Viaje a America, Tomo 1 de 2 Estados Unidos, Exposición Universal de Chicago, México, Cuba y Puerto Rico

Part 11

Chapter 113,630 wordsPublic domain

Y al dejar esa colonia, con pena, pues sólo un esbozo de la realidad va apuntado en mi cartera, teniendo tantas cosas que hacer y tantos puntos que estudiar, nos despedimos todos de Mr. Duane, admirados y satisfechos de haber visto una de las colonias más interesantes del mundo, debida á la iniciativa de un hombre que ha adoptado la franca y quizás brutal divisa de un verdadero yankee: «nada para el obrero y todo por el trabajo», es decir: «ventilo y caliento mis cuadras, monto las mejores máquinas, establezco los procedimientos más adelantados para que el obrero trabaje holgadamente y produzca, con ánimo tranquilo, la labor más perfecta y acabada posible.» Ni caridad, ni filantropía, _business forever_.

Milwaukee

[Ilustración]Monótonas y descoloridas resultan siempre las grandes ciudades de la América del Norte. Todas las calles se parecen, todos los edificios, aun los más suntuosos, dejan el ánimo del visitante frío y descontento. Los hoteles deslumbran por su conjunto, pero no deben analizarse, conténtese quien los habite con gozar la luz espléndida que se refleja sobre mármoles, cristales, lámparas caprichosas, estucados de colores vivos y brillantes; el calor que radía de los tubos encorvados de los caloríferos, excesivo siempre, y que sólo al que llega aterido de frío le produce un bienestar delicioso; las escaleras anchas, limpias, tapizadas lujosamente, que nadie pisa porque todo el mundo aprovecha los ascensores, en constante movimiento; los cuartos, de indumentaria enrevesada, mezcla de confort y ruindad; baratillo extraño de camas, espejos y sillas que revelan un gusto detestable y... contento con esta fantasmagoría, podrá decir, como dicen muchos, que esto es lo mejor de la tierra como lujo y confort.

De todo esto hay algo, aunque mejorado, en la ciudad de Milwaukee, que dista 80 millas de Chicago, pertenece al Estado de Wisconsin y está sentada á orillas del lago Michigan.

Y con tener Milwaukee la fisonomía americana, cuesta trabajo creer que una ciudad que tiene en su seno tantos elementos alemanes, los rótulos de las tiendas, los nombres de sus dueños, la lengua de algunos de sus diarios y sobre todo, el porte de sus individuos, no sea un pedazo de territorio alemán, arrancado de las playas europeas y atracado á orillas del lago Michigan.

Las calles anchas y en cuadrícula, los tranvías eléctricos que las cruzan, los inmensos establecimientos industriales que las animan, los bancos, las iglesias, los pórticos que las adornan, forman un conjunto deleitoso, una nota pintoresca de aquel gran lago que no refleja, sino en poquísimos días del verano, un cielo puro y risueño que recuerde la incomparable atmósfera de nuestra España.

Milwaukee tiene además para el industrial grandes atractivos: Pabst ha montado una fábrica de cerveza como no la soñó jamás el ingenio de Gambrinus, y aquella sociedad enseña orgullosa sus establecimientos que ocupan cuatro manzanas de la ciudad, manteniendo un personal de lisiados, puesto de uniforme, que acompaña cada media hora á los visitantes que, provistos de una botellita de cerveza y un folleto, regalo de la casa, van á paso de carga recorriendo los distintos laboratorios de la fábrica.

Tan rápida fué la visita, que no pude tomar ni un solo apunte; y así resultan barajadas en mi memoria cámaras de germinación, salas dedicadas á la limpieza de envases, cajas llenas de botellas corriendo automáticamente sobre tableros para llenarse, taparse y ponerse las etiquetas; máquinas de vapor moviendo cantidades enormes de líquido mezclado con lúpulo; cámaras frigoríficas de conservación de la cerveza en grandes toneles, y mil otros detalles que no deben interesar á los españoles, enemigos resueltos de una bebida de consumo inmenso, rival afortunado entre la raza anglo-sajona de los vinos que producimos, y que, siendo más higiénicos, más agradables y menos embrutecedores que la cerveza, hemos de guardar en las bodegas con honda perturbación de nuestro equilibrio comercial, y menoscabo de nuestra principal riqueza.

