# Viage al Parnaso La Numancia (Tragedia) y El Trato de Argel (Comedia)

## Part 8

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Alto, sereno, y espacioso cielo, Que con tus influencias enriqueces La parte que es mayor desde mi suelo, Y sobre muchos otros le engrandeces, Muevate á compasion mi amargo duelo, Y pues al afligido favoreces, Favoreceme á mí en ansia tamaña, Que soy la sola desdichada España. Bastete ya que un tiempo me tuviste Todos mis fuertes miembros abrasados, Y al sol por mis entrañas descubriste El reyno escuro de los condenados: A mil tiranos, mil riquezas diste, A Fenices y Griegos entregados Mis reynos fueron, porque tu has querido, O porque mi maldad lo ha merecido. Será posible que contino sea Esclava de naciones estrangeras, Y que un pequeño tiempo yo no vea De libertad, tendidas mis banderas? Con justisimo titulo se emplea En mí el rigor de tantas penas fieras, Pues mis famosos hijos y valientes Andan entre sí mesmos diferentes. Jamas en su provecho concertaron Los divididos animos briosos, Antes entonces mas los apartaron Quando se vieron mas menesterosos; Y ansi con sus discordias convidaron Los barbaros de pechos codiciosos A venir y entregarse en mis riquezas, Usando en mí y en ellos mil cruezas. Sola Numancia es la que sola ha sido Quien la luciente espada sacó fuera, Y á costa de su sangre ha mantenido La amada libertad suya primera: Mas ay! que veo el termino cumplido, Y llegada la hora postrimera Do acabará su vida y no su fama, Qual Fenix renovandose en la llama! Estos tan muchos timidos Romanos, Que buscan de vencer cien mil caminos, Rehuyen de venir mas á las manos Con los pocos valientes Numantinos. O si saliesen sus intentos vanos, Y fuesen sus quimeras desatinos, Y esta pequeña tierra de Numancia, Sacase de su perdida ganancia! Mas ay! que el enemigo la ha cercado No solo con las armas contrapuestas Al flaco muro suyo, mas ha obrado Con diligencia estraña y manos prestas, Que un foso por la margen trincheado Rodea la ciudad por llano y cuestas; Sola la parte por do el rio se estiende, De este ardid nunca visto se defiende. Ansi estan encogidos y encerrados Los tristes Numantinos en sus muros; Ni ellos pueden salir ni ser entrados, Y estan de los asaltos bien seguros; Pero en solo mirar que están privados De exercitar sus fuertes brazos duros, Con horrendos acentos y feroces La guerra piden ó la muerte á voces. Y pues sola la parte por do corre Y toca á la ciudad el ancho Duero, Es aquella que ayuda y que socorre En algo al Numantino prisionero, Antes que alguna maquina ó gran torre En sus aguas se funde, rogar quiero Al caudaloso conocido rio, En lo que puede ayude el pueblo mio. Duero gentil, que con torcidas vueltas Humedeces gran parte de mi seno, Ansi en tus aguas siempre veas envueltas Arenas de oro qual el Tajo ameno, Y ansi las ninfas fugitivas sueltas, De que está el verde prado y bosque lleno, Vengan humildes á tus aguas claras, Y en prestarte favor no sean avaras, Que prestes á mis asperos lamentos Atento oido, ó que á escucharlos vengas, Y aunque dexes un rato tus contentos, Suplicote que en nada te detengas: Si tú con tus continos crecimientos Destos fieros Romanos no me vengas, Cerrado veo ya qualquier camino A la salud del pueblo Numantino.

_Sale el_ RIO DUERO _con otros muchachos vestidos de rio como él, que son tres riachuelos que entran en_ DUERO.

DUERO.

Madre y querida España, rato havia Que hirieron mis oidos tus querellas, Y si en salir acá me detenia Fue por no poder dar remedio á ellas. El fatal, miserable, y triste dia Segun el disponer de las estrellas Se llega de Numancia, y cierto temo Que no hay dar medio á su dolor extremo. Con Orvion, Minuesa, y tambien Tera Cuyas aguas las mias acrecientan, He llenado mi seno en tal manera, Que los usados margenes rebientan; Mas sin temor de mi veloz carrera, Qual si fuera un arroyo, veo que intentan De hacer lo que tú, España, nunca veas, Sobre mis aguas, torres y trincheas. Mas ya que el revolver del duro hado Tenga el ultimo fin estatuido Deste tu pueblo Numantino amado, Pues á terminos tales ha venido, Un consuelo le queda en este estado, Que no podran las sombras del olvido Escurecer el sol de sus hazañas, En toda edad temidas por estrañas. Y puesto que el feroz Romano tiende El paso agora por tu fertil suelo, Y que te oprime aqui, y alli te ofende Con arrogante y ambicioso zelo, Tiempo vendrá, segun que ansi lo entiende El saber que á Proteo ha dado el cielo, Que esos Romanos sean oprimidos Por los que agora tienen abatidos. De remotas naciones venir veo Gentes que habitarán tu dulce seno Despues que como quiere tu deseo Havrán á los Romanos puesto freno: Godos serán, que con vistoso arreo, Dexando de su fama el mundo lleno, Vendrán á recogerse en tus entrañas, Dando de nuevo vida á sus hazañas. Estas injurias vengará la mano Del fiero Atila en tiempos venideros, Poniendo al pueblo tan feroz Romano Sujeto á obedecer todos sus fueros, Y portillos abriendo en Vaticano: Tus bravos hijos, y otros estrangeros Harán que para huir vuelva la planta El gran Piloto de la nave santa. Y tambien vendrá tiempo en que se mire Estar blandiendo el Español cuchillo Sobre el cuello Romano, y que respire Solo por la bondad de su caudillo El grande Albano: hará que se retire El Español exercito; sencillo No de valor, sino de poca gente, Que iguala al mayor numero en valiente. Y quando fuere ya mas conocido El propio hacedor de tierra y cielo, Aquel que ha de quedar estatuido Por visorrey de Dios en todo el suelo, A tus Reyes dará tal apellido, Qual viere que mas quadra con su zelo: Catolicos serán llamados todos, Succesion digna de los fuertes Godos. Pero el que mas levantará la mano En honra tuya y general contento, Haciendo que el valor del nombre Hispano Tenga entre todos el mejor asiento, Un Rey será, de cuyo intento sano Grandes cosas me muestra el pensamiento: Será llamado, siendo suyo el mundo, El Segundo Filipo sin segundo. Debaxo deste imperio tan dichoso Serán á una corona reducidos Por bien universal y tu reposo Tres reynos hasta entonces divididos: El giron Lusitano tan famoso Que un tiempo se cortó de los vestidos De la ilustre Castilla, ha de zurcirse De nuevo, y á su estado antiguo unirse. Qué invidia, y qué temor, España amada, Te tendrán las naciones estrangeras, En quien tu teñirás tu aguda espada, Y tenderás triunfando tus banderas! Sirvate esto de alivio en la pesada Ocasion, por quien lloras tan de veras, Pues no puede faltar lo que ordenado Ya tiene de Numancia el duro hado.

ESPAÑA.

Tus razones alivio han dado en parte, Famoso Duero, á las pasiones mias, Solo porque imagino que no hay parte De engaño alguno en estas profecias.

DUERO.

Bien puedes de eso, España, asegurarte, Puesto que tarden tan dichosos dias, Y á Dios, porque me esperan ya mis Ninfas.

ESPAÑA.

El cielo aumente tus sabrosas linfas.

JORNADA II.

SCENA I.

INTERLOCUTORES

TEOGENES, _y_ CORABINO, _con otros quatro Numantinos, Gobernadores de Numancia, y_ MARQUINO, _hechicero, y un_ CUERPO MUERTO, _que saldrá á su tiempo. Sientanse á consejo, y los quatro Numantinos que no tienen nombres, se señalan asi_: PRIMERO, SEGUNDO, TERCERO, QUARTO.

TEOGENES.

Pareceme, varones esforzados, Que en nuestros daños con rigor influyen Los tristes signos y contrarios hados, Pues nuestra fuerza y maña desminuyen: Tienennos los Romanos encerrados, Y con cobardes mañas nos destruyen, Ni con matar muriendo no hay vengarnos, Ni podemos sin alas escaparnos. Y no solo á vencernos se despiertan Los que havemos vencido veces tantas, Que tambien Españoles se conciertan Con ellos á segar nuestras gargantas. Tan gran maldad los cielos no consientan; Con rayos hieran las ligeras plantas Que se mueven en daño del amigo, Favoreciendo al perfido enemigo. Mirad si imaginais algún remedio Para salir de tanta desventura, Porque este largo y trabajoso asedio Solo promete presta sepultura. El ancho foso nos estorva el medio De probar con las armas la ventura, Aunque á veces valientes, fuertes brazos, Rompen mil contrapuestos embarazos.

CORABINO

A Jupiter pluguiera soberano Que nuestra juventud sola se viera Con todo el bravo exercito Romano A donde el brazo rodear pudiera! Que alli el valor de la Española mano La mesma muerte poco estorvo fuera Para dexar de abrir ancho camino A la salud del pueblo Numantino. Mas pues en tales terminos nos vemos, Que estamos como damas encerrados, Hagamos todo quanto hacer podremos Para mostrar los animos osados: A nuestros enemigos convidemos A singular batalla, que cansados De este cerco tan largo, ser podría Quisiesen acabarle por tal via. Y quando este remedio no suceda A la justa medida del deseo, Otro camino de intentar nos queda, Aunque mas trabajoso á lo que creo: Este foso y muralla que nos veda El paso al enemigo que alli veo, En un tropel de noche le rompamos Y por ayuda á los amigos vamos.

NUMANTINO PRIMERO.

O sea por el foso ó por la muerte De abrir tenemos paso á nuestra vida; Que es dolor insufrible el de la muerte, Si llega quando mas vive la vida; Remedio á las miserias es la muerte, Si se acrecientan ellas con la vida, Y suele tanto mas ser excelente, Quanto se muere mas honradamente.

SEGUNDO.

Con qué mas honra pueden apartarse De nuestros cuerpos estas almas nuestras Que en las Romanas armas arrojarse Y en su daño mover las fuertes diestras? En la ciudad podrá muy bien quedarse Quien gusta de cobarde dar las muestras, Que yo mi gusto pongo en quedar muerto En el cerrado foso ó campo abierto.

TERCERO.

Esta insufrible hambre macilenta Que tanto nos persigue y nos rodea, Hacen que en vuestro parecer consienta, Puesto que temerario y duro sea, Muriendo, escusaremos tanta afrenta; Mas quien morir de hambre no desea, Arrojese conmigo al foso, y haga Camino á su remedio con la daga.

QUARTO.

Primero que vengais al trance duro Desta resolucion que haveis tomado, Pareceme ser bien, que desde el muro Nuestro fiero enemigo sea avisado, Diciendole que dé campo seguro A un Numantino, y otro su soldado, Y que la muerte de uno sea sentencia Que acabe nuestra antigua diferencia. Son los Romanos tan soberbia gente, Que luego aceptarán este partido, Y si lo aceptan, creo firmemente Que nuestro amargo daño ha fenecido, Pues está Corabino aqui presente, Cuyo valor me tiene persuadido Que él solo contra tres bravos Romanos Quitará la victoria de las manos. Tambien será acertado, que Marquino, Pues es un agorero tan famoso, Mire qué estrella, qué planeta ó signo Nos amenaza muerte, ó fin honroso, Y si puede hallar algun camino Que nos pueda mostrar si del dudoso Cerco cruel, do estamos oprimidos, Saldremos vencedores ó vencidos. Tambien primero encargo que se haga A Jupiter solene sacrificio, De quien podremos esperar la paga Harto mayor que nuestro beneficio; Curese luego la profunda llaga Del arraigado acostumbrado vicio, Quiza con esto mudará de intento El hado esquivo, y nos dará contento. Para morir jamas le falta tiempo Al que quiere morir desesperado: Siempre seremos á sazon y á tiempo Para mostrar muriendo el pecho osado, Mas porque no se pase en valde el tiempo, Mirad si os cuadra lo que aqui he ordenado, Y sino os pareciere, dad un modo Que mejor venga, y que convenga á todo.

MARQUINO.

Esa razon que muestran tus razones, Es aprobada del intento mio, Haganse sacrificios y oblaciones, Y pongase en efecto el desafio: Que yo no perderé las ocasiones De mostrar de mi ciencia el poderio: Yo sacaré del hondo centro escuro Quien nos declare el bien ó el mal futuro.

TEOGENES.

Yo desde aquí me ofrezco, si os parece Que puede de mi esfuerzo algo fiarse, De salir á este duelo que se ofrece, Si por ventura viene á efectuarse.

CORABINO.

Mas honra tu valor raro merece, Bien pueden de tu esfuerzo confiarse Mas dificiles cosas y mayores, Por ser el que es mejor de los mejores; Y pues tú ocupas el lugar primero De la honra y valor con causa justa, Yo que en todo me cuento por postrero, Quiero ser el Haraldo desta justa.

PRIMERO.

Pues yo con todo el pueblo me prefiero Hacer de lo que Jupiter mas gusta, Que son los sacrificios y oraciones, Si van con enmendados corazones.

SEGUNDO.

Vamonos, y con presta diligencia Hagamos quanto aqui propuesto havemos, Antes que la pestifera dolencia De la hambre nos ponga en los extremos.

TERCERO.

Si tiene el cielo dada la sentencia De que en este rigor fiero acabemos, Revoquela, si acaso la merece La justa enmienda que Numancia ofrece.

SCENA II.

_Salen primero dos Soldados Numantinos_ MORANDRO, _y_ LEONCIO.

LEONCIO.

Morandro amigo, á do vas, O ácia do mueves el pie?

MORANDRO.

Si yo mismo no lo sé, Tampoco tu lo sabras.

LEONCIO.

Cómo te saca de seso Tu amoroso pensamiento?

MORANDRO.

Antes despues que le siento Tengo mas razon y peso.

LEONCIO.

Eso ya está averiguado Que el que sirviere al amor, Ha de ser por su dolor Con razon muy mas pesado.

MORANDRO.

De malicia ó de agudeza No escapa lo que dixiste.

LEONCIO.

Tu mi agudeza entendiste, Mas yo entiendo tu simpleza.

MORANDRO.

Qué, soy simple en querer bien?

LEONCIO.

Sí, si ya el querer no se mide, Como la razon lo pide, Con quando, como, y á quien.

MORANDRO.

Reglas quies poner á amor?

LEONCIO.

La razon puede ponellas.

MORANDRO.

Razonables serán ellas, Mas no de mucho primor.

LEONCIO.

En la amorosa porfia A razon no hay conocella.

MORANDRO.

Amor no va contra ella Aunque de ella se desvia.

LEONCIO

No es ya contra la razon, Siendo tú tan buen soldado, Andar tan enamorado En esta estrecha ocasion? Al tiempo que del dios Marte Has de pedir el furor, Te entretienes con amor, Que mil blanduras reparte? Ves la patria consumida, Y de enemigos cercada, Y tu memoria turbada Por amor de ella se olvida?

MORANDRO.

En ira mi pecho se arde Por verte hablar sin cordura: Hizo el amor por ventura A ningun pecho cobarde? Dexo yo la centinela Por ir donde está mi dama? O estoy durmiendo en la cama Quando mi capitan vela? Hasme tu visto faltar De lo que debo á mi oficio, Por algun regalo ó vicio, Ni menos por bien amar? Y si nada me has hallado De que deba dar disculpa, Porqué me das tanta culpa De que sea enamorado? Y si de conversacion Me ves que ando siempre ageno, Mete la mano en tu seno, Veras si tengo razon. No sabes los muchos años Que tras Lira ando perdido? No sabes que era venido El fin de mis tristes daños, Porque su padre ordenaba De darmela por muger, Y que Lira su querer Con el mio concertaba? Tambien sabes que llegó En tan dulce coyuntura Esta fuerte guerra dura, Por quien mi gloria cesó. Dilatose el casamiento Hasta acabar esta guerra, Porque no está nuestra tierra Para fiestas y contento. Mira quan poca esperanza Puedo tener de mi gloria, Pues está nuestra victoria Toda en la enemiga lanza. De la hambre fatigados, Sin medio de algun remedio, Tal muralla y foso en medio, Pocos, y esos encerrados. Pues como veo llevar Mis esperanzas del viento, Ando triste y descontento Ansi qual me ves andar.

LEONCIO.

Sosiega, Morandro, el pecho, Vuelve al brio que tenias, Quizá por ocultas vias Se ordena nuestro provecho: Que Jupiter soberano Nos descubrirá camino, Por do el pueblo Numantino Quede libre del Romano; Y en dulce paz y sosiego De tu esposa gozarás, Y las llamas templarás Deste tu amoroso fuego, Que para tener propicio Al gran Jupiter tonante, Hoy Numancia en este instante Le quiere hacer sacrificio. Ya el pueblo viene y se muestra Con las victimas é incienso. O Jupiter, padre imenso! Mira la miseria nuestra.

_Han de salir agora dos Numantinos vestidos como sacerdotes antiguos, y traen asido de los cuernos en medio de entrambos un carnero grande, coronado de oliva ó yedra, y otras flores, y un paje con una fuente de plata y una toalla al hombro, otro con un jarro de plata lleno de agua, otro con otro lleno de vino, otro con otro plato de plata con un poco de incienso, otro con fuego y leña, otro que ponga una mesa con un tapete, donde se ponga todo esto, y salgan en esta scena todos los que huviere en la comedia en habito de Numantinos, y luego los sacerdotes, y dexando el uno el carnero de la mano, diga:_

SACERDOTE PRIMERO.

Señales ciertas de dolores ciertos Se me han representado en el camino, Y los canos cabellos tengo yertos.

SACERDOTE SEGUNDO.

Si acaso yo no soy mal adevino, Nunca con bien saldremos desta impresa. Ay desdichado pueblo Numantino!

PRIMERO.

Hagamos nuestro oficio con la priesa Que nos incitan los agueros tristes.

SEGUNDO.

Poned, amigos, acia aqui esa mesa, El vino, encienso y agua, que trugistes, Poneldo encima, y apartaos afuera, y arrepentios de quanto mal hicistes, Que la oblacion mejor y la primera Que se debe ofrecer al alto cielo, Es alma limpia y voluntad sincera.

PRIMERO.

El fuego no le hagais, vos, en el suelo, Que aqui viene brasero para ello, Que ansi lo pide el religioso zelo.

SEGUNDO.

Lavaos las manos, y limpiaos el cuello.

PRIMERO.

Dad aca el agua: el fuego no se enciende?

UNO.

No hay quien pueda, señores, encendello?

SEGUNDO.

O Jupiter! qué es esto que pretende De hacer en nuestro daño el hado esquivo? Cómo el fuego en la tea no se enciende?

UNO.

Ya parece, señor, que está algo vivo.

PRIMERO.

Quítate afuera, ó flaca llama escura, Que dolor en mirarte ansi, recibo. No miras como el humo se apresura A caminar al lado del Poniente, Y la amarilla llama mal sigura Sus puntas encamina acia el Oriente? Desdichada señal, señal notoria Que nuestro mal y daño está presente.

SEGUNDO.

Aunque lleven Romanos la victoria De nuestra muerte, en humo ha de tornarse Y en llamas vivas nuestra muerte y gloria.

PRIMERO.

Pues debe con el vino rociarse El sacro fuego, dad aca ese vino, Y el incienso tambien que ha de quemarse.

_Rocian el fuego, y á la redonda con el vino, y luego ponen el incienso en el fuego, y dice el_

SEGUNDO.

Al bien del triste pueblo Numantino Endereza, ó gran Jupiter, la fuerza Propicia, del contrario amargo signo.

PRIMERO.

Ansi como este ardiente fuego fuerza A que en humo se vaya el sacro incienso, Ansi se haga al enemigo fuerza, Para que en humo eterno, padre inmenso, Todo su bien, toda su gloria vaya, Ansi como tu puedes, y yo pienso.

SEGUNDO.

Tengan los cielos su poder á raya Ansi como esta victima tenemos, Y lo que ella ha de haber, él tambien haya.

PRIMERO.

Mal responde el aguero, mal podremos Ofrecer esperanza al pueblo triste, Para salir del mal que poseemos.

_Hagase ruido debaxo del tablado con un barril lleno de piedras, y disparese un cohete volador._

SEGUNDO.

No oyes un ruido, amigo? viste El rayo ardiente que pasó volando? Presago verdadero desto fuiste.

PRIMERO.

Turbado estoy, de miedo estoy temblando, O qué señales en el ayre veo! Qué amargo fin nos van pronosticando! No ves un esquadron airado y feo De unas aguilas fieras, que pelean Con otras aves en marcial rodeo?

SEGUNDO.

Solo su esfuerzo y su rigor emplean En encerrar las aves en un cabo, Y con astucia y arte las rodean.

PRIMERO.

Tal señal vitupero, y no la alabo, Aguilas imperiales vencedoras: Tu verás de Numancia presto el cabo.

SEGUNDO.

Aguilas, de gran mal anunciadoras, Partios, que ya el aguero vuestro entiendo, Ya el efecto, contadas son las horas.

PRIMERO.

Con todo, el sacrificio hacer pretendo Desta inocente victima, guardada Para aplacar el dios del rostro horrendo. O gran Pluton, á quien por suerte dada Le fue la habitacion del reyno oscuro, Y el mando en la infernal triste morada, Ansi vivas en paz, cierto y seguro De que la hija de la sacra Ceres Corresponde á tu amor con amor puro, Que en todo aquello que en provecho vieres Venir del pueblo triste que te invoca, Lo allegues, qual se espera de quien eres; Atapa la profunda escura boca Por do salen las tres fieras hermanas, A hacernos el daño que nos toca, Y sean de dañarnos tan livianas

_Quite algunos pelos al carnero y echelos al ayre_.

Sus intenciones, que las lleve el viento: Y ansi como yo baño y ensangriento Este cuchillo en esta sangre pura Con alma limpia y limpio pensamiento, Ansi la tierra de Numancia dura Se bañe con la sangre de Romanos, Y aun les sirva tambien de sepultura.

_Aqui ha de salir por los huecos del tablado un demonio hasta el medio cuerpo, y ha de arrebatar el carnero, y meterle dentro, y tornar luego á salir, y derramar y esparcir el fuego, y todos los sacrificios_.

Mas quien me ha arrebatado de las manos La victima? qué es esto, dioses santos? Qué prodigios son estos tan insanos? No os han enternecido ya los llantos Deste pueblo lloroso y afligido, Ni la sagrada voz de nuestros cantos?

SEGUNDO.

Antes creo que se han endurecido, Qual se puede inferir de las señales Tan fieras como aqui han acontecido; Nuestros vivos remedios son mortales, Toda es nuestra pereza diligencia, Y los bienes agenos nuestros males.

UNO DEL PUEBLO.

Enfin, dado han los cielos la sentencia De nuestro fin amargo y miserable, No nos quiere valer ya su clemencia.

OTRO. Lloremos pues en son tan lamentable Nuestra desdicha, que en la edad postrera Dél y de nuestro esfuerzo siempre se hable. Marquino haga la experiencia entera De todo su saber, y sepa quanto Nos promete de mal la lastimera Suerte, que ha vuelto nuestra risa en llanto.

_Salense todos, y quedan solos_ MORANDRO _y_ LEONCIO.

MORANDRO.

Leoncio, qué te parece? Tendrán remedio mis males Con estas buenas señales, Que aqui el cielo nos ofrece? Tendrá fin mi desventura Quando se acabe la guerra? Que será quando la tierra Me sirva de sepultura?

LEONCIO.

Morandro, al que es buen soldado Agueros no le dan pena, Que pone la suerte buena En el animo esforzado; Y esas vanas apariencias Nunca le turban el tino, Su brazo es su estrella y signo, Su valor sus influencias; Pero si quieres creer En este notorio engaño, Aun quedan, si no me engaño, Experiencias mas que hacer, Que Marquino las hará, Las mejores de su ciencia, Y el fin de nuestra dolencia Ser bueno, ó malo sabrá. Pareceme que le veo: En que estraño trage viene!

MORANDRO.

Quien con feos se entretiene No es mucho que venga feo: Será acertado seguirle?

LEONCIO.

Acertado me parece Por si acaso se le ofrece Algo en que poder servirle.

_Aquí sale_ MARQUINO _con una ropa negra de bocaci ancha, y una cabellera negra, y los pies descalzos, y en la cinta traerá, de modo que se le vean, tres redomillas llenas de agua, la una negra, la otra teñida con azafran, y la otra clara; y en la una mano una lanza barnizada de negro, y en la otra un libro, y viene_ MILVIO _con él, y asi como entran, se ponen á un lado_ LEONCIO _y_ MORANDRO.

MARQUINO.

Dó dices, Milvio, que está el joven triste?

MILVIO.

En esta sepultura está enterrado.

MARQUINO.

No yerres el lugar do le pusiste.

MILVIO.

Nó, que con esta piedra señalado Dexé el lugar adonde el mozo tierno Fue con lagrimas tiernas sepultado.

MARQUINO.

De qué murió?

MILVIO.

Murió de mal gobierno: La flaca hambre le acabó la vida, Peste cruel, salida del infierno.

MARQUINO.

En fin, que dices, que ninguna herida Le cortó el hilo del vital aliento, Ni fue cancer, ni llaga su homicida? Esto te digo, porque hace al cuento De mi saber, que esté este cuerpo entero, Organizado todo, y en su asiento.

MILVIO.

Havrá tres horas que le di el postrero Reposo, y le entregué á la sepultura, Y de hambre murió, como refiero.

MARQUINO.

