidad, ni en calidad, puede atreverse Puerto Rico á rivalizar con Cuba, y las casas de López, Albarado, Sánchez y hermanos, Modesto Bird y otros, no tienen más pretensión que dar fe de vida y ocupar un segundo lugar en el concurso de esta poderosa industria en el mundo.
Como productos secundarios ofrece Puerto Rico una variadísima colección; dejando á un lado su abundantísima fabricación de alcoholados de malagueta, cremas de todas clases, ron de infinitas marcas, fríjoles, arroz en cáscara, adriote (materia colorante), jabón, almidón de yuca, algodón en rama, y cera, queda aún un artículo importantísimo, el cacao, que abunda en la isla, y se considera de excelente calidad.
Sitio importante y preferente ocupa la industria rural filipina, ceñida á tres artículos que son, mejor dicho, pueden llegar á ser tres veneros inmensos de riqueza, capaces ellos solos de convertir las Filipinas en un centro comercial de primer orden: el tabaco, el azúcar y el abacá.
Ya sé yo que la Compañía General de Tabacos de Filipinas no aspira á competir con los tabacos antillanos; lo que sí observo, es que sus precios, que oscilan entre cinco y cien duros el millar, pueden ser un incentivo poderoso para abrir mercados en países cuyos habitantes fuman y mascan el tabaco de las clases más bajas con una fruición envidiable, y que los millones que envía España á los Estados Unidos para comprar hoja para tripa, pueden tener más lógico destino en nuestras posesiones de Ultramar y en los mercados de la metrópoli que, tarde ó temprano, concederá á nuestros desdichados labradores la libertad de cultivar, en los campos que devasta la filoxera, la preciosa planta, el frugal tabaco que se adapta á todos los suelos y á todos los climas, ofreciendo una variedad inmensa de productos más ó menos suaves, más ricos ó más pobres en perfumes, pero siempre pródigo en bienes para el que lo cultiva.
El azúcar filipino ha sido aquí una revelación, así como el abacá, que con su fibra larga y resistente, es objeto de codicia para esta raza yankee que se enamora de los textiles que no conoce, y que va á ensayar con la avidez que siente por todo lo que cree objeto de explotación apropiada á las necesidades de su industria.
[Ilustración: PALACIO DE AGRICULTURA]
Y ya en tercer término, que justo es, vaya la madre patria acompañando á sus hijas predilectas, voy á echar una rápida ojeada á los cajones que constituyen las colecciones peninsulares, ricas algunas de ellas por su calidad; pobres, pobrísimas por su cantidad y su instalación, figurando en primer término las frutas secas de Tarragona, almendras, avellanas, nueces, algarrobas, que no tienen rival aquí, que son, con los aceites y aceitunas, y los frutos ultramarinos, las mercancías que pueden hallar en América, mercados importantísimos; porque pensar que las gramíneas: trigos, cebadas, maíz, han de hacer la competencia á los inmensos graneros americanos, es pensar en lo imposible; imaginar que nuestras frutas: naranjas, limones, peras y manzanas, riquísimas en Florida y California, han de derrotar las producciones de este país, supone un desconocimiento profundo de lo que produce la agricultura americana sobre la que se han dicho y repetido cosas verdaderamente inexplicables, como se han dicho y escrito sobre vinicultura errores que pueden perjudicarnos extraordinariamente porque alientan esperanzas, y consienten ilusiones perturbadoras para el régimen del cultivo de las tierras españolas.
