Part 4
Las casas de huéspedes exigen dos ó tres dollars diarios por un cuarto regularmente alhajado, sin manutención; los cafés, licores, gastos de peluquería, limpiabotas, etc., distan mucho de parecerse á los precios europeos, y por tanto, el que se decida á visitar la Exposición de Chicago es necesario que haga buena provisión de dollars, si no quiere concretarse á vivir muy modestamente, y á sufrir toda clase de impertinencias y desazones.
Además, el europeo que está acostumbrado á reglamentaciones provechosas ha de cuidar aquí de estudiar los organismos del país para evitar gastos y disgustos; el que espera en un ferrocarril la señal de marcha, toque de campanas y silbatos, corre el riesgo de quedarse en tierra; llegada la hora de marchar, el jefe de tren levanta el brazo y el maquinista actúa sobre los émbolos, sin señal previa, ni preocuparse de si los viajeros están ó no en los vagones.
Para ir á la Exposición, la compañía Illinois Central ha construído seis líneas paralelas que recogen los pasajeros de las estaciones de la ciudad; pero, como pasan por las mismas líneas un gran número de expresos que van á diferentes puntos de la república, si no se tiene mucho cuidado en reconocer los trenes-tranvías, se corre el riesgo de salir de Chicago para ir á la Exposición y encontrarse, bien á pesar suyo, á cincuenta millas de donde quería ir, sin que nadie se haya preocupado de asesorar al extranjero, ni de ejercitar las más elementales reglas de hospitalidad.
[Ilustración: PALACIO DE LA ELECTRICIDAD]
Suma y sigue
Transcurren los días de tal manera que bien puede decirse que se suceden y no se parecen; que llueva en abril dos días seguidos no causará á nadie maravilla, que nieve luego dos días más en esta ciudad de Chicago, de latitud aproximada á la de Madrid, si se consulta actualmente el aspecto hermoso y sonriente de los plátanos de los paseos de España que dan sombra á tantas flores, ya parecerá más extraño; pero, que llueva en _todos los edificios_ de la Exposición colombina, sin que se ponga al mal remedio _eficaz_, ni crea la gente que van á exigirse responsabilidades por los daños que se causen á los que creyeron alcanzar aquí para sus obras, trabajos y proyectos, hospitalidad más á cubierto de la intemperie y de la acción destructora de las aguas, pocos días antes de abrirse el gran certamen por el presidente Cleveland y el duque de Veragua, esto ya es más duro y más difícil de creer, sobre todo para aquellos que veían un motivo de reclamación diplomática en las goteras malhadadas de la nave central de la Exposición de Barcelona, y se figuran que aquí todo se hace bien por ser extranjero, americano del norte y quizá republicano.
Hace ya tres semanas que me he encargado del servicio de «Manufacturas» de la sección de España; en este intervalo ha llovido varias veces y las goteras no se repasan, sin que Mr. Alisson, jefe del departamento, haga caso, al parecer, de las reclamaciones de nuestro delegado general Sr. Dupuy de Lome, de las mías, ni de nadie. Y lo más serio del caso es que cada día son más numerosas, siendo ya difícil averiguar si se pretende poner remedio á mal tan deplorable, si es posible instalar en estas condiciones, y si podré hallar sitio para los objetos desembalados que esté garantizado de la acción invasora de las aguas.
La tormenta última, ciclón poderoso que ha causado estragos en varios Estados de esta república, ha venido de perlas para explicar de algún modo el atraso en que se halla la vialidad de la «ciudad blanca» y cuanto se relaciona con su desenvolvimiento. Ayer nevó todo el día como si estuviéramos en enero, y con este motivo, los diarios de hoy, curándose en salud, dicen que en semejantes condiciones no es posible trabajar, que el personal dedicado á vialidad ha debido ocuparse en reparar los estragos del viento y de la nieve, y que con los días buenos, la Exposición se llenará de flores y verdura, de caminos inmejorables, y de instalaciones portentosas, en menos tiempo del que se necesita para llenar de noticias rimbombantes los diarios de 40 páginas y de letra menuda que, cual el _Chicago Herald_, el _Chicago Post_ y otros, se convierten en heraldos de maravillas y en mágicos prodigiosos del gran certamen americano.
Y por cierto que magias y magias portentosas se necesitan emplear para resolver el pavoroso problema de llenar en pocos días, en horas ya, salas inmensas, en urbanizar millones de pies cuadrados de paseos que no pueden atravesarse, hoy por hoy, sino con zancos; sin un árbol, ni una flor, mostrando en todas partes un abandono cruel, cuando el presidente va á salir de Washington y el duque de Veragua de New-York para abrir esta _World’s Fair_, esta feria del mundo destinada á mostrar á todos la potencia colosal y creadora del pueblo yankee.
