Viage al Rio de La Plata y Paraguay

Chapter 2

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Mandó Oyolas fabricar prontamente ocho bergantines y algunos botes, y dejando 160 españoles en guarda de los cuatro navios grandes, y por su capitan á Juan Romero, con racion de un cuarteron de pan para un año, y que si mas quisiesen, lo buscasen, se embarcó con 400 hombres.

CAPITULO XIII.

_Como subieron navegando por el rio Paraná ó de la Plata, con los 400 soldados._

Llevó Juan de Oyolas con los 400 soldados al Adelantado D. Pedro de Mendoza: navegó en los bergantines y las embarcaciones pequeñas por el rio Paraná arriba, y á los dos meses, á distancia de 84 leguas, dimos con pueblos de indios, que á cuatro leguas conocieron nuestra llegada: llámanlos Timbúes, y nosotros _Buena Esperanza_. Vinieron de paz cerca de 400, que habitan una isla, en canoas, que en cada una cabrán 16 indios, y nos recibieron muy bien. D. Pedro de Mendoza dió al cacique que los indios llamaban Chera-guazú, una camisa, un bonete colorado, una hoz y otras cosillas; que las tomó gustoso y nos llevó á su pueblo, y nos dió caza y pesca en abundancia, de que recibimos grande contento; porque si el viage hubiera durado diez dias mas, todos hubiéramos perecido de hambre, como habia sucedido á 50 de los embarcados. Estos indios Timbúes traen, en ambos lados de la nariz, embutida una estrellita de piedra blanca y azul: son grandes y altos; las indias, mozas y viejas, feísimas; las caras heridas y sangrientas, y desnudas, excepto un paño de algodon que las cubre desde la cintura á las rodillas. No tienen estos pueblos, ni han tenido jamas otra comida que caza y pesca: serán 15,000 indios de guerra ó mas. Sus canoas son de árboles de 80 pies de largo y tres de ancho, y las navegan con remos (sin yerro), al modo de los pescadores de Alemania.

CAPITULO XIV.

_Volviendo á España D. Pedro de Mendoza, muere en el viage._

Cuatro años estuvimos en aquel pueblo, pero nuestro Adelantado D. Pedro de Mendoza[9], se hallaba tan enfermo que no podia mover pié ni mano: por lo cual, así como por haber gastado mas de 40,000 ducados efectivos en esta jornada, se volvió á Buenos Aires en dos de los cuatro bergantines, con 50 soldados, y desde allí á España: donde no llegó, por haber muerto miserablemente á la mitad del camino; y en su testamento mandó se enviase mas gente al Rio de la Plata, con bastimentos, mercaderias y otras cosas necesarias, como lo habia ofrecido antes de partir. Y habiendo llegado á España los dos bergantines, enviaron los ministros del Rey dos barcadas de gente, con lo demas que habian dispuesto.

[Nota 9: BARCO. _Canto 4._]

CAPITULO XV.

_Alonso Cabrera es enviado desde España al Rio de la Plata._

Iba por capitan de estos dos navios Alonso Cabrera,[10] que traia 200 españoles y bastimento para dos años. Llegó á Buenos Aires, donde aun estaban los 100 hombres que dejamos el año de 1539. Pasó despues á la isla de los Timbúes; dispuso con Juan de Oyolas despachase un navio á España, segun la órden que traia del Consejo de Indias, con relacion copiosa de la calidad de estas tierras y gentes, sus pueblos y otras circunstancias. Púsose Juan de Oyolas de acuerdo con Alonso Cabrera, Domingo Martinez de Irala y los demas capitanes, para pasar muestra, y se halló tener 550 soldados, incluidos los que habian llegado nuevamente: resolvieron dejar 150 en los Timbúes, (porque no cabian en las naves), y por su capitan y gobernador á Carlos Dubrin, que habia sido page del Rey.

[Nota 10: _Alonso Cabrera, veedor de la Asumpcion, llevó á Oyolas los navios de vitualla._ HERRERA, _Decada 6, lib. 3, cap. 18, fol. 78_.]

CAPITULO XVI.