Las observaciones juiciosas del señor Vera hechas en el fecundo campo de esta Exposición, prueban hasta la evidencia que los únicos frutos y productos que podemos aspirar á introducir aquí son: con el café, tabaco, azúcar y abacá, el aceite de oliva que hemos presentado limpio y bien filtrado, cuando creían en América que en España sólo se producían aceites crasos, sucios, llenos de sedimento, ingratos al gusto y á la vista; las aceitunas de mil variedades puestas en botes elegantes, las avellanas, las algarrobas, las judías del campo de Tarragona, los chocolates—y si esto no es agricultura yo no tengo la culpa de que lo sea para los americanos,—de tantas marcas como existen en España, las pastas para sopa que han de competir en bondad y baratura con las pastas italianas que tienen aquí mercados provechosos, y las conservas alimenticias de pescados y frutas que hemos presentado haciendo airoso papel, precursor de más preciados frutos, si sabemos aprovechar las condiciones de estos mercados, y el conocimiento que aquí se ha adquirido de nuestra producción rural é industrial.
No lo olviden los que han acudido á este Certamen con tan buena voluntad y mejor deseo; no lo olviden el campo de Tarragona, las comarcas olivareras, los que fabrican chocolates y pastas para sopa en el centro de España, los que elaboran conservas en el noroeste de la península, los que han enviado aguardientes, ron y anís, porque los demás, los que han venido con cervezas y sidras, los que han expuesto aguas minerales, los que han traído trigo, centeno y maíz, como elementos de información, como dato y quizá como ensayo, podrán ofrecer al mundo americano objetos de estudio, cuyo resultado práctico no vislumbro, ya sea que esté enfermo de peligrosa miopía, ya sea que mi escaso entendimiento no sepa descubrir, en el desenvolvimiento de nuestra producción, los dilatados horizontes que quisiera poder ofrecer, como estímulo y esperanza, á la población rural é industrial de España.
[Ilustración: PALACIO DE HORTICULTURA]
La sección española de vinicultura
La importancia de este cultivo y la de la concurrencia de expositores españoles á este certamen, me obliga á meditar lo que voy á decir en este capítulo, temiendo estar desacertado é influir en la opinión con escaso buen sentido.
Vine á Chicago con todas las preocupaciones y los errores que circulan y se propagan como artículo de fe en Europa, formando entre los que se figuran que los vinos americanos no pueden beberlos sino las personas de paladar avezado á los caldos de California, y que, con tratados de comercio ventajosos y propaganda juiciosa, conseguiríamos aquí un mercado poderoso, capaz de asegurar la viticultura en nuestro país y permitirnos prescindir del mercado francés, tan veleidoso y tan inseguro siempre, y especialmente en los tiempos actuales.
¡Qué error, y qué desencanto! El vino de California es un caldo que no puede desdeñar nadie, el _goût de renard_, tan constantemente atribuído á los vinos americanos, no he sabido hallarlo en ninguno de los que he bebido hasta la fecha, y desde que estoy aquí bebo cada día vino de California, y muy barato por cierto, á 20 centavos media botella, imitación del claret ó del sauterne, con bouquet muy pronunciado, color inmejorable y condiciones que no desdeñaría el vinicultor español más celoso de la buena crianza de sus vinos. El champagne[1], con gusto pronunciado de moscatel, muy espumoso y bien presentado, se bebería en nuestro país con deleite, y quizá alcanzaría mercado más seguro que en los mismos Estados Unidos, que prefieren las marcas europeas, Moët Chandon, Clicquot, etc., _dry_ y _extra dry_, fabricadas especialmente para los paladares estragados por las bebidas alcohólicas de la gente yankee de todos los estados y todas las categorías del país.
[1] La visita del autor á California modificó algunas de las opiniones apuntadas en este párrafo, conforme lo verá el lector más adelante.
Y si alguien ahonda un poco en esta materia y estudia algo las condiciones de la extensa comarca de la América del Norte, en donde se cultiva la vid, quizá hallará el triste antecedente de que en California se arrancan ya muchas viñas, que se produce tanto y tan bueno, que la baratura, está matando rápidamente la viticultura californiana y que aquí, donde la cerveza alcanza tanto predicamento, sólo cambiando radicalmente las costumbres del país, sólo consiguiendo que los 64.000,000 de habitantes de esta gran República beban vino, podrá esperarse un cambio en el modo de ser del mundo vinícola, más amenazado cada día por el desarrollo de nuevos centros de producción, y el trabajo de selección y elaboración á que se dedican los cultivadores de varios países con un éxito que juzgo pavoroso para la riqueza de España.