Pero la invención más prodigiosa de estas gentes no está en lo que ha hecho y hace Edison en Menlo-Park, ni en las fundaciones de casas que sostienen 20 pisos, ni en sus _ferry-boats_ que transportan sobre los ríos trenes enteros; todo esto es una pequeñez al lado del mecanismo asombroso de sus aduanas, mecanismo que sólo pude entrever en New-York y que hace dos semanas estoy estudiando con una paciencia y un cariño que si no temiera pecar de inmodesto, diría que merece una cruz laureada. ¡Válgame Dios! ¡qué complicación y qué obstruccionismo! De sobra sabe todo el mundo que las mercancías se declaran al entrar en New-York y que las destinadas á la Exposición sólo pagarán derechos en caso de que se vendan, volviendo libres de toda carga á los respectivos países las que hayan servido únicamente para ser expuestas. Pues bien, la administración de aduanas ha establecido un régimen tan riguroso en el recinto de los edificios que no puede abrirse una sola caja sin ser escrupulosamente registrada, debiendo seguirse el siguiente procedimiento para que puedan instalarse los objetos que envían las naciones al certamen.
Y al llegar aquí, pido á mis lectores paciencia y resignación; se trata pura y simplemente de facilitar un estudio comparativo, y deducir si se ha hallado en el mundo un procedimiento más inquisitorial y riguroso para evitar que los expositores extranjeros que han pagado á la gran nación americana el homenaje de su respeto y consideración, al celebrar las fiestas del centenario, enviando sus mejores obras, defrauden los intereses públicos en una proporción relativamente escasa, vendiendo á espaldas de la administración de aduanas lo que no esté debidamente registrado.
Llegan las cajas á los respectivos edificios, y enseguida el inspector les pone un cartel conminatorio notificando que pagará una multa de mil dollars ó sufrirá la prisión subsidiaria correspondiente el que abra la caja sin su permiso. Avisado oportunamente, empieza la operación, se levantan los tornillos de la tapa y se apodera de la lista expresiva de los objetos contenidos en la caja, exigiendo la inspección de todos los objetos, uno por uno, poniéndoles una etiqueta numerada cuya cifra apunta en una libreta en que constan el número de orden de la comisión española, la procedencia y la relación detallada de los objetos y su valor.
Al terminar la operación, me entrega un impreso que he de llenar y devolverle el día siguiente, detallando el número de orden y el total de las cajas abiertas que van al depósito, con destino al embalaje y reimportación de los objetos á España.
Esta visita, exacta y minuciosa, objeto por objeto y libro por libro, separando los encuadernados de los que no lo están, sin consentir, ni una sola vez, que quede sin abrir un solo libro ó caja, ha de producir un retraso tan considerable en la instalación general, que si no se modifica el procedimiento, no veo medio de que este certamen adquiera condiciones presentables hasta fines de junio.
Pero todas estas minucias, que podrían calificarse gráficamente de otra manera, resultan cómicas á veces, sin perjuicio de resultar, en otro orden de ideas, una verdadera expoliación.
Cómico resulta, por ejemplo, exigir á los delegados generales que pongan su retrato en los pases, como si la galantería y la honradez internacional no supusieran el convencimiento de que las personas designadas por los respectivos gobiernos para representar á las diferentes naciones que han concurrido al certamen, no han de abusar de la franquicia concedida; y cuando los delegados se resisten á aceptar semejante... llamémosle acuerdo, los diarios combaten la resistencia y discuten la orden como si se tratara de renovar la guerra de Secesión; en cambio, ya resulta menos chistoso que el catálogo prometido en inglés, francés, alemán y español se publique sólo en inglés y que se exija á los que quieran figurar en él, la enorme cifra de cinco dollars por línea, y como si esto no bastara, las luces eléctricas de arco voltaico ofrecidas hace poco á 60 dollars cada una por seis meses, se aumentan hasta 100, resultando que las instalaciones extensas, pagarán, por este sólo concepto, una cantidad tan crecida, que temo ha de costar muchas resistencias y muchos disgustos figurar en este gran concurso, que hasta ahora va resultando excesivamente húmedo, cuajado de contrariedades y resistencias y bastante carito.
Es de esperar que estos males hallen enmienda en la fecunda labor y grandes energías de esta poderosa república.