Más afortunado en la fábrica de Allís, cuyo director tuvo la cortesía de disponer que un ingeniero industrial sueco me acompañara, y aprovechando también la singular competencia de mi buen amigo y compañero de jurado D. Fernando Aramburo, vi aquellos inmensos talleres, dedicados especialmente á la construcción de máquinas de vapor y de maquinaria para molinos harineros, de manera que pude formar concepto de la importancia que da la casa al uso de las herramientas más perfeccionadas, con las que produce un trabajo copioso y perfecto, empleando obreros de inteligencia escasa, de aprendizaje cortísimo, formados en cuatro días, en donde la máquina lo es todo, y el obrero nada ó casi nada. No me interesó gran cosa la visita; la casa Allís, que ocupa unos 1,500 obreros, no ha tenido, desde su creación, una sola huelga, pero ahora las cuadras están casi desiertas, sufriendo la influencia de los mercados que perturba la honda crisis de la plata y el exceso de producción.

La máquina de mayor importancia, en construcción, no pasará de tener mil caballos de fuerza; por tanto, preferí dedicar mi atención á la industria harinera, cuyos molinos modernísimos, construye Allís con una perfección admirable. Tiene en la fábrica un inmenso taller dedicado á fundir, acerar, estriar y pulir cilindros para la molinería, resultando una labor tan acabada que, al salir de las manos del obrero, brillan como una joya, admirándose la perfección de las figuras geométricas que la herramienta ha labrado, con precisión matemática, y sin esfuerzo, como producto hermoso y fecundo de la inteligencia humana.

En otras cuadras estaban montados los molinos, y como abundan en Milwaukee, me interesó el estudio de una fabricación que en España se desarrolla ya con provecho.

A pocos pasos de la fábrica Allís y al pie del Michigan, acompañado del ingeniero de la casa di con un molino modelo. Allís construye el 99 por 100 de los molinos harineros instalados en el territorio de la Unión, y con objeto de acaparar tan gran negocio, que el monopolio es aquí la base de las asombrosas fortunas hechas en los Estados Unidos, forma parte de las compañías harineras, proporcionándolas capital en útiles, máquinas y herramientas.

Saben, los que se dedican á fabricar harina, que los molinos de piedra dan mayor rendimiento, son más sencillos y baratos que los de cilindro, y que la harina producida en localidades pobres, satisface únicamente las necesidades de gentes de paladar poco delicado. La ventaja, pues, real y positiva, de los molinos modernos está en la calidad del producto, en producir harinas blancas y nutritivas, base del pan blanco, hermoso y bien tostado, que es el mejor regalo de las mesas bien servidas.

En los molinos de piedra, el grano ha de estar humedecido, y al molerlo, la harina se produce enseguida, aplastando juntamente las sémolas y el salvado, resultando de eso, una mezcla de harina y salvado de difícil separación; muchas veces el calentamiento de la masa, y como consecuencia, la cocción de harinas de baja calidad, produce pan moreno, de escaso valor nutritivo por haberse alterado ó descompuesto el gluten.

En la molinería moderna, el trabajo resulta más complicado, para evitar el calentamiento de la masa, conseguir la completa separación del salvado de las sémolas, la producción de sémolas limpias y de diferentes clases, y finalmente, la fabricación de harina blanca, pura, nutritiva y de fácil conservación.

Todo este proceso exige, desde que cae el trigo en la primera tolva hasta que se convierte en harina, una serie de operaciones que no he de seguir aquí, porque no tengo tiempo ni competencia para escribir un libro sobre molinería moderna; pero, que puedo agrupar en dos series bien definidas, la de las máquinas ó los molinos trituradores que separan el salvado de la masa general, y que convierten el trigo en sémolas, y los molinos de cilindro liso, que convierten las sémolas limpias en harina.

Para comprender la técnica de esta doble operación importa saber que un grano de trigo está formado de una envolvente, y al hablar así prescindo del tecnicismo botánico, y de granos aglutinados de diferente potencia nutritiva llamados sémolas, cuyos granitos contienen la harina. La operación esencial de los molinos trituradores, compuestos de dos cilindros estriados que dejan entre sí un hueco de dos milímetros de espesor sobre el que cae el trigo, consiste en triturar los granos sin aplastarlos. De esta primera operación resultan: salvado, sémola y harina, y trozos de trigo; los tres primeros se separan de los últimos que pasan por otro laminador de garganta más estrecha, se vuelven á separar los elementos resultantes, y así continúa la operación hasta tener completamente separados, por medio de cernederos, el salvado, la harina, que en cantidad escasa resulta, y las sémolas.

Los cilindros trituradores están estriados en espiral de 15 á 20 grados, formando las estrías de cada par de cilindros ángulos comprendidos entre 30 y 40 grados, y dispuestos de manera que, mientras un cilindro da 500 vueltas, el otro del mismo par no da más que 200.