Ayer pregunté al Comisario general de la República Argentina qué podría hacerse para introducir los vinos españoles en la América del Sur, y me contestó categóricamente y sin vacilar un instante:—Nada; la República Argentina produce ya tanto vino, y de tan buena calidad, que en breve pensará lo qué ha de hacer para dedicar sus caldos á la exportación.
Las cepas que cultiva han sido importadas de Francia, y me citó las variedades más conocidas que se han aclimatado allí perfectamente.
Y si á los nuevos centros de producción americanos sumo los ya conocidos de África que producen vinos similares á los andaluces, será lícito preguntar si á los vinos españoles les cabrá la suerte que cupo á nuestras merinas que, ensayadas y cruzadas en Francia, Inglaterra, Alemania y en varios puntos de América, y muy especialmente en las Pampas de Buenos Aires, y Australia, lo único que nos queda de aquel don de la naturaleza es el recuerdo y el nombre que conservan todas las naciones para designar el hermoso vellón que ha enriquecido y enriquecerá á tantas comarcas de la tierra.
¿Será todo esto una amenaza también para Francia? que duda tiene; pero nuestra vecina tiene sobre nosotros dos ventajas inapreciables:
1.º Su mercado interior, con sus 36 millones de habitantes, que consumen una cantidad inmensa de vino, bebiéndolo de buena calidad, con un promedio superior al que consume el pueblo español, sobrio quizá en demasía, y
2.º El crédito que disfrutan sus marcas, que responden á bouquets perfectamente conocidos y que dan nombre á diferentes comarcas, viniendo en segundo término la firma del vinicultor, que sólo siendo un gran cosechero se puede imponer una firma en los mejores mercados del mundo.
No he de insistir en la primera ventaja, cuya importancia salta á la vista; siendo ya feliz preocupación de nuestros legisladores el medio de aumentar el consumo del vino en la península, disminuyendo las gabelas impuestas á este caldo, y favoreciendo, por medios indirectos, la venta de uno de los productos más importantes del territorio nacional, por más que en la última reunión de Cortes no se haya conseguido gran cosa en este sentido.
La segunda, siendo para nosotros de difícil vencimiento, es quizá de más importancia que la primera. Bien claramente lo dicen los 2,500 expositores con unas 40,000 botellas de vino, que exponen sus productos en la Exposición de Chicago; con elocuencia desconsoladora lo manifiestan los cosecheros que han venido con 2 ó 3 botellas mal tapadas, como si el corcho bueno fuera en España un producto extraño, que ansiando un premio olvidan que, en lo que se refiere á vinos y á un comercio regular que pueda influir en los mercados españoles, sólo las marcas acreditadas que respondan á una producción cuantiosa pueden tener significación en las Exposiciones destinadas á enseñanza y á mostrar lo que podemos hacer el día que las necesidades de los pueblos abran mercados á nuestros caldos, encasillados, formando tipos de marcas fijas, de vinos bien criados, de bouquet conocido y que el consumidor conozca sin necesidad de leer la etiqueta de la botella ni el nombre del vinicultor. Esto, que lo han hecho los franceses, y que responde á un principio económico bien entendido, en España empezamos sólo á plantearlo, exceptuando Andalucía, con sus hermosas bodegas, la Rioja, algunos centros de Cataluña, aun poco importantes en número y calidad, y la Mancha y Valencia, que debe mejorar aún sus vinos si han de resultar criados con ventaja para el viticultor y el vinicultor.