[Ilustración: PALACIO DE LA ADMINISTRACIÓN]
Apertura de la Exposición
No es cosa fácil dar idea de un acontecimiento que será una de las páginas más hermosas de la historia de América. Acabo de llegar de la fiesta inaugural, nervioso y fatigado de emoción, y ante estas cuartillas de papel, siento el dolor de no saber expresar en pocas líneas y describir con palpitante interés, la apoteosis más grande de este siglo, dedicada á una gloria española que inició en el mundo la esplendorosa civilización moderna, espíritu de una sociedad nueva que elabora en estas regiones, ante mis pasmados ojos, algo que no comprendo y que encierra elementos de vida que van á transformar por completo las civilizaciones de los diferentes pueblos de la tierra.
La inauguración de hoy, con su aparente sencillez, ha sido un portento; este pueblo, que no tiene noción clara del arte, ha hallado en esta fiesta la nota justa, sintética, que se ha llevado de cuajo todas las simpatías y todos los corazones.
Una gradería levantada á espaldas del palacio de la Administración, dominando la dársena, cerrada al Este por hermosa columnata; Manufacturas y Agricultura al Norte y Sur formando el marco grandioso de la esplanada en que se apiña abigarrada multitud, entre la que se levantan erguidas: columnas rostrales, mástiles rematados por carabelas, estatuas y fuentes monumentales, la de Colombia tronando y dominando las aguas surcadas por lanchas eléctricas y góndolas venecianas, fué el punto preferido para celebrar la fiesta inaugural. Ocupadas las graderías por el cuerpo diplomático, los delegados y comisarios de todas las naciones, á las once entraban Cleveland y el duque de Veragua, acompañados por los altos funcionarios de los Estados Unidos y las comisiones de la Exposición, en el sitio preferente de la gradería.
La multitud alborozada empezó á gritar y silbar como sólo sabe hacerlo el pueblo yankee, y una orquesta situada en la parte más alta de la escalinata inauguró la fiesta con la marcha colombina de Paine. En seguida el pastor Milburn, anciano venerable, dirigió á Dios una oración impetrando la protección del cielo; Miss Jessie Couthair, luciendo la mantilla española, adornada con peineta y claveles rojos y amarillos, leyó el poema de Crouffut titulado _La profecía_; la orquesta tocó la sinfonía de Rienzi; monsieur Davis, director general de la Exposición, dirigió un discurso al presidente Cleveland, y por fin, este ilustre hombre de Estado hizo un brevísimo discurso á la multitud, enalteciendo el gran certamen y la obra grandiosa del pueblo americano. Y mientras la gente entusiasmada agitaba los sombreros en señal de júbilo, la orquesta tocaba el _Dios salve á la Reina_ que es también himno nacional de esta república, la artillería saludaba con repetidas salvas, los mástiles de todos los edificios se coronaban de banderas, estandartes, flámulas y gallardetes, y en medio de aquel entusiasmo y ruido atronador de voces, cañonazos y campanas, los tres mástiles puestos al pie de la tribuna se coronaban: la central, con la bandera de la Unión, y los laterales con los estandartes de Castilla y de León con sus castillos y leones rampantes, y el de los Reyes Católicos con la cruz verde sobre fondo blanco, bajo cuyos brazos se leen las iniciales de Fernando é Isabel.
Los que han vivido en lejanos países y han gozado alguna vez la emoción honda que causa la vista de la bandera gualda y roja en tierra extraña, comprenderán que la colonia española que ve hoy tan enaltecido el pabellón de la patria, al levantarse los estandartes medioevales en sitio preferente y verlos en todas partes, en la Exposición y en la ciudad, haya recibido una sacudida que ha pasado de los ojos al corazón y del corazón á la lengua y á las manos, para aplaudir con toda el alma las grandezas de este pueblo que no escatima, él tan intransigente, tan absoluto y tan enamorado de su civilización apenas esbozada, con sus vehemencias juveniles y arrebatos mal comprimidos, el pleito homenaje debido á una de las glorias más puras de la tierra, y á un pueblo que posee la historia de los descubrimientos, conquistas, colonizaciones y desfallecimientos más heroicos que registra el gran libro que narra los acontecimientos del mundo.
Cleveland ha entrado en Manufacturas después de haber inaugurado la gran máquina motriz de la Exposición, y bajo la rotonda central, las delegaciones de todos los países, presentadas por los embajadores, han ofrecido sus respetos al Presidente de la República. La delegación española ha sido presentada por el delegado general Sr. Dupuy de Lome, habiendo oído de Cleveland frases de grandísima simpatía que hemos escuchado todos con vivísimo placer y honda gratitud. El Sr. Dupuy se ha hecho eco de los votos de España, con sentido acento, y se ha despedido dando un _shake-hands_ á la inglesa á todos los que habíamos sido presentados.
No había terminado aún para mí la fiesta de hoy; motivo de júbilo ha sido también para los españoles ver colmado de obsequios al duque de Veragua y á su ilustre familia, y observar en su semblante señales inequívocas de vivísima complacencia.
A los ojos de muchas gentes, la fiesta de hoy habrá sido espectáculo sublime, para los españoles, alegría honda, fiesta de familia que calienta y aviva la fibra delicada que vigoriza todos los organismos, porque alienta grandes y hermosas esperanzas.
[Ilustración: PALACIO DE MANUFACTURAS]
La sección española de Manufacturas
El palacio de Manufacturas es para mí el edificio más notable de esta Exposición; cubre una superficie inmensa, tiene proporciones de una belleza espléndida, luces en sus arcos no sobrepujadas hasta ahora, disposición arquitectónica bien sentida y equilibrada en el conjunto y los detalles; y la nave principal, cubierta de cristales, llena de aire y luz, inmensa, tan inmensa que achicaría los monumentos más altos y notables del mundo al cobijarlos, por exigencias quizá de administración, por necesidades que no sintió el ingeniero y el arquitecto al proyectarla, queda desfigurada por una galería que la circuye, corta los puntos de vista en los ejes de las puertas y arroja sombra en vastas superficies de la planta, con menoscabo de las instalaciones que ocupan las galerías, por el pie forzado de que naciones más avisadas ó expositores más diligentes han ocupado ya los sitios descubiertos y vistosos.
A España, por haber vacilado tanto tiempo en aceptar la invitación del Certamen, la ha tocado en suerte un buen pedazo de sitio cubierto, sitio lleno de sombra y triste que nadie acierta á comprender como teniendo el autor del proyecto ideas tan grandiosas en su cerebro, pudo concebir el pensamiento tan mezquino de una galería de diez y nueve pies de altura, formada de pies derechos y tablones de canto, con cuchillos de arcos escarzanos que acaban de achicarla, resultando un contraste tan grande entre esta fealdad y la belleza del edificio, que cuesta trabajo creer que ambas cosas sean fruto del mismo autor, y que aun siendo aquella impuesta, la haya consentido y realizado.
España no forma, pues, en la nave central, en el gran espacio cubierto de Manufacturas que extasía y enamora; España está en un sitio modesto, espacioso, demasiado quizá, formado por cuatro patios, uno grande, dos medianos y otro chico, interrumpidos por las galerías y una serie de obstáculos que, poniendo en pugna las necesidades de una buena instalación con las condiciones del local, nuestra sección de Manufacturas resulta algo así como puesto de feria replanteado sin atender á las necesidades del estudio y de una ordenada clasificación; y como tenemos de muchas cosas un poco, este poco agranda el defecto que sólo en algún patio queda oscurecido por las grandes instalaciones de los fabricantes de Cataluña y la belleza de los productos presentados. Porque no olviden los que lean estos renglones que, siendo escasa la concurrencia de Cataluña para llenar los 23.000 pies cuadrados de terreno que alcanzó el señor Dupuy de Lome, con perseverante tenacidad, de la dirección del Certamen, la del resto de España es tan menguada, que sin el esfuerzo de esas provincias, la sección de Manufacturas habría sido un fracaso tan manifiesto que, en mi concepto, deberíamos haber abandonado el local para no llenar de ridículo la consideración de España ante el mundo entero.
Cuando llegué á Chicago, á fin de marzo, el señor Dupuy de Lome no tenía noticia del espacio que necesitaban los expositores españoles de esta sección, ni sabía yo tampoco las condiciones del local en que debía trabajar y de buen número de los objetos que había de exponer. Pero como la Dirección del Certamen exigía la cifra exacta de los pies cuadrados de superficie que á juicio de la Delegación debían ocupar las secciones españolas, la petición se hizo sin datos suficientes para poner en relación el espacio pedido con los productos que debíamos exponer, corriendo así el peligro de que si pedíamos poco espacio, resultara la sección deslucida por defecto, y si pedíamos demasiado, lo quedara también por exceso. Al obrar, pues, sin conocimiento de causa, sólo por casualidad podíamos salir airosos, y como el azar favorece pocas veces á los que fían demasiado en las veleidades de la fortuna, al tener mucho espacio y poca cosa relativamente que instalar, he debido buscar toda clase de recursos para mitigar algún tanto el efecto que produce la Sección que, según acabo de indicar, resulta deficiente en la cantidad y la calidad de productos expuestos.