_Prosiguen la navegacion al rio Paraná arriba, hácia Coronda._

En ocho bergantines metieron los 400 hombres restantes, y salimos del puerto de Buena Esperanza, rio Paraná arriba: buscamos otro rio, que se llamaba Paraguay, de que teniamos noticia, y cuyas riberas estaban pobladas de indios Cários, con abundancia de maiz, manzanas y raices (de que hacian vino), de peces, carne, ovejas, tan grandes como mulos, de ciervos, puercos, avestruces, gallinas y ganzos, de que se tratará en el cap. 20. Habiendo navegado cuatro leguas, llegamos el primer dia á la nacion Coronda. Sus indios son altos, y traen cerca de las narices unas piedrecillas, y las indias andan como las que ya se ha dicho. Son semejantes á los Timbúes, y habitarán estas islas hasta 12,000 de guerra: mantiénense de caza y pesca. Tienen gran abundancia de pieles de nutrias: rescataron de todo lo que tenian, por cuentas, vidrios, espejos, peines, cuchillos y anzuelos. Allí estuvimos dos dias, y nos dieron dos indios Cários que habian cautivado, para que nos serviesen de guias é intérpretes.

CAPITULO XVII.

_Llegamos á los Galgaisi y Macurendas._

Proseguimos nuestro viage; llegamos á otra nacion llamada _Galgaisi_,[11] que podia poner 40,000 indios de guerra. Traen tambien sus indios dos piedrecillas junto á la nariz, como los Corondas; y son de la misma lengua que los Timbúes: distan 30 leguas de su isla. Habitan sus indios en la orilla de una laguna de seis leguas de largo y cuatro de ancho, situada á la izquierda del rio Paraná. Allí estuvimos cuatro dias, en los cuales nos regalaron los indios con lo que tenian, y los correspondimos. Despues no hallamos indios en 18 dias, y llegados al rio que corre por la misma tierra, encontramos gran número de ellos juntos, llamados _Macurendas_[12]. Estos no tienen mas comida que pescados y poca caza; y habrá 18,000 de guerra, con gran número de canoas. Recibiéronnos, segun su costumbre, de paz, y nos dieron de lo que tenian liberalmente. Habitan á la derecha del rio Paraná: tienen diversa lengua de los antecedentes; son altos y de buena proporcion, y sus mugeres feísimas. En cuatro dias que estuvimos allí, hallamos en tierra cerca de la orilla, una grandisima y monstruosa serpiente de 45 pies de largo, del grueso de un hombre: negra, con pintas leonadas y rojas,[13] de que los indios se admiraron por no haberla visto mayor: matámosla de un balazo. Decian los indios que les habia hecho grandes daños; porque cuando se bañaban, esta y otras de su especie, les rodeaban el cuerpo con la cola, y hundiéndolos en el agua, sin saber los indios lo que les sucedia, se los comian. Medí esta serpiente con mucho cuidado, y dividida despues por los indios en pedazos, se la llevaron á sus casas, y se la comieron cocida y asada.

[Nota 11: _Ninguna nacion de este nombre existia en los parages que describe el autor en el presente artículo. La laguna á que alude es la_ Ibera, _cerca de la ciudad de Corrientes, cuyos bordes se hallaban poblados por los_ Caracarás, _al tiempo de la conquista_.--EL EDITOR.]

[Nota 12: _Tampoco hay noticia de una nacion de este nombre, y nos es imposible atinar cual sea._--EL EDITOR.]

[Nota 13: _V. infra, cap. 52._]

CAPITULO XVIII.

_De como llegamos á los Zemais Salvaiscos, y Mepenes._

Volvimos á embarcarnos, y á los cuatro dias, navegadas 16 leguas, llegamos á la nacion llamada _Zemais Salvaiscos_[14]; sus indios son pequeños y gordos: se sustentan de pesca, caza y miel. Andan todos desnudos hombres y mugeres: tienen guerra con los _Macurendas_. Habia cinco dias que estaban al rio á pescar, y á hacer guerra á sus enemigos, porque ellos viven 20 leguas de tierra adentro, por no ser sorprendidos: andan al modo de nuestros ladrones. Tienen 2,000 indios de guerra; y por tener poco bastimento solo estuvimos un dia con ellos. La carne que comen es de ciervos, puercos, avestruces y conejos, que, excepto en la cola, se parecen á los gatos.

[Nota 14: _Este nombre es ininteligible; á no ser que sea una corrupcion de_ Savanche, _pueblo fronterizo de los Mepenes._--EL EDITOR.]