De todo lo expuesto se deduce, en mi concepto, que sobran en este certamen muchas botellas mal acondicionadas y que no responden, ni en cantidad ni en calidad, al principio esencial que lo condensa todo: _la creación de buenas marcas_; y éstas no pueden existir sin la calidad y la cantidad que mantengan á los mercados constantemente abastecidos y en condiciones tales, que la competencia de los productos similares no sea posible en la mesa del consumidor, siempre satisfecho de la bondad y el precio del vino que consume. No olviden los productores españoles que cada día será más dura y más difícil la lucha por la existencia; que el vino flojo, que en tanta cantidad producimos, ha de consumirse en la península é islas adyacentes; que los únicos vinos que hemos de exportar, _sin encabezarlos_, son los de alta y regular graduación natural, que por estar bien criados y proceder de comarcas acreditadas puedan hacer la competencia como vinos de postre á todos los vinos del mundo; que los de color, entre los que llevan ya gran ventaja á los catalanes los de la Rioja, por su baratura y buen gusto, podrán competir ventajosamente con los franceses y aun más con los americanos, porque la gente rica de todos los países, por lujo, por tener más educado el paladar, y sobre todo, por el mérito real del producto, preferirán siempre los vinos del Sur y centro de Europa á los que se crían, interviniendo la química muchas veces, en centros agrícolas menos favorecidos por la naturaleza para el desarrollo de la vid.
No es fácil, ni me siento tampoco dotado de fuerzas suficientes, para proponer la modificación que ha de establecerse en el estado legal de la propiedad rústica española para favorecer el establecimiento de marcas, de tipos fijos que respondan á la cría racional de los vinos en cada comarca. Pero sí creo que los cosecheros de algunos centenares de cargas que pretendan criar vinos de exportación, sin tener presente que se han de sujetar, en todos sus procedimientos, á lo que la técnica del arte y los consejos de la experiencia local les dicten, que los criadores que insistan en vivir desligados de toda mancomunidad de procedimiento, cuando éste resulte bueno, y quizá de relación económica cuando los fundamentos de la asociación resulten sólidos y honrados, en un país como el nuestro, donde la propiedad rústica está tan dividida, los males que lamento, y conmigo todos los que dedican su atención á esta clase de estudios, no tendrán remedio; y tengamos presente todos que cada año, cada día perdido representa una victoria para nuestros adversarios y una derrota para nosotros.
Todo esto veo, con sentimiento, en nuestra hermosa colección de vinos en Chicago: mucho vino, muchos nombres y pocas, poquísimas marcas, porque el vino andaluz de tan rico abolengo, que beben estos yankees con tanta delicia y cerrando los ojos con beatitud, no forma más, ni significa otra cosa que el crédito de una comarca española relativamente poco extensa, y todos sabemos qué extensión tan enorme alcanza el área de la vid en España y cuánto vino queda en nuestras bodegas, esperando colocación.
Por lo demás, ¿quién va á disputarnos el primer puesto en el gran campo de la Exposición de Chicago? Nuestros vinos de postre, algunos de pasto, los embotellados hace 20, 30 y hasta 100 años, ¿quién va á atreverse á competir con ellos? Sí, alcanzaremos muchas medallas y muchos diplomas, volveremos con un botín de victorias _platónicas_ asombroso, nadie dudará de que hemos merecido el primer lugar, y de que nuestros vinos son ya, en algún renglón y pueden llegar á ser en muchos de los restantes, los mejores del mundo; pero, yo preferiría volver con más mercados sólidos asegurados, con más convencimiento de que hacemos lo posible para merecerlos y ganarlos, con estudios detenidos de lo que nos conviene hacer para derrotar noblemente á nuestros adversarios, porque así nuestro porvenir sería menos incierto, y nuestro presente más fecundo, para que algún día podamos aspirar y conseguir realidades que pongan término á las desdichas de la patria.
[Ilustración: PALACIO DE MAQUINARIA]
Las secciones españolas de Máquinas y Minas
El papel de Jeremías, en un siglo y unos tiempos en que todo el mundo pretende conocer lo que conviene á sus intereses, me parece tan desairado que casi me falta valor para decir cuanto se me ocurre, al echar una ojeada á las misérrimas instalaciones españolas de Máquinas y Minas de esta inmensa Exposición.