Separadas las sémolas se guardan ó muelen para convertirse en harina. Para conseguir esto último, se emplean cilindros lisos de distinto diferencial en su movimiento, moliéndose tres, cuatro y cinco veces en laminador de paso cada vez más estrecho.

Los cernederos, de movimiento oscilatorio, debidamente preparados, van separando los diferentes residuos de la molienda, clasificando las sémolas y las harinas automática y primorosamente.

Allís fabrica molinos que producen 50, 75, 100, 150 y más quintales de harina cada veinticuatro horas, empleando fuerzas motrices de 16, 20, 25 y más caballos de fuerza.

El desgaste de los cilindros se rectifica en los talleres de Allís, marchando aquí este mecanismo industrial con una perfección admirable.

No pretendo haber esbozado siquiera tan interesante estudio, que recomiendo, por creerlo productivo, á los que tengan interés en moler cereales con perfección, y conservar harinas puras, blancas y nutritivas, procedan ó no del territorio nacional.

La clausura de la Exposición

[Ilustración]Al sonar la hora postrera de la Exposición colombina de Chicago, parece justo recapitular la impresión sentida, y como si se tratase de historiar la vida de un muerto ilustre, prestar á sus obras la atención reflexiva que merece todo lo que deja en el mundo, huella profunda de su paso por la tierra.

Abarcar, en su conjunto, una obra tan grandiosa requeriría la inteligencia de un sabio, la pluma experta de un literato de raza y el juicio frío é independiente de un temperamento rigurosamente equilibrado. Por no ser ninguna de estas cosas aporto aquí la impresión subjetiva, apuntada con severa imparcialidad, desoyendo las alabanzas de los entusiastas y los clamores de los pesimistas, pero, imparcialidad unida á mi temperamento nervioso, expuesto como todo lo que es pasión á las injusticias de los hombres.

No trato, pues, de sentar afirmaciones rigurosas, ni de dar á cuadro tan complicado los últimos retoques. Mi pretensión es más modesta; y sólo pido á mis lectores el convencimiento de que aporto á este juicio, no la nota justa, sino la impresión sincera de lo que he visto en la Exposición de Chicago.

No es difícil, después de siete meses de recorrer la White city, formar concepto de su conjunto; veo su traza holgadísima, abarco su fisonomía con una sola mirada y la obra me parece genial y digna de un entendimiento soberano. Marcar en el papel, con la vista fija en los recursos conque se puede contar y los servicios que se deben satisfacer, la línea ondulada que se traza sobre centenares de hectáreas, con pulso firme y sereno, combinando la forma precisa de lo útil, con la obra de la fantasía, recurso poderoso del arte que da vida y color al pensamiento, cuando los recursos se cuentan por millones y los servicios han de compenetrarse con el trabajo de todas las civilizaciones y todos los pueblos, la inteligencia más templada y serena ha de sentir desfallecimientos y reacciones de gigante, ante la solución de un problema, que ha sido base del desenvolvimiento de la Exposición entera. Arguyan cuanto quieran los que han clamado contra la extensión exagerada de la White city, causa primera de sus caídas y fracasos, nadie podrá negar sin injusticia, que la traza ha sido un portento de hermosura. Los americanos, autores de las ciudades en cuadrícula, de fisonomía borrosa y fría, lo son también de la World’s Fair de líneas onduladas y vistosas, de rasgos artísticos primorosos, con fisonomía propia en cada porción de su vasto recinto, rico en color y fantasía, marco amplísimo de los edificios inmensos que se han levantado, con varia fortuna, en la Exposición de Chicago.

Convertir un pantano en ciudad urbanizada, sanearla y drenarla, aprovechar las aguas encharcadas para que corrieran encauzadas en ancho canal, enlazar esta obra quilométrica con el Michigan, decorar sus márgenes con prados y jardines, levantar con las tierras arrancadas del fondo del pantano superficies onduladas, formando suelo al rodal de plantas y arbustos forestales; la estatua escondida entre flores y hojarasca, la fuente monumental dominando en la Cour d’Honneur á los dioses de la mitología, las estatuas de soldados, héroes, sabios... los puentes y las góndolas venecianas y las lanchas eléctricas, son cosas que, bien dispuestas, constituyen por sí solas un esfuerzo verdaderamente asombroso.