Los que se dedican al servicio de Exposiciones saben que una buena instalación, entendiendo por tal la que clasifica, califica y sabe sacar partido de los productos que ha de exponer, ha de meditarse y dibujarse en el plano del local, replanteándola luego y modificando sólo aquellas cosas que la vista del objeto expuesto indique claramente el error padecido. Proceder de otra manera es consentir que una Exposición se convierta en feria, que puede hablar á los sentidos y aun al espíritu del que sabe sintetizar; pero, poco ó nada al que se distrae fácilmente y saca sólo partido del análisis, teniendo á mano los objetos que ha de comparar, y á la vista, los juicios que ha de resumir. Y si á todo esto, por causas diversas se suma la multiplicidad de objetos y la escasa cantidad de los que podían agruparse, ni aun buscando afinidades más ó menos racionales, se comprenderá lo difícil de conseguirse, en la Sección que estudio, la ordenada clasificación de objetos, en lucha con cuantos han intervenido en la construcción del fac-simil de la mezquita de Córdoba que formó la ornamentación del local, albañiles, carpinteros, yeseros y pintores, que han invadido el local hasta el día 6 de junio, en que se derribó el último andamio, para poblar de arcos y columnas que se cuentan por centenares, las superficies ya cubiertas por las galerías bajas del palacio de Manufacturas.
He sido, sin embargo, injusto al decir que la suerte no me ha favorecido, porque las instalaciones más grandes, enviadas por las casas catalanas, han podido colocarse ventajosamente, excepto una, que es la de la casa Tayá, que está bajo galería, dándose el caso de que todas han hallado emplazamiento ventajoso y único, porque de no caber en los sitios en que están, no habrían podido instalarse.
Y hechas ya estas salvedades y la de que están en un mismo local los productos que corresponden á Manufacturas y á Artes liberales, por tener en este departamento espacio tan limitado que no ha habido medio humano de agrupar en él lo que al mismo corresponde, descartada la nota amarga que parece ser sino fatal de esta Exposición, voy á decir ya algo concreto, empezando por el patio de honor, el mayor y más desahogado, de diez metros de ancho por unos veinticinco metros de largo, ó sean doscientos cincuenta metros cuadrados de superficie en números redondos, donde he podido colocar las instalaciones más grandes y más vistosas de Cataluña, con la de la Felipa Guisasola, que merece puesto preferente por la belleza y ostentación de las obras de arte que ha traído á este Certamen. Y al dar á ese patio preferencia y al llamarle de honor, no vaya á creerse que valen menos los restantes de la Sección, ni que considere de mayor importancia los productos que en él se han expuesto: que sólo el mayor espacio, la luz, la orientación y la facilidad de acceso motivan su preferencia, formando un conjunto vistoso y de grandísimo valor artístico é industrial.
Tiene este patio forma rectangular, con una puerta central de arcos árabes policromados, al Sur; dos puertas de comunicación que dan paso á la Sección italiana, al Oeste; y arcos de las galerías que simulan la mezquita cordobesa, en los lados restantes del rectángulo.
Cruza la puerta principal la instalación de la Felipa Guisasola, compuesta de dos ánforas montadas sobre pedestales tapizados, uno de estilo Renacimiento y otro griego, que se ofrecen al público por 40,000 el primero y 20,000 dollars el segundo. Detrás de estos cuerpos avanzados, que admiran extasiados cuantos entran en la Sección de España, sin darse cuenta exacta de su valor artístico é industrial, ya que se ha de repetir á cada momento que aquellas obras delicadas son un compuesto de acero montado de oro y plata, dignas de figurar en un museo ó en un palacio de magnates, está la vitrina llena de objetos primorosos: ánforas, relojes, marcos, puños, brazaletes... productos escogidos que la casa Guisasola expone á la ansiedad de estas gentes, que lo ven y tocan todo con la curiosidad de un niño al formar el primer juicio, en los albores de su inteligencia.
Adosados á los paramentos están las panas y los veludillos de Parellada y Compañía, puestos en una vitrina de manera que los colores, debidamente graduados y convenientemente repartidos, conserven al producto el matiz, el brillo y las singulares condiciones de apariencia que convierten un género barato en decorativo, destinado á tapizar muebles y habitaciones con poco gasto. Sabido es que los veludillos se cortan mecánicamente, y que este procedimiento constituye un privilegio especial de la casa.