De aquí navegamos á los indios Mepenes, que viven esparcidos, ocupando 40 leguas de país en cuadro, y pueden juntarse por mar y tierra en dos dias, 10,000 indios de guerra; y es mayor el número de canoas, de las cuales en cada una, caben 20 indios. Este pueblo nos recibió de guerra con 500 canoas: matamos muchos indios con los arcabuces, retirándose esparcidos una legua de las naves, porque nunca habian visto cristianos. Pasamos á sus casas: no conseguimos nada, porque cerca de su pueblo se rezumaban de una legua aguas tan hondas, que ni pudimos seguirlos, ni hacer mas que quemarles 250 canoas que les tomamos: y temiendo que envistiesen nuestras náos, volvimos á ellas. Estos indios Mepenes solo pelean en agua, y están de los _Zemais Salvaiscos_ 95 leguas.

CAPITULO XIX.

_Del rio Paraguay y de los pueblos Curumias y Agaces._

Proseguimos nuestra navegacion ocho dias, y dimos en un rio, y despues en el pueblo de los Curumias, que es de muchos indios que se mantienen de caza y pesca, y hacen vino de la algarroba,[15] (que llaman los alemanes _joannesbrot_). Este pueblo procuró servirnos en todo, y nos dió cuanto necesitábamos con mucho agrado, en tres dias que allí estuvimos. Hombres y mugeres de grandes estaturas: los unos traen en la nariz un agugerillo, en que por galanura se ponen una pluma de papagayo; y las otras se pintan la cara con raices azules, que nunca se quitan, y traen un paño de algodon desde la cintura á las rodillas. Distan de los Mepenes 40 leguas.

[Nota 15: CABEZA DE VACA _en su comentários cap. 18, fol. 16._ BARCO, _canto 25_.]

De allí fuimos á los Agaces, que tambien se mantienen de caza y pesca. Indios é indias son altos, y estas se pintan y cubren como las antecedentes. Recibiéronnos de guerras, queriendo estorbarnos el viage; y no pudiendo reducirlos á razon, peleamos con ellos en agua y tierra, y matamos á muchos: de los nuestros murieron 15. No les tomamos nada, porque al tiempo de pelear habian retirado mugeres é hijos, y escondido los bastimentos y cuanto tenian. Estos Agaces son obstinados guerreros en agua, en tierra no. Diremos despues lo que sucedió: su pueblo dista de los Curumias 35 leguas. Está situado cerca del rio _Jepido_,[16] que del otro lado tiene el rio Paraguay, que baja de las montañas del Perú, cerca de los Xarayes.

[Nota 16: _Talvez sea el Tebicuary._--EL EDITOR.]

CAPITULO XX.

_De los pueblos Cários._

Desde estos pueblos pasamos á los de los Cários, que están á 50 leguas de los Agaces, donde hallamos mucho maiz y algodon. Comen los indios las raices batatas, que saben á manzanas, y la mandioca, que sabe á castañas, de que hacen cerveza (_mandel-bee-re_). Tienen tambien peces, carnes, puercos, avestruces, ovejas indianas, tan grandes como mulos, cabras, gallinas, conejos, y otras cosas de este género. Hay miel en abundancia, de que hacen tambien vino, cociéndola.

Es tan dilatada la tierra habitada por los Cários, que tiene 300 leguas de ancho y largo. Los indios son pequeños y gordos, y mas trabajadores que los demas. Traen un agugerillo en los labios, y en él un cristal leonado, que llaman en su idioma _tembetá_, de dos palmos de largo, y del grueso de un cañon de ganzo: andan desnudos como las indias. Usase entre ellos vender los padres á las hijas, los maridos á las mugeres, y algunas veces los hermanos á las hermanas; y el valor de una india es una camiseta ó cuchillo, ó hocecilla, ó cosa semejante. Comen carne, aunque sea humana, si pueden adquirirla. Matan á los cautivos en guerra, sean hombres ó mugeres, mozos ó viejos, y los asesinan como nosotros los puercos. Conservan por algunos años una india, recomendable en edad y traza, pero sino se acomoda á los deseos de todos, la matan y comen en convite, tan célebre como el de nuestras bodas; mas si dá gusto á todos, y llega á vieja, la guardan hasta que ella se muere. Hacen estos Cários mas largos viages que los demas indios del Rio de la Plata. Son feroces en la guerra, y tienen sus poblaciones y fortalezas cerca del rio, en parages altos.

CAPITULO XXI.

_De la ciudad de Lambaré, y como fué sitiada y rendida._

La ciudad de estos indios, que llaman estos moradores Lambaré, está rodeada de dos cercas de palos, del grueso de un hombre, puestos de doce en doce pasos, hincados en la tierra; quedando fuera tanto como la altura de un hombre con la espada y brazo levantados; y á quince pasos tenian hechos fosos y hoyos de tres estados de hondo, cubiertos con ramas y tierra, y en medio de cada uno, una lanza fijada, aguda. Este aparato es para coger á los cristianos, porque dejando Juan de Ayólas 60 hombres en guarda de los bergantines, fué en contra la ciudad, en órden, con 300 soldados bien prevenidos, y llegando á un tiro de bala del egército de los indios, que eran 4,000 armados con arcos y flechas, nos enviaron á decir que nos volviésemos á las naves, y nos darian bastimento y lo demas que necesitásemos para volver á nuestra tierra cuanto antes. Despreciamos esta oferta, por ser muy á propósito este provincia para nosotros, por la abundancia de bastimentos, y especialmente porque en cuatro años continuos no habiamos comido pan, sino carne y pescado solamente, y muchas veces escasísimamente. Empezaron los Cários á disparar contra nosotros, y no quisimos hacerles mal, sino darles á entender que queriamos ser sus amigos: no quisieron aquietarse por no haber experimentado nuestras espadas ni los arcabuces. Acercámonos y disparamos la artilleria, á cuyo estruendo y estrago, viendo que caian tantos muertos sin saber de que, y las disformes heridas y agugeros en sus cuerpos, espantados con gran temor, huyeron tumultariarmente, cayendo unos sobre otros en los hoyos, mas de 300, dándose gran prisa á meterse en su pueblo.

Sitiamos la ciudad, y se defendieron los indios fuertemente, hasta el tercero dia, matando 16 españoles: pero temiendo el daño de sus mugeres é hijos que tenian consigo, pidieron perdon y las vidas, y se entregaron á nuestra voluntad, ofreciendo hacer lo que les mandásemos, y admitimos la paz. Regalaron al capitan Oyolas con siete indias, la mayor de 18 años, y seis ciervos, rogándole que nos quedásemos con ellos. A los soldados dieron dos indias para que los sirviesen, y comida y otras cosas necesarias: y de este modo quedamos amigos. Entróse al pueblo el dia de la Asumpcion, del año de 1539, y le dimos el nombre del dia, y así se llama hoy.

CAPITULO XXII.

_Hácese un castillo en Lambaré, con el nombre de la Asumpcion; y los Cários, con socorro de los cristianos, van contra los Agaces._

Mandóse despues á los Cários que hiciesen una gran casa de piedra, tierra y madera, para seguridad y defensa de los cristianos, en caso de alzarse los indios. Estuvimos aquí dos meses.

Ofrecieron tambien los Cários ayudarnos en la guerra, y que si era contra los Agaces, (que distan 30 leguas de ellos, y cerca de 334 de la isla de Buena Esperanza, poblada de Timbúes), que darian 18,000 indios. Con lo cual dispuso nuestro capitan 300 españoles, y bajó con ellos y los Cários el rio Paraguay 30 leguas, hasta el pueblo de los Agaces, que estaban durmiendo en el sitio que les habiamos dejado. Reconociéronlo los Cários, é improvisamente dieron sobre ellos, entre 3 y 4 de la mañana, y mataron á todos sus enemigos, viejos y mozos, segun la costumbre que tienen cuando quedan victoriosos.

Tomamos despues cerca de 500 canoas: quemámos todos los pueblos donde llegamos, haciendo otros daños. Al cabo de un mes vinieron algunos Agaces, que no se habian hallado en el estrago por estar lejos de esta tierra, pidiendo perdon. El capitan se lo concedió, segun la órden del Rey, y los admitió de paz, como debia hacerlo; aunque la pidiesen tercera vez, porque solo si se rebelasen despues, quedaban esclavos perpetuos.

CAPITULO XXIII.

_Quedan los soldados en la Asumpcion; reconocen el sitio y condicion de la tierra, y suben por el rio mas arriba._

En seis meses que estuvimos en esta ciudad, nos reparamos con la quietud, y en tanto nuestro capitan Oyolas se informó de los Payaguás que están poblados cerco de 100 leguas de la Asumpcion, á las riberas del rio Paraguay, segun le dijeron los Cários; y que su principal alimento era caza y pesca, y tambien tenian algarroba de que hacian harina que comian junto con el pescado, y vino tan dulce como nuestro mosto. Entonces mandó Oyolas cargar cinco navios de maiz, y prevenirlos de todas las cosas necesarias, y dar á los marineros cuanto habian menester para el buen suceso del viage, que á los dos meses meditaba. Primero queria hacer guerra á los indios Payaguás, y despues á los Caracarás. Asistian á todo los Cários con mucho cuidado y sumision, y prometian obedecer fielmente en todos los puntos las órdenes del capitan.

Ordenado así lo referido, y prevenida la nave de todo, escogió el capitan 300 soldados, los mejor armados y compuestos, y dejó 100 en la ciudad de la Asumpcion. Navegando siempre rio arriba, á las cinco leguas llegamos á un pueblezuelo, cuyos indios trageron carne, gallinas, ganzos, ovejas y avestruces; y llegando al último pueblo de los Cários, llamado Itatin, distante 80 leguas de la Asumpcion, nos dieron sus indios bastimentos y otras cosas con que nos socorrimos.

CAPITULO XXIV.

_Del monte de San Fernando y Peyaguás._

De allí llegamos al monte llamado San Fernando, semejante al que llaman _Bogemberg_[17], y dimos con los indios Payaguás, á 12 leguas de Itatin: recibiéronnos de paz, aunque fingida como se conoció despues, llevándonos á sus casas, y nos regalaron con pescados, carnes, algarrobas, ó _Pan de Juan_; así estuvimos nueve dias. Hízoles preguntar el capitan si conocian la nacion llamada Xarayes; respondieron que habian oido; que habitaba lejos en una provincia rica de oro y plata, pero que no habian visto nunca indio alguno de ella: y por relacion de otros, añadian, que eran tan sábios como los cristianos, y que abundaban en maiz, cazabí ó mandioca, mandubís, batatas y otras raices; de carne de ovejas ó antas, animales semejantes á los asnos, que tienen los pies como de vaca, el pellejo grueso; de conejos, ciervos, ganzos y gallinas, y otras cosas de que despues supimos lo cierto.

[Nota 17: _Este nombre está_ germanizado, _y nos es imposible reducirlo á su forma primitiva_.--EL EDITOR.]

Pidió guias el capitan á los Payaguás, para ir á aquella provincia, y se ofrecieron prontos; y al punto dispuso su capitan 300 indios que fuesen con nosotros, y nos llevasen comida y otras cosas. Publicó nuestro capitan el viage dentro de cuatro dias, mandando se proveyesen todos de lo necesario para esta empresa: deshizo tres naves, y dejó á 50 cristianos en las dos, con órden de que estuviesen allí.[18] Cuatro meses esperándole, y si no volviese en aquel término, se retirasen á la Asumpcion: estuvimos seis meses esperando sin saber nada de Juan de Oyolas, y por faltarnos el bastimento, fué preciso volvernos con Domingo de Irala, que habia quedado por nuestro capitan, á la ciudad de la Asumpcion, como nuestro capitan habia mandado.

[Nota 18: _A este puerto llamó Juan de Oyolas_ Candelaria. CABEZA DE VACA, _cap. 4._ HERRERA, _descripcion de las Indias, cap. 24._]

CAPITULO XXV.

_Juan de Oyolas llega á la tierra de los Naperús y Samocosis, y es muerto á la vuelta con todos los cristianos._

Partido Juan de Oyolas con los 300 españoles y 300 indios, llegó á los Naperús, amigos y aliados de los Payaguás, que se mantenian de caza y pesca. Es nacion populosa, y de ella tomo algunos indios Oyolas para guias, porque habia de caminar por entre varias naciones, como lo hizo lleno de trabajos y falta de todo: muchos le resistian con las armas, y le mataron la mitad de la gente. Llegó á los indios Samocosis, y no pudo pasar adelante; y dejando tres españoles enfermos con estos indios, precisado de los trabajos, se volvió con todos los suyos. Descanzó Juan de Oyolas con su gente, fatigada del camino, tres dias en Napero, y aunque venia bueno, entendieron los indios que no traia municiones y armas, por lo cual trataron los Naperús y los Payaguás, de matarlos, y lo consiguieron: pues habiendo partido de Napero, Oyolas con sus cristianos para ir á los Payaguás, estando casi en medio del camino, dió de improviso sobre ellos gran multitud de estas dos naciones, (escondidas en destinado bosque para esta traicion, por donde habian de pasar); y como perros rabiosos dieron muerte al capitan y á sus soldados, sanos y enfermos, sin que escapase ninguno.

CAPITULO XXVI.

_Viendo muerto su Capitan, eligen los españoles en su lugar á Domingo Martinez de Irala._

Supimos la traicion de los Payaguás, por un indio[19] que habia sido esclavo de Oyolas, el cual huyó de los enemigos por saber la lengua: pero no le dimos entero crédito, aunque contaba todo lo que habia sucedido, desde el principio hasta el fin del lance lastimoso. Así estuvimos un año en la ciudad de la Asumpcion, sin saber de nuestra gente otra cosa que lo referido, y lo que los Cários contaban al capitan Irala, y ser pública fama que los Payaguás y Naperús le habian muerto. Mas para asegurarnos, queriamos oirlo de la boca de alguno de los Payaguás.

[Nota 19: _Era cristiano este indio, y se llamaba Gonzalo._ CABEZA DE VACA, _cap. 4, fol. 4_. HERRERA, _en dicha Decada, lib. 7, 107, cap. 5, fol. 152._]

Dos meses despues, algunos Cários prendieron dos Payaguás, y los trageron al capitan: y preguntándoles si habian ayudado á dar muerte á los nuestros, lo negaron, diciendo que nuestro capitan aun no habia vuelto con los suyos á su provincia. Dióseles tormento, y confesaron la verdad, y lo que queda referido en el capítulo antecedente; mandándolos quemar el capitan atados á un palo, rodeado de una gran hoguera. Entonces elegimos por capitan al referido Irala, hasta que el Rey mandase otra cosa; porque siempre se habia mostrado justo y benévolo, especialmente con los soldados.

CAPITULO XXVII.

_Pone presidio el Capitan en la Asumpcion; va á los Timbúes y los halla muertos y heridos: deja á Antonio de Mendoza en_ Corpus Christi, _y navega á Buenos Aires_.

Hizo luego el capitan proveer cuatro bergantines, y con 150 españoles del pueblo, bajó navegando los rios Paraguay y Paraná. El segundo, dejando la demas gente en la Asumpcion, con órden de juntarse á los 150 que estaban en los Timbúes, y á los 160 de las náos de Buenos Aires, llegó á los Timbúes, ó _Buena Esperanza_, y al fuerte de _Corpus Christi_, donde los nuestros habian quedado: pero hallamos la tierra sin indios, porque el capitan Francisco Ruiz, Juan Galan, presbitero, Juan Hernandez, escribano, que eran como gobernadores, despues de varios tratos infieles y malvados, habian muerto al cacique de los Timbúes y otros indios, y los demas se huyeron, de los cuales habiamos recibido muchos beneficios. Sabiendo tan triste maldad, quedamos asombrados, y nuestro capitan encomendó á Antonio de Mendoza el fuerte de _Corpus Christi_, dejándole 120 hombres y bastimento, con órden de guardarse de los indios, estando siempre sobre aviso con buenas centinelas: y que si los indios viniesen de paz, los tratase con mucho amor, haciéndoles cuantos agasajos fuese posible, y evitando todos los daños que intentasen hacerles, y á los cristianos, y mirando por sí con la mayor diligencia. Con lo cual se volvió á embarcar, llevando consigo á Francisco Ruiz, Juan Galan y Hernandez, autores de las infames muertes de los indios. Estando ya para navegar, llegó un indio principal Timbúe, gran amigo de los cristianos, que se vió precisado á seguir á los suyos, por su muger, hijos, parientes y familiares; el cual venia á aconsejar al capitan que no dejase allí cristiano alguno; porque toda la gente de guerra de la provincia estaba resuelta ó á acabar con ellos, ó echarlos de la tierra. El capitan respondió que él volveria presto, y que la gente que dejaba bastaba para resistir los indios: y le rogó se viniese, á los cristianos, con su muger, hijos y familiares, y así lo prometió; y dejándonos en _Corpus Christi_, se embarcó el capitan.

CAPITULO XXVIII.

_Matan los Timbúes á traicion 50 españoles: desamparan los demas el fuerte de_ Corpus Christi, _y se embarcan para Buenos Aires_.