Los edificios, en cambio, por sus trazas y sus alzados se han levantado, con varia fortuna. No bastarían las páginas de este libro para dar una idea de aquellas obras colosales, requiriendo su crítica justa y severa, minucias de detalle y pinceladas de conjunto que, quizá, demostrarían que sólo en lo fielmente imitado, por no decir copiado, han hallado los arquitectos americanos la nota justa de lo bello y esplendoroso. Pero, sería notoria injusticia involucrar en criterio tan riguroso al autor del Palacio de Manufacturas que, sin desdeñar las reglas de la técnica y aun rindiendo pleito homenaje á los estilos arquitectónicos que han dado al mundo antiguo su fama artística, se ha mantenido dentro de cierta independencia, rayana al genio, atreviéndose á cubrir diez hectáreas de superficie con una sola nave, sin aplastar el edificio, y manteniendo su gallardía en aquella traza colosal y no superada hasta la fecha.

Aficionados los norteamericanos á lo grandioso, la erección de cúpulas y cimborios de todos tamaños, formas y colores, ha sido la pasión yankee en la ciudad blanca; afortunados en los trabajos de ingeniería, atrevidos y enamorados de las osadías no aventajadas aun, la proporción entre las diferentes partes de una obra no parece haber sido la preocupación del proyectista, más interesado en discutir lo deforme y grandioso que en buscar equilibrios que encarnan en lo vulgar y conocido.

Nadie habrá adivinado tampoco, por las formas externas, el destino otorgado á palacios grandiosos adornados fastuosamente, obra en que el ingenio del artista olvidó completamente la relación que debe existir entre el continente y contenido de los edificios que tienen carácter público.

En el desarrollo de los servicios no hubo tampoco la variedad en la unidad reveladora de una mano experta y segura, propia de un jefe organizador y dotado del conocimiento hondo de las necesidades de tan grande empresa. Aplicada la división del trabajo á un organismo complicadísimo, el procedimiento sólo pudo resultar aceptable señalando en los puntos generales contactos de tangencia claramente determinados, encargando á directores expertos el movimiento de los diferentes campos de acción, pero con mira siempre á evitar rozamientos y á suavizar asperezas que sólo puede realizar la Jefatura indiscutible de una persona capaz de mover el mecanismo entero con criterio propio, sólido, fijo é inquebrantable. Si ese procedimiento ha tenido aquí feliz desarrollo, confieso que no he sabido verlo; las aduanas, las agencias de transportes, el servicio ferroviario, la vigilancia, la fiscalización en las puertas, el Jurado, no han tenido engranajes que facilitaran el movimiento, antes bien me parecen cabos sueltos de cables transmisores de energía cuyo empalme resulta ser obra difícil, enojosa y perturbadora.

En los Palacios, la _mise en scène_, para el que no busca detalles y primores de organización, para el que no estudia, ni compara, la obra de conjunto parece harmoniosa y muy lucida; el profano halla aquí cuanto puede colmar las ansias más exageradas de aire, color y luz; el inteligente, en cambio, observa forzosamente algo que denota precipitación en el procedimiento y en la ejecución.

Pero aun así, el que quiera estudiar, halla aquí recursos agobiadores; el que sabe buscar, siente forzosamente las tristezas de no poder acaparar los inmensos tesoros que la ciencia universal y el arte en todas sus manifestaciones han acumulado en este recinto digno de llamarse pomposamente World’s Fair, la feria del mundo, pero feria colosal en que los antiguos moldes ni siquiera han merecido respetos de anticuario, tan radicales han sido los cambios realizados en la pompa conque se ha desenvuelto en América, la Exposición de Chicago. Aun prescindiendo del marco, de sin igual hermosura; del edificio holgado y portentoso, de las solemnidades con que se han festejado aquí las manifestaciones de las ciencias y las artes, el que recuerde el tenderete adornado con unos cuantos cabos de vela iluminando vistosas baratijas, esbozo, con su cubierta de lona contra el sol y la humedad, de los esplendores de hoy, el ánimo queda sobrecogido de admiración ante los nuevos horizontes que la ciencia y el arte del ingeniero descubre cada día, señalando á las sociedades recursos inagotables de riqueza y bienestar.

El triunfo de la electricidad en Chicago ha de consignarse en la historia del progreso humano como un suceso glorioso. Y es que el que ahonda en la materia halla resuelto un problema trascendental; la aplicación de la electricidad á todos los mecanismos y á todas las necesidades de la vida no significaría gran cosa, si sólo se tratara de la luz que deslumbra, de la fuerza que avasalla, de la electrolisis que admira, ¿que importaría todo eso, aun siendo tan prodigioso, si en el fondo del problema no se hallara la solución del aprovechamiento intensivo de las fuerzas vivas de la naturaleza, y con ella, la modificación radical del trabajo redimido por esas mismas fuerzas? Durante siglos las hemos contemplado con los brazos cruzados sin saberlas aprovechar, cegados por la ignorancia, embrutecidos por la miseria, hasta que la ciencia, esencia purísima de Dios, nos ha enseñado que la naturaleza trabaja para el bienestar del hombre diciéndole, «aquí tienes el trabajo incesante de la materia, mis leyes te muestran que las aguas al despeñarse, el aire al cambiar de densidad, las olas al agitarse en la superficie de los mares, los agentes telúricos al correr por los estratos terrestres, son fuerzas que obran constantemente en el mundo y que te doy gratis con la única condición de que sepas transformarlas y conducirlas á tu antojo para tu bien y el de la humanidad. Durante siglos te he mostrado en las nubes el agente propulsor de la vida, te he deslumbrado con sus rayos, y su fulgor no te ha dicho hasta ahora que aquel agente indómito es luz, es calor, es fuerza... es vida, en fin, de las sociedades hambrientas de paz, amor y caridad.»

Y al reunirse tantos portentos en Chicago, el que ha estudiado su esencia, prescindiendo de tanta luz y tanto color, en aquel inmenso mecanismo, obra de una lucha gigantesca, ha visto que la apoteosis eléctrica es la nota culminante del Certamen, nota reveladora de un cambio social fundado en la solución de un problema acogido con simpatía en todas partes: el aprovechamiento intensivo de las fuerzas naturales, y la modificación honda de todos los instrumentos del trabajo.

Aquí tienes, lector; sintetizada, en mi concepto, la labor del gran Certamen americano: no hay en él cosas nuevas reveladoras de enseñanzas fecundas, pero hállanse aquí realizadas, en espacio reducido, convertidas en lo tangible y en lo práctico, lo que la fama pregona por el mundo, como bueno, útil y provechoso.

Descarta, pues, la balumba de las fiestas, las mascaradas, las democracias americanas luciendo sus abigarrados batallones, las paradas, los banquetes y los saraos, los congresos y las discusiones, fárrago indigesto de la garrulería universal y fíjate en lo porvenir, lleno de esperanzas, porque el bien, que es fecundo, que es obra de Dios, y por tanto, lo absoluto, ha de vencer aquí, como en todas las inmensidades del espacio infinito, al mal, que es contingente y forma pasajera del error y la ignorancia.

* * * * *

Todo ha terminado; la fiesta de clausura se ha convertido en día luctuoso y de vergüenza. Un malvado, un ambicioso, acaba de asesinar á Harrison, al Mayor de Chicago.

Las fiestas, los discursos, las galas de la ciudad se transforman en ayes de dolor y fúnebres crespones, concluyendo tristemente una de las glorias más puras de la América del Norte.

Chicago entera inclina la frente ante el cadáver expuesto en capilla ardiente, levantada en la casa de la ciudad y á su entierro concurre todo un pueblo, ansioso de borrar y hacer olvidar el crimen horrendo, cometido en horas que dan al acto, la significación de delito de lesa patria.

Yo no sé si la democracia americana olvidará la memoria de Harrison; en cambio, estoy seguro de que el mundo entero recordará siempre admirado el esfuerzo colosal del pueblo que ha mostrado tanta energía y tanta virilidad y pujanza, al levantar una de las obras más portentosas de este siglo: la World’s Fair de Chicago.

FIN DEL PRIMER TOMO

ÍNDICE

PÁGS. De París á New-York. 7 Cosas de España... y de los Estados Unidos. 15 New-York. 23 Las Cataratas del Niágara. 33 Chicago. 43 Ingeniería municipal. 53 Los preparativos de apertura de la Exposición. 61 Suma y sigue. 69 Apertura de la Exposición. 77 La sección española de Manufacturas. 83 La sección española de Agricultura. 105 La sección española de Vinicultura. 121 Las secciones españolas de Máquinas y Minas. 129 Las secciones españolas de Guerra y Marina. 137 Las secciones españolas de Señoras y Forestal. 145

EPISODIOS DE LA EXPOSICIÓN:

Los Infantes de España doña Eulalia y don Antonio en Chicago. 153 La llegada de las carabelas. 159 La catástrofe. 167 El Midway plaisance. 173 Cosas... de los Estados Unidos. 181 Antagonismos entre americanos y europeos acerca del Jurado. 189 El Jurado. 197

INDUSTRIAS AMERICANAS:

Pullman. 203 Milwaukee. 219 La clausura de la Exposición